Belleza y envejecimiento saludable

Guía definitiva de la belleza y el envejecimiento saludable

Ciencia, nutrición y medicina estética basada en la evidencia

Una guía divulgativa elaborada por Clínica Baños, centro de estética avanzada en Málaga, para comprender los cambios que se producen en la piel y en el organismo con el paso del tiempo, así como la influencia de los hábitos saludables, la nutrición, el metabolismo y la medicina estética basada en la evidencia.

Portada editorial de la guía de belleza y envejecimiento saludable de Clínica Baños
Capítulo 1

Comprender el envejecimiento: qué ocurre realmente en nuestro cuerpo a partir de los 25 años

Introducción

Cuando pensamos en el envejecimiento solemos imaginar la aparición de las primeras arrugas, la pérdida de firmeza de la piel o la acumulación de grasa abdominal. Sin embargo, estos cambios visibles son solo la manifestación externa de un proceso biológico mucho más complejo que comienza mucho antes de que aparezcan los primeros signos frente al espejo.

Contrariamente a la creencia popular, el envejecimiento no empieza a los 50 o 60 años. Desde aproximadamente los 25 años, nuestro organismo inicia una disminución gradual de la capacidad para reparar tejidos, producir determinadas proteínas estructurales y responder al estrés celular. Este proceso es lento y silencioso, pero constante.

La buena noticia es que el envejecimiento no depende únicamente de la edad cronológica. Hoy sabemos que gran parte de cómo envejecemos está influido por factores modificables como la alimentación, la actividad física, el sueño, la exposición solar, el tabaquismo, el estrés y el cuidado de la piel. Esto significa que podemos intervenir para mantener una mejor calidad de vida, preservar la salud y retrasar muchos de los cambios asociados al paso del tiempo.

En esta guía descubrirás qué sucede realmente en tu organismo, por qué aparecen estos cambios y cómo la combinación de hábitos saludables, nutrición y medicina estética basada en la evidencia puede ayudarte a envejecer de una forma más saludable.

¿Qué significa realmente envejecer?

Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento es la pérdida progresiva de la capacidad del organismo para mantener el equilibrio interno, reparar los daños celulares y adaptarse a las agresiones del entorno.

Cada segundo, millones de células de nuestro cuerpo mueren y son sustituidas por otras nuevas. Durante la juventud este proceso es extraordinariamente eficiente. Sin embargo, con el paso de los años comienzan a acumularse pequeños errores en el ADN, disminuye la capacidad de regeneración de los tejidos y aparecen alteraciones en los mecanismos que regulan la inflamación, el metabolismo y la respuesta inmunitaria.

No existe un único “reloj biológico”, sino múltiples procesos que avanzan de forma simultánea:

  • Disminución de la producción de colágeno y elastina.

  • Reducción de la masa muscular.

  • Cambios hormonales.

  • Alteraciones de la microbiota intestinal y cutánea.

  • Acumulación de daño oxidativo.

  • Inflamación crónica de bajo grado.

  • Disminución de la función mitocondrial.

  • Cambios en la composición corporal.

Todos ellos interactúan entre sí y explican por qué dos personas de la misma edad pueden presentar un aspecto físico y un estado de salud muy diferentes.

Edad cronológica y edad biológica

Uno de los conceptos más importantes que debemos comprender es que la edad que aparece en nuestro documento de identidad no siempre coincide con la edad real de nuestro organismo.

La edad cronológica simplemente indica los años transcurridos desde el nacimiento.

La edad biológica, en cambio, refleja el estado funcional de nuestras células, tejidos y órganos.

Por ejemplo, una persona de 60 años que realiza ejercicio regularmente, sigue una alimentación equilibrada, duerme adecuadamente y evita el tabaco puede presentar una edad biológica comparable a la de alguien mucho más joven. Del mismo modo, una persona de 40 años con obesidad, sedentarismo, tabaquismo y estrés mantenido puede mostrar un envejecimiento acelerado.

Este concepto es especialmente importante porque la edad biológica es, al menos en parte, modificable mediante intervenciones sobre el estilo de vida y estrategias preventivas.

Los doce pilares biológicos del envejecimiento

La investigación en biología del envejecimiento ha identificado una serie de mecanismos celulares que explican por qué envejecemos. Aunque su descripción completa pertenece al ámbito científico, conocerlos de forma sencilla ayuda a entender por qué determinadas intervenciones pueden ser beneficiosas.

1. Daño acumulado en el ADN

Cada día nuestras células sufren miles de pequeñas lesiones provocadas por la radiación ultravioleta, el metabolismo normal, la contaminación, algunos alimentos y otros factores ambientales. Aunque el organismo dispone de sofisticados sistemas de reparación, con el tiempo estos mecanismos se vuelven menos eficaces.

2. Acortamiento de los telómeros

Los telómeros son estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que actúan como una especie de “protección”. Con cada división celular se acortan ligeramente. Cuando alcanzan una longitud crítica, la célula pierde capacidad para seguir dividiéndose correctamente.

3. Senescencia celular

Algunas células dejan de dividirse pero permanecen activas, liberando sustancias inflamatorias que alteran el funcionamiento de los tejidos vecinos. Estas llamadas “células senescentes” se acumulan progresivamente con la edad.

4. Disminución de la función mitocondrial

Las mitocondrias producen la energía necesaria para el funcionamiento celular. Con el envejecimiento disminuye su eficiencia y aumenta la producción de radicales libres, favoreciendo el daño celular.

5. Estrés oxidativo

Los radicales libres son moléculas altamente reactivas que pueden dañar proteínas, grasas y ADN. En condiciones normales el organismo los controla mediante sistemas antioxidantes, pero cuando existe un desequilibrio aparece el llamado estrés oxidativo.

6. Inflamación crónica de bajo grado

Con la edad muchas personas desarrollan un estado inflamatorio persistente, de baja intensidad y sin síntomas evidentes. Este fenómeno, conocido como inflammaging, se asocia con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, deterioro cognitivo y pérdida de masa muscular.

7. Alteraciones hormonales

La disminución progresiva de estrógenos, testosterona, hormona del crecimiento y otras hormonas influye directamente en la composición corporal, la piel, la masa muscular y el metabolismo.

8. Cambios en la microbiota

Los microorganismos que habitan en nuestro intestino y sobre nuestra piel desempeñan un papel fundamental en la inmunidad, la inflamación y el metabolismo. Su equilibrio también cambia con la edad.

9. Pérdida de capacidad regenerativa

Las células madre adultas, responsables de reparar numerosos tejidos, reducen progresivamente su actividad.

10. Alteraciones metabólicas

Con los años es más frecuente desarrollar resistencia a la insulina, acumular grasa visceral y disminuir el gasto energético basal.

11. Disminución de la comunicación entre células

Las señales que permiten coordinar la respuesta de los distintos órganos se vuelven menos eficientes, favoreciendo la aparición de enfermedades relacionadas con la edad.

12. Cambios en el sistema inmunitario

El sistema inmunológico pierde parte de su capacidad para responder frente a infecciones y controlar procesos inflamatorios, aumentando la susceptibilidad a determinadas enfermedades.

Un mensaje esperanzador

Aunque estos mecanismos puedan parecer inevitables, la investigación de las dos últimas décadas ha demostrado que muchos de ellos pueden ralentizarse mediante hábitos saludables y estrategias preventivas.

La actividad física regular, una alimentación equilibrada, un sueño de calidad, la protección frente a la radiación solar, el control del estrés, el mantenimiento de la masa muscular y determinados tratamientos médicos y estéticos con evidencia científica pueden contribuir a preservar la función de la piel y de otros tejidos durante más tiempo.

En Clínica Baños entendemos la medicina estética como parte de un enfoque integral de la salud. Nuestro objetivo no es cambiar quién eres, sino ayudarte a cuidar tu piel, tu cuerpo y tu bienestar con tratamientos respaldados por la ciencia y adaptados a las necesidades de cada persona.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

Ahora que conocemos qué es el envejecimiento y por qué comienza mucho antes de que aparezcan los primeros signos visibles, en el siguiente capítulo profundizaremos en una de las proteínas más importantes para mantener una piel firme y saludable:

El colágeno y la elastina: por qué empezamos a perderlos y qué podemos hacer para conservarlos.

Referencias científicas (selección)

  • López-Otín C, et al. The Hallmarks of Aging. Cell. 2013.

  • López-Otín C, et al. Hallmarks of Aging: An Expanding Universe. Cell. 2023.

  • World Health Organization. World report on ageing and health.

  • Kennedy BK, et al. Geroscience: Linking Aging to Chronic Disease. Cell.

  • Ferrucci L, Fabbri E. Inflammageing. Nature Reviews.

  • Kirkwood TBL. The Biology of Ageing. Nature Reviews.

  • EFSA. Scientific Opinions on Nutrition and Healthy Ageing.

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Capítulo 2

Colágeno y elastina: las proteínas que mantienen joven tu piel

No envejecemos porque aparezcan las arrugas; aparecen las arrugas porque nuestra piel deja de comportarse como una piel joven.

Introducción

Si preguntáramos a cien personas cuál es la principal causa del envejecimiento de la piel, la mayoría respondería que son las arrugas. Sin embargo, las arrugas no son el origen del problema, sino una consecuencia de cambios mucho más profundos que tienen lugar en el interior de la piel durante décadas.

En realidad, la juventud de la piel depende de un delicado equilibrio entre diferentes estructuras microscópicas que actúan como el armazón de un edificio. Cuando ese armazón comienza a deteriorarse, la piel pierde firmeza, elasticidad, hidratación y capacidad de reparación.

Las dos proteínas más importantes de este entramado son el colágeno y la elastina. Juntas forman una red tridimensional que proporciona resistencia, flexibilidad y soporte a la piel.

Comprender cómo funcionan estas proteínas es fundamental para entender por qué envejecemos y por qué determinados tratamientos pueden ayudar a mejorar el aspecto cutáneo cuando están correctamente indicados.

La piel: mucho más que una simple cubierta

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano. En un adulto puede alcanzar cerca de dos metros cuadrados de superficie y representar alrededor del 15 % del peso corporal.

No es únicamente una barrera protectora. Participa en funciones esenciales como:

  • Proteger frente a microorganismos y agentes químicos.

  • Regular la temperatura corporal.

  • Evitar la pérdida excesiva de agua.

  • Participar en la síntesis de vitamina D.

  • Percibir el tacto, la presión, el dolor y la temperatura.

  • Formar parte del sistema inmunitario.

La piel está formada por tres capas principales:

Epidermis

Es la capa más superficial. Está compuesta principalmente por queratinocitos y actúa como barrera frente al medio externo. Su renovación completa ocurre aproximadamente cada 28 días en adultos jóvenes, aunque este proceso se ralentiza con la edad.

Dermis

Es la verdadera responsable del aspecto joven de la piel. Aquí encontramos:

  • fibroblastos,

  • vasos sanguíneos,

  • terminaciones nerviosas,

  • glándulas sudoríparas,

  • folículos pilosos,

  • colágeno,

  • elastina,

  • ácido hialurónico.

Cuando hablamos de firmeza o flacidez, casi siempre nos estamos refiriendo a cambios producidos en esta capa.

Hipodermis

Está formada principalmente por tejido adiposo. Actúa como aislante térmico, reserva energética y amortiguador frente a impactos. Con el paso de los años también experimenta cambios que modifican los contornos faciales y corporales.

¿Qué es exactamente el colágeno?

El colágeno es la proteína más abundante del organismo. Representa aproximadamente el 30 % de todas las proteínas corporales.

Su función es proporcionar resistencia mecánica a los tejidos.

Podemos imaginarlo como las vigas de acero de un edificio. Si esas vigas se deterioran, toda la estructura pierde estabilidad.

En la piel, el colágeno constituye alrededor del 75 % de la dermis.

Existen más de 28 tipos diferentes de colágeno, aunque los más importantes para la piel son:

Colágeno tipo I

Es el predominante.

Aporta resistencia.

Se encuentra en:

  • piel,

  • tendones,

  • huesos,

  • ligamentos.

Representa aproximadamente el 80–90 % del colágeno dérmico.

Colágeno tipo III

Aporta flexibilidad.

Es especialmente abundante en la piel joven y en los procesos de cicatrización.

Con la edad disminuye de forma progresiva.

¿Qué es la elastina?

Si el colágeno actúa como las vigas de un edificio, la elastina sería el sistema de muelles que permite recuperar la forma original después de un movimiento.

Gracias a ella podemos:

  • sonreír,

  • fruncir el ceño,

  • abrir la boca,

  • mover las mejillas,

  • estirar la piel,

y que posteriormente vuelva a su posición inicial.

La elastina es extraordinariamente resistente, pero tiene una característica importante:

El organismo produce muy poca elastina nueva durante la edad adulta.

Por ello, el daño acumulado durante años suele ser difícil de revertir completamente.

Los fibroblastos: los auténticos arquitectos de la piel

Existe un tipo de células especialmente importante:

Los fibroblastos.

Son las fábricas encargadas de producir:

  • colágeno,

  • elastina,

  • ácido hialurónico,

  • fibronectina,

  • otras proteínas estructurales.

Mientras somos jóvenes trabajan de forma muy activa.

Sin embargo, a partir de los 25-30 años comienzan a disminuir tanto en número como en actividad.

Además, responden peor a los estímulos regenerativos.

Este descenso explica gran parte del envejecimiento cutáneo.

¿Cuándo empezamos a perder colágeno?

Uno de los mayores mitos es pensar que la pérdida de colágeno comienza en la menopausia.

En realidad, diversos estudios muestran que:

  • alrededor de los 25 años comienza una disminución progresiva de la síntesis de colágeno;

  • entre los 30 y los 40 años la pérdida se hace más evidente;

  • tras los 45-50 años, especialmente en mujeres, el descenso puede acelerarse por los cambios hormonales.

Se estima que, de forma aproximada, la producción de colágeno puede disminuir alrededor de un 1 % anual en la edad adulta, aunque la velocidad varía según la genética, la exposición solar, el tabaquismo, la alimentación y otros factores.

En mujeres, durante los primeros cinco años tras la menopausia puede producirse una reducción muy marcada del contenido de colágeno dérmico, relacionada con la disminución de estrógenos.

¿Por qué dejamos de fabricar tanto colágeno?

El proceso es multifactorial.

Entre los factores más importantes destacan:

Envejecimiento celular

Los fibroblastos envejecen y disminuyen su capacidad de fabricar nuevas proteínas.

Radiación ultravioleta

Es probablemente el factor externo más importante.

La exposición repetida al sol activa enzimas denominadas metaloproteinasas (MMP).

Estas enzimas destruyen fibras de colágeno normales.

Por eso se habla de fotoenvejecimiento.

De hecho, una persona que se protege del sol de forma adecuada puede presentar una piel biológicamente mucho más joven que otra de la misma edad con exposición solar intensa.

Tabaco

Fumar disminuye el aporte sanguíneo de la piel.

Además:

  • aumenta radicales libres,

  • favorece inflamación,

  • reduce vitamina C,

  • dificulta la síntesis de colágeno.

Los estudios muestran que los fumadores presentan arrugas más profundas y un envejecimiento cutáneo más precoz.

Azúcar y glicación

Uno de los mecanismos menos conocidos es la glicación.

Cuando existe un exceso mantenido de glucosa en sangre, parte de esa glucosa puede unirse de forma no enzimática al colágeno y a la elastina.

El resultado son los llamados productos finales de glicación avanzada (AGEs).

Estas moléculas vuelven el colágeno:

  • más rígido,

  • menos flexible,

  • más frágil,

  • más difícil de reparar.

Este proceso contribuye tanto al envejecimiento cutáneo como al vascular y metabólico.

Estrés crónico

El aumento persistente del cortisol puede afectar negativamente a la reparación de los tejidos, alterar la función de los fibroblastos y favorecer procesos inflamatorios.

Por ello, el bienestar emocional también forma parte del cuidado de la piel.

Contaminación ambiental

Las partículas contaminantes, el ozono y otros agentes ambientales incrementan el estrés oxidativo cutáneo, favoreciendo el deterioro de las fibras de soporte y la aparición de manchas y arrugas.

¿Es posible recuperar el colágeno perdido?

Esta es una de las preguntas más frecuentes en consulta y la respuesta requiere matices.

No existe ningún tratamiento capaz de devolver la piel exactamente al estado que tenía a los 20 años. Sin embargo, sí disponemos de estrategias con evidencia científica que pueden estimular la actividad de los fibroblastos, mejorar la calidad de la matriz dérmica y favorecer la producción de nuevo colágeno en determinados contextos.

En los próximos capítulos analizaremos con detalle cómo intervenciones como el microneedling con AXIÓN®, la radiofrecuencia médica INDIBA® Elite NS, el HIFU y otros protocolos pueden formar parte de un plan personalizado, siempre tras una valoración profesional y con expectativas realistas.

Comprenderemos también por qué los resultados dependen de factores como la edad, el estado de la piel, los hábitos de vida y la continuidad de los cuidados.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo profundizaremos en un concepto que ha adquirido enorme relevancia en los últimos años y que conecta el envejecimiento con enfermedades crónicas, pérdida de firmeza cutánea y alteraciones metabólicas:

Inflamación silenciosa y estrés oxidativo: los enemigos invisibles de una piel sana y de un envejecimiento saludable.

En ese capítulo explicaremos qué es el fenómeno conocido como inflammaging, cómo afectan los radicales libres a nuestras células y qué medidas cuentan con mayor respaldo científico para reducir estos procesos mediante hábitos de vida, nutrición y tratamientos complementarios. Será uno de los pilares de toda la guía, porque permitirá entender por qué el envejecimiento no depende solo de la piel, sino del estado general del organismo.

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Capítulo 3

Inflamación silenciosa y estrés oxidativo

Los enemigos invisibles que aceleran el envejecimiento
No envejecemos únicamente porque pasen los años; envejecemos porque nuestras células acumulan daño y pierden progresivamente la capacidad de repararse.

Introducción

Durante muchos años se creyó que el envejecimiento era un proceso inevitable y prácticamente inmodificable. Hoy sabemos que, aunque no podemos detener el paso del tiempo, sí podemos influir en la velocidad a la que envejecen nuestros tejidos.

Dos de los procesos biológicos que más contribuyen al envejecimiento son la inflamación crónica de bajo grado y el estrés oxidativo.

Ambos actúan de forma silenciosa. No producen fiebre, dolor intenso ni síntomas llamativos, pero pueden mantenerse durante años dañando poco a poco las células, favoreciendo la pérdida de colágeno, alterando el metabolismo y aumentando el riesgo de numerosas enfermedades.

En este capítulo aprenderemos qué son, por qué aparecen y, lo más importante, qué podemos hacer para reducir su impacto mediante hábitos de vida saludables y estrategias con respaldo científico.

¿Qué es la inflamación?

La inflamación es un mecanismo de defensa esencial. Gracias a ella, nuestro organismo responde frente a infecciones, lesiones o agresiones externas.

Cuando nos hacemos una herida, la zona se enrojece, aumenta de temperatura, se hincha y puede doler. Esa respuesta es necesaria para iniciar la reparación del tejido.

En condiciones normales, una vez resuelto el problema, la inflamación desaparece.

El inconveniente surge cuando este proceso permanece activado de forma persistente, aunque sea con una intensidad muy baja.

Es entonces cuando hablamos de inflamación crónica de bajo grado.

¿Qué es la inflamación silenciosa?

La inflamación silenciosa, también conocida como inflamación crónica de bajo grado, es un estado en el que el sistema inmunitario permanece ligeramente activado durante largos periodos sin que la persona perciba síntomas claros.

No suele provocar dolor ni fiebre, pero favorece un entorno biológico menos eficiente para la regeneración celular.

Con el paso del tiempo, este estado puede contribuir al desarrollo o progresión de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, fragilidad, deterioro cognitivo y otras patologías relacionadas con la edad.

Además, también repercute sobre la calidad de la piel.

¿Qué es el “inflammaging”?

En 2000, el inmunólogo italiano Claudio Franceschi propuso el término inflammaging, una combinación de las palabras inflamación y envejecimiento.

Este concepto describe el aumento progresivo de la inflamación sistémica que suele acompañar al envejecimiento.

No se trata de una enfermedad, sino de un fenómeno biológico caracterizado por un incremento mantenido de determinadas moléculas inflamatorias, como:

  • Interleucina 6 (IL-6).

  • Factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α).

  • Proteína C reactiva (PCR), cuando está discretamente elevada.

  • Otras citocinas proinflamatorias.

Diversos estudios han asociado niveles elevados de estos marcadores con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades relacionadas con la edad y con una disminución de la capacidad regenerativa de los tejidos.

¿Cómo afecta la inflamación a la piel?

La piel también refleja este proceso.

Cuando existe inflamación persistente pueden producirse:

  • disminución de la actividad de los fibroblastos;

  • degradación acelerada del colágeno;

  • alteración de la elastina;

  • pérdida de hidratación;

  • retraso en la cicatrización;

  • mayor sensibilidad cutánea;

  • aparición de rojeces;

  • empeoramiento de enfermedades como la rosácea o algunas formas de dermatitis.

Aunque estos cambios no aparecen de un día para otro, su acumulación durante años contribuye al envejecimiento visible de la piel.

¿Qué son los radicales libres?

Cada célula de nuestro organismo necesita energía para funcionar. Esa energía se produce principalmente en unas estructuras llamadas mitocondrias, conocidas como las “centrales energéticas” de la célula.

Durante este proceso se generan de forma natural unas moléculas muy reactivas denominadas especies reactivas de oxígeno (ROS), comúnmente conocidas como radicales libres.

Contrariamente a lo que a veces se piensa, los radicales libres no son siempre perjudiciales. En cantidades controladas participan en funciones importantes como la defensa frente a microorganismos y la comunicación entre células.

El problema aparece cuando su producción supera la capacidad del organismo para neutralizarlos.

¿Qué es el estrés oxidativo?

El estrés oxidativo es el desequilibrio entre la producción de radicales libres y los sistemas antioxidantes del organismo.

Cuando este equilibrio se rompe, los radicales libres pueden dañar:

  • el ADN;

  • las proteínas;

  • las membranas celulares;

  • las mitocondrias;

  • el colágeno;

  • la elastina.

Con el tiempo, este daño acumulado contribuye al envejecimiento celular y a la pérdida de funcionalidad de los tejidos.

¿Qué favorece el estrés oxidativo?

Diversos factores pueden incrementar la producción de radicales libres:

Radiación ultravioleta

La exposición excesiva al sol es una de las principales fuentes de estrés oxidativo en la piel y acelera el fotoenvejecimiento.

Tabaco

El humo del tabaco contiene miles de sustancias químicas que favorecen el daño oxidativo y reducen la disponibilidad de antioxidantes naturales.

Contaminación ambiental

Las partículas en suspensión y otros contaminantes pueden inducir la formación de radicales libres en la piel y otros órganos.

Alimentación desequilibrada

Dietas con exceso de productos ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas poco saludables pueden favorecer un entorno inflamatorio y oxidativo.

Sedentarismo

La falta de actividad física se asocia con alteraciones metabólicas que pueden contribuir a la inflamación crónica.

Falta de sueño

Dormir de forma insuficiente o con mala calidad puede alterar la regulación hormonal, aumentar el cortisol y favorecer procesos inflamatorios.

Estrés psicológico mantenido

El estrés crónico activa mecanismos hormonales que, cuando se prolongan en el tiempo, pueden influir negativamente sobre la inflamación y la reparación de los tejidos.

El papel protector de los antioxidantes

Para controlar los radicales libres, el organismo dispone de sistemas antioxidantes muy sofisticados.

Algunos son producidos por nuestras propias células, como:

  • superóxido dismutasa (SOD);

  • catalasa;

  • glutatión peroxidasa.

Otros proceden de la alimentación:

  • vitamina C;

  • vitamina E;

  • carotenoides;

  • polifenoles;

  • flavonoides.

Es importante destacar que una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y aceite de oliva virgen extra se asocia con una mayor ingesta de estos compuestos y con un patrón alimentario beneficioso para la salud general.

Sin embargo, esto no significa que tomar suplementos antioxidantes de forma indiscriminada sea siempre beneficioso. La evidencia científica sobre la suplementación aislada es variable y debe individualizarse.

La inflamación y el envejecimiento facial

La pérdida de firmeza de la piel no depende únicamente de la disminución del colágeno.

La inflamación persistente también favorece:

  • la activación de enzimas que degradan la matriz dérmica;

  • una menor capacidad regenerativa de los fibroblastos;

  • alteraciones de la microcirculación;

  • cambios en la calidad del tejido conectivo.

Por ello, las estrategias más eficaces no se centran solo en tratar las arrugas visibles, sino también en mejorar el entorno biológico de la piel.

¿Qué podemos hacer para reducir la inflamación de bajo grado?

Aunque no existe una solución única, numerosos estudios apoyan la importancia de un enfoque integral. Entre las medidas con mayor respaldo científico se encuentran:

  • Mantener un patrón alimentario equilibrado, rico en verduras, frutas, legumbres, pescado y aceite de oliva.

  • Practicar ejercicio físico de forma regular, combinando trabajo aeróbico y de fuerza.

  • Dormir entre 7 y 9 horas de calidad, adaptándolo a las necesidades individuales.

  • Evitar el tabaco.

  • Limitar el consumo de alcohol.

  • Mantener un peso saludable.

  • Gestionar el estrés mediante técnicas que resulten útiles para cada persona (actividad física, mindfulness, apoyo psicológico cuando sea necesario, ocio, etc.).

  • Proteger la piel frente a la radiación solar mediante fotoprotección adecuada.

Estas intervenciones no solo benefician a la piel, sino también a la salud cardiovascular, metabólica y musculoesquelética.

¿Cuál es el papel de la medicina estética?

La medicina estética no sustituye a los hábitos saludables, pero puede complementarlos.

Algunos procedimientos utilizados en Clínica Baños, como la radiofrecuencia médica INDIBA® Elite NS o el microneedling con AXIÓN®, buscan estimular procesos fisiológicos de reparación y remodelación tisular. Su objetivo es favorecer un entorno que promueva la regeneración del tejido, siempre como parte de un plan personalizado y basado en una valoración clínica.

El mejor resultado se obtiene cuando estos tratamientos se integran con una buena alimentación, ejercicio, descanso y protección solar.

Ideas clave

Al finalizar este capítulo conviene recordar cinco conceptos fundamentales:

  1. La inflamación no siempre es perjudicial; es esencial para la defensa y la reparación del organismo. El problema aparece cuando se mantiene de forma crónica.

  2. El estrés oxidativo es un proceso natural que puede volverse dañino si supera la capacidad antioxidante del organismo.

  3. La piel refleja el estado general de nuestro cuerpo. Cuidar la salud sistémica también es cuidar la salud cutánea.

  4. Los hábitos de vida tienen un impacto mucho mayor sobre el envejecimiento de lo que muchas personas imaginan.

  5. La medicina estética ofrece mejores resultados cuando se integra en un enfoque global de salud y prevención.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos uno de los temas más demandados en consulta:

¿Por qué aparecen las arrugas? Anatomía del envejecimiento facial y cómo cambia el rostro década a década.

Analizaremos qué ocurre en la piel, la grasa, los músculos y el hueso desde los 25 hasta los 70 años, desmontando mitos y explicando por qué cada edad requiere un enfoque diferente. Será el puente perfecto para comprender cuándo y por qué tratamientos como INDIBA®, HIFU, AXIÓN® o Hidra Pro H-20 pueden formar parte de una estrategia personalizada de rejuvenecimiento facial basada en la evidencia científica.

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Capítulo 4

¿Por qué aparecen las arrugas?

La historia que tu rostro cuenta con el paso de los años
Cada arruga tiene una explicación biológica. Comprenderla es el primer paso para prevenirla y tratarla de forma adecuada.

Mírate al espejo…

Haz una pausa durante unos segundos y observa tu rostro.

Quizá notes unas pequeñas líneas alrededor de los ojos cuando sonríes.

Tal vez hayas visto que el surco que va desde la nariz hasta la comisura de la boca es más profundo que hace unos años.

O puede que hayas empezado a percibir una ligera pérdida de firmeza en el cuello, la mandíbula o las mejillas.

Muchas personas piensan que todo esto ocurre simplemente porque “la piel se descuelga”. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.

El envejecimiento facial afecta a todas las capas del rostro, desde la superficie de la piel hasta el hueso.

Es un proceso tridimensional en el que participan la piel, el tejido graso, los músculos, los ligamentos y la estructura ósea. Entender esta interacción nos ayuda a comprender por qué no existe un único tratamiento válido para todas las personas.

El rostro no envejece solo en la piel

Cuando pensamos en una arruga solemos imaginar una línea visible en la superficie.

Pero esa línea es solo la parte visible de cambios que ocurren a distintos niveles:

  • La epidermis se renueva más lentamente.

  • La dermis pierde colágeno, elastina y ácido hialurónico.

  • La grasa facial cambia de volumen y de posición.

  • Los ligamentos que sostienen los tejidos pierden firmeza.

  • Algunos músculos aumentan su tono mientras otros se debilitan.

  • Incluso el hueso facial experimenta remodelación con la edad.

Por eso hablamos de un envejecimiento multicapa.

El envejecimiento comienza antes de lo que imaginamos

Muchas personas creen que el envejecimiento facial empieza cuando aparecen las primeras arrugas visibles.

En realidad, los cambios biológicos comienzan años antes.

A partir de los 25-30 años puede iniciarse una disminución progresiva en la producción de colágeno y elastina, mientras que la renovación celular se vuelve más lenta.

Estos cambios son discretos al principio, pero se acumulan con el tiempo.

Cómo cambia el rostro década a década

Entre los 25 y los 35 años

Es la etapa en la que la piel suele mantener una buena capacidad de regeneración.

Los cambios más frecuentes son:

  • primeras líneas de expresión;

  • ligera disminución del brillo natural;

  • menor hidratación en algunas personas;

  • primeras manchas relacionadas con la exposición solar acumulada.

En esta etapa, la prevención suele ser más importante que la corrección.

Entre los 35 y los 45 años

Comienzan a hacerse más visibles algunos cambios estructurales:

  • arrugas dinámicas más marcadas;

  • primeras pérdidas de firmeza;

  • discreta disminución del volumen en ciertas zonas del rostro;

  • poros más visibles;

  • cambios en la textura cutánea.

Es una etapa en la que muchas personas empiezan a interesarse por tratamientos de estimulación del colágeno.

Entre los 45 y los 55 años

En las mujeres, la transición hacia la menopausia puede acelerar algunos cambios debido al descenso de estrógenos.

Es frecuente observar:

  • mayor flacidez;

  • pérdida de definición del óvalo facial;

  • arrugas más profundas;

  • piel más fina;

  • disminución de la elasticidad.

En los hombres también aparecen cambios, aunque generalmente de forma más gradual.

A partir de los 55 años

El envejecimiento suele afectar de forma más evidente a todas las estructuras del rostro.

Puede aparecer:

  • pérdida de volumen en mejillas;

  • descenso de los tejidos;

  • cuello menos firme;

  • piel más seca;

  • cicatrización más lenta;

  • menor capacidad regenerativa.

Aun así, la velocidad y la intensidad de estos cambios varían enormemente entre personas.

Arrugas dinámicas y arrugas estáticas

No todas las arrugas son iguales.

Arrugas dinámicas

Son las que aparecen al mover los músculos de la cara, por ejemplo al sonreír, fruncir el ceño o levantar las cejas.

En personas jóvenes suelen desaparecer cuando el rostro está relajado.

Con el tiempo pueden hacerse permanentes.

Arrugas estáticas

Permanecen visibles incluso con el rostro en reposo.

Su aparición está relacionada con la pérdida de colágeno, la disminución de la elasticidad, los cambios en el tejido graso y el remodelado de las estructuras profundas.

¿Por qué unas personas envejecen antes que otras?

La edad cronológica es solo una parte de la historia.

Existen numerosos factores que influyen en la velocidad del envejecimiento facial.

La genética

Los genes condicionan aspectos como el grosor de la piel, la capacidad de producir colágeno o la predisposición a desarrollar determinadas arrugas.

No podemos modificarlos, pero sí podemos influir en muchos otros factores.

La radiación solar

La exposición acumulada al sol es uno de los factores externos más importantes del envejecimiento cutáneo.

Los dermatólogos utilizan el término fotoenvejecimiento para describir los cambios producidos por la radiación ultravioleta, que incluyen:

  • arrugas prematuras;

  • manchas;

  • pérdida de elasticidad;

  • textura irregular.

La fotoprotección diaria es una de las medidas preventivas con mayor respaldo científico.

El tabaco

Fumar acelera el envejecimiento de la piel mediante varios mecanismos: reduce el flujo sanguíneo, aumenta el estrés oxidativo y favorece la degradación del colágeno.

Diversos estudios han demostrado que las personas fumadoras presentan, de media, un envejecimiento cutáneo más acusado que las no fumadoras.

El sueño

Durante el descanso nocturno el organismo activa numerosos procesos de reparación y mantenimiento.

Dormir de forma insuficiente puede afectar a la función barrera de la piel, aumentar la percepción de fatiga y dificultar la recuperación de los tejidos.

La alimentación

Un patrón alimentario equilibrado aporta proteínas, vitaminas, minerales y otros nutrientes necesarios para el mantenimiento normal de la piel.

No existen alimentos “milagro”, pero sí hábitos dietéticos que contribuyen a una mejor salud cutánea.

El papel de la gravedad

La gravedad influye en el aspecto del rostro, pero no es la única responsable de la flacidez.

Con el paso de los años, los ligamentos que sostienen los compartimentos grasos pierden tensión y la estructura de soporte cambia. Como consecuencia, los tejidos tienden a desplazarse hacia abajo.

Este fenómeno contribuye a la aparición de:

  • surcos más marcados;

  • pérdida de definición mandibular;

  • cambios en el cuello;

  • descenso de las mejillas.

¿Se pueden prevenir las arrugas?

No podemos evitar por completo el envejecimiento, pero sí podemos influir en su velocidad.

Las medidas con mayor evidencia científica incluyen:

  • protección solar diaria;

  • abandono del tabaco;

  • ejercicio físico regular;

  • alimentación equilibrada;

  • sueño suficiente;

  • control del estrés;

  • cuidado adecuado de la piel.

Cuando estas medidas se combinan con tratamientos médicos indicados para cada caso, es posible mejorar la calidad de la piel y favorecer un aspecto más saludable.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que no existen dos rostros iguales ni dos procesos de envejecimiento idénticos.

Por eso, antes de recomendar cualquier tratamiento, realizamos una valoración individual en la que analizamos el estado de la piel, la calidad del tejido, la presencia de flacidez, las expectativas del paciente y sus hábitos de vida.

Nuestro objetivo no es cambiar los rasgos de una persona, sino acompañarla en un proceso de cuidado integral que combine prevención, salud cutánea y técnicas con respaldo científico.

Ideas clave

  • Las arrugas son la consecuencia visible de cambios que afectan a todas las capas del rostro.

  • El envejecimiento comienza mucho antes de que aparezcan los primeros signos.

  • Factores como el sol, el tabaco, el sueño y la alimentación pueden acelerar o ralentizar este proceso.

  • La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para mantener una piel sana.

  • Los tratamientos médicos deben formar parte de una estrategia personalizada y nunca sustituir a los hábitos saludables.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo exploraremos un componente esencial para la salud de la piel que, paradójicamente, también está presente en el intestino y en otros órganos:

El ácido hialurónico: qué es realmente, cómo actúa y por qué es mucho más que un simple hidratante.

Analizaremos su función biológica, su evolución con la edad, los mitos más frecuentes y el papel que desempeña tanto en la hidratación como en la reparación de los tejidos. Será el paso previo para comprender por qué muchos tratamientos regenerativos buscan estimular el propio tejido antes que depender únicamente de soluciones temporales.

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Capítulo 5

El ácido hialurónico

La molécula que mantiene hidratados nuestros tejidos
Si el colágeno es el armazón de un edificio, el ácido hialurónico es el agua que mantiene flexible y funcional toda la estructura.

Introducción

Pocas moléculas son tan conocidas en el mundo de la cosmética y la medicina estética como el ácido hialurónico. Lo encontramos en cremas, sérums, mascarillas, suplementos nutricionales y tratamientos médicos. La publicidad suele presentarlo como un ingrediente casi milagroso, capaz de borrar arrugas o devolver la juventud a la piel.

Sin embargo, la realidad es mucho más interesante.

El ácido hialurónico no es una sustancia extraña que incorporamos desde el exterior. Es una molécula que nuestro propio organismo fabrica de forma natural y que desempeña funciones esenciales desde antes del nacimiento.

Está presente en la piel, las articulaciones, los ojos, los vasos sanguíneos, los pulmones y muchos otros tejidos. Gracias a él, nuestras células pueden mantenerse hidratadas, comunicarse entre sí y reparar parte del daño cotidiano.

Con el paso de los años su cantidad disminuye y su distribución cambia. Este fenómeno contribuye a la pérdida de hidratación, elasticidad y volumen que caracteriza al envejecimiento.

Comprender cómo funciona nos permitirá entender por qué cuidar su equilibrio es mucho más importante que seguir la última moda cosmética.

¿Qué es realmente el ácido hialurónico?

Desde el punto de vista químico, el ácido hialurónico es un polisacárido, es decir, una larga cadena formada por la repetición de pequeñas unidades de azúcares.

Pertenece a la familia de los glicosaminoglicanos, moléculas fundamentales de la matriz extracelular, el entorno que rodea a las células y les proporciona soporte físico y funcional.

A diferencia de otros componentes de esta familia, el ácido hialurónico no necesita unirse a proteínas para ejercer su función. Esta característica le permite distribuirse ampliamente por el organismo y adaptarse a las necesidades de cada tejido.

Una molécula con una extraordinaria capacidad para retener agua

La propiedad más conocida del ácido hialurónico es su capacidad para atraer y retener agua.

Una sola molécula puede asociarse a una enorme cantidad de agua en relación con su peso. Gracias a esta característica:

  • la piel mantiene su hidratación;

  • los tejidos conservan su elasticidad;

  • las articulaciones funcionan con menor fricción;

  • los ojos mantienen su estructura;

  • la cicatrización se desarrolla en mejores condiciones.

Más que actuar como un simple “depósito de agua”, el ácido hialurónico crea un entorno adecuado para que las células trabajen correctamente.

¿Sabías que…?

El cuerpo humano contiene aproximadamente 15 gramos de ácido hialurónico distribuidos por diferentes tejidos. Aunque la cantidad total parece pequeña, cerca de un tercio se degrada y se vuelve a sintetizar cada día, lo que demuestra que se trata de una molécula muy dinámica.

¿Dónde se encuentra?

Aunque solemos relacionarlo con la piel, está presente prácticamente en todo el organismo.

En la piel

Es uno de los principales responsables de mantener la hidratación de la dermis y de facilitar la comunicación entre las células implicadas en la reparación de los tejidos.

En las articulaciones

Forma parte del líquido sinovial, donde contribuye a lubricar y amortiguar los movimientos.

En los ojos

Participa en el mantenimiento de la forma del globo ocular y favorece un adecuado equilibrio de líquidos.

En los vasos sanguíneos

Interviene en la organización de la matriz extracelular que rodea las células de la pared vascular.

En la cicatrización

Su concentración aumenta durante las primeras fases de reparación de una herida, creando un entorno favorable para la migración y proliferación celular.

¿Qué ocurre con la edad?

Al igual que sucede con el colágeno y la elastina, la cantidad y la calidad del ácido hialurónico cambian con el paso de los años.

Estos cambios no se producen de forma brusca, sino progresiva.

Entre los principales efectos destacan:

  • menor capacidad para retener agua;

  • reducción de la hidratación profunda;

  • pérdida de elasticidad;

  • piel más fina;

  • recuperación más lenta tras pequeñas lesiones;

  • disminución del volumen en determinadas zonas del rostro.

A ello se suman factores externos, como la radiación ultravioleta, el tabaquismo o la contaminación, que aceleran estos procesos.

La relación entre el ácido hialurónico y el colágeno

Es frecuente pensar que el colágeno y el ácido hialurónico actúan por separado, pero en realidad forman parte de una misma red funcional.

Los fibroblastos, las células responsables de fabricar colágeno, también participan en la producción de componentes de la matriz extracelular, incluido el ácido hialurónico.

Cuando esta matriz se mantiene saludable:

  • el colágeno se organiza mejor;

  • las fibras elásticas funcionan de forma más eficiente;

  • la piel conserva mejor su firmeza e hidratación.

Por ello, muchas estrategias de rejuvenecimiento buscan favorecer el funcionamiento global de la matriz dérmica, y no solo aumentar un componente concreto.

¿Sirven las cremas con ácido hialurónico?

Esta es una de las preguntas más frecuentes.

La respuesta depende del objetivo.

Las moléculas de ácido hialurónico utilizadas en cosmética pueden tener distintos tamaños.

Las de mayor peso molecular permanecen principalmente en la superficie cutánea, donde ayudan a reducir la pérdida de agua y proporcionan una sensación de hidratación.

Las formulaciones con menor peso molecular pueden penetrar algo más en las capas superficiales de la piel, aunque su capacidad para alcanzar la dermis es limitada.

Por tanto, las cremas pueden mejorar la hidratación superficial y el confort de la piel, pero no sustituyen los procesos biológicos responsables de la producción natural de colágeno o de la remodelación de los tejidos.

Mito o realidad

“Cuanto más ácido hialurónico tenga una crema, mejor funciona.”

No necesariamente.

La eficacia de un producto depende de múltiples factores:

  • el tipo de molécula utilizada;

  • su peso molecular;

  • la formulación completa;

  • la estabilidad del producto;

  • la forma de aplicación;

  • las características de la piel.

Una concentración elevada no garantiza mejores resultados.

¿Y los suplementos?

En los últimos años han aparecido numerosos suplementos de ácido hialurónico por vía oral.

Algunos estudios sugieren que determinadas formulaciones podrían contribuir a mejorar aspectos como la hidratación cutánea o algunos síntomas articulares en ciertos grupos de población.

Sin embargo, la evidencia aún presenta limitaciones y los resultados no son uniformes entre todos los estudios.

Por ello, antes de iniciar cualquier suplementación conviene consultar con un profesional sanitario que valore si está indicada y cómo puede integrarse dentro de un plan global de salud.

La importancia de estimular nuestros propios mecanismos

Una de las grandes líneas de investigación actuales no consiste únicamente en aportar sustancias desde el exterior, sino en estimular la capacidad natural del organismo para mantener una matriz extracelular saludable.

En este contexto, algunos procedimientos médicos buscan activar procesos fisiológicos de reparación y remodelación de los tejidos, favoreciendo un entorno que permita a las células funcionar de forma más eficiente.

Este enfoque pretende trabajar con la biología del organismo, respetando sus tiempos y mecanismos de regeneración.

El papel de Clínica Baños

En Clínica Baños creemos que el objetivo no es perseguir soluciones rápidas, sino ayudar a que la piel recupere, en la medida de lo posible, parte de su capacidad natural de mantenerse sana.

Por eso, antes de recomendar un tratamiento, analizamos aspectos como:

  • el grado de hidratación de la piel;

  • la presencia de flacidez;

  • la calidad del tejido;

  • la exposición solar acumulada;

  • los hábitos de vida;

  • las expectativas de cada paciente.

Solo así es posible diseñar un plan personalizado que combine cuidados domiciliarios, hábitos saludables y, cuando esté indicado, procedimientos médicos con respaldo científico.

Ideas clave

  • El ácido hialurónico es una molécula producida de forma natural por el organismo.

  • No solo hidrata la piel; participa en la estructura y el funcionamiento de numerosos tejidos.

  • Su cantidad y su distribución cambian con la edad.

  • Las cremas pueden mejorar la hidratación superficial, pero no sustituyen los procesos biológicos de regeneración.

  • El cuidado de la piel debe integrarse dentro de una estrategia global de salud.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

Hasta ahora hemos hablado de la piel desde el punto de vista estructural. Sin embargo, existe un órgano invisible que influye de forma decisiva en el envejecimiento, la inflamación y la salud cutánea:

La microbiota: el ecosistema de microorganismos que puede influir en tu piel, tu sistema inmunitario y tu bienestar.

Descubriremos cómo el equilibrio entre las bacterias beneficiosas del intestino y de la piel puede afectar al envejecimiento, la respuesta inflamatoria, enfermedades como el acné o la rosácea e incluso a la eficacia de determinados tratamientos estéticos. Analizaremos qué sabemos realmente según la evidencia científica y qué afirmaciones siguen siendo hipótesis en investigación.

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Capítulo 6

La célula: donde realmente comienza el envejecimiento

Comprender el origen del paso del tiempo
Cada arruga que vemos en el espejo empezó muchos años antes, cuando millones de células comenzaron lentamente a perder su capacidad de repararse.

Introducción

Cuando pensamos en el envejecimiento solemos imaginar canas, arrugas, pérdida de firmeza o un metabolismo más lento. Sin embargo, ninguno de estos cambios comienza en la piel, en el músculo o en la grasa.

Todo empieza mucho antes.

Empieza en la unidad más pequeña que forma nuestro organismo: la célula.

Cada segundo, nuestro cuerpo realiza millones de procesos invisibles. Las células producen energía, sintetizan proteínas, eliminan sustancias de desecho, reparan tejidos, responden a infecciones y se comunican entre sí para mantener el equilibrio del organismo.

Mientras somos jóvenes, este sistema funciona con una precisión extraordinaria. Sin embargo, con el paso de los años, esa maquinaria empieza a perder eficacia. No deja de funcionar de un día para otro; simplemente se vuelve menos eficiente.

Comprender cómo envejecen las células nos ayuda a entender por qué aparecen las arrugas, disminuye la masa muscular, cambia la composición corporal y aumentan determinadas enfermedades.

¿Qué es una célula?

El cuerpo humano está formado por aproximadamente 37 billones de células.

Cada una de ellas es una estructura extraordinariamente compleja, capaz de realizar miles de reacciones químicas cada segundo.

Aunque existen muchos tipos diferentes de células —musculares, nerviosas, óseas, inmunitarias o cutáneas— todas comparten una organización básica.

Podemos compararlas con una ciudad perfectamente organizada.

  • La membrana celular sería la muralla que controla qué entra y qué sale.

  • El núcleo sería el ayuntamiento donde se guarda la información genética.

  • Las mitocondrias serían las centrales eléctricas.

  • Los ribosomas serían las fábricas de proteínas.

  • El retículo endoplasmático sería la red de producción y transporte.

  • El aparato de Golgi actuaría como el centro logístico que clasifica y distribuye los productos.

  • Los lisosomas funcionarían como el servicio de reciclaje.

Cada una de estas estructuras trabaja de manera coordinada para mantener viva la célula.

El ADN: el gran libro de instrucciones

En el interior del núcleo se encuentra el ADN, una molécula que contiene la información necesaria para fabricar todas las proteínas que necesita nuestro organismo.

Si desplegáramos el ADN contenido en una sola célula, mediría aproximadamente dos metros de longitud.

Toda esa información está cuidadosamente organizada en los cromosomas.

Cada vez que una célula se divide debe copiar con enorme precisión ese material genético.

Aunque el organismo dispone de sofisticados mecanismos de reparación, con los años pueden acumularse pequeños errores.

La mayoría son corregidos sin consecuencias.

Otros permanecen.

Y algunos contribuyen al envejecimiento celular.

Las mitocondrias: las centrales energéticas del organismo

Ninguna célula puede funcionar sin energía.

Esa energía se produce principalmente en unas pequeñas estructuras llamadas mitocondrias.

Su función consiste en transformar los nutrientes procedentes de los alimentos en una molécula denominada ATP, que actúa como la "moneda energética" de la célula.

Cada movimiento muscular, cada impulso nervioso y cada proceso de reparación necesita ATP.

Con el paso de los años, las mitocondrias también envejecen.

Producen menos energía y generan una mayor cantidad de especies reactivas de oxígeno, conocidas popularmente como radicales libres.

Este fenómeno contribuye al deterioro progresivo de las células.

¿Sabías que...?

Una célula muscular puede contener miles de mitocondrias, mientras que una célula con menor demanda energética dispone de muchas menos. El número de mitocondrias se adapta a las necesidades de cada tejido.

La comunicación entre células

Ninguna célula trabaja aislada.

Cada segundo intercambian millones de señales químicas con sus vecinas.

Estas señales permiten coordinar procesos tan diversos como:

  • la cicatrización de una herida;

  • la respuesta frente a una infección;

  • la producción de colágeno;

  • el crecimiento del cabello;

  • la renovación de la piel;

  • la formación de nuevos vasos sanguíneos.

Cuando somos jóvenes, esta comunicación es rápida y eficiente.

Con el envejecimiento puede volverse menos precisa, lo que dificulta la coordinación entre los distintos tejidos.

¿Por qué envejece una célula?

El envejecimiento celular no tiene una única causa.

Es el resultado de la interacción de múltiples procesos que actúan simultáneamente.

Entre los más importantes destacan:

Acumulación de daño en el ADN

A lo largo de la vida nuestras células están expuestas a radiación ultravioleta, contaminación, tabaco, procesos inflamatorios y al propio metabolismo.

Todo ello puede producir pequeñas lesiones en el ADN.

Aunque disponemos de mecanismos de reparación muy eficaces, con el tiempo parte de ese daño se acumula.

Senescencia celular

Cuando una célula detecta que el daño acumulado es excesivo puede dejar de dividirse.

No muere inmediatamente.

Permanece en el tejido en un estado denominado senescencia celular.

Estas células siguen activas, pero cambian su comportamiento.

En lugar de colaborar en la regeneración, pueden liberar sustancias inflamatorias que alteran el funcionamiento de las células vecinas.

Con la edad aumenta el número de células senescentes presentes en numerosos órganos.

Actualmente este fenómeno es una de las áreas más prometedoras de investigación en biología del envejecimiento.

Pérdida de capacidad de reparación

Las células jóvenes reparan con rapidez muchas de las lesiones cotidianas.

Sin embargo, con el paso de los años esa capacidad disminuye.

Como consecuencia:

  • las heridas cicatrizan más lentamente;

  • la piel tarda más en recuperarse;

  • el músculo necesita más tiempo para regenerarse;

  • disminuye la respuesta frente a determinadas agresiones.

Alteraciones en la producción de proteínas

Las proteínas son las herramientas que permiten funcionar a las células.

Con la edad puede disminuir la eficacia de los mecanismos encargados de fabricarlas y mantenerlas correctamente plegadas.

Cuando este sistema falla, algunas proteínas pierden funcionalidad o se acumulan de forma inadecuada.

La autofagia: el sistema de reciclaje celular

Una de las funciones más fascinantes de nuestras células es la autofagia, un mecanismo mediante el cual eliminan componentes dañados o envejecidos para reutilizar parte de sus materiales.

Este proceso contribuye al mantenimiento del equilibrio celular.

Diversas investigaciones sugieren que la autofagia disminuye con la edad y que determinados hábitos saludables, como el ejercicio físico regular y un adecuado equilibrio energético, pueden favorecer su funcionamiento fisiológico. No obstante, muchos aspectos de su regulación siguen siendo objeto de investigación y no existen intervenciones únicas que la "activen" de forma garantizada en todas las personas.

Mito o realidad

"Las células dejan de regenerarse después de cierta edad."

Falso.

Muchos tejidos continúan renovándose durante toda la vida.

Lo que cambia con la edad es la velocidad y la eficacia de esos procesos.

La piel sigue regenerándose.

El intestino sigue renovando su revestimiento.

El hueso continúa remodelándose.

Incluso el músculo conserva cierta capacidad de adaptación cuando se estimula adecuadamente.

Esta es una de las razones por las que nunca es demasiado tarde para adoptar hábitos saludables.

Las células recuerdan nuestro estilo de vida

Aunque no podemos cambiar nuestra fecha de nacimiento, sí podemos influir en el entorno en el que viven nuestras células.

Las investigaciones en envejecimiento muestran que factores como:

  • el ejercicio físico regular;

  • una alimentación equilibrada;

  • el sueño de calidad;

  • la protección frente al exceso de radiación solar;

  • el abandono del tabaco;

  • el control del estrés;

contribuyen a mantener un entorno biológico más favorable para el funcionamiento celular.

No hablamos de "rejuvenecer" las células en un sentido absoluto, sino de favorecer que trabajen en las mejores condiciones posibles durante más tiempo.

¿Qué significa esto para la medicina estética?

Comprender el envejecimiento celular cambia la forma de entender la medicina estética.

El objetivo no debería limitarse a ocultar un signo visible, sino a favorecer la calidad del tejido y acompañar los procesos fisiológicos de reparación cuando existe evidencia de beneficio.

Los tratamientos actuales con mejor respaldo científico no buscan únicamente modificar el aspecto externo; muchos de ellos pretenden estimular mecanismos naturales de remodelación tisular y mejorar el entorno biológico de la piel.

Este enfoque es coherente con una medicina estética moderna, centrada en la salud cutánea y en resultados naturales.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que cada paciente envejece de forma diferente porque cada organismo tiene una historia distinta.

Por ello, nuestra prioridad es realizar una valoración individualizada que tenga en cuenta la calidad de la piel, los hábitos de vida, la exposición solar, la composición corporal y los objetivos personales.

Creemos que el mejor tratamiento es aquel que respeta la biología de cada persona y se integra en una estrategia global de salud, nutrición, ejercicio y cuidado de la piel.

Ideas clave

  • El envejecimiento comienza en las células mucho antes de hacerse visible.

  • Las mitocondrias, el ADN y la comunicación celular desempeñan un papel esencial en este proceso.

  • La senescencia celular y la disminución de la capacidad de reparación forman parte del envejecimiento fisiológico.

  • Las células mantienen cierta capacidad de adaptación durante toda la vida.

  • Los hábitos saludables crean un entorno más favorable para preservar la función celular.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo conoceremos a uno de los protagonistas menos conocidos del envejecimiento saludable:

Las hormonas: cómo cambian desde los 25 hasta los 70 años y qué impacto tienen sobre la piel, el músculo, la grasa, el metabolismo y el bienestar.

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Capítulo 7

Las hormonas

Los mensajeros invisibles que transforman nuestro cuerpo a lo largo de la vida
No solo envejecemos por el paso del tiempo. También envejecemos porque cambian los mensajes que reciben nuestras células.

Introducción

Si pudiéramos observar el interior del organismo con un microscopio extraordinariamente potente, descubriríamos que cada segundo millones de células reciben instrucciones para crecer, dividirse, producir energía, fabricar colágeno, almacenar grasa o reparar tejidos.

¿Quién envía esas instrucciones?

Las hormonas.

Son pequeñas moléculas producidas por diferentes glándulas del cuerpo que viajan por la sangre y actúan como auténticos mensajeros químicos.

Aunque se encuentran en cantidades muy pequeñas, su influencia es enorme. Regulan el metabolismo, el apetito, el sueño, la reproducción, la masa muscular, la densidad ósea, la hidratación de la piel, el estado de ánimo e incluso la respuesta frente al estrés.

Con el paso de los años, la producción y el equilibrio de muchas hormonas cambian. Algunas disminuyen de forma gradual; otras fluctúan antes de estabilizarse; y algunas aumentan como mecanismo de compensación.

Estos cambios forman parte del envejecimiento normal, aunque su intensidad y sus consecuencias pueden variar mucho entre personas.

Comprender este proceso es esencial para interpretar muchos de los cambios físicos que experimentamos a partir de los 30, 40 o 50 años.

¿Qué son realmente las hormonas?

Las hormonas son sustancias producidas por las glándulas endocrinas, que las liberan al torrente sanguíneo para actuar sobre órganos y tejidos específicos.

Podemos imaginarlas como cartas dirigidas a un destinatario concreto.

Cada célula posee receptores capaces de reconocer determinadas hormonas. Solo cuando una hormona encuentra su receptor adecuado puede transmitir su mensaje.

Este sistema permite coordinar funciones extraordinariamente complejas sin necesidad de que los órganos estén en contacto directo.

El sistema endocrino: una gran red de comunicación

Las principales glándulas endocrinas forman una red perfectamente coordinada.

Entre ellas destacan:

  • el hipotálamo;

  • la hipófisis;

  • la glándula tiroides;

  • las glándulas suprarrenales;

  • el páncreas;

  • los ovarios;

  • los testículos.

Cada una produce hormonas con funciones específicas, aunque todas interactúan entre sí.

Por ejemplo, una alteración tiroidea puede influir en el metabolismo, el peso, la temperatura corporal y el estado de la piel.

Del mismo modo, los cambios hormonales propios de la menopausia o del envejecimiento masculino pueden modificar la composición corporal y la calidad de los tejidos.

¿Sabías que...?

Aunque solemos hablar de "niveles hormonales", lo verdaderamente importante es el equilibrio entre las distintas hormonas y la sensibilidad de los tejidos a sus señales. Dos personas con valores similares pueden experimentar efectos diferentes debido a factores genéticos, metabólicos o relacionados con el estilo de vida.

Estrógenos: mucho más que hormonas reproductivas

Los estrógenos desempeñan un papel fundamental en la salud de la mujer durante toda la vida.

Además de participar en la función reproductiva, intervienen en:

  • el mantenimiento del colágeno;

  • la elasticidad de la piel;

  • la hidratación cutánea;

  • la distribución de la grasa corporal;

  • la masa ósea;

  • la función vascular;

  • la regulación de algunos procesos cerebrales.

Durante la transición menopáusica, la disminución de los estrógenos puede favorecer una reducción acelerada del colágeno dérmico, cambios en la hidratación de la piel y una redistribución de la grasa hacia la región abdominal.

No todas las mujeres experimentan estos cambios con la misma intensidad, pero conocerlos ayuda a entender por qué esta etapa requiere un enfoque específico.

Testosterona: una hormona esencial también en la mujer

La testosterona suele asociarse al organismo masculino, pero también está presente en las mujeres, aunque en concentraciones mucho menores.

En ambos sexos participa en funciones importantes como:

  • el mantenimiento de la masa muscular;

  • la fuerza;

  • la densidad ósea;

  • el deseo sexual;

  • la producción de glóbulos rojos;

  • algunos aspectos del estado de ánimo.

En los hombres, los niveles de testosterona tienden a disminuir de forma gradual con la edad, aunque existe una gran variabilidad individual.

Es importante recordar que síntomas como el cansancio, la pérdida de masa muscular o la disminución de la libido pueden tener múltiples causas y no deben atribuirse automáticamente a un descenso hormonal sin una valoración médica adecuada.

La hormona del crecimiento y el IGF-1

La hormona del crecimiento (GH) y el factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 (IGF-1) forman un sistema estrechamente relacionado.

Durante la infancia y la adolescencia son esenciales para el crecimiento.

En la edad adulta continúan participando en:

  • el mantenimiento de la masa muscular;

  • la remodelación ósea;

  • el metabolismo energético;

  • la reparación de algunos tejidos.

Con el envejecimiento, su actividad disminuye de forma progresiva. Esto forma parte del proceso fisiológico normal y no implica necesariamente una enfermedad.

La insulina: mucho más que una hormona del azúcar

Cuando hablamos de insulina solemos pensar en la diabetes.

Sin embargo, su función es mucho más amplia.

La insulina regula cómo utilizan las células la glucosa procedente de los alimentos y participa en numerosos procesos metabólicos.

Cuando aparece resistencia a la insulina, el organismo necesita producir cantidades cada vez mayores para mantener niveles normales de glucosa.

Esta situación se asocia con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, pero también con cambios en la composición corporal, aumento de la grasa visceral y un entorno inflamatorio que puede acelerar algunos procesos relacionados con el envejecimiento.

Mantener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico y conservar una buena masa muscular son estrategias respaldadas por la evidencia para favorecer una adecuada sensibilidad a la insulina.

El cortisol: la hormona de adaptación al estrés

El cortisol es producido por las glándulas suprarrenales y desempeña un papel esencial en la respuesta frente al estrés.

En situaciones agudas resulta beneficioso, ya que ayuda a movilizar energía y preparar al organismo para afrontar un desafío.

El problema aparece cuando el estrés se mantiene durante largos periodos y se acompaña de alteraciones del sueño, sedentarismo o hábitos poco saludables.

En ese contexto, pueden producirse cambios metabólicos que favorezcan la acumulación de grasa abdominal, alteraciones del apetito y una mayor dificultad para la recuperación de los tejidos.

No obstante, es importante evitar simplificaciones: el aumento de peso o el envejecimiento no dependen exclusivamente del cortisol, sino de la interacción de numerosos factores.

Las hormonas tiroideas: el regulador del metabolismo

La glándula tiroides produce hormonas que influyen prácticamente en todas las células del organismo.

Cuando existe un exceso o un déficit significativo de hormonas tiroideas pueden aparecer cambios en:

  • el peso corporal;

  • la temperatura;

  • la frecuencia cardiaca;

  • la energía;

  • el cabello;

  • la piel;

  • el ritmo intestinal.

Por ello, ante síntomas persistentes como cansancio intenso, cambios inexplicables de peso o alteraciones cutáneas llamativas, es recomendable consultar con un profesional sanitario para valorar si existe una alteración tiroidea u otra causa médica.

Hormonas y composición corporal

A partir de la cuarta década de la vida es frecuente observar cambios graduales en la distribución de la grasa y en la masa muscular.

Estos cambios no dependen únicamente de las hormonas, pero sí están influenciados por ellas.

Entre los factores que intervienen destacan:

  • menor actividad física;

  • disminución progresiva de la masa muscular;

  • cambios hormonales;

  • menor gasto energético basal;

  • alteraciones del sueño;

  • hábitos alimentarios.

La combinación de entrenamiento de fuerza, una ingesta adecuada de proteínas y un estilo de vida activo constituye una de las estrategias con mayor respaldo científico para preservar la masa muscular durante el envejecimiento.

Mito o realidad

"Las hormonas son las únicas responsables del aumento de peso en la menopausia."

Mito.

Los cambios hormonales influyen, pero no actúan de forma aislada.

El aumento de peso y la redistribución de la grasa dependen también de factores como la alimentación, el nivel de actividad física, la calidad del sueño, la masa muscular y la predisposición genética.

Comprender esta interacción permite plantear estrategias más eficaces y realistas.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que la piel y la composición corporal reflejan lo que ocurre en todo el organismo.

Por ello, cuando valoramos a un paciente no observamos únicamente las arrugas o la flacidez. También tenemos en cuenta aspectos como la edad, la etapa hormonal, los hábitos de vida, la composición corporal y los objetivos personales.

Este enfoque integral permite diseñar programas personalizados que combinan educación sanitaria, nutrición, ejercicio y tratamientos médicos cuando están indicados.

Nuestro objetivo es acompañar al paciente en cada etapa de la vida, favoreciendo un envejecimiento saludable y resultados naturales.

Ideas clave

  • Las hormonas actúan como mensajeros que coordinan funciones esenciales en todo el organismo.

  • Sus cambios forman parte del envejecimiento fisiológico, aunque varían entre personas.

  • Estrógenos, testosterona, insulina, cortisol y hormonas tiroideas influyen en la piel, el músculo, el metabolismo y la composición corporal.

  • Los hábitos saludables modulan el impacto de estos cambios y pueden mejorar la salud general.

  • La valoración individual es fundamental para comprender qué factores están influyendo en cada persona.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

Hasta ahora hemos hablado de hormonas, células y piel. Sin embargo, existe un órgano que pesa apenas un kilogramo y medio y que dirige muchas de nuestras decisiones relacionadas con la alimentación, el sueño, el estrés y el envejecimiento:

El cerebro: cómo cambian la memoria, las emociones y la conducta alimentaria con la edad, y qué podemos hacer para proteger la salud cerebral.

Descubriremos la relación entre cerebro, microbiota, ejercicio, nutrición y envejecimiento saludable, desmontando mitos y explicando qué estrategias cuentan realmente con respaldo científico para preservar la función cognitiva a lo largo de la vida. Este capítulo servirá además como puente hacia los bloques dedicados a la nutrición, el control del peso y la salud metabólica, mostrando que un envejecimiento saludable empieza mucho antes de cualquier tratamiento estético.

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Capítulo 8

Edad cronológica y edad biológica

¿Por qué algunas personas parecen mucho más jóvenes que otras?
No todas las personas envejecen al mismo ritmo. La diferencia no está solo en los genes, sino en cómo interactúan la biología, el estilo de vida y el entorno a lo largo de los años.

Introducción

Todos conocemos a alguien que parece desafiar el paso del tiempo.

Quizá tengas un familiar de 70 años que conserva una energía extraordinaria, una piel luminosa y una capacidad física sorprendente. O, por el contrario, hayas conocido personas de 45 años que aparentan bastante más edad debido a problemas de salud, tabaquismo, estrés mantenido o sedentarismo.

¿Cómo es posible que dos personas nacidas el mismo año envejezcan de forma tan distinta?

La respuesta está en comprender que la edad no se mide únicamente en años.

Hoy la ciencia distingue entre dos conceptos fundamentales:

  • Edad cronológica.

  • Edad biológica.

La primera no puede modificarse.

La segunda sí puede verse influida por numerosos factores.

¿Qué es la edad cronológica?

La edad cronológica es simplemente el tiempo transcurrido desde el nacimiento.

Es la edad que aparece en el documento de identidad.

No aporta información sobre el estado funcional del organismo.

Dos personas de 55 años tienen la misma edad cronológica, aunque una pueda correr una media maratón y otra presente dificultades para subir un tramo de escaleras.

¿Qué es la edad biológica?

La edad biológica intenta estimar el grado de envejecimiento del organismo teniendo en cuenta el funcionamiento de sus órganos y tejidos.

No existe una única prueba que la determine con exactitud.

Se trata de un concepto que integra múltiples variables relacionadas con:

  • función cardiovascular;

  • composición corporal;

  • fuerza muscular;

  • capacidad respiratoria;

  • metabolismo;

  • función cognitiva;

  • marcadores biológicos;

  • hábitos de vida.

En otras palabras, la edad biológica refleja cómo está funcionando realmente el cuerpo, independientemente de la fecha de nacimiento.

¿Sabías que...?

En estudios poblacionales se ha observado que personas con estilos de vida saludables suelen presentar mejores indicadores funcionales que otras de la misma edad cronológica. Esto no significa que "rejuvenezcan" sus órganos, sino que mantienen durante más tiempo un mejor nivel de funcionamiento.

¿Qué determina la velocidad del envejecimiento?

Durante mucho tiempo se pensó que los genes eran prácticamente los únicos responsables.

Hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja.

Los genes influyen, pero también lo hacen:

  • la alimentación;

  • el ejercicio físico;

  • el sueño;

  • la exposición solar;

  • el tabaquismo;

  • el consumo excesivo de alcohol;

  • la contaminación;

  • el estrés;

  • algunas enfermedades crónicas;

  • el acceso a cuidados sanitarios.

Todo ello interactúa a lo largo de décadas.

La genética: importante, pero no suficiente

Cada persona nace con una determinada información genética que influye en características como:

  • el grosor de la piel;

  • la distribución de la grasa;

  • la tendencia a desarrollar determinadas enfermedades;

  • la respuesta frente al ejercicio;

  • la capacidad de producir ciertas proteínas.

Sin embargo, los genes no determinan por completo nuestro futuro.

Podemos imaginar el ADN como el guion de una obra de teatro.

El estilo de vida sería la forma en la que se interpreta ese guion.

Epigenética: cuando el entorno influye en nuestros genes

Uno de los mayores avances de la biología moderna ha sido comprender que el ambiente puede modificar la forma en la que se expresan muchos genes sin cambiar la secuencia del ADN.

Este fenómeno se conoce como epigenética.

La epigenética incluye mecanismos que regulan qué genes se activan y cuáles permanecen menos activos en un momento determinado.

Factores como:

  • el ejercicio físico;

  • la alimentación;

  • el tabaquismo;

  • la contaminación;

  • el sueño;

  • algunos procesos inflamatorios;

pueden influir en estos mecanismos.

Es importante aclarar que la investigación en este campo sigue evolucionando y que aún quedan muchas preguntas por responder.

Los relojes biológicos

En los últimos años se han desarrollado diferentes métodos de investigación para estimar el envejecimiento biológico.

Uno de los más conocidos son los llamados relojes epigenéticos, que analizan determinados patrones de metilación del ADN.

Estos modelos han permitido estudiar cómo algunos factores del estilo de vida se asocian con un envejecimiento biológico más lento o más rápido a nivel poblacional.

Sin embargo, todavía no forman parte de la práctica clínica habitual para la mayoría de las personas y su interpretación requiere cautela.

¿Podemos modificar la edad biológica?

Esta es una de las preguntas más frecuentes.

La respuesta debe ser prudente.

No existen pruebas de que podamos detener completamente el envejecimiento.

Tampoco disponemos de tratamientos capaces de "hacer retroceder el reloj" de forma generalizada.

Lo que sí muestran numerosos estudios es que determinadas intervenciones pueden ayudar a preservar la función de distintos órganos y mantener una mejor salud durante más tiempo.

El objetivo no es vivir eternamente.

El objetivo es envejecer con mayor calidad de vida.

Los grandes pilares de un envejecimiento saludable

1. Mantener la masa muscular

La pérdida progresiva de músculo, conocida como sarcopenia, es uno de los principales factores relacionados con la pérdida de independencia en edades avanzadas.

El entrenamiento de fuerza adaptado y una ingesta adecuada de proteínas son herramientas fundamentales para preservar la función muscular.

2. Alimentación equilibrada

Los patrones alimentarios ricos en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva se han asociado con beneficios para la salud cardiovascular y metabólica.

Más que buscar alimentos "milagro", conviene mantener una alimentación variada y sostenible.

3. Movimiento diario

No solo importa hacer deporte.

También es importante reducir el tiempo sedentario.

Caminar, subir escaleras, levantarse con frecuencia y mantenerse activo durante el día contribuyen al mantenimiento de la salud.

4. Dormir bien

Durante el sueño se llevan a cabo numerosos procesos de reparación y consolidación de funciones fisiológicas.

Dormir de forma insuficiente o de mala calidad puede afectar al metabolismo, al estado de ánimo y al rendimiento cognitivo.

5. Salud mental

La interacción social, el aprendizaje continuo, la gestión del estrés y el bienestar emocional forman parte de un envejecimiento saludable.

La salud mental y la salud física están profundamente conectadas.

6. Protección frente al sol

La radiación ultravioleta es uno de los principales factores del fotoenvejecimiento.

El uso de fotoprotección adecuada y otras medidas de protección solar contribuyen a preservar la salud de la piel.

Mito o realidad

"Todo depende de la genética."

Falso.

La genética influye, pero no determina completamente cómo vamos a envejecer.

Las decisiones cotidianas que repetimos durante años tienen un impacto acumulativo sobre la salud y la función de muchos órganos.

¿Qué papel desempeña la medicina estética?

La medicina estética puede mejorar determinados aspectos visibles del envejecimiento y favorecer la calidad de algunos tejidos cuando está correctamente indicada.

Sin embargo, no puede sustituir a los hábitos saludables.

El mejor resultado se obtiene cuando el cuidado de la piel se integra en una estrategia global que incluya nutrición, ejercicio, descanso, fotoprotección y seguimiento profesional.

Esta visión evita expectativas irreales y sitúa a la medicina estética dentro del contexto de la salud.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños creemos que el objetivo no es perseguir una apariencia artificialmente joven, sino ayudar a cada persona a alcanzar la mejor versión de sí misma en cada etapa de la vida.

Por ello, nuestros programas combinan educación sanitaria, valoración individualizada y tratamientos adaptados a las necesidades reales del paciente.

El envejecimiento es un proceso natural.

Nuestro trabajo consiste en acompañarlo con conocimiento, prevención y ciencia.

Resumen del capítulo

La edad que marca el calendario no siempre refleja el estado funcional del organismo.

Aunque no podemos modificar nuestra edad cronológica, numerosos estudios muestran que el estilo de vida influye de forma importante en la salud física, la función cognitiva y la calidad de la piel a lo largo de los años.

Comprender este concepto nos ayuda a sustituir la búsqueda de soluciones rápidas por una estrategia basada en hábitos sostenibles y decisiones informadas.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo entraremos en un tema que probablemente sea el más importante de todo el libro y que servirá como base para comprender la nutrición, la obesidad, la microbiota, la menopausia, el deporte y la mayoría de los tratamientos que veremos más adelante:

El músculo: el verdadero órgano de la longevidad.

Descubriremos por qué hoy se considera al músculo un órgano endocrino, cómo influye en el metabolismo, la inflamación, la sensibilidad a la insulina, la salud ósea, el cerebro y el envejecimiento saludable. Analizaremos qué ocurre con la masa muscular desde los 30 hasta los 80 años y por qué conservarla puede ser uno de los factores más importantes para mantener la independencia y la calidad de vida. Este capítulo marcará el inicio de la segunda gran parte de la guía: cómo actuar para envejecer mejor, uniendo ciencia, nutrición, ejercicio y medicina estética en un enfoque verdaderamente integral.

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Capítulo 9

El músculo

El órgano de la longevidad que casi nadie cuida
Cuando entrenas un músculo, no solo fortaleces tus piernas o tus brazos. Estás enviando señales beneficiosas a prácticamente todo tu organismo.

Introducción

Durante décadas pensamos que el músculo servía únicamente para caminar, correr, levantar peso o mantenernos en equilibrio.

Sin embargo, en los últimos veinte años la investigación ha transformado por completo esta visión.

Hoy sabemos que el músculo es un órgano metabólico y endocrino, capaz de producir sustancias llamadas mioquinas, que actúan sobre otros órganos y participan en funciones tan diversas como el control de la inflamación, el metabolismo de la glucosa, la salud cardiovascular, la función cerebral y el mantenimiento de la masa ósea.

Esto significa que cada vez que realizamos ejercicio, especialmente entrenamiento de fuerza, no solo estamos fortaleciendo el cuerpo. Estamos desencadenando una compleja respuesta biológica que beneficia a múltiples sistemas.

Por ello, conservar la masa muscular no es solo una cuestión estética o deportiva. Es una de las estrategias más importantes para favorecer un envejecimiento saludable.

¿Qué es realmente el músculo?

El músculo es un tejido especializado formado por fibras capaces de contraerse y generar movimiento.

En el cuerpo humano existen tres tipos principales:

  • Músculo esquelético, responsable del movimiento voluntario.

  • Músculo cardíaco, que forma el corazón.

  • Músculo liso, presente en órganos como el intestino o los vasos sanguíneos.

En este capítulo nos centraremos en el músculo esquelético, el que podemos fortalecer mediante el ejercicio.

En un adulto sano representa aproximadamente entre el 30 % y el 40 % del peso corporal, aunque esta proporción varía según la edad, el sexo y el nivel de actividad física.

El músculo: mucho más que fuerza

Cada fibra muscular actúa como una pequeña fábrica bioquímica.

Cuando el músculo se contrae libera numerosas moléculas de señalización denominadas mioquinas.

Estas sustancias viajan por el organismo y participan en procesos relacionados con:

  • la regulación del metabolismo;

  • la sensibilidad a la insulina;

  • la inflamación;

  • la función inmunitaria;

  • la salud ósea;

  • la comunicación con el cerebro.

Aunque muchas de estas vías siguen siendo objeto de investigación, existe un amplio consenso en que el músculo desempeña un papel central en la salud global.

¿Sabías que...?

Durante una sesión de ejercicio, el músculo no solo consume energía. También envía mensajes químicos a otros órganos. Por eso el ejercicio produce beneficios que van mucho más allá del propio aparato locomotor.

El músculo cambia con la edad

A partir de la tercera década de la vida comienza una pérdida progresiva de masa y fuerza muscular.

Este proceso suele ser lento al principio, pero puede acelerarse con el sedentarismo, una ingesta insuficiente de proteínas, enfermedades crónicas o determinados cambios hormonales.

Cuando la pérdida de músculo es importante hablamos de sarcopenia.

La sarcopenia aumenta el riesgo de:

  • caídas;

  • fracturas;

  • pérdida de autonomía;

  • hospitalizaciones;

  • discapacidad;

  • peor calidad de vida.

Por ello, prevenirla es una prioridad en medicina del envejecimiento.

¿Qué ocurre dentro del músculo cuando envejecemos?

El envejecimiento muscular es un proceso multifactorial.

Entre los cambios más relevantes se encuentran:

Disminución del número y tamaño de las fibras musculares

Especialmente de las fibras rápidas, importantes para la potencia y la capacidad de reaccionar ante un tropiezo.

Menor capacidad de regeneración

Las células satélite, responsables de reparar el tejido muscular tras el ejercicio o una lesión, reducen progresivamente su actividad.

Cambios neuromusculares

Con la edad disminuye la eficiencia de la comunicación entre nervios y fibras musculares, lo que contribuye a la pérdida de fuerza.

Alteraciones hormonales

La disminución de estrógenos, testosterona y otras hormonas puede influir en el mantenimiento de la masa muscular, aunque su impacto varía entre individuos.

Inflamación de bajo grado

El estado inflamatorio crónico asociado al envejecimiento puede favorecer el catabolismo muscular y dificultar la recuperación.

Músculo y metabolismo

Uno de los aspectos menos conocidos es que el músculo es uno de los principales tejidos consumidores de glucosa.

Cuanta mayor masa muscular funcional tenemos, mayor capacidad existe para utilizar la glucosa como fuente de energía durante la actividad física y en el día a día.

Esto ayuda a mantener una buena sensibilidad a la insulina y forma parte de las estrategias para prevenir alteraciones metabólicas, siempre junto con una alimentación equilibrada y otros hábitos saludables.

Músculo y pérdida de peso

Muchas personas centran toda su atención en el número que marca la báscula.

Sin embargo, perder peso no siempre significa mejorar la salud.

Si durante una dieta se pierde una cantidad importante de masa muscular, el metabolismo puede verse afectado y aumentar la dificultad para mantener el peso perdido.

Por eso, los programas de control de peso deberían perseguir un objetivo más ambicioso:

  • reducir el exceso de grasa corporal;

  • preservar o aumentar la masa muscular;

  • mejorar la condición física.

Este enfoque es especialmente importante a partir de los 40 años y durante la menopausia.

El músculo y la piel

Puede parecer que ambos tejidos no tienen relación, pero están más conectados de lo que imaginamos.

La actividad física regular mejora:

  • la circulación sanguínea;

  • el aporte de oxígeno a los tejidos;

  • la sensibilidad a la insulina;

  • algunos marcadores inflamatorios.

Además, una buena masa muscular favorece una composición corporal más equilibrada y un mejor soporte de los tejidos.

No significa que el ejercicio elimine las arrugas, pero sí contribuye a crear un entorno fisiológico más favorable para la salud cutánea.

Entrenamiento de fuerza: una herramienta para toda la vida

Existe una idea errónea muy extendida: pensar que el entrenamiento de fuerza es solo para deportistas o personas jóvenes.

La evidencia científica muestra que, adaptado a las características de cada individuo, el trabajo de fuerza puede aportar beneficios en todas las etapas de la vida.

Entre ellos destacan:

  • mejora de la fuerza y la funcionalidad;

  • preservación de la masa muscular;

  • aumento de la densidad mineral ósea;

  • mejor equilibrio;

  • mayor autonomía en personas mayores;

  • apoyo al control del peso corporal.

El programa debe individualizarse según la edad, la experiencia previa y las posibles enfermedades o limitaciones.

Proteínas y músculo

El entrenamiento por sí solo no es suficiente.

Para mantener y reparar el tejido muscular es necesario aportar una cantidad adecuada de proteínas de alta calidad dentro de una alimentación equilibrada.

Las necesidades varían según la edad, el nivel de actividad física y el estado de salud.

En personas mayores o con riesgo de sarcopenia, la distribución de la proteína a lo largo del día puede ser tan importante como la cantidad total.

No se trata de consumir grandes cantidades de suplementos, sino de cubrir las necesidades individuales con alimentos y, cuando sea necesario, con asesoramiento profesional.

Mito o realidad

"Caminar es suficiente para no perder músculo."

Parcialmente cierto.

Caminar es una actividad excelente para la salud cardiovascular y ayuda a reducir el sedentarismo.

Sin embargo, por sí solo puede no proporcionar un estímulo suficiente para mantener la fuerza y la masa muscular a largo plazo, especialmente con el envejecimiento.

Por ello, las guías internacionales recomiendan combinar actividad aeróbica con ejercicios de fortalecimiento muscular adaptados a cada persona.

El papel de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que la composición corporal influye tanto en la salud como en la estética.

Por eso, cuando diseñamos un programa de cuidado integral, no buscamos únicamente reducir grasa o mejorar la apariencia de la piel. También promovemos estrategias para preservar la masa muscular, favorecer un metabolismo saludable y mejorar la calidad de vida.

La combinación de educación nutricional, ejercicio adaptado y tratamientos médicos cuando están indicados permite abordar el envejecimiento desde una perspectiva global y basada en la evidencia.

Ideas clave

  • El músculo es un órgano metabólico y endocrino con funciones que van mucho más allá del movimiento.

  • La pérdida de masa muscular forma parte del envejecimiento, pero puede ralentizarse con un estilo de vida adecuado.

  • El entrenamiento de fuerza, una alimentación equilibrada y una ingesta suficiente de proteínas son pilares para mantener la salud muscular.

  • Conservar el músculo ayuda a preservar la autonomía, el metabolismo y la calidad de vida.

  • La salud muscular también influye indirectamente en el aspecto y la función de la piel.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos otro tejido clave que suele entenderse de forma simplista:

La grasa corporal: por qué no toda la grasa es mala y cómo influye en el envejecimiento, la salud y la estética.

Analizaremos las diferencias entre la grasa subcutánea, la grasa visceral y otros depósitos grasos, explicaremos su función endocrina y desmontaremos mitos sobre la pérdida de peso. Este capítulo servirá de base para comprender la obesidad, la menopausia, la resistencia a la insulina, la criolipólisis y otros tratamientos que desarrollaremos más adelante con un enfoque científico y práctico.

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Capítulo 10

La grasa corporal

El órgano endocrino más incomprendido del organismo
La grasa no es el enemigo. El problema aparece cuando pierde su equilibrio y deja de cumplir correctamente sus funciones.

Introducción

Durante décadas hemos escuchado mensajes muy simples:

"La grasa es mala."

"Hay que eliminar toda la grasa posible."

"Cuanto menos porcentaje de grasa tengas, más sano estarás."

La ciencia actual demuestra que estas afirmaciones son incompletas.

La grasa corporal es un tejido imprescindible para la vida.

Sin ella no podríamos mantener la temperatura corporal, producir determinadas hormonas, absorber vitaminas liposolubles, proteger órganos internos ni disponer de reservas energéticas para situaciones de ayuno.

El problema no es tener grasa.

El problema aparece cuando la grasa cambia de cantidad, distribución o funcionamiento.

Y precisamente eso ocurre con el envejecimiento.

¿Qué es realmente el tejido adiposo?

El tejido adiposo está formado principalmente por células llamadas adipocitos.

Durante mucho tiempo se creyó que estos adipocitos eran simples depósitos donde el organismo almacenaba energía.

Hoy sabemos que son auténticas fábricas bioquímicas.

Los adipocitos producen decenas de moléculas con efectos sobre:

  • el apetito;

  • el metabolismo;

  • la inflamación;

  • la sensibilidad a la insulina;

  • la presión arterial;

  • el sistema inmunitario;

  • la fertilidad;

  • la salud cardiovascular.

Por ello, el tejido adiposo se considera actualmente un órgano endocrino.

¿Cuánta grasa necesitamos?

La respuesta depende de múltiples factores:

  • edad;

  • sexo;

  • genética;

  • nivel de actividad física;

  • estado de salud.

No existe un porcentaje de grasa ideal válido para todas las personas.

Las mujeres necesitan, por razones fisiológicas, un mayor porcentaje de grasa corporal que los hombres.

Además, durante distintas etapas de la vida, como el embarazo o la menopausia, la distribución del tejido adiposo también cambia.

El objetivo no es alcanzar un número concreto, sino mantener una composición corporal compatible con una buena salud.

¿Sabías que...?

El tejido adiposo produce más de 600 moléculas bioactivas, conocidas como adipocinas. Muchas de ellas participan en la regulación del metabolismo, la inflamación y la comunicación entre órganos.

No toda la grasa es igual

Uno de los mayores errores es pensar que toda la grasa corporal se comporta del mismo modo.

En realidad, existen diferentes tipos de tejido adiposo con funciones distintas.

La grasa subcutánea

Es la grasa situada justo debajo de la piel.

Es la responsable de gran parte del contorno corporal.

Cumple funciones importantes:

  • aislamiento térmico;

  • protección frente a golpes;

  • reserva energética;

  • producción hormonal.

En términos generales, la grasa subcutánea tiene un comportamiento metabólico diferente al de la grasa visceral.

No toda la grasa subcutánea representa el mismo riesgo para la salud.

La grasa visceral

Es la que rodea órganos como:

  • hígado;

  • intestino;

  • páncreas.

No suele apreciarse directamente al mirarnos al espejo.

Sin embargo, desde el punto de vista metabólico, es especialmente relevante.

Un exceso de grasa visceral se asocia con un mayor riesgo de:

  • diabetes tipo 2;

  • enfermedad cardiovascular;

  • hipertensión arterial;

  • hígado graso;

  • alteraciones inflamatorias.

Reducir este exceso forma parte de las estrategias de prevención en personas con sobrepeso u obesidad, siempre dentro de un plan individualizado.

La grasa marrón

La mayoría de las personas nunca ha oído hablar de ella.

La grasa marrón contiene una gran cantidad de mitocondrias y participa en la producción de calor corporal.

Es especialmente abundante en los recién nacidos, aunque también puede encontrarse en pequeñas cantidades en algunos adultos.

Su papel en el metabolismo continúa siendo objeto de intensa investigación.

La grasa beige

En determinadas circunstancias, algunas células de grasa blanca pueden adquirir características similares a la grasa marrón.

A este fenómeno se le denomina browning del tejido adiposo.

Aunque representa una línea de investigación muy interesante, todavía quedan muchas preguntas por responder sobre su relevancia clínica.

¿Por qué cambia la grasa con la edad?

A medida que envejecemos ocurren varios fenómenos simultáneos.

Disminuye la masa muscular.

Se reduce el gasto energético basal.

Cambian algunas hormonas.

Disminuye la actividad física en muchas personas.

Todo ello favorece una redistribución progresiva del tejido adiposo.

En las mujeres, tras la menopausia, es frecuente observar un aumento relativo de la grasa abdominal.

En los hombres también puede producirse un incremento de la grasa visceral con el paso de los años.

La grasa también envejece

Este es un concepto poco conocido.

Los adipocitos no son eternos.

Con el paso de los años pueden experimentar cambios que afectan a su funcionamiento.

Entre ellos destacan:

  • menor capacidad para almacenar grasa de forma eficiente;

  • alteraciones en la producción de adipocinas;

  • mayor tendencia a la inflamación;

  • cambios en la comunicación con otros tejidos.

Estos fenómenos forman parte de la compleja interacción entre envejecimiento, metabolismo e inflamación.

¿Qué ocurre cuando el tejido adiposo deja de funcionar correctamente?

Cuando el tejido adiposo supera su capacidad de adaptación pueden producirse alteraciones que favorezcan:

  • resistencia a la insulina;

  • inflamación crónica de bajo grado;

  • acumulación de grasa en órganos donde normalmente no debería almacenarse;

  • alteraciones metabólicas.

No todas las personas con exceso de peso presentan el mismo riesgo, y no todas las personas con un peso considerado normal tienen necesariamente un metabolismo saludable.

Por eso es tan importante valorar la composición corporal y el contexto clínico de cada paciente.

La relación entre músculo y grasa

El músculo y el tejido adiposo mantienen un diálogo constante.

Cuando existe una buena masa muscular y se realiza actividad física de forma regular, el organismo suele manejar mejor la glucosa y las grasas.

Cuando disminuye la masa muscular y aumenta el sedentarismo, este equilibrio puede alterarse.

Por ello, los programas modernos de salud y composición corporal buscan actuar sobre ambos tejidos al mismo tiempo.

La grasa y la piel

La grasa subcutánea desempeña un papel importante en el aspecto del rostro y del cuerpo.

En el envejecimiento facial, por ejemplo, no solo perdemos colágeno.

También cambian los compartimentos grasos profundos y superficiales.

Algunos disminuyen de volumen.

Otros descienden debido a la pérdida de soporte.

Este fenómeno contribuye a:

  • pérdida del óvalo facial;

  • aparición de surcos;

  • cambios en las mejillas;

  • aspecto de cansancio.

Comprender estos cambios ayuda a evitar tratamientos excesivos o poco naturales.

¿Qué significa realmente "perder grasa"?

Cuando hablamos de pérdida de grasa, el objetivo debería ser:

  • disminuir el exceso de tejido adiposo cuando sea necesario;

  • preservar la masa muscular;

  • mejorar la salud metabólica;

  • favorecer la funcionalidad del organismo.

No se trata únicamente de reducir centímetros.

Se trata de mejorar la calidad del tejido y el funcionamiento global del cuerpo.

Mito o realidad

"Sudar mucho significa quemar más grasa."

Mito.

El sudor es un mecanismo de regulación de la temperatura corporal.

Aunque durante una sesión intensa podamos perder peso debido a la pérdida de agua, este peso se recupera al rehidratarnos.

La reducción de grasa corporal depende principalmente del balance energético, la actividad física, la alimentación y otros factores fisiológicos.

El papel de Clínica Baños

En Clínica Baños creemos que la salud y la estética no deben separarse.

Cuando ayudamos a una persona a mejorar su composición corporal, nuestro objetivo no es únicamente modificar su aspecto físico.

Buscamos favorecer un mejor funcionamiento del organismo, preservar la masa muscular y abordar el exceso de grasa desde una perspectiva integral.

En algunos casos, los tratamientos médico-estéticos pueden complementar este proceso, especialmente cuando existe grasa localizada resistente a los cambios de estilo de vida. Sin embargo, siempre insistimos en que ninguna técnica sustituye a una alimentación equilibrada, el ejercicio regular y el seguimiento profesional.

Ideas clave

  • El tejido adiposo es un órgano endocrino con funciones esenciales para la salud.

  • No toda la grasa corporal tiene el mismo comportamiento ni el mismo impacto metabólico.

  • El envejecimiento modifica la cantidad, la distribución y la función del tejido adiposo.

  • La composición corporal es un indicador más útil que el peso aislado para comprender la salud de una persona.

  • Los mejores resultados se consiguen cuando se combinan hábitos saludables con estrategias individualizadas.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

Hasta ahora hemos conocido el músculo y la grasa. En el siguiente capítulo exploraremos un órgano que pesa alrededor de un kilo y medio, pero que alberga billones de microorganismos con un papel clave en el envejecimiento:

La microbiota: el ecosistema invisible que conecta el intestino con el cerebro, la piel, el sistema inmunitario y el metabolismo.

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Capítulo 11

La microbiota

El ecosistema invisible que influye en tu salud mucho más de lo que imaginas
No estamos solos. En nuestro cuerpo viven billones de microorganismos que forman parte de nuestra biología y colaboran, cada día, con nuestro organismo.

Introducción

Durante muchos años aprendimos que las bacterias eran enemigas.

Las asociábamos con infecciones, enfermedades o falta de higiene.

Sin embargo, la investigación científica ha cambiado profundamente esta visión.

Hoy sabemos que convivimos con una inmensa comunidad de microorganismos formada por bacterias, virus, hongos y arqueas que viven sobre nuestra piel, en la boca, en las vías respiratorias y, especialmente, en el intestino.

A este conjunto de microorganismos lo llamamos microbiota.

Lejos de ser un simple acompañante, participa en funciones esenciales para la salud.

Contribuye a la digestión de determinados alimentos, ayuda a producir algunas vitaminas, influye en el desarrollo del sistema inmunitario y mantiene una comunicación constante con órganos tan importantes como el cerebro, el hígado o la piel.

Aunque en los últimos años la microbiota ha despertado un enorme interés, también ha sido objeto de mensajes exagerados.

Por eso, en este capítulo diferenciaremos claramente lo que está bien respaldado por la evidencia científica de aquello que aún permanece en investigación.

¿Qué es exactamente la microbiota?

La microbiota es el conjunto de microorganismos que viven de forma habitual en diferentes partes del cuerpo humano.

Cada persona posee una microbiota única, comparable a una huella dactilar biológica.

Su composición depende de numerosos factores:

  • tipo de parto;

  • alimentación durante la infancia;

  • uso de antibióticos;

  • dieta habitual;

  • actividad física;

  • edad;

  • enfermedades;

  • entorno.

No existe una microbiota "perfecta" válida para todas las personas.

Lo importante parece ser mantener un ecosistema diverso, estable y capaz de desempeñar adecuadamente sus funciones.

Microbiota y microbioma: dos conceptos diferentes

Con frecuencia ambos términos se utilizan como sinónimos, pero no significan exactamente lo mismo.

La microbiota hace referencia a los microorganismos.

El microbioma incluye además el conjunto de genes y funciones biológicas asociadas a esos microorganismos.

Aunque esta diferencia puede parecer técnica, ayuda a comprender que no solo importa qué microorganismos están presentes, sino también qué funciones realizan.

¿Sabías que...?

Se estima que el intestino humano alberga decenas de billones de microorganismos. Aunque las cifras exactas siguen revisándose, su actividad metabólica es tan intensa que algunos investigadores la comparan con la de un órgano adicional.

El intestino: un ecosistema extraordinariamente complejo

La mayor parte de la microbiota reside en el colon.

Allí encuentra un entorno rico en nutrientes procedentes de los alimentos que no han sido completamente digeridos.

Las bacterias fermentan parte de esa fibra dietética y generan compuestos conocidos como ácidos grasos de cadena corta, entre ellos:

  • acetato;

  • propionato;

  • butirato.

Estos compuestos participan en el mantenimiento de la barrera intestinal y en la comunicación entre el intestino y otros órganos.

El butirato, en particular, constituye una importante fuente de energía para las células del colon.

La microbiota cambia durante toda la vida

La microbiota no permanece igual desde el nacimiento hasta la vejez.

Su composición evoluciona constantemente.

Durante el nacimiento

Los primeros microorganismos comienzan a colonizar al recién nacido durante y después del parto.

El tipo de parto, la alimentación y el entorno influyen en este proceso inicial.

En la infancia

La microbiota experimenta importantes cambios durante los primeros años de vida hasta alcanzar una mayor estabilidad.

En la edad adulta

Suele mantenerse relativamente estable, aunque puede modificarse por cambios en la alimentación, enfermedades, medicamentos o estilos de vida.

En el envejecimiento

En algunas personas se observa una reducción de la diversidad microbiana y cambios en determinadas poblaciones bacterianas, aunque existe una gran variabilidad individual.

Estos cambios pueden relacionarse con la alimentación, la actividad física, la medicación y otros factores propios del envejecimiento.

La barrera intestinal: una frontera inteligente

El intestino no solo absorbe nutrientes.

También debe impedir el paso de microorganismos potencialmente dañinos y de sustancias no deseadas.

Para ello dispone de una barrera formada por:

  • células intestinales;

  • moco;

  • sistema inmunitario;

  • microbiota.

Cuando esta barrera funciona correctamente, mantiene un equilibrio entre el organismo y el contenido intestinal.

Las alteraciones de esta función son objeto de intensa investigación en diferentes enfermedades, aunque todavía quedan muchos aspectos por esclarecer.

La microbiota y el sistema inmunitario

Una de las funciones mejor establecidas de la microbiota es su papel en el desarrollo y funcionamiento del sistema inmunitario.

Desde los primeros años de vida, los microorganismos intestinales ayudan al organismo a distinguir entre elementos potencialmente peligrosos y aquellos que forman parte del entorno normal.

Este diálogo continuo contribuye al equilibrio de la respuesta inmunitaria.

No significa que una microbiota determinada "impida" enfermedades concretas, pero sí sabemos que existe una estrecha interacción entre ambos sistemas.

El eje intestino-cerebro

Uno de los descubrimientos más fascinantes de los últimos años es la existencia de una comunicación bidireccional entre el intestino y el sistema nervioso.

Esta comunicación se realiza mediante diferentes vías:

  • nervio vago;

  • sistema inmunitario;

  • hormonas;

  • metabolitos producidos por la microbiota.

Actualmente se investiga cómo esta interacción puede influir en aspectos como el estado de ánimo, la percepción del estrés y determinadas funciones cognitivas.

Aunque los resultados son prometedores, todavía no es posible atribuir a la microbiota un papel causal único en trastornos neurológicos o psiquiátricos complejos.

El eje intestino-piel

La piel y el intestino mantienen una comunicación constante.

Diversos estudios han observado asociaciones entre alteraciones de la microbiota y algunas enfermedades inflamatorias de la piel, como:

  • rosácea;

  • dermatitis atópica;

  • psoriasis;

  • acné.

Sin embargo, es importante diferenciar asociación de causalidad.

La microbiota constituye uno de los múltiples factores implicados, junto con la genética, el sistema inmunitario, las hormonas y el ambiente.

Microbiota, obesidad y metabolismo

Desde hace más de dos décadas, numerosos estudios investigan la relación entre microbiota y obesidad.

Se han descrito diferencias en la composición de la microbiota entre personas con distintos perfiles metabólicos.

También se ha observado que la alimentación influye de forma importante en esta composición.

No obstante, la obesidad es una enfermedad multifactorial.

No puede explicarse únicamente por la microbiota.

Intervienen también:

  • genética;

  • alimentación;

  • actividad física;

  • sueño;

  • factores hormonales;

  • entorno social;

  • medicamentos;

  • salud mental.

La microbiota representa una pieza más de un rompecabezas mucho más complejo.

¿Qué alimentos favorecen una microbiota diversa?

Aunque todavía queda mucho por aprender, existe un consenso creciente en que una alimentación rica en alimentos de origen vegetal y mínimamente procesados favorece una mayor diversidad microbiana.

Entre los alimentos de interés destacan:

  • verduras;

  • frutas;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • alimentos fermentados tradicionales cuando forman parte de la dieta habitual.

Especialmente importante es la ingesta adecuada de fibra dietética, que sirve de sustrato para muchas bacterias beneficiosas.

Probióticos, prebióticos y simbióticos

Estos términos suelen generar confusión.

Probióticos

Son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, han demostrado beneficios para la salud en situaciones concretas.

Es importante destacar que no todos los probióticos son iguales. Sus efectos dependen de la cepa utilizada, la dosis y el contexto clínico.

Prebióticos

Son componentes de los alimentos, generalmente fibras fermentables, que sirven de alimento a determinados microorganismos beneficiosos.

Ejemplos conocidos son la inulina y los fructooligosacáridos.

Simbióticos

Combinan probióticos y prebióticos en un mismo producto con el objetivo de favorecer la supervivencia y actividad de determinadas cepas.

Mito o realidad

"Un probiótico sirve para todo."

Mito.

Los beneficios observados con un probiótico específico no pueden extrapolarse a todos los productos disponibles.

La evidencia científica debe analizarse cepa por cepa y para cada indicación concreta.

Microbiota y envejecimiento saludable

Uno de los campos más prometedores de investigación es el estudio de cómo la microbiota cambia con la edad y cómo esos cambios pueden relacionarse con la salud.

Algunos estudios sugieren que las personas mayores con estilos de vida saludables tienden a presentar una microbiota más diversa.

Sin embargo, todavía no sabemos si esa diversidad es causa, consecuencia o ambas cosas al mismo tiempo.

Lo que sí parece claro es que mantener una alimentación variada, actividad física regular y un buen estado general favorece un ecosistema intestinal más equilibrado.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos la microbiota como una parte más del organismo, estrechamente relacionada con la nutrición, el metabolismo, la salud cutánea y el bienestar general.

Por ello, cuando diseñamos un plan personalizado, no nos centramos únicamente en el tratamiento estético.

También prestamos atención a la alimentación, la composición corporal, los hábitos de vida y aquellos factores que pueden contribuir a un mejor equilibrio fisiológico.

Nuestro objetivo es ofrecer una visión integral, basada en la evidencia científica y alejada de promesas simplistas.

Ideas clave

  • La microbiota es un ecosistema complejo que participa en múltiples funciones del organismo.

  • Su composición cambia a lo largo de la vida y está influida por la alimentación, la edad y el estilo de vida.

  • Existe una comunicación constante entre el intestino y órganos como el cerebro, la piel y el sistema inmunitario.

  • La microbiota no explica por sí sola enfermedades complejas como la obesidad o el envejecimiento, pero forma parte de ellas.

  • Una alimentación rica en fibra y alimentos mínimamente procesados contribuye a mantener un ecosistema intestinal saludable.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

Hasta ahora hemos explorado la biología del envejecimiento. A partir del siguiente capítulo comenzaremos a traducir ese conocimiento en decisiones prácticas.

La nutrición como medicina preventiva: cómo comer para proteger la piel, el músculo, el cerebro y el metabolismo a lo largo de la vida.

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Capítulo 12

Alimentarse para vivir más y mejor

Lo que realmente dice la ciencia sobre la nutrición y el envejecimiento saludable
Cada comida es una oportunidad para aportar a nuestro organismo los nutrientes que necesita. No existen alimentos perfectos ni alimentos prohibidos; lo importante es el patrón de alimentación que mantenemos durante años.

Introducción

La alimentación ocupa un lugar central en nuestra vida.

Comemos varias veces al día, compartimos comidas con la familia, celebramos acontecimientos alrededor de una mesa y asociamos muchos alimentos con recuerdos y emociones.

Sin embargo, pocas áreas de la salud generan tanta confusión como la nutrición.

Cada semana aparecen titulares que parecen contradecirse:

"El café es bueno."

"El café es malo."

"Los huevos aumentan el colesterol."

"Los huevos ya no son un problema."

"Los hidratos de carbono engordan."

"Las grasas son las culpables."

"Hay que eliminar el gluten."

"El ayuno es la solución."

Ante esta avalancha de mensajes es comprensible que muchas personas no sepan qué creer.

La realidad es que la ciencia de la nutrición es compleja y evoluciona constantemente. Las recomendaciones cambian cuando aparecen nuevas investigaciones de calidad, pero también es cierto que existen principios sólidos que han demostrado mantenerse estables a lo largo del tiempo.

Este capítulo no pretende ofrecer una dieta universal. Su objetivo es ayudarte a comprender cómo influye la alimentación en la salud y por qué el patrón alimentario que mantenemos durante años tiene un impacto mucho mayor que cualquier dieta de moda.

Comer no es solo obtener calorías

Durante mucho tiempo la nutrición se interpretó casi exclusivamente desde el punto de vista energético.

Se pensaba que todo podía resumirse en una sencilla ecuación:

Calorías que entran frente a calorías que salen.

Aunque el balance energético sigue siendo importante, hoy sabemos que esta visión resulta insuficiente.

Los alimentos no solo aportan energía.

También proporcionan:

  • aminoácidos para construir proteínas;

  • ácidos grasos esenciales;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • fibra;

  • agua;

  • miles de compuestos bioactivos presentes de forma natural en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y otros alimentos.

Además, los alimentos influyen en la microbiota, en la respuesta hormonal, en la saciedad y en el comportamiento alimentario.

Por eso dos dietas con el mismo número de calorías pueden tener efectos muy diferentes sobre la salud.

¿Qué necesita realmente nuestro organismo?

Nuestro cuerpo necesita nutrientes que desempeñan funciones específicas.

Podemos agruparlos en seis grandes categorías:

  • proteínas;

  • hidratos de carbono;

  • grasas;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • agua.

Cada uno cumple una función distinta y ninguno puede considerarse prescindible en una alimentación equilibrada.

Las proteínas: los ladrillos del organismo

Si tuviéramos que elegir un nutriente especialmente importante para el envejecimiento saludable, probablemente serían las proteínas.

Las proteínas participan en prácticamente todos los procesos biológicos.

Forman parte de:

  • los músculos;

  • la piel;

  • el colágeno;

  • las enzimas;

  • las hormonas;

  • los anticuerpos;

  • muchos neurotransmisores.

Cuando la ingesta de proteínas es insuficiente durante largos periodos, el organismo puede tener más dificultades para mantener la masa muscular y reparar tejidos.

Esto cobra especial importancia a partir de los 40-50 años, cuando la pérdida de masa muscular comienza a acelerarse.

¿Sabías que...?

El organismo no dispone de un gran "almacén" de proteínas comparable al tejido adiposo para las grasas. Por ello, es importante aportar proteínas de calidad de forma regular dentro de una alimentación equilibrada.

¿Cuánta proteína necesitamos?

No existe una única cantidad válida para todas las personas.

Las necesidades dependen de factores como:

  • edad;

  • peso corporal;

  • nivel de actividad física;

  • embarazo;

  • lactancia;

  • presencia de enfermedades;

  • objetivos individuales.

En personas mayores, deportistas o con riesgo de sarcopenia, las recomendaciones pueden ser superiores a las de un adulto joven sedentario. Estas decisiones deben individualizarse y, cuando sea necesario, realizarse con asesoramiento profesional.

Hidratos de carbono: desmontando uno de los mayores mitos

Los hidratos de carbono han sido, probablemente, el nutriente más demonizado de las últimas décadas.

Sin embargo, hablar de "hidratos" como si todos fueran iguales es un error.

No es lo mismo consumir:

  • legumbres;

  • avena;

  • frutas;

  • verduras;

  • arroz integral;

que basar la alimentación en bebidas azucaradas, bollería industrial y productos ultraprocesados.

Los primeros forman parte de patrones alimentarios asociados con buena salud.

Los segundos se relacionan con un mayor riesgo de enfermedades cuando se consumen en exceso.

El problema no son los hidratos de carbono en sí, sino la calidad del alimento y el contexto de la dieta.

Las grasas: imprescindibles para la vida

Otro gran cambio de la nutrición moderna ha sido comprender que las grasas no son un enemigo.

Nuestro organismo necesita grasas para:

  • formar membranas celulares;

  • sintetizar determinadas hormonas;

  • absorber vitaminas liposolubles;

  • proteger órganos internos;

  • aportar energía.

Lo importante es el tipo de grasa y el patrón alimentario global.

Las grasas presentes en alimentos como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, el pescado azul o el aguacate forman parte de patrones dietéticos asociados con beneficios para la salud cardiovascular.

La fibra: el nutriente olvidado

Aunque no aporta energía utilizable directamente por nuestras células, la fibra desempeña un papel fundamental.

Contribuye a:

  • favorecer el tránsito intestinal;

  • aumentar la sensación de saciedad;

  • servir de sustrato para parte de la microbiota intestinal;

  • ayudar al control de la glucosa y del colesterol dentro de una alimentación equilibrada.

Las principales fuentes de fibra son:

  • verduras;

  • frutas;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • semillas.

En muchos países, la ingesta media de fibra está por debajo de las recomendaciones.

Vitaminas y minerales: pequeñas cantidades, grandes funciones

Las vitaminas y los minerales participan en cientos de reacciones químicas.

Una alimentación variada suele ser la mejor estrategia para cubrir las necesidades de la mayoría de las personas.

No obstante, existen situaciones específicas —como determinadas etapas de la vida, enfermedades o restricciones dietéticas— en las que puede ser necesario valorar suplementos bajo indicación profesional.

Agua: el nutriente olvidado

A menudo prestamos mucha atención a los alimentos y olvidamos que el agua es esencial para prácticamente todas las funciones del organismo.

Participa en:

  • el transporte de nutrientes;

  • la regulación de la temperatura;

  • la eliminación de sustancias de desecho;

  • el funcionamiento celular;

  • el mantenimiento del volumen sanguíneo.

Las necesidades hídricas varían según la edad, el clima, el nivel de actividad física y el estado de salud.

El patrón alimentario importa más que un alimento aislado

Uno de los errores más frecuentes consiste en buscar un alimento "milagroso".

La evidencia científica indica que el efecto de un alimento aislado suele ser pequeño comparado con el impacto del patrón alimentario mantenido durante años.

Por ejemplo, incluir una porción de pescado una vez al mes no compensa una alimentación basada casi exclusivamente en productos ultraprocesados.

Del mismo modo, disfrutar ocasionalmente de un alimento menos saludable no anula los beneficios de una dieta equilibrada.

Lo que realmente cuenta es lo que hacemos de forma habitual.

Mito o realidad

"Existe un alimento que retrasa el envejecimiento."

Mito.

No existe ningún alimento capaz de detener por sí solo el envejecimiento.

El envejecimiento saludable depende de un conjunto de factores en los que la alimentación desempeña un papel importante, pero no exclusivo.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos la nutrición como uno de los pilares fundamentales del bienestar.

Nuestro objetivo no es imponer dietas restrictivas, sino ayudar a cada persona a construir un patrón alimentario sostenible, adaptado a sus necesidades, compatible con su estilo de vida y basado en la mejor evidencia científica disponible.

La nutrición, el ejercicio, el descanso, la salud emocional y los tratamientos médicos, cuando están indicados, forman parte de una misma estrategia de cuidado integral.

Ideas clave

  • La alimentación influye en la salud mucho más allá del número de calorías.

  • Proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra, vitaminas, minerales y agua cumplen funciones complementarias.

  • No existen alimentos milagro ni alimentos que deban demonizarse de forma general.

  • El patrón alimentario mantenido durante años tiene mayor impacto que decisiones aisladas.

  • Una nutrición equilibrada constituye uno de los pilares del envejecimiento saludable.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos con detalle las proteínas, probablemente el nutriente más importante para conservar la masa muscular, favorecer la reparación de los tejidos y mantener una buena calidad de vida con el paso de los años.

Explicaremos qué son realmente las proteínas, cómo se digieren, cuáles son las principales fuentes alimentarias, qué diferencias existen entre proteínas animales y vegetales, qué es el concepto de calidad proteica y cómo distribuir su consumo a lo largo del día según la evidencia científica. También revisaremos el papel de los suplementos proteicos y cuándo pueden ser útiles dentro de una estrategia nutricional individualizada. Este capítulo será especialmente relevante para personas mayores de 40 años, deportistas y pacientes que desean perder grasa sin comprometer su masa muscular.

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Capítulo 13

Las proteínas

El nutriente que sostiene tu cuerpo desde la piel hasta el cerebro
Cada segundo, tu organismo destruye y reconstruye proteínas. Sin ellas no podrías moverte, pensar, defenderte de una infección ni mantener la firmeza de tu piel.

Una historia cotidiana

María tiene 54 años.

Hace un año decidió adelgazar. Eliminó el pan, redujo mucho las grasas y comenzó a comer muy poco. Al principio perdió peso rápidamente y estaba satisfecha con el resultado.

Sin embargo, unos meses después notó algo que no esperaba.

Tenía menos fuerza.

Se cansaba antes.

Le costaba subir escaleras.

Su piel parecía más apagada.

Su cabello perdió densidad.

Cuando acudió a consulta, la báscula indicaba menos kilos, pero el análisis de su composición corporal mostró que parte de esa pérdida correspondía a masa muscular, no solo a grasa.

María no era un caso excepcional.

Cada día miles de personas pierden peso, pero también pierden músculo, fuerza y capacidad funcional porque nadie les explicó una idea fundamental:

No basta con comer menos. Hay que alimentar correctamente al organismo.

Y para ello las proteínas desempeñan un papel esencial.

Introducción

Cuando pensamos en proteínas solemos asociarlas al culturismo o al deporte de alto rendimiento.

Es frecuente escuchar frases como:

"Las proteínas son para quienes van al gimnasio."

"Yo no necesito tanta proteína."

"Solo sirven para hacer músculo."

Nada más lejos de la realidad.

Las proteínas son indispensables para todas las personas, independientemente de su edad o nivel de actividad física.

Participan en prácticamente todos los procesos biológicos:

  • forman parte de la piel;

  • constituyen el colágeno y la elastina;

  • permiten el funcionamiento de los músculos;

  • intervienen en la respuesta inmunitaria;

  • forman enzimas y hormonas;

  • participan en el transporte de sustancias;

  • ayudan a reparar tejidos.

Podemos decir que las proteínas son los materiales de construcción del organismo.

¿Qué es una proteína?

Las proteínas son moléculas grandes formadas por pequeñas unidades llamadas aminoácidos.

Podemos imaginarlas como un collar.

Cada cuenta sería un aminoácido.

El orden en que esas cuentas se colocan determina la forma y la función de la proteína.

Existen 20 aminoácidos principales utilizados por el organismo para fabricar miles de proteínas diferentes.

Aminoácidos esenciales y no esenciales

Nuestro organismo puede fabricar algunos aminoácidos.

Otros deben obtenerse necesariamente a través de la alimentación.

Estos últimos reciben el nombre de aminoácidos esenciales.

Son indispensables porque el cuerpo no puede producirlos en cantidad suficiente.

Por ello, una alimentación equilibrada debe aportar proteínas que cubran estas necesidades.

¿Sabías que...?

Cada día nuestro organismo degrada y sintetiza cientos de gramos de proteínas. Este proceso continuo permite reparar tejidos, sustituir proteínas dañadas y adaptarse a nuevas necesidades, como el ejercicio o la cicatrización.

¿Dónde encontramos proteínas?

Las proteínas están presentes en alimentos de origen animal y vegetal.

Fuentes animales

  • pescado;

  • huevos;

  • carnes magras;

  • lácteos;

  • mariscos.

Fuentes vegetales

  • legumbres;

  • soja y derivados;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • algunos cereales.

Una alimentación basada principalmente en alimentos variados puede cubrir las necesidades proteicas de la mayoría de las personas.

¿Todas las proteínas son iguales?

No exactamente.

Las proteínas difieren en varios aspectos:

  • cantidad de aminoácidos esenciales;

  • digestibilidad;

  • aprovechamiento por el organismo.

Por ello, la calidad proteica se evalúa mediante diferentes métodos científicos.

Las proteínas de origen animal suelen presentar una elevada digestibilidad y un perfil completo de aminoácidos esenciales.

Muchas proteínas vegetales también pueden formar parte de una alimentación saludable. Cuando la dieta se planifica adecuadamente, es posible cubrir las necesidades proteicas utilizando alimentos de origen vegetal.

Lo importante es valorar el conjunto de la alimentación y las circunstancias individuales.

Las proteínas y la piel

Cuando hablamos de proteínas solemos pensar inmediatamente en el músculo.

Sin embargo, la piel también depende de ellas.

El colágeno y la elastina son proteínas.

La queratina del cabello y las uñas también es una proteína.

Los procesos de cicatrización requieren proteínas.

La renovación celular depende de proteínas.

Esto no significa que comer más proteínas produzca automáticamente más colágeno en la piel, pero sí que una ingesta insuficiente puede dificultar el mantenimiento y la reparación de los tejidos.

Las proteínas y el músculo

El músculo está formado principalmente por proteínas estructurales como la actina y la miosina.

Cuando realizamos entrenamiento de fuerza se producen pequeños estímulos que desencadenan procesos de reparación y adaptación.

Para que estos procesos se desarrollen correctamente es necesario disponer de aminoácidos suficientes.

Por eso el ejercicio y la alimentación trabajan siempre juntos.

Ninguno sustituye al otro.

Las proteínas y el sistema inmunitario

Los anticuerpos son proteínas.

Muchas células del sistema inmunitario utilizan proteínas para comunicarse.

Además, numerosas enzimas implicadas en la respuesta frente a infecciones también tienen naturaleza proteica.

Mantener una nutrición adecuada es importante para favorecer el funcionamiento normal del sistema inmunitario, aunque la inmunidad depende de muchos otros factores.

¿Qué ocurre si consumimos pocas proteínas?

Una ingesta insuficiente mantenida en el tiempo puede favorecer:

  • pérdida de masa muscular;

  • menor fuerza;

  • recuperación más lenta;

  • mayor fragilidad en personas mayores;

  • dificultad para mantener tejidos como la piel o el cabello.

La intensidad de estos efectos depende del grado de déficit, de la edad y del estado de salud.

¿Y si consumimos demasiadas?

También aquí es importante evitar simplificaciones.

En personas sanas, una ingesta elevada de proteínas dentro de los rangos estudiados suele ser bien tolerada, especialmente cuando existe actividad física y una buena hidratación.

No obstante, en personas con determinadas enfermedades renales u otras patologías puede ser necesario adaptar la cantidad de proteínas bajo supervisión médica.

Más no siempre significa mejor.

El objetivo es cubrir las necesidades individuales.

La distribución de las proteínas a lo largo del día

Durante muchos años se pensó que lo importante era únicamente la cantidad total de proteínas consumidas.

Hoy sabemos que también puede ser relevante cómo se distribuyen a lo largo del día.

Diversas investigaciones sugieren que repartir las proteínas entre las principales comidas puede favorecer la síntesis de proteínas musculares, especialmente en personas mayores.

Esto no implica que exista un único patrón válido, sino que la distribución es un aspecto a considerar dentro de una planificación nutricional personalizada.

Proteínas y pérdida de peso

Uno de los mayores retos durante un programa de adelgazamiento es perder grasa sin perder músculo.

Una ingesta adecuada de proteínas, combinada con entrenamiento de fuerza y una alimentación equilibrada, ayuda a preservar la masa muscular durante la pérdida de peso.

Además, las proteínas suelen producir una mayor sensación de saciedad que otros nutrientes, lo que puede facilitar la adherencia a algunos programas de control del peso.

Mito o realidad

"Las proteínas dañan los riñones."

Mito... con matices.

En personas con función renal normal, las investigaciones disponibles no muestran que una ingesta elevada de proteínas dentro de los rangos estudiados cause daño renal por sí misma.

Sin embargo, quienes padecen enfermedad renal crónica u otras patologías específicas pueden necesitar recomendaciones individualizadas.

Por ello, es importante evitar generalizaciones y consultar con un profesional sanitario cuando existan enfermedades de base.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños consideramos que la nutrición debe adaptarse a cada etapa de la vida y a los objetivos de cada persona.

Cuando acompañamos a un paciente en un programa de composición corporal o envejecimiento saludable, prestamos especial atención a la calidad de la alimentación, la preservación de la masa muscular y el equilibrio entre nutrición, ejercicio y descanso.

No buscamos dietas extremas, sino hábitos sostenibles que permitan mantener resultados a largo plazo y favorecer la salud general.

Ideas clave

  • Las proteínas son esenciales para la piel, el músculo, el sistema inmunitario y numerosos procesos biológicos.

  • La calidad y la distribución de las proteínas son tan importantes como la cantidad total.

  • Una alimentación equilibrada puede aportar las proteínas necesarias para la mayoría de las personas.

  • Durante la pérdida de peso, preservar la masa muscular debe ser un objetivo prioritario.

  • Las recomendaciones proteicas deben individualizarse según la edad, la actividad física y el estado de salud.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos un tema que genera un enorme interés entre pacientes y que suele estar rodeado de mensajes contradictorios:

Los hidratos de carbono: aliados, no enemigos.

Analizaremos qué son realmente los carbohidratos, cómo los utiliza el organismo, qué diferencias existen entre azúcares simples, almidones y fibra, y por qué no todos los hidratos tienen el mismo efecto sobre la salud. También revisaremos conceptos como el índice glucémico, la carga glucémica y el papel de los hidratos en el deporte, la pérdida de peso y el envejecimiento saludable. Será un capítulo clave para desmontar uno de los mayores mitos de la nutrición moderna y ayudar a los pacientes a tomar decisiones informadas basadas en la evidencia científica.

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Capítulo 14

Los hidratos de carbono

El combustible preferido del organismo y uno de los nutrientes más incomprendidos
Los hidratos de carbono no son buenos ni malos. Son una fuente de energía que puede formar parte de una alimentación saludable o de un patrón alimentario poco saludable, dependiendo de su calidad, cantidad y contexto.

Una historia cotidiana

Javier tiene 47 años.

Después de leer en internet que "los hidratos engordan", decidió eliminarlos casi por completo de su alimentación.

Durante las primeras semanas perdió varios kilos.

Estaba convencido de que había encontrado la solución definitiva.

Sin embargo, al cabo de unos meses comenzó a notar algo inesperado.

Llegaba cansado al final del día.

Le costaba concentrarse.

Había disminuido su rendimiento cuando salía a caminar y se sentía con menos energía para entrenar.

En consulta descubrimos que había eliminado prácticamente todas las fuentes de hidratos de carbono, incluidas las legumbres, la fruta y muchos cereales integrales, sustituyéndolos por productos ricos en grasas y alimentos ultraprocesados etiquetados como "bajos en carbohidratos".

Javier no tenía un problema con los hidratos de carbono.

Tenía un problema con la información que había recibido.

Y, como él, millones de personas viven con miedo a un nutriente que ha formado parte de la alimentación humana durante miles de años.

Introducción

Pocos nutrientes han generado tanta controversia como los hidratos de carbono.

Durante décadas fueron considerados la base de una alimentación saludable.

Más tarde llegaron las dietas extremadamente bajas en carbohidratos, que los señalaron como responsables de prácticamente todos los problemas relacionados con el peso.

La realidad, como ocurre con frecuencia en nutrición, es mucho más compleja.

Hablar de "hidratos de carbono" como si todos fueran iguales es tan impreciso como hablar de "grasas" sin diferenciar entre aceite de oliva y grasas trans, o de "proteínas" sin distinguir entre distintas fuentes alimentarias.

Este capítulo tiene un objetivo claro:

Comprender qué son los hidratos de carbono, cómo los utiliza nuestro organismo y por qué la calidad del alimento importa mucho más que demonizar un nutriente completo.

¿Qué son los hidratos de carbono?

Los hidratos de carbono, también llamados carbohidratos o glúcidos, son moléculas formadas por carbono, hidrógeno y oxígeno.

Su principal función es aportar energía.

Cuando consumimos alimentos que contienen hidratos de carbono, el sistema digestivo los transforma en moléculas más pequeñas, principalmente glucosa, que las células utilizan como combustible.

La glucosa es especialmente importante para:

  • el cerebro;

  • los glóbulos rojos;

  • el sistema nervioso;

  • los músculos durante determinadas intensidades de ejercicio.

Aunque el organismo puede producir glucosa a partir de otros nutrientes en determinadas circunstancias, disponer de una alimentación equilibrada facilita el mantenimiento de las funciones normales.

¿Por qué el cerebro necesita glucosa?

El cerebro representa aproximadamente el 2 % del peso corporal, pero consume cerca del 20 % de la energía que utilizamos en reposo.

En condiciones normales, la glucosa constituye uno de sus principales combustibles.

Durante periodos prolongados de ayuno o en determinadas circunstancias metabólicas, el organismo también puede utilizar cuerpos cetónicos como fuente de energía para parte del cerebro.

Este mecanismo es una adaptación fisiológica extraordinaria, pero no significa que la glucosa deje de ser importante.

¿Sabías que...?

Aunque solemos hablar del "azúcar en sangre", el organismo mantiene la glucosa dentro de un rango muy estrecho. Tanto niveles demasiado bajos como demasiado altos pueden alterar el funcionamiento normal de distintos órganos.

Los tres grandes grupos de hidratos de carbono

Desde el punto de vista nutricional, podemos clasificarlos en tres grandes categorías.

Azúcares

Son las formas más simples.

Incluyen:

  • glucosa;

  • fructosa;

  • galactosa;

  • sacarosa;

  • lactosa.

Están presentes de forma natural en alimentos como la fruta y la leche, pero también pueden añadirse durante la elaboración de productos procesados.

Es importante diferenciar entre el azúcar presente de manera natural en una fruta entera y el azúcar añadido a una bebida azucarada. El alimento completo aporta fibra, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que modifican su efecto dentro del patrón alimentario.

Almidones

Son cadenas largas de glucosa.

Se encuentran en alimentos como:

  • patatas;

  • arroz;

  • avena;

  • maíz;

  • legumbres;

  • trigo.

Su digestión suele ser más lenta que la de los azúcares simples, aunque esto depende del tipo de alimento y de cómo se prepare.

Fibra

La fibra también es un hidrato de carbono.

Sin embargo, nuestro organismo no la digiere como fuente directa de energía.

En cambio, desempeña funciones fundamentales:

  • favorece el tránsito intestinal;

  • aumenta la sensación de saciedad;

  • sirve de sustrato para parte de la microbiota;

  • contribuye al funcionamiento normal del intestino.

Por ello dedicaremos un capítulo completo a la fibra más adelante.

¿Todos los hidratos producen el mismo efecto?

No.

Y aquí aparece uno de los conceptos más importantes de toda la nutrición moderna:

El alimento importa más que el nutriente.

Por ejemplo:

Una manzana

Aporta:

  • agua;

  • fibra;

  • vitamina C;

  • polifenoles;

  • azúcares presentes de forma natural.

Un refresco azucarado

Aporta principalmente:

  • agua;

  • azúcares añadidos.

Aunque ambos contienen hidratos de carbono, su impacto dentro de una alimentación equilibrada es muy diferente.

Índice glucémico: una herramienta útil, pero no absoluta

El índice glucémico (IG) mide la velocidad con la que un alimento que contiene hidratos de carbono eleva la glucosa en sangre en condiciones experimentales.

Alimentos con un IG alto producen un aumento más rápido.

Los de IG bajo lo hacen de forma más gradual.

Sin embargo, el índice glucémico tiene limitaciones importantes:

  • no considera el tamaño habitual de la ración;

  • cambia según el grado de maduración del alimento;

  • se modifica con la cocción;

  • depende de si el alimento se consume solo o acompañado de proteínas y grasas.

Por ello, hoy se recomienda interpretar el índice glucémico dentro del contexto de la dieta completa y no como un criterio único para elegir alimentos.

¿Qué es la carga glucémica?

La carga glucémica combina el índice glucémico con la cantidad de hidratos de carbono presente en una ración habitual.

Por este motivo, suele ofrecer una visión más cercana al efecto real de un alimento en una comida.

Aun así, tampoco sustituye a la valoración global de la calidad de la alimentación.

Hidratos de carbono y actividad física

Los músculos almacenan parte de la glucosa en forma de glucógeno, que actúa como una reserva energética.

Durante actividades físicas de intensidad moderada o alta, estas reservas pueden desempeñar un papel importante en el rendimiento.

Las necesidades de hidratos de carbono varían considerablemente entre una persona sedentaria y un deportista de resistencia.

Por ello, no existen recomendaciones universales.

Hidratos de carbono y pérdida de peso

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que eliminar completamente los hidratos de carbono es la única forma de adelgazar.

La evidencia científica muestra que pueden existir distintos patrones alimentarios eficaces para perder peso, siempre que sean nutricionalmente adecuados y sostenibles.

Lo importante es que el plan permita mantener la masa muscular, cubrir las necesidades nutricionales y favorecer la adherencia a largo plazo.

Mito o realidad

"Los hidratos de carbono por la noche engordan."

Mito.

No existe evidencia sólida de que consumir hidratos de carbono por la noche provoque un aumento de grasa corporal por el simple hecho del horario.

Lo que realmente influye es el conjunto de la alimentación, el balance energético, la calidad de los alimentos, la actividad física y otros factores individuales.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños evitamos los mensajes extremos.

No creemos en alimentos prohibidos ni en soluciones universales.

Nuestro objetivo es ayudar a cada paciente a comprender cómo funcionan los distintos nutrientes para que pueda construir una alimentación adaptada a su realidad, a sus objetivos y a su estado de salud.

La educación nutricional es una herramienta mucho más poderosa que cualquier dieta de moda.

Ideas clave

  • Los hidratos de carbono son una fuente importante de energía para el organismo.

  • No todos los hidratos tienen el mismo efecto sobre la salud.

  • El alimento completo es más importante que el nutriente aislado.

  • La fibra, los almidones y los azúcares cumplen funciones diferentes.

  • El contexto de la alimentación y el estilo de vida son determinantes.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos un nutriente que ha pasado de ser considerado un enemigo a convertirse en uno de los pilares de una alimentación saludable:

Las grasas: por qué las necesitamos, cuáles benefician nuestra salud y cuáles conviene limitar.

Descubriremos el papel de los ácidos grasos esenciales, las membranas celulares, el sistema nervioso, las hormonas y la absorción de vitaminas. También revisaremos el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, el pescado azul y las grasas presentes en los alimentos ultraprocesados, diferenciando claramente las recomendaciones respaldadas por la evidencia científica de los mitos que todavía persisten. Este capítulo servirá como base para comprender la salud cardiovascular, la inflamación, la piel y el envejecimiento desde una perspectiva moderna y basada en la ciencia.

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Capítulo 15

Las grasas

El nutriente que aprendimos a temer... y que nuestro organismo necesita para vivir
Sin grasa no existirían nuestras células, nuestro cerebro, muchas de nuestras hormonas ni la capacidad de absorber determinadas vitaminas. El problema no es consumir grasa, sino comprender qué grasas, en qué cantidad y dentro de qué patrón alimentario.

Una historia cotidiana

Antonio tiene 62 años.

Hace más de veinte años, tras una revisión médica, decidió eliminar casi toda la grasa de su alimentación. Compraba únicamente productos etiquetados como "0 % materia grasa", evitaba los frutos secos, retiraba cualquier resto de aceite de sus platos y desconfiaba del pescado azul.

Pensaba que estaba cuidando su corazón.

Sin embargo, con el tiempo su alimentación se fue llenando de galletas bajas en grasa, cereales refinados, yogures azucarados y otros productos ultraprocesados que parecían saludables por llevar en el envase palabras como light, fitness o sin grasa.

Cuando acudió a consulta, su principal sorpresa fue descubrir que muchos de los alimentos que había evitado durante años —como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos o el pescado azul— forman parte de los patrones dietéticos asociados con una mejor salud cardiovascular.

Antonio no era un caso aislado.

Representa a toda una generación que creció con la idea de que toda la grasa era perjudicial.

Hoy sabemos que esa afirmación es demasiado simple.

Introducción

Durante buena parte del siglo XX, las grasas fueron consideradas las grandes responsables de la enfermedad cardiovascular y del aumento de peso.

Esta percepción influyó profundamente en la industria alimentaria.

Miles de productos comenzaron a comercializarse con mensajes como:

  • "Bajo en grasa."

  • "Sin colesterol."

  • "Light."

  • "0 % materia grasa."

Sin embargo, muchos de esos productos sustituyeron la grasa por azúcares, almidones refinados o ingredientes altamente procesados para mantener el sabor y la textura.

Con el paso del tiempo, numerosos estudios demostraron que no todas las grasas tienen el mismo comportamiento biológico y que el contexto de la alimentación es mucho más importante que la cantidad aislada de grasa consumida.

Hoy la ciencia ha cambiado profundamente nuestra comprensión de este nutriente.

¿Qué son las grasas?

Las grasas, también llamadas lípidos, constituyen un grupo muy diverso de moléculas presentes tanto en los alimentos como en nuestro organismo.

Lejos de ser un simple almacén energético, participan en funciones esenciales.

Entre ellas destacan:

  • formar las membranas de todas las células;

  • proteger órganos internos;

  • mantener la temperatura corporal;

  • participar en la síntesis de determinadas hormonas;

  • facilitar la absorción de vitaminas A, D, E y K;

  • proporcionar energía durante actividades de larga duración.

Cada una de estas funciones resulta imprescindible para la vida.

La grasa forma parte de todas nuestras células

Cada célula del cuerpo humano está rodeada por una membrana formada principalmente por fosfolípidos y colesterol.

Esta membrana actúa como una frontera inteligente.

Controla qué sustancias entran y cuáles salen.

Permite la comunicación entre células.

Participa en la respuesta inmunitaria.

Sin una cantidad adecuada de lípidos, ninguna célula podría funcionar correctamente.

¿Sabías que...?

El cerebro humano está formado aproximadamente por un 60 % de grasa en peso seco. Esto no significa que "comer grasa alimente directamente el cerebro", pero sí refleja la enorme importancia de los lípidos para el funcionamiento del sistema nervioso.

¿Cómo se clasifican las grasas?

Existen diferentes formas de clasificarlas.

Desde el punto de vista nutricional, las más importantes son:

Grasas saturadas

Se encuentran en distintos alimentos de origen animal y vegetal.

Ejemplos:

  • lácteos;

  • carnes;

  • mantequilla;

  • aceite de coco;

  • aceite de palma.

Su impacto sobre la salud depende del alimento del que procedan y del patrón alimentario global.

Por eso hoy no se recomienda juzgarlas únicamente por ser "saturadas", sino valorar el contexto dietético.

Grasas monoinsaturadas

Son especialmente abundantes en:

  • aceite de oliva virgen extra;

  • aguacate;

  • aceitunas;

  • algunos frutos secos.

El aceite de oliva virgen extra constituye uno de los pilares de la dieta mediterránea y se asocia con beneficios para la salud cuando forma parte de un patrón alimentario equilibrado.

Grasas poliinsaturadas

Incluyen los conocidos omega-3 y omega-6.

Ambos son esenciales.

Es decir, el organismo no puede fabricarlos en cantidad suficiente y deben obtenerse a través de la alimentación.

Los ácidos grasos omega-3

Los omega-3 han sido ampliamente estudiados.

Las principales formas presentes en la alimentación son:

  • ALA (ácido alfa-linolénico), presente en semillas de lino, chía y nueces.

  • EPA y DHA, presentes sobre todo en pescados grasos como sardina, caballa, salmón y boquerón.

Estos ácidos grasos participan en múltiples funciones fisiológicas relacionadas con la estructura de las membranas celulares, el sistema nervioso y otros procesos biológicos.

El consumo regular de pescado azul, dentro de una dieta equilibrada, forma parte de muchas recomendaciones internacionales de alimentación saludable.

¿Y los omega-6?

En ocasiones se presentan como perjudiciales.

La realidad es más compleja.

Los omega-6 también son esenciales y cumplen funciones importantes en el organismo.

El problema no es consumir omega-6, sino mantener un patrón alimentario desequilibrado, pobre en alimentos frescos y rico en productos ultraprocesados.

Por ello, más que perseguir una proporción exacta entre omega-3 y omega-6, las recomendaciones actuales insisten en mejorar la calidad global de la alimentación.

Las grasas trans

Aquí sí existe un consenso muy amplio.

Las grasas trans de origen industrial, utilizadas durante años en algunos productos de bollería, aperitivos y alimentos ultraprocesados, se asocian con un aumento del riesgo cardiovascular.

Gracias a cambios legislativos y a la reformulación de muchos alimentos, su presencia ha disminuido notablemente en numerosos países.

Aun así, conviene seguir priorizando alimentos poco procesados y leer el etiquetado nutricional cuando sea necesario.

¿Engordan las grasas?

Las grasas aportan más energía por gramo que los hidratos de carbono o las proteínas.

Sin embargo, ningún alimento produce aumento de grasa corporal por sí solo.

El incremento del tejido adiposo depende de múltiples factores:

  • balance energético mantenido en el tiempo;

  • calidad de la alimentación;

  • actividad física;

  • genética;

  • sueño;

  • hormonas;

  • medicamentos;

  • entorno.

Además, las grasas contribuyen a la palatabilidad y a la saciedad, por lo que también forman parte de una alimentación satisfactoria.

Las grasas y la piel

La piel necesita lípidos para mantener su función barrera.

En la capa más externa, los lípidos ayudan a:

  • reducir la pérdida de agua;

  • proteger frente a agentes externos;

  • mantener la elasticidad de la superficie cutánea.

Una alimentación equilibrada aporta los nutrientes necesarios para favorecer el mantenimiento normal de esta función, junto con otros factores como la hidratación, la genética y el cuidado de la piel.

Colesterol: mucho más que una cifra

El colesterol suele asociarse únicamente con la enfermedad cardiovascular.

Sin embargo, el colesterol también es una molécula esencial.

Forma parte de:

  • las membranas celulares;

  • determinadas hormonas;

  • la vitamina D;

  • los ácidos biliares.

El organismo produce la mayor parte del colesterol que necesita.

Cuando hablamos de salud cardiovascular, lo importante no es solo el colesterol ingerido, sino el conjunto de factores que influyen en los niveles de lipoproteínas, el estilo de vida y el riesgo individual.

Mito o realidad

"Comer grasa hace que la grasa corporal aumente automáticamente."

Mito.

El aumento de grasa corporal no depende únicamente de la grasa ingerida.

Es el resultado de un equilibrio complejo entre la energía consumida, el gasto energético, la calidad de la dieta, la actividad física y numerosos factores fisiológicos.

Por ello, demonizar un único nutriente rara vez conduce a una comprensión adecuada de la nutrición.

La dieta mediterránea: mucho más que aceite de oliva

Uno de los patrones alimentarios más estudiados del mundo es la dieta mediterránea.

Sus características principales incluyen:

  • abundancia de verduras y frutas;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • aceite de oliva virgen extra como principal grasa culinaria;

  • consumo habitual de pescado;

  • moderación en carnes rojas y productos ultraprocesados.

Diversos estudios han asociado este patrón con beneficios para la salud cardiovascular y metabólica, aunque, como siempre, debe adaptarse a las necesidades y preferencias de cada persona.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños no clasificamos los alimentos como "buenos" o "malos".

Ayudamos a nuestros pacientes a comprender cómo construir una alimentación equilibrada, variada y sostenible.

Las grasas saludables forman parte de ese modelo.

Nuestro objetivo no es eliminar grupos completos de alimentos, sino favorecer decisiones informadas que puedan mantenerse durante años.

Ideas clave

  • Las grasas son esenciales para la vida y participan en múltiples funciones del organismo.

  • No todas las grasas tienen el mismo comportamiento biológico.

  • El patrón alimentario global es más importante que un nutriente aislado.

  • Las grasas trans industriales deben limitarse, mientras que alimentos como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos y el pescado azul forman parte de patrones dietéticos saludables.

  • La educación nutricional debe sustituir al miedo injustificado hacia un nutriente.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos un nutriente que, durante muchos años, pasó desapercibido y que hoy sabemos que desempeña un papel esencial para la salud digestiva, la microbiota, el metabolismo y el control del apetito:

La fibra: el nutriente que alimenta tu microbiota y protege tu salud.

Descubriremos los distintos tipos de fibra, cómo actúan en el organismo, por qué la mayoría de la población consume menos de la recomendada y qué beneficios cuentan con mayor respaldo científico. Analizaremos también alimentos ricos en fibra, estrategias prácticas para aumentar su consumo y su relación con la salud intestinal, el control de la glucosa, la sensación de saciedad y el envejecimiento saludable. Este capítulo será especialmente relevante porque servirá de puente hacia los temas de microbiota, obesidad y control del peso que desarrollaremos en profundidad más adelante.

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Capítulo 16

La fibra

El nutriente que no alimenta tu cuerpo… Alimenta a los microorganismos que cuidan de él.
Durante décadas la fibra se recomendó para evitar el estreñimiento. Hoy sabemos que su influencia alcanza al metabolismo, la microbiota, el sistema inmunitario y probablemente a muchos otros procesos que todavía seguimos investigando.

Una historia cotidiana

Carmen tiene 58 años.

Siempre pensó que comer fibra era algo que solo necesitaban las personas con estreñimiento.

Su desayuno consistía en café y unas galletas.

Al mediodía apenas tomaba verduras.

La fruta le parecía "demasiado dulce".

Las legumbres solo aparecían en su mesa una vez cada dos semanas.

Cuando comenzó un programa de mejora de la composición corporal no esperaba que uno de los primeros cambios fuera tan sencillo:

aumentar progresivamente la cantidad de alimentos ricos en fibra.

A las pocas semanas notó algo curioso.

No solo mejoró el tránsito intestinal.

También se sentía saciada durante más tiempo.

Había disminuido el picoteo.

Y las digestiones resultaban más confortables.

Carmen descubrió algo que hoy sabemos gracias a la investigación:

la fibra no trabaja únicamente en el intestino.

En realidad, actúa como una de las grandes arquitectas del ecosistema intestinal.

Introducción

La fibra es uno de los nutrientes más infravalorados de la alimentación moderna.

Mientras hablamos constantemente de proteínas, grasas o hidratos de carbono, rara vez pensamos en la fibra.

Sin embargo, las investigaciones de las últimas décadas la sitúan entre los componentes más importantes de un patrón alimentario saludable.

Paradójicamente, la fibra no está destinada principalmente a nutrir nuestras células.

Está destinada a alimentar a otra comunidad mucho más numerosa:

nuestra microbiota.

¿Qué es realmente la fibra?

La fibra dietética está formada por diferentes tipos de hidratos de carbono que resisten la digestión en el intestino delgado.

Es decir:

nuestro organismo no puede degradarla completamente mediante las enzimas digestivas.

Durante muchos años se pensó que la fibra simplemente atravesaba el tubo digestivo.

Hoy sabemos que ocurre algo mucho más interesante.

Cuando llega al colon se convierte en alimento para numerosas bacterias intestinales.

Este proceso de fermentación da lugar a la producción de compuestos con funciones relevantes para la fisiología intestinal.

No existe una sola fibra

Uno de los mayores errores consiste en hablar de "la fibra" como si fuera una única sustancia.

En realidad existen muchos tipos.

Cada uno posee propiedades diferentes.

Fibra soluble

La fibra soluble tiene la capacidad de mezclarse con el agua formando una especie de gel.

Está presente en alimentos como:

  • avena;

  • cebada;

  • legumbres;

  • manzana;

  • cítricos;

  • semillas de chía;

  • semillas de lino.

Entre sus características destacan:

  • retrasa parcialmente el vaciamiento gástrico;

  • contribuye a aumentar la sensación de saciedad;

  • sirve de sustrato para determinadas bacterias intestinales.

Fibra insoluble

La fibra insoluble no forma geles.

Se encuentra principalmente en:

  • salvado de trigo;

  • cereales integrales;

  • algunas verduras;

  • frutos secos.

Su principal función consiste en aumentar el volumen de las heces y favorecer el tránsito intestinal.

Ambos tipos de fibra son importantes.

¿Sabías que...?

Una misma fruta puede contener distintos tipos de fibra. Por eso los alimentos completos suelen ofrecer beneficios que no se consiguen reproduciendo exactamente su composición mediante un único ingrediente aislado.

El viaje de la fibra

Imaginemos por un momento el recorrido de un plato de lentejas.

Después de la digestión:

  • las proteínas se absorben;

  • parte de los hidratos se transforman en glucosa;

  • las grasas se absorben.

Sin embargo, una parte importante de la fibra continúa su viaje.

Al llegar al colon comienza el verdadero espectáculo biológico.

Miles de millones de bacterias utilizan esa fibra como fuente de energía.

Durante ese proceso producen diferentes metabolitos.

Entre los más estudiados se encuentran:

  • acetato;

  • propionato;

  • butirato.

El butirato

El butirato merece una atención especial.

Es uno de los principales ácidos grasos de cadena corta producidos durante la fermentación de determinadas fibras.

Sabemos que:

  • constituye una fuente de energía para muchas células del colon;

  • contribuye al mantenimiento de la barrera intestinal;

  • participa en la comunicación entre microbiota y huésped.

Además, continúa investigándose su posible papel en otros procesos fisiológicos relacionados con el metabolismo y la respuesta inmunitaria.

Es importante señalar que gran parte de estas investigaciones siguen evolucionando y que no todas las observaciones realizadas en modelos experimentales pueden trasladarse directamente a recomendaciones clínicas.

Fibra y microbiota

Cuanta mayor diversidad de fibras diferentes recibe la microbiota, mayor diversidad de microorganismos puede mantenerse.

Por ello, hoy no recomendamos simplemente "comer más fibra".

Recomendamos comer fibra procedente de muchos alimentos distintos.

Verduras diferentes.

Frutas variadas.

Legumbres.

Frutos secos.

Semillas.

Cereales integrales.

La diversidad alimentaria favorece la diversidad microbiana.

Y la diversidad microbiana suele asociarse con un ecosistema intestinal más estable.

Fibra y control del apetito

Uno de los efectos más interesantes de algunos alimentos ricos en fibra es su capacidad para aumentar la sensación de saciedad.

Esto ocurre por varios mecanismos:

  • requieren mayor masticación;

  • aumentan el volumen del contenido gástrico;

  • algunas fibras forman geles;

  • retrasan parcialmente el vaciamiento del estómago;

  • modifican la velocidad con la que se absorben determinados nutrientes.

Como consecuencia, muchas personas refieren una mayor sensación de plenitud cuando su alimentación incluye suficientes alimentos ricos en fibra.

No se trata de un efecto "milagroso", sino de un fenómeno fisiológico.

Fibra y glucosa

Las comidas ricas en fibra, especialmente cuando forman parte de alimentos completos, pueden contribuir a una absorción más gradual de la glucosa.

Esto ayuda a evitar fluctuaciones bruscas tras las comidas en muchas personas, aunque la respuesta depende del alimento, del resto de la comida y de las características individuales.

Fibra y colesterol

Algunas fibras solubles, como los beta-glucanos presentes en la avena y la cebada, han demostrado contribuir al mantenimiento de concentraciones normales de colesterol sanguíneo cuando se consumen en las cantidades establecidas por las autoridades sanitarias y dentro de una alimentación equilibrada.

Este es un buen ejemplo de cómo no todas las fibras poseen exactamente las mismas propiedades.

¿Cuánta fibra consumimos?

En la mayoría de países occidentales la ingesta media de fibra se sitúa por debajo de las recomendaciones nutricionales.

Esto suele deberse a un patrón alimentario con escasa presencia de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, y una mayor proporción de productos ultraprocesados.

Aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra suele ser una estrategia más eficaz que recurrir directamente a suplementos, salvo cuando exista una indicación concreta.

¿Es mejor tomar suplementos de fibra?

Depende del contexto.

En algunas situaciones clínicas, determinados suplementos de fibra pueden ser útiles bajo recomendación profesional.

Sin embargo, cuando es posible, la prioridad suele ser obtener la fibra a partir de alimentos completos.

Estos alimentos no aportan solo fibra.

También contienen:

  • vitaminas;

  • minerales;

  • agua;

  • compuestos fenólicos;

  • antioxidantes;

  • otros componentes bioactivos.

Todo ello forma parte del llamado efecto matriz alimentaria, que explica por qué un alimento completo no puede reducirse únicamente a la suma de sus nutrientes.

Mito o realidad

"Toda la fibra funciona igual."

Mito.

Existen numerosos tipos de fibra con propiedades físicas y fisiológicas diferentes.

Algunas son más fermentables.

Otras aumentan más el volumen de las heces.

Otras forman geles.

Por eso una alimentación variada suele aportar mejores resultados que depender de una única fuente de fibra.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que cuidar la microbiota comienza mucho antes de pensar en probióticos o suplementos.

Comienza en la cocina.

Nuestro objetivo es ayudar a cada paciente a construir una alimentación rica en alimentos vegetales variados, adaptada a sus necesidades, preferencias y estado de salud.

Pequeños cambios sostenidos suelen producir más beneficios que transformaciones radicales imposibles de mantener.

Ideas clave

  • La fibra alimenta principalmente a la microbiota intestinal, no a nuestras células.

  • Existen distintos tipos de fibra con funciones complementarias.

  • Una alimentación variada favorece una microbiota más diversa.

  • Los alimentos completos aportan mucho más que fibra aislada.

  • Incrementar la fibra debe hacerse de forma progresiva y acompañado de una adecuada hidratación para mejorar su tolerancia digestiva.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos uno de los nutrientes más infravalorados de todos:

El agua: la molécula de la vida y el gran regulador del envejecimiento saludable.

Descubriremos cómo influye la hidratación en la piel, el cerebro, el rendimiento físico, la función renal y el metabolismo. También revisaremos cuánta agua necesitamos realmente, desmontaremos mitos como la obligación de beber una cantidad fija para todas las personas y explicaremos cómo reconocer los primeros signos de deshidratación. Será un capítulo esencial para comprender que la hidratación adecuada no depende solo de lo que bebemos, sino también de nuestra alimentación, actividad física, edad y estado de salud.

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Capítulo 17

El agua y la hidratación

La molécula esencial que sostiene cada función del organismo
Podemos pasar semanas sin determinados alimentos, pero solo unos pocos días sin agua. Cada célula, cada órgano y cada proceso biológico dependen de ella.

Una historia cotidiana

Elena tiene 66 años.

Desde hace algún tiempo se siente cansada durante las tardes. Algunos días nota dolor de cabeza, dificultad para concentrarse y una ligera sensación de mareo cuando se levanta rápidamente.

Cuando le preguntan cuánto bebe, responde:

—No tengo mucha sed. Tomo un café por la mañana, un vaso de agua durante la comida y quizá otro por la noche.

Elena pensaba que, si su cuerpo necesitaba agua, sentiría sed de forma intensa. Sin embargo, con la edad, la percepción de la sed puede volverse menos sensible. Además, algunos medicamentos, el calor, la actividad física o determinadas enfermedades pueden aumentar las necesidades de líquidos.

Sus síntomas no demostraban por sí solos que estuviera deshidratada, porque podían deberse a muchas causas. Pero su consumo de agua era claramente escaso.

Tras aumentar progresivamente su hidratación y consultar con su profesional sanitario, comenzó a sentirse mejor.

La historia de Elena refleja una situación frecuente: muchas personas no beben de acuerdo con sus necesidades reales, sino únicamente cuando la sed se vuelve evidente.

Introducción

El agua es el componente principal del cuerpo humano.

Se encuentra dentro de las células, en la sangre, entre los tejidos, en el cerebro, en los músculos, en la piel y en prácticamente todos los órganos.

Sin agua no sería posible:

  • transportar nutrientes;

  • eliminar productos de desecho;

  • mantener la temperatura corporal;

  • lubricar las articulaciones;

  • digerir los alimentos;

  • conservar el volumen sanguíneo;

  • producir energía celular;

  • mantener el funcionamiento normal del cerebro.

A pesar de su importancia, la hidratación suele reducirse a una recomendación demasiado simple:

“Hay que beber dos litros de agua al día.”

Esta frase puede servir como orientación general para algunas personas, pero no representa una necesidad universal. La cantidad adecuada depende de la edad, el sexo, el tamaño corporal, la alimentación, la temperatura ambiental, la actividad física y el estado de salud.

En este capítulo aprenderemos cómo utiliza el organismo el agua, qué ocurre cuando perdemos más líquido del que ingerimos y cómo mantener una hidratación adaptada a nuestras necesidades.

¿Cuánta agua contiene nuestro cuerpo?

El porcentaje de agua corporal varía entre personas y cambia a lo largo de la vida.

De manera aproximada:

  • los recién nacidos tienen una proporción de agua muy elevada;

  • los adultos jóvenes suelen presentar alrededor de un 50-65 % de agua corporal;

  • las personas mayores pueden tener un porcentaje inferior;

  • el músculo contiene más agua que el tejido adiposo.

Por este motivo, una persona con mayor masa muscular suele tener proporcionalmente más agua corporal que otra con mayor cantidad de tejido adiposo.

La reducción del agua corporal total con la edad es una de las razones por las que las personas mayores pueden ser más vulnerables a la deshidratación.

¿Sabías que...?

El agua corporal no está almacenada en un único depósito.

Se distribuye en distintos compartimentos:

  • dentro de las células;

  • entre las células;

  • en el plasma sanguíneo;

  • en diferentes secreciones corporales.

El organismo regula constantemente el paso de agua entre estos espacios para mantener el equilibrio interno.

¿Para qué necesita agua el organismo?

Transporte de nutrientes

La sangre está formada en gran parte por agua.

Gracias a ella puede transportar:

  • oxígeno;

  • glucosa;

  • aminoácidos;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • hormonas;

  • otras moléculas necesarias para la vida.

Sin un volumen adecuado de líquidos, este sistema de transporte pierde eficiencia.

Eliminación de productos de desecho

Los riñones filtran la sangre y eliminan sustancias a través de la orina.

Para realizar este trabajo necesitan una disponibilidad adecuada de agua.

Esto no significa que beber cantidades excesivas “limpie” los riñones o elimine toxinas de forma extraordinaria. Los riñones ya realizan esa función de manera continua cuando están sanos.

La hidratación adecuada simplemente permite que trabajen dentro de condiciones fisiológicas normales.

Regulación de la temperatura

Cuando aumenta la temperatura corporal, producimos sudor.

Al evaporarse sobre la piel, el sudor ayuda a disipar calor.

Durante el ejercicio, en ambientes calurosos o con fiebre, las pérdidas de agua pueden aumentar de manera considerable.

Si no se reponen, el organismo puede tener dificultades para regular la temperatura.

Digestión y tránsito intestinal

El agua participa en la saliva, las secreciones digestivas y la formación de las heces.

Una hidratación adecuada puede ayudar a mantener un tránsito intestinal normal, especialmente cuando la alimentación contiene suficiente fibra.

Aumentar mucho la fibra sin incrementar progresivamente los líquidos puede empeorar el estreñimiento en algunas personas.

Lubricación y protección

El agua forma parte de:

  • el líquido sinovial de las articulaciones;

  • las lágrimas;

  • la saliva;

  • el líquido que protege el cerebro y la médula espinal;

  • las secreciones que mantienen húmedas distintas superficies corporales.

Por tanto, no solo hidrata: también amortigua, protege y facilita el movimiento.

El cerebro y la hidratación

El cerebro depende de un equilibrio muy preciso de agua y electrolitos.

Incluso una pérdida moderada de líquidos puede asociarse en algunas personas con:

  • dolor de cabeza;

  • dificultad para concentrarse;

  • cansancio;

  • irritabilidad;

  • menor rendimiento físico o mental;

  • sensación de mareo.

Estos síntomas no son exclusivos de la deshidratación y pueden aparecer por muchas otras causas. Por eso, cuando son persistentes o intensos, deben valorarse médicamente.

No obstante, mantener una hidratación adecuada es una medida sencilla que favorece el funcionamiento normal del sistema nervioso.

Agua y rendimiento físico

Durante el ejercicio aumenta la producción de calor y, en muchas condiciones, también la sudoración.

A través del sudor perdemos:

  • agua;

  • sodio;

  • pequeñas cantidades de otros electrolitos.

Cuando estas pérdidas no se reponen, puede disminuir:

  • la resistencia;

  • la fuerza;

  • la coordinación;

  • la capacidad de regular la temperatura;

  • la percepción de bienestar durante el ejercicio.

La cantidad de líquido necesaria dependerá de la intensidad, la duración, el clima, la ropa y la tasa de sudoración individual.

Dos personas que realizan el mismo entrenamiento pueden perder cantidades muy diferentes de agua.

¿Cómo sabe el cuerpo que necesita agua?

El organismo dispone de mecanismos muy precisos para controlar el equilibrio hídrico.

Cuando aumenta la concentración de ciertas sustancias en la sangre o disminuye el volumen circulante, el cerebro activa:

  • la sensación de sed;

  • la liberación de hormona antidiurética;

  • mecanismos renales para conservar agua.

La hormona antidiurética indica a los riñones que reduzcan la cantidad de agua eliminada en la orina.

Por eso, cuando estamos deshidratados, la orina suele ser más concentrada y oscura.

¿Es suficiente beber solo cuando tenemos sed?

En muchos adultos sanos, la sed es una guía razonablemente útil.

Sin embargo, existen situaciones en las que puede resultar insuficiente:

  • personas mayores;

  • niños pequeños;

  • ejercicio prolongado;

  • exposición a altas temperaturas;

  • fiebre;

  • vómitos o diarrea;

  • algunas enfermedades;

  • consumo de determinados medicamentos;

  • personas con dificultades para comunicar o reconocer la sed.

En estos casos puede ser útil establecer rutinas de hidratación y prestar atención a otras señales del organismo.

¿Cuánta agua debemos beber?

No existe una cantidad idéntica para todo el mundo.

Además, cuando hablamos de necesidades hídricas debemos recordar que el agua procede de diferentes fuentes:

  • agua bebida;

  • infusiones;

  • leche;

  • otras bebidas;

  • frutas;

  • verduras;

  • sopas;

  • yogures;

  • otros alimentos.

Una parte significativa del agua diaria puede proceder de la alimentación.

Las recomendaciones generales suelen expresarse como ingesta total de líquidos o de agua, pero deben interpretarse como referencias poblacionales, no como una prescripción rígida para cada persona.

Las necesidades aumentan cuando existe:

  • calor;

  • ejercicio;

  • sudoración intensa;

  • fiebre;

  • diarrea;

  • vómitos;

  • embarazo;

  • lactancia.

Por el contrario, determinadas enfermedades cardíacas, renales o hepáticas pueden requerir una restricción individualizada de líquidos.

El mito de los dos litros

“Todo el mundo debe beber exactamente dos litros de agua al día.”

Mito.

Dos litros pueden ser una referencia razonable para algunas personas, pero no una norma universal.

Una persona pequeña, sedentaria y que consume abundantes frutas, verduras y sopas puede necesitar beber menos agua de forma directa.

Un deportista que entrena al aire libre en verano puede necesitar bastante más.

La mejor recomendación es adaptar la ingesta al contexto personal, manteniendo una hidratación suficiente sin forzar cantidades excesivas.

¿Cómo podemos saber si estamos bien hidratados?

No existe una única señal perfecta, pero podemos observar varios indicadores.

Sed

La sed indica que el organismo está solicitando líquidos.

No conviene ignorarla de forma repetida.

Color de la orina

En términos generales, una orina de color amarillo claro suele ser compatible con una hidratación adecuada.

Una orina muy oscura puede sugerir una mayor concentración, aunque algunos alimentos, suplementos y medicamentos también modifican su color.

Una orina completamente transparente durante todo el día puede indicar una ingesta excesiva, aunque no siempre.

Frecuencia urinaria

Orinar muy pocas veces, especialmente si la orina es escasa y oscura, puede ser una señal de baja ingesta o de pérdida importante de líquidos.

Sensaciones generales

La sequedad de boca, el cansancio, el dolor de cabeza o la sensación de mareo pueden aparecer durante la deshidratación, pero son síntomas inespecíficos.

Si son frecuentes, intensos o aparecen de forma repentina, no deben atribuirse automáticamente a la falta de agua.

Signos de deshidratación

La deshidratación se produce cuando el organismo pierde más agua de la que recibe.

Entre sus posibles manifestaciones se encuentran:

  • sed intensa;

  • sequedad de boca;

  • orina oscura;

  • disminución de la cantidad de orina;

  • cansancio;

  • mareo;

  • dolor de cabeza;

  • menor rendimiento físico;

  • confusión en casos más graves;

  • aumento de la frecuencia cardiaca;

  • descenso de la presión arterial.

La deshidratación grave constituye una urgencia médica.

Es especialmente importante vigilar a personas mayores, niños pequeños y pacientes con vómitos, diarrea o fiebre elevada.

¿Podemos beber demasiada agua?

Sí.

Aunque es menos frecuente, consumir grandes cantidades de agua en poco tiempo puede ser peligroso.

Cuando la ingesta supera la capacidad de los riñones para eliminarla, puede disminuir excesivamente la concentración de sodio en sangre.

Este trastorno se denomina hiponatremia y puede causar:

  • náuseas;

  • dolor de cabeza;

  • confusión;

  • convulsiones;

  • alteraciones graves del sistema nervioso.

Por este motivo, beber más agua no siempre es mejor.

La hidratación debe ser suficiente, no excesiva.

Agua y pérdida de peso

Beber agua no “quema grasa” por sí sola.

Sin embargo, puede formar parte de una estrategia de control del peso por varias razones:

  • sustituye a bebidas azucaradas o alcohólicas;

  • puede contribuir a la sensación de plenitud en algunas personas;

  • ayuda a mantener el rendimiento durante el ejercicio;

  • favorece el funcionamiento normal del organismo.

El agua es una herramienta de apoyo, no un tratamiento aislado para adelgazar.

Agua y piel

Una de las creencias más extendidas afirma que beber mucha agua elimina las arrugas.

La realidad requiere matices.

La piel necesita un equilibrio adecuado de agua para mantener su función normal. Una deshidratación significativa puede hacer que se perciba más seca, apagada o menos elástica.

Sin embargo, en una persona que ya está correctamente hidratada, beber cantidades muy superiores a sus necesidades no suele borrar arrugas ni aumentar de forma extraordinaria la producción de colágeno.

El aspecto de la piel depende también de:

  • edad;

  • genética;

  • exposición solar;

  • función de la barrera cutánea;

  • cosmética;

  • tabaquismo;

  • alimentación;

  • hormonas;

  • calidad del tejido.

La hidratación es necesaria, pero no sustituye a la fotoprotección ni a los cuidados cutáneos adecuados.

¿El café deshidrata?

La cafeína posee un ligero efecto diurético, especialmente en personas poco acostumbradas a consumirla.

Sin embargo, las cantidades habituales de café o té también aportan agua y, en consumidores regulares, no suelen provocar una deshidratación significativa por sí solas.

Esto no significa que debamos utilizar exclusivamente café para hidratarnos, pero tampoco es correcto afirmar que cada taza “reste” automáticamente agua al organismo.

¿Las infusiones cuentan como agua?

Sí.

Las infusiones sin grandes cantidades de azúcar pueden contribuir a la ingesta diaria de líquidos.

También pueden resultar útiles para personas a las que les cuesta beber agua sola.

Conviene tener en cuenta que algunas plantas pueden interactuar con medicamentos o tener efectos fisiológicos propios. “Natural” no significa siempre inocuo.

Bebidas azucaradas y zumos

Aunque contienen agua, también pueden aportar cantidades importantes de azúcares libres.

Su consumo habitual no equivale a beber agua.

Las bebidas azucaradas se asocian con una mayor ingesta energética y su consumo frecuente puede dificultar el control del peso y la salud metabólica.

Los zumos, incluso cuando son naturales, contienen menos fibra y permiten consumir rápidamente el azúcar de varias piezas de fruta.

La fruta entera suele ser una opción más completa.

Bebidas deportivas

Las bebidas con hidratos de carbono y electrolitos pueden ser útiles en situaciones concretas:

  • ejercicio prolongado;

  • actividad intensa;

  • sudoración abundante;

  • determinadas competiciones;

  • condiciones ambientales exigentes.

Para una actividad breve o moderada, el agua suele ser suficiente en la mayoría de personas.

No todas las personas que van al gimnasio necesitan una bebida deportiva.

Electrolitos: no solo agua

El equilibrio hídrico está estrechamente relacionado con minerales como:

  • sodio;

  • potasio;

  • cloro;

  • magnesio.

Estos electrolitos ayudan a regular:

  • el volumen de líquidos;

  • la contracción muscular;

  • la transmisión nerviosa;

  • el ritmo cardíaco.

En condiciones normales, una alimentación equilibrada suele aportar los electrolitos necesarios.

Después de pérdidas intensas por sudor, vómitos o diarrea, puede ser necesario reponer no solo agua, sino también sales minerales.

En estos casos, las soluciones de rehidratación oral están formuladas para facilitar una absorción adecuada y no deben confundirse con refrescos o bebidas energéticas.

La hidratación en las personas mayores

Las personas mayores presentan varios factores de riesgo:

  • menor percepción de la sed;

  • menor cantidad total de agua corporal;

  • posibles dificultades para desplazarse;

  • miedo a la incontinencia;

  • uso de diuréticos;

  • enfermedades crónicas;

  • deterioro cognitivo.

Por ello, puede ser útil:

  • ofrecer líquidos regularmente;

  • mantener agua accesible;

  • incluir sopas, frutas y verduras;

  • adaptar los recipientes si existen problemas de movilidad;

  • vigilar cambios en la orina o en el estado mental.

Una confusión repentina en una persona mayor siempre requiere valoración médica, ya que puede deberse a deshidratación, infección, alteraciones metabólicas u otras causas relevantes.

Hidratación durante la menopausia

Durante la menopausia, algunas mujeres pueden experimentar:

  • mayor sequedad cutánea;

  • sequedad de mucosas;

  • sofocos;

  • sudoración nocturna.

Una hidratación adecuada contribuye al bienestar general, pero no corrige por sí sola todos estos cambios, ya que también interviene el descenso hormonal.

En casos de sequedad vaginal, molestias urinarias o síntomas persistentes, es importante consultar con un profesional sanitario para valorar tratamientos específicos.

Hidratación y medicamentos

Algunos medicamentos pueden modificar el equilibrio de líquidos, por ejemplo:

  • diuréticos;

  • laxantes;

  • ciertos tratamientos para la presión arterial;

  • algunos fármacos para la diabetes;

  • medicamentos que favorecen vómitos o diarrea.

No se deben modificar la medicación ni las cantidades de líquido sin consultar con el profesional que conoce el historial clínico.

Estrategias prácticas para hidratarse mejor

Comenzar el día con un vaso de agua

Puede ayudar a establecer una rutina, aunque no es obligatorio beberlo en ayunas ni posee propiedades “detox”.

Tener agua visible y accesible

Una botella o jarra sobre la mesa facilita recordar que debemos beber.

Beber con las comidas

Tomar agua durante las comidas es compatible con una digestión normal. No “diluye” de forma perjudicial los jugos gástricos en personas sanas.

Aumentar líquidos con el calor y el ejercicio

No conviene esperar a sentir una sed extrema después de una actividad prolongada.

Incorporar alimentos ricos en agua

Algunos ejemplos son:

  • sandía;

  • melón;

  • naranja;

  • fresas;

  • pepino;

  • tomate;

  • calabacín;

  • sopas;

  • gazpacho.

Utilizar infusiones o agua aromatizada

Añadir rodajas de limón, naranja, pepino o hierbas aromáticas puede facilitar el consumo sin necesidad de añadir azúcar.

Mitos y realidades

“Beber agua con limón en ayunas elimina toxinas.”

Mito.

El agua con limón puede ser una bebida agradable y aportar una pequeña cantidad de vitamina C, pero no realiza una desintoxicación especial.

El hígado, los riñones, los pulmones y el intestino se encargan de procesar y eliminar sustancias de desecho.

“Beber agua durante las comidas engorda.”

Mito.

El agua no aporta calorías.

Beber durante las comidas no provoca aumento de grasa corporal.

“La sed siempre aparece antes de deshidratarnos.”

No siempre.

En muchas personas es una señal útil, pero puede ser menos sensible con la edad, durante el ejercicio intenso o en determinadas situaciones clínicas.

“Cuanta más agua bebamos, mejor funcionarán los riñones.”

Mito.

Los riñones necesitan una hidratación adecuada, pero forzar cantidades excesivas no mejora automáticamente su función y puede resultar perjudicial.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos la hidratación como uno de los pilares básicos del cuidado integral.

No recomendamos cantidades rígidas para todas las personas.

Valoramos aspectos como:

  • edad;

  • composición corporal;

  • actividad física;

  • alimentación;

  • temperatura ambiental;

  • medicación;

  • estado de salud.

La hidratación adecuada debe formar parte de una estrategia más amplia que incluya nutrición equilibrada, movimiento, descanso, salud cutánea y prevención.

Nuestro objetivo es ayudar al paciente a comprender sus necesidades reales, evitando tanto la deshidratación como las recomendaciones excesivas o sin fundamento.

Ideas clave

  • El agua es esencial para el funcionamiento de todas las células y órganos.

  • Las necesidades de líquidos varían entre personas y situaciones.

  • No todo el mundo necesita beber exactamente dos litros de agua al día.

  • Los alimentos también contribuyen a la hidratación.

  • La sed, el color de la orina y el contexto personal pueden orientar, aunque no sustituyen una valoración médica.

  • Beber cantidades excesivas también puede ser peligroso.

  • Una buena hidratación ayuda a mantener la función normal de la piel, el cerebro, los músculos, los riñones y el aparato digestivo, pero no es un tratamiento milagroso.

Aplicación práctica: un día de hidratación equilibrada

Una persona sana podría distribuir los líquidos de manera sencilla:

Al despertar

Un vaso de agua, especialmente si siente sed.

Durante el desayuno

Café, té, leche o una infusión, acompañados de alimentos.

A media mañana

Agua según la sed y la actividad.

Durante la comida

Uno o dos vasos de agua, sin necesidad de evitarla por miedo a perjudicar la digestión.

Durante la tarde

Agua o una infusión sin azúcar.

Antes, durante y después del ejercicio

Líquidos adaptados a la intensidad, duración y temperatura ambiental.

Durante la cena

Agua según las necesidades, evitando beber una cantidad excesiva justo antes de dormir si provoca interrupciones nocturnas frecuentes.

Este ejemplo no es una prescripción universal. Cada persona debe adaptarlo a su situación.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor beber agua fría o a temperatura ambiente?

Ambas hidratan.

La temperatura puede elegirse según las preferencias y la tolerancia individual.

Durante el ejercicio o con calor, las bebidas frescas pueden resultar más agradables.

¿El agua con gas hidrata?

Sí.

El agua con gas hidrata de forma similar al agua sin gas.

En algunas personas puede producir distensión abdominal o molestias digestivas.

¿Es necesario beber aunque no tenga sed?

Depende del contexto.

En adultos jóvenes sanos y en condiciones normales, la sed suele orientar adecuadamente. En personas mayores, durante el ejercicio, con calor o ante determinadas enfermedades puede ser conveniente beber de forma planificada.

¿Beber agua mejora la celulitis?

Una hidratación adecuada favorece el funcionamiento normal de los tejidos, pero no elimina por sí sola la celulitis.

La celulitis depende de la estructura del tejido conectivo, la distribución de la grasa, la circulación, las hormonas y la genética, entre otros factores.

¿Beber más agua mejora la retención de líquidos?

La retención de líquidos puede tener múltiples causas.

En algunas situaciones, una hidratación normal ayuda al equilibrio corporal, pero aumentar el agua de forma indiscriminada no trata todas las causas de edema.

Una hinchazón persistente en piernas, manos o rostro debe valorarse profesionalmente.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos un grupo de nutrientes que necesitamos en cantidades muy pequeñas, pero cuya ausencia puede alterar profundamente el funcionamiento del organismo:

Las vitaminas: esenciales para la energía, la piel, el sistema inmunitario y el envejecimiento saludable.

Explicaremos la diferencia entre vitaminas hidrosolubles y liposolubles, qué funciones cumplen, en qué alimentos se encuentran y por qué tomar cantidades elevadas no siempre aporta más beneficios.

También analizaremos algunas de las vitaminas que generan mayor interés entre los pacientes:

  • vitamina D;

  • vitamina C;

  • vitamina A;

  • vitamina E;

  • vitaminas del grupo B;

  • ácido fólico;

  • vitamina B12.

Revisaremos cuándo puede estar indicada la suplementación, qué personas presentan mayor riesgo de déficit y por qué los suplementos nunca deben utilizarse como sustitutos automáticos de una alimentación equilibrada.

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Capítulo 18

Las vitaminas

Pequeñas cantidades, funciones esenciales
Las vitaminas no aportan energía, pero sin ellas el organismo no podría utilizar correctamente la energía de los alimentos, reparar tejidos ni mantener numerosas funciones vitales.

Una historia cotidiana

Laura tiene 49 años.

Durante los últimos meses se ha sentido más cansada de lo habitual. También ha notado que su cabello está menos fuerte y que le cuesta mantener la concentración durante algunas tardes.

Tras buscar información en internet, llega a la conclusión de que probablemente le faltan vitaminas.

Compra un multivitamínico, vitamina D, vitamina C, biotina y un complejo de vitaminas B. Durante varias semanas toma todos los productos simultáneamente, convencida de que cuantas más vitaminas consuma, mejor se sentirá.

Sin embargo, el cansancio continúa.

Finalmente consulta con su médico. Después de valorar su alimentación, sus síntomas y realizar las pruebas necesarias, se descubre que el problema no era una falta general de vitaminas, sino una anemia que requería un diagnóstico y un tratamiento específicos.

La historia de Laura refleja una situación muy frecuente:

Intentamos corregir síntomas inespecíficos tomando suplementos sin conocer primero su causa.

Las vitaminas son indispensables, pero no funcionan como estimulantes universales ni pueden resolver por sí solas cualquier problema de cansancio, caída del cabello, envejecimiento cutáneo o falta de energía.

Introducción

Las vitaminas son sustancias orgánicas que el organismo necesita en cantidades relativamente pequeñas para mantener funciones esenciales.

No aportan calorías.

No construyen músculo directamente.

No sustituyen al descanso.

No compensan una alimentación desequilibrada.

Sin embargo, participan en cientos de procesos relacionados con:

  • la utilización de la energía;

  • la formación de células sanguíneas;

  • la función inmunitaria;

  • el sistema nervioso;

  • la visión;

  • la coagulación;

  • la salud ósea;

  • la síntesis de colágeno;

  • la protección celular;

  • el crecimiento y la reparación de los tejidos.

Actualmente se reconocen 13 vitaminas esenciales: las vitaminas A, C, D, E y K, junto con ocho vitaminas del grupo B. El organismo las necesita en cantidades pequeñas, pero una carencia mantenida puede producir alteraciones importantes. (Organización Mundial de la Salud)

El reto consiste en comprender una idea fundamental:

Tanto el déficit como el exceso pueden resultar perjudiciales.

¿Qué significa que una vitamina sea esencial?

Una sustancia se considera esencial cuando el organismo no puede producirla por sí mismo en cantidad suficiente y debe obtenerla, total o parcialmente, a través de la alimentación.

Existen algunas excepciones y matices.

Por ejemplo:

  • La piel puede producir vitamina D cuando recibe radiación ultravioleta B.

  • La microbiota intestinal puede producir pequeñas cantidades de algunas vitaminas.

  • El organismo puede transformar ciertos carotenoides vegetales en vitamina A.

  • Algunas vitaminas pueden almacenarse durante meses.

Aun así, seguimos necesitando una alimentación adecuada y, en determinadas circunstancias, suplementación o tratamiento profesional.

Dos grandes familias de vitaminas

Las vitaminas suelen clasificarse según su capacidad para disolverse en agua o en grasa.

Vitaminas hidrosolubles

Son:

  • vitamina C;

  • vitamina B1 o tiamina;

  • vitamina B2 o riboflavina;

  • vitamina B3 o niacina;

  • vitamina B5 o ácido pantoténico;

  • vitamina B6;

  • vitamina B7 o biotina;

  • vitamina B9 o folato;

  • vitamina B12.

Se disuelven en agua y, en términos generales, el organismo almacena cantidades más limitadas de muchas de ellas.

El exceso de algunas vitaminas hidrosolubles puede eliminarse parcialmente a través de la orina, pero esto no significa que sea imposible sufrir efectos adversos por dosis elevadas.

Vitaminas liposolubles

Son:

  • vitamina A;

  • vitamina D;

  • vitamina E;

  • vitamina K.

Se absorben junto con las grasas de los alimentos y pueden almacenarse en el hígado o en el tejido adiposo.

Debido a esta capacidad de almacenamiento, algunas pueden acumularse cuando se consumen suplementos en dosis excesivas durante periodos prolongados.

Por tanto, la idea de que “las vitaminas nunca hacen daño” es incorrecta.

¿Sabías que...?

Las cantidades recomendadas no se calculan al azar. Organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria establecen valores dietéticos de referencia según la edad, el sexo y determinadas etapas fisiológicas. Estos valores sirven como orientación para poblaciones sanas y no deben confundirse con dosis terapéuticas para tratar una deficiencia. (European Food Safety Authority)

Vitamina A

La vitamina de la visión y la diferenciación celular

La vitamina A participa en:

  • la visión;

  • la función inmunitaria;

  • la comunicación entre células;

  • el crecimiento;

  • la reproducción;

  • el mantenimiento de la piel y las mucosas.

También interviene en la diferenciación celular, el proceso mediante el cual una célula adquiere una estructura y una función específicas. (ODS)

¿Dónde se encuentra?

Existen dos fuentes principales.

Vitamina A preformada

Se encuentra sobre todo en alimentos de origen animal, como:

  • hígado;

  • huevos;

  • lácteos;

  • algunos pescados.

Carotenoides provitamina A

Se encuentran en vegetales de colores amarillos, naranjas, rojos y verdes oscuros, como:

  • zanahoria;

  • calabaza;

  • boniato;

  • espinacas;

  • acelgas;

  • pimiento rojo.

El organismo puede transformar algunos de estos carotenoides en vitamina A según sus necesidades y capacidad individual.

Vitamina A y piel

La vitamina A interviene en la renovación y diferenciación de las células cutáneas.

Algunos derivados de la vitamina A, conocidos como retinoides, se utilizan en dermatología y cosmética para tratar diferentes alteraciones de la piel.

Sin embargo, no debe confundirse el uso controlado de un retinoide tópico con la ingesta de grandes dosis de vitamina A por vía oral.

Tomar más vitamina A no rejuvenece automáticamente la piel y un exceso, especialmente en forma preformada, puede resultar tóxico.

Precaución durante el embarazo

Algunas formas y dosis elevadas de vitamina A pueden causar daños durante el embarazo.

Las mujeres embarazadas o que estén intentando quedarse embarazadas no deberían iniciar suplementos con vitamina A ni utilizar determinados retinoides sin indicación profesional.

Vitaminas del grupo B

Un equipo de trabajo metabólico

Las vitaminas del grupo B participan en numerosas reacciones relacionadas con:

  • el metabolismo energético;

  • el sistema nervioso;

  • la formación de glóbulos rojos;

  • la síntesis de ADN;

  • el metabolismo de proteínas, grasas e hidratos;

  • la función celular.

Aunque suelen venderse juntas, cada vitamina B posee funciones específicas.

Tomar un “complejo B” no garantiza más energía si no existe una carencia o una necesidad concreta.

Vitamina B1 o tiamina

La tiamina ayuda a transformar los hidratos de carbono en energía utilizable y participa en el funcionamiento nervioso.

Se encuentra en:

  • cereales integrales;

  • legumbres;

  • carne de cerdo;

  • frutos secos;

  • semillas.

Una deficiencia grave puede afectar al sistema nervioso y cardiovascular, aunque es poco frecuente en personas que siguen una alimentación variada.

El consumo excesivo y prolongado de alcohol aumenta el riesgo de deficiencia de tiamina.

Vitamina B2 o riboflavina

Participa en el metabolismo energético y en diversas reacciones de oxidación y reducción.

Sus fuentes incluyen:

  • leche y derivados;

  • huevos;

  • carnes;

  • almendras;

  • champiñones;

  • verduras de hoja verde.

La riboflavina puede dar a la orina un color amarillo muy intenso después de tomar un suplemento. Esto suele deberse a la eliminación del exceso y no indica necesariamente un problema.

Vitamina B3 o niacina

La niacina interviene en la producción de energía celular y en numerosas reacciones metabólicas.

Está presente en:

  • carnes;

  • pescado;

  • cacahuetes;

  • cereales;

  • legumbres.

Las dosis farmacológicas de niacina no deben utilizarse sin supervisión médica. Pueden provocar enrojecimiento, picor, molestias digestivas, alteraciones hepáticas y otros efectos adversos.

Vitamina B5 o ácido pantoténico

Forma parte de la coenzima A, una molécula esencial para el metabolismo de nutrientes y la síntesis de diferentes compuestos.

Está ampliamente distribuida en los alimentos, por lo que una carencia aislada es poco frecuente.

Vitamina B6

La vitamina B6 participa en:

  • el metabolismo de aminoácidos;

  • la formación de neurotransmisores;

  • la síntesis de hemoglobina;

  • el metabolismo de la homocisteína;

  • la función inmunitaria.

Se encuentra en:

  • pescado;

  • aves;

  • garbanzos;

  • patatas;

  • plátano;

  • cereales integrales.

Aunque es hidrosoluble, tomar dosis elevadas de vitamina B6 durante mucho tiempo puede causar daño nervioso y alteraciones sensitivas. Por eso no debe utilizarse indiscriminadamente. (ODS)

Biotina o vitamina B7

La vitamina de moda para el cabello

La biotina participa en el metabolismo de grasas, hidratos de carbono y aminoácidos.

Se encuentra en numerosos alimentos y su deficiencia es poco frecuente.

A pesar de ello, muchos productos para el cabello y las uñas contienen dosis muy elevadas.

En personas sin deficiencia, no está demostrado que consumir grandes cantidades de biotina mejore sistemáticamente el crecimiento del cabello o fortalezca las uñas.

Además, las dosis elevadas pueden interferir con algunos análisis de laboratorio, incluidos determinados estudios hormonales y cardíacos.

Por esta razón, es importante informar al profesional sanitario sobre el consumo de biotina antes de realizar una analítica.

Folato o vitamina B9

El folato es necesario para:

  • la síntesis de ADN;

  • la división celular;

  • la formación normal de células sanguíneas;

  • el desarrollo embrionario.

Se encuentra en:

  • verduras de hoja verde;

  • legumbres;

  • espárragos;

  • aguacate;

  • cítricos;

  • alimentos enriquecidos.

El ácido fólico es la forma que suele utilizarse en suplementos y alimentos fortificados.

Folato y embarazo

Una cantidad adecuada de folato antes de la concepción y durante las primeras etapas del embarazo ayuda a reducir el riesgo de defectos del tubo neural.

Por este motivo, las recomendaciones de suplementación durante la etapa preconcepcional y el embarazo deben seguirse según las indicaciones sanitarias correspondientes. (ODS)

Tomar ácido fólico después de confirmar el embarazo puede seguir siendo útil, pero la prevención debe comenzar idealmente antes de la concepción, porque el tubo neural se desarrolla durante las primeras semanas.

Vitamina B12

Sangre, ADN y sistema nervioso

La vitamina B12 es necesaria para:

  • mantener sanas las células sanguíneas;

  • contribuir a la síntesis de ADN;

  • conservar el funcionamiento normal del sistema nervioso;

  • prevenir determinados tipos de anemia.

Una deficiencia puede producir cansancio, debilidad, alteraciones neurológicas, hormigueo, problemas de equilibrio o dificultades cognitivas. Algunos daños nerviosos pueden hacerse persistentes si el déficit no se detecta y trata adecuadamente. (ODS)

¿Dónde se encuentra?

La vitamina B12 se encuentra de forma natural principalmente en alimentos de origen animal:

  • carne;

  • pescado;

  • marisco;

  • huevos;

  • leche y derivados.

También puede encontrarse en alimentos vegetales fortificados.

¿Quién presenta mayor riesgo de déficit?

Entre los grupos que pueden necesitar vigilancia se encuentran:

  • personas que siguen una alimentación vegana;

  • algunos vegetarianos;

  • personas mayores;

  • pacientes con gastritis atrófica;

  • personas con enfermedad celíaca o enfermedad inflamatoria intestinal;

  • pacientes sometidos a determinadas cirugías digestivas;

  • usuarios prolongados de ciertos medicamentos que afectan a su absorción.

Las personas veganas necesitan una fuente fiable de vitamina B12 mediante alimentos fortificados o suplementación correctamente pautada.

Vitamina C

Colágeno, antioxidantes y absorción de hierro

La vitamina C es hidrosoluble y participa en:

  • la síntesis normal de colágeno;

  • la cicatrización;

  • la función antioxidante;

  • el funcionamiento inmunitario;

  • la absorción del hierro de origen vegetal;

  • la síntesis de determinadas moléculas.

El organismo humano no puede producirla, por lo que debe obtenerse a través de la alimentación. (ODS)

Fuentes alimentarias

La encontramos en:

  • cítricos;

  • kiwi;

  • fresas;

  • pimiento;

  • tomate;

  • brócoli;

  • coliflor;

  • frutas y verduras frescas.

La vitamina C puede perderse parcialmente durante el almacenamiento prolongado y la cocción intensa, porque es sensible al calor y al agua.

Vitamina C y resfriado

La vitamina C no evita que todas las personas contraigan un resfriado.

En algunos estudios, su consumo regular se ha relacionado con una reducción modesta de la duración de los síntomas, pero tomar dosis elevadas una vez iniciado el resfriado no garantiza un beneficio importante.

Consumir megadosis puede provocar diarrea, náuseas y molestias abdominales. (ODS)

Vitamina C y piel

La vitamina C es necesaria para la síntesis de colágeno.

Esto no significa que tomar cantidades muy elevadas produzca colágeno ilimitado.

Cuando las necesidades están cubiertas, incrementar mucho la dosis no obliga al organismo a fabricar más tejido.

Las formulaciones tópicas con vitamina C pueden tener aplicaciones cosméticas, pero su eficacia depende de factores como:

  • concentración;

  • estabilidad;

  • tipo de derivado;

  • pH;

  • envase;

  • conservación;

  • tolerancia individual.

Vitamina D

Una vitamina con comportamiento hormonal

La vitamina D es liposoluble y participa de forma importante en:

  • la absorción y utilización del calcio;

  • la salud ósea;

  • la función muscular;

  • el funcionamiento inmunitario;

  • diferentes procesos celulares.

Se obtiene a través de algunos alimentos, suplementos y mediante la síntesis cutánea inducida por la radiación ultravioleta B. (ODS)

Fuentes de vitamina D

Pocos alimentos contienen cantidades importantes de forma natural.

Entre las principales fuentes se encuentran:

  • pescados grasos;

  • yema de huevo;

  • hígado;

  • algunos alimentos enriquecidos.

La exposición solar puede contribuir a la producción de vitamina D, pero su eficacia depende de:

  • estación del año;

  • hora;

  • latitud;

  • edad;

  • pigmentación de la piel;

  • superficie corporal expuesta;

  • uso de ropa y fotoprotección;

  • condiciones ambientales.

Sol, vitamina D y piel

No debe recomendarse una exposición solar intensa o una quemadura para obtener vitamina D.

La radiación ultravioleta acumulada favorece el fotoenvejecimiento y aumenta el riesgo de cáncer de piel.

Cuando existe riesgo de déficit, es preferible valorar la alimentación, los análisis y la posible suplementación con un profesional antes que utilizar la exposición solar sin protección como tratamiento.

¿Necesitamos suplementos de vitamina D?

No todas las personas necesitan la misma dosis.

La decisión puede depender de:

  • niveles analíticos;

  • edad;

  • salud ósea;

  • exposición solar;

  • alimentación;

  • enfermedades;

  • medicación;

  • absorción intestinal;

  • criterio clínico.

En Europa, la EFSA estableció una ingesta adecuada de referencia de 15 microgramos diarios para personas sanas mayores de un año, incluidas mujeres embarazadas y lactantes, pero esta cifra poblacional no sustituye una pauta médica individual cuando existe deficiencia. (European Food Safety Authority)

Más vitamina D no significa más salud

Las dosis excesivas pueden elevar demasiado el calcio en sangre y producir:

  • náuseas;

  • debilidad;

  • alteraciones renales;

  • cálculos;

  • trastornos del ritmo cardíaco;

  • daño en otros tejidos.

La vitamina D es necesaria, pero no debe utilizarse en megadosis sin control.

Vitamina E

Protección de las membranas celulares

La vitamina E actúa como antioxidante liposoluble y ayuda a proteger las membranas celulares frente a determinadas reacciones oxidativas.

Sus principales fuentes incluyen:

  • frutos secos;

  • semillas;

  • aceites vegetales;

  • aguacate;

  • algunos vegetales.

Una alimentación variada suele proporcionar cantidades adecuadas.

Los suplementos de vitamina E en dosis elevadas no han demostrado actuar como una solución general contra el envejecimiento y pueden aumentar determinados riesgos, como el sangrado, especialmente en personas que toman anticoagulantes.

Vitamina K

Coagulación y salud ósea

La vitamina K participa en la activación de proteínas necesarias para la coagulación normal de la sangre y en determinadas funciones relacionadas con el hueso.

Se encuentra en:

  • verduras de hoja verde;

  • brócoli;

  • coles;

  • algunos aceites;

  • alimentos fermentados.

Las personas que toman medicamentos anticoagulantes antagonistas de la vitamina K no deberían eliminar las verduras de su alimentación por iniciativa propia.

Generalmente, lo importante es mantener una ingesta estable y seguir las indicaciones del profesional sanitario.

¿Las vitaminas aportan energía?

No.

Las vitaminas no contienen calorías.

Cuando en publicidad se afirma que una vitamina “da energía”, normalmente se hace referencia a que participa en reacciones que permiten al organismo utilizar la energía procedente de proteínas, grasas e hidratos de carbono.

Si una persona tiene una deficiencia, corregirla puede mejorar síntomas como cansancio o debilidad.

Pero en una persona bien nutrida, tomar más vitaminas no funciona como beber combustible adicional.

Vitaminas y sistema inmunitario

Las vitaminas A, C, D, E, B6, B12 y el folato, entre otros micronutrientes, participan en el funcionamiento normal del sistema inmunitario.

Sin embargo:

Participar en la inmunidad no significa que una megadosis “multiplique las defensas”.

La respuesta inmunitaria depende también de:

  • edad;

  • sueño;

  • alimentación general;

  • actividad física;

  • enfermedades;

  • vacunas;

  • genética;

  • exposición a microorganismos;

  • medicación.

Los suplementos no sustituyen estas medidas ni garantizan la prevención de infecciones. (Harvard Health)

Vitaminas y envejecimiento de la piel

Las vitaminas desempeñan funciones necesarias para el mantenimiento normal de la piel.

Por ejemplo:

  • la vitamina A participa en la diferenciación celular;

  • la vitamina C interviene en la síntesis de colágeno;

  • la vitamina E forma parte de los sistemas antioxidantes;

  • la vitamina D actúa en diferentes procesos celulares;

  • algunas vitaminas B participan en la renovación y el metabolismo celular.

No obstante, el envejecimiento cutáneo depende de múltiples factores:

  • radiación solar;

  • tabaco;

  • genética;

  • edad;

  • hormonas;

  • sueño;

  • alimentación;

  • contaminación;

  • cuidado cosmético;

  • pérdida de colágeno y elastina.

Ningún suplemento vitamínico puede sustituir la fotoprotección ni revertir por sí solo todos estos procesos.

¿Quién puede necesitar un suplemento?

La suplementación puede estar indicada cuando existe:

  • deficiencia confirmada;

  • riesgo elevado de carencia;

  • embarazo o planificación gestacional;

  • alimentación vegana en el caso de la vitamina B12;

  • problemas de absorción;

  • cirugía digestiva;

  • enfermedades específicas;

  • medicación que altere la absorción o el metabolismo;

  • necesidades aumentadas;

  • recomendación de un profesional sanitario.

Los suplementos son herramientas útiles cuando responden a una necesidad real.

No deberían utilizarse automáticamente porque una persona se sienta cansada o quiera prevenir el envejecimiento.

¿Es mejor obtener las vitaminas de los alimentos?

En la mayoría de las personas sanas, la alimentación debería ser la fuente principal.

Los alimentos aportan simultáneamente:

  • vitaminas;

  • minerales;

  • proteínas;

  • fibra;

  • grasas;

  • hidratos de carbono;

  • agua;

  • compuestos bioactivos.

Esta combinación se conoce como matriz alimentaria.

Un suplemento contiene nutrientes aislados o concentrados, pero no reproduce toda la complejidad de una fruta, una legumbre, un pescado o una verdura.

Sin embargo, cuando existe una deficiencia o una necesidad concreta, la dieta puede no ser suficiente y el suplemento se convierte en una intervención necesaria.

Mito o realidad

“Si una vitamina es buena, tomar el doble es mejor.”

Mito.

Las vitaminas tienen rangos adecuados de consumo.

Por debajo de determinadas cantidades puede aparecer deficiencia.

Por encima de ciertos límites pueden aparecer efectos adversos.

Las autoridades sanitarias establecen límites máximos tolerables para algunos micronutrientes precisamente porque un consumo excesivo no es inocuo. (European Food Safety Authority)

“Las vitaminas naturales son siempre mejores que las sintéticas.”

No necesariamente.

La forma química, la dosis, la absorción y la necesidad real son más importantes que una etiqueta que diga “natural”.

Algunas vitaminas sintéticas se absorben adecuadamente y son esenciales para prevenir o corregir deficiencias.

Natural tampoco significa automáticamente seguro.

“Un multivitamínico compensa una mala alimentación.”

Mito.

Un comprimido no aporta fibra, proteínas de calidad, grasas saludables, agua ni la compleja combinación de sustancias presentes en los alimentos.

Puede cubrir parte de algunos micronutrientes, pero no convierte una dieta desequilibrada en saludable.

“Si tomo vitaminas, no necesito hacerme análisis.”

Mito.

Tomar suplementos antes de estudiar la causa de un síntoma puede retrasar un diagnóstico o alterar resultados analíticos.

El cansancio, la caída del cabello o la debilidad pueden deberse a numerosas causas que requieren valoración profesional.

“Las vitaminas eliminan las arrugas.”

Mito.

Algunas vitaminas participan en el mantenimiento de la piel, pero ninguna elimina por sí sola las arrugas ni reconstruye completamente el tejido envejecido.

Cómo mejorar la ingesta de vitaminas mediante la alimentación

Comer vegetales de colores diferentes

Los colores suelen reflejar la presencia de distintos pigmentos y compuestos.

Conviene alternar:

  • verduras verdes;

  • vegetales rojos;

  • frutas naranjas;

  • frutos morados;

  • hortalizas blancas;

  • alimentos amarillos.

No es necesario consumir todos los colores en cada comida, pero sí buscar variedad a lo largo de la semana.

Incluir frutas y verduras diariamente

No hace falta recurrir siempre a productos exóticos.

Los alimentos locales y de temporada pueden aportar una excelente combinación de vitaminas y otros nutrientes.

Consumir legumbres con regularidad

Las legumbres aportan:

  • folato;

  • otras vitaminas B;

  • fibra;

  • proteínas vegetales;

  • minerales.

Incorporar pescado, huevos y lácteos según tolerancia y preferencias

Estos alimentos pueden contribuir al aporte de B12, vitamina D, riboflavina y otras vitaminas.

Las personas que no los consumen deben planificar alternativas adecuadas.

Utilizar frutos secos y semillas

Aportan vitamina E, algunas vitaminas B, grasas insaturadas y minerales.

La ración debe adaptarse a las necesidades energéticas de cada persona.

Evitar cocciones innecesariamente prolongadas

Algunas vitaminas hidrosolubles pueden perderse parcialmente en el agua de cocción.

Técnicas como vapor, microondas, salteado breve o utilizar el líquido de cocción en sopas pueden ayudar a conservar una mayor proporción.

Esto no significa que los vegetales crudos sean siempre superiores: cocinar también mejora la digestibilidad y disponibilidad de algunos compuestos.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños no consideramos los suplementos como productos milagrosos ni como sustitutos de una alimentación equilibrada.

Antes de recomendar una vitamina debemos preguntarnos:

  • ¿Existe una deficiencia?

  • ¿Hay factores de riesgo?

  • ¿La alimentación cubre las necesidades?

  • ¿Toma medicamentos?

  • ¿Existe alguna enfermedad?

  • ¿Qué dosis es adecuada?

  • ¿Durante cuánto tiempo debe utilizarse?

  • ¿Es necesario repetir una analítica?

La suplementación debe tener un objetivo, una justificación y un seguimiento.

Nuestro enfoque combina nutrición, prevención y valoración individualizada para evitar tanto las carencias como el consumo innecesario o excesivo.

Ideas clave

  • Las vitaminas son micronutrientes esenciales que participan en numerosas funciones.

  • No aportan calorías ni energía directamente.

  • Se dividen en hidrosolubles y liposolubles.

  • Una alimentación variada suele cubrir las necesidades de muchas personas sanas.

  • Algunos grupos necesitan suplementación específica.

  • Las dosis elevadas pueden producir efectos adversos.

  • Los síntomas inespecíficos no deben atribuirse automáticamente a una falta de vitaminas.

  • La suplementación debe adaptarse a la edad, la alimentación, el estado de salud y las posibles analíticas.

  • Ninguna vitamina sustituye el sueño, el ejercicio, la fotoprotección o una buena alimentación.

Aplicación práctica: una semana rica en vitaminas

Una alimentación variada podría incluir a lo largo de la semana:

Verduras

  • espinacas;

  • brócoli;

  • tomate;

  • zanahoria;

  • pimiento;

  • calabaza;

  • berenjena;

  • coliflor.

Frutas

  • naranja;

  • kiwi;

  • fresas;

  • manzana;

  • plátano;

  • melón;

  • frutos rojos.

Proteínas

  • pescado;

  • huevos;

  • pollo;

  • legumbres;

  • yogur;

  • queso;

  • tofu enriquecido.

Grasas saludables

  • aceite de oliva virgen extra;

  • nueces;

  • almendras;

  • semillas.

Cereales y tubérculos

  • avena;

  • pan integral;

  • arroz;

  • patata;

  • boniato.

No existe un alimento capaz de aportar por sí solo todas las vitaminas en las cantidades necesarias. La variedad es la herramienta más sencilla para reducir el riesgo de carencias.

Preguntas frecuentes

¿Necesito un multivitamínico después de los 50 años?

No necesariamente.

La edad puede modificar algunas necesidades y la capacidad de absorción, especialmente de vitamina B12, vitamina D y otros nutrientes. Sin embargo, la decisión debe basarse en la alimentación, los factores de riesgo, la medicación y, cuando proceda, los análisis.

¿Qué vitamina es mejor para el cansancio?

No existe una vitamina universal contra el cansancio.

El déficit de B12, folato, vitamina D u otros nutrientes puede asociarse con determinados síntomas, pero el cansancio también puede deberse a anemia, alteraciones tiroideas, falta de sueño, estrés, infecciones, enfermedades metabólicas o problemas cardíacos, entre muchas otras causas.

¿La vitamina C evita que envejezca la piel?

No.

Es necesaria para fabricar colágeno y forma parte de los sistemas antioxidantes, pero no detiene por sí sola el envejecimiento.

¿Debo tomar vitamina D durante todo el año?

Depende de los niveles, la exposición solar, la alimentación, la edad, la salud ósea y otros factores.

No conviene mantener dosis elevadas de forma indefinida sin supervisión.

¿La biotina detiene la caída del cabello?

Solo puede resultar claramente útil cuando existe una deficiencia de biotina, que es poco frecuente.

La caída del cabello puede deberse a causas hormonales, genéticas, nutricionales, dermatológicas, farmacológicas o relacionadas con el estrés.

¿Puedo tomar varios suplementos al mismo tiempo?

No debería hacerse sin revisar sus composiciones.

Muchos productos repiten las mismas vitaminas y pueden provocar que la dosis total supere los límites recomendados.

También pueden existir interacciones con medicamentos.

¿Es necesario descansar de las vitaminas?

Depende de la vitamina, la dosis y el motivo por el que se utiliza.

Un suplemento indicado para corregir un déficit debe seguir una pauta y un seguimiento concretos. No es adecuado aplicar reglas generales como “tomarlo tres meses y descansar uno”.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos otro grupo de micronutrientes esenciales:

Los minerales: calcio, hierro, magnesio, zinc y otros elementos indispensables para la salud.

Explicaremos cómo participan en:

  • la formación del hueso;

  • el transporte de oxígeno;

  • la contracción muscular;

  • el funcionamiento nervioso;

  • la producción de hormonas;

  • el equilibrio de líquidos;

  • la salud de la piel y el cabello.

También revisaremos los minerales que más dudas generan entre los pacientes:

  • calcio;

  • hierro;

  • magnesio;

  • zinc;

  • yodo;

  • selenio;

  • potasio;

  • sodio.

Aprenderemos por qué un suplemento de hierro no debe tomarse sin confirmar la causa de una anemia, por qué el magnesio no resuelve todos los calambres y cómo evitar tanto las deficiencias como los excesos.

Este capítulo deja preparada la transición al capítulo 19: Los minerales, en el que abordaremos especialmente hierro, calcio, magnesio, zinc y yodo.

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Capítulo 19

Los minerales

Elementos esenciales para los huesos, la sangre, los músculos y el metabolismo
Los minerales no aportan calorías, pero hacen posible que el corazón lata, los músculos se contraigan, el oxígeno llegue a los tejidos y las hormonas transmitan correctamente sus mensajes.

Una historia cotidiana

Miguel tiene 56 años.

Desde hace unos meses nota cansancio, calambres nocturnos y menor rendimiento cuando sale a caminar. Después de escuchar varios anuncios, llega a la conclusión de que probablemente necesita magnesio.

Compra un suplemento con magnesio, zinc, hierro y calcio. Como el envase afirma que contribuye a reducir el cansancio, decide tomar dos comprimidos al día en lugar de uno.

Los calambres continúan.

Además, empieza a sufrir molestias digestivas y estreñimiento.

Cuando consulta con su médico, una analítica muestra que sus niveles de hierro no eran bajos. Por el contrario, el cansancio se relacionaba con un problema de sueño y los calambres podían estar influidos por diferentes factores, entre ellos el esfuerzo físico, algunos medicamentos y una hidratación inadecuada.

Miguel había cometido un error frecuente:

Atribuir un síntoma a la falta de un mineral sin comprobar primero su verdadera causa.

El hierro no es un tratamiento general contra el cansancio.

El magnesio no resuelve todos los calambres.

El zinc no detiene automáticamente la caída del cabello.

El calcio no fortalece los huesos por sí solo.

Los minerales son indispensables, pero deben consumirse dentro de un equilibrio muy preciso.

Introducción

Los minerales son elementos inorgánicos presentes en los alimentos, el agua y el propio organismo.

A diferencia de las vitaminas, no pueden ser fabricados ni destruidos por nuestro cuerpo. Podemos absorberlos, utilizarlos, almacenarlos o eliminarlos, pero deben proceder del entorno.

Entre sus funciones se encuentran:

  • formar huesos y dientes;

  • transportar oxígeno;

  • regular el equilibrio de líquidos;

  • permitir la contracción muscular;

  • transmitir impulsos nerviosos;

  • participar en la producción hormonal;

  • mantener el ritmo cardíaco;

  • intervenir en la cicatrización;

  • formar parte de numerosas enzimas;

  • contribuir al funcionamiento inmunitario.

Los minerales son micronutrientes esenciales. Algunos se necesitan en cantidades relativamente mayores y otros en cantidades muy pequeñas, pero una deficiencia o un exceso pueden tener consecuencias importantes. (Organización Mundial de la Salud)

Macrominerales y oligoelementos

Los minerales suelen dividirse en dos grandes grupos.

Macrominerales

El organismo los necesita en cantidades relativamente mayores.

Entre ellos se encuentran:

  • calcio;

  • fósforo;

  • magnesio;

  • sodio;

  • potasio;

  • cloro;

  • azufre.

Oligoelementos

Se necesitan en cantidades mucho menores.

Entre ellos destacan:

  • hierro;

  • zinc;

  • yodo;

  • selenio;

  • cobre;

  • manganeso;

  • molibdeno;

  • cromo;

  • flúor.

Que un mineral se necesite en una cantidad pequeña no significa que sea menos importante.

El yodo, por ejemplo, se requiere en cantidades mínimas, pero resulta esencial para fabricar hormonas tiroideas.

¿Sabías que...?

Los valores dietéticos de referencia no son cifras rígidas aplicables de forma idéntica a todas las personas. Son herramientas que orientan sobre las necesidades de grupos sanos según la edad, el sexo y la etapa fisiológica. Una persona con una enfermedad, una deficiencia confirmada o problemas de absorción puede necesitar una pauta diferente. (European Food Safety Authority)

Calcio

Mucho más que un mineral para los huesos

El calcio es el mineral más abundante del organismo.

Casi todo se encuentra almacenado en los huesos y los dientes, donde aporta estructura y resistencia. Una pequeña fracción circula en la sangre y participa en funciones esenciales. (Fundación Internacional de Osteoporosis)

El calcio interviene en:

  • la contracción muscular;

  • la transmisión nerviosa;

  • la coagulación sanguínea;

  • el ritmo cardíaco;

  • la comunicación entre células;

  • el mantenimiento del tejido óseo.

El organismo regula cuidadosamente el calcio en sangre. Cuando la alimentación no proporciona suficiente durante periodos prolongados, puede recurrir a las reservas del hueso para mantener las funciones vitales.

Los huesos son tejidos vivos

El hueso no es una estructura inerte.

Durante toda la vida se encuentra en un proceso continuo de:

  • destrucción de tejido antiguo;

  • formación de tejido nuevo;

  • adaptación a las cargas físicas;

  • almacenamiento y liberación de minerales.

Este proceso se denomina remodelado óseo.

Durante la juventud suele predominar la formación. Con el envejecimiento puede aumentar progresivamente la pérdida, especialmente después de la menopausia.

Sin embargo, la salud ósea no depende exclusivamente del calcio.

También intervienen:

  • vitamina D;

  • proteínas;

  • actividad física;

  • hormonas;

  • genética;

  • tabaco;

  • alcohol;

  • ciertos medicamentos;

  • enfermedades digestivas, endocrinas o renales.

Fuentes alimentarias de calcio

Entre las principales fuentes se encuentran:

  • leche;

  • yogur;

  • queso;

  • bebidas vegetales enriquecidas;

  • sardinas y otros pescados pequeños consumidos con espinas;

  • algunas verduras de hoja verde;

  • brócoli;

  • col china;

  • almendras;

  • semillas de sésamo;

  • tofu preparado con sales de calcio.

No todos los alimentos contienen calcio con la misma capacidad de absorción.

Algunos vegetales contienen oxalatos o fitatos que pueden reducir parcialmente su aprovechamiento. Esto no significa que sean alimentos perjudiciales, sino que conviene mantener una alimentación variada.

¿Son necesarios los suplementos de calcio?

No todas las personas los necesitan.

Cuando la alimentación aporta una cantidad suficiente, suele ser preferible obtenerlo mediante alimentos.

La suplementación puede valorarse cuando existe:

  • ingesta insuficiente;

  • osteoporosis o riesgo elevado;

  • determinadas enfermedades;

  • problemas de absorción;

  • recomendación médica específica.

Tomar dosis elevadas sin supervisión no garantiza huesos más resistentes y puede causar estreñimiento, molestias digestivas o interacciones con algunos medicamentos.

La salud ósea requiere una estrategia completa, no un único comprimido.

Calcio y menopausia

La disminución de estrógenos durante la menopausia acelera la pérdida de masa ósea en muchas mujeres.

Por este motivo, esta etapa requiere prestar especial atención a:

  • calcio dietético;

  • vitamina D;

  • ejercicio de fuerza;

  • actividades con impacto adaptado;

  • consumo suficiente de proteínas;

  • abandono del tabaco;

  • valoración del riesgo de osteoporosis.

Una mujer no debería esperar a sufrir una fractura para comenzar a cuidar sus huesos.

Hierro

El mineral que permite transportar oxígeno

El hierro es necesario para formar la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos.

También participa en:

  • la mioglobina muscular;

  • la producción de energía;

  • distintas enzimas;

  • el desarrollo neurológico;

  • la función inmunitaria.

El déficit de hierro es una de las carencias nutricionales más frecuentes a escala mundial y puede causar anemia, cansancio, debilidad, dificultad respiratoria y menor capacidad física. Sin embargo, la anemia también puede tener otras causas y necesita una evaluación correcta. (Organización Mundial de la Salud)

Hierro hemo y hierro no hemo

Existen dos formas principales en la alimentación.

Hierro hemo

Se encuentra en productos de origen animal, especialmente:

  • carnes;

  • vísceras;

  • pescado;

  • marisco.

Generalmente se absorbe con mayor facilidad.

Hierro no hemo

Se encuentra en:

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • verduras de hoja verde;

  • alimentos enriquecidos.

Su absorción es más variable.

Consumir alimentos ricos en vitamina C junto a las fuentes vegetales de hierro puede mejorar su aprovechamiento.

Por ejemplo:

  • lentejas con pimiento;

  • garbanzos con tomate;

  • ensalada de legumbres acompañada de una naranja;

  • hummus con verduras frescas.

¿Quién presenta mayor riesgo de déficit de hierro?

El riesgo puede ser mayor en:

  • mujeres con menstruaciones abundantes;

  • embarazo;

  • adolescentes;

  • personas con pérdidas digestivas;

  • donantes frecuentes de sangre;

  • deportistas en determinadas situaciones;

  • personas con enfermedad celíaca;

  • pacientes sometidos a cirugía digestiva;

  • dietas muy restrictivas;

  • personas con problemas de absorción.

En hombres adultos y mujeres después de la menopausia, una deficiencia de hierro requiere estudiar posibles pérdidas de sangre u otras causas. No debería atribuirse automáticamente a una alimentación insuficiente.

Por qué no debemos tomar hierro sin diagnóstico

El hierro puede acumularse y causar efectos adversos.

Los suplementos pueden provocar:

  • náuseas;

  • dolor abdominal;

  • estreñimiento;

  • diarrea;

  • heces oscuras;

  • interacciones con medicamentos.

Además, tomar hierro puede retrasar el estudio de la verdadera causa del cansancio o de la anemia.

Antes de iniciar un suplemento suele ser necesario valorar parámetros como:

  • hemograma;

  • ferritina;

  • saturación de transferrina;

  • contexto clínico;

  • posibles pérdidas;

  • inflamación;

  • vitamina B12 y folato cuando proceda.

Una ferritina aislada no siempre ofrece toda la información, porque puede aumentar durante procesos inflamatorios.

Mito o realidad

“Si estoy cansado, debería tomar hierro.”

Mito.

El cansancio puede aparecer por falta de hierro, pero también por:

  • mala calidad del sueño;

  • estrés;

  • anemia de otro origen;

  • hipotiroidismo;

  • infecciones;

  • enfermedades cardíacas;

  • efectos de medicamentos;

  • depresión;

  • sedentarismo;

  • muchas otras causas.

Tomar hierro sin conocer el motivo puede ser inútil o perjudicial.

Magnesio

Un mineral presente en cientos de reacciones

El magnesio participa en numerosos procesos del organismo, entre ellos:

  • producción de energía;

  • síntesis de proteínas;

  • función muscular;

  • transmisión nerviosa;

  • regulación de la glucosa;

  • mantenimiento del ritmo cardíaco;

  • formación ósea;

  • síntesis de ADN.

Se encuentra ampliamente distribuido en los alimentos.

Las principales fuentes incluyen:

  • frutos secos;

  • semillas;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • cacao puro;

  • verduras de hoja verde;

  • algunos pescados;

  • aguacate.

Magnesio y calambres

Los calambres musculares pueden deberse a múltiples causas:

  • fatiga muscular;

  • ejercicio intenso;

  • pérdida de líquidos;

  • alteraciones de electrolitos;

  • embarazo;

  • algunos medicamentos;

  • problemas circulatorios o neurológicos;

  • permanencia prolongada en una postura;

  • causas desconocidas.

Un suplemento de magnesio puede ser útil cuando existe una deficiencia o una indicación concreta, pero no ha demostrado resolver todos los tipos de calambres.

La publicidad suele presentar el magnesio como una solución universal para el cansancio, el sueño, la ansiedad, los calambres y el dolor muscular. La evidencia no permite generalizar de esta forma.

¿Puede producir diarrea?

Sí.

Algunas sales de magnesio utilizadas en suplementos atraen agua hacia el intestino y pueden producir:

  • diarrea;

  • cólicos;

  • náuseas.

Este efecto es más frecuente con dosis elevadas.

Las personas con insuficiencia renal deben evitar la suplementación sin supervisión, porque pueden tener dificultades para eliminar el exceso.

Zinc

Crecimiento, cicatrización e inmunidad

El zinc está presente en células de todo el organismo.

Participa en:

  • síntesis de ADN;

  • división celular;

  • crecimiento;

  • función inmunitaria;

  • cicatrización;

  • metabolismo de nutrientes;

  • sentidos del gusto y el olfato;

  • reproducción.

Sus funciones están bien establecidas, pero esto no significa que dosis altas “multipliquen las defensas”. (ODS)

Fuentes de zinc

El zinc se encuentra en:

  • ostras y mariscos;

  • carnes;

  • pescado;

  • huevos;

  • lácteos;

  • legumbres;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • cereales integrales.

El zinc de los productos animales suele absorberse con mayor facilidad.

Los fitatos presentes en algunos vegetales pueden reducir parcialmente su absorción, aunque técnicas como remojo, fermentación o germinación pueden mejorar la disponibilidad.

Zinc, piel y cabello

El zinc participa en la división celular y la cicatrización, por lo que una deficiencia puede repercutir en la piel y el cabello.

Sin embargo, la caída del cabello no significa automáticamente que falte zinc.

También puede deberse a:

  • predisposición genética;

  • alteraciones tiroideas;

  • cambios hormonales;

  • déficit de hierro;

  • enfermedad;

  • estrés;

  • pérdida rápida de peso;

  • medicamentos;

  • problemas dermatológicos.

Tomar zinc indiscriminadamente no trata todas estas causas.

Riesgos del exceso de zinc

Las dosis elevadas mantenidas pueden provocar:

  • náuseas;

  • vómitos;

  • dolor abdominal;

  • reducción del cobre;

  • anemia;

  • alteraciones inmunitarias;

  • disminución del colesterol HDL;

  • interacciones con medicamentos.

El exceso de zinc puede causar precisamente los problemas que se intentaban prevenir.

Yodo

El mineral esencial para la glándula tiroides

El yodo es necesario para fabricar las hormonas tiroideas.

Estas hormonas regulan procesos relacionados con:

  • metabolismo;

  • temperatura corporal;

  • crecimiento;

  • desarrollo cerebral;

  • ritmo cardíaco;

  • utilización de energía.

Aunque se necesita en cantidades muy pequeñas, tanto el déficit como el exceso pueden alterar el funcionamiento tiroideo. (ODS)

Fuentes de yodo

Las fuentes pueden variar según la zona geográfica y la alimentación.

Entre ellas se encuentran:

  • sal yodada;

  • pescados;

  • mariscos;

  • lácteos;

  • huevos;

  • algunas algas.

La concentración de yodo de las algas es muy variable y, en algunas especies, extremadamente elevada. Por este motivo, no deben utilizarse como suplemento tiroideo sin control.

La importancia de la sal yodada

La yodación de la sal ha sido una de las estrategias de salud pública más eficaces para prevenir la deficiencia de yodo.

No obstante, utilizar sal yodada no significa aumentar la cantidad total de sal.

La recomendación es:

Poca sal y, cuando se utilice, preferentemente yodada, salvo indicación profesional diferente.

Yodo y embarazo

Durante el embarazo y la lactancia aumentan las necesidades, porque las hormonas tiroideas y el yodo son importantes para el desarrollo neurológico.

La suplementación debe seguir las recomendaciones sanitarias y considerar la alimentación, el uso de sal yodada, la función tiroidea y otros factores individuales.

Tomar yodo en exceso por iniciativa propia tampoco es seguro.

Yodo y tiroides

No toda alteración tiroidea se trata con yodo.

En algunas enfermedades, un exceso puede desencadenar o empeorar problemas.

Las personas con nódulos, hipertiroidismo, tiroiditis u otros antecedentes deben consultar antes de utilizar:

  • suplementos de yodo;

  • algas;

  • productos “detox”;

  • fórmulas para la tiroides.

Selenio

Un componente de sistemas antioxidantes y tiroideos

El selenio forma parte de proteínas implicadas en:

  • defensa antioxidante;

  • metabolismo de hormonas tiroideas;

  • síntesis de ADN;

  • reproducción;

  • función inmunitaria.

Está presente en alimentos como:

  • pescado;

  • marisco;

  • carne;

  • huevos;

  • cereales;

  • algunos frutos secos.

La cantidad presente en los alimentos vegetales depende en gran medida del suelo donde se cultivan. (ODS)

Las nueces de Brasil

Las nueces de Brasil pueden contener cantidades elevadas de selenio.

Sin embargo, su contenido es muy variable.

Consumir muchas diariamente o combinarlas con suplementos puede facilitar un exceso.

Más selenio no significa mayor protección antioxidante.

Exceso de selenio

Una ingesta excesiva mantenida puede producir selenosis, cuyos síntomas pueden incluir:

  • caída del cabello;

  • fragilidad de las uñas;

  • sabor metálico;

  • olor particular del aliento;

  • molestias digestivas;

  • lesiones cutáneas;

  • alteraciones neurológicas.

Curiosamente, tomar selenio para fortalecer el cabello puede acabar favoreciendo su caída cuando la dosis es excesiva.

Potasio

Equilibrio de líquidos, músculos y corazón

El potasio es un electrolito esencial situado principalmente dentro de las células.

Participa en:

  • transmisión nerviosa;

  • contracción muscular;

  • ritmo cardíaco;

  • equilibrio de líquidos;

  • regulación de la presión arterial.

Las principales fuentes alimentarias incluyen:

  • frutas;

  • verduras;

  • legumbres;

  • patata;

  • boniato;

  • frutos secos;

  • lácteos;

  • pescado.

Una alimentación rica en alimentos vegetales suele aportar cantidades importantes.

Potasio y presión arterial

Un patrón alimentario rico en potasio y moderado en sodio se relaciona con un mejor control de la presión arterial en muchas personas.

Sin embargo, los suplementos de potasio o las sales enriquecidas no son adecuados para todos.

Pueden resultar peligrosos en personas con:

  • insuficiencia renal;

  • determinadas enfermedades cardíacas;

  • alteraciones suprarrenales;

  • tratamiento con ciertos antihipertensivos;

  • uso de diuréticos ahorradores de potasio.

Un exceso de potasio en sangre puede causar alteraciones graves del ritmo cardíaco.

Sodio

Necesario, pero frecuentemente consumido en exceso

El sodio es esencial para:

  • mantener el volumen de líquidos;

  • transmitir impulsos nerviosos;

  • permitir la contracción muscular;

  • regular la presión sanguínea.

El problema no suele ser la ausencia, sino el consumo excesivo.

Gran parte del sodio no procede del salero, sino de:

  • embutidos;

  • quesos curados;

  • panes;

  • salsas;

  • sopas preparadas;

  • aperitivos;

  • comidas precocinadas;

  • conservas;

  • productos ultraprocesados.

Sodio y retención de líquidos

Un consumo elevado puede favorecer una mayor retención de agua y aumentar la presión arterial en personas sensibles.

No obstante, la hinchazón persistente de piernas, manos o rostro puede tener otras causas:

  • insuficiencia venosa;

  • problemas cardíacos;

  • enfermedad renal;

  • enfermedad hepática;

  • medicamentos;

  • alteraciones hormonales;

  • linfedema.

No debe atribuirse automáticamente al consumo de sal.

Fósforo

Huesos, energía y membranas celulares

El fósforo participa en:

  • formación de huesos y dientes;

  • producción de ATP;

  • estructura del ADN;

  • membranas celulares;

  • equilibrio ácido-base.

Está presente en numerosos alimentos, por lo que una deficiencia aislada es poco frecuente en personas sanas.

Se encuentra en:

  • lácteos;

  • carnes;

  • pescado;

  • huevos;

  • legumbres;

  • frutos secos;

  • cereales.

Algunos productos ultraprocesados contienen aditivos fosfatados fácilmente absorbibles. Las personas con enfermedad renal pueden necesitar controlar su ingesta bajo supervisión profesional.

Cobre

Hierro, tejido conectivo y sistema nervioso

El cobre participa en:

  • metabolismo del hierro;

  • formación de tejido conectivo;

  • producción de energía;

  • función nerviosa;

  • sistemas antioxidantes;

  • pigmentación.

Se encuentra en:

  • mariscos;

  • vísceras;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • cacao;

  • legumbres;

  • cereales integrales.

Una deficiencia puede producir anemia y alteraciones neurológicas, pero es poco frecuente en una alimentación variada.

El consumo excesivo de zinc puede reducir su absorción y provocar una deficiencia secundaria de cobre.

Minerales y medicamentos

Los suplementos minerales pueden interactuar con tratamientos.

Por ejemplo:

  • el calcio puede interferir con algunos antibióticos y medicamentos tiroideos;

  • el hierro reduce la absorción de ciertos fármacos;

  • el magnesio puede interactuar con antibióticos y otros tratamientos;

  • el potasio puede resultar peligroso junto a determinados antihipertensivos;

  • el zinc puede interferir con algunos antibióticos;

  • el yodo puede afectar a personas con enfermedades tiroideas.

Cuando se toma medicación habitual, conviene consultar antes de iniciar un suplemento.

A veces basta con separar las tomas, pero en otras ocasiones el producto no está indicado.

Minerales y envejecimiento saludable

Con el paso de los años pueden aparecer factores que aumenten el riesgo de carencias o desequilibrios:

  • menor apetito;

  • dieta poco variada;

  • problemas dentales;

  • menor absorción;

  • enfermedades digestivas;

  • medicación múltiple;

  • deterioro renal;

  • menor exposición al exterior;

  • dificultad para cocinar;

  • pérdida de autonomía.

Sin embargo, esto no significa que todas las personas mayores necesiten un suplemento multimineral.

La estrategia debe comenzar por valorar:

  • alimentación;

  • síntomas;

  • enfermedades;

  • medicación;

  • composición corporal;

  • pruebas analíticas cuando estén indicadas.

Minerales y piel

Diversos minerales participan en el mantenimiento normal de la piel.

Por ejemplo:

  • el zinc interviene en la división celular y cicatrización;

  • el cobre participa en el tejido conectivo;

  • el selenio forma parte de sistemas antioxidantes;

  • el hierro ayuda a transportar oxígeno;

  • el magnesio interviene en numerosas reacciones celulares.

No obstante, ningún suplemento mineral elimina por sí solo las arrugas, la celulitis, la flacidez o las manchas.

La salud cutánea depende de múltiples factores y una suplementación solo tiene sentido cuando existe una necesidad concreta.

Minerales y pérdida de peso

Ningún mineral produce por sí solo una reducción significativa de grasa corporal.

Algunos productos comerciales atribuyen efectos adelgazantes al:

  • magnesio;

  • zinc;

  • cromo;

  • yodo;

  • selenio.

Estas afirmaciones suelen exagerar funciones fisiológicas normales.

Por ejemplo, el yodo participa en la producción de hormonas tiroideas, pero tomar más yodo no acelera de manera segura el metabolismo de una persona con función tiroidea normal.

Los suplementos minerales no sustituyen:

  • un patrón alimentario adecuado;

  • ejercicio;

  • sueño;

  • control del estrés;

  • tratamiento médico cuando existe obesidad u otra enfermedad.

Mitos y realidades

“Todos necesitamos magnesio.”

Mito.

Todos necesitamos obtener magnesio, pero no todas las personas necesitan un suplemento.

Una alimentación con legumbres, frutos secos, semillas, verduras y cereales integrales puede cubrir las necesidades de muchas personas.

“El calcio por sí solo previene la osteoporosis.”

Mito.

El calcio es necesario, pero la prevención también depende de vitamina D, ejercicio, proteínas, hormonas, genética y otros factores.

“El zinc fortalece siempre el cabello.”

Mito.

Puede ayudar si existe una deficiencia, pero su exceso puede causar problemas y reducir el cobre.

“La sal marina contiene todos los minerales que necesitamos.”

Mito.

Puede contener trazas de otros elementos, pero las cantidades suelen ser nutricionalmente poco relevantes.

Sigue siendo principalmente cloruro sódico.

“El hierro vegetal no sirve.”

Mito.

Sí puede cubrir las necesidades dentro de una alimentación bien planificada. Su absorción es menor y está influida por el resto de la comida, pero puede mejorarse combinándolo con vitamina C.

“Las algas son la mejor fuente de yodo.”

No necesariamente.

Su contenido es muy variable y algunas aportan cantidades excesivas.

No deben utilizarse como suplemento diario sin conocer la dosis.

“Un suplemento multimineral es inocuo.”

Mito.

Puede duplicar nutrientes presentes en otros productos, interactuar con medicamentos o superar los límites seguros de consumo. El exceso crónico de ciertos micronutrientes puede resultar perjudicial. (European Food Safety Authority)

Cómo obtener minerales mediante la alimentación

Incluir lácteos o alternativas enriquecidas

Pueden contribuir al aporte de:

  • calcio;

  • fósforo;

  • yodo;

  • otros micronutrientes.

Las bebidas vegetales no enriquecidas no aportan necesariamente cantidades equivalentes a la leche.

Consumir legumbres varias veces por semana

Aportan:

  • hierro;

  • magnesio;

  • potasio;

  • zinc;

  • cobre;

  • fibra;

  • proteínas vegetales.

Comer verduras y frutas variadas

Son importantes fuentes de:

  • potasio;

  • magnesio;

  • pequeñas cantidades de otros minerales;

  • agua;

  • fibra.

Incorporar frutos secos y semillas

Aportan:

  • magnesio;

  • zinc;

  • calcio;

  • cobre;

  • selenio, según el alimento;

  • grasas insaturadas.

Incluir pescado y marisco

Pueden aportar:

  • yodo;

  • selenio;

  • zinc;

  • hierro;

  • calcio en pescados pequeños consumidos con espinas.

Elegir cereales integrales

Conservan más:

  • magnesio;

  • hierro;

  • zinc;

  • manganeso;

  • fibra

que muchos cereales muy refinados.

Moderar los productos ultraprocesados

Pueden aportar cantidades elevadas de:

  • sodio;

  • aditivos fosfatados;

  • energía;

  • grasas y azúcares,

mientras desplazan alimentos más nutritivos.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños consideramos que los minerales deben evaluarse dentro del contexto completo de cada paciente.

Antes de recomendar un suplemento debemos preguntarnos:

  • ¿Existe una deficiencia confirmada?

  • ¿Hay una enfermedad que altere la absorción?

  • ¿Se están produciendo pérdidas?

  • ¿La alimentación es suficiente y variada?

  • ¿Existen medicamentos que interactúen?

  • ¿La función renal es adecuada?

  • ¿Qué dosis se está tomando en otros productos?

  • ¿Durante cuánto tiempo debe utilizarse?

  • ¿Es necesario controlar los niveles mediante analíticas?

Nuestro objetivo no es añadir más comprimidos, sino identificar qué necesita realmente cada persona.

La suplementación correcta puede ser muy útil.

La suplementación innecesaria puede generar gastos, efectos adversos y una falsa sensación de seguridad.

Ideas clave

  • Los minerales son elementos esenciales que intervienen en huesos, músculos, sangre, hormonas y sistema nervioso.

  • Se dividen en macrominerales y oligoelementos según la cantidad necesaria.

  • El calcio es fundamental para el hueso, pero no previene por sí solo la osteoporosis.

  • El hierro no debe utilizarse contra el cansancio sin estudiar primero su causa.

  • El magnesio no resuelve todos los calambres ni todos los problemas de sueño.

  • El exceso de zinc puede provocar una deficiencia de cobre.

  • Tanto el déficit como el exceso de yodo pueden alterar la función tiroidea.

  • Los suplementos de potasio pueden ser peligrosos en determinadas enfermedades o tratamientos.

  • Los alimentos deben ser la principal fuente de minerales en la mayoría de las personas sanas.

  • Todo suplemento necesita una indicación, una dosis adecuada y, cuando proceda, seguimiento profesional.

Aplicación práctica: un día rico en minerales

Desayuno

  • yogur natural o bebida vegetal enriquecida;

  • avena;

  • nueces;

  • una pieza de fruta.

Aporta calcio, magnesio, fósforo, potasio y otros nutrientes.

Media mañana

  • fruta;

  • un pequeño puñado de almendras.

Aporta potasio, magnesio y calcio.

Comida

  • ensalada con tomate y pimiento;

  • lentejas con verduras;

  • fruta rica en vitamina C.

Aporta hierro vegetal, magnesio, potasio, zinc y cobre. La vitamina C puede favorecer el aprovechamiento del hierro no hemo.

Merienda

  • hummus con zanahoria o pan integral.

Aporta hierro, magnesio, zinc y potasio.

Cena

  • sardinas, caballa o pescado;

  • verduras;

  • patata o boniato.

Puede aportar yodo, selenio, calcio si se consumen espinas blandas, potasio y fósforo.

Este ejemplo debe adaptarse a alergias, intolerancias, preferencias, necesidades energéticas y enfermedades.

Preguntas frecuentes

¿Debo tomar calcio después de la menopausia?

No necesariamente en forma de suplemento.

Es importante asegurar una ingesta adecuada, pero primero debe valorarse la alimentación, la vitamina D, la actividad física y el riesgo individual de osteoporosis.

¿Qué análisis confirma que me falta hierro?

El diagnóstico suele integrar hemograma, ferritina y otros parámetros relacionados con el metabolismo del hierro, interpretados dentro del contexto clínico.

No debería basarse en un único síntoma.

¿Qué tipo de magnesio es mejor?

La elección depende del objetivo, la tolerancia digestiva y la indicación.

No existe una forma universalmente superior para todas las personas ni para todos los problemas.

¿Puedo tomar zinc para evitar resfriados?

Algunas formulaciones se han estudiado en contextos muy concretos, pero no existe una recomendación general para tomar dosis altas de manera preventiva durante largos periodos.

El exceso puede causar efectos adversos.

¿La sal rosa es más saludable?

No existen razones para considerarla claramente superior a la sal común.

Sigue aportando principalmente sodio y no siempre contiene yodo.

¿Puede una alimentación vegana aportar suficientes minerales?

Sí, pero necesita una planificación adecuada.

Debe prestarse atención a:

  • hierro;

  • zinc;

  • calcio;

  • yodo;

  • selenio;

  • vitamina B12, aunque esta última es una vitamina.

Los alimentos enriquecidos y la suplementación específica pueden ser necesarios.

¿Los calambres indican siempre falta de magnesio?

No.

Pueden tener múltiples causas y deben valorarse especialmente cuando son intensos, frecuentes, aparecen junto a debilidad o comenzaron después de iniciar un medicamento.

¿Tomar yodo ayuda a adelgazar?

No.

En una persona con función tiroidea normal no constituye un tratamiento para perder peso y puede alterar la glándula tiroides.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos un grupo de productos presentes en casi todos los hogares y que ha transformado profundamente nuestra forma de comer:

Los alimentos ultraprocesados: qué son realmente y cómo influyen en el apetito, la salud metabólica y el envejecimiento.

Aprenderemos a diferenciar entre:

  • alimento natural;

  • alimento mínimamente procesado;

  • ingrediente culinario;

  • producto procesado;

  • producto ultraprocesado.

También abordaremos:

  • por qué no todo alimento procesado es perjudicial;

  • cómo interpretar una etiqueta;

  • qué papel desempeñan la textura, la palatabilidad y la velocidad de consumo;

  • la relación entre ultraprocesados, ingesta energética y aumento de peso;

  • cómo reducir su presencia sin convertir la alimentación en una lista rígida de prohibiciones;

  • alternativas prácticas para personas con poco tiempo.

Este capítulo será especialmente importante para entender por qué el entorno alimentario puede influir en nuestras decisiones incluso cuando creemos que todo depende únicamente de la fuerza de voluntad.

Con este capítulo completamos la base dedicada a los micronutrientes. El siguiente será el capítulo 20: Los alimentos ultraprocesados.

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Capítulo 20

Los alimentos ultraprocesados

Cómo el entorno alimentario puede influir en el apetito, el peso y la salud
No comemos únicamente en respuesta al hambre. También comemos según lo que tenemos delante, lo fácil que resulta consumirlo y la forma en la que ha sido diseñado.

Una historia cotidiana

Ana tiene 43 años y trabaja durante muchas horas fuera de casa.

Por la mañana desayuna un café y unas galletas. A media mañana compra una barrita de cereales. Para comer elige un plato preparado que calienta en pocos minutos. Por la tarde toma un yogur con sabor y, al llegar a casa, abre una bolsa de aperitivos mientras prepara la cena.

Ana no siente que su alimentación sea especialmente mala.

Las galletas llevan fibra.

La barrita contiene frutos secos.

El plato preparado tiene verduras en la fotografía.

El yogur anuncia que contiene vitaminas.

El envase de los aperitivos destaca que están horneados.

Sin embargo, al revisar el conjunto de su alimentación, descubre que buena parte de las calorías diarias procede de productos formulados para resultar muy agradables, fáciles de comer y difíciles de dejar.

El problema de Ana no es una falta de fuerza de voluntad.

Vive rodeada de alimentos diseñados para consumirse con rapidez, requerir poca preparación y estimular el deseo de seguir comiendo.

Su situación representa una realidad muy frecuente:

Muchas decisiones alimentarias no se toman en libertad absoluta, sino dentro de un entorno que favorece el consumo continuo.

Introducción

Durante gran parte de la historia humana, conseguir alimentos exigía tiempo y esfuerzo.

Había que cultivar, recolectar, pescar, criar animales, cocinar y conservar.

En la actualidad, gran parte de la población tiene acceso inmediato a productos listos para consumir, disponibles durante todo el día y en casi cualquier lugar.

Esta transformación ha aportado ventajas importantes:

  • mayor seguridad alimentaria;

  • mejor conservación;

  • disponibilidad durante todo el año;

  • reducción del tiempo de preparación;

  • facilidad de transporte;

  • acceso a determinados nutrientes mediante alimentos enriquecidos.

Sin embargo, también ha favorecido la aparición de productos con características muy diferentes a las de los alimentos tradicionales.

Muchos contienen combinaciones de:

  • harinas refinadas;

  • azúcares añadidos;

  • grasas;

  • sal;

  • aromas;

  • potenciadores del sabor;

  • emulsionantes;

  • texturizantes;

  • colorantes;

  • otros ingredientes de uso industrial.

Estos productos suelen ser baratos, cómodos, agradables al paladar y fáciles de consumir en grandes cantidades.

Son los llamados alimentos ultraprocesados.

¿Qué significa procesar un alimento?

Procesar significa modificar un alimento respecto a su estado original.

Prácticamente toda la comida que consumimos ha experimentado algún tipo de procesamiento.

Lavar una verdura es procesarla.

Congelar pescado es procesarlo.

Pasteurizar leche es procesarla.

Cocer legumbres es procesarlas.

Elaborar yogur también implica procesamiento.

Por tanto:

Procesado no significa automáticamente perjudicial.

El grado y la finalidad del procesamiento son más importantes que el simple hecho de que un alimento haya sido modificado.

Diferentes niveles de procesamiento

Una clasificación utilizada con frecuencia divide los alimentos en varios grupos.

1. Alimentos naturales o mínimamente procesados

Son alimentos que se mantienen muy próximos a su forma original o han sufrido modificaciones sencillas para mejorar su seguridad, conservación o comodidad.

Ejemplos:

  • frutas;

  • verduras;

  • huevos;

  • leche pasteurizada;

  • pescado congelado;

  • carne fresca;

  • legumbres secas o cocidas;

  • frutos secos naturales;

  • avena;

  • arroz;

  • yogur natural;

  • verduras congeladas.

Estos alimentos suelen constituir la base de una alimentación saludable.

2. Ingredientes culinarios procesados

Se obtienen a partir de alimentos naturales y se utilizan para cocinar o condimentar.

Ejemplos:

  • aceite de oliva;

  • sal;

  • azúcar;

  • mantequilla;

  • harina;

  • almidón.

No suelen consumirse solos, sino como parte de recetas.

Su efecto depende de la cantidad y del patrón alimentario en el que se integran.

3. Alimentos procesados

Se elaboran añadiendo sal, aceite, azúcar u otros ingredientes a alimentos básicos.

Ejemplos:

  • conservas de verduras;

  • legumbres en frasco;

  • atún en conserva;

  • queso;

  • pan elaborado con pocos ingredientes;

  • aceitunas;

  • pescado en conserva;

  • frutos secos tostados y salados.

Estos alimentos pueden formar parte de una alimentación equilibrada.

No debemos confundirlos automáticamente con los ultraprocesados.

4. Productos ultraprocesados

Son formulaciones industriales elaboradas principalmente a partir de ingredientes refinados, sustancias extraídas de alimentos y aditivos.

Ejemplos habituales:

  • refrescos;

  • bollería industrial;

  • galletas;

  • cereales de desayuno azucarados;

  • barritas;

  • aperitivos salados;

  • golosinas;

  • helados industriales;

  • platos preparados;

  • pizzas industriales;

  • algunos productos cárnicos reconstituidos;

  • postres lácteos azucarados;

  • bebidas energéticas;

  • determinados productos sustitutivos de comidas.

No todos son idénticos ni tienen exactamente el mismo impacto, pero suelen compartir varias características que favorecen su consumo frecuente.

¿Sabías que...?

Un alimento puede presentarse como “rico en fibra”, “sin azúcar añadido”, “con vitaminas” o “bajo en grasa” y continuar siendo un producto ultraprocesado.

Una declaración nutricional destaca una característica concreta, pero no describe la calidad global del producto.

¿Por qué los ultraprocesados resultan tan fáciles de comer?

La industria alimentaria dispone de un conocimiento muy avanzado sobre:

  • sabor;

  • textura;

  • aroma;

  • color;

  • temperatura;

  • tamaño;

  • sonido al masticar;

  • sensación en la boca;

  • diseño del envase.

Estas características pueden combinarse para crear productos que generen una experiencia especialmente agradable.

Esto no significa necesariamente que exista una intención de causar daño.

Las empresas buscan fabricar alimentos que gusten y que las personas quieran volver a comprar.

El problema aparece cuando estos productos desplazan de forma habitual a los alimentos frescos o mínimamente procesados.

La combinación de azúcar, grasa y sal

En la naturaleza es poco frecuente encontrar alimentos que combinen simultáneamente grandes cantidades de:

  • azúcar;

  • grasa;

  • sal;

  • aromas intensos;

  • texturas muy agradables.

Sin embargo, esta combinación es habitual en los ultraprocesados.

Ejemplos:

  • chocolate con leche;

  • galletas;

  • helados;

  • bollería;

  • pizzas;

  • aperitivos;

  • salsas;

  • algunos platos preparados.

Esta mezcla puede aumentar la palatabilidad, es decir, el placer producido por el alimento, y facilitar que sigamos comiendo incluso cuando la necesidad energética ya está cubierta.

Velocidad de consumo

Muchos ultraprocesados son blandos, crujientes o fáciles de tragar.

Requieren poca masticación.

Esto permite consumir grandes cantidades en pocos minutos.

La velocidad importa porque las señales de saciedad no son inmediatas.

El sistema digestivo y el cerebro necesitan tiempo para registrar:

  • volumen del estómago;

  • nutrientes absorbidos;

  • señales hormonales;

  • experiencia sensorial;

  • final de la comida.

Cuando comemos muy rápido podemos ingerir más energía antes de sentirnos satisfechos.

Densidad energética

La densidad energética indica cuántas calorías aporta un alimento por cada gramo.

Muchos productos ultraprocesados combinan:

  • poca agua;

  • harinas refinadas;

  • grasas;

  • azúcares.

Esto hace que concentren mucha energía en poco volumen.

Por ejemplo, una pequeña porción de bollería puede aportar más energía que un plato grande de fruta, yogur y avena, aunque ocupe mucho menos espacio en el estómago.

La densidad energética no convierte automáticamente un alimento en perjudicial. Los frutos secos también son energéticos, pero aportan fibra, proteínas, grasas insaturadas y una matriz alimentaria muy distinta.

El contexto sigue siendo fundamental.

Saciedad y matriz alimentaria

Los alimentos naturales presentan una estructura física compleja.

Una manzana contiene:

  • agua;

  • fibra;

  • células vegetales;

  • azúcares;

  • vitaminas;

  • compuestos bioactivos.

Masticarla requiere tiempo y su estructura ralentiza la liberación de los nutrientes.

En un zumo o en un producto elaborado con concentrado de fruta, esa estructura se encuentra parcial o totalmente alterada.

Aunque algunos componentes sean similares, el efecto sobre:

  • masticación;

  • velocidad de consumo;

  • saciedad;

  • cantidad ingerida

puede ser diferente.

A esta estructura global la llamamos matriz alimentaria.

Ultraprocesados y aumento de peso

El aumento de peso no depende de un único alimento.

Es el resultado de una interacción entre:

  • consumo energético;

  • actividad física;

  • sueño;

  • genética;

  • estrés;

  • entorno;

  • medicamentos;

  • hormonas;

  • situación social;

  • salud mental.

Sin embargo, una alimentación con una elevada presencia de ultraprocesados puede favorecer una mayor ingesta energética por varios mecanismos:

  • alta palatabilidad;

  • velocidad de consumo;

  • baja saciedad;

  • grandes porciones;

  • disponibilidad constante;

  • publicidad;

  • facilidad de transporte;

  • consumo sin hambre;

  • menor necesidad de preparación.

Por tanto, el problema no es únicamente su composición nutricional, sino también la forma en que se consumen.

El tamaño de las porciones

Los envases han aumentado progresivamente en muchos productos.

Una bolsa individual puede contener varias raciones teóricas.

Una bebida puede aportar dos o tres veces la cantidad que una persona consumiría en un vaso pequeño.

Cuando comemos directamente del envase resulta más difícil percibir cuánto hemos consumido.

Servir una porción en un plato o recipiente puede ayudar a recuperar una referencia visual.

Comer sin atención

Los ultraprocesados se consumen con frecuencia mientras realizamos otras actividades:

  • viendo televisión;

  • trabajando;

  • conduciendo;

  • utilizando el móvil;

  • jugando;

  • caminando.

Cuando la atención está centrada en otra tarea, podemos registrar peor la cantidad consumida y la sensación de saciedad.

Esto explica por qué es posible terminar una bolsa entera sin recordar claramente haber tomado la decisión de seguir comiendo.

El papel del marketing

La publicidad alimentaria utiliza mensajes capaces de influir en nuestras elecciones:

  • “natural”;

  • “artesano”;

  • “fitness”;

  • “proteico”;

  • “con cereales”;

  • “sin aceite de palma”;

  • “fuente de vitaminas”;

  • “bajo en grasa”;

  • “sin gluten”;

  • “ecológico”.

Estos términos pueden ser correctos, pero no garantizan que el producto sea nutricionalmente adecuado.

Por ejemplo:

  • un alimento sin gluten puede contener grandes cantidades de azúcar y grasa;

  • una galleta con avena puede seguir siendo una galleta;

  • una barrita proteica puede aportar una formulación compleja y muy dulce;

  • un producto ecológico puede ser ultraprocesado.

La parte frontal del envase está diseñada para vender.

La lista de ingredientes y la tabla nutricional proporcionan información más útil.

¿Cómo identificar un ultraprocesado?

No existe una regla perfecta, pero algunos indicios pueden ayudar.

Lista de ingredientes muy larga

Una lista extensa no convierte automáticamente un producto en perjudicial, pero puede indicar una formulación industrial compleja.

Ingredientes que no utilizamos en una cocina doméstica

Por ejemplo:

  • jarabes;

  • aislados;

  • proteínas modificadas;

  • grasas interesterificadas;

  • aromas;

  • emulsionantes;

  • potenciadores;

  • maltodextrina;

  • almidones modificados.

Presencia de varios tipos de azúcares

El azúcar puede aparecer bajo nombres como:

  • glucosa;

  • fructosa;

  • jarabe;

  • dextrosa;

  • maltosa;

  • concentrado de zumo;

  • azúcar invertido;

  • sirope.

Dividirlo entre varios ingredientes puede hacer que ninguno aparezca en primer lugar, aunque la cantidad total sea elevada.

Producto listo para comer y muy palatable

Muchos ultraprocesados están diseñados para abrir y consumir sin preparación.

Gran número de mensajes promocionales

Cuantas más afirmaciones aparecen en la parte frontal, más importante resulta revisar el contenido real.

Los alimentos básicos como una manzana, una lenteja o una sardina no necesitan explicar en letras grandes que son saludables.

Cómo leer una etiqueta sin obsesionarse

La lectura de etiquetas puede resultar útil, pero no debería convertir cada compra en un examen.

Podemos centrarnos en cuatro elementos.

1. Lista de ingredientes

Los ingredientes aparecen ordenados de mayor a menor cantidad.

Los primeros suelen representar la mayor parte del producto.

2. Azúcares

Conviene diferenciar los azúcares totales de los añadidos cuando la información esté disponible.

Un yogur natural contiene lactosa de forma natural, aunque no tenga azúcar añadido.

3. Fibra

Una mayor cantidad de fibra puede mejorar el perfil del producto, pero no transforma automáticamente un ultraprocesado en un alimento básico.

4. Sal

Muchos panes, salsas, embutidos, platos preparados y aperitivos aportan cantidades importantes.

El sodio puede acumularse a lo largo del día incluso sin utilizar mucho el salero.

No todo debe cocinarse desde cero

Recomendar que cada persona compre alimentos frescos y cocine todas sus comidas puede resultar poco realista.

Muchas personas tienen:

  • horarios largos;

  • responsabilidades familiares;

  • poca experiencia culinaria;

  • limitaciones económicas;

  • problemas de movilidad;

  • falta de tiempo.

Existen alimentos procesados cómodos que pueden ayudar a construir comidas equilibradas:

  • verduras congeladas;

  • legumbres en frasco;

  • pescado en conserva;

  • ensaladas lavadas;

  • gazpacho con una composición sencilla;

  • huevos cocidos;

  • arroz integral listo para calentar;

  • hummus;

  • yogur natural;

  • fruta congelada;

  • frutos secos tostados;

  • pan integral.

El objetivo no es rechazar la comodidad, sino elegir opciones que faciliten una alimentación de mayor calidad.

¿Debemos eliminar completamente los ultraprocesados?

En la mayoría de las personas no es necesario ni realista.

Una prohibición absoluta puede generar:

  • ansiedad;

  • culpa;

  • rigidez;

  • sensación de fracaso;

  • dificultad para socializar;

  • episodios de consumo excesivo.

La alimentación saludable no exige perfección.

Lo importante es la frecuencia, la cantidad y el lugar que ocupan estos productos dentro del patrón global.

Un alimento ocasional no determina la salud.

El problema aparece cuando se convierte en la base cotidiana de la alimentación.

La regla de la frecuencia

Podemos pensar en tres niveles.

Alimentos de consumo habitual

  • verduras;

  • frutas;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • pescado;

  • huevos;

  • lácteos o alternativas adecuadas;

  • carnes no procesadas;

  • aceite de oliva.

Alimentos de consumo complementario

  • conservas;

  • panes;

  • quesos;

  • salsas sencillas;

  • platos preparados de buena composición;

  • productos que facilitan la organización.

Alimentos de consumo ocasional

  • bollería;

  • golosinas;

  • refrescos;

  • aperitivos;

  • postres industriales;

  • comida rápida;

  • productos muy azucarados o salados.

No se trata de aplicar porcentajes exactos, sino de procurar que los alimentos básicos ocupen la mayor parte de la alimentación.

Ultraprocesados y niños

Los niños son especialmente vulnerables al marketing.

Los productos dirigidos a ellos suelen utilizar:

  • personajes;

  • regalos;

  • colores intensos;

  • formas divertidas;

  • mensajes sobre vitaminas;

  • envases pequeños;

  • sabores muy dulces.

La exposición repetida puede moldear sus preferencias alimentarias.

Esto no significa que un niño no pueda comer nunca una galleta o un helado.

Significa que conviene evitar que estos productos se conviertan en el sabor de referencia de toda su alimentación.

Ultraprocesados y personas mayores

Las personas mayores pueden recurrir a estos productos por:

  • falta de apetito;

  • dificultad para cocinar;

  • problemas dentales;

  • vivir solas;

  • pérdida de movilidad;

  • menor capacidad económica;

  • cansancio.

En estos casos, el consejo debe ser práctico y compasivo.

Algunas alternativas sencillas son:

  • cremas de verduras;

  • legumbres cocidas;

  • pescado en conserva;

  • tortilla;

  • yogur;

  • fruta blanda;

  • verduras congeladas;

  • purés enriquecidos;

  • platos preparados cuidadosamente seleccionados.

La prioridad es mejorar la alimentación sin aumentar innecesariamente la dificultad diaria.

Ultraprocesados y salud de la piel

Una alimentación basada en ultraprocesados puede desplazar alimentos que aportan:

  • proteínas;

  • vitamina C;

  • vitamina A;

  • vitamina E;

  • zinc;

  • grasas insaturadas;

  • fibra;

  • compuestos vegetales.

Esto no significa que una galleta cause arrugas directamente.

El envejecimiento cutáneo es multifactorial.

Sin embargo, el patrón alimentario global influye en:

  • salud metabólica;

  • inflamación;

  • composición corporal;

  • disponibilidad de nutrientes;

  • bienestar general.

La piel no se alimenta de un producto milagroso, sino del conjunto de nutrientes que llegan al organismo.

Ultraprocesados y microbiota

Una alimentación poco variada y baja en fibra puede reducir el sustrato disponible para determinadas bacterias intestinales.

Muchos ultraprocesados desplazan:

  • legumbres;

  • frutas;

  • verduras;

  • cereales integrales;

  • frutos secos.

Por tanto, su relación con la microbiota puede depender tanto de lo que contienen como de los alimentos que sustituyen.

Algunos aditivos también están siendo investigados por sus posibles efectos sobre la microbiota y la barrera intestinal, pero todavía no se pueden generalizar todos los resultados experimentales a la población humana.

¿Son peligrosos todos los aditivos?

No.

Los aditivos autorizados se evalúan para las condiciones de uso establecidas.

Cumplen funciones como:

  • conservar;

  • evitar contaminaciones;

  • mantener la textura;

  • estabilizar;

  • mejorar el aspecto;

  • impedir la oxidación.

La palabra “químico” no significa peligroso.

Todo alimento está formado por sustancias químicas, incluida el agua.

El debate sobre los ultraprocesados no debe reducirse a temer ingredientes con nombres desconocidos.

El problema principal suele ser el patrón alimentario global, la formulación y el consumo frecuente.

Productos vegetarianos y veganos ultraprocesados

Que un producto sea vegetal no significa automáticamente que sea saludable.

Algunas hamburguesas vegetales, quesos veganos, postres y bebidas pueden contener:

  • almidones;

  • aceites refinados;

  • sal;

  • aromas;

  • espesantes;

  • aislados de proteínas.

Pueden resultar útiles por razones éticas, prácticas o de preferencia, pero conviene valorar su composición.

Una alimentación vegetal saludable se basa principalmente en:

  • legumbres;

  • verduras;

  • frutas;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • semillas.

No exclusivamente en imitaciones industriales de productos animales.

Productos ricos en proteínas

El mercado ofrece:

  • batidos;

  • barritas;

  • galletas;

  • puddings;

  • cereales;

  • panes;

  • helados

con mensajes relacionados con las proteínas.

Algunos pueden ser útiles en situaciones concretas.

Sin embargo, añadir proteína no elimina automáticamente otros aspectos de la formulación.

Un producto puede ser rico en proteína y, al mismo tiempo:

  • muy dulce;

  • muy salado;

  • poco saciante;

  • caro;

  • innecesario.

La proteína también puede obtenerse mediante alimentos sencillos como huevos, yogur, pescado, legumbres o tofu.

Mitos y realidades

“Todo alimento procesado es malo.”

Mito.

La congelación, la pasteurización o la cocción son formas de procesamiento que mejoran la seguridad y la conservación.

“Un producto sin conservantes siempre es mejor.”

Mito.

Los conservantes pueden prevenir el crecimiento de microorganismos y aumentar la seguridad.

La ausencia de conservantes no garantiza una mejor composición.

“Los ultraprocesados son tóxicos.”

Simplificación inadecuada.

No suelen actuar como un veneno inmediato.

El problema se relaciona con su consumo frecuente, la elevada ingesta energética, el desplazamiento de alimentos nutritivos y el patrón global.

“Basta con contar calorías.”

Incompleto.

Las calorías importan para el balance energético, pero la textura, el volumen, la fibra, la proteína, la velocidad de consumo y la saciedad influyen en cuánto comemos.

“Un producto ecológico no es ultraprocesado.”

Mito.

Puede estar elaborado con ingredientes ecológicos y seguir siendo una formulación industrial rica en azúcar, grasa o sal.

“Un producto sin azúcar es siempre saludable.”

Mito.

Puede contener harinas refinadas, grasas, sal, edulcorantes o una elevada densidad energética.

“Comer ocasionalmente ultraprocesados arruina una dieta.”

Mito.

La salud depende del patrón mantenido en el tiempo, no de una decisión aislada.

Estrategias para reducir los ultraprocesados

No depender de la fuerza de voluntad

Resulta más eficaz modificar el entorno.

Por ejemplo:

  • no almacenar grandes cantidades de aperitivos;

  • dejar fruta visible;

  • preparar raciones;

  • tener alimentos sencillos disponibles;

  • no comprar con hambre.

Mejorar una comida cada vez

No es necesario transformar toda la alimentación en un día.

Podemos empezar por:

  • sustituir el desayuno;

  • mejorar la merienda;

  • añadir verduras en la cena;

  • cocinar legumbres una vez por semana.

Utilizar alimentos de conveniencia saludables

  • verduras congeladas;

  • legumbres cocidas;

  • pescado en conserva;

  • fruta cortada;

  • ensaladas preparadas;

  • huevos;

  • yogur natural;

  • arroz listo para calentar.

Combinar en lugar de prohibir

Si una persona quiere tomar una pizza, puede acompañarla de una ensalada y ajustar la cantidad.

Si desea chocolate, puede servir una porción en lugar de comer directamente del envase.

La flexibilidad favorece la continuidad.

Comer sentado y sin pantallas

Prestar atención ayuda a percibir mejor el sabor, la cantidad y la saciedad.

Servir la comida

Evitar comer directamente de bolsas, cajas o envases grandes.

Planificar emergencias

Tener alternativas para días con poco tiempo:

  • tortilla;

  • ensalada con legumbres;

  • yogur con fruta y frutos secos;

  • pescado en conserva con pan integral;

  • crema de verduras;

  • pollo asado con verduras congeladas.

Un ejemplo práctico

Opción basada en ultraprocesados

  • desayuno: galletas y bebida azucarada;

  • media mañana: barrita;

  • comida: pizza industrial;

  • merienda: bollería;

  • cena: aperitivos y embutido.

Opción práctica con alimentos sencillos

  • desayuno: yogur natural, avena y fruta;

  • media mañana: plátano y almendras;

  • comida: garbanzos cocidos, tomate, atún y aceite de oliva;

  • merienda: pan integral con queso;

  • cena: verduras congeladas salteadas con tortilla.

La segunda opción tampoco exige cocinar durante horas.

La diferencia se encuentra en la calidad de los alimentos y en su capacidad para aportar saciedad y nutrientes.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños no utilizamos la alimentación como una herramienta de culpa.

Nuestro objetivo no es clasificar a las personas según si comen “bien” o “mal”.

Analizamos:

  • horarios;

  • nivel de hambre;

  • entorno familiar;

  • trabajo;

  • capacidad para cocinar;

  • preferencias;

  • presupuesto;

  • salud metabólica;

  • relación emocional con la comida.

Reducir los ultraprocesados no consiste en exigir perfección, sino en crear un entorno donde la elección saludable resulte más sencilla.

Una recomendación solo es útil cuando puede aplicarse a la vida real.

Ideas clave

  • Procesado no significa automáticamente perjudicial.

  • Los ultraprocesados son formulaciones industriales diseñadas para resultar cómodas y muy agradables.

  • Su textura, densidad energética y velocidad de consumo pueden favorecer una mayor ingesta.

  • El marketing puede crear una imagen saludable que no siempre refleja la composición completa.

  • No es necesario eliminar todos los ultraprocesados.

  • La frecuencia y el lugar que ocupan dentro de la alimentación son más importantes que un consumo ocasional.

  • Los alimentos procesados sencillos pueden facilitar una dieta equilibrada.

  • Modificar el entorno suele ser más eficaz que depender únicamente de la fuerza de voluntad.

  • Una alimentación saludable debe ser práctica, flexible y compatible con la vida cotidiana.

Aplicación práctica: cómo mejorar la cesta de la compra

Elegir con frecuencia

  • verduras frescas o congeladas;

  • frutas;

  • legumbres cocidas;

  • huevos;

  • pescado;

  • conservas sencillas;

  • yogur natural;

  • frutos secos;

  • avena;

  • pan integral;

  • arroz;

  • patata;

  • aceite de oliva.

Comparar productos similares

Cuando existan varias opciones, revisar:

  • primeros ingredientes;

  • cantidad de azúcar;

  • sal;

  • fibra;

  • tamaño de la ración;

  • precio;

  • utilidad real.

Comprar formatos adecuados

Los envases individuales pueden facilitar el control en algunas personas, mientras que los formatos grandes pueden ser más económicos.

La elección debe adaptarse a cada hogar.

No acudir con hambre intensa

El hambre puede aumentar la atracción por alimentos de consumo inmediato y alta palatabilidad.

Preguntas frecuentes

¿El pan es un ultraprocesado?

Depende de su composición.

Un pan elaborado con harina, agua, levadura y sal es un alimento procesado sencillo.

Otros panes industriales pueden contener numerosos ingredientes y aditivos, aunque esto no significa que todos deban eliminarse.

¿El yogur es ultraprocesado?

El yogur natural elaborado con leche y fermentos es un alimento procesado.

Los postres lácteos con grandes cantidades de azúcar, aromas y otros ingredientes pueden considerarse ultraprocesados.

¿Las conservas son saludables?

Muchas pueden formar parte de una alimentación equilibrada.

Conviene revisar la sal y elegir el líquido de cobertura según las necesidades.

¿Las verduras congeladas pierden todas sus vitaminas?

No.

La congelación conserva gran parte de los nutrientes y puede ser una opción práctica excelente.

¿Los edulcorantes convierten un producto en saludable?

No.

Pueden reducir el contenido de azúcar, pero no determinan por sí solos la calidad completa del alimento.

¿Una barrita de cereales es una buena merienda?

Depende de la composición, pero muchas contienen azúcar, jarabes y poca cantidad de cereal integral.

Una fruta con frutos secos o un yogur puede ser una alternativa más sencilla y saciante.

¿Puedo comer comida rápida alguna vez?

Sí.

La frecuencia, la cantidad y el patrón global son más importantes que una comida aislada.

¿Cómo reduzco los ultraprocesados sin gastar más?

Algunos alimentos nutritivos y económicos son:

  • legumbres;

  • huevos;

  • avena;

  • arroz;

  • patata;

  • verduras congeladas;

  • conservas de pescado;

  • fruta de temporada.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos uno de los ingredientes más presentes en la alimentación moderna:

El azúcar: qué ocurre en el organismo cuando lo consumimos y por qué no todos los azúcares son iguales.

Explicaremos:

  • la diferencia entre glucosa, fructosa, sacarosa y lactosa;

  • qué son los azúcares libres y los azúcares añadidos;

  • por qué una fruta no equivale a un refresco;

  • cómo influye el azúcar líquido en la saciedad;

  • su relación con caries, triglicéridos y salud metabólica;

  • qué significa realmente “sin azúcar añadido”;

  • el papel de los edulcorantes;

  • cómo reducir el consumo sin desarrollar miedo a los alimentos.

También desmontaremos la idea de que el azúcar actúa como un veneno aislado y veremos por qué el contexto, la dosis y la frecuencia son esenciales para comprender su impacto.

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Capítulo 21

El azúcar

Qué ocurre realmente en tu cuerpo cuando lo consumes
El azúcar no es un veneno, pero tampoco es inocuo cuando desplaza de forma habitual a alimentos más nutritivos o se consume en cantidades excesivas.

Una historia cotidiana

Lucía tiene 39 años.

Está convencida de que apenas consume azúcar.

No añade azúcar al café.

No toma bollería todos los días.

No compra caramelos.

Sin embargo, cuando revisamos su alimentación aparecen varias fuentes que hasta entonces no había identificado:

  • cereales de desayuno;

  • yogures con sabor;

  • kétchup;

  • barritas;

  • bebidas vegetales azucaradas;

  • refrescos “ocasionales”;

  • zumos;

  • salsas;

  • productos “fitness”.

Lucía no estaba comiendo azúcar con una cucharilla.

Pero sí lo estaba consumiendo varias veces al día sin darse cuenta.

Su caso refleja una realidad muy frecuente:

El problema no suele ser únicamente el azúcar que añadimos, sino el que forma parte de muchos productos cotidianos.

Introducción

El azúcar ocupa un lugar paradójico en nuestra alimentación.

Por un lado, forma parte de alimentos completamente normales como:

  • frutas;

  • leche;

  • verduras;

  • cereales.

Por otro, el consumo excesivo de azúcares libres o añadidos se asocia con problemas como:

  • caries dental;

  • aumento de la ingesta energética;

  • peor control metabólico en determinados contextos;

  • incremento de triglicéridos;

  • mayor facilidad para ganar peso cuando desplazan a alimentos más saciantes.

El problema aparece cuando utilizamos una sola palabra —“azúcar”— para describir sustancias y alimentos que se comportan de manera diferente.

Por eso, para entender este capítulo necesitamos comenzar diferenciando conceptos.

¿Qué es realmente un azúcar?

Desde el punto de vista químico, los azúcares son hidratos de carbono simples.

Entre los más importantes se encuentran:

  • glucosa;

  • fructosa;

  • galactosa;

  • sacarosa;

  • lactosa;

  • maltosa.

Todos ellos son azúcares, pero no aparecen en los mismos alimentos ni tienen exactamente la misma función.

Glucosa

La glucosa es una de las principales fuentes de energía del organismo.

Después de consumir hidratos de carbono, muchos terminan transformándose total o parcialmente en glucosa.

La sangre transporta esta glucosa hasta los tejidos, donde puede:

  • utilizarse inmediatamente;

  • almacenarse como glucógeno;

  • transformarse en otros compuestos.

El cerebro, los músculos y numerosos órganos dependen de una disponibilidad adecuada de glucosa.

Por tanto:

La glucosa no es una sustancia tóxica. Es una molécula esencial.

El problema aparece cuando su regulación se altera de forma mantenida, como ocurre en la resistencia a la insulina o la diabetes.

Fructosa

La fructosa se encuentra de forma natural en:

  • frutas;

  • algunas verduras;

  • miel.

También forma parte de la sacarosa, el azúcar común.

La fructosa presente en una pieza de fruta llega acompañada de:

  • fibra;

  • agua;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • compuestos vegetales.

Esto modifica su absorción, su velocidad de consumo y su efecto sobre la saciedad.

No es equivalente a beber una gran cantidad de fructosa en forma de refresco, sirope o zumo.

Sacarosa

La sacarosa es el azúcar de mesa.

Está formada por:

  • una molécula de glucosa;

  • una molécula de fructosa.

Se obtiene principalmente de la caña de azúcar o de la remolacha.

Cuando la consumimos, el sistema digestivo separa sus dos componentes antes de absorberlos.

Lactosa

La lactosa es el azúcar natural de la leche.

Está compuesta por:

  • glucosa;

  • galactosa.

Las personas con intolerancia a la lactosa tienen una menor actividad de la enzima lactasa, encargada de dividirla.

Esto puede producir:

  • gases;

  • distensión;

  • diarrea;

  • molestias abdominales.

La intolerancia a la lactosa no significa que el azúcar sea perjudicial para todo el mundo, sino que una persona concreta no puede digerirlo adecuadamente.

Azúcares naturales y azúcares libres

Esta diferencia es fundamental.

Azúcares naturalmente presentes

Son los que forman parte de la estructura original del alimento.

Por ejemplo:

  • fructosa en una manzana;

  • lactosa en la leche;

  • azúcares naturales de una zanahoria.

El alimento completo aporta otros nutrientes y una matriz que modifica la forma en que se consume y digiere.

Azúcares libres

Incluyen los azúcares:

  • añadidos por fabricantes;

  • añadidos durante la cocina;

  • añadidos por el consumidor;

  • presentes de forma natural en mieles, jarabes, zumos y concentrados.

Este grupo es el que preocupa especialmente desde el punto de vista de salud pública.

¿Sabías que...?

Cuando exprimimos una fruta, eliminamos o reducimos parte de la estructura física y la fibra que ralentizan el consumo.

Por eso podemos beber el azúcar de varias naranjas en pocos minutos, mientras que comer esas mismas naranjas enteras resultaría mucho más lento y saciante.

¿Por qué el azúcar líquido merece especial atención?

Las bebidas azucaradas presentan varias características:

  • se consumen rápidamente;

  • producen poca saciedad;

  • aportan energía sin necesidad de masticar;

  • permiten ingerir grandes cantidades en poco tiempo.

Una bebida puede aportar varias cucharaditas de azúcar sin que el cerebro registre el mismo nivel de saciedad que produciría una comida sólida con igual cantidad de energía.

Por eso, reducir bebidas azucaradas suele ser una de las estrategias más sencillas y eficaces para mejorar el patrón alimentario.

¿Cuánto azúcar consumimos sin darnos cuenta?

Muchos productos cotidianos pueden contener azúcares añadidos:

  • cereales;

  • barritas;

  • panes especiales;

  • salsas;

  • kétchup;

  • yogures;

  • batidos;

  • postres;

  • bebidas vegetales;

  • productos infantiles;

  • comidas preparadas.

Esto no significa que debamos tener miedo a cada gramo.

La clave es observar el conjunto del día.

El azúcar y la insulina

Cuando la glucosa en sangre aumenta después de una comida, el páncreas libera insulina.

La insulina ayuda a que la glucosa entre en las células y contribuye a mantener la glucemia dentro de rangos adecuados.

La insulina no es “la hormona que engorda”.

Es una hormona esencial para la vida.

El problema aparece cuando existe:

  • resistencia a la insulina;

  • exceso energético mantenido;

  • sedentarismo;

  • acumulación de grasa visceral;

  • predisposición genética;

  • otros factores metabólicos.

Reducir la explicación de la obesidad únicamente a “subidas de insulina” es una simplificación excesiva.

¿El azúcar se convierte automáticamente en grasa?

No.

El organismo puede utilizar la glucosa para:

  • producir energía;

  • reponer glucógeno muscular;

  • reponer glucógeno hepático.

Cuando existe un exceso energético mantenido, parte de esa energía puede terminar almacenándose como grasa corporal.

Pero esto también puede ocurrir con otras fuentes energéticas.

El problema no es que una cucharadita de azúcar se convierta automáticamente en tejido adiposo, sino el exceso sostenido dentro del conjunto de la alimentación.

Azúcar y aumento de peso

El azúcar puede favorecer el aumento de peso cuando:

  • aporta muchas calorías;

  • se consume en forma líquida;

  • reduce la saciedad;

  • desplaza alimentos más nutritivos;

  • facilita un consumo frecuente;

  • forma parte de productos muy palatables.

Sin embargo, el aumento de peso sigue dependiendo de múltiples factores.

No existe una única sustancia responsable de todos los casos de obesidad.

Azúcar y caries

Aquí la relación es especialmente clara.

Las bacterias de la boca utilizan determinados azúcares y producen ácidos capaces de dañar el esmalte dental.

La frecuencia del consumo importa mucho.

No es lo mismo:

  • tomar un alimento dulce durante una comida;

que

  • consumir pequeñas cantidades de azúcar constantemente durante todo el día.

Cada exposición puede favorecer un nuevo descenso del pH de la boca.

Por eso, la salud dental depende tanto de la cantidad como de la frecuencia.

Azúcar y triglicéridos

Una alimentación con un exceso de energía y grandes cantidades de azúcares simples, especialmente en determinadas personas, puede contribuir a elevar los triglicéridos.

Este efecto suele ser más relevante cuando se combina con:

  • exceso de peso;

  • resistencia a la insulina;

  • consumo de alcohol;

  • sedentarismo.

No significa que una pieza de fruta aumente peligrosamente los triglicéridos.

De nuevo, el contexto importa.

Azúcar y hígado graso

El hígado graso no alcohólico, actualmente denominado dentro de nuevos marcos clínicos de enfermedad hepática metabólica, está relacionado con factores como:

  • exceso de grasa corporal;

  • resistencia a la insulina;

  • alteraciones metabólicas;

  • dieta;

  • actividad física;

  • genética.

Un consumo elevado de bebidas azucaradas y exceso de energía puede contribuir al problema.

No obstante, atribuir el hígado graso exclusivamente a la fructosa o al azúcar sería incorrecto.

¿El azúcar causa diabetes?

No de forma directa y aislada.

La diabetes tipo 2 es una enfermedad multifactorial.

Entre los principales factores se encuentran:

  • genética;

  • exceso de grasa visceral;

  • resistencia a la insulina;

  • sedentarismo;

  • edad;

  • patrón alimentario;

  • sueño;

  • algunos medicamentos.

Las bebidas azucaradas y una alimentación de baja calidad pueden aumentar el riesgo, especialmente cuando favorecen el aumento de peso.

Pero decir que “comer azúcar causa diabetes” es una explicación demasiado simple.

Azúcar y envejecimiento

En capítulos anteriores hablamos de la glicación.

Cuando determinadas moléculas de azúcar reaccionan con proteínas pueden formarse productos finales de glicación avanzada.

Estos compuestos participan en procesos relacionados con:

  • envejecimiento tisular;

  • rigidez de algunas proteínas;

  • alteraciones vasculares;

  • estrés oxidativo.

Sin embargo, el organismo humano regula estos procesos de forma compleja.

No significa que comer un alimento dulce provoque directamente arrugas.

El envejecimiento depende de:

  • edad;

  • exposición solar;

  • tabaco;

  • metabolismo;

  • genética;

  • alimentación global;

  • enfermedades;

  • otros factores.

La glicación es una pieza más del rompecabezas.

¿La fruta tiene demasiado azúcar?

Este es uno de los mitos más frecuentes.

La fruta contiene azúcares, pero también aporta:

  • fibra;

  • agua;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • polifenoles;

  • volumen;

  • saciedad.

La evidencia disponible asocia habitualmente el consumo de fruta entera con patrones dietéticos saludables.

En la mayoría de las personas no existe razón para eliminarla por miedo al azúcar.

Las recomendaciones pueden adaptarse en situaciones clínicas específicas, pero no debe demonizarse.

¿Qué ocurre con el plátano, las uvas o el mango?

Algunas frutas contienen más azúcares por 100 gramos que otras.

Eso no las convierte en alimentos poco saludables.

La elección puede ajustarse según:

  • preferencias;

  • actividad física;

  • diabetes;

  • tolerancia individual;

  • cantidad total;

  • objetivos nutricionales.

La fruta completa sigue siendo muy diferente de una bebida azucarada.

¿La miel es mejor que el azúcar?

La miel contiene:

  • glucosa;

  • fructosa;

  • agua;

  • pequeñas cantidades de otras sustancias.

Puede aportar compuestos interesantes en cantidades reducidas, pero desde el punto de vista energético sigue siendo principalmente una fuente de azúcares libres.

No debe considerarse un endulzante ilimitado por ser “natural”.

Azúcar moreno, panela y sirope

Cambiar el azúcar blanco por:

  • azúcar moreno;

  • panela;

  • sirope de agave;

  • miel;

  • azúcar de coco

no transforma radicalmente la alimentación.

Pueden existir pequeñas diferencias de sabor o composición, pero nutricionalmente siguen aportando cantidades importantes de azúcares.

El cambio verdaderamente relevante es reducir la dependencia del sabor excesivamente dulce.

“Sin azúcar añadido”

Esta frase significa que durante la fabricación no se ha añadido azúcar bajo determinadas condiciones regulatorias.

Pero el producto puede contener azúcares naturales.

Por ejemplo:

un zumo puede indicar “sin azúcar añadido” y contener una cantidad elevada de azúcares procedentes de la fruta.

Por eso conviene distinguir:

  • azúcar añadido;

  • azúcar total.

“Sin azúcar”

Tampoco significa automáticamente:

  • bajo en calorías;

  • saludable;

  • nutritivo.

Un producto sin azúcar puede contener:

  • grasas;

  • harinas refinadas;

  • edulcorantes;

  • almidones;

  • sal.

De nuevo, debemos valorar el alimento completo.

Edulcorantes

Los edulcorantes proporcionan sabor dulce con poca o ninguna energía.

Entre ellos se encuentran:

  • aspartamo;

  • sucralosa;

  • sacarina;

  • acesulfamo K;

  • estevia y glucósidos de esteviol;

  • otros.

Pueden ayudar a reducir el consumo de azúcar en determinadas personas.

Sin embargo, tampoco deben interpretarse como una solución mágica.

El objetivo ideal a largo plazo puede ser disminuir progresivamente la necesidad de sabores extremadamente dulces.

¿Son peligrosos los edulcorantes?

Los edulcorantes autorizados han sido evaluados para los niveles de consumo permitidos.

Eso no significa que sean necesarios.

Pueden ser herramientas útiles, especialmente para sustituir bebidas azucaradas.

Pero una alimentación saludable no debería basarse exclusivamente en productos con sabor dulce, aunque sean sin azúcar.

¿El azúcar es adictivo?

La palabra “adicción” debe utilizarse con cuidado.

Los alimentos muy palatables pueden activar sistemas cerebrales relacionados con recompensa y motivación.

Algunas personas experimentan:

  • deseo intenso;

  • dificultad para controlar la cantidad;

  • consumo emocional;

  • sensación de pérdida de control.

Sin embargo, esto no significa necesariamente que el azúcar produzca una adicción idéntica a la de sustancias como la nicotina o determinadas drogas.

El comportamiento alimentario es complejo e intervienen:

  • emociones;

  • hábitos;

  • entorno;

  • disponibilidad;

  • sueño;

  • estrés;

  • aprendizaje;

  • restricción dietética.

El peligro de prohibir completamente el azúcar

Cuando una persona decide:

“Nunca más comeré azúcar”

puede producirse un fenómeno de restricción excesiva.

Después, ante una ocasión social o un momento de estrés, puede aparecer un consumo descontrolado seguido de culpa.

Una estrategia más sostenible suele ser:

  • reducir la frecuencia;

  • mejorar el entorno;

  • disminuir bebidas azucaradas;

  • priorizar alimentos naturales;

  • reservar dulces para situaciones concretas.

La alimentación debe ser saludable y también compatible con la vida social.

Cómo reducir el azúcar sin sufrir

Empezar por las bebidas

Sustituir:

  • refrescos;

  • zumos;

  • bebidas energéticas;

  • cafés azucarados

por:

  • agua;

  • agua con gas;

  • café sin azúcar;

  • infusiones;

  • bebidas sin azúcar de forma transitoria.

Puede producir una reducción importante sin cambiar toda la dieta.

Reducir gradualmente el azúcar del café

Si una persona utiliza dos cucharaditas, puede pasar a:

  • una y media;

  • una;

  • media;

  • ninguna.

El paladar se adapta.

Elegir yogur natural

Podemos añadir:

  • fruta;

  • canela;

  • cacao puro;

  • frutos secos.

Esto permite controlar mejor el dulzor.

Desayunar alimentos más saciantes

Por ejemplo:

  • yogur con avena;

  • huevos con pan integral;

  • fruta con frutos secos;

  • tostada con queso o aguacate.

Reducir cereales azucarados y bollería suele disminuir el consumo total.

No almacenar grandes cantidades de dulces

El entorno importa.

Lo que está disponible se consume con mayor frecuencia.

Servir una porción

En lugar de comer directamente de una caja o bolsa.

Mitos y realidades

“El azúcar es veneno.”

Mito.

La glucosa es necesaria para múltiples funciones.

El problema es el consumo excesivo de azúcares libres dentro de una alimentación de baja calidad.

“El azúcar moreno es saludable.”

Mito.

Puede contener pequeñas cantidades de minerales, pero sigue siendo principalmente azúcar.

“La fruta engorda por su fructosa.”

Mito en términos generales.

La fruta entera forma parte de patrones alimentarios saludables y aporta fibra, agua y micronutrientes.

“La miel puede tomarse sin límite porque es natural.”

Mito.

Sigue siendo una fuente concentrada de azúcares libres.

“Los productos sin azúcar pueden comerse libremente.”

Mito.

Pueden contener otros ingredientes y una cantidad importante de energía.

“Eliminar completamente el azúcar cura la resistencia a la insulina.”

Simplificación.

La resistencia a la insulina requiere abordar:

  • composición corporal;

  • actividad física;

  • sueño;

  • alimentación global;

  • estrés;

  • enfermedades;

  • medicación cuando sea necesaria.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños no utilizamos el miedo al azúcar como herramienta para cambiar hábitos.

Nuestro objetivo es que cada paciente comprenda:

  • dónde está el azúcar;

  • qué cantidad consume;

  • en qué formato;

  • con qué frecuencia;

  • qué alimentos está desplazando;

  • cuál es su situación metabólica.

Reducir el exceso de azúcar puede mejorar notablemente la calidad de la alimentación.

Pero no es necesario vivir contando cada gramo ni sentir culpa por comer un postre ocasional.

El objetivo es construir un patrón sostenible.

Ideas clave

  • Los azúcares son hidratos de carbono simples.

  • La glucosa es una molécula esencial para el organismo.

  • No es lo mismo el azúcar de una fruta entera que el azúcar de un refresco.

  • Los azúcares libres y añadidos son los que conviene limitar especialmente.

  • Las bebidas azucaradas aportan energía con poca saciedad.

  • El azúcar influye en caries, triglicéridos y salud metabólica cuando se consume en exceso.

  • La diabetes y la obesidad son enfermedades multifactoriales.

  • La miel, la panela y el azúcar moreno siguen siendo fuentes de azúcar.

  • Los edulcorantes pueden ser útiles, pero no sustituyen una buena alimentación.

  • Reducir el azúcar progresivamente suele ser más sostenible que prohibirlo completamente.

Aplicación práctica: detectar el azúcar oculto

Durante una semana podemos revisar:

Desayuno

  • cereales;

  • cacao soluble;

  • bebidas vegetales;

  • yogures;

  • galletas.

Media mañana

  • barritas;

  • zumos;

  • cafés preparados.

Comida

  • salsas;

  • panes;

  • bebidas.

Merienda

  • postres lácteos;

  • batidos;

  • productos “fitness”.

Cena

  • salsas;

  • platos preparados;

  • refrescos.

No se trata de obsesionarse.

Se trata de identificar qué cambios aportarían mayor beneficio con menor esfuerzo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto azúcar puedo tomar?

Las recomendaciones poblacionales suelen centrarse en limitar los azúcares libres, pero la cantidad adecuada depende del contexto y de la alimentación total.

Más que perseguir una cifra exacta, resulta útil reducir bebidas azucaradas, bollería, dulces y productos con mucho azúcar añadido.

¿Puedo comer fruta si quiero adelgazar?

Sí, en la mayoría de los casos.

La fruta entera aporta fibra, agua y saciedad y puede formar parte de una alimentación para perder peso.

¿Es mejor el azúcar de coco?

No existe una ventaja metabólica importante que justifique consumirlo libremente.

Sigue siendo azúcar.

¿Los dátiles son mejores que el azúcar?

Los dátiles enteros aportan fibra y micronutrientes, pero siguen conteniendo una cantidad importante de azúcares.

Utilizarlos en recetas no convierte automáticamente el postre en ilimitado.

¿El chocolate negro tiene azúcar?

Depende del porcentaje de cacao y de la formulación.

Cuanto mayor sea el contenido en cacao, suele contener menos azúcar, pero continúa siendo un alimento energético.

¿Puedo tomar refrescos sin azúcar?

Pueden ser una alternativa para reducir el consumo de azúcar, especialmente durante una transición.

El agua debería continuar siendo la bebida principal.

¿Debo eliminar el azúcar si tengo diabetes?

Las recomendaciones deben individualizarse.

Una persona con diabetes puede necesitar controlar la cantidad y distribución de hidratos de carbono, pero el tratamiento no consiste únicamente en eliminar el azúcar.

¿El azúcar causa inflamación?

Una alimentación excesiva en energía y productos ultraprocesados puede asociarse con un entorno inflamatorio, especialmente cuando favorece obesidad y alteraciones metabólicas.

No es correcto afirmar que una pequeña cantidad de azúcar cause por sí sola inflamación sistémica significativa en todas las personas.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos una sustancia profundamente integrada en nuestra cultura y rodeada de mensajes contradictorios:

El alcohol: por qué pequeñas cantidades no son necesariamente protectoras y cómo influye en el sueño, el peso, la piel, el hígado y el envejecimiento.

Analizaremos:

  • qué ocurre desde que el alcohol entra en el organismo;

  • cómo lo metaboliza el hígado;

  • su relación con el sueño;

  • por qué aporta calorías pero pocos nutrientes;

  • alcohol y grasa abdominal;

  • alcohol y triglicéridos;

  • alcohol y cáncer;

  • vino tinto y resveratrol;

  • alcohol y salud cardiovascular;

  • por qué “una copa para relajarse” puede empeorar la calidad del descanso;

  • estrategias para reducirlo sin aislarse socialmente.

Será un capítulo especialmente importante porque pocas sustancias combinan con tanta facilidad cultura, placer, salud y riesgo.

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Capítulo 22

El alcohol

Una sustancia socialmente aceptada que el organismo debe tratar como tóxica
El hecho de que una sustancia forme parte de nuestra cultura no significa que sea necesaria para la salud.

Una historia cotidiana

Carlos tiene 52 años.

No se considera una persona que beba mucho.

Toma una copa de vino con la comida y otra con la cena. Los fines de semana suele añadir alguna cerveza o una copa cuando sale con amigos.

Durante años escuchó que el vino tinto “es bueno para el corazón”, así que nunca interpretó este hábito como un problema.

Sin embargo, empezó a notar que dormía peor, se despertaba varias veces durante la noche y había ganado grasa abdominal.

Cuando revisó su consumo descubrió algo importante:

No bebía grandes cantidades en una sola ocasión.

Pero sí consumía alcohol prácticamente todos los días.

La pregunta dejó entonces de ser:

“¿Bebo demasiado?”

y pasó a ser otra mucho más útil:

“¿Qué efecto tiene sobre mi salud la cantidad total de alcohol que consumo cada semana?”

Introducción

El alcohol forma parte de muchas culturas.

Aparece en:

  • celebraciones;

  • comidas;

  • reuniones familiares;

  • eventos sociales;

  • encuentros profesionales;

  • ocio.

Precisamente por esa normalización resulta fácil olvidar que el alcohol etílico, o etanol, es una sustancia psicoactiva que el organismo debe metabolizar y eliminar.

No es un nutriente esencial.

No necesitamos consumirlo para vivir.

Y aunque algunas bebidas alcohólicas contienen pequeñas cantidades de compuestos potencialmente interesantes, estos no convierten al alcohol en un alimento protector.

La evidencia actual obliga a abandonar mensajes simplistas como:

“Una copa de vino al día es buena para el corazón.”

La relación entre alcohol y salud depende de la cantidad, el patrón de consumo, la edad, el sexo, la genética, las enfermedades y otros factores, y no existe una cantidad que pueda considerarse completamente exenta de riesgo para todas las personas.

¿Qué es el alcohol?

El alcohol presente en las bebidas es etanol.

Se produce mediante fermentación de azúcares presentes en:

  • uvas;

  • cereales;

  • frutas;

  • otros alimentos ricos en carbohidratos.

Las bebidas pueden contener concentraciones muy diferentes.

Por ejemplo:

  • cerveza;

  • vino;

  • cava;

  • vermut;

  • licores;

  • destilados.

Lo importante no es únicamente el tipo de bebida, sino la cantidad total de alcohol puro consumido.

¿Qué ocurre cuando bebemos?

El alcohol no necesita una digestión compleja.

Se absorbe rápidamente a través del estómago y, sobre todo, del intestino delgado.

Desde allí pasa a la sangre y se distribuye por todo el organismo.

Puede alcanzar:

  • cerebro;

  • hígado;

  • corazón;

  • músculos;

  • piel;

  • prácticamente todos los tejidos.

Por eso sus efectos aparecen con rapidez.

El hígado: el gran procesador del alcohol

La mayor parte del alcohol se metaboliza en el hígado.

El proceso principal ocurre en varias etapas.

Primera etapa

El etanol se transforma en acetaldehído.

El acetaldehído es una sustancia reactiva y tóxica que puede dañar proteínas, membranas y ADN.

Segunda etapa

El acetaldehído se transforma en acetato.

El acetato puede utilizarse posteriormente en rutas metabólicas y terminar convirtiéndose en dióxido de carbono y agua.

El organismo intenta eliminar el alcohol porque no dispone de un sistema para almacenarlo de forma segura.

Por eso, mientras metabolizamos alcohol, otras tareas metabólicas pueden quedar temporalmente relegadas.

¿Sabías que...?

El organismo no puede “acelerar” de forma importante la eliminación del alcohol mediante café, duchas frías, ejercicio o agua.

El hígado necesita tiempo.

Sentirse más despierto después de un café no significa haber eliminado el alcohol de la sangre.

Alcohol y cerebro

El alcohol es un depresor del sistema nervioso central.

Puede producir inicialmente:

  • desinhibición;

  • sensación de relajación;

  • mayor sociabilidad.

Pero conforme aumenta la concentración puede afectar a:

  • coordinación;

  • juicio;

  • memoria;

  • velocidad de reacción;

  • equilibrio;

  • control de impulsos.

A concentraciones elevadas puede producir:

  • vómitos;

  • pérdida de conciencia;

  • depresión respiratoria;

  • coma;

  • muerte.

Esto explica por qué conducir después de beber representa un riesgo incluso cuando la persona se siente “bien”.

Alcohol y sueño

Uno de los mitos más frecuentes es pensar que el alcohol ayuda a dormir.

Puede facilitar inicialmente quedarse dormido porque produce sedación.

Sin embargo, eso no significa que mejore el sueño.

El alcohol puede:

  • fragmentar el descanso;

  • aumentar los despertares;

  • alterar las fases del sueño;

  • empeorar los ronquidos;

  • agravar la apnea del sueño;

  • aumentar la necesidad de orinar;

  • provocar mayor cansancio al día siguiente.

Por tanto:

Dormirse antes no equivale a dormir mejor.

Este aspecto es especialmente importante en personas que utilizan una copa nocturna “para relajarse”.

Alcohol y peso corporal

El alcohol aporta energía.

Un gramo de alcohol aporta aproximadamente 7 kilocalorías.

Esto lo sitúa energéticamente entre:

  • hidratos y proteínas: aproximadamente 4 kcal/g;

  • grasas: aproximadamente 9 kcal/g.

Sin embargo, esas calorías llegan acompañadas de pocos nutrientes esenciales.

Además, el alcohol puede favorecer el aumento de la ingesta alimentaria.

Después de beber es frecuente elegir:

  • aperitivos;

  • fritos;

  • comida rápida;

  • alimentos salados;

  • postres.

También puede disminuir el control de impulsos y alterar la percepción de saciedad.

Alcohol y grasa abdominal

No existe una relación exclusiva entre alcohol y grasa abdominal.

Sin embargo, un consumo habitual puede contribuir a un exceso energético y asociarse con:

  • mayor grasa visceral;

  • aumento de triglicéridos;

  • peor sensibilidad a la insulina;

  • alteraciones hepáticas.

El conocido término “barriga cervecera” es una simplificación, pero refleja el hecho de que el alcohol puede formar parte de un patrón que favorece el aumento de grasa corporal.

Alcohol y hígado graso

El hígado es especialmente vulnerable.

El consumo crónico de alcohol puede favorecer:

  • acumulación de grasa hepática;

  • inflamación;

  • fibrosis;

  • cirrosis.

No todas las personas que beben desarrollan enfermedad hepática y la susceptibilidad varía enormemente.

Intervienen:

  • cantidad;

  • duración;

  • genética;

  • sexo;

  • obesidad;

  • alimentación;

  • medicamentos;

  • enfermedades metabólicas.

Además, alcohol y alteraciones metabólicas pueden coexistir y potenciar el daño hepático.

Alcohol y triglicéridos

El consumo de alcohol puede aumentar los triglicéridos en determinadas personas.

El efecto puede ser especialmente relevante cuando existen:

  • exceso de peso;

  • resistencia a la insulina;

  • diabetes;

  • hígado graso;

  • dieta rica en energía.

Por ello, en pacientes con hipertrigliceridemia suele ser importante revisar el consumo de alcohol, incluso cuando este se considera “moderado”.

Alcohol y presión arterial

Un consumo elevado se asocia con mayor riesgo de hipertensión arterial.

Reducir el alcohol puede contribuir a mejorar la presión en personas que consumen cantidades relevantes.

Esto forma parte de un abordaje que también incluye:

  • peso;

  • ejercicio;

  • sodio;

  • sueño;

  • tabaco;

  • medicación cuando esté indicada.

Alcohol y corazón

Durante años se habló de una supuesta curva en “J”.

Según esta idea:

  • quienes no bebían tenían cierto riesgo;

  • quienes bebían poco tendrían menor riesgo;

  • quienes bebían mucho tendrían mayor riesgo.

Parte de esta interpretación procedía de estudios observacionales.

Sin embargo, estos estudios presentan dificultades.

Por ejemplo, dentro del grupo de “abstemios” podían incluirse personas que habían dejado de beber debido a problemas de salud.

Además, quienes bebían cantidades moderadas podían tener:

  • mejor nivel socioeconómico;

  • mayor actividad física;

  • mejor alimentación;

  • más acceso sanitario;

  • otros hábitos protectores.

Cuando se controlan mejor estos factores, el aparente beneficio cardiovascular del alcohol se vuelve mucho menos claro.

Por ello, no se recomienda empezar a beber para proteger el corazón.

El mito del vino tinto

El vino tinto contiene polifenoles, entre ellos resveratrol.

Esto dio origen a numerosos titulares:

“El vino tinto es bueno para el corazón.”

Pero existe un problema.

La cantidad de resveratrol presente en una copa es pequeña.

Para alcanzar algunas dosis utilizadas en investigaciones experimentales habría que consumir cantidades de vino incompatibles con la salud.

Los polifenoles pueden obtenerse sin alcohol a través de:

  • uvas;

  • frutos rojos;

  • frutos secos;

  • cacao;

  • aceite de oliva;

  • verduras;

  • otros alimentos vegetales.

Por tanto:

No necesitamos beber vino para obtener polifenoles.

Alcohol y cáncer

Este es uno de los aspectos que el público conoce menos.

El consumo de alcohol se asocia con un aumento del riesgo de varios tipos de cáncer.

Entre ellos se han estudiado especialmente:

  • boca;

  • faringe;

  • laringe;

  • esófago;

  • hígado;

  • mama;

  • colon y recto.

El acetaldehído generado durante su metabolismo es uno de los mecanismos implicados.

Además, el alcohol puede:

  • alterar el metabolismo hormonal;

  • aumentar el estrés oxidativo;

  • facilitar la penetración de otros carcinógenos;

  • interferir con determinados nutrientes.

El riesgo aumenta generalmente con la cantidad consumida.

Alcohol y cáncer de mama

En mujeres, incluso consumos relativamente bajos se han asociado con un aumento progresivo del riesgo de cáncer de mama.

Esto no significa que todas las mujeres que beban vayan a desarrollar cáncer.

El riesgo individual depende de muchos factores.

Pero es importante que esta información forme parte de una decisión informada, especialmente cuando el alcohol se presenta socialmente como una bebida “saludable”.

Alcohol y menopausia

Durante la menopausia pueden aparecer:

  • sofocos;

  • cambios del sueño;

  • redistribución de grasa corporal;

  • alteraciones del estado de ánimo.

En algunas mujeres el alcohol puede empeorar:

  • sofocos;

  • sueño;

  • migrañas;

  • ansiedad;

  • control del peso.

También puede interactuar con medicamentos.

Por eso, reducirlo puede ser una estrategia útil dentro de un plan global de bienestar en esta etapa.

Alcohol y hormonas

El alcohol puede influir en diferentes sistemas hormonales.

Entre otros efectos, puede modificar:

  • cortisol;

  • metabolismo de estrógenos;

  • testosterona;

  • regulación de glucosa.

Los efectos dependen de la cantidad y duración del consumo.

No es correcto atribuir todos los problemas hormonales al alcohol, pero tampoco debería ignorarse como factor modificable.

Alcohol y músculo

Las dosis elevadas, especialmente después del ejercicio, pueden interferir con la recuperación.

El alcohol puede afectar:

  • síntesis proteica;

  • hidratación;

  • sueño;

  • reposición energética;

  • coordinación.

Una persona que entrena para preservar o aumentar masa muscular debería considerar el alcohol como un factor que puede limitar parte de sus resultados cuando se consume en exceso.

Alcohol y deporte

Existe una imagen cultural de “hacer ejercicio para compensar lo que se bebe”.

El ejercicio aporta enormes beneficios, pero no neutraliza los efectos del alcohol.

No podemos “quemar” el riesgo asociado simplemente haciendo más deporte.

Actividad física y reducción del alcohol son estrategias diferentes y complementarias.

Alcohol y deshidratación

El alcohol puede aumentar la producción de orina al alterar temporalmente la regulación de la hormona antidiurética.

Esto puede contribuir a:

  • sed;

  • boca seca;

  • dolor de cabeza;

  • malestar posterior.

Sin embargo, la resaca no se explica únicamente por deshidratación.

También intervienen:

  • acetaldehído;

  • inflamación;

  • alteraciones del sueño;

  • cambios metabólicos;

  • otros compuestos presentes en algunas bebidas.

La resaca

Los síntomas pueden incluir:

  • dolor de cabeza;

  • náuseas;

  • cansancio;

  • sensibilidad a la luz;

  • irritabilidad;

  • dificultades de concentración;

  • sed.

No existe una cura instantánea.

La prevención más eficaz es limitar la cantidad de alcohol consumida.

Beber agua puede ayudar a corregir parte de la deshidratación, pero no acelera significativamente la eliminación del alcohol.

Alcohol y piel

El consumo elevado o frecuente puede afectar indirectamente al aspecto de la piel mediante:

  • deshidratación;

  • peor calidad del sueño;

  • vasodilatación;

  • alteraciones inflamatorias;

  • déficits nutricionales en consumidores crónicos;

  • empeoramiento de algunas enfermedades cutáneas.

En personas predispuestas puede agravar:

  • rosácea;

  • enrojecimiento facial;

  • algunos brotes inflamatorios.

No obstante, una copa aislada no produce envejecimiento instantáneo.

Como siempre, importan la cantidad y la frecuencia.

Alcohol y medicamentos

Las interacciones pueden ser relevantes.

Puede potenciar los efectos sedantes de:

  • ansiolíticos;

  • hipnóticos;

  • algunos antihistamínicos;

  • opioides;

  • ciertos antidepresivos.

También puede interactuar con:

  • anticoagulantes;

  • medicamentos para diabetes;

  • tratamientos hepáticos;

  • algunos antibióticos;

  • numerosos otros fármacos.

Cuando una persona toma medicación habitual, conviene consultar si es compatible con alcohol.

Alcohol y conducción

No existe una estrategia doméstica para “bajar” rápidamente la alcoholemia.

No sirven:

  • café;

  • ducharse;

  • vomitar;

  • caminar;

  • comer después;

  • beber agua.

Solo el tiempo permite metabolizar el alcohol.

Si se va a conducir, la opción más segura es no beber.

¿Existe una cantidad segura?

Esta pregunta parece sencilla, pero no lo es.

Para muchos riesgos, especialmente cáncer, no puede afirmarse que exista una cantidad completamente libre de riesgo.

Esto no significa que una persona que toma una copa ocasional vaya a enfermar.

Significa que:

Menos alcohol implica, en términos generales, menos exposición y menor riesgo.

La decisión individual debe tener en cuenta tanto el placer y la dimensión social como la información sanitaria disponible.

Personas que deberían evitarlo

Existen situaciones en las que la recomendación es especialmente clara.

Entre ellas:

  • embarazo;

  • intento de embarazo;

  • conducción;

  • menores de edad;

  • determinadas enfermedades hepáticas;

  • antecedentes de dependencia;

  • determinados medicamentos;

  • actividades que requieran coordinación o vigilancia;

  • algunas enfermedades neurológicas o metabólicas.

Alcohol y embarazo

No se conoce una cantidad segura de alcohol durante el embarazo.

El alcohol atraviesa la placenta y puede afectar al desarrollo fetal.

Por ello, la recomendación es evitarlo durante todo el embarazo.

También es aconsejable evitarlo cuando se está intentando concebir si existe posibilidad de embarazo.

¿Beber solo los fines de semana es mejor?

Depende de la cantidad.

Una persona puede no beber de lunes a viernes y consumir una gran cantidad en pocas horas durante el sábado.

El consumo episódico intensivo también conlleva riesgos importantes:

  • accidentes;

  • intoxicaciones;

  • violencia;

  • arritmias;

  • pérdida de conciencia;

  • decisiones de riesgo.

Por tanto, no importa solo el promedio semanal.

También importa cómo se distribuye.

Una bebida al día no equivale a siete el sábado

Aunque la cantidad semanal fuese similar, el efecto agudo de consumirla concentrada en pocas horas es diferente.

Esto es especialmente relevante para:

  • corazón;

  • cerebro;

  • conducción;

  • riesgo de accidentes;

  • intoxicación.

Mitos y realidades

“Una copa de vino al día es buena para el corazón.”

No debería presentarse como recomendación sanitaria.

No existe motivo para comenzar a beber con el objetivo de obtener protección cardiovascular.

“El vino es mejor que los destilados.”

No necesariamente desde el punto de vista del alcohol.

Lo importante es la cantidad de etanol.

El vino puede contener otros compuestos, pero esto no elimina los riesgos asociados al alcohol.

“Beber cerveza después de entrenar rehidrata.”

No es una estrategia óptima.

Puede aportar líquido, pero el alcohol puede interferir con hidratación, recuperación y sueño.

Agua y alimentación adecuada son opciones más eficaces.

“El alcohol ayuda a dormir.”

Mito.

Puede facilitar la sedación inicial, pero empeora la arquitectura y continuidad del sueño.

“Si solo bebo los fines de semana, no hay problema.”

No necesariamente.

Consumir grandes cantidades en poco tiempo puede producir riesgos agudos importantes.

“El alcohol se quema haciendo ejercicio.”

Mito.

El ejercicio no neutraliza sus efectos fisiológicos ni los riesgos asociados.

“El vino tinto es una buena fuente de resveratrol.”

Poco práctico.

Existen alimentos vegetales que proporcionan polifenoles sin añadir alcohol.

Cómo reducir el consumo sin aislarse socialmente

Definir días sin alcohol

Puede ayudar a romper el consumo automático diario.

Alternar con agua

Especialmente en reuniones o comidas largas.

Elegir formatos pequeños

Una copa pequeña puede ayudar a controlar mejor la cantidad.

Evitar rellenar automáticamente

Conviene saber cuántas consumiciones se han tomado.

No utilizar alcohol como tratamiento del estrés

Buscar alternativas como:

  • caminar;

  • ejercicio;

  • respiración;

  • lectura;

  • conversación;

  • ducha;

  • relajación;

  • apoyo psicológico cuando sea necesario.

Cambiar el ritual

Muchas personas no buscan el alcohol en sí, sino el momento.

Podemos sustituirlo por:

  • agua con gas;

  • bebidas sin alcohol;

  • infusiones;

  • opciones amargas sin alcohol;

  • combinaciones con cítricos.

No beber con el estómago vacío

La presencia de alimentos puede ralentizar la absorción, aunque no elimina el alcohol ni lo convierte en seguro.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños no abordamos el alcohol desde la culpa.

La pregunta útil no es:

“¿Soy una persona que bebe?”

sino:

“¿Qué papel ocupa el alcohol en mi vida y qué beneficio obtendría si redujera su consumo?”

Podemos valorar:

  • cantidad;

  • frecuencia;

  • sueño;

  • composición corporal;

  • salud hepática;

  • medicación;

  • menopausia;

  • actividad física;

  • objetivos personales.

Reducir el alcohol puede ser una de las intervenciones más sencillas para mejorar simultáneamente:

  • sueño;

  • ingesta energética;

  • recuperación física;

  • triglicéridos;

  • salud hepática;

  • bienestar general.

Ideas clave

  • El alcohol no es un nutriente esencial.

  • El organismo lo metaboliza prioritariamente porque necesita eliminarlo.

  • El acetaldehído es un intermediario tóxico del metabolismo del alcohol.

  • El alcohol aporta aproximadamente 7 kcal por gramo.

  • Puede empeorar la calidad del sueño aunque facilite quedarse dormido.

  • Su consumo frecuente puede dificultar el control del peso.

  • El consumo de alcohol se relaciona con varios tipos de cáncer.

  • No existe motivo sanitario para comenzar a beber vino con el objetivo de proteger el corazón.

  • Concentrar mucho alcohol en pocas horas implica riesgos importantes.

  • Cuanto menor sea el consumo, menor será generalmente la exposición al riesgo.

  • En embarazo, conducción y determinadas enfermedades o tratamientos, debe evitarse.

Aplicación práctica: revisar el consumo real

Durante dos semanas puede ser útil anotar:

  • qué bebida se tomó;

  • cantidad;

  • hora;

  • motivo;

  • acompañamiento;

  • calidad del sueño;

  • sensación al día siguiente.

Muchas personas descubren que beben más de lo que pensaban simplemente porque no contabilizaban:

  • la copa mientras cocinan;

  • el aperitivo;

  • la bebida de la comida;

  • la copa social;

  • el fin de semana.

Medir no sirve para culpabilizar.

Sirve para decidir.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor beber vino que cerveza?

No existe una respuesta universal.

Desde el punto de vista del riesgo asociado al alcohol, importa fundamentalmente la cantidad de etanol consumida.

¿Puedo beber alcohol si quiero adelgazar?

Puede incluirse ocasionalmente, pero aporta energía, puede aumentar el apetito y dificultar las decisiones alimentarias.

Reducirlo suele facilitar el proceso.

¿Una cerveza sin alcohol es mejor?

Puede ser una alternativa útil para reducir la exposición al alcohol.

Conviene revisar su contenido en alcohol residual, azúcar y energía según el producto.

¿El alcohol afecta a la menopausia?

Puede empeorar sueño y sofocos en algunas mujeres y aportar energía adicional.

La respuesta es individual.

¿El alcohol envejece la piel?

El consumo frecuente o elevado puede influir indirectamente mediante sueño, hidratación, inflamación y salud general.

No existe una relación simple de una copa igual a una arruga.

¿Dejar el alcohol mejora el sueño rápidamente?

Muchas personas notan cambios en días o semanas, aunque depende del consumo previo y de otras causas de insomnio.

¿Tomar agua entre copas elimina el riesgo?

No.

Puede ayudar a beber más despacio y mejorar la hidratación, pero no neutraliza el alcohol ya consumido.

¿Puedo compensar el alcohol comiendo menos?

Reducir comida para “reservar calorías” para alcohol no es una estrategia recomendable.

Puede aumentar la velocidad de absorción y favorecer una peor calidad nutricional.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo hablaremos de una sustancia que millones de personas consumen cada mañana y que, a diferencia del alcohol, presenta una relación con la salud mucho más compleja de lo que su reputación sugiere:

La cafeína y el café: energía, concentración, sueño y envejecimiento saludable.

Analizaremos:

  • cómo actúa la cafeína en el cerebro;

  • por qué nos mantiene despiertos;

  • cuánto tarda en eliminarse;

  • genética y sensibilidad individual;

  • café y salud cardiovascular;

  • café y rendimiento deportivo;

  • cafeína y ansiedad;

  • por qué una taza después de comer puede seguir afectando al sueño por la noche;

  • embarazo;

  • diferencias entre café, té, bebidas energéticas y suplementos;

  • cuándo reducir la cafeína.

También explicaremos por qué el café no debe confundirse con la cafeína aislada y qué aspectos de su consumo cuentan con mejor respaldo científico.

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Capítulo 23

Cafeína y café

Energía, concentración, rendimiento y sueño
La cafeína puede mejorar la alerta y el rendimiento, pero el momento, la dosis y la sensibilidad individual importan tanto como la cantidad total.

Una historia cotidiana

Sergio tiene 45 años.

Empieza el día con un café doble.

A media mañana toma otro.

Después de comer, uno más.

Y algunos días, cuando la tarde se hace larga, añade un último café alrededor de las cinco.

Nunca ha pensado que esto pudiera afectar a su descanso porque se duerme con facilidad.

Sin embargo, se levanta cansado, siente que no descansa profundamente y necesita café desde primera hora para funcionar.

Cuando reduce el consumo por la tarde, descubre algo inesperado:

Sigue durmiéndose igual de rápido, pero al despertarse nota una sensación de descanso mucho mayor.

Sergio no era “adicto al café” en el sentido coloquial.

Simplemente había entrado en un círculo muy frecuente:

Dormir peor, necesitar más cafeína y usar más cafeína para compensar el cansancio.

Introducción

La cafeína es probablemente la sustancia psicoactiva más consumida del mundo.

Está presente en:

  • café;

  • té;

  • cacao;

  • bebidas energéticas;

  • algunos refrescos;

  • suplementos;

  • productos deportivos;

  • ciertos medicamentos.

En cantidades moderadas, puede mejorar:

  • el estado de alerta;

  • la concentración;

  • el rendimiento físico;

  • la percepción de fatiga.

Pero también puede:

  • dificultar el sueño;

  • aumentar la ansiedad;

  • provocar palpitaciones;

  • generar dependencia física leve;

  • causar dolor de cabeza cuando se retira bruscamente.

Su efecto depende de tres factores principales:

  • dosis;

  • horario;

  • sensibilidad individual.

¿Cómo actúa la cafeína?

La cafeína actúa principalmente bloqueando los receptores de adenosina en el cerebro.

La adenosina es una molécula que se acumula durante el día y contribuye a generar sensación de cansancio.

Cuando la cafeína bloquea sus receptores, el cerebro percibe menos fatiga.

No elimina el cansancio.

Lo enmascara temporalmente.

Por eso una persona puede sentirse más despierta aunque su necesidad real de descanso siga presente.

La vida media de la cafeína

La cafeína no desaparece de inmediato.

Su vida media suele situarse alrededor de varias horas, aunque existe una gran variabilidad individual.

Esto significa que una parte importante puede seguir en el organismo mucho tiempo después de haber tomado un café.

Por ejemplo, una persona que consume cafeína a media tarde puede seguir teniendo una cantidad significativa en sangre al acostarse.

Por eso:

No basta con poder dormirse para afirmar que la cafeína no afecta al sueño.

Puede modificar la profundidad y continuidad del descanso aunque no impida conciliarlo.

¿Por qué unas personas toleran mejor la cafeína?

La respuesta depende de múltiples factores:

  • genética;

  • edad;

  • embarazo;

  • función hepática;

  • medicación;

  • hábito de consumo;

  • cantidad;

  • tabaquismo;

  • sensibilidad al sistema nervioso.

Algunas personas metabolizan la cafeína con rapidez.

Otras lo hacen lentamente.

Por eso una dosis que una persona tolera sin problemas puede provocar nerviosismo o insomnio en otra.

Café no es lo mismo que cafeína

El café contiene cafeína, pero también muchos otros compuestos:

  • polifenoles;

  • ácidos clorogénicos;

  • diterpenos;

  • minerales;

  • otras sustancias bioactivas.

Por eso no debemos confundir los efectos del café como bebida con los de la cafeína aislada.

Además, la preparación influye.

No es igual:

  • espresso;

  • café filtrado;

  • café hervido;

  • instantáneo;

  • descafeinado.

¿Cuánta cafeína contiene un café?

La cantidad puede variar mucho.

Depende de:

  • tipo de grano;

  • tamaño de la taza;

  • método de preparación;

  • cantidad utilizada;

  • tiempo de extracción.

Un espresso pequeño puede contener menos cafeína total que una taza grande de café filtrado.

Por eso hablar de “número de cafés” puede ser impreciso.

Lo importante es la cantidad total de cafeína.

Cafeína y concentración

La cafeína puede mejorar:

  • atención;

  • vigilancia;

  • tiempo de reacción;

  • sensación de energía;

  • rendimiento cognitivo en situaciones de fatiga.

Sin embargo, el beneficio tiene un límite.

Dosis más altas no siempre producen mejor concentración.

Pueden provocar:

  • nerviosismo;

  • temblor;

  • distracción;

  • palpitaciones;

  • ansiedad.

La cantidad óptima es individual.

Cafeína y rendimiento deportivo

La cafeína es una de las ayudas ergogénicas con mejor evidencia.

Puede mejorar:

  • resistencia;

  • percepción del esfuerzo;

  • capacidad para mantener intensidad;

  • rendimiento en determinadas actividades.

No obstante, no es necesaria para entrenar bien.

Además, si se consume tarde y empeora el sueño, el beneficio de una sesión concreta puede verse compensado por una peor recuperación.

En deporte, el descanso sigue siendo fundamental.

El problema de usar cafeína para compensar falta de sueño

Imaginemos esta secuencia:

  1. Dormimos poco.

  2. Tomamos más café.

  3. La cafeína permanece hasta la noche.

  4. Dormimos peor.

  5. Nos levantamos cansados.

  6. Necesitamos más cafeína.

Este ciclo puede mantenerse durante meses.

La solución no siempre es “un café más fuerte”.

En ocasiones, la intervención más eficaz consiste en revisar:

  • horario;

  • cantidad;

  • calidad del sueño;

  • exposición a pantallas;

  • estrés;

  • horarios laborales.

Cafeína y ansiedad

La cafeína estimula el sistema nervioso.

En algunas personas puede producir:

  • inquietud;

  • sensación de nerviosismo;

  • palpitaciones;

  • temblor;

  • sensación de falta de aire;

  • empeoramiento de síntomas de ansiedad.

Esto es especialmente importante en personas sensibles o que consumen dosis elevadas.

Reducir la cafeína puede formar parte de la estrategia cuando existen estos síntomas.

Cafeína y palpitaciones

Muchas personas asocian inmediatamente las palpitaciones al café.

La relación no es igual en todos los individuos.

Algunas personas toleran cantidades moderadas sin problema.

Otras presentan síntomas con dosis pequeñas.

Si las palpitaciones son:

  • frecuentes;

  • prolongadas;

  • acompañadas de mareo;

  • dolor torácico;

  • falta de aire;

  • pérdida de conocimiento,

deben valorarse médicamente y no atribuirse automáticamente a la cafeína.

Cafeína y presión arterial

La cafeína puede producir un aumento transitorio de la presión arterial, especialmente en personas poco acostumbradas.

Con el consumo habitual se desarrolla cierta tolerancia.

Esto no significa que todas las personas con hipertensión deban eliminar el café.

La recomendación debe individualizarse según:

  • respuesta personal;

  • cantidad;

  • control de la presión;

  • otras enfermedades.

Café y salud cardiovascular

Durante años se temió que el café fuera perjudicial para el corazón.

La evidencia más reciente sugiere que un consumo moderado de café en muchas personas sanas no se asocia necesariamente con un mayor riesgo cardiovascular y, en algunos estudios observacionales, se ha relacionado con resultados favorables.

Sin embargo, estos estudios no permiten afirmar que el café sea un tratamiento preventivo.

La asociación puede estar influida por otros factores.

No recomendamos empezar a beber café por motivos médicos.

Café y colesterol

Aquí el método de preparación importa.

Algunos cafés no filtrados contienen diterpenos, como cafestol y kahweol, que pueden elevar el colesterol LDL en determinadas personas.

El café filtrado con papel reduce gran parte de estos compuestos.

Por eso, en personas con colesterol elevado, el método de preparación puede ser relevante.

Café y diabetes tipo 2

Varios estudios observacionales han encontrado una asociación entre consumo habitual de café y menor incidencia de diabetes tipo 2.

Sin embargo, esto no significa que el café prevenga por sí solo la enfermedad.

La diabetes depende de:

  • genética;

  • composición corporal;

  • actividad física;

  • alimentación;

  • sueño;

  • edad;

  • otros factores.

El café puede formar parte de un patrón saludable, pero no sustituye las estrategias fundamentales.

Cafeína y sueño

La cafeína puede:

  • retrasar el inicio del sueño;

  • reducir el tiempo total;

  • disminuir el sueño profundo;

  • aumentar despertares;

  • empeorar la calidad percibida.

El efecto es especialmente importante cuando se consume durante las horas previas a acostarse.

En personas sensibles, incluso una taza tomada después de comer puede afectar al descanso nocturno.

¿A qué hora dejar de tomar café?

No existe una hora universal.

Depende de:

  • hora de acostarse;

  • velocidad de metabolización;

  • cantidad;

  • sensibilidad.

Como orientación práctica, una persona con problemas de sueño puede probar a evitar cafeína durante las 6-8 horas previas a acostarse y observar si mejora.

En personas muy sensibles, puede ser necesario retirarla antes.

¿El café deshidrata?

En consumidores habituales, el café puede contribuir a la ingesta total de líquidos.

La cafeína tiene un efecto diurético ligero, pero las cantidades habituales no suelen causar una deshidratación significativa por sí solas.

Por tanto:

Una taza de café no “resta” automáticamente un vaso de agua.

Aun así, el agua debería seguir siendo la bebida principal.

Café y digestión

El café puede estimular:

  • secreción gástrica;

  • motilidad intestinal;

  • reflejo gastrocolónico.

Por eso algunas personas sienten necesidad de ir al baño después de tomarlo.

En otras puede empeorar:

  • acidez;

  • reflujo;

  • molestias digestivas.

La tolerancia es muy individual.

Café y estreñimiento

En algunas personas ayuda a estimular el tránsito intestinal.

Pero no debe utilizarse como tratamiento principal.

Las medidas fundamentales siguen siendo:

  • fibra;

  • hidratación;

  • actividad física;

  • hábitos intestinales adecuados.

Cafeína y embarazo

Durante el embarazo, la cafeína se metaboliza más lentamente y atraviesa la placenta.

Por este motivo, se recomienda limitar su consumo.

Además, hay que contabilizar todas las fuentes:

  • café;

  • té;

  • chocolate;

  • bebidas energéticas;

  • refrescos;

  • suplementos.

La pauta concreta debe seguir las recomendaciones sanitarias y la valoración profesional.

Bebidas energéticas

Las bebidas energéticas merecen una mención especial.

Pueden contener:

  • cantidades elevadas de cafeína;

  • azúcar;

  • otros estimulantes;

  • taurina;

  • extractos vegetales.

El problema aumenta cuando se consumen rápidamente o se combinan con alcohol.

La mezcla de alcohol y cafeína puede hacer que una persona se sienta menos somnolienta sin reducir la intoxicación.

Esto puede aumentar conductas de riesgo.

Cafeína en suplementos deportivos

Algunos preentrenamientos contienen dosis altas.

También pueden combinar:

  • cafeína;

  • guaraná;

  • té verde;

  • otros estimulantes.

El consumidor puede no ser consciente de que varias fuentes suman una cantidad elevada.

Esto puede producir:

  • taquicardia;

  • nerviosismo;

  • insomnio;

  • molestias digestivas;

  • temblor.

Conviene revisar cuidadosamente las etiquetas.

Guaraná

El guaraná contiene cafeína de forma natural.

Que proceda de una planta no cambia el efecto fisiológico principal.

Si un suplemento contiene guaraná, debe contabilizarse dentro de la ingesta total de cafeína.

“Natural” no significa libre de efectos secundarios.

El té también contiene cafeína, aunque la cantidad suele ser menor que en muchas preparaciones de café.

Además contiene:

  • polifenoles;

  • L-teanina;

  • otros compuestos.

Algunas personas perciben una estimulación más suave.

Sin embargo, sigue siendo una fuente de cafeína y puede afectar al sueño si se toma tarde.

Café descafeinado

El descafeinado no es completamente libre de cafeína, pero contiene cantidades mucho menores.

Puede ser útil para:

  • personas sensibles;

  • consumidores nocturnos;

  • quienes quieren mantener el ritual;

  • pacientes que están reduciendo progresivamente.

Además, conserva muchos de los compuestos no cafeínicos del café.

Cafeína y dependencia

El consumo habitual puede generar dependencia física leve.

Cuando una persona reduce bruscamente puede experimentar:

  • dolor de cabeza;

  • cansancio;

  • irritabilidad;

  • dificultad de concentración;

  • somnolencia.

Estos síntomas suelen ser transitorios.

Por eso, cuando el consumo es alto, puede resultar más cómodo reducirlo progresivamente.

Cómo reducir la cafeína

Cambiar una taza por descafeinado

Por ejemplo:

  • mañana: café normal;

  • mediodía: mitad normal, mitad descafeinado;

  • tarde: descafeinado.

Reducir el tamaño

Un café pequeño puede mantener el ritual con menor dosis.

Revisar otras fuentes

No solo cuenta el café.

También:

  • té;

  • refrescos;

  • chocolate;

  • bebidas energéticas;

  • suplementos.

Evitar compensar el cansancio con más cafeína

Si existe fatiga diaria, conviene revisar el sueño y otras posibles causas.

Café y envejecimiento saludable

No existe evidencia suficiente para decir que el café “rejuvenece”.

Sin embargo, puede formar parte de una alimentación saludable en muchas personas.

Su efecto dependerá de:

  • cantidad;

  • horario;

  • preparación;

  • acompañamientos;

  • tolerancia.

Un café sin azúcar dentro de una dieta equilibrada es muy diferente de una bebida grande con:

  • azúcar;

  • nata;

  • jarabes;

  • toppings.

El contexto importa.

Café y piel

El café no elimina arrugas.

Sin embargo, su relación con la piel puede ser indirecta.

Si una cantidad excesiva afecta al sueño, puede contribuir a:

  • peor recuperación;

  • mayor percepción de cansancio;

  • cambios en el aspecto facial.

Por otro lado, el café contiene compuestos antioxidantes.

Pero esto no convierte una taza en un tratamiento dermatológico.

Mitos y realidades

“El café deshidrata.”

Mito en términos absolutos.

Las cantidades habituales contribuyen a la ingesta total de líquidos.

“Si puedo dormir después de tomar café, no me afecta.”

No necesariamente.

Puede alterar la calidad del sueño aunque no impida quedarse dormido.

“Cuanto más café, más energía.”

Mito.

Dosis elevadas pueden empeorar concentración, ansiedad y sueño.

“El café es malo para el corazón.”

No en todas las personas.

Un consumo moderado suele ser bien tolerado, pero la respuesta individual importa.

“El café descafeinado no tiene ningún beneficio.”

Mito.

Mantiene muchos compuestos del café y puede ser una buena alternativa.

“Las bebidas energéticas son como un café fuerte.”

No necesariamente.

Pueden combinar altas dosis de cafeína con azúcar y otros estimulantes.

“La cafeína sustituye al sueño.”

Mito.

Reduce temporalmente la percepción de fatiga, pero no reemplaza la recuperación fisiológica del descanso.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños no consideramos que el café sea bueno o malo de forma universal.

Valoramos:

  • cantidad;

  • horario;

  • calidad del sueño;

  • ansiedad;

  • presión arterial;

  • palpitaciones;

  • actividad física;

  • embarazo;

  • medicación;

  • objetivos personales.

En una persona que duerme bien y tolera el café, puede formar parte de su rutina.

En otra que duerme mal, vive cansada y toma cafeína toda la tarde, reducirla puede producir una mejora importante.

La pregunta correcta no es:

“¿Puedo tomar café?”

sino:

“¿Cómo responde mi organismo al café que estoy tomando?”

Ideas clave

  • La cafeína bloquea receptores de adenosina y reduce temporalmente la sensación de fatiga.

  • No elimina la necesidad de dormir.

  • Su vida media puede hacer que una dosis de la tarde siga presente por la noche.

  • La sensibilidad es muy individual.

  • Puede mejorar atención y rendimiento físico.

  • Dosis elevadas pueden provocar ansiedad, palpitaciones e insomnio.

  • El café contiene otros compuestos además de cafeína.

  • El método de preparación puede influir en algunos efectos, como el colesterol.

  • El descafeinado puede ser una alternativa útil.

  • Las bebidas energéticas y suplementos pueden aportar dosis elevadas sin que el consumidor lo perciba.

  • El horario puede ser tan importante como la cantidad.

Aplicación práctica: comprobar si la cafeína afecta a tu sueño

Durante dos semanas:

Semana 1

Mantén tu consumo habitual y registra:

  • hora de cada café;

  • hora de acostarte;

  • tiempo hasta dormir;

  • despertares;

  • sensación al despertar;

  • energía durante el día.

Semana 2

Evita cafeína durante las 6-8 horas previas a dormir.

Mantén el resto de hábitos lo más parecido posible.

Después compara.

Esta pequeña prueba puede ayudar a identificar si la cafeína está influyendo en el descanso.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos cafés puedo tomar al día?

Depende del tamaño, preparación y sensibilidad individual.

Es más útil pensar en cafeína total que en número de tazas.

¿El café es saludable?

Puede formar parte de una alimentación saludable en muchas personas, pero no es necesario beberlo para estar sano.

¿Puedo tomar café si tengo hipertensión?

Muchas personas pueden consumir cantidades moderadas, pero conviene observar la respuesta individual y seguir el consejo del profesional que controla la presión.

¿El café produce ansiedad?

Puede empeorar síntomas en personas sensibles, especialmente en dosis altas.

¿El té es mejor que el café?

No existe un ganador universal.

Ambos pueden formar parte de una alimentación saludable.

La elección depende de preferencias y tolerancia.

¿El café con leche cuenta como hidratación?

Sí, aporta líquido.

Sin embargo, las bebidas con mucho azúcar o jarabes también aportan energía adicional.

¿Puedo tomar cafeína antes de entrenar?

Puede mejorar el rendimiento en determinadas situaciones, pero no es imprescindible.

Debe evitarse si provoca insomnio, ansiedad o palpitaciones.

¿El café rompe el ayuno?

Depende del objetivo del ayuno.

El café solo aporta muy poca energía, pero añadir azúcar, leche o nata modifica la ingesta.

Desarrollaremos el ayuno en un capítulo específico.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo entraremos en uno de los temas más populares y a la vez más confusos de la nutrición moderna:

Ayuno intermitente: qué ocurre realmente cuando dejamos de comer durante varias horas y qué dice la evidencia.

Analizaremos:

  • ayuno nocturno;

  • protocolos 12:12, 14:10 y 16:8;

  • ayuno en días alternos;

  • metabolismo de la glucosa y la grasa;

  • pérdida de peso;

  • autofagia;

  • masa muscular;

  • menopausia;

  • deporte;

  • diabetes;

  • quién no debería hacerlo;

  • por qué el horario puede importar tanto como la duración;

  • qué beneficios están demostrados y cuáles se han exagerado.

Este capítulo será especialmente útil porque permitirá separar la fisiología real del ayuno de muchas promesas populares sobre “detox”, longevidad o quema automática de grasa.

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Capítulo 24

Ayuno intermitente

Qué ocurre cuando dejamos de comer durante varias horas y qué beneficios están realmente demostrados
El ayuno intermitente no cambia las leyes de la fisiología. Puede ayudar a algunas personas a organizar mejor su alimentación, pero no convierte una dieta desequilibrada en saludable ni sustituye el control de la cantidad y la calidad de los alimentos.

Una historia cotidiana

Marta tiene 48 años.

Durante años ha intentado perder peso siguiendo diferentes dietas. Ha contado calorías, eliminado hidratos de carbono, comprado productos sustitutivos de comidas y probado varios programas que prometían resultados rápidos.

Un día descubre el ayuno intermitente.

La idea le parece sencilla:

“Si no desayuno y como únicamente entre las doce del mediodía y las ocho de la tarde, podré comer lo que quiera y adelgazar.”

Durante las primeras semanas pierde algo de peso. Al eliminar el desayuno y dejar de picar después de cenar, consume menos energía sin proponérselo.

Sin embargo, con el tiempo aparecen algunos problemas.

Llega a la comida con un hambre intensa.

Come rápidamente.

Por la tarde siente deseos frecuentes de alimentos dulces.

Y durante las ocho horas en las que puede comer intenta compensar todo lo que no ha tomado durante el ayuno.

Marta había entendido correctamente una parte del método, pero había pasado por alto lo más importante:

La ventana de alimentación no determina por sí sola la calidad, la cantidad ni el equilibrio de la dieta.

El ayuno le había ayudado a reducir ciertas comidas, pero no había solucionado su relación con el hambre, la planificación ni la calidad de los alimentos.

Introducción

El ayuno intermitente se ha convertido en una de las estrategias nutricionales más populares de los últimos años.

Se le atribuyen beneficios como:

  • perder peso;

  • quemar grasa;

  • mejorar la sensibilidad a la insulina;

  • reducir la inflamación;

  • activar la autofagia;

  • proteger el cerebro;

  • aumentar la longevidad;

  • prevenir enfermedades;

  • mejorar la concentración.

Algunas de estas afirmaciones se apoyan en mecanismos biológicos plausibles, estudios realizados en animales o ensayos humanos de duración limitada.

Otras han sido exageradas por titulares, redes sociales o mensajes comerciales.

La evidencia clínica más reciente muestra que distintas modalidades de ayuno intermitente pueden producir pérdida de peso y algunas mejoras metabólicas, especialmente en personas con sobrepeso u obesidad. Sin embargo, en términos generales, los resultados suelen ser similares a los obtenidos con una reducción continua de la ingesta energética. Algunas diferencias favorables observadas con el ayuno en días alternos han sido pequeñas y se han estudiado principalmente a corto plazo.

Por tanto, la pregunta no debería ser:

“¿Es el ayuno la mejor dieta?”

La pregunta más útil es:

“¿Es una forma segura, sostenible y adecuada de organizar la alimentación para esta persona concreta?”

¿Qué es el ayuno?

Ayunar significa pasar un periodo determinado sin consumir alimentos ni bebidas que aporten una cantidad relevante de energía.

Todas las personas ayunan de forma natural durante la noche.

Si una persona cena a las nueve y desayuna a las ocho de la mañana, realiza aproximadamente once horas de ayuno nocturno.

El ayuno intermitente amplía o estructura esos periodos y los alterna con ventanas en las que se permite comer.

No define necesariamente qué alimentos deben consumirse.

Define principalmente cuándo se come.

Ayuno intermitente no es lo mismo que inanición

El ayuno intermitente consiste en abstenerse voluntariamente de comer durante periodos limitados.

La inanición, en cambio, supone una falta prolongada e involuntaria de energía y nutrientes suficiente para mantener las funciones normales.

En un ayuno planificado:

  • existe acceso a alimentos;

  • el periodo tiene un principio y un final;

  • se mantienen las necesidades nutricionales dentro del conjunto de la dieta;

  • la persona puede interrumpirlo si aparecen problemas.

Esta diferencia es fundamental.

Principales modalidades de ayuno intermitente

No existe un único protocolo.

Ayuno nocturno de 12 horas

Consiste en dejar aproximadamente doce horas entre la cena y el desayuno.

Por ejemplo:

  • cena a las 20:00;

  • desayuno a las 08:00.

Es una de las formas más sencillas y compatibles con la vida cotidiana.

En muchas personas significa únicamente evitar el picoteo nocturno y dejar un intervalo razonable entre la última comida y la primera del día.

Protocolo 14:10

Se ayuna durante catorce horas y se come dentro de una ventana de diez.

Por ejemplo:

  • primera comida a las 09:00;

  • última comida antes de las 19:00.

Puede representar una transición gradual para quienes desean reducir el periodo diario de alimentación sin utilizar una ventana demasiado estrecha.

Protocolo 16:8

Se ayuna durante dieciséis horas y se concentra la alimentación en ocho.

Por ejemplo:

  • primera comida a las 12:00;

  • última comida antes de las 20:00.

Es uno de los formatos más populares.

Sin embargo, no existe nada fisiológicamente mágico en el número dieciséis. Algunas personas obtienen resultados con ventanas más amplias y otras no toleran bien periodos tan largos.

Ayuno temprano

La ventana de alimentación se sitúa durante la primera parte del día.

Por ejemplo:

  • desayuno a las 08:00;

  • última comida a las 16:00 o 17:00.

Este modelo intenta alinear la ingesta con los ritmos circadianos, ya que el organismo suele gestionar la glucosa de forma más eficiente durante las horas diurnas que durante la noche.

Puede ofrecer ventajas metabólicas en algunos estudios, pero resulta difícil de mantener para muchas personas debido a horarios laborales, familiares y sociales.

Ayuno tardío

La persona omite el desayuno y come desde el mediodía hasta la noche.

Es socialmente más sencillo para quienes desean cenar con la familia.

Sin embargo, una ventana que concentra gran parte de la comida a última hora puede no ofrecer las mismas ventajas circadianas que una alimentación más temprana.

Dieta 5:2

Durante cinco días se mantiene una alimentación habitual y durante dos días no consecutivos se reduce considerablemente la energía.

No significa necesariamente pasar dos días completos sin comer.

Los días de restricción suelen permitir una pequeña cantidad de alimentos.

Ayuno en días alternos

Se alternan días de ingesta habitual con días de ayuno completo o consumo energético muy reducido.

Puede producir pérdida de peso, pero para muchas personas resulta más difícil de mantener que una ventana diaria de alimentación.

Una comida al día

Conocido popularmente como OMAD, concentra prácticamente toda la ingesta diaria en una sola comida.

Este formato puede dificultar:

  • cubrir proteínas;

  • consumir suficiente fibra;

  • repartir micronutrientes;

  • mantener la masa muscular;

  • evitar molestias digestivas;

  • controlar un hambre excesiva.

No suele ser la opción más recomendable para la mayoría de las personas, especialmente a partir de edades en las que preservar el músculo es prioritario.

¿Qué ocurre en el organismo después de comer?

Después de una comida:

  1. Se digieren los alimentos.

  2. Los nutrientes pasan a la sangre.

  3. Aumenta la disponibilidad de glucosa, aminoácidos y grasas.

  4. El páncreas libera insulina en respuesta a la glucosa y otros estímulos.

  5. Los tejidos utilizan o almacenan la energía.

Parte de la glucosa se almacena como glucógeno en:

  • hígado;

  • músculos.

El exceso energético puede almacenarse en el tejido adiposo.

Esta fase se denomina, de forma simplificada, estado alimentado o posprandial.

¿Qué ocurre durante el ayuno?

Cuando pasan varias horas sin comer, la insulina disminuye y el organismo comienza a utilizar sus reservas.

Primero recurre en gran medida al glucógeno hepático para ayudar a mantener la glucosa sanguínea.

Posteriormente aumenta la movilización de ácidos grasos desde el tejido adiposo.

Durante ayunos más prolongados también puede aumentar la producción de cuerpos cetónicos.

Este cambio progresivo de utilización de combustibles se conoce a veces como cambio metabólico.

No ocurre de forma repentina a una hora exacta.

Depende de:

  • última comida;

  • cantidad de hidratos consumidos;

  • actividad física;

  • reservas de glucógeno;

  • metabolismo individual;

  • duración del ayuno.

¿Sabías que...?

El organismo utiliza grasa como fuente de energía todos los días, incluso sin practicar ayuno intermitente.

Ayunar puede aumentar temporalmente la proporción de grasa utilizada durante determinadas horas, pero perder grasa corporal exige que, a lo largo del tiempo, se movilice más energía del tejido adiposo de la que vuelve a almacenarse.

Quemar grasa no equivale a perder grasa corporal

Este es uno de los conceptos más importantes del capítulo.

Durante el ayuno puede aumentar la oxidación de grasas.

Sin embargo, después de comer, el organismo puede volver a almacenar parte de la energía ingerida.

La pérdida neta de grasa dependerá del balance acumulado durante días y semanas.

Por eso una persona puede ayunar dieciséis horas y no adelgazar si durante la ventana de alimentación consume más energía de la que necesita.

De la misma forma, otra persona puede perder grasa realizando tres o cuatro comidas diarias sin ayunar, siempre que su patrón sea adecuado y sostenible.

¿Por qué puede ayudar a perder peso?

El ayuno intermitente puede facilitar la pérdida de peso principalmente porque reduce las oportunidades para comer.

Puede eliminar:

  • desayunos muy energéticos;

  • picoteo nocturno;

  • bebidas calóricas;

  • snacks;

  • comidas realizadas sin hambre.

Cuando la ventana se acorta, algunas personas consumen espontáneamente menos energía sin contar calorías.

No obstante, si durante las horas permitidas aparecen atracones, grandes porciones o alimentos muy energéticos, esa ventaja puede desaparecer.

Los análisis comparativos más recientes indican que el ayuno suele producir beneficios para el peso y algunos marcadores cardiometabólicos similares a los de una restricción energética continua. No se ha demostrado que supere de forma clara y constante a una dieta convencional bien diseñada.

¿Es mejor que contar calorías?

No necesariamente.

Ambas estrategias pueden funcionar.

La restricción continua

Reduce moderadamente la energía todos los días.

Puede resultar más adecuada para personas que prefieren:

  • horarios regulares;

  • varias comidas;

  • evitar hambre prolongada;

  • repartir proteínas.

El ayuno intermitente

Limita las horas o días de ingesta.

Puede resultar más adecuado para quienes:

  • no tienen hambre al despertar;

  • prefieren menos comidas;

  • comen por hábito durante la noche;

  • encuentran más fácil controlar horarios que contar cantidades.

La mejor estrategia no es la que parece más avanzada, sino la que puede mantenerse sin perjudicar la salud física, emocional o social.

Ayuno y composición corporal

Al perder peso no solo importa cuánto disminuye la báscula.

También importa de dónde procede esa pérdida.

Puede perderse:

  • grasa;

  • agua;

  • glucógeno;

  • contenido digestivo;

  • masa muscular.

Algunos análisis sobre alimentación restringida en el tiempo muestran una reducción de peso y grasa, pero también señalan la posibilidad de perder parte de la masa libre de grasa cuando no se cuidan la proteína, el ejercicio y la cantidad total de energía.

La combinación de alimentación restringida en el tiempo con ejercicio, especialmente entrenamiento de fuerza, puede ayudar a reducir grasa preservando mejor la masa magra, aunque todavía se necesitan más estudios de larga duración.

Cómo proteger el músculo durante el ayuno

Consumir suficiente proteína

La ventana de alimentación debe permitir cubrir las necesidades diarias.

No basta con realizar una gran comida rica en proteína si el resto del día no se cubre adecuadamente.

Distribuirla razonablemente

La síntesis de proteína muscular responde a la ingesta de aminoácidos varias veces a lo largo del día.

Una ventana extremadamente corta puede dificultar esa distribución, especialmente en:

  • personas mayores;

  • mujeres después de la menopausia;

  • deportistas;

  • pacientes en pérdida de peso;

  • personas con riesgo de sarcopenia.

Realizar entrenamiento de fuerza

El músculo necesita un estímulo mecánico para mantenerse.

Caminar es saludable, pero no siempre proporciona un estímulo suficiente para conservar toda la fuerza y masa muscular.

Evitar déficits extremos

Cuanto más agresiva sea la restricción energética, mayor puede ser el riesgo de perder masa muscular y comprometer la adherencia.

Ayuno y hambre

La experiencia de hambre cambia con el tiempo.

Algunas personas sienten mucha hambre durante los primeros días y después se adaptan.

Otras continúan experimentando:

  • irritabilidad;

  • pensamientos frecuentes sobre comida;

  • dolor de cabeza;

  • dificultad para concentrarse;

  • pérdida de control al comenzar a comer.

El hambre no es una prueba de que el método esté funcionando.

Es una señal fisiológica que debe interpretarse dentro del contexto.

Ayuno y glucosa

En algunas personas con sobrepeso, obesidad o alteraciones metabólicas, el ayuno intermitente puede mejorar:

  • glucosa en ayunas;

  • sensibilidad a la insulina;

  • algunos marcadores cardiometabólicos.

Parte del beneficio puede explicarse por la pérdida de peso.

Otra parte podría relacionarse con el horario de las comidas y la reducción de la ingesta nocturna.

Sin embargo, la respuesta varía y no todas las modalidades producen los mismos efectos.

Ayuno temprano y ritmos circadianos

El organismo funciona siguiendo ritmos de aproximadamente veinticuatro horas.

Estos ritmos influyen en:

  • secreción hormonal;

  • temperatura;

  • sueño;

  • digestión;

  • sensibilidad a la insulina;

  • metabolismo.

En general, el cuerpo parece estar mejor preparado para recibir y procesar alimentos durante el día que durante la noche.

Por este motivo, cuando sea compatible con la vida de la persona, puede ser razonable:

  • cenar antes;

  • evitar grandes comidas nocturnas;

  • dejar un intervalo antes de acostarse;

  • concentrar una mayor proporción de energía durante las horas activas.

Esto no significa que todo el mundo deba dejar de comer a las cuatro de la tarde.

La sostenibilidad también forma parte de la salud.

Ayuno y diabetes

El ayuno en una persona con diabetes requiere especial precaución.

Puede aumentar el riesgo de:

  • hipoglucemia;

  • hiperglucemia;

  • deshidratación;

  • descompensación;

  • cambios imprevisibles si se mantiene la misma medicación.

El riesgo depende del tipo de diabetes y del tratamiento.

Requieren especial vigilancia quienes utilizan:

  • insulina;

  • sulfonilureas;

  • otros medicamentos capaces de producir hipoglucemia;

  • tratamientos que modifican la eliminación de glucosa o líquidos.

Las personas con diabetes no deberían modificar horarios, dosis ni alimentación sin coordinarlo con el profesional responsable. Los estándares actuales de atención insisten en individualizar las estrategias alimentarias y evitar la hipoglucemia.

Ayuno y menopausia

Durante la perimenopausia y la menopausia pueden coincidir:

  • cambios hormonales;

  • peor sueño;

  • aumento de grasa abdominal;

  • menor sensibilidad a la insulina;

  • pérdida de masa muscular;

  • mayor riesgo óseo.

El ayuno puede ayudar a algunas mujeres a organizar la ingesta y reducir el picoteo nocturno.

Pero una ventana demasiado corta puede dificultar:

  • cubrir proteínas;

  • consumir suficiente calcio;

  • repartir los nutrientes;

  • mantener energía para entrenar;

  • preservar masa muscular.

Por ello, en esta etapa suele ser más importante proteger músculo y hueso que perseguir ayunos cada vez más prolongados.

Ayuno en personas mayores

Con el envejecimiento puede disminuir:

  • apetito;

  • masa muscular;

  • capacidad de absorción;

  • cantidad total de alimentos consumidos.

Una ventana muy reducida puede aumentar el riesgo de no alcanzar:

  • proteínas;

  • energía;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • líquidos.

Las personas mayores con:

  • fragilidad;

  • bajo peso;

  • sarcopenia;

  • enfermedades crónicas;

  • poca ingesta

no deberían iniciar ayunos prolongados sin valoración profesional.

Ayuno y deporte

La posibilidad de entrenar en ayunas depende del tipo de ejercicio y de la persona.

Puede tolerarse bien en:

  • caminatas;

  • actividad suave;

  • entrenamientos breves;

  • personas acostumbradas.

Puede resultar menos adecuado en:

  • sesiones intensas;

  • entrenamientos largos;

  • deportes de competición;

  • ejercicios que exigen potencia;

  • personas propensas a mareos o hipoglucemia.

Entrenar en ayunas puede aumentar la utilización de grasa durante esa sesión, pero no garantiza una mayor pérdida de grasa corporal a largo plazo.

¿Hay que comer inmediatamente después de entrenar?

No existe una ventana de pocos minutos que determine todo el resultado.

Sin embargo, después de entrenar conviene asegurar una ingesta adecuada de:

  • proteína;

  • energía;

  • hidratos cuando sean necesarios;

  • líquidos.

Una persona que termina de entrenar y permanece muchas horas sin comer puede dificultar la recuperación, especialmente si su objetivo es mantener o aumentar músculo.

Ayuno y ejercicio de fuerza

Quien entrena fuerza dentro de una ventana de alimentación puede organizar:

  • una comida antes;

  • una comida después;

  • suficiente proteína total.

Si entrena al final de un ayuno prolongado, conviene observar:

  • rendimiento;

  • mareos;

  • recuperación;

  • hambre posterior;

  • capacidad para mantener las cargas.

El ayuno nunca debería obligar a realizar entrenamientos de mala calidad de forma continuada.

¿Qué es la autofagia?

La autofagia es un sistema mediante el cual las células degradan y reciclan componentes dañados o innecesarios.

Es un proceso fisiológico esencial que ocurre de forma continua y puede modificarse según:

  • disponibilidad energética;

  • ejercicio;

  • estrés celular;

  • sueño;

  • nutrientes;

  • enfermedad.

En estudios experimentales, la restricción energética y el ayuno pueden aumentar determinadas vías relacionadas con la autofagia.

¿Cuántas horas hacen falta para activar la autofagia?

No existe una cifra clínica universal.

Es frecuente leer afirmaciones como:

  • “empieza a las dieciséis horas”;

  • “alcanza su máximo a las veinticuatro”;

  • “necesitas ayunar tres días”.

Estas cifras suelen extrapolarse de modelos animales, tejidos concretos o condiciones experimentales.

En seres humanos no disponemos de una prueba sencilla capaz de señalar una hora exacta a partir de la cual se activa de forma beneficiosa en todo el organismo.

La autofagia ya existe antes del ayuno y no funciona como un interruptor.

¿El ayuno alarga la vida?

Los estudios en animales han mostrado resultados interesantes, pero no uniformes.

La respuesta puede depender de:

  • especie;

  • sexo;

  • genética;

  • edad;

  • tipo de dieta;

  • duración;

  • cantidad total de energía.

En humanos todavía no se ha demostrado que el ayuno intermitente prolongue la vida.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos ha señalado que la evidencia sobre longevidad sigue siendo menos clara y que los resultados experimentales varían según múltiples factores.

Podemos estudiar si mejora ciertos marcadores de riesgo.

No podemos prometer años adicionales de vida.

Ayuno y cerebro

Se investiga si el ayuno puede influir en:

  • metabolismo cerebral;

  • cuerpos cetónicos;

  • plasticidad;

  • inflamación;

  • deterioro cognitivo.

Muchos datos proceden de modelos animales o estudios pequeños.

Existen resultados humanos preliminares interesantes, pero todavía no justifican presentar el ayuno como tratamiento para prevenir demencia o enfermedades neurológicas.

La salud cerebral depende de factores con evidencia mucho más consolidada:

  • actividad física;

  • presión arterial;

  • sueño;

  • educación;

  • relaciones sociales;

  • abandono del tabaco;

  • control metabólico;

  • alimentación equilibrada.

Ayuno y cáncer

No existe evidencia suficiente para recomendar el ayuno como tratamiento independiente contra el cáncer.

En oncología se investigan estrategias de restricción temporal alrededor de determinados tratamientos, pero:

  • no son aplicables a todos los tumores;

  • pueden aumentar el riesgo de desnutrición;

  • pueden empeorar la pérdida muscular;

  • requieren supervisión especializada.

Una persona con cáncer no debería ayunar por su cuenta basándose en información de internet.

Ayuno y salud digestiva

Algunas personas refieren:

  • menos pesadez;

  • reducción del reflujo nocturno al cenar antes;

  • mejor percepción digestiva.

Otras pueden experimentar:

  • estreñimiento;

  • acidez;

  • comidas demasiado voluminosas;

  • distensión;

  • atracones.

Una ventana muy corta puede obligar a concentrar grandes cantidades de comida, lo que no siempre mejora la digestión.

¿Qué puede tomarse durante el ayuno?

En términos generales, suelen permitirse bebidas sin una cantidad relevante de energía, como:

  • agua;

  • agua con gas;

  • café solo;

  • té;

  • infusiones sin azúcar.

Pero la respuesta depende del objetivo.

Si el propósito es controlar el peso, una pequeña cantidad de leche puede no modificar significativamente el resultado global.

Si se trata de un ayuno requerido para una prueba médica, deben seguirse exactamente las instrucciones sanitarias.

¿Los edulcorantes rompen el ayuno?

Desde el punto de vista energético, muchos aportan pocas o ninguna caloría.

Sin embargo, pueden mantener la preferencia por el sabor dulce y producir respuestas individuales diferentes.

No es necesario obsesionarse con una definición absoluta.

Lo importante es el objetivo del ayuno y el patrón alimentario completo.

¿El café rompe el ayuno?

El café solo aporta muy poca energía.

Para una estrategia de control del peso generalmente puede incluirse.

Añadir:

  • azúcar;

  • miel;

  • nata;

  • grandes cantidades de leche;

  • preparados comerciales

sí aumenta la ingesta energética.

Efectos adversos posibles

Durante un ayuno pueden aparecer:

  • hambre;

  • irritabilidad;

  • dolor de cabeza;

  • debilidad;

  • mareo;

  • estreñimiento;

  • dificultad para concentrarse;

  • menor rendimiento;

  • alteraciones del sueño;

  • consumo excesivo posterior.

Los efectos leves pueden mejorar con la adaptación.

Los síntomas intensos o persistentes indican que el método debe revisarse o interrumpirse.

Quién no debería realizarlo sin supervisión

El ayuno intermitente puede no ser apropiado en:

  • embarazo;

  • lactancia;

  • infancia y adolescencia;

  • antecedentes de trastorno de la conducta alimentaria;

  • bajo peso;

  • fragilidad;

  • sarcopenia;

  • determinadas enfermedades crónicas;

  • diabetes tratada con fármacos que causan hipoglucemia;

  • enfermedad renal o hepática avanzada;

  • personas con desnutrición;

  • pacientes oncológicos con riesgo nutricional;

  • trabajos o deportes con altas exigencias físicas;

  • personas que experimentan mareos o pérdida de control alimentario.

Ayuno y trastornos de la conducta alimentaria

Las reglas rígidas pueden resultar problemáticas en personas con antecedentes de:

  • anorexia;

  • bulimia;

  • atracones;

  • alimentación compulsiva;

  • obsesión con la comida;

  • miedo intenso a comer fuera de horarios.

En estos casos, el ayuno puede reforzar el ciclo:

  1. Restricción.

  2. Hambre intensa.

  3. Pérdida de control.

  4. Culpa.

  5. Nueva restricción.

La salud mental y la relación con la comida deben tener prioridad sobre cualquier protocolo nutricional.

¿Es necesario desayunar?

No todas las personas necesitan desayunar inmediatamente después de despertarse.

Algunas se sienten bien comiendo más tarde.

Otras necesitan desayunar para:

  • rendir;

  • entrenar;

  • controlar el hambre;

  • tomar medicación;

  • evitar mareos.

No existe una norma universal.

La calidad del desayuno y del patrón completo es más importante que defender o condenar esta comida.

¿Saltarse la cena es mejor que saltarse el desayuno?

Desde la perspectiva de los ritmos circadianos, una alimentación más temprana puede ofrecer ventajas.

Sin embargo, saltarse la cena puede ser socialmente difícil.

En la práctica, puede ser más sostenible:

  • desayunar un poco más tarde;

  • cenar antes;

  • evitar el picoteo nocturno;

  • dejar unas doce o catorce horas durante la noche.

No siempre es necesario llegar a un protocolo 16:8.

Ayuno y sueño

Cenar muy tarde o consumir comidas abundantes cerca de acostarse puede empeorar:

  • reflujo;

  • digestión;

  • calidad del sueño.

Dejar un intervalo razonable entre la cena y la cama puede ser beneficioso.

Sin embargo, acostarse con hambre intensa también puede dificultar dormir.

El horario debe ajustarse hasta encontrar un equilibrio.

Mitos y realidades

“El ayuno es la forma más rápida de quemar grasa.”

Mito.

Aumenta temporalmente la utilización de grasa, pero la pérdida corporal depende del balance energético mantenido.

“Después de dieciséis horas comienza la autofagia.”

No está demostrado como una regla exacta en humanos.

La autofagia es un proceso continuo y su medición clínica es compleja.

“Durante la ventana puedo comer todo lo que quiera.”

Mito.

La cantidad y la calidad continúan importando.

“Ayunar limpia el organismo.”

Mito.

El hígado, los riñones, los pulmones y el intestino procesan y eliminan sustancias de forma continua.

“No desayunar ralentiza el metabolismo.”

Mito en términos absolutos.

El gasto energético depende de muchos factores y no se ralentiza automáticamente por omitir una comida.

“El ayuno cura la resistencia a la insulina.”

Simplificación.

Puede mejorar algunos marcadores, especialmente cuando ayuda a perder peso, pero no sustituye el ejercicio, el control de la composición corporal ni el tratamiento médico.

“Cuanto más largo sea el ayuno, mejores serán los resultados.”

Mito.

Los ayunos más prolongados pueden aumentar hambre, pérdida muscular, efectos adversos y dificultades para mantener una buena nutrición.

“Todo el mundo debería practicarlo.”

Mito.

Es una opción, no una obligación.

Cómo empezar de forma prudente

Primer paso: eliminar el picoteo nocturno

Antes de aplicar un protocolo estricto, puede bastar con dejar de comer después de la cena.

Segundo paso: mantener doce horas nocturnas

Por ejemplo:

  • cena a las 20:30;

  • desayuno a las 08:30.

Tercer paso: probar catorce horas

Solo cuando se toleren bien las doce.

Cuarto paso: valorar los resultados

Observar:

  • hambre;

  • energía;

  • sueño;

  • ejercicio;

  • digestión;

  • estado de ánimo;

  • relación con la comida.

No es necesario progresar hasta dieciséis horas si una ventana más amplia ya funciona.

Cómo construir la ventana de alimentación

El ayuno no debería utilizarse para justificar una dieta pobre.

Dentro de la ventana deben aparecer:

Proteínas

  • pescado;

  • huevos;

  • carne no procesada;

  • lácteos;

  • legumbres;

  • tofu;

  • otras fuentes adecuadas.

Verduras y frutas

Para aportar:

  • fibra;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • agua;

  • compuestos vegetales.

Hidratos de calidad

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • patata;

  • boniato;

  • fruta.

Grasas saludables

  • aceite de oliva;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • pescado azul.

Líquidos

Mantener hidratación suficiente durante el día.

Ejemplo de protocolo 14:10

09:00 · Primera comida

  • yogur natural;

  • avena;

  • fruta;

  • frutos secos.

14:00 · Comida

  • legumbres o pescado;

  • verduras;

  • arroz o patata;

  • aceite de oliva;

  • fruta.

18:30 · Cena temprana

  • tortilla o tofu;

  • verduras;

  • pan integral;

  • yogur.

19:00-09:00 · Ayuno

  • agua;

  • infusiones sin azúcar;

  • café solo si no afecta al sueño.

Este ejemplo no es una pauta universal.

Señales de que el ayuno no está funcionando

Conviene revisarlo cuando aparece:

  • obsesión constante con la comida;

  • atracones;

  • debilidad;

  • irritabilidad intensa;

  • mareos;

  • pérdida de rendimiento;

  • alteraciones menstruales;

  • pérdida muscular;

  • estreñimiento persistente;

  • dificultad para cubrir nutrientes;

  • deterioro del sueño;

  • interferencia con la vida familiar.

Un método que empeora la salud o la relación con la comida no es un buen método, aunque reduzca temporalmente el peso.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños consideramos el ayuno intermitente una posible herramienta, no una solución universal.

Antes de recomendarlo valoramos:

  • edad;

  • peso y composición corporal;

  • masa muscular;

  • etapa hormonal;

  • actividad física;

  • calidad del sueño;

  • horario laboral;

  • enfermedades;

  • medicación;

  • antecedentes de trastornos alimentarios;

  • objetivos personales.

En algunos pacientes, un ayuno nocturno moderado puede ayudar a reducir el picoteo y ordenar las comidas.

En otros, repartir la alimentación en tres o cuatro tomas facilita mejor el control del hambre y la preservación muscular.

Nuestro objetivo no es que la persona tolere el mayor número posible de horas sin comer.

Nuestro objetivo es que encuentre una estructura alimentaria saludable, suficiente y sostenible.

Ideas clave

  • El ayuno intermitente organiza cuándo se come, pero no determina por sí solo qué ni cuánto se come.

  • Puede facilitar la pérdida de peso al reducir oportunidades de consumo.

  • Sus resultados suelen ser similares a los de una restricción energética continua bien diseñada.

  • Quemar grasa durante el ayuno no garantiza perder más grasa corporal.

  • La calidad de los alimentos continúa siendo fundamental.

  • Las ventanas excesivamente cortas pueden dificultar la ingesta de proteínas y la preservación del músculo.

  • La autofagia no se activa a una hora exacta conocida en todas las personas.

  • No está demostrado que el ayuno prolongue la vida humana.

  • Puede ser arriesgado en diabetes, embarazo, fragilidad y trastornos de la conducta alimentaria.

  • Un ayuno nocturno de doce o catorce horas puede ser suficiente para muchas personas.

  • El mejor protocolo es el que puede mantenerse sin deteriorar la nutrición, el sueño, el rendimiento ni la relación con la comida.

Aplicación práctica: prueba de dos semanas

Una persona adulta sana que quiera comprobar su tolerancia podría:

Semana 1

  • cenar dos horas antes de acostarse;

  • evitar el picoteo posterior;

  • mantener doce horas de ayuno nocturno;

  • registrar hambre, sueño y energía.

Semana 2

  • ampliar a trece o catorce horas si existe buena tolerancia;

  • mantener suficiente proteína;

  • entrenar fuerza;

  • evitar compensar comiendo de forma excesiva;

  • observar el rendimiento y el estado de ánimo.

Al finalizar debe preguntarse:

  • ¿Tengo menos hambre o más?

  • ¿Duermo mejor?

  • ¿Me resulta sostenible?

  • ¿Mantengo mi rendimiento?

  • ¿Pienso más o menos en la comida?

  • ¿Estoy cubriendo mis necesidades?

  • ¿Encaja con mi vida familiar?

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor ayuno para adelgazar?

No existe un protocolo universalmente superior.

El más útil será aquel que facilite una reducción energética sostenible sin perjudicar la masa muscular ni la calidad nutricional.

¿Puedo beber café?

Generalmente sí, si se toma solo y no afecta al sueño.

¿Un poco de leche rompe el ayuno?

Aporta energía, pero una pequeña cantidad probablemente no determine el éxito o fracaso de un programa de pérdida de peso.

¿Puedo tomar medicamentos en ayunas?

Depende del medicamento.

Algunos deben tomarse con alimentos y otros requieren ayuno.

Deben seguirse las indicaciones médicas y del prospecto.

¿Puedo ayunar si tengo hipotiroidismo?

El diagnóstico por sí solo no prohíbe necesariamente el ayuno, pero deben valorarse tratamiento, síntomas, horarios de medicación y estado general.

¿Ayunar reduce la grasa abdominal?

Puede contribuir a reducir grasa corporal si ayuda a mantener un déficit energético.

No existe garantía de eliminar exclusivamente la grasa del abdomen.

¿Es recomendable durante la menopausia?

Puede ser una opción en algunas mujeres, pero debe protegerse especialmente la masa muscular, la ingesta proteica, la salud ósea y el sueño.

¿Puedo entrenar fuerza en ayunas?

Algunas personas lo toleran.

Conviene observar rendimiento, mareos y recuperación y asegurar una comida adecuada después.

¿El ayuno de veinticuatro horas es más eficaz?

No necesariamente.

Puede ser más difícil de mantener y no ha demostrado ser imprescindible para obtener beneficios.

¿Ayunar compensa una comida excesiva?

No debería utilizarse como castigo.

Compensar repetidamente excesos mediante ayunos puede favorecer una relación poco saludable con la comida.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos el otro gran regulador del metabolismo y del envejecimiento saludable:

El sueño: por qué dormir bien influye en el apetito, el peso, la piel, el músculo, el cerebro y las hormonas.

Analizaremos:

  • qué ocurre durante las distintas fases del sueño;

  • cuántas horas necesitamos;

  • por qué dormir poco aumenta el hambre;

  • sueño y resistencia a la insulina;

  • sueño y pérdida de masa muscular;

  • descanso y producción de colágeno;

  • menopausia y sueño;

  • apnea del sueño;

  • insomnio;

  • alcohol, cafeína y pantallas;

  • estrategias de higiene del sueño;

  • cuándo es necesario consultar.

Comprenderemos que dormir no es un periodo improductivo, sino una fase activa durante la cual el organismo regula funciones esenciales para la salud y el envejecimiento.

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Capítulo 25

El sueño

El proceso biológico que repara el cuerpo, organiza el cerebro y regula el metabolismo
Dormir no es desconectarse de la vida. Es entrar en un estado biológico activo durante el cual el organismo reorganiza información, regula hormonas, mantiene tejidos y se prepara para afrontar un nuevo día.

Una historia cotidiana

Isabel tiene 51 años.

Desde hace meses siente que su cuerpo ha cambiado.

Tiene más hambre por la tarde, le apetecen alimentos dulces, ha ganado grasa alrededor del abdomen y cada vez le cuesta más mantener la concentración.

También nota la piel más apagada y necesita dos cafés para comenzar la mañana.

Cuando le preguntan por su descanso responde:

—Duermo seis horas, pero siempre he necesitado poco sueño.

Sin embargo, al profundizar un poco más aparecen otros datos:

  • tarda bastante en quedarse dormida;

  • se despierta varias veces;

  • algunos días tiene sofocos nocturnos;

  • utiliza el teléfono en la cama;

  • toma café después de comer;

  • los fines de semana intenta recuperar el sueño perdido levantándose muy tarde.

Isabel no relacionaba el descanso con el hambre, el peso, el estado de ánimo o la piel.

Pensaba que dormir era simplemente dejar de estar despierta.

Pero el sueño no es tiempo perdido.

Es una necesidad biológica tan importante como alimentarse, respirar o moverse.

Introducción

Durante décadas, dormir poco se interpretó como una señal de esfuerzo, productividad o fortaleza.

Frases como estas siguen siendo habituales:

  • “Ya dormiré cuando sea mayor.”

  • “Dormir es perder el tiempo.”

  • “Con cinco horas tengo suficiente.”

  • “El fin de semana recupero todo.”

  • “Una copa me ayuda a dormir.”

  • “Mientras me duerma rápido, descanso bien.”

Hoy sabemos que esta visión es equivocada.

El sueño influye en:

  • memoria;

  • aprendizaje;

  • atención;

  • estado de ánimo;

  • apetito;

  • sensibilidad a la insulina;

  • presión arterial;

  • sistema inmunitario;

  • recuperación muscular;

  • rendimiento físico;

  • riesgo de accidentes;

  • salud cardiovascular.

La mayoría de los adultos necesita al menos siete horas de sueño regularmente, aunque las necesidades individuales y la edad modifican el intervalo adecuado. Dormir suficiente no consiste únicamente en permanecer muchas horas en la cama: también importan la continuidad, la profundidad, la regularidad y la relación con el ciclo de luz y oscuridad. (CDC)

¿Qué es realmente el sueño?

El sueño es un estado biológico reversible durante el cual cambian:

  • la actividad cerebral;

  • el tono muscular;

  • la respiración;

  • la frecuencia cardíaca;

  • la temperatura corporal;

  • la secreción hormonal;

  • la respuesta al entorno.

Aunque desde fuera parezca que el organismo está inactivo, el cerebro continúa realizando funciones complejas.

Durante la noche:

  • procesa recuerdos;

  • reorganiza información;

  • regula emociones;

  • modifica conexiones neuronales;

  • coordina distintas fases de recuperación física.

El sueño desempeña un papel importante en la comunicación entre las neuronas y en numerosas funciones cerebrales. (Institutos Nacionales de Salud)

El reloj interno del organismo

El cuerpo humano funciona siguiendo ritmos de aproximadamente veinticuatro horas, conocidos como ritmos circadianos.

Estos ritmos influyen en:

  • sueño y vigilia;

  • temperatura corporal;

  • producción de melatonina;

  • cortisol;

  • apetito;

  • digestión;

  • sensibilidad a la insulina;

  • rendimiento físico y mental.

El principal regulador externo es la luz.

Por la mañana, la luz ayuda al cerebro a reconocer que comienza el periodo activo.

Al caer la noche, la reducción de luz favorece cambios biológicos que preparan al organismo para dormir.

Por eso, dormir no depende únicamente del cansancio acumulado. También depende de la sincronización entre nuestro comportamiento y el reloj interno.

Melatonina: la señal de oscuridad

La melatonina es una hormona producida principalmente durante la noche.

Su función no consiste en “dormir” al organismo de forma directa, sino en indicarle que ha comenzado el periodo biológico nocturno.

La exposición a luz intensa durante la noche, especialmente muy cerca de los ojos, puede interferir en esta señal.

Esto no significa que cualquier pantalla destruya el sueño, pero sí que:

  • el brillo;

  • la duración;

  • el contenido estimulante;

  • el horario

pueden retrasar la preparación para dormir.

La presión del sueño

Además del reloj circadiano existe otro mecanismo importante: la presión homeostática del sueño.

Durante las horas de vigilia se acumulan sustancias como la adenosina, que aumentan progresivamente la sensación de cansancio.

Cuanto más tiempo permanecemos despiertos, mayor suele ser la presión para dormir.

Al descansar, esta presión disminuye.

La cafeína bloquea temporalmente receptores de adenosina. Por eso reduce la sensación de fatiga, aunque no elimine la necesidad real de sueño.

Las fases del sueño

El sueño no es uniforme.

A lo largo de la noche se alternan distintos estados organizados en ciclos.

Podemos dividirlos en:

  • sueño no REM;

  • sueño REM.

Cada ciclo suele repetirse varias veces durante la noche.

Sueño no REM

El sueño no REM incluye varias fases que progresan desde un descanso ligero hasta uno más profundo.

Fase inicial

Es la transición entre vigilia y sueño.

Puede durar pocos minutos.

Durante esta fase:

  • disminuye la actividad muscular;

  • los movimientos oculares se hacen lentos;

  • es fácil despertarse;

  • puede aparecer la sensación de caída o una contracción repentina.

Sueño ligero

La frecuencia cardíaca y la temperatura comienzan a disminuir.

El cerebro reduce progresivamente su respuesta al entorno.

Esta fase ocupa una parte importante de la noche.

Sueño profundo

Es una fase de ondas lentas.

Durante ella resulta más difícil despertarse.

Se relaciona con funciones como:

  • recuperación física;

  • conservación de energía;

  • regulación inmunitaria;

  • consolidación de determinados recuerdos;

  • secreción de algunas hormonas.

No debe interpretarse como la única fase útil. Todas las fases cumplen funciones complementarias.

Sueño REM

REM son las siglas en inglés de movimientos oculares rápidos.

Durante esta fase:

  • aumenta la actividad cerebral;

  • aparecen muchos sueños vívidos;

  • los ojos se mueven rápidamente;

  • la mayoría de los músculos voluntarios permanece temporalmente inhibida;

  • se procesan aspectos emocionales y determinados tipos de memoria.

Las fases REM suelen hacerse más largas durante la segunda mitad de la noche.

Por eso, recortar las últimas horas de sueño puede reducir una parte importante de este periodo.

¿Sabías que...?

Dormir seis horas no significa simplemente perder dos horas idénticas al final de la noche. Al acortar el descanso puede alterarse la distribución completa de las fases y reducirse una proporción relevante del sueño REM y de otros procesos de recuperación.

¿Cuántas horas necesitamos?

No existe una cantidad exacta idéntica para todas las personas.

Como orientación general:

  • entre 18 y 60 años se recomiendan al menos 7 horas;

  • entre 61 y 64 años, aproximadamente 7-9 horas;

  • a partir de los 65 años, alrededor de 7-8 horas.

Estas cifras son referencias poblacionales, no una obligación matemática. Algunas personas funcionan bien dentro del límite inferior y otras necesitan más tiempo. (CDC)

La necesidad real debe valorarse junto con:

  • energía durante el día;

  • atención;

  • estado de ánimo;

  • somnolencia;

  • rendimiento;

  • necesidad de estimulantes;

  • facilidad para despertarse.

Una persona que afirma necesitar solo cinco horas, pero depende de varios cafés, se duerme viendo la televisión o está irritable y cansada, probablemente no está descansando tanto como cree.

Cantidad no es lo mismo que calidad

Una persona puede permanecer ocho horas en la cama y dormir mal.

La calidad depende de aspectos como:

  • tiempo necesario para dormirse;

  • número de despertares;

  • duración de los despertares;

  • profundidad;

  • regularidad;

  • sensación al levantarse;

  • somnolencia durante el día.

Un sueño de buena calidad suele permitir dormir sin interrupciones largas y despertar con una sensación razonable de recuperación. (CDC)

¿Qué ocurre cuando dormimos poco?

Una noche aislada de mal descanso puede producir:

  • cansancio;

  • irritabilidad;

  • dificultad para concentrarse;

  • menor velocidad de reacción;

  • peor coordinación;

  • mayor apetito;

  • menor motivación para hacer ejercicio.

Cuando la falta de sueño se vuelve crónica, sus efectos pueden acumularse.

La restricción mantenida del sueño se ha relacionado con alteraciones en la atención, el metabolismo, la presión arterial, el riesgo cardiovascular y la regulación emocional. (PubMed Central (PMC))

Sueño y apetito

Dormir poco puede modificar la forma en la que percibimos y respondemos a los alimentos.

Después de una noche insuficiente muchas personas sienten mayor deseo de:

  • dulces;

  • aperitivos;

  • alimentos grasos;

  • comidas muy energéticas.

Esto puede relacionarse con:

  • cambios hormonales;

  • mayor tiempo disponible para comer;

  • fatiga;

  • menor control de impulsos;

  • alteraciones de los circuitos cerebrales de recompensa;

  • necesidad de buscar energía rápida.

La privación de sueño se ha asociado con una mayor ingesta y con una preferencia más intensa por alimentos ricos en grasas e hidratos refinados. (PubMed Central (PMC))

Leptina y grelina

Dos hormonas que suelen mencionarse al hablar de sueño y apetito son:

  • leptina;

  • grelina.

La leptina participa en señales relacionadas con las reservas energéticas y la saciedad.

La grelina contribuye al inicio del hambre.

Algunos estudios de restricción de sueño han observado cambios en estas señales, aunque la respuesta no es idéntica en todas las investigaciones ni en todas las personas.

El aumento del hambre tras dormir poco no depende exclusivamente de dos hormonas. También intervienen:

  • cerebro;

  • emociones;

  • hábitos;

  • entorno;

  • disponibilidad de comida;

  • cansancio.

Sueño y pérdida de peso

Una persona puede seguir una dieta cuidadosamente diseñada y, aun así, encontrar dificultades si duerme de forma insuficiente.

Dormir poco puede:

  • aumentar el hambre;

  • favorecer el picoteo;

  • reducir la motivación para entrenar;

  • empeorar la recuperación;

  • aumentar el deseo de alimentos energéticos;

  • dificultar la adherencia al plan.

Esto no significa que dormir más produzca una pérdida de grasa automática.

El sueño es un facilitador del proceso, no un tratamiento aislado.

Sueño y resistencia a la insulina

El descanso insuficiente puede alterar temporalmente la forma en la que el organismo gestiona la glucosa.

La restricción crónica se ha relacionado con:

  • menor sensibilidad a la insulina;

  • peor regulación de la glucosa;

  • mayor riesgo metabólico;

  • asociación con diabetes tipo 2.

Las alteraciones del sueño y de los ritmos circadianos afectan a hormonas y procesos relacionados con la glucosa, los lípidos y el apetito. (PubMed Central (PMC))

Esto no significa que una mala noche cause diabetes.

El riesgo aparece dentro de una interacción prolongada entre:

  • genética;

  • composición corporal;

  • dieta;

  • actividad física;

  • sueño;

  • edad;

  • otros factores.

Sueño y grasa abdominal

La falta de sueño no dirige mágicamente la grasa hacia el abdomen.

Sin embargo, puede favorecer un entorno que facilite:

  • exceso energético;

  • resistencia a la insulina;

  • alteraciones del cortisol;

  • menor actividad;

  • peores decisiones alimentarias.

La asociación entre sueño corto, obesidad y riesgo cardiometabólico se ha observado en numerosos estudios, aunque esto no prueba que el descanso sea la única causa. (PubMed Central (PMC))

Sueño y músculo

El músculo necesita:

  • estímulo;

  • proteínas;

  • energía;

  • recuperación.

Dormir de forma insuficiente puede reducir la capacidad de recuperarse del ejercicio y empeorar:

  • rendimiento;

  • coordinación;

  • motivación;

  • síntesis y reparación tisular;

  • adaptación al entrenamiento.

En personas que están perdiendo peso, el descanso debe considerarse junto con la proteína y el entrenamiento de fuerza para proteger la masa muscular.

No podemos construir un programa de envejecimiento saludable centrado en el músculo e ignorar el sueño.

Sueño y ejercicio

La relación es bidireccional.

Dormir bien puede mejorar:

  • disposición para entrenar;

  • tiempo de reacción;

  • fuerza;

  • coordinación;

  • tolerancia al esfuerzo.

A su vez, la actividad física regular puede favorecer un mejor descanso.

Sin embargo, una sesión muy intensa realizada demasiado cerca de acostarse puede resultar estimulante en algunas personas.

La respuesta depende de:

  • tipo de ejercicio;

  • horario;

  • intensidad;

  • costumbre;

  • sensibilidad individual.

Sueño y cerebro

Durante el sueño se consolidan distintos tipos de memoria.

El descanso también ayuda a regular:

  • aprendizaje;

  • atención;

  • emociones;

  • toma de decisiones;

  • flexibilidad cognitiva.

Después de dormir poco resulta más difícil:

  • recordar;

  • concentrarse;

  • reaccionar;

  • gestionar frustraciones;

  • evaluar riesgos.

El sueño adecuado favorece el rendimiento cerebral y el estado de ánimo. (Institutos Nacionales de Salud)

¿El cerebro elimina residuos mientras dormimos?

Se investiga un sistema de intercambio de líquidos cerebrales conocido como sistema glinfático.

En modelos experimentales, su actividad parece relacionarse con el sueño y con la eliminación de determinados productos metabólicos.

Es una línea científica muy interesante.

Sin embargo, todavía debemos evitar afirmaciones como:

“Dormir ocho horas limpia completamente el cerebro.”

El sueño desempeña funciones de mantenimiento cerebral, pero no es un procedimiento de desintoxicación sencillo ni garantiza la prevención de enfermedades neurodegenerativas.

Sueño y memoria emocional

El cerebro no solo almacena información factual.

También procesa la carga emocional de las experiencias.

Una mala noche puede aumentar:

  • reactividad;

  • irritabilidad;

  • sensibilidad al estrés;

  • dificultad para regular emociones.

Cuando existe insomnio crónico, ansiedad y sueño pueden reforzarse mutuamente:

  1. La persona teme no dormir.

  2. Aumenta la vigilancia.

  3. Se activa fisiológicamente.

  4. Le cuesta más conciliar el sueño.

  5. Se preocupa todavía más la noche siguiente.

Este círculo necesita un abordaje específico.

Sueño y sistema inmunitario

Dormir participa en la regulación normal de las defensas.

La falta de descanso puede modificar:

  • respuesta inflamatoria;

  • comunicación inmunitaria;

  • capacidad de recuperación;

  • respuesta frente a determinados estímulos.

Esto no significa que dormir más vuelva al organismo invulnerable.

La inmunidad depende también de:

  • vacunación;

  • edad;

  • alimentación;

  • enfermedades;

  • ejercicio;

  • genética;

  • medicación.

Sueño e inflamación

La privación crónica puede favorecer alteraciones en marcadores inflamatorios.

Este fenómeno forma parte de la conexión entre sueño insuficiente y:

  • salud cardiovascular;

  • metabolismo;

  • obesidad;

  • envejecimiento.

No obstante, la inflamación es un sistema complejo y no puede evaluarse únicamente por el número de horas dormidas.

Sueño y corazón

Durante el descanso normal:

  • desciende la presión arterial;

  • cambia la frecuencia cardíaca;

  • se modifica la actividad del sistema nervioso autónomo.

La falta crónica de sueño se ha relacionado con un mayor riesgo de:

  • hipertensión;

  • enfermedad cardiovascular;

  • infarto;

  • accidente cerebrovascular.

Dormir menos de siete horas se asocia con distintos problemas que pueden aumentar el riesgo cardiovascular, aunque la relación está influida por numerosos factores. (CDC)

Sueño y piel

La piel también sigue ritmos biológicos.

Durante la noche se desarrollan procesos relacionados con:

  • renovación celular;

  • función barrera;

  • circulación;

  • regulación hormonal;

  • reparación de daños cotidianos.

Dormir poco no provoca una arruga nueva cada noche.

Sin embargo, puede contribuir indirectamente a:

  • aspecto cansado;

  • ojeras;

  • mayor percepción de palidez;

  • recuperación más lenta;

  • menor adherencia a cuidados;

  • aumento del estrés;

  • peores hábitos alimentarios.

La piel refleja parcialmente el estado general del organismo, pero el sueño no sustituye:

  • fotoprotección;

  • cosmética adecuada;

  • nutrición;

  • tratamientos profesionales cuando estén indicados.

¿Dormir produce colágeno?

Durante el sueño se producen cambios hormonales y procesos de reparación relacionados con los tejidos.

Sin embargo, afirmar que una fase concreta “fabrica todo el colágeno” es una simplificación.

La síntesis de colágeno depende de:

  • fibroblastos;

  • edad;

  • genética;

  • estado hormonal;

  • proteínas;

  • vitamina C;

  • radiación solar;

  • tabaco;

  • inflamación;

  • cuidados cutáneos.

Dormir adecuadamente favorece un entorno fisiológico de recuperación, pero no reconstruye por sí solo todo el colágeno perdido.

Ojeras y bolsas

Las ojeras pueden deberse a:

  • genética;

  • pigmentación;

  • vasos visibles;

  • anatomía facial;

  • pérdida de volumen;

  • congestión;

  • alergias;

  • falta de descanso.

Dormir mejor puede reducir el aspecto de cansancio en algunas personas, pero no elimina todos los tipos de ojera.

Las bolsas también pueden relacionarse con:

  • anatomía;

  • envejecimiento;

  • retención de líquidos;

  • alergias;

  • herniación de grasa orbital.

Por eso no todos los casos responden a dormir más o utilizar una crema.

Sueño y menopausia

Durante la perimenopausia y la menopausia pueden aparecer:

  • sofocos;

  • sudoración nocturna;

  • cambios de ánimo;

  • ansiedad;

  • necesidad frecuente de orinar;

  • mayor riesgo de apnea;

  • cambios en el ritmo de sueño.

El descenso y la fluctuación hormonal pueden contribuir, pero no deben asumirse como la única causa.

Una mujer en menopausia también puede padecer:

  • insomnio independiente;

  • apnea;

  • síndrome de piernas inquietas;

  • depresión;

  • trastornos tiroideos;

  • efectos de medicamentos.

La valoración debe ser completa.

Sofocos nocturnos

Los sofocos pueden despertar a la persona o hacer que le cueste volver a dormir.

Algunas medidas prácticas incluyen:

  • mantener el dormitorio fresco;

  • utilizar ropa transpirable;

  • evitar alcohol cerca de la noche;

  • revisar cafeína;

  • usar ropa de cama por capas;

  • consultar cuando los síntomas afectan de forma importante a la calidad de vida.

Existen tratamientos médicos para los síntomas vasomotores. La elección debe individualizarse según antecedentes y preferencias.

Sueño en los hombres

Los hombres también experimentan cambios con la edad.

Puede aumentar el riesgo de:

  • apnea obstructiva;

  • necesidad nocturna de orinar;

  • fragmentación;

  • enfermedades cardiovasculares;

  • uso de medicación;

  • menor actividad física.

La somnolencia diurna intensa no debe atribuirse simplemente a “hacerse mayor”.

El sueño cambia con la edad

Con el envejecimiento suele modificarse la arquitectura del sueño.

Puede aparecer:

  • menor proporción de sueño profundo;

  • despertares más frecuentes;

  • avance del horario;

  • mayor tendencia a dormir siesta;

  • sensibilidad a enfermedades y medicamentos.

Esto no significa que las personas mayores necesiten dormir muy poco.

La recomendación general sigue situándose alrededor de siete u ocho horas para muchos adultos mayores. (CDC)

Dormir peor no debe asumirse automáticamente como una consecuencia inevitable de la edad.

Insomnio

El insomnio no consiste simplemente en dormir pocas horas.

Puede manifestarse como:

  • dificultad para conciliar el sueño;

  • despertares frecuentes;

  • despertar demasiado temprano;

  • sensación de sueño no reparador;

  • repercusión durante el día.

Para considerarlo un problema clínico, debe producir malestar o afectar al funcionamiento.

Una persona que duerme seis horas, despierta descansada y funciona bien puede no padecer insomnio.

Otra que permanece nueve horas en la cama, pero pasa gran parte despierta y agotada, sí podría tenerlo.

El error de esforzarse demasiado por dormir

Dormir no es una conducta que pueda forzarse como levantar un objeto.

Cuanto más intenta una persona obligarse, más puede aumentar la vigilancia.

Pensamientos frecuentes:

  • “Tengo que dormirme ya.”

  • “Mañana será un desastre.”

  • “Solo me quedan cinco horas.”

  • “¿Por qué no funciona nada?”

Esta presión aumenta la activación y dificulta el sueño.

Tratamiento cognitivo-conductual para el insomnio

La terapia cognitivo-conductual para el insomnio, conocida como TCC-I, aborda:

  • hábitos;

  • tiempo en cama;

  • asociaciones entre cama y vigilia;

  • pensamientos;

  • ansiedad relacionada con dormir;

  • regularidad.

No consiste únicamente en dar consejos de higiene del sueño.

Es un tratamiento estructurado y suele considerarse una intervención principal para el insomnio crónico.

Los medicamentos pueden ser útiles en determinados casos, pero requieren una indicación y un seguimiento adecuados.

Apnea obstructiva del sueño

La apnea obstructiva ocurre cuando la vía aérea superior se estrecha o bloquea repetidamente durante el sueño.

Esto puede producir:

  • reducción o interrupción del aire;

  • descensos de oxígeno;

  • despertares breves;

  • fragmentación del sueño;

  • activación cardiovascular.

La persona puede no recordar los despertares y pensar que ha dormido toda la noche.

Síntomas de apnea

Entre los signos frecuentes se encuentran:

  • ronquidos intensos;

  • pausas respiratorias observadas;

  • jadeos o sensación de ahogo;

  • somnolencia diurna;

  • cansancio;

  • dolor de cabeza matutino;

  • boca seca;

  • problemas de concentración;

  • despertar para orinar;

  • disminución de la libido.

En mujeres puede presentarse con más frecuencia como cansancio, insomnio o cefalea, por lo que puede pasar desapercibida. (NHLBI, NIH)

¿Por qué es importante detectarla?

La apnea no tratada se asocia con un mayor riesgo de:

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • enfermedad cardíaca;

  • accidente cerebrovascular;

  • dificultades cognitivas;

  • accidentes por somnolencia.

También puede afectar a la capacidad para concentrarse, recordar y tomar decisiones. (NHLBI, NIH)

El diagnóstico puede requerir un estudio del sueño realizado en un centro o, en determinados casos, mediante dispositivos domiciliarios. (NHLBI, NIH)

Roncar no siempre es inocente

No todas las personas que roncan padecen apnea.

Pero conviene consultar cuando el ronquido se acompaña de:

  • pausas;

  • ahogos;

  • sueño no reparador;

  • somnolencia;

  • hipertensión difícil de controlar;

  • obesidad;

  • arritmias.

El problema no es únicamente el ruido.

Es la posibilidad de que la respiración se esté interrumpiendo.

Síndrome de piernas inquietas

Consiste en una necesidad difícil de controlar de mover las piernas, generalmente:

  • al estar en reposo;

  • por la tarde o noche;

  • acompañada de sensaciones desagradables;

  • aliviada temporalmente por el movimiento.

Puede dificultar conciliar el sueño.

En algunos casos se relaciona con:

  • déficit de hierro;

  • embarazo;

  • enfermedad renal;

  • medicamentos;

  • predisposición familiar.

No debe tratarse automáticamente con magnesio.

Movimientos periódicos de las piernas

Durante el sueño pueden aparecer movimientos repetitivos que fragmenten el descanso.

La persona puede no ser consciente.

Su relevancia depende de la frecuencia y de si produce síntomas diurnos.

Bruxismo

El bruxismo consiste en apretar o rechinar los dientes.

Puede relacionarse con:

  • estrés;

  • anatomía;

  • consumo de alcohol;

  • cafeína;

  • apnea;

  • otros factores.

Puede causar:

  • desgaste dental;

  • dolor mandibular;

  • cefalea;

  • tensión facial.

Requiere una valoración dental y, cuando proceda, del sueño.

Dormir siesta

La siesta no es perjudicial por definición.

Puede mejorar:

  • alerta;

  • estado de ánimo;

  • rendimiento.

Sin embargo, una siesta larga o tardía puede reducir la presión del sueño nocturno.

En personas con insomnio puede resultar útil:

  • limitarla;

  • realizarla temprano;

  • mantenerla breve.

En otras personas, especialmente mayores, una siesta moderada forma parte de una rutina saludable sin afectar al descanso nocturno.

¿Se puede recuperar el sueño el fin de semana?

Dormir algo más después de una semana corta puede reducir parcialmente la somnolencia.

Sin embargo, no siempre compensa todos los efectos acumulados.

Además, levantarse varias horas más tarde puede desplazar el reloj interno y dificultar dormir el domingo.

Investigaciones experimentales indican que recuperar el sueño únicamente durante el fin de semana puede no revertir completamente algunas alteraciones metabólicas producidas por la restricción crónica. (Institutos Nacionales de Salud)

La regularidad suele ser más eficaz que alternar privación intensa y recuperación.

Deuda de sueño

El concepto de deuda de sueño ayuda a visualizar el déficit acumulado.

Si una persona necesita ocho horas y duerme seis durante cinco noches, ha perdido aproximadamente diez horas respecto a su necesidad.

Sin embargo, el organismo no funciona como una cuenta bancaria perfecta.

No siempre basta con dormir diez horas adicionales una sola vez.

La recuperación puede requerir varias noches regulares y suficientes.

Alcohol y sueño

El alcohol puede producir somnolencia inicial.

Pero después:

  • fragmenta el descanso;

  • aumenta despertares;

  • empeora ronquidos;

  • puede agravar la apnea;

  • altera las fases;

  • aumenta la necesidad de orinar.

Aunque una persona se duerma antes, puede despertar menos recuperada.

Tanto el alcohol como la cafeína pueden interferir durante horas con la calidad del sueño.

Cafeína y sueño

La cafeína puede permanecer activa muchas horas.

Una taza después de comer puede seguir influyendo por la noche en personas sensibles.

Conviene considerar:

  • café;

  • té;

  • chocolate;

  • bebidas energéticas;

  • refrescos;

  • suplementos preentrenamiento;

  • guaraná.

Una estrategia práctica consiste en evitar cafeína durante las seis u ocho horas previas a acostarse y comprobar la respuesta.

Nicotina

La nicotina es estimulante.

Puede dificultar:

  • conciliación;

  • continuidad;

  • calidad del descanso.

Además, la abstinencia nocturna puede provocar despertares en fumadores dependientes.

Dejar de fumar mejora la salud global, aunque durante las primeras semanas pueden aparecer cambios temporales del sueño.

Pantallas y sueño

El problema de las pantallas no es únicamente la luz azul.

También influyen:

  • contenido emocional;

  • trabajo;

  • mensajes;

  • redes sociales;

  • vídeos;

  • dificultad para detenerse;

  • desplazamiento de la hora de dormir.

Una persona puede activar el modo nocturno y continuar despierta una hora más.

Por eso la medida más importante suele ser establecer un límite conductual, no confiar únicamente en un filtro.

La cama no debería convertirse en una oficina

Trabajar, comer, discutir, responder correos o ver contenidos durante horas en la cama puede debilitar la asociación entre cama y sueño.

En personas con insomnio, suele ser útil reservarla principalmente para:

  • dormir;

  • intimidad.

Temperatura

El organismo reduce su temperatura central como parte de la preparación para dormir.

Un dormitorio excesivamente caliente puede dificultar este proceso.

Muchas personas descansan mejor en un ambiente:

  • fresco;

  • oscuro;

  • silencioso;

  • ventilado.

No existe una temperatura exacta universal.

Debe adaptarse a la persona, la ropa y la estación.

Ruido

El ruido puede provocar microdespertares aunque la persona no los recuerde.

Cuando no puede eliminarse, pueden ayudar:

  • tapones;

  • aislamiento;

  • sonido constante suave;

  • reorganizar la habitación.

El objetivo no es un silencio perfecto, sino reducir interrupciones imprevisibles.

Luz

La oscuridad facilita la señal nocturna.

Pueden utilizarse:

  • persianas;

  • cortinas opacas;

  • antifaz;

  • eliminación de luces intensas.

Por la mañana, exponerse a luz natural ayuda a sincronizar el reloj interno.

Horarios regulares

Levantarse aproximadamente a la misma hora todos los días suele ser una de las medidas más eficaces.

La hora de despertar:

  • estabiliza el reloj;

  • regula la exposición a luz;

  • favorece la acumulación de presión de sueño;

  • facilita dormir la noche siguiente.

No es necesario que el horario sea idéntico al minuto, pero conviene evitar diferencias extremas.

Rutina nocturna

Una rutina ayuda al cerebro a anticipar el descanso.

Puede incluir:

  • reducir luces;

  • preparar el día siguiente;

  • higiene;

  • lectura tranquila;

  • respiración;

  • música suave;

  • estiramientos ligeros.

No existe un ritual obligatorio.

Debe ser agradable y repetible.

Alimentación y sueño

Las comidas muy abundantes cerca de acostarse pueden producir:

  • reflujo;

  • pesadez;

  • molestias;

  • peor descanso.

Acostarse con hambre intensa también puede dificultarlo.

Una cena equilibrada, realizada con un margen razonable, suele funcionar mejor que una comida excesiva o una restricción extrema.

Hidratación nocturna

Mantenerse hidratado es importante.

Pero beber grandes cantidades justo antes de acostarse puede aumentar los despertares para orinar.

Conviene distribuir los líquidos durante el día.

La necesidad nocturna frecuente también puede relacionarse con:

  • apnea;

  • diabetes;

  • próstata;

  • vejiga;

  • medicamentos;

  • insuficiencia cardíaca.

Si es persistente, debe valorarse.

Ejercicio y luz matinal

Dos herramientas especialmente útiles son:

  • actividad física regular;

  • luz exterior por la mañana.

Ambas ayudan a reforzar los ritmos de actividad y descanso.

Incluso pequeñas cantidades de ejercicio pueden favorecer el sueño. (nhs.uk)

Complementos de melatonina

La melatonina puede ser útil en situaciones concretas, como algunos trastornos del ritmo circadiano.

No es un sedante universal ni resuelve todas las causas de insomnio.

La eficacia depende de:

  • motivo;

  • dosis;

  • horario;

  • formulación;

  • edad.

Tomarla en el momento equivocado puede desplazar el reloj interno en una dirección no deseada.

Además, la calidad de los suplementos puede variar.

Debe consultarse especialmente cuando existen:

  • embarazo;

  • enfermedades;

  • medicación;

  • uso prolongado;

  • síntomas persistentes.

Productos “naturales” para dormir

Algunos preparados contienen:

  • valeriana;

  • pasiflora;

  • melisa;

  • lúpulo;

  • magnesio;

  • múltiples combinaciones.

La evidencia es variable.

Pueden producir:

  • somnolencia;

  • molestias digestivas;

  • interacciones;

  • sedación acumulada.

Natural no significa inocuo.

No deben combinarse indiscriminadamente con alcohol, ansiolíticos, hipnóticos u otros sedantes.

Medicamentos para dormir

Los hipnóticos pueden ser útiles en determinadas situaciones.

Sin embargo, algunos presentan riesgos como:

  • somnolencia diurna;

  • caídas;

  • tolerancia;

  • dependencia;

  • alteraciones de memoria;

  • interacción con alcohol;

  • empeoramiento respiratorio en ciertos pacientes.

No deben iniciarse, combinarse ni retirarse bruscamente sin supervisión.

El objetivo no es demonizarlos, sino utilizarlos cuando estén indicados, durante el tiempo adecuado y dentro de un plan completo.

Mitos y realidades

“Todos necesitamos exactamente ocho horas.”

Mito.

La mayoría de los adultos necesita alrededor de siete a nueve horas, pero existe variabilidad individual.

“Dormir cinco horas es suficiente si estoy acostumbrado.”

No necesariamente.

Acostumbrarse a sentirse cansado no significa que el organismo haya dejado de necesitar descanso.

“El alcohol ayuda a dormir.”

Mito.

Puede facilitar la sedación inicial y empeorar la calidad durante la segunda mitad de la noche.

“Roncar significa dormir profundamente.”

Mito.

Puede indicar obstrucción y apnea.

“Las personas mayores necesitan muy poco sueño.”

Mito.

El sueño puede fragmentarse con la edad, pero las necesidades siguen siendo relevantes.

“Mirar el móvil con filtro azul no afecta.”

Incompleto.

El contenido y el desplazamiento de la hora de dormir continúan influyendo.

“Puedo recuperar toda la deuda el fin de semana.”

No siempre.

Dormir algo más ayuda, pero no garantiza revertir todos los efectos de una semana de privación.

“La melatonina es una pastilla natural sin riesgos.”

Mito.

Es una hormona y su utilidad depende del momento, la dosis y el problema concreto.

“Estar ocho horas en la cama significa dormir ocho horas.”

Mito.

El tiempo despierto también cuenta.

“Si no recuerdo haberme despertado, he dormido seguido.”

No necesariamente.

Pueden existir microdespertares, especialmente en la apnea.

Estrategias prácticas para mejorar el sueño

Mantener una hora estable para levantarse

Incluso después de una noche mala.

Dormir hasta muy tarde puede dificultar la siguiente noche.

Buscar luz natural por la mañana

Abrir ventanas, caminar o desayunar cerca de una fuente de luz.

Realizar actividad física

Preferiblemente de forma regular y adaptada.

Limitar cafeína por la tarde

Especialmente si existe insomnio o descanso no reparador.

Evitar utilizar alcohol como sedante

Puede empeorar la arquitectura del sueño.

Reducir luces y estímulos antes de acostarse

No es necesario vivir en oscuridad durante horas, pero sí crear una transición.

Mantener el dormitorio cómodo

Fresco, oscuro y razonablemente silencioso.

No permanecer despierto durante horas en la cama

Cuando la vigilia se prolonga y aumenta la frustración, puede ser mejor levantarse, realizar una actividad tranquila con poca luz y volver cuando aparezca sueño.

Evitar mirar constantemente la hora

El cálculo de “cuánto queda” aumenta ansiedad.

Reservar tiempo suficiente

Ningún consejo funcionará si la persona se acuesta a la una y debe levantarse a las seis.

La higiene del sueño no sustituye la oportunidad real de dormir.

Señales para consultar

Conviene solicitar valoración cuando existe:

  • insomnio persistente;

  • ronquido intenso;

  • pausas respiratorias;

  • somnolencia peligrosa;

  • quedarse dormido conduciendo;

  • despertares con ahogo;

  • piernas inquietas;

  • movimientos nocturnos;

  • pesadillas frecuentes;

  • conductas durante el sueño;

  • cansancio pese a dormir suficientes horas;

  • necesidad de hipnóticos durante mucho tiempo;

  • alteración importante del ánimo;

  • dolor de cabeza matutino;

  • pérdida de rendimiento.

La somnolencia al volante requiere especial atención.

No debe compensarse únicamente con café.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos el sueño como uno de los pilares del envejecimiento saludable.

No tiene sentido recomendar:

  • una dieta perfecta;

  • entrenamiento de fuerza;

  • tratamientos faciales;

  • reducción de grasa;

  • estrategias hormonales;

  • cosmética avanzada

sin preguntar cómo duerme el paciente.

Durante una valoración integral debemos conocer:

  • horario;

  • duración;

  • despertares;

  • ronquidos;

  • somnolencia;

  • cafeína;

  • alcohol;

  • menopausia;

  • medicación;

  • estrés;

  • actividad física.

Nuestro objetivo no es que todas las personas duerman exactamente ocho horas.

Buscamos que cada paciente disponga de un descanso:

  • suficiente;

  • regular;

  • reparador;

  • compatible con su vida;

  • seguro para su salud.

Ideas clave

  • Dormir es un proceso biológico activo, no una pérdida de tiempo.

  • La mayoría de los adultos necesita al menos siete horas regularmente.

  • La calidad y la regularidad son tan importantes como la duración.

  • Dormir poco puede aumentar el hambre y favorecer alimentos más energéticos.

  • El sueño insuficiente se relaciona con alteraciones metabólicas y cardiovasculares.

  • El músculo, el cerebro, el sistema inmunitario y la piel dependen de una recuperación adecuada.

  • El alcohol puede sedar inicialmente, pero fragmenta el descanso.

  • La cafeína puede seguir activa muchas horas después de consumirla.

  • Ronquidos, pausas respiratorias y somnolencia pueden indicar apnea.

  • El insomnio crónico no se resuelve únicamente con consejos generales.

  • La TCC-I es una herramienta terapéutica estructurada.

  • La regularidad, la luz matinal, el ejercicio y un entorno adecuado son pilares prácticos.

  • Dormir mejor no sustituye la nutrición ni el ejercicio, pero mejora la capacidad para mantener ambos.

Aplicación práctica: diario de sueño durante dos semanas

Registrar cada mañana:

  • hora de acostarse;

  • hora aproximada de dormirse;

  • despertares;

  • hora de levantarse;

  • tiempo total estimado;

  • calidad del sueño del 1 al 10;

  • cafeína;

  • alcohol;

  • ejercicio;

  • siesta;

  • somnolencia durante el día.

Después buscar patrones.

Por ejemplo:

  • peor sueño tras tomar café por la tarde;

  • más despertares después de alcohol;

  • mejor descanso con ejercicio;

  • horarios muy variables;

  • somnolencia a pesar de dormir suficiente;

  • ronquidos observados.

El diario no pretende controlar obsesivamente cada minuto.

Sirve para identificar relaciones que pasan desapercibidas.

Un plan práctico de siete pasos

1. Fijar la hora de levantarse

Elegir un horario realista.

2. Recibir luz matinal

Preferentemente en el exterior.

3. Moverse durante el día

Caminar y realizar ejercicio.

4. Limitar cafeína tardía

Probar un periodo sin cafeína durante las seis u ocho horas previas.

5. Cenar con margen

Evitar tanto una comida muy abundante como acostarse con hambre extrema.

6. Crear una transición nocturna

Reducir trabajo, noticias y estímulos.

7. Consultar si existen signos de trastorno

Especialmente ronquidos con pausas, ahogo o somnolencia intensa.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas horas debo dormir?

La mayoría de los adultos necesita entre siete y nueve horas, aunque debe valorarse cómo funciona cada persona durante el día.

¿Es malo despertarse durante la noche?

Los despertares breves pueden ser normales.

El problema aparece cuando son frecuentes, prolongados o generan síntomas diurnos.

¿Dormir de lado mejora los ronquidos?

En algunas personas puede ayudar, pero no sustituye la valoración cuando existen sospechas de apnea.

¿La menopausia causa insomnio?

Puede contribuir mediante sofocos y cambios hormonales, pero no es la única causa posible.

¿La falta de sueño impide adelgazar?

No lo hace imposible, pero puede aumentar hambre, reducir energía y dificultar la adherencia.

¿Dormir demasiado es perjudicial?

Una duración muy prolongada puede asociarse con problemas de salud, pero a menudo también refleja enfermedades, depresión, sedación o mala calidad nocturna. No debe interpretarse automáticamente como causa.

¿Los relojes y pulseras miden bien el sueño?

Pueden ofrecer estimaciones útiles sobre horarios y regularidad.

No sustituyen un estudio clínico y pueden equivocarse al diferenciar fases o periodos de vigilia tranquila.

¿Debo tomar melatonina?

Depende de la causa del problema.

Es más útil para algunos trastornos del horario que como tratamiento universal del insomnio.

¿Puedo entrenar por la noche?

Sí, si no interfiere con el descanso.

La respuesta debe observarse individualmente.

¿Qué hago si no puedo dormir?

Evitar luchar durante horas, reducir la vigilancia, levantarse temporalmente si aumenta la frustración y consultar cuando el problema persiste.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos un fenómeno que afecta al sueño, al peso, a la piel, al sistema inmunitario, al corazón y a la forma en la que tomamos decisiones:

El estrés: cuándo nos protege, cuándo nos enferma y cómo influye en el envejecimiento.

Analizaremos:

  • respuesta de lucha o huida;

  • sistema nervioso simpático;

  • cortisol;

  • estrés agudo y crónico;

  • hambre emocional;

  • acumulación de grasa abdominal;

  • tensión muscular;

  • estrés y piel;

  • caída del cabello;

  • estrés laboral;

  • agotamiento;

  • respiración, ejercicio y relajación;

  • cuándo solicitar ayuda psicológica;

  • por qué eliminar todo el estrés no es posible ni deseable.

Comprenderemos que el estrés no es únicamente una emoción, sino una respuesta fisiológica necesaria que se vuelve perjudicial cuando permanece activada sin recuperación suficiente.

El siguiente será el capítulo 26: El estrés, que completará el bloque formado por nutrición, ayuno y sueño antes de entrar en ejercicio físico, salud metabólica y composición corporal.

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Capítulo 26

El estrés

Cuándo nos protege, cuándo nos perjudica y cómo influye en el envejecimiento
El estrés no es una debilidad ni una enfermedad por sí mismo. Es una respuesta de adaptación que se vuelve perjudicial cuando permanece activada durante demasiado tiempo y supera nuestra capacidad de recuperación.

Una historia cotidiana

Marcos tiene 50 años.

Dirige una pequeña empresa, atiende constantemente el teléfono y siente que siempre queda algo pendiente.

Se despierta pensando en el trabajo.

Come deprisa.

Por la tarde nota tensión en el cuello y en la mandíbula.

Al llegar a casa está agotado, pero le cuesta desconectar. Cena viendo mensajes, toma una copa para relajarse y se acuesta tarde.

Durante los últimos meses ha notado:

  • mayor irritabilidad;

  • sueño poco reparador;

  • más hambre por la noche;

  • aumento del perímetro abdominal;

  • dificultad para concentrarse;

  • dolor muscular;

  • menor deseo de hacer ejercicio.

Cuando alguien le pregunta si está estresado, responde:

—Lo normal. Todo el mundo vive así.

Marcos no había sufrido un acontecimiento traumático concreto. Su problema era la ausencia de recuperación.

Cada dificultad era pequeña, pero el organismo acumulaba semanas y meses de activación.

Su historia representa una de las formas más frecuentes de estrés actual:

No un peligro enorme y puntual, sino cientos de pequeñas demandas que nunca parecen terminar.

Introducción

La palabra estrés se utiliza para describir experiencias muy diferentes:

  • una discusión;

  • un examen;

  • una enfermedad;

  • falta de dinero;

  • exceso de trabajo;

  • cuidar a un familiar;

  • conducir con prisa;

  • recibir una noticia;

  • no dormir;

  • sentir dolor;

  • entrenar físicamente;

  • atravesar un cambio importante.

En algunos casos el estrés mejora temporalmente nuestra capacidad para reaccionar.

En otros produce malestar, agotamiento y sensación de pérdida de control.

La Organización Mundial de la Salud define el estrés como un estado de preocupación o tensión mental provocado por una situación difícil. Todas las personas experimentan estrés en algún momento, pero cuando se mantiene puede dificultar la concentración, alterar el sueño, modificar el apetito y empeorar problemas de salud preexistentes. (Organización Mundial de la Salud)

El objetivo no puede ser eliminar por completo el estrés.

Una vida sin ningún desafío tampoco sería necesariamente saludable.

Lo importante es comprender:

  • qué activa la respuesta;

  • cuánto dura;

  • qué intensidad alcanza;

  • qué recursos tenemos;

  • si el organismo consigue volver al equilibrio.

¿Qué es realmente el estrés?

El estrés es la respuesta del organismo ante una demanda que interpreta como importante, difícil o amenazante.

La amenaza puede ser:

  • física;

  • psicológica;

  • social;

  • real;

  • anticipada;

  • inmediata;

  • recordada.

El cerebro no responde únicamente a lo que está sucediendo.

También puede activarse ante:

  • lo que creemos que sucederá;

  • una conversación imaginada;

  • un problema pendiente;

  • un recuerdo;

  • la posibilidad de fracasar;

  • la sensación de no tener control.

Por eso es posible experimentar una respuesta física intensa sin estar frente a un peligro material inmediato.

El estrés no está solamente en la mente

Cuando el cerebro detecta una amenaza, envía señales a distintos sistemas.

En pocos segundos pueden aparecer:

  • aumento de la frecuencia cardíaca;

  • respiración más rápida;

  • tensión muscular;

  • mayor vigilancia;

  • sudoración;

  • liberación de glucosa;

  • reducción temporal de funciones no prioritarias;

  • cambios digestivos.

La respuesta implica al cerebro, al sistema nervioso, a las glándulas suprarrenales, al corazón, a los músculos y a numerosos órganos.

El estrés es una experiencia psicológica y también fisiológica.

La respuesta de lucha, huida o inmovilización

Ante un peligro, el organismo necesita reaccionar rápidamente.

Las respuestas clásicas son:

  • luchar;

  • huir;

  • quedarse inmóvil.

No se trata de decisiones completamente conscientes.

Son patrones automáticos que aumentaron las probabilidades de supervivencia durante la evolución.

Lucha

El organismo se prepara para enfrentarse al problema.

Puede aparecer:

  • irritabilidad;

  • tensión;

  • impulso de discutir;

  • aumento de energía.

Huida

Aparece el deseo de escapar o evitar.

Puede manifestarse como:

  • inquietud;

  • necesidad de salir;

  • evitación;

  • dificultad para permanecer quieto.

Inmovilización

Ante situaciones percibidas como incontrolables, algunas personas sienten:

  • bloqueo;

  • desconexión;

  • dificultad para pensar;

  • incapacidad para actuar;

  • sensación de quedarse en blanco.

Todas estas respuestas forman parte del repertorio humano.

El sistema nervioso simpático

La primera fase de la respuesta está coordinada en gran medida por el sistema nervioso simpático.

Este sistema prepara al cuerpo para actuar.

Las glándulas suprarrenales liberan sustancias como:

  • adrenalina;

  • noradrenalina.

Como consecuencia:

  • aumenta el pulso;

  • se eleva temporalmente la presión arterial;

  • se dirige más sangre a los músculos;

  • se dilatan las vías respiratorias;

  • aumenta la disponibilidad de energía;

  • disminuye temporalmente parte de la actividad digestiva.

En una emergencia, esta respuesta puede salvar la vida.

El problema no es que se active.

El problema aparece cuando lo hace constantemente ante correos, discusiones, tráfico, incertidumbre y preocupaciones que no tienen un final claro.

El eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal

Además de la respuesta nerviosa rápida, el estrés activa una vía hormonal conocida como eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal.

De forma simplificada:

  1. El hipotálamo detecta la amenaza.

  2. Envía una señal a la hipófisis.

  3. La hipófisis activa las glándulas suprarrenales.

  4. Estas liberan cortisol.

El cortisol ayuda al organismo a disponer de energía y adaptarse a la demanda.

Participa en:

  • regulación de la glucosa;

  • presión arterial;

  • metabolismo;

  • respuesta inmunitaria;

  • inflamación;

  • ritmo de sueño y vigilia.

No es una hormona mala.

Sin cortisol no podríamos mantener muchas funciones esenciales.

El ritmo normal del cortisol

El cortisol no aparece únicamente durante el estrés.

Sigue un ritmo diario.

En condiciones normales:

  • aumenta durante las primeras horas del día;

  • contribuye al despertar y la activación;

  • disminuye progresivamente;

  • suele alcanzar niveles más bajos durante la noche.

El sueño irregular, los turnos laborales, la exposición nocturna a luz y el estrés mantenido pueden alterar este patrón.

Por eso, medir el cortisol en un único momento no permite explicar automáticamente todos los síntomas de una persona.

¿Sabías que...?

El término “cortisol alto” se utiliza con demasiada facilidad en redes sociales. El cansancio, el aumento de peso o la grasa abdominal no demuestran por sí solos una alteración patológica del cortisol.

Enfermedades endocrinas como el síndrome de Cushing producen una exposición excesiva y sostenida a glucocorticoides, con consecuencias que pueden incluir obesidad central, pérdida muscular, hipertensión y alteraciones de la glucosa. Esto no equivale al estrés cotidiano y requiere diagnóstico médico. (CNIB)

Estrés agudo y estrés crónico

Estrés agudo

Aparece ante una demanda puntual.

Por ejemplo:

  • hablar en público;

  • evitar un accidente;

  • realizar un examen;

  • afrontar una entrevista;

  • competir;

  • resolver una urgencia.

Puede mejorar temporalmente:

  • atención;

  • energía;

  • rapidez de respuesta;

  • motivación.

Cuando termina la situación, el organismo debería volver progresivamente al equilibrio.

Estrés crónico

Se produce cuando la demanda:

  • se mantiene durante semanas o meses;

  • se repite constantemente;

  • parece imposible de controlar;

  • no permite una recuperación suficiente.

Puede relacionarse con:

  • dificultades económicas;

  • sobrecarga laboral;

  • cuidado prolongado de familiares;

  • enfermedad crónica;

  • dolor persistente;

  • conflicto familiar;

  • soledad;

  • inseguridad laboral;

  • falta de descanso.

El estrés crónico puede empeorar problemas de salud ya existentes y favorecer hábitos como mayor consumo de alcohol, tabaco o comida como forma de afrontamiento. (Organización Mundial de la Salud)

La importancia de la recuperación

Dos personas pueden afrontar demandas similares y experimentar efectos diferentes.

La diferencia puede depender de:

  • recursos económicos;

  • apoyo social;

  • experiencia previa;

  • personalidad;

  • salud;

  • sueño;

  • sensación de control;

  • significado atribuido a la situación;

  • tiempo disponible para recuperarse.

El organismo puede soportar periodos intensos cuando después existe descanso.

El problema aparece cuando cada jornada comienza antes de que la anterior haya terminado fisiológicamente.

La carga alostática

El organismo intenta mantener la estabilidad adaptándose a las demandas.

Este proceso se conoce como alostasis.

Cuando la adaptación se repite demasiado, puede acumularse desgaste.

A esta acumulación se la denomina carga alostática.

Podemos imaginarla como el desgaste de un vehículo que circula constantemente a altas revoluciones.

No se avería necesariamente en un día.

Pero el uso continuo sin mantenimiento aumenta la probabilidad de problemas.

La carga alostática puede estar influida por:

  • estrés;

  • sueño insuficiente;

  • inflamación;

  • sedentarismo;

  • mala alimentación;

  • factores sociales;

  • enfermedades;

  • exposición ambiental.

¿Todo el estrés es malo?

No.

Un nivel moderado y temporal de activación puede ayudarnos a:

  • aprender;

  • concentrarnos;

  • competir;

  • actuar;

  • superar desafíos;

  • adaptarnos.

El ejercicio físico, por ejemplo, representa una forma de estrés biológico controlado.

Durante el entrenamiento:

  • aumenta la frecuencia cardíaca;

  • se producen pequeñas alteraciones musculares;

  • cambia el metabolismo.

Después, con descanso y nutrición, el organismo se adapta y se fortalece.

La diferencia está en que el ejercicio bien planificado incluye recuperación.

Estrés útil y estrés perjudicial

Podemos distinguir de forma divulgativa:

Estrés adaptativo

  • tiene una duración limitada;

  • existe sensación de control;

  • conduce a aprendizaje;

  • se acompaña de recuperación;

  • no supera permanentemente los recursos.

Estrés perjudicial

  • se mantiene;

  • parece incontrolable;

  • genera agotamiento;

  • interfiere con el sueño;

  • deteriora hábitos;

  • afecta al funcionamiento diario;

  • no permite volver al estado basal.

No siempre podemos elegir las circunstancias, pero sí podemos trabajar sobre parte de la respuesta y sobre los recursos disponibles.

Estrés y sueño

La relación es bidireccional.

El estrés puede dificultar:

  • conciliar el sueño;

  • mantenerlo;

  • desconectar mentalmente;

  • recuperar profundidad.

Dormir poco, a su vez, aumenta:

  • irritabilidad;

  • sensibilidad emocional;

  • percepción de amenaza;

  • dificultad para resolver problemas;

  • impulsividad.

Se crea así un círculo:

  1. La persona se preocupa.

  2. Duerme peor.

  3. Al día siguiente tolera peor las demandas.

  4. Se siente más estresada.

  5. Vuelve a dormir mal.

En muchos casos, mejorar el sueño es una parte esencial del tratamiento del estrés.

La mente activa por la noche

Durante el día, las tareas ocupan la atención.

Cuando llega la noche y disminuyen los estímulos, aparecen pensamientos como:

  • “¿Qué voy a hacer mañana?”

  • “¿Y si esto sale mal?”

  • “No debería haber dicho aquello.”

  • “Tengo demasiadas cosas pendientes.”

Intentar resolver todos los problemas desde la cama suele aumentar la activación.

Una estrategia útil puede consistir en reservar antes de la noche unos minutos para:

  • anotar preocupaciones;

  • planificar acciones;

  • diferenciar lo controlable de lo que no lo es;

  • cerrar temporalmente el día.

No elimina los problemas, pero reduce la necesidad de mantenerlos mentalmente activos durante la noche.

Estrés y apetito

El estrés puede modificar el apetito en dos direcciones.

Algunas personas comen menos.

Otras comen más.

La respuesta depende de:

  • intensidad;

  • duración;

  • hábitos;

  • disponibilidad de alimentos;

  • emociones;

  • sueño;

  • aprendizaje previo.

Durante un estrés agudo puede desaparecer temporalmente el hambre.

Cuando el estrés se prolonga, muchas personas buscan alimentos agradables y energéticos como forma de alivio.

Hambre física y hambre emocional

Hambre física

Suele:

  • aparecer progresivamente;

  • aceptar diferentes alimentos;

  • disminuir después de comer;

  • acompañarse de señales corporales.

Hambre emocional

Puede:

  • aparecer de forma repentina;

  • dirigirse a alimentos concretos;

  • continuar aunque exista plenitud;

  • relacionarse con ansiedad, aburrimiento o tristeza;

  • dejar culpa después.

Ambas pueden coexistir.

No se trata de juzgar a la persona, sino de comprender qué necesidad intenta cubrir.

Por qué buscamos dulces o aperitivos

Los alimentos muy palatables pueden producir una recompensa inmediata.

Durante unos minutos:

  • distraen;

  • proporcionan placer;

  • crean un ritual;

  • reducen la sensación de malestar.

El problema aparece cuando la comida se convierte en el único recurso disponible para gestionar las emociones.

La solución no consiste simplemente en prohibirla.

Consiste en ampliar las herramientas de regulación.

Estrés y aumento de peso

El estrés no provoca automáticamente aumento de peso.

Puede influir a través de distintos mecanismos:

  • peor sueño;

  • mayor apetito;

  • menor actividad;

  • consumo emocional;

  • alcohol;

  • comidas irregulares;

  • menor planificación;

  • aumento del sedentarismo;

  • cambios metabólicos.

Algunas personas pierden peso durante periodos de estrés.

Otras lo ganan.

Por eso no existe una respuesta universal.

Estrés y grasa abdominal

El cortisol influye en la disponibilidad de glucosa y el metabolismo energético.

Una exposición hormonal patológica, como la observada en el síndrome de Cushing, puede favorecer obesidad central y pérdida muscular. Sin embargo, no debe trasladarse directamente este cuadro al estrés cotidiano. (CNIB)

En la vida real, la relación entre estrés y grasa abdominal suele estar mediada por una combinación de:

  • sueño insuficiente;

  • alimentación;

  • sedentarismo;

  • genética;

  • etapa hormonal;

  • consumo de alcohol;

  • salud metabólica.

No existe un suplemento capaz de “bloquear el cortisol” y eliminar específicamente el abdomen.

El mito de la barriga de cortisol

En redes sociales se utiliza esta expresión para describir cualquier acumulación abdominal.

Sin embargo, la grasa abdominal puede relacionarse con:

  • edad;

  • menopausia;

  • genética;

  • balance energético;

  • resistencia a la insulina;

  • sedentarismo;

  • pérdida muscular;

  • sueño;

  • alcohol;

  • medicamentos.

El estrés puede contribuir, pero no debe convertirse en la única explicación.

Una valoración correcta evita tratamientos innecesarios y promesas engañosas.

Estrés y resistencia a la insulina

Durante una situación de amenaza, disponer de glucosa resulta útil.

El cortisol y las catecolaminas ayudan a movilizar energía.

Cuando la respuesta se mantiene y coincide con:

  • exceso de peso;

  • mala alimentación;

  • sedentarismo;

  • sueño insuficiente,

puede contribuir a un entorno metabólico menos favorable.

Aun así, la resistencia a la insulina es multifactorial.

No se diagnostica por sentirse estresado ni se corrige únicamente mediante relajación.

Estrés y sistema digestivo

El cerebro y el intestino mantienen una comunicación constante.

El estrés puede modificar:

  • motilidad;

  • sensibilidad;

  • secreciones;

  • percepción del dolor;

  • hábitos alimentarios.

Puede asociarse con:

  • náuseas;

  • diarrea;

  • estreñimiento;

  • distensión;

  • dolor;

  • sensación de nudo en el estómago.

La APA señala que el estrés puede intensificar la percepción de dolor, hinchazón, náuseas y otras molestias digestivas. (APA)

Esto no significa que todos los síntomas digestivos sean psicológicos.

Una molestia persistente, sangrado, pérdida de peso involuntaria, anemia o dolor intenso requieren valoración médica.

Estrés y microbiota

El estrés puede influir indirectamente en la microbiota mediante:

  • cambios en la alimentación;

  • sueño;

  • motilidad;

  • sustancias hormonales;

  • función inmunitaria.

También se investiga la comunicación bidireccional entre microbiota y cerebro.

Sin embargo, todavía no podemos afirmar que un probiótico concreto elimine el estrés de forma general.

La relación es compleja y sigue en estudio.

Estrés y tensión muscular

Cuando el cerebro interpreta una amenaza, los músculos se preparan para actuar.

Si esta activación se repite, puede aparecer tensión en:

  • cuello;

  • hombros;

  • espalda;

  • mandíbula;

  • cuero cabelludo.

Esto puede contribuir a:

  • dolor;

  • rigidez;

  • cefalea tensional;

  • bruxismo;

  • fatiga muscular.

El dolor también genera estrés, creando un círculo de activación y mayor sensibilidad.

Mandíbula y bruxismo

Muchas personas aprietan los dientes durante el día o la noche.

Puede relacionarse con:

  • estrés;

  • ansiedad;

  • problemas del sueño;

  • hábitos;

  • consumo de estimulantes;

  • factores dentales.

Los síntomas pueden incluir:

  • dolor mandibular;

  • desgaste dental;

  • cefalea;

  • tensión facial;

  • sensibilidad de dientes.

Necesita una valoración odontológica y, cuando corresponda, revisión del sueño y de los factores emocionales.

Estrés y dolor

El estrés puede aumentar la vigilancia sobre las sensaciones corporales y modificar la percepción del dolor.

No significa que el dolor sea imaginario.

El dolor es una experiencia real influida por:

  • lesión;

  • sistema nervioso;

  • sueño;

  • emociones;

  • experiencias previas;

  • miedo;

  • contexto.

Un abordaje eficaz puede necesitar combinar tratamiento físico, movimiento, educación, sueño y apoyo psicológico.

Estrés y sistema cardiovascular

Durante una respuesta aguda:

  • aumenta el pulso;

  • se eleva temporalmente la presión;

  • cambia el tono vascular.

Cuando esta activación se repite, puede formar parte de un conjunto de factores que afectan a la salud cardiovascular.

El estrés crónico se ha relacionado con hipertensión, conductas de riesgo y peor salud física y psicológica, aunque su impacto depende de múltiples variables. (ATSDR)

El estrés no sustituye a los factores clásicos de riesgo.

También deben controlarse:

  • tabaco;

  • colesterol;

  • presión arterial;

  • diabetes;

  • actividad física;

  • alimentación;

  • peso.

Estrés y sistema inmunitario

La respuesta de estrés modifica temporalmente la actividad inmunitaria.

A corto plazo esto puede formar parte de la adaptación.

Cuando la activación es intensa o prolongada puede alterar la regulación de:

  • inflamación;

  • defensas;

  • recuperación.

No significa que una semana difícil destruya el sistema inmunitario.

La inmunidad es compleja y depende también de:

  • edad;

  • sueño;

  • nutrición;

  • enfermedades;

  • medicación;

  • vacunación;

  • actividad física.

Estrés e inflamación

El cortisol ayuda a regular la inflamación.

Sin embargo, una respuesta crónica y desorganizada puede asociarse con alteraciones en la comunicación inmunitaria.

La relación no puede reducirse a:

“Más estrés significa siempre más cortisol y más inflamación.”

En algunas personas pueden existir patrones hormonales y de respuesta diferentes.

Lo importante es que el estrés mantenido puede contribuir a un entorno menos favorable cuando se combina con otros factores.

Estrés y piel

La piel está conectada con los sistemas nervioso, hormonal e inmunitario.

El estrés puede influir en:

  • función barrera;

  • inflamación;

  • picor;

  • hábitos de rascado;

  • sueño;

  • cuidados diarios.

Puede empeorar en algunas personas:

  • acné;

  • rosácea;

  • dermatitis;

  • psoriasis;

  • urticaria;

  • herpes recurrente.

Esto no significa que estas enfermedades sean exclusivamente emocionales.

Tienen mecanismos biológicos complejos y requieren un tratamiento adecuado.

Estrés y acné

El estrés puede modificar señales hormonales e inflamatorias y favorecer conductas como:

  • tocarse la cara;

  • dormir menos;

  • comer de manera irregular;

  • abandonar los cuidados.

En personas predispuestas puede coincidir con empeoramientos.

No obstante, el acné requiere valorar:

  • edad;

  • hormonas;

  • productos cosméticos;

  • medicamentos;

  • genética;

  • gravedad.

Estrés y rosácea

La activación emocional puede producir vasodilatación y enrojecimiento.

En algunas personas el estrés actúa como desencadenante junto con:

  • calor;

  • alcohol;

  • sol;

  • comidas picantes;

  • cambios de temperatura.

Identificar los desencadenantes ayuda, pero no sustituye al tratamiento dermatológico.

Estrés y envejecimiento de la piel

No puede afirmarse que cada preocupación produzca una arruga.

Sin embargo, el estrés crónico puede influir indirectamente mediante:

  • peor sueño;

  • mayor inflamación;

  • tabaco;

  • alcohol;

  • menor adherencia a cuidados;

  • cambios alimentarios;

  • tensión facial.

El efecto acumulado de estos factores puede contribuir a un aspecto más cansado y a una peor recuperación cutánea.

Estrés y caída del cabello

Una situación física o emocional intensa puede contribuir a un tipo de caída difusa llamado efluvio telógeno.

Este fenómeno no suele aparecer inmediatamente.

Puede manifestarse semanas o meses después del desencadenante.

Sin embargo, la caída del cabello también puede relacionarse con:

  • genética;

  • hierro;

  • tiroides;

  • hormonas;

  • medicamentos;

  • pérdida rápida de peso;

  • enfermedades;

  • problemas del cuero cabelludo.

No debe atribuirse automáticamente al estrés sin realizar una valoración adecuada.

Estrés y canas

Se investiga la relación entre estrés, células pigmentarias y aparición de canas.

Existen mecanismos biológicos plausibles y datos experimentales interesantes.

Sin embargo, la genética y la edad siguen desempeñando un papel fundamental.

No puede prometerse que reducir el estrés revierta las canas establecidas.

Estrés y sexualidad

La activación mantenida puede reducir:

  • deseo;

  • excitación;

  • capacidad para concentrarse en la intimidad;

  • calidad de la relación.

También pueden influir:

  • cansancio;

  • conflictos;

  • hormonas;

  • medicación;

  • dolor;

  • enfermedades.

La sexualidad no debe interpretarse como una prueba automática del estado hormonal.

Estrés laboral

El trabajo puede proporcionar:

  • identidad;

  • ingresos;

  • estructura;

  • relaciones;

  • propósito.

También puede convertirse en una fuente de estrés cuando existen:

  • carga excesiva;

  • falta de autonomía;

  • horarios imprevisibles;

  • inseguridad;

  • acoso;

  • conflicto;

  • ausencia de reconocimiento;

  • falta de recursos.

No siempre basta con recomendar a la persona que medite.

Parte del problema puede estar en la organización o en las condiciones laborales.

¿Qué es el burnout?

La OMS describe el burnout como un fenómeno ocupacional derivado del estrés crónico en el trabajo que no ha sido gestionado adecuadamente. Se caracteriza por agotamiento, distanciamiento mental o negatividad hacia el trabajo y menor eficacia profesional. No se clasifica como una enfermedad médica general y se refiere específicamente al contexto laboral. (Organización Mundial de la Salud)

No todo cansancio es burnout.

También deben valorarse:

  • depresión;

  • anemia;

  • trastornos tiroideos;

  • apnea del sueño;

  • enfermedades;

  • sobrecarga familiar;

  • efectos de medicamentos.

Estrés del cuidador

Cuidar a una persona dependiente puede generar:

  • agotamiento;

  • culpa;

  • aislamiento;

  • alteraciones del sueño;

  • falta de tiempo propio;

  • dificultades económicas.

La persona cuidadora puede sentirse obligada a estar disponible de manera permanente.

Pedir ayuda no representa falta de amor.

Forma parte de mantener la capacidad para seguir cuidando.

Estrés y menopausia

La perimenopausia puede coincidir con:

  • sofocos;

  • sueño fragmentado;

  • responsabilidades familiares;

  • cuidado de padres;

  • cambios laborales;

  • hijos adolescentes o adultos;

  • cambios en la imagen corporal.

Esta acumulación puede intensificar la percepción de estrés.

No todos los síntomas deben atribuirse únicamente a las hormonas ni únicamente a la mente.

El abordaje debe integrar:

  • etapa hormonal;

  • sueño;

  • salud mental;

  • ejercicio;

  • alimentación;

  • apoyo social.

Estrés en los hombres

Algunos hombres expresan el estrés principalmente mediante:

  • irritabilidad;

  • aislamiento;

  • consumo de alcohol;

  • exceso de trabajo;

  • conductas de riesgo;

  • problemas de sueño;

  • molestias físicas.

No siempre lo identifican como malestar emocional.

Normalizar la búsqueda de apoyo puede facilitar una intervención más temprana.

¿Podemos eliminar el estrés?

No.

Siempre existirán:

  • cambios;

  • pérdidas;

  • responsabilidades;

  • incertidumbre;

  • conflictos;

  • decisiones.

El objetivo es desarrollar capacidad de regulación y recuperación.

La gestión del estrés no significa convertirse en una persona que nunca se altera.

Significa poder:

  • reconocer la activación;

  • responder con mayor flexibilidad;

  • recuperarse;

  • pedir ayuda;

  • modificar lo que sí puede cambiarse.

Controlable, influenciable e incontrolable

Una herramienta práctica consiste en dividir las preocupaciones en tres grupos.

Controlable

Acciones directas:

  • preparar una reunión;

  • organizar horarios;

  • apagar el teléfono;

  • pedir una cita;

  • caminar;

  • planificar comidas.

Influenciable

No depende completamente de nosotros, pero podemos intervenir:

  • hablar con un compañero;

  • negociar tareas;

  • pedir apoyo;

  • establecer límites.

Incontrolable

No podemos modificarlo directamente:

  • decisiones ajenas;

  • acontecimientos pasados;

  • incertidumbre absoluta;

  • envejecimiento;

  • algunas enfermedades.

Invertir toda la energía en lo incontrolable aumenta la sensación de impotencia.

Respiración y estrés

La respiración se acelera durante la activación.

Modificar conscientemente el ritmo puede enviar señales de mayor seguridad al organismo.

Una práctica sencilla:

  1. Inspirar con suavidad.

  2. Espirar algo más lentamente.

  3. Evitar llenar los pulmones de forma forzada.

  4. Repetir durante varios minutos.

No se trata de introducir enormes cantidades de aire.

Respirar demasiado rápido o profundamente puede provocar mareo por hiperventilación.

Respiración diafragmática

Puede practicarse colocando una mano sobre el abdomen y otra sobre el pecho.

Durante una respiración tranquila:

  • el abdomen se mueve suavemente;

  • los hombros permanecen relajados;

  • la espiración es lenta.

No es una cura universal, pero puede ayudar a reducir la activación aguda.

Relajación muscular

La tensión puede mantenerse sin que la persona sea consciente.

La relajación muscular progresiva consiste en:

  • tensar suavemente un grupo muscular;

  • reconocer la sensación;

  • soltar;

  • comparar.

Puede practicarse con:

  • manos;

  • hombros;

  • rostro;

  • abdomen;

  • piernas.

No debe realizarse con fuerza en zonas lesionadas o dolorosas.

Ejercicio físico

La actividad física es una de las herramientas con mayor utilidad general.

Puede ayudar a:

  • reducir tensión;

  • mejorar el sueño;

  • regular el estado de ánimo;

  • aumentar sensación de control;

  • mejorar la salud metabólica.

No es necesario realizar un entrenamiento extremo.

Caminar, entrenar fuerza, nadar, bailar o montar en bicicleta pueden ser opciones.

La actividad debe adaptarse a la salud y preferencias.

Naturaleza y espacios exteriores

Pasar tiempo al aire libre puede facilitar:

  • movimiento;

  • exposición a luz diurna;

  • desconexión;

  • reducción de estímulos digitales.

No existe una dosis mágica de naturaleza.

El beneficio puede proceder de varios factores combinados.

Mindfulness

El mindfulness consiste en entrenar la atención al momento presente con una actitud de observación.

No significa:

  • dejar la mente en blanco;

  • no tener pensamientos;

  • eliminar emociones;

  • aceptar pasivamente cualquier situación.

Puede ayudar a reconocer pensamientos y sensaciones sin reaccionar automáticamente.

No es adecuado ni suficiente para todos los problemas, pero puede formar parte de una estrategia.

Meditación

Existen muchas formas:

  • atención a la respiración;

  • exploración corporal;

  • compasión;

  • movimiento consciente;

  • prácticas guiadas.

Comenzar con periodos breves suele ser más realista que intentar permanecer media hora inmóvil desde el primer día.

Escribir

Anotar preocupaciones puede ayudar a:

  • organizar;

  • identificar patrones;

  • diferenciar hechos de anticipaciones;

  • establecer acciones;

  • reducir la necesidad de recordar constantemente.

Una estructura útil:

  • ¿Qué me preocupa?

  • ¿Qué evidencia tengo?

  • ¿Qué puedo hacer?

  • ¿Qué no depende de mí?

  • ¿Cuál es el siguiente paso pequeño?

Apoyo social

Hablar con una persona de confianza puede reducir la sensación de aislamiento.

El apoyo no siempre consiste en recibir soluciones.

A veces ayuda:

  • sentirse escuchado;

  • compartir responsabilidad;

  • recibir perspectiva;

  • pedir ayuda concreta.

La calidad de las relaciones es un componente importante del envejecimiento saludable.

Límites

Gestionar el estrés puede requerir decir:

  • no;

  • ahora no;

  • necesito ayuda;

  • no puedo asumir más;

  • responderé mañana.

Los límites no son una agresión.

Son una forma de administrar recursos limitados.

Desconexión digital

El teléfono puede mantener una disponibilidad constante.

Algunas medidas prácticas:

  • desactivar notificaciones no esenciales;

  • establecer horarios;

  • no llevarlo a la cama;

  • separar trabajo y descanso;

  • evitar revisar mensajes continuamente;

  • reservar periodos sin pantalla.

El objetivo no es rechazar la tecnología, sino recuperar el control sobre la atención.

Sueño como intervención

Antes de buscar suplementos contra el estrés conviene revisar:

  • horario;

  • duración;

  • cafeína;

  • alcohol;

  • ronquidos;

  • pantallas;

  • regularidad.

Un cerebro privado de sueño percibe las demandas de forma más intensa y dispone de menos recursos para regularlas.

Alimentación regular

Saltarse comidas de forma desorganizada puede favorecer:

  • hambre intensa;

  • irritabilidad;

  • consumo impulsivo;

  • menor concentración.

Algunas personas toleran bien estructuras como el ayuno intermitente.

Otras funcionan mejor con horarios regulares.

El patrón debe reducir, no aumentar, la carga diaria.

Alcohol como estrategia de afrontamiento

El alcohol puede producir una sensación temporal de relajación.

Sin embargo:

  • empeora el sueño;

  • reduce el control de impulsos;

  • puede aumentar ansiedad posterior;

  • añade energía;

  • favorece dependencia.

Utilizarlo repetidamente para desconectar es una señal que conviene revisar.

Tabaco y estrés

Muchas personas sienten que fumar las relaja.

Parte del alivio se debe a corregir temporalmente síntomas de abstinencia de nicotina.

El tabaco no reduce el estrés fisiológico global y añade importantes riesgos.

Dejarlo puede aumentar temporalmente la irritabilidad, pero mejora la salud a largo plazo.

Suplementos “anticortisol”

Se comercializan productos con:

  • plantas;

  • magnesio;

  • vitaminas;

  • aminoácidos;

  • mezclas adaptógenas.

Algunos ingredientes presentan estudios preliminares, pero no existe un suplemento universal capaz de regular el estrés ni eliminar selectivamente la grasa abdominal.

Además, pueden existir:

  • interacciones;

  • efectos sedantes;

  • alteraciones tiroideas;

  • problemas hepáticos;

  • duplicidad de ingredientes.

La palabra adaptógeno no garantiza eficacia ni seguridad.

Terapia psicológica

Consultar a un profesional no significa que el problema sea imaginario ni que la persona sea débil.

La terapia puede ayudar a:

  • identificar patrones;

  • modificar pensamientos;

  • afrontar miedos;

  • establecer límites;

  • procesar experiencias;

  • mejorar habilidades;

  • cambiar conductas.

Existen distintos enfoques y no todos funcionan de igual forma para todas las personas.

Cuándo pedir ayuda

Conviene consultar cuando el estrés:

  • persiste durante semanas;

  • impide dormir;

  • afecta al trabajo o la familia;

  • produce crisis de ansiedad;

  • provoca aislamiento;

  • aumenta el consumo de alcohol o sustancias;

  • genera atracones;

  • se acompaña de tristeza intensa;

  • produce sensación de no poder continuar;

  • provoca síntomas físicos persistentes.

También es importante consultar ante:

  • dolor en el pecho;

  • dificultad respiratoria intensa;

  • desmayo;

  • síntomas neurológicos;

  • palpitaciones prolongadas.

No deben atribuirse automáticamente al estrés sin descartar otras causas.

Estrés, ansiedad y depresión

Estos conceptos pueden relacionarse, pero no son idénticos.

Estrés

Respuesta ante una demanda o amenaza.

Ansiedad

Puede incluir preocupación, miedo y activación incluso cuando no existe un peligro inmediato claro.

Depresión

Puede incluir tristeza persistente, pérdida de interés, desesperanza, alteraciones del sueño y dificultades para funcionar.

Una persona puede presentar más de uno.

La OMS señala que los trastornos de ansiedad pueden manifestarse con dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión, palpitaciones, molestias abdominales y problemas de sueño. (Organización Mundial de la Salud)

El diagnóstico y tratamiento deben realizarse profesionalmente.

Mitos y realidades

“Todo el estrés es malo.”

Mito.

Una activación breve puede mejorar el rendimiento y ayudar a responder ante desafíos.

“El estrés está solo en la mente.”

Mito.

Produce respuestas reales en el sistema nervioso, hormonal, muscular y cardiovascular.

“El cortisol es una hormona mala.”

Mito.

Es esencial para la vida. El problema aparece cuando su regulación se altera o existe una exposición patológica.

“La grasa abdominal siempre se debe al cortisol.”

Mito.

Intervienen alimentación, genética, edad, hormonas, músculo, sueño y actividad física.

“Hay que eliminar todos los problemas para sentirse mejor.”

Mito.

Parte del trabajo consiste en desarrollar recursos para afrontar situaciones que no pueden eliminarse.

“Relajarse significa no hacer nada.”

Mito.

Para algunas personas caminar, cocinar, entrenar o conversar puede ser más regulador que permanecer inmóviles.

“La meditación funciona para todo el mundo.”

Mito.

Puede ayudar a muchas personas, pero no sustituye tratamientos ni se adapta a todas las situaciones.

“Si tengo síntomas físicos por estrés, no son reales.”

Mito.

Los síntomas son reales aunque estén modulados por la respuesta de estrés.

“Un suplemento puede bajar el cortisol y eliminar la barriga.”

Mito.

No existe una solución universal de este tipo.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que la piel, la composición corporal y el bienestar no pueden valorarse sin preguntar por el estrés.

Un paciente puede acudir por:

  • aumento de peso;

  • acné;

  • caída del cabello;

  • flacidez;

  • cansancio;

  • tensión muscular;

  • peor sueño.

Detrás pueden coexistir factores físicos, emocionales y sociales.

Nuestro enfoque integral debe valorar:

  • calidad del sueño;

  • alimentación;

  • trabajo;

  • responsabilidades;

  • actividad física;

  • alcohol;

  • menopausia;

  • medicación;

  • salud mental;

  • apoyo social.

No pretendemos convertir cada problema estético en un problema psicológico.

Pretendemos evitar el error contrario: tratar únicamente lo visible e ignorar el contexto que puede estar influyendo.

Ideas clave

  • El estrés es una respuesta normal de adaptación.

  • El sistema nervioso simpático y el eje hormonal preparan al organismo para actuar.

  • La adrenalina y el cortisol no son sustancias perjudiciales por definición.

  • El estrés agudo puede mejorar el rendimiento.

  • El estrés crónico aparece cuando la activación se mantiene sin recuperación.

  • Puede influir en sueño, apetito, digestión, dolor, piel y hábitos.

  • No todas las personas responden comiendo más ni ganando peso.

  • La grasa abdominal no puede explicarse únicamente por el cortisol.

  • El estrés puede empeorar algunas enfermedades cutáneas, pero no es su única causa.

  • El apoyo social, el ejercicio, el sueño y los límites forman parte del manejo.

  • Respiración, relajación y mindfulness son herramientas, no soluciones universales.

  • Los suplementos anticortisol no sustituyen la valoración profesional.

  • Consultar con un psicólogo o médico es una decisión de cuidado, no una señal de debilidad.

Aplicación práctica: mapa personal del estrés

Durante una semana, anotar:

Situación

¿Qué estaba ocurriendo?

Pensamiento

¿Qué interpretación apareció?

Sensación física

  • tensión;

  • pulso;

  • calor;

  • presión;

  • molestias digestivas.

Emoción

  • miedo;

  • irritación;

  • tristeza;

  • frustración.

Conducta

  • comer;

  • discutir;

  • evitar;

  • fumar;

  • trabajar más;

  • caminar;

  • pedir ayuda.

Recuperación

¿Qué ayudó realmente después?

Este registro permite identificar patrones que de otro modo parecen aleatorios.

Plan práctico de cinco pasos

1. Reconocer

Identificar las primeras señales:

  • mandíbula;

  • hombros;

  • respiración;

  • irritabilidad;

  • pensamientos repetitivos.

2. Regular

Utilizar una intervención breve:

  • respiración lenta;

  • caminar;

  • estirar;

  • beber agua;

  • alejarse temporalmente.

3. Resolver

Preguntarse:

  • ¿Existe una acción concreta?

  • ¿Puedo pedir ayuda?

  • ¿Necesito establecer un límite?

4. Recuperar

Priorizar:

  • sueño;

  • alimentación;

  • descanso;

  • movimiento;

  • contacto social.

5. Consultar

Cuando el problema supera los recursos disponibles o interfiere con la vida.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si tengo demasiado estrés?

Más que medir una cifra, conviene observar si afecta a:

  • sueño;

  • apetito;

  • relaciones;

  • concentración;

  • salud;

  • funcionamiento diario.

¿Se puede medir el cortisol para saber si estoy estresado?

Una medición aislada no suele reflejar toda la experiencia de estrés.

El cortisol cambia durante el día y se altera por sueño, enfermedad, medicación y otros factores.

¿El estrés engorda aunque coma igual?

Puede influir en metabolismo y comportamiento, pero el aumento de grasa continúa dependiendo de múltiples factores.

¿Puede causar caída del cabello?

Puede contribuir a algunos tipos de caída difusa, aunque deben descartarse otras causas.

¿El estrés provoca acné?

Puede empeorarlo en personas predispuestas, pero el acné es multifactorial.

¿Qué ejercicio es mejor?

El que pueda mantenerse y resulte adecuado para la salud de la persona.

Caminar, fuerza, natación, bicicleta o baile pueden ser útiles.

¿Cuánto tiempo debo meditar?

No existe una duración obligatoria.

Pueden comenzarse prácticas de pocos minutos.

¿El magnesio reduce el estrés?

Puede ser necesario cuando existe una deficiencia, pero no es un tratamiento universal para el estrés.

¿Debo dejar mi trabajo?

No existe una respuesta general.

Antes pueden valorarse cambios, límites, apoyos, negociación y asesoramiento profesional.

¿Cuándo debo consultar urgentemente?

Ante pensamientos de hacerse daño, crisis intensa, dolor torácico, desmayo, dificultad respiratoria grave o incapacidad para mantenerse seguro, debe solicitarse ayuda urgente.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos una de las intervenciones con mayor capacidad para mejorar simultáneamente el corazón, el músculo, el cerebro, el metabolismo y el estado de ánimo:

El ejercicio físico: la medicina que el cuerpo fabrica al moverse.

Analizaremos:

  • diferencia entre actividad física y ejercicio;

  • sedentarismo;

  • caminar;

  • entrenamiento cardiovascular;

  • entrenamiento de fuerza;

  • equilibrio;

  • movilidad;

  • mioquinas;

  • ejercicio y glucosa;

  • ejercicio y grasa abdominal;

  • salud ósea;

  • menopausia;

  • envejecimiento masculino;

  • cuánto ejercicio necesitamos;

  • cómo comenzar después de años de inactividad;

  • cómo evitar lesiones;

  • por qué nunca es demasiado tarde.

Comprenderemos que el ejercicio no es únicamente una herramienta para adelgazar, sino una señal biológica capaz de modificar prácticamente todos los sistemas del organismo.

El siguiente será el capítulo 27: El ejercicio físico, donde comenzaremos el gran bloque dedicado al movimiento, la fuerza, la composición corporal y la autonomía.

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Capítulo 27

El ejercicio físico

La medicina que el cuerpo fabrica cuando se mueve
Cada vez que nos movemos, los músculos, el corazón, los huesos y el cerebro reciben una señal: todavía deben mantenerse fuertes, coordinados y preparados para adaptarse.

Una historia cotidiana

Rafael tiene 59 años.

Durante gran parte de su vida se consideró una persona activa.

Trabajaba muchas horas, caminaba por la oficina, hacía recados y subía algunas escaleras. Sin embargo, nunca realizaba ejercicio de forma planificada.

Con el paso del tiempo empezó a notar pequeños cambios:

  • le costaba levantarse del suelo;

  • se cansaba al subir varios pisos;

  • necesitaba apoyarse para ponerse los zapatos;

  • había perdido fuerza en los brazos;

  • sentía molestias en la espalda;

  • había aumentado su perímetro abdominal.

Cuando alguien le sugería entrenar, respondía:

—A mi edad ya no voy a ponerme a hacer deporte.

Rafael asociaba el ejercicio con correr maratones, levantar grandes pesos o acudir diariamente a un gimnasio.

No sabía que comenzar podía significar algo mucho más sencillo:

  • caminar diez minutos;

  • levantarse varias veces de una silla;

  • empujar una pared;

  • subir un escalón;

  • aprender a mover una carga ligera;

  • practicar el equilibrio.

Después de varios meses de progresión, Rafael no se convirtió en deportista profesional.

Consiguió algo más importante:

  • subía las escaleras con menos fatiga;

  • se levantaba con mayor facilidad;

  • dormía mejor;

  • había recuperado confianza;

  • sentía que volvía a controlar su cuerpo.

Su historia nos recuerda una idea fundamental:

El ejercicio no está reservado para las personas que ya están en forma. Es precisamente la herramienta que permite recuperar parte de la capacidad perdida.

Introducción

Cuando hablamos de ejercicio, muchas personas piensan únicamente en adelgazar.

Creen que moverse sirve para:

  • quemar calorías;

  • compensar una comida;

  • reducir el peso;

  • mejorar el aspecto físico.

Sin embargo, sus efectos son mucho más amplios.

La actividad física regular influye en:

  • corazón;

  • vasos sanguíneos;

  • músculo;

  • hueso;

  • cerebro;

  • glucosa;

  • presión arterial;

  • equilibrio;

  • sueño;

  • estado de ánimo;

  • autonomía.

La Organización Mundial de la Salud señala que la actividad física regular aporta beneficios importantes para la salud física y mental y ayuda a prevenir o controlar enfermedades cardiovasculares, diabetes y determinados tipos de cáncer. También advierte que aproximadamente uno de cada cuatro adultos no alcanza niveles suficientes de actividad. (Organización Mundial de la Salud)

Por ello, el movimiento no debería considerarse un complemento opcional.

Es una necesidad biológica.

Actividad física, ejercicio y deporte

Estos conceptos se utilizan como si fueran equivalentes, pero presentan diferencias.

Actividad física

Es cualquier movimiento corporal que aumenta el gasto energético respecto al reposo.

Incluye:

  • caminar;

  • limpiar;

  • trabajar de pie;

  • jugar;

  • subir escaleras;

  • hacer jardinería;

  • desplazarse en bicicleta;

  • bailar.

Ejercicio físico

Es una actividad planificada, estructurada y repetida con el objetivo de mejorar o conservar una capacidad.

Por ejemplo:

  • caminar a un ritmo programado;

  • entrenar fuerza;

  • nadar varias veces por semana;

  • seguir una rutina de movilidad;

  • realizar ejercicios de equilibrio.

Deporte

Suele incluir reglas, entrenamiento específico, competición o una práctica organizada.

Una persona puede obtener grandes beneficios sin practicar un deporte competitivo.

Movimiento no es lo mismo que entrenamiento

Moverse durante el día es fundamental.

Pero algunas capacidades requieren estímulos específicos.

Por ejemplo:

  • caminar mejora la resistencia y reduce el sedentarismo;

  • levantar cargas estimula la fuerza muscular;

  • saltar o recibir impacto adaptado puede estimular el hueso;

  • practicar apoyos inestables mejora el equilibrio;

  • mover las articulaciones mediante diferentes recorridos favorece la movilidad.

Por eso, una rutina completa combina distintos tipos de actividad.

El gran problema del sedentarismo

Una persona puede cumplir una sesión de gimnasio y permanecer sentada durante el resto del día.

Esto significa que puede ser físicamente activa y, al mismo tiempo, muy sedentaria.

El comportamiento sedentario incluye actividades realizadas despierto con muy poco gasto energético, generalmente sentado o tumbado:

  • trabajar frente a una pantalla;

  • conducir;

  • ver televisión;

  • usar el teléfono;

  • permanecer sentado durante reuniones.

La OMS recomienda limitar el tiempo sedentario y sustituirlo, cuando sea posible, por actividad de cualquier intensidad. (Organización Mundial de la Salud)

¿Por qué permanecer sentado importa?

Cuando pasamos muchas horas sin movernos disminuye la contracción muscular.

Esto reduce temporalmente:

  • utilización de glucosa;

  • circulación en las piernas;

  • gasto energético;

  • estímulo mecánico;

  • variabilidad postural.

No significa que sentarse sea perjudicial por sí mismo.

Necesitamos sentarnos para trabajar, descansar y viajar.

El problema es permanecer en la misma posición durante periodos muy prolongados sin interrupciones.

Interrumpir el sedentarismo

No existe una única frecuencia obligatoria.

Una estrategia práctica puede consistir en levantarse con regularidad para:

  • caminar unos minutos;

  • beber agua;

  • subir escaleras;

  • realizar varias sentadillas asistidas;

  • atender una llamada de pie;

  • cambiar de habitación;

  • estirar suavemente.

Estas interrupciones no sustituyen el ejercicio planificado, pero aumentan el movimiento acumulado.

Cuatro componentes esenciales

Una planificación completa debería considerar:

  1. Actividad aeróbica.

  2. Entrenamiento de fuerza.

  3. Equilibrio.

  4. Movilidad.

La importancia relativa cambia según:

  • edad;

  • salud;

  • experiencia;

  • limitaciones;

  • objetivos.

Actividad aeróbica

La actividad aeróbica utiliza grandes grupos musculares de forma repetida durante un periodo.

Ejemplos:

  • caminar rápido;

  • montar en bicicleta;

  • nadar;

  • bailar;

  • correr;

  • remar;

  • utilizar una elíptica.

Durante estas actividades aumentan:

  • frecuencia cardíaca;

  • respiración;

  • circulación;

  • consumo de oxígeno.

¿Qué beneficios ofrece?

La actividad aeróbica regular puede contribuir a:

  • mejorar la capacidad cardiorrespiratoria;

  • controlar la presión arterial;

  • aumentar el gasto energético;

  • mejorar la sensibilidad a la insulina;

  • reducir la fatiga durante tareas cotidianas;

  • favorecer el sueño;

  • mejorar el estado de ánimo.

Cuando la capacidad aeróbica aumenta, actividades como caminar, viajar o subir escaleras requieren un menor porcentaje del esfuerzo máximo.

Intensidad moderada

Una forma sencilla de estimarla es la prueba del habla.

Durante una actividad moderada:

  • respiramos más rápido;

  • podemos hablar;

  • resulta difícil cantar cómodamente.

Ejemplos:

  • caminar a paso ligero;

  • bailar;

  • montar en bicicleta a ritmo tranquilo;

  • nadar de forma recreativa.

Intensidad vigorosa

Durante una actividad vigorosa:

  • la respiración aumenta notablemente;

  • solo podemos decir frases cortas;

  • el esfuerzo se percibe como elevado.

Ejemplos:

  • correr;

  • nadar rápido;

  • subir una pendiente pronunciada;

  • ciclismo intenso.

La intensidad es relativa.

Caminar rápido puede resultar moderado para una persona y vigoroso para otra.

¿Cuánta actividad aeróbica necesitamos?

Las recomendaciones internacionales para adultos incluyen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, o una combinación equivalente. También recomiendan trabajo de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. (Organización Mundial de la Salud)

Estas cantidades representan un objetivo general.

No significan que una persona sedentaria deba comenzar realizando 150 minutos desde la primera semana.

La OMS resume un principio especialmente importante:

Cualquier cantidad de actividad es mejor que ninguna.

¿Deben hacerse sesiones de treinta minutos?

No necesariamente.

La actividad puede acumularse mediante periodos más breves.

Por ejemplo:

  • diez minutos por la mañana;

  • diez al mediodía;

  • diez por la tarde.

Para una persona inactiva, comenzar con periodos cortos puede mejorar la adherencia y reducir la sensación de dificultad.

Caminar

Caminar es una de las herramientas más accesibles.

No requiere instalaciones complejas y puede adaptarse modificando:

  • velocidad;

  • duración;

  • inclinación;

  • superficie;

  • uso de bastones;

  • pausas.

Puede ayudar a mejorar:

  • capacidad aeróbica;

  • circulación;

  • control metabólico;

  • estado de ánimo;

  • movilidad general.

Pero caminar no sustituye completamente al entrenamiento de fuerza.

El mito de los diez mil pasos

Diez mil pasos puede ser un objetivo motivador, pero no constituye una cifra biológica obligatoria.

Una persona que realiza tres mil pasos puede beneficiarse al aumentar progresivamente a cuatro mil o cinco mil.

Otra persona puede caminar mucho durante el trabajo y seguir necesitando ejercicios de fuerza.

La cifra debe adaptarse al punto de partida y a la capacidad funcional.

Entrenamiento de fuerza

El entrenamiento de fuerza consiste en realizar movimientos contra una resistencia.

La resistencia puede proceder de:

  • peso corporal;

  • bandas elásticas;

  • mancuernas;

  • máquinas;

  • botellas;

  • objetos cotidianos;

  • otra persona.

El objetivo no es exclusivamente aumentar el tamaño del músculo.

También busca mejorar:

  • fuerza;

  • potencia;

  • coordinación;

  • capacidad funcional;

  • estabilidad;

  • salud ósea.

¿Por qué es tan importante con la edad?

A partir de la edad adulta comienza una pérdida progresiva de masa, fuerza y potencia muscular.

El sedentarismo, la enfermedad y la inmovilización pueden acelerarla.

Conservar fuerza permite:

  • levantarse;

  • cargar bolsas;

  • subir escaleras;

  • abrir recipientes;

  • evitar una caída;

  • viajar;

  • mantener independencia.

La fuerza es una reserva funcional.

Cuanta más capacidad conservamos, mayor margen tenemos frente a una enfermedad o periodo de inactividad.

Fuerza y masa muscular no son exactamente lo mismo

Una persona puede aumentar su fuerza antes de observar cambios visibles en el tamaño muscular.

Esto ocurre por adaptaciones del sistema nervioso:

  • mejor coordinación;

  • mayor activación de fibras;

  • aprendizaje técnico;

  • aumento de confianza.

Por eso, al comenzar, muchas personas notan mejoras funcionales durante las primeras semanas.

Potencia muscular

La potencia es la capacidad de producir fuerza rápidamente.

Es fundamental para:

  • reaccionar ante un tropiezo;

  • subir un escalón;

  • levantarse con rapidez;

  • cruzar una calle;

  • recuperar el equilibrio.

Con la edad puede disminuir más rápidamente que la fuerza máxima.

Por ello, cuando existe suficiente experiencia y seguridad, algunos ejercicios pueden realizarse con una fase de movimiento relativamente rápida y controlada.

Esto requiere adaptación y supervisión cuando sea necesario.

¿Cuántos días de fuerza?

Las guías recomiendan trabajar los principales grupos musculares al menos dos días por semana. (Salud.gov)

Los grupos principales incluyen:

  • piernas;

  • caderas;

  • espalda;

  • abdomen;

  • pecho;

  • hombros;

  • brazos.

Una persona puede comenzar con dos sesiones no consecutivas y progresar según su recuperación y objetivos.

Movimientos fundamentales

Una rutina funcional puede incluir patrones como:

Sentarse y levantarse

Trabaja piernas y caderas.

Empujar

Por ejemplo, contra una pared o con mancuernas.

Tirar

Con bandas, poleas o máquinas.

Inclinar la cadera

Para aprender a recoger objetos protegiendo la espalda.

Subir un escalón

Útil para fuerza unilateral y equilibrio.

Transportar una carga

Ayuda a trabajar agarre, tronco y marcha.

Elevarse sobre las puntas

Fortalece pantorrillas y tobillos.

No es necesario dominar todos desde el principio.

¿Hay que levantar mucho peso?

El peso debe ser suficiente para producir un estímulo y, al mismo tiempo, permitir una técnica adecuada.

Una resistencia demasiado ligera puede no generar adaptación si el ejercicio resulta indefinidamente fácil.

Una carga excesiva aumenta el riesgo de perder el control.

Una referencia práctica:

  • las últimas repeticiones deben requerir esfuerzo;

  • la técnica debe mantenerse;

  • no debe aparecer dolor agudo;

  • la persona debe poder respirar.

La progresión

El organismo se adapta al estímulo.

Cuando una tarea se vuelve demasiado sencilla, puede progresarse mediante:

  • más repeticiones;

  • mayor resistencia;

  • más series;

  • movimiento más amplio;

  • menor apoyo;

  • mejor control;

  • ejercicio algo más complejo.

No es necesario aumentar todo al mismo tiempo.

La progresión debe ser gradual.

El miedo a las pesas

Algunas personas temen:

  • lesionarse;

  • desarrollar demasiado volumen;

  • dañar las articulaciones;

  • empeorar la espalda.

Un programa mal diseñado puede causar problemas, como cualquier actividad.

Pero el entrenamiento adaptado puede mejorar la tolerancia de músculos, tendones, articulaciones y huesos.

En mujeres, levantar cargas no provoca automáticamente una musculatura excesiva.

El aumento visible depende de entrenamiento, genética, alimentación y tiempo.

Fuerza y pérdida de peso

Durante una dieta, el organismo puede perder grasa y músculo.

El entrenamiento de fuerza envía una señal para conservar tejido muscular.

Combinado con una ingesta adecuada de proteínas, ayuda a priorizar:

  • reducción de grasa;

  • mantenimiento funcional;

  • conservación de fuerza.

Por eso, una persona que desea adelgazar no debería depender exclusivamente de ejercicio cardiovascular.

Fuerza y menopausia

Durante la menopausia pueden aumentar:

  • pérdida ósea;

  • grasa abdominal;

  • resistencia a la insulina;

  • pérdida muscular.

El entrenamiento de fuerza puede contribuir a:

  • conservar músculo;

  • mejorar funcionalidad;

  • apoyar la salud ósea;

  • mejorar la utilización de glucosa;

  • mantener independencia.

No elimina todos los efectos hormonales, pero es una herramienta central.

Ejercicio y hueso

El hueso responde a cargas mecánicas.

Entre los estímulos de interés se encuentran:

  • fuerza;

  • caminar;

  • subir escaleras;

  • impacto adaptado;

  • cambios de dirección;

  • saltos, cuando sean seguros.

La natación ofrece beneficios cardiovasculares y musculares, pero genera menos carga gravitatoria sobre el esqueleto que caminar o entrenar fuerza.

Esto no la convierte en una actividad poco útil.

Significa que puede ser conveniente combinarla con trabajo de carga.

Osteoporosis y ejercicio

Las personas con osteoporosis pueden y deben mantenerse activas, pero el programa necesita adaptarse a:

  • fracturas previas;

  • equilibrio;

  • dolor;

  • densidad ósea;

  • medicación;

  • capacidad individual.

En algunos casos deben evitarse movimientos bruscos, flexiones profundas de columna o cargas mal controladas.

La supervisión profesional puede ser especialmente importante.

Equilibrio

El equilibrio depende de la integración entre:

  • visión;

  • oído interno;

  • sensibilidad de pies y articulaciones;

  • cerebro;

  • fuerza;

  • velocidad de reacción.

Puede entrenarse.

Ejemplos:

  • caminar en línea;

  • mantener una posición con menos apoyo;

  • levantarse y girar;

  • cambiar de dirección;

  • mantenerse sobre un pie con ayuda cercana;

  • practicar tai chi.

Equilibrio y prevención de caídas

A partir de los 65 años, las recomendaciones incluyen actividades que combinen equilibrio, coordinación y fortalecimiento, especialmente cuando existe riesgo de caída. (Organización Mundial de la Salud)

El objetivo no es solo evitar caerse.

También es conservar la confianza para:

  • salir;

  • caminar;

  • viajar;

  • subir escaleras;

  • participar en actividades sociales.

El miedo a caer puede reducir el movimiento y acelerar la pérdida de capacidad.

Movilidad

La movilidad es la capacidad de mover una articulación con control dentro de un recorrido funcional.

Depende de:

  • articulación;

  • músculos;

  • sistema nervioso;

  • fuerza;

  • coordinación.

No es exactamente lo mismo que flexibilidad.

Una persona puede ser flexible pero carecer de control en determinados rangos.

¿Hay que estirar siempre?

Los estiramientos pueden resultar útiles para:

  • conservar ciertos recorridos;

  • reducir sensación de rigidez;

  • preparar movimientos específicos;

  • relajarse.

Sin embargo, no son obligatorios antes de toda actividad ni previenen por sí solos todas las lesiones.

Antes del ejercicio suele ser más útil un calentamiento dinámico y progresivo.

Los estiramientos mantenidos pueden realizarse en otro momento según objetivos y tolerancia.

Calentamiento

Un calentamiento prepara gradualmente al organismo.

Puede incluir:

  • caminar;

  • mover articulaciones;

  • practicar el movimiento con poca carga;

  • aumentar progresivamente la intensidad.

No necesita durar mucho tiempo, pero debe ser suficiente para sentirse preparado.

Vuelta a la calma

Después de una sesión intensa puede resultar útil disminuir gradualmente la actividad.

Por ejemplo:

  • caminar unos minutos;

  • respirar con calma;

  • realizar movilidad suave.

No existe una obligación de eliminar inmediatamente el lactato mediante estiramientos.

El organismo lo procesa naturalmente.

Ejercicio y glucosa

El músculo utiliza glucosa durante la contracción.

Además, el ejercicio puede mejorar temporalmente la capacidad de las células para responder a la insulina.

Por eso, caminar después de una comida puede ayudar a moderar la respuesta glucémica en algunas personas.

La combinación de actividad aeróbica y fuerza resulta especialmente útil para la salud metabólica.

Ejercicio y diabetes

Las personas con diabetes pueden beneficiarse enormemente del movimiento.

Sin embargo, deben considerar:

  • medicación;

  • insulina;

  • glucosa antes y después;

  • riesgo de hipoglucemia;

  • cuidado de los pies;

  • hidratación;

  • complicaciones existentes.

El programa debe coordinarse con los profesionales responsables cuando sea necesario.

Ejercicio y grasa abdominal

No podemos decidir de qué zona se utilizará primero la grasa.

Hacer cientos de abdominales no elimina específicamente el tejido adiposo del abdomen.

El ejercicio puede ayudar a reducir grasa visceral mediante:

  • aumento del gasto;

  • mejora metabólica;

  • conservación muscular;

  • mejor regulación del apetito;

  • reducción del sedentarismo.

Pero la pérdida localizada mediante ejercicios de una zona es un mito.

Ejercicio y apetito

La respuesta varía.

Algunas personas sienten menos hambre inmediatamente después de una sesión intensa.

Otras sienten más apetito horas después.

También puede aparecer la idea de “me lo he ganado”, que conduce a compensar con comida.

El ejercicio facilita la salud, pero no garantiza automáticamente un déficit energético.

Ejercicio y cerebro

Moverse produce cambios agudos y crónicos relacionados con:

  • circulación cerebral;

  • neurotransmisores;

  • aprendizaje motor;

  • estado de ánimo;

  • sueño;

  • función cognitiva.

La actividad física regular se asocia con beneficios para la salud mental y cognitiva. (Organización Mundial de la Salud)

No garantiza evitar todas las enfermedades neurológicas, pero forma parte de las estrategias con mayor respaldo para un envejecimiento cerebral saludable.

Ejercicio y estado de ánimo

El ejercicio puede ayudar a:

  • reducir tensión;

  • mejorar sensación de eficacia;

  • crear rutinas;

  • aumentar contacto social;

  • favorecer el sueño;

  • proporcionar experiencias agradables.

No sustituye el tratamiento psicológico o médico cuando existe depresión o ansiedad clínica.

Puede integrarse como parte de un plan más amplio.

Las mioquinas

Cuando los músculos se contraen liberan moléculas de señalización conocidas como mioquinas.

Estas pueden comunicarse con:

  • tejido adiposo;

  • hígado;

  • hueso;

  • sistema inmunitario;

  • cerebro.

Este descubrimiento explica por qué el músculo se considera también un órgano endocrino.

No significa que exista una mioquina milagrosa responsable de todos los beneficios.

El efecto surge de una red compleja de adaptaciones.

Ejercicio e inflamación

Una sesión intensa produce respuestas inflamatorias transitorias necesarias para la reparación.

Con la práctica regular y una recuperación adecuada, el ejercicio suele asociarse con un entorno inflamatorio más favorable.

Esto parece contradictorio, pero refleja la diferencia entre:

  • un estímulo breve y adaptativo;

  • una inflamación crónica sin recuperación.

Entrenar excesivamente sin descansar también puede ser perjudicial.

Ejercicio y sistema inmunitario

La actividad moderada y regular forma parte de un estilo de vida saludable.

Sin embargo, no convierte al sistema inmunitario en invulnerable.

Las sesiones extremas, la falta de sueño, el déficit energético y el estrés pueden comprometer la recuperación.

La dosis importa.

Ejercicio y sueño

La actividad física regular puede favorecer:

  • conciliación;

  • continuidad;

  • profundidad;

  • regulación circadiana.

Pero el efecto depende del horario y de la persona.

Algunos toleran entrenamientos nocturnos.

Otros se sienten excesivamente activados.

Conviene observar la respuesta.

Ejercicio y piel

El ejercicio aumenta temporalmente:

  • circulación;

  • temperatura;

  • sudoración.

A largo plazo puede contribuir indirectamente a una piel más saludable mediante:

  • mejor metabolismo;

  • sueño;

  • salud cardiovascular;

  • reducción del estrés.

No elimina arrugas ni manchas.

Después del ejercicio conviene:

  • limpiar el sudor;

  • cambiar ropa húmeda;

  • utilizar fotoprotección al aire libre;

  • evitar fricción cuando existe irritación;

  • hidratarse según las necesidades.

Sudar no significa eliminar toxinas

El sudor regula principalmente la temperatura.

Está formado sobre todo por:

  • agua;

  • sodio;

  • pequeñas cantidades de otras sustancias.

Los principales órganos encargados de procesar y eliminar productos de desecho son:

  • hígado;

  • riñones;

  • pulmones;

  • intestino.

Sudar mucho no demuestra que una sesión sea más eficaz.

Ejercicio y celulitis

El entrenamiento puede mejorar:

  • tono muscular;

  • composición corporal;

  • circulación;

  • aspecto general del tejido.

Pero la celulitis también depende de:

  • estructura del tejido conectivo;

  • distribución de grasa;

  • hormonas;

  • genética;

  • piel.

No existe un ejercicio capaz de eliminarla completamente.

Ejercicio y dolor de espalda

El reposo prolongado rara vez es la mejor estrategia para un dolor lumbar inespecífico.

El movimiento adaptado puede ayudar a recuperar:

  • fuerza;

  • confianza;

  • tolerancia;

  • función.

Sin embargo, dolor intenso, debilidad progresiva, alteraciones de sensibilidad, fiebre o problemas de esfínteres requieren valoración médica.

No todos los dolores deben entrenarse de la misma forma.

Dolor muscular después de entrenar

El dolor muscular de aparición tardía puede comenzar horas después de un estímulo nuevo.

Es más frecuente cuando:

  • comenzamos;

  • aumentamos demasiado la carga;

  • realizamos movimientos poco habituales;

  • incluimos fases excéntricas intensas.

No es necesario quedar dolorido para progresar.

Un dolor extremo puede dificultar la continuidad.

Dolor y lesión

Durante el esfuerzo puede aparecer:

  • fatiga;

  • ardor muscular;

  • sensación de trabajo.

Esto es diferente de:

  • dolor agudo;

  • pinchazo;

  • pérdida repentina de fuerza;

  • inestabilidad;

  • dolor torácico;

  • mareo intenso.

Ante estos síntomas debe detenerse la actividad y valorar la situación.

¿Hace falta reconocimiento médico?

La mayoría de las personas sanas puede comenzar con actividad ligera y progresar gradualmente.

Conviene consultar antes de ejercicio intenso cuando existen:

  • enfermedad cardiovascular;

  • dolor torácico;

  • desmayos;

  • dificultad respiratoria no explicada;

  • hipertensión no controlada;

  • diabetes con complicaciones;

  • enfermedad renal;

  • limitaciones importantes;

  • cirugía reciente;

  • embarazo con factores de riesgo;

  • síntomas nuevos.

La consulta no debería convertirse en una barrera para caminar o moverse suavemente, salvo indicación específica.

Nunca es demasiado tarde

El músculo y el sistema nervioso conservan capacidad de adaptación durante toda la vida.

Una persona de 70 años puede mejorar:

  • fuerza;

  • equilibrio;

  • velocidad de marcha;

  • confianza;

  • capacidad funcional.

Quizá no alcance las mismas cifras que a los 25 años.

Pero puede mejorar respecto a su situación actual.

Ese es el objetivo más importante.

El problema del “todo o nada”

Muchas personas comienzan con planes excesivos:

  • seis días de gimnasio;

  • dieta estricta;

  • diez mil pasos;

  • carrera;

  • clases diarias.

Después aparece:

  • cansancio;

  • dolor;

  • falta de tiempo;

  • frustración.

Y abandonan.

Una estrategia más eficaz consiste en comenzar por debajo de la capacidad máxima y progresar.

La constancia produce más beneficios que una semana perfecta seguida de meses de inactividad.

Cómo comenzar después de años sin ejercicio

Primera etapa: movimiento cotidiano

  • caminar cinco o diez minutos;

  • levantarse con frecuencia;

  • utilizar escaleras cuando sea posible;

  • realizar tareas de pie.

Segunda etapa: fuerza básica

Dos días por semana:

  • sentarse y levantarse;

  • empujar una pared;

  • tirar de una banda;

  • elevar talones;

  • transportar objetos ligeros.

Tercera etapa: aumentar duración

Progresar hacia más minutos aeróbicos.

Cuarta etapa: mejorar intensidad

Caminar más rápido, aumentar cargas o añadir movimientos.

Un programa inicial orientativo

Día 1

  • 15 minutos caminando.

  • Sentarse y levantarse: 2 series.

  • Empuje de pared: 2 series.

  • Remo con banda: 2 series.

Día 2

  • Movimiento cotidiano.

  • Movilidad suave.

  • Equilibrio con apoyo cercano.

Día 3

  • 20 minutos caminando.

Día 4

  • Descanso activo.

  • Paseo suave.

Día 5

  • Repetir fuerza.

Fin de semana

  • Actividad agradable: paseo, bicicleta, baile o natación.

Es un ejemplo general, no una prescripción.

Cómo saber si progresamos

La báscula no es el único indicador.

También pueden mejorar:

  • velocidad de marcha;

  • capacidad para subir escaleras;

  • repeticiones al levantarse;

  • carga utilizada;

  • equilibrio;

  • energía;

  • sueño;

  • dolor;

  • perímetro abdominal;

  • frecuencia cardíaca ante un esfuerzo.

La funcionalidad es uno de los mejores resultados.

La importancia del disfrute

Una actividad perfecta sobre el papel puede fracasar si la persona la detesta.

Podemos elegir entre:

  • caminar;

  • bailar;

  • nadar;

  • máquinas;

  • pesas;

  • pilates;

  • bicicleta;

  • deportes;

  • clases;

  • entrenamiento en casa.

La variedad facilita encontrar una opción compatible con la personalidad.

El papel del entorno social

Entrenar acompañado puede aportar:

  • compromiso;

  • seguridad;

  • diversión;

  • apoyo;

  • contacto social.

Pero otras personas prefieren entrenar solas.

No existe una única forma correcta.

Mitos y realidades

“Caminar es suficiente para todo.”

Incompleto.

Es una excelente actividad aeróbica, pero conviene añadir fuerza y, especialmente con la edad, equilibrio.

“Las pesas son peligrosas para mayores.”

Mito.

El riesgo depende del programa y la técnica, no únicamente de la edad.

“Para adelgazar hay que sudar mucho.”

Mito.

El sudor regula la temperatura y no mide la pérdida de grasa.

“Los abdominales eliminan la barriga.”

Mito.

Fortalecen la musculatura, pero no reducen selectivamente la grasa abdominal.

“Si no entreno una hora, no sirve.”

Mito.

Periodos breves suman beneficios.

“El ejercicio compensa una mala alimentación.”

Mito.

Ambos pilares son complementarios.

“Con dolor de espalda debo guardar reposo.”

No siempre.

Muchos dolores se benefician de movimiento adaptado, aunque ciertos síntomas requieren evaluación.

“Después de los 60 es demasiado tarde.”

Mito.

Puede mejorarse fuerza y función a cualquier edad.

“Más ejercicio siempre es mejor.”

Mito.

La dosis debe permitir adaptación y recuperación.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos el ejercicio como una intervención de salud y no como un castigo para compensar la comida.

Una valoración integral debería considerar:

  • fuerza;

  • movilidad;

  • equilibrio;

  • capacidad aeróbica;

  • masa muscular;

  • composición corporal;

  • enfermedades;

  • menopausia;

  • dolor;

  • preferencias;

  • tiempo disponible.

El objetivo no consiste en transformar a todos los pacientes en deportistas.

Buscamos que puedan:

  • moverse sin miedo;

  • conservar músculo;

  • controlar mejor su metabolismo;

  • proteger el hueso;

  • mantener independencia;

  • disfrutar de una mejor calidad de vida.

Ideas clave

  • Toda actividad cuenta y cualquier cantidad es mejor que ninguna.

  • Actividad física, ejercicio y deporte no significan exactamente lo mismo.

  • Reducir el tiempo sentado es importante, aunque se entrene.

  • Una rutina completa combina resistencia aeróbica, fuerza, equilibrio y movilidad.

  • Los adultos deberían aspirar progresivamente a 150-300 minutos semanales de actividad moderada o su equivalente.

  • El fortalecimiento de los principales grupos musculares debería realizarse al menos dos días por semana.

  • A partir de los 65 años adquieren especial importancia el equilibrio y la coordinación.

  • Caminar es excelente, pero no sustituye completamente a la fuerza.

  • El ejercicio ayuda a preservar músculo, hueso, metabolismo y autonomía.

  • No existe pérdida localizada de grasa mediante ejercicios específicos.

  • Sudar no equivale a perder más grasa ni a eliminar toxinas.

  • La progresión debe ser gradual.

  • Nunca es demasiado tarde para mejorar la capacidad funcional.

Aplicación práctica: la semana mínima eficaz

Una propuesta realista para comenzar podría ser:

Actividad aeróbica

Cinco paseos de 20-30 minutos a un ritmo que aumente moderadamente la respiración.

Fuerza

Dos sesiones semanales de 20-30 minutos.

Equilibrio

Cinco minutos varios días por semana, con un apoyo seguro cercano.

Movilidad

Movimientos suaves durante las pausas o al finalizar el día.

Sedentarismo

Levantarse regularmente durante las horas sentadas.

Este programa puede dividirse en periodos más cortos.

Preguntas frecuentes

¿Qué ejercicio es mejor para perder peso?

La combinación de actividad aeróbica, fuerza y alimentación adecuada suele ser más completa que utilizar una sola modalidad.

¿Puedo entrenar todos los días?

Sí, pero no todas las sesiones deben ser intensas ni trabajar lo mismo.

La recuperación forma parte del entrenamiento.

¿Necesito un gimnasio?

No.

Puede comenzarse con peso corporal, bandas, paseos y objetos domésticos.

¿Qué es mejor, caminar o bicicleta?

Ambas son útiles.

La elección depende de las articulaciones, las preferencias y los objetivos.

¿Puedo hacer fuerza si tengo artrosis?

Con frecuencia sí, mediante ejercicios adaptados.

Fortalecer la musculatura puede mejorar la función, aunque la pauta debe ajustarse a los síntomas.

¿Qué hago si me duelen las rodillas?

Conviene valorar la causa y elegir actividades tolerables.

A veces pueden utilizarse bicicleta, agua, ejercicios isométricos o rangos reducidos mientras se progresa.

¿Cuántas repeticiones debo realizar?

Depende del ejercicio, la carga y el objetivo.

Al comenzar, pueden utilizarse series que permitan aprender la técnica y terminen con esfuerzo moderado.

¿Las agujetas son necesarias?

No.

Progresar no exige sentir dolor después de cada sesión.

¿El ejercicio facial elimina arrugas?

Puede movilizar músculos faciales, pero no existe evidencia sólida de que sustituya los tratamientos de la piel o revierta de forma significativa el envejecimiento facial.

¿Debo comer antes de entrenar?

Depende del horario, la intensidad y la tolerancia.

En sesiones largas o intensas puede ser importante disponer de energía suficiente.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo profundizaremos en el tipo de entrenamiento más importante para conservar la independencia con el paso de los años:

Entrenamiento de fuerza: cómo construir y conservar músculo desde los 25 hasta los 70 años.

Analizaremos:

  • hipertrofia;

  • fuerza y potencia;

  • fibras musculares;

  • repeticiones;

  • series;

  • cargas;

  • descanso;

  • progresión;

  • técnica;

  • entrenamiento en casa;

  • menopausia;

  • sarcopenia;

  • proteína;

  • dolor articular;

  • errores frecuentes;

  • cómo diseñar una rutina segura.

Comprenderemos que entrenar fuerza no consiste solamente en levantar peso, sino en enseñar al organismo a mantener la capacidad de producir movimiento, proteger las articulaciones y conservar autonomía.

El siguiente será el capítulo 28: Entrenamiento de fuerza, donde desarrollaremos una guía práctica aplicable a mujeres y hombres de distintas edades.

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Capítulo 28

Entrenamiento de fuerza

Cómo construir y conservar músculo desde los 25 hasta los 70 años
La fuerza no sirve únicamente para levantar grandes pesos. Sirve para levantarnos de una silla, cargar una maleta, evitar una caída y conservar nuestra independencia.

Una historia cotidiana

Teresa tiene 57 años.

Siempre ha intentado cuidarse. Camina casi todos los días, evita el tabaco y procura mantener una alimentación equilibrada.

Sin embargo, durante los últimos años ha empezado a notar cambios:

  • le cuesta levantar las bolsas de la compra;

  • necesita apoyarse para levantarse del suelo;

  • sus brazos parecen menos firmes;

  • se cansa antes al subir escaleras;

  • siente que ha perdido estabilidad;

  • ha aumentado de peso a pesar de comer de forma parecida.

Cuando le recomiendan entrenamiento de fuerza responde:

—Yo no quiero ponerme musculosa. Además, las pesas son para gente joven.

Teresa comienza con dos sesiones semanales muy sencillas:

  • levantarse de una silla;

  • empujar una pared;

  • tirar de una banda elástica;

  • subir un escalón;

  • transportar unas mancuernas ligeras.

Durante las primeras semanas no observa grandes cambios en el espejo, pero nota algo más importante: cada vez realiza las tareas cotidianas con menos esfuerzo.

Meses después ha aumentado las cargas, camina con mayor seguridad y se siente más capaz.

Teresa no se ha convertido en culturista.

Ha recuperado una parte de su reserva funcional.

El entrenamiento de fuerza no cambia únicamente el aspecto del músculo. Cambia lo que una persona puede hacer con su cuerpo.

Introducción

Durante mucho tiempo, el entrenamiento de fuerza se asoció casi exclusivamente con:

  • culturismo;

  • gimnasios;

  • deportistas;

  • hombres jóvenes;

  • cuerpos muy musculosos.

Hoy sabemos que esta visión es incompleta.

Entrenar fuerza es importante para:

  • mujeres y hombres;

  • personas jóvenes;

  • adultos de mediana edad;

  • mayores;

  • personas que desean adelgazar;

  • pacientes que quieren proteger sus huesos;

  • quienes necesitan conservar independencia.

El músculo es un tejido adaptable.

Cuando recibe una resistencia suficiente, intenta prepararse para afrontar mejor ese esfuerzo en el futuro.

Esta adaptación puede traducirse en:

  • mayor fuerza;

  • mejor coordinación;

  • aumento o conservación de masa muscular;

  • mayor estabilidad;

  • mejor capacidad para realizar tareas;

  • protección frente a la pérdida funcional.

No es necesario levantar cargas extraordinarias.

Sí es necesario proporcionar al organismo un estímulo progresivo.

¿Qué significa entrenar fuerza?

Entrenar fuerza consiste en realizar movimientos contra una resistencia que obliga a los músculos a producir tensión.

La resistencia puede proceder de:

  • el propio peso corporal;

  • bandas elásticas;

  • mancuernas;

  • barras;

  • máquinas;

  • poleas;

  • objetos domésticos;

  • agua;

  • la gravedad.

Ejemplos cotidianos de producción de fuerza son:

  • levantarse de una silla;

  • cargar bolsas;

  • empujar una puerta pesada;

  • subir escaleras;

  • mover una maleta;

  • recoger un objeto del suelo.

El entrenamiento transforma estos movimientos en estímulos planificados, repetibles y progresivos.

El músculo responde a las demandas

El organismo intenta economizar recursos.

Si un músculo apenas se utiliza, no existe una razón biológica importante para conservar toda su capacidad.

Cuando la demanda disminuye pueden reducirse:

  • tamaño;

  • fuerza;

  • potencia;

  • coordinación;

  • tolerancia al esfuerzo.

Cuando aplicamos una resistencia adecuada, enviamos el mensaje contrario:

Este tejido continúa siendo necesario.

La adaptación no ocurre durante la repetición en sí, sino principalmente durante el periodo posterior de recuperación.

Por eso entrenar y descansar son partes del mismo proceso.

Fuerza, masa muscular y potencia

Aunque se relacionan, no significan exactamente lo mismo.

Fuerza

Es la capacidad para producir tensión frente a una resistencia.

Por ejemplo:

  • levantarse;

  • empujar;

  • tirar;

  • cargar.

Masa muscular

Hace referencia a la cantidad de tejido muscular.

Una persona puede ganar fuerza sin aumentar mucho su volumen, especialmente al comenzar.

Potencia

Es la capacidad para producir fuerza rápidamente.

La potencia permite:

  • reaccionar ante un tropiezo;

  • levantarse con rapidez;

  • subir un escalón;

  • cruzar una calle;

  • recuperar el equilibrio.

Con el envejecimiento, la potencia puede deteriorarse antes o más rápidamente que otras capacidades.

¿Por qué ganamos fuerza al comenzar?

Durante las primeras semanas, gran parte de la mejora procede del sistema nervioso.

El organismo aprende a:

  • activar mejor los músculos;

  • coordinar las fibras;

  • estabilizar las articulaciones;

  • ejecutar el movimiento;

  • reducir movimientos innecesarios;

  • confiar en la tarea.

Por eso una persona puede levantar más peso antes de apreciar un aumento visible del tamaño muscular.

¿Qué es la hipertrofia?

La hipertrofia es el aumento del tamaño de las fibras musculares.

Puede producirse cuando se combinan:

  • estímulo de fuerza;

  • suficiente esfuerzo;

  • progresión;

  • energía;

  • proteínas;

  • recuperación.

La velocidad depende de:

  • edad;

  • genética;

  • sexo;

  • experiencia;

  • alimentación;

  • sueño;

  • enfermedades;

  • constancia.

No toda persona que entrena fuerza desarrolla un volumen muscular grande.

Construir una musculatura muy desarrollada requiere normalmente años de entrenamiento específico, nutrición y predisposición.

La pérdida muscular comienza antes de la vejez

La pérdida de músculo no aparece de repente a los 70 años.

Puede comenzar gradualmente desde la edad adulta y acelerarse por:

  • inactividad;

  • dietas restrictivas;

  • enfermedades;

  • hospitalizaciones;

  • dolor;

  • cambios hormonales;

  • consumo insuficiente de proteínas.

Una persona puede mantener un peso parecido durante años mientras cambia su composición corporal:

  • menos músculo;

  • más grasa;

  • menor fuerza.

Por eso el peso aislado no cuenta toda la historia.

Sarcopenia

La sarcopenia es una alteración caracterizada por una disminución relevante de la fuerza y la cantidad o calidad muscular.

Puede aumentar el riesgo de:

  • caídas;

  • fracturas;

  • discapacidad;

  • pérdida de autonomía;

  • hospitalización;

  • recuperación más lenta.

No debe confundirse con estar delgado.

Una persona puede presentar exceso de grasa corporal y, al mismo tiempo, poca masa y fuerza muscular. Esta combinación se denomina con frecuencia obesidad sarcopénica.

El músculo como reserva funcional

Una enfermedad, una operación o una inmovilización pueden producir pérdida muscular rápida.

Quien parte de una buena reserva suele disponer de mayor margen para recuperar la función.

Podemos imaginarlo como una cuenta de ahorro fisiológica.

El objetivo no es acumular músculo por estética únicamente.

Es construir una reserva que ayude a afrontar:

  • envejecimiento;

  • enfermedad;

  • caídas;

  • periodos de reposo;

  • cambios hormonales.

Beneficios del entrenamiento de fuerza

Un programa adecuado puede contribuir a:

  • aumentar la fuerza;

  • conservar o mejorar masa muscular;

  • mantener la densidad ósea;

  • mejorar la sensibilidad a la insulina;

  • facilitar tareas cotidianas;

  • proteger articulaciones;

  • mejorar equilibrio;

  • reducir el riesgo de caída;

  • conservar independencia;

  • mejorar la confianza corporal;

  • apoyar el control del peso.

No todos los beneficios aparecen al mismo ritmo.

La fuerza puede mejorar en semanas, mientras que los cambios relevantes en músculo y hueso requieren más tiempo.

Entrenamiento de fuerza y metabolismo

El músculo es uno de los tejidos que utiliza glucosa.

Durante la contracción aumenta la captación de energía y, después del entrenamiento, puede mejorar temporalmente la respuesta a la insulina.

Además, conservar músculo durante una pérdida de peso ayuda a mantener la función y evita que todo el proceso se centre únicamente en reducir kilos.

Esto no significa que más músculo permita comer sin límite.

El balance energético y la alimentación continúan siendo importantes.

Fuerza y pérdida de grasa

El entrenamiento de fuerza no suele gastar tantas calorías durante una sesión como algunas actividades aeróbicas prolongadas.

Sin embargo, cumple una función fundamental:

Ayuda a conservar el tejido que no queremos perder.

Durante una dieta, el peso perdido puede proceder de:

  • grasa;

  • agua;

  • glucógeno;

  • músculo.

Combinar fuerza y proteína adecuada aumenta la probabilidad de preservar mejor la masa muscular.

El objetivo no debería ser simplemente pesar menos, sino mejorar la relación entre grasa, músculo y capacidad física.

Fuerza y hueso

El hueso responde a las cargas.

Cuando los músculos tiran de los huesos y el cuerpo soporta resistencias, se producen señales mecánicas que ayudan a mantener el tejido óseo.

El estímulo debe ser:

  • suficiente;

  • progresivo;

  • repetido;

  • seguro.

Mover pesos extremadamente ligeros que nunca generan esfuerzo puede resultar insuficiente.

Utilizar cargas excesivas sin control tampoco es necesario.

Fuerza y menopausia

Durante la transición menopáusica pueden aparecer:

  • reducción del estímulo estrogénico;

  • pérdida ósea acelerada;

  • cambios en la distribución de grasa;

  • mayor dificultad para conservar músculo;

  • alteraciones del sueño.

El entrenamiento de fuerza ayuda a actuar sobre varios de estos problemas:

  • estimula músculo;

  • carga el hueso;

  • mejora la función;

  • favorece el control de la glucosa;

  • aumenta la confianza.

No sustituye tratamientos médicos cuando están indicados, pero representa uno de los pilares del cuidado en esta etapa.

Fuerza en los hombres

Con la edad, los hombres también pueden experimentar:

  • pérdida muscular;

  • menor potencia;

  • aumento de grasa visceral;

  • recuperación más lenta;

  • disminución de actividad.

No todos estos cambios se deben a la testosterona.

El sedentarismo, el sueño, la alimentación y las enfermedades también influyen.

El entrenamiento sigue siendo eficaz incluso cuando el aumento muscular es más lento que en etapas anteriores.

¿Qué músculos debemos entrenar?

Una rutina equilibrada debería estimular los principales grupos musculares:

  • cuádriceps;

  • glúteos;

  • músculos posteriores del muslo;

  • pantorrillas;

  • espalda;

  • pecho;

  • hombros;

  • brazos;

  • tronco;

  • musculatura de agarre.

No es necesario realizar un ejercicio aislado para cada pequeño músculo.

Los movimientos multiarticulares permiten trabajar varias zonas simultáneamente.

Los patrones fundamentales

Sentadilla o levantarse de una silla

Entrena principalmente:

  • muslos;

  • glúteos;

  • tronco.

Es esencial para levantarnos, sentarnos y subir escalones.

Bisagra de cadera

Consiste en inclinar el tronco moviendo principalmente la cadera y manteniendo el control de la columna.

Ayuda a:

  • recoger objetos;

  • fortalecer glúteos;

  • trabajar la parte posterior del cuerpo.

Empuje

Puede realizarse:

  • contra una pared;

  • con mancuernas;

  • en una máquina;

  • mediante flexiones adaptadas.

Trabaja pecho, hombros y brazos.

Tracción

Consiste en acercar una resistencia hacia el cuerpo.

Puede hacerse con:

  • banda;

  • polea;

  • máquina;

  • mancuerna.

Trabaja especialmente espalda y brazos.

Subida

Subir un escalón o realizar una zancada adaptada mejora fuerza unilateral y equilibrio.

Transporte

Caminar sosteniendo una carga fortalece:

  • agarre;

  • tronco;

  • piernas;

  • postura.

Elevación de talones

Ayuda a trabajar pantorrilla y tobillo, importantes para la marcha y el equilibrio.

El tronco o core

El core no es un único músculo.

Incluye estructuras del abdomen, espalda, pelvis y diafragma que colaboran para:

  • transmitir fuerzas;

  • estabilizar;

  • respirar;

  • mantener el control.

Entrenar el core no consiste solo en hacer abdominales.

También se trabaja mediante:

  • cargas transportadas;

  • sentadillas;

  • empujes;

  • tracciones;

  • ejercicios de estabilidad;

  • movimientos controlados.

Hacer cientos de abdominales no elimina la grasa abdominal.

Series, repeticiones y carga

Estos conceptos suelen generar confusión.

Repetición

Es realizar una vez el movimiento completo.

Serie

Es un grupo de repeticiones consecutivas.

Carga

Es la resistencia utilizada.

Por ejemplo:

  • 10 repeticiones de sentarse y levantarse;

  • descansar;

  • repetir una segunda serie.

¿Cuántas repeticiones?

No existe un único rango obligatorio.

Diferentes combinaciones pueden mejorar fuerza y músculo cuando el esfuerzo es suficiente y la técnica se mantiene.

Para comenzar, muchas personas pueden utilizar rangos aproximados de:

  • 8 a 15 repeticiones;

  • 1 a 3 series;

  • 2 o 3 sesiones semanales.

No es una regla rígida.

Una persona mayor o en rehabilitación puede empezar con menos repeticiones y cargas muy controladas.

Otra con experiencia puede utilizar resistencias mayores y rangos más bajos.

¿Cuánto esfuerzo es necesario?

El músculo necesita un estímulo que represente un desafío.

Una forma práctica de valorarlo es preguntarse cuántas repeticiones adicionales podrían realizarse manteniendo buena técnica.

Al terminar una serie inicial pueden quedar, por ejemplo, entre dos y cuatro repeticiones posibles.

Esto indica que ha existido esfuerzo sin llegar necesariamente al fallo.

Con la experiencia pueden utilizarse series más exigentes, pero no es imprescindible entrenar hasta la incapacidad total en todos los ejercicios.

¿Qué es entrenar al fallo?

Llegar al fallo significa no poder completar otra repetición con una técnica aceptable.

Puede utilizarse de forma puntual en personas experimentadas.

Sin embargo, aumenta:

  • fatiga;

  • deterioro técnico;

  • necesidad de recuperación;

  • riesgo en algunos ejercicios.

Para obtener beneficios no es necesario alcanzar el fallo en cada serie.

La carga correcta

Una resistencia es adecuada cuando:

  • permite controlar el movimiento;

  • exige esfuerzo al final;

  • no provoca dolor agudo;

  • permite respirar;

  • puede progresarse.

Si la persona realiza muchas repeticiones sin esfuerzo, la carga puede ser demasiado baja.

Si no puede controlar el movimiento desde el principio, puede ser excesiva.

El principio de sobrecarga progresiva

Para seguir adaptándose, el organismo necesita una progresión.

Puede aumentarse:

  • peso;

  • repeticiones;

  • series;

  • recorrido;

  • control;

  • frecuencia;

  • complejidad.

Ejemplo:

  1. Levantarse de una silla alta usando las manos.

  2. Levantarse sin manos.

  3. Utilizar una silla más baja.

  4. Sostener una carga.

  5. Realizar el movimiento más lentamente.

Progresar no significa añadir peso todas las semanas de forma indefinida.

Significa ajustar el estímulo cuando el actual ya no supone un reto suficiente.

Técnica

La técnica no es una única postura perfecta idéntica para todo el mundo.

Las personas presentan diferencias en:

  • anatomía;

  • movilidad;

  • proporciones corporales;

  • experiencia;

  • lesiones previas.

Una técnica adecuada debería permitir:

  • control;

  • estabilidad;

  • respiración;

  • ausencia de dolor peligroso;

  • distribución razonable de la carga.

No debemos convertir pequeñas variaciones normales en errores graves.

Velocidad del movimiento

Realizar las repeticiones con control ayuda a aprender.

En general:

  • bajar la carga de forma controlada;

  • cambiar de dirección sin rebotes;

  • elevarla con intención firme;

  • mantener estabilidad.

Para entrenar potencia, algunas personas pueden realizar la fase de elevación con mayor rapidez, siempre que la resistencia sea apropiada y el movimiento permanezca controlado.

Respiración durante el ejercicio

Un consejo sencillo consiste en:

  • inspirar durante la fase menos exigente;

  • espirar durante la fase de mayor esfuerzo.

No es necesario sincronizar de forma perfecta cada respiración.

Lo importante es evitar contener el aire durante demasiado tiempo, especialmente en personas con hipertensión o poca experiencia.

La maniobra de Valsalva

Consiste en generar presión interna conteniendo parcialmente la respiración durante un esfuerzo.

Puede utilizarse en levantamientos intensos por personas entrenadas, pero no suele ser necesaria en principiantes.

Quien presenta:

  • hipertensión no controlada;

  • determinados problemas cardiovasculares;

  • alteraciones oculares;

  • otras enfermedades

debe recibir orientación individual.

Descanso entre series

El descanso permite recuperar parte de la capacidad.

Puede variar según:

  • carga;

  • ejercicio;

  • edad;

  • objetivo;

  • condición física.

Como orientación:

  • ejercicios ligeros: descansos más breves;

  • movimientos exigentes: descansos más largos;

  • personas mayores o principiantes: suficiente tiempo para recuperar respiración y técnica.

Descansar no significa perder eficacia.

En ocasiones permite completar el ejercicio con mayor calidad.

Recuperación entre sesiones

El músculo necesita tiempo para adaptarse.

Al comenzar suele ser razonable dejar al menos un día entre sesiones que trabajan intensamente los mismos grupos musculares.

No es obligatorio permanecer completamente inactivo.

Puede realizarse:

  • caminar;

  • movilidad;

  • actividad ligera;

  • trabajo de otras zonas.

La recuperación depende también de:

  • sueño;

  • alimentación;

  • edad;

  • estrés;

  • volumen de entrenamiento.

Dolor muscular tardío

Las agujetas pueden aparecer después de un estímulo nuevo.

No indican necesariamente que la sesión haya sido mejor.

Tampoco son obligatorias para ganar fuerza.

Cuando son intensas pueden:

  • limitar movimiento;

  • reducir adherencia;

  • empeorar la siguiente sesión.

Una progresión gradual permite avanzar con menos molestias.

Dolor articular

Durante el ejercicio puede existir esfuerzo muscular, pero no debería aparecer un dolor agudo o creciente en una articulación.

Si aparece molestia pueden modificarse:

  • carga;

  • recorrido;

  • ejercicio;

  • velocidad;

  • apoyo;

  • volumen.

No siempre es necesario abandonar el movimiento por completo.

A menudo puede encontrarse una variante tolerable.

Fuerza y artrosis

La artrosis no implica que las articulaciones deban dejar de utilizarse.

Fortalecer los músculos puede ayudar a mejorar:

  • soporte;

  • función;

  • confianza;

  • tolerancia a la actividad.

El programa debe adaptarse a:

  • dolor;

  • inflamación;

  • movilidad;

  • articulación afectada;

  • experiencia.

Durante un brote puede reducirse temporalmente la carga sin abandonar toda actividad.

Entrenamiento y osteoporosis

La osteoporosis requiere atención especial, pero no significa que el paciente deba evitar toda resistencia.

El entrenamiento puede incluir:

  • fuerza;

  • equilibrio;

  • carga en bipedestación;

  • ejercicios funcionales.

En personas con fracturas vertebrales o riesgo elevado deben controlarse especialmente:

  • flexiones profundas de columna;

  • giros bruscos;

  • impactos no adaptados;

  • cargas mal posicionadas.

La individualización profesional es especialmente recomendable.

Fuerza después de una lesión

Después de una lesión puede aparecer miedo al movimiento.

La recuperación suele requerir una progresión:

  1. Recuperar movimiento tolerable.

  2. Crear tensión ligera.

  3. Aumentar carga.

  4. Reintroducir velocidad.

  5. Volver a tareas específicas.

El dolor no siempre significa que el tejido esté dañándose de nuevo, pero debe interpretarse dentro del diagnóstico y la evolución.

Entrenamiento en casa

No es obligatorio acudir a un gimnasio.

Una rutina doméstica puede utilizar:

  • silla estable;

  • pared;

  • escalón;

  • bandas;

  • botellas;

  • mochila;

  • mancuernas.

Ejercicios posibles:

  • levantarse de la silla;

  • flexiones en pared;

  • remo con banda;

  • subida a escalón;

  • puente de glúteos;

  • elevación de talones;

  • transporte de bolsas.

La seguridad del entorno es importante:

  • suelo despejado;

  • buena iluminación;

  • silla que no se mueva;

  • calzado adecuado;

  • apoyo cercano para el equilibrio.

El gimnasio

El gimnasio ofrece ventajas:

  • máquinas regulables;

  • variedad de cargas;

  • supervisión;

  • entorno específico;

  • posibilidad de progresar con precisión.

Las máquinas pueden ser especialmente útiles para principiantes porque:

  • guían el recorrido;

  • aportan estabilidad;

  • permiten seleccionar cargas pequeñas.

Los pesos libres también son útiles, pero no son obligatorios para obtener resultados.

Bandas elásticas

Las bandas son económicas y fáciles de transportar.

La resistencia aumenta a medida que se estiran.

Pueden utilizarse para:

  • remo;

  • empuje;

  • apertura de cadera;

  • trabajo de hombro;

  • ejercicios de piernas.

Deben revisarse para detectar desgaste o pequeños cortes que puedan provocar roturas.

Peso corporal

Los ejercicios con peso corporal pueden ser eficaces.

Sin embargo, no siempre son más fáciles.

Por ejemplo:

  • una flexión en el suelo puede resultar más exigente que empujar una máquina;

  • una sentadilla completa puede ser difícil para un principiante.

El ejercicio debe adaptarse, no elegirse únicamente porque no requiere material.

Entrenar fuerza después de los 60

A partir de los 60 años puede ser especialmente útil priorizar:

  • piernas;

  • cadera;

  • espalda;

  • agarre;

  • equilibrio;

  • potencia adaptada.

También conviene practicar tareas relevantes:

  • levantarse;

  • subir escalones;

  • recoger objetos;

  • caminar con carga;

  • cambiar de dirección.

El entrenamiento debe mejorar la vida real.

Entrenamiento a partir de los 70

La edad cronológica no determina por sí sola la capacidad.

Existen personas de 75 años muy activas y otras de 60 con limitaciones importantes.

La planificación debe basarse en:

  • función;

  • enfermedades;

  • equilibrio;

  • experiencia;

  • objetivos;

  • fragilidad.

Incluso las personas con limitaciones pueden empezar con:

  • contracciones sentado;

  • levantamientos asistidos;

  • bandas;

  • ejercicios de tobillo;

  • pequeños desplazamientos.

Fuerza en mujeres jóvenes

Comenzar antes de la menopausia ayuda a construir:

  • masa muscular;

  • densidad ósea;

  • técnica;

  • hábito;

  • confianza.

No es necesario esperar a perder fuerza para comenzar a protegerla.

El entrenamiento puede adaptarse durante:

  • ciclo menstrual;

  • embarazo;

  • posparto;

  • distintas etapas vitales.

Embarazo

En embarazos sin complicaciones, el ejercicio de fuerza adaptado puede formar parte de un estilo de vida activo.

Deben ajustarse:

  • cargas;

  • posiciones;

  • equilibrio;

  • presión abdominal;

  • temperatura;

  • síntomas.

La pauta debe coordinarse con los profesionales sanitarios cuando existan factores de riesgo.

Suelo pélvico

El suelo pélvico participa en:

  • continencia;

  • soporte;

  • función sexual;

  • gestión de presiones.

Entrenar fuerza no perjudica automáticamente al suelo pélvico.

Sin embargo, síntomas como:

  • pérdidas de orina;

  • sensación de peso;

  • dolor;

  • escapes de gases;

  • molestias pélvicas

requieren valoración y adaptación.

Aprender a respirar y gestionar la presión puede permitir continuar entrenando de forma segura.

Proteínas y fuerza

El entrenamiento aporta la señal.

La proteína aporta aminoácidos necesarios para reparar y adaptar el tejido.

Ambos elementos se complementan.

Las necesidades dependen de:

  • edad;

  • peso;

  • actividad;

  • objetivo;

  • salud renal;

  • alimentación total.

En adultos mayores puede resultar útil repartir fuentes proteicas entre las principales comidas, en lugar de concentrarlas casi por completo en una sola cena.

¿Hace falta tomar batidos?

No.

Un batido es una forma cómoda de aportar proteínas, pero no es superior por definición a los alimentos.

Fuentes posibles:

  • huevos;

  • pescado;

  • lácteos;

  • carnes;

  • legumbres;

  • tofu;

  • soja;

  • suplementos cuando sean útiles.

Los batidos pueden facilitar la ingesta cuando existe:

  • poco apetito;

  • falta de tiempo;

  • dificultad para alcanzar necesidades;

  • entrenamiento frecuente.

No sustituyen una alimentación completa.

Creatina

La creatina es una sustancia producida por el organismo y presente en algunos alimentos.

La suplementación con creatina monohidrato se ha estudiado ampliamente en el contexto de fuerza y rendimiento.

Puede ayudar a mejorar:

  • capacidad para realizar esfuerzos intensos;

  • progresión del entrenamiento;

  • ganancia o conservación de masa muscular en determinados contextos.

No es una hormona ni un esteroide.

Sin embargo, debe valorarse individualmente, especialmente cuando existen:

  • enfermedades renales;

  • medicación;

  • embarazo;

  • dudas diagnósticas.

Puede producir un aumento inicial de peso por mayor contenido de agua dentro del músculo. Esto no equivale a ganar grasa.

Entrenamiento en ayunas

Algunas personas toleran bien sesiones de fuerza en ayunas.

Otras presentan:

  • mareo;

  • menor rendimiento;

  • hambre intensa;

  • recuperación peor.

Lo importante es que la estructura alimentaria permita:

  • entrenar con calidad;

  • consumir suficiente proteína;

  • recuperar energía;

  • mantener adherencia.

Ayunar no mejora automáticamente la ganancia muscular.

Sueño y recuperación

Dormir poco puede reducir:

  • motivación;

  • coordinación;

  • tolerancia a la carga;

  • recuperación;

  • capacidad para progresar.

Una persona puede tener un programa perfecto y obtener resultados limitados si descansa de forma crónicamente insuficiente.

Estrés y fuerza

El estrés psicológico también consume recursos.

Cuando la persona atraviesa una etapa difícil puede ser necesario:

  • reducir volumen;

  • mantener intensidad moderada;

  • realizar sesiones más breves;

  • priorizar ejercicios básicos.

Adaptar no significa abandonar.

En ocasiones, conservar una rutina mínima es más útil que exigir un rendimiento máximo.

Cómo estructurar una sesión

Una sesión sencilla puede incluir:

1. Calentamiento

Entre cinco y diez minutos:

  • caminar;

  • mover articulaciones;

  • practicar movimientos sin carga;

  • realizar series ligeras.

2. Ejercicios principales

Por ejemplo:

  • sentadilla a silla;

  • remo;

  • empuje;

  • bisagra de cadera;

  • subida de escalón.

3. Ejercicios complementarios

  • elevaciones de talón;

  • brazos;

  • hombros;

  • equilibrio;

  • tronco.

4. Vuelta a la calma

Movimiento ligero y respiración normal.

Rutina inicial de dos días

Día A

  1. Sentarse y levantarse de una silla.

  2. Empuje contra pared o máquina.

  3. Remo con banda o polea.

  4. Elevación de talones.

  5. Transporte de cargas ligeras.

  6. Equilibrio con apoyo cercano.

Día B

  1. Subida a un escalón bajo.

  2. Bisagra de cadera con palo o carga ligera.

  3. Empuje por encima de la cabeza adaptado.

  4. Tracción vertical o con banda.

  5. Puente de glúteos.

  6. Marcha controlada y cambios de dirección.

Al principio pueden realizarse:

  • 1 o 2 series;

  • entre 8 y 15 repeticiones;

  • esfuerzo moderado;

  • descansos suficientes.

Progresión de ocho semanas

Semanas 1 y 2

Objetivo:

  • aprender;

  • generar confianza;

  • evitar dolor excesivo.

Semanas 3 y 4

Aumentar algunas repeticiones o mejorar el recorrido.

Semanas 5 y 6

Incrementar ligeramente la resistencia en ejercicios ya dominados.

Semanas 7 y 8

Añadir una serie en movimientos principales o aumentar de nuevo la carga.

No todos los ejercicios necesitan progresar simultáneamente.

Cómo registrar el entrenamiento

Puede anotarse:

  • ejercicio;

  • carga;

  • repeticiones;

  • series;

  • esfuerzo;

  • molestias;

  • energía.

Ejemplo:

Sentadilla a silla: dos series de diez repeticiones con una mancuerna de cuatro kilos. Esfuerzo 7 sobre 10.

Registrar permite saber si existe progresión real.

Señales de progreso

  • levantar más carga;

  • realizar más repeticiones;

  • utilizar una silla más baja;

  • subir escalones con menos apoyo;

  • caminar con mayor seguridad;

  • cargar bolsas sin dificultad;

  • levantarse del suelo;

  • mejorar el equilibrio;

  • reducir molestias funcionales.

El espejo y la báscula no son los únicos indicadores.

Señales para reducir o revisar la carga

  • deterioro evidente de la técnica;

  • dolor agudo;

  • mareo;

  • falta de aire desproporcionada;

  • palpitaciones intensas;

  • fatiga que no se recupera;

  • empeoramiento progresivo del sueño;

  • descenso mantenido del rendimiento;

  • dolor que aumenta después de cada sesión.

Cuándo consultar antes de entrenar intensamente

  • dolor torácico;

  • pérdida de conocimiento;

  • dificultad respiratoria no explicada;

  • hipertensión no controlada;

  • enfermedad cardíaca conocida;

  • cirugía reciente;

  • fractura;

  • síntomas neurológicos;

  • embarazo con complicaciones;

  • enfermedad aguda;

  • pérdida de peso inexplicada.

La consulta debe facilitar un comienzo seguro, no convertir la actividad física en algo inaccesible.

Errores frecuentes

Empezar demasiado fuerte

Produce dolor excesivo y abandono.

No progresar nunca

Repetir siempre la misma rutina puede dejar de generar adaptación.

Cambiar ejercicios constantemente

Impide aprender y medir mejoras.

Centrarse solo en brazos y abdomen

Descuida piernas, espalda y movimientos funcionales.

Copiar rutinas avanzadas

El programa debe responder al nivel individual.

Pensar que más dolor significa más resultado

El dolor muscular no es una medida fiable de eficacia.

Abandonar tras una semana difícil

La continuidad a largo plazo importa más que una interrupción puntual.

Utilizar el ejercicio como castigo

El entrenamiento debe construir capacidad, no pagar una deuda por haber comido.

Mitos y realidades

“Las pesas vuelven demasiado musculosas a las mujeres.”

Mito.

El desarrollo muscular importante requiere tiempo, estímulo y condiciones específicas.

“Las personas mayores deben utilizar solamente pesos muy ligeros.”

Mito.

Deben comenzar con cargas seguras, pero progresar hacia resistencias que supongan un desafío.

“Para ganar músculo hay que entrenar al fallo.”

Mito.

Puede progresarse sin alcanzar el fallo en cada serie.

“Las máquinas no sirven.”

Mito.

Son herramientas eficaces y pueden resultar especialmente útiles para principiantes.

“El peso corporal siempre es más seguro.”

Mito.

Algunos ejercicios corporales son muy exigentes. La seguridad depende de la adaptación.

“Entrenar fuerza daña las articulaciones.”

Mito en términos generales.

Un programa adecuado puede mejorar la función y la tolerancia de los tejidos.

“Después de los 70 no se puede ganar fuerza.”

Mito.

La capacidad de adaptación se conserva, aunque el ritmo y el nivel final varíen.

“Las agujetas demuestran que el entrenamiento funciona.”

Mito.

La progresión puede producirse sin dolor relevante.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños consideramos la fuerza un indicador de salud y autonomía.

Cuando valoramos a una persona no deberíamos observar únicamente:

  • peso;

  • grasa;

  • arrugas;

  • flacidez.

También debemos preguntarnos:

  • ¿Puede levantarse sin apoyarse?

  • ¿Puede subir escaleras?

  • ¿Puede cargar objetos?

  • ¿Mantiene el equilibrio?

  • ¿Está perdiendo músculo?

  • ¿Entrena con una resistencia suficiente?

  • ¿Consume proteínas adecuadas?

  • ¿Duerme bien?

Nuestro objetivo no es imponer un modelo corporal.

Buscamos que cada paciente conserve la capacidad de vivir con independencia y realizar las actividades que considera importantes.

Ideas clave

  • Entrenar fuerza significa trabajar contra una resistencia.

  • Fuerza, masa muscular y potencia son capacidades relacionadas, pero diferentes.

  • Las primeras mejoras suelen proceder de adaptaciones nerviosas.

  • El músculo comienza a perderse progresivamente desde la edad adulta si no recibe estímulo.

  • La fuerza constituye una reserva funcional frente al envejecimiento y la enfermedad.

  • Una rutina equilibrada debe trabajar los principales grupos musculares.

  • Dos o tres sesiones semanales pueden producir mejoras importantes.

  • La carga debe exigir esfuerzo sin comprometer el control.

  • No es necesario entrenar siempre hasta el fallo.

  • La progresión es imprescindible para seguir adaptándose.

  • Las mujeres no desarrollan automáticamente una musculatura excesiva.

  • Las personas mayores pueden ganar fuerza y mejorar función.

  • Fuerza, proteínas, energía y sueño trabajan conjuntamente.

  • El entrenamiento debe adaptarse ante artrosis, osteoporosis, dolor o enfermedad.

  • Los mejores resultados se miden también mediante autonomía y capacidad cotidiana.

Aplicación práctica: prueba de fuerza funcional

Estas pruebas orientativas pueden ayudar a observar cambios, pero no sustituyen una evaluación profesional.

Levantarse de una silla

Observar:

  • si necesita manos;

  • cuántas repeticiones realiza con control;

  • si existe asimetría;

  • si aparece dolor.

Subir un escalón

Valorar:

  • seguridad;

  • necesidad de barandilla;

  • fuerza de cada pierna.

Transportar bolsas

Observar:

  • postura;

  • agarre;

  • capacidad para caminar;

  • fatiga.

Equilibrio con apoyo cercano

Mantener una posición reduciendo progresivamente la base de apoyo.

Siempre debe existir una superficie estable cerca.

Repetir estas tareas cada varias semanas puede mostrar mejoras funcionales.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo tarda en notarse la fuerza?

Algunas mejoras pueden apreciarse en pocas semanas gracias al aprendizaje y la coordinación.

¿Cuándo se empieza a ver más músculo?

Los cambios visibles suelen requerir meses de constancia y dependen de la alimentación, genética y punto de partida.

¿Puedo entrenar con hipertensión?

Con frecuencia sí, cuando está controlada y el programa es adecuado. Conviene evitar contener la respiración durante esfuerzos prolongados.

¿Es mejor entrenar dos o cuatro días?

Depende de la experiencia, recuperación y disponibilidad. Dos sesiones bien realizadas pueden ser un excelente comienzo.

¿Necesito sentir dolor muscular?

No.

¿Qué carga debo elegir?

Una que permita completar las repeticiones con control y produzca un esfuerzo claro al final.

¿Puedo entrenar si tengo una prótesis?

Muchas personas pueden hacerlo con adaptaciones específicas y valoración profesional.

¿Las bandas son suficientes?

Pueden serlo al principio y permiten progresar en numerosos ejercicios. Con el tiempo puede ser necesario aumentar la resistencia.

¿Debo tomar proteína inmediatamente después?

No existe una ventana de pocos minutos. Lo importante es cubrir las necesidades totales y distribuirlas razonablemente.

¿La creatina es solo para culturistas?

No. Puede utilizarse en distintos contextos, pero debe valorarse según la salud y los objetivos personales.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo profundizaremos en otra capacidad que puede perderse silenciosamente hasta que una tarea cotidiana se convierte en un gran esfuerzo:

La capacidad aeróbica: cómo entrenar el corazón y los pulmones para conservar energía y resistencia.

Analizaremos:

  • qué significa estar en forma;

  • consumo de oxígeno;

  • frecuencia cardíaca;

  • intensidad moderada y vigorosa;

  • caminar;

  • bicicleta;

  • natación;

  • entrenamiento continuo;

  • intervalos;

  • zonas de esfuerzo;

  • capacidad aeróbica y longevidad;

  • cómo empezar con sobrepeso, artrosis o baja condición física;

  • ejercicio cardiovascular y pérdida de grasa;

  • seguridad cardíaca;

  • cómo combinarlo con fuerza.

Comprenderemos que mejorar la resistencia no sirve solo para correr: permite realizar toda la vida cotidiana con un menor esfuerzo relativo.

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Capítulo 29

La capacidad aeróbica

Cómo entrenar el corazón, los pulmones y los músculos para vivir con más energía
Tener resistencia no significa correr una maratón. Significa poder caminar, subir escaleras, viajar, trabajar y disfrutar del día sin que el cansancio limite constantemente nuestra vida.

Una historia cotidiana

Luis tiene 63 años.

No presenta una enfermedad grave y mantiene una vida independiente. Sin embargo, durante los últimos años ha reducido progresivamente su actividad.

Primero dejó de caminar distancias largas porque se cansaba.

Después comenzó a utilizar el ascensor incluso para subir un piso.

Más tarde evitó excursiones, visitas turísticas y planes que exigieran permanecer demasiado tiempo de pie.

Cuando su familia le propone salir, responde:

—Id vosotros. Yo ya no tengo la misma energía.

Luis piensa que el cansancio es una consecuencia inevitable de la edad.

Pero cuando empieza un programa progresivo de caminatas descubre algo importante.

Al principio necesita detenerse después de diez minutos. Varias semanas más tarde puede caminar media hora. Posteriormente introduce pequeñas pendientes y periodos algo más rápidos.

No se ha vuelto joven de nuevo.

Ha mejorado la capacidad de su organismo para transportar y utilizar oxígeno.

Y eso cambia su vida cotidiana:

  • sube escaleras con menos fatiga;

  • recupera antes la respiración;

  • camina con mayor seguridad;

  • vuelve a participar en actividades;

  • siente menos miedo al esfuerzo.

La resistencia se pierde cuando dejamos de utilizarla, pero también puede recuperarse parcialmente mediante un estímulo adecuado.

Introducción

La capacidad aeróbica representa la habilidad del organismo para realizar una actividad continuada utilizando oxígeno para producir energía.

Depende del trabajo coordinado de:

  • pulmones;

  • corazón;

  • vasos sanguíneos;

  • sangre;

  • músculos;

  • mitocondrias;

  • sistema nervioso.

Cuando mejora, el organismo puede transportar y utilizar más eficazmente el oxígeno.

Esto permite que actividades como:

  • caminar;

  • subir escaleras;

  • bailar;

  • nadar;

  • ir en bicicleta;

  • realizar tareas domésticas

requieran un menor esfuerzo relativo.

Por tanto, entrenar la resistencia no sirve únicamente para practicar deporte.

Sirve para que la vida cotidiana resulte menos agotadora.

¿Qué significa ejercicio aeróbico?

El término aeróbico significa literalmente “con oxígeno”.

Durante este tipo de ejercicio, los músculos producen una parte importante de la energía utilizando oxígeno y diferentes combustibles, principalmente:

  • hidratos de carbono;

  • grasas.

Algunos ejemplos son:

  • caminar a paso ligero;

  • correr;

  • nadar;

  • montar en bicicleta;

  • bailar;

  • remar;

  • subir pendientes;

  • utilizar una máquina elíptica.

La participación aeróbica aumenta especialmente durante actividades sostenidas durante varios minutos.

El sistema cardiorrespiratorio

Para que un músculo pueda trabajar durante un periodo prolongado necesita recibir:

  • oxígeno;

  • nutrientes;

  • circulación suficiente.

Este proceso comienza en los pulmones.

Los pulmones

Introducen oxígeno desde el aire y eliminan dióxido de carbono.

La sangre

Transporta el oxígeno unido principalmente a la hemoglobina.

El corazón

Bombea la sangre hacia los tejidos.

Los vasos sanguíneos

Distribuyen el flujo según las necesidades.

Los músculos

Extraen y utilizan el oxígeno para producir energía.

La capacidad aeróbica depende de toda esta cadena.

Un sistema puede limitar al resto.

Por ejemplo:

  • anemia;

  • enfermedad pulmonar;

  • alteraciones cardíacas;

  • baja condición muscular;

  • sedentarismo.

¿Qué ocurre cuando comenzamos a movernos?

Durante una actividad:

  • aumenta la frecuencia cardíaca;

  • respiramos más rápido;

  • se dirige más sangre hacia los músculos;

  • aumenta el consumo de oxígeno;

  • se eleva la temperatura corporal;

  • se movilizan combustibles.

Si la actividad continúa, el organismo intenta alcanzar un equilibrio entre la demanda de energía y su capacidad para producirla.

Cuanto mejor entrenada está una persona, mayor trabajo puede realizar antes de alcanzar un nivel de fatiga elevado.

¿Qué significa estar en forma?

Estar en forma no es una única cualidad.

Incluye:

  • resistencia aeróbica;

  • fuerza;

  • potencia;

  • movilidad;

  • equilibrio;

  • composición corporal;

  • coordinación.

Una persona puede tener buena resistencia y poca fuerza.

Otra puede ser fuerte, pero fatigarse al caminar.

Por eso un programa completo no debe centrarse exclusivamente en una capacidad.

Consumo máximo de oxígeno

El VO₂ máximo representa la mayor cantidad de oxígeno que el organismo puede utilizar durante un esfuerzo intenso.

Se considera uno de los principales indicadores de capacidad cardiorrespiratoria.

Depende de:

  • genética;

  • edad;

  • sexo;

  • entrenamiento;

  • salud;

  • masa muscular;

  • composición corporal.

Puede medirse directamente mediante una prueba de esfuerzo con análisis de gases.

También puede estimarse utilizando:

  • tiempo;

  • distancia;

  • frecuencia cardíaca;

  • velocidad;

  • diferentes pruebas de campo.

No es necesario medir el VO₂ máximo

Aunque es un indicador útil, una persona puede mejorar su resistencia sin conocer su valor.

En la práctica podemos observar:

  • distancia caminada;

  • velocidad;

  • tiempo;

  • respiración;

  • frecuencia cardíaca;

  • recuperación;

  • esfuerzo percibido.

Si una persona camina durante más tiempo con menos cansancio, su capacidad funcional probablemente está mejorando.

Capacidad aeróbica y envejecimiento

La capacidad cardiorrespiratoria tiende a disminuir con la edad.

Esta pérdida se relaciona con cambios en:

  • corazón;

  • vasos;

  • músculo;

  • mitocondrias;

  • actividad física;

  • composición corporal.

Sin embargo, una parte importante del deterioro atribuido a la edad puede estar influida por la reducción progresiva de la actividad.

No podemos evitar todos los cambios biológicos.

Sí podemos reducir el desentrenamiento.

La reserva funcional

Imaginemos dos personas que necesitan subir unas escaleras.

Persona A

Tiene una capacidad aeróbica alta.

Subir escaleras utiliza una parte moderada de su capacidad máxima.

Persona B

Tiene una capacidad baja.

La misma tarea exige casi todo su esfuerzo disponible.

Por eso se fatiga y necesita detenerse.

La actividad es idéntica.

Lo que cambia es la reserva.

Entrenar aumenta el margen entre las exigencias cotidianas y el máximo que una persona puede realizar.

Beneficios del entrenamiento aeróbico

Puede contribuir a:

  • mejorar la función cardiovascular;

  • aumentar la resistencia;

  • reducir la fatiga;

  • mejorar la presión arterial;

  • favorecer la sensibilidad a la insulina;

  • aumentar el gasto energético;

  • mejorar el sueño;

  • reducir el estrés;

  • favorecer la salud cerebral;

  • mantener la autonomía.

También puede ayudar a que la persona realice más actividad cotidiana porque se siente menos limitada.

Intensidad del ejercicio

La intensidad expresa cuánto esfuerzo requiere una actividad.

Puede clasificarse de forma general en:

  • ligera;

  • moderada;

  • vigorosa.

La misma velocidad no representa la misma intensidad para todas las personas.

Caminar a cinco kilómetros por hora puede ser:

  • ligero para una persona entrenada;

  • moderado para otra;

  • vigoroso para alguien con baja condición física.

Por eso conviene adaptar la intensidad al individuo.

Esfuerzo ligero

Durante una actividad ligera:

  • la respiración cambia poco;

  • puede mantenerse una conversación cómoda;

  • el esfuerzo se percibe bajo.

Ejemplos:

  • caminar despacio;

  • tareas domésticas suaves;

  • movilidad;

  • paseo tranquilo.

Aunque no mejora al máximo la capacidad aeróbica, reduce el sedentarismo y aporta movimiento.

Esfuerzo moderado

Durante una actividad moderada:

  • respiramos más rápido;

  • aumenta el pulso;

  • podemos hablar en frases completas;

  • cantar resulta más difícil.

Ejemplos:

  • caminar rápido;

  • bicicleta tranquila;

  • baile;

  • natación suave;

  • trabajo de jardinería intenso.

Es una intensidad útil para gran parte de la población.

Esfuerzo vigoroso

Durante una actividad vigorosa:

  • la respiración es intensa;

  • el pulso aumenta notablemente;

  • solo podemos decir frases breves;

  • el esfuerzo se percibe elevado.

Ejemplos:

  • correr;

  • subir una pendiente rápidamente;

  • ciclismo intenso;

  • natación rápida;

  • intervalos.

No es imprescindible para todas las personas, pero puede producir adaptaciones importantes cuando existe capacidad y seguridad.

La prueba del habla

Es una herramienta sencilla.

Si podemos cantar fácilmente

La intensidad probablemente es ligera.

Si podemos hablar, pero no cantar cómodamente

La intensidad probablemente es moderada.

Si solo podemos decir unas pocas palabras

La intensidad puede ser vigorosa.

No sustituye una evaluación médica, pero resulta útil para regular el esfuerzo cotidiano.

Escala de esfuerzo percibido

Podemos valorar el esfuerzo entre 0 y 10.

  • 0: reposo.

  • 1-2: muy ligero.

  • 3-4: ligero a moderado.

  • 5-6: moderado a exigente.

  • 7-8: intenso.

  • 9: muy intenso.

  • 10: máximo.

Para muchas sesiones aeróbicas de base puede utilizarse aproximadamente un esfuerzo de 4 a 6 sobre 10.

Los principiantes pueden comenzar por debajo y progresar.

Frecuencia cardíaca

La frecuencia cardíaca puede orientar la intensidad.

Durante el ejercicio aumenta para enviar más sangre a los músculos.

Sin embargo, está influida por:

  • edad;

  • temperatura;

  • estrés;

  • cafeína;

  • medicamentos;

  • hidratación;

  • enfermedad;

  • nivel de entrenamiento.

Por eso no debe interpretarse de manera aislada.

El problema de las fórmulas generales

Es frecuente estimar la frecuencia máxima restando la edad a 220.

Esta fórmula ofrece únicamente una aproximación poblacional.

Puede equivocarse bastante en una persona concreta.

Por ello, las llamadas “zonas de entrenamiento” calculadas de esta manera deben utilizarse con prudencia.

La prueba del habla y el esfuerzo percibido pueden resultar más sencillos para muchas personas.

Medicamentos y frecuencia cardíaca

Algunos tratamientos pueden modificar la respuesta del pulso.

Por ejemplo, ciertos medicamentos utilizados para:

  • hipertensión;

  • arritmias;

  • enfermedad cardiovascular

pueden impedir que la frecuencia cardíaca aumente de la forma esperada.

En estas situaciones resulta especialmente útil utilizar:

  • percepción de esfuerzo;

  • síntomas;

  • orientación profesional.

Entrenamiento continuo

Consiste en mantener una intensidad relativamente estable durante un tiempo.

Ejemplos:

  • caminar treinta minutos;

  • pedalear;

  • nadar;

  • utilizar una elíptica.

Puede realizarse a intensidad:

  • ligera;

  • moderada;

  • alta, en personas entrenadas.

Es una forma sencilla de desarrollar la base aeróbica.

Entrenamiento por intervalos

Alterna periodos de mayor esfuerzo con periodos de recuperación.

Por ejemplo:

  • caminar rápido durante un minuto;

  • caminar suave durante dos;

  • repetir.

Los intervalos no tienen que ser extremos.

Pueden adaptarse a cualquier nivel.

Intervalos de alta intensidad

El entrenamiento interválico de alta intensidad, conocido como HIIT, utiliza periodos breves de esfuerzo alto alternados con recuperaciones.

Puede mejorar la capacidad cardiorrespiratoria con sesiones relativamente cortas.

Sin embargo, no es necesariamente superior para todas las personas.

También produce:

  • mayor fatiga;

  • mayor exigencia;

  • necesidad de técnica;

  • recuperación más importante.

Una persona sedentaria no necesita empezar realizando intervalos máximos.

Intervalos para principiantes

Un formato sencillo:

  1. Caminar cinco minutos suavemente.

  2. Caminar un minuto algo más rápido.

  3. Caminar dos minutos cómodo.

  4. Repetir cuatro o cinco veces.

  5. Finalizar suavemente.

La parte rápida debe aumentar la respiración sin provocar descontrol.

¿Qué modalidad es mejor?

La mejor modalidad depende de:

  • preferencias;

  • salud;

  • articulaciones;

  • disponibilidad;

  • experiencia;

  • objetivos.

Una persona puede mejorar mediante:

  • caminata continua;

  • bicicleta;

  • natación;

  • intervalos;

  • baile;

  • combinación.

No existe una única actividad obligatoria.

Caminar como entrenamiento

Caminar puede ser un verdadero entrenamiento si se manipulan:

  • velocidad;

  • pendiente;

  • duración;

  • descansos;

  • terreno.

Para progresar puede:

  • caminar más;

  • caminar más rápido;

  • incluir cuestas;

  • reducir pausas;

  • utilizar bastones.

No es necesario correr para mejorar la resistencia.

Caminar después de comer

Una caminata breve después de las comidas puede contribuir a:

  • aumentar el movimiento;

  • mejorar la utilización de glucosa;

  • reducir el tiempo sentado;

  • facilitar la digestión en algunas personas.

No necesita ser intensa.

Incluso periodos breves pueden resultar útiles.

Correr

Correr es una actividad eficiente y accesible.

Puede mejorar:

  • resistencia;

  • salud ósea;

  • capacidad cardiorrespiratoria.

Pero no es obligatorio.

Algunas personas no lo toleran bien por:

  • artrosis sintomática;

  • lesión;

  • exceso de peso;

  • suelo pélvico;

  • baja condición inicial.

Puede comenzarse alternando marcha y carrera.

¿Correr daña las rodillas?

No puede afirmarse que correr provoque automáticamente artrosis.

La respuesta depende de:

  • carga;

  • volumen;

  • técnica;

  • superficie;

  • lesiones previas;

  • recuperación;

  • progresión.

El problema suele aparecer cuando la demanda supera repetidamente la capacidad de los tejidos.

Una progresión gradual reduce el riesgo.

Bicicleta

La bicicleta ofrece actividad cardiovascular con poco impacto articular.

Puede ser útil para:

  • personas con exceso de peso;

  • molestias de rodilla;

  • baja tolerancia a la carrera;

  • quienes disfrutan del ciclismo.

Debe ajustarse correctamente:

  • altura del sillín;

  • posición;

  • resistencia.

Una mala configuración puede producir molestias.

Natación

La natación trabaja gran parte del cuerpo y reduce la carga sobre las articulaciones.

Puede ser adecuada para:

  • artrosis;

  • exceso de peso;

  • dolor;

  • calor.

Sin embargo, la técnica importa.

Una persona con molestias cervicales o de hombro puede necesitar ajustar el estilo.

Además, conviene combinarla con actividades de carga para músculo y hueso.

Ejercicio en el agua

Caminar, desplazarse o realizar clases en piscina puede facilitar el movimiento en personas con:

  • dolor articular;

  • obesidad;

  • limitaciones.

El agua reduce parte del peso soportado y ofrece resistencia en todas las direcciones.

Baile

El baile combina:

  • actividad aeróbica;

  • coordinación;

  • memoria;

  • equilibrio;

  • contacto social;

  • disfrute.

Puede ser una excelente opción para quienes rechazan las formas tradicionales de ejercicio.

La adherencia aumenta cuando la actividad resulta agradable.

Subir escaleras

Subir escaleras exige:

  • fuerza;

  • potencia;

  • resistencia;

  • equilibrio.

Puede utilizarse como estímulo breve.

Sin embargo, debe adaptarse en personas con:

  • dolor;

  • inestabilidad;

  • enfermedad cardiovascular;

  • baja condición.

Al principio pueden utilizarse pocos escalones y barandilla.

Capacidad aeróbica y corazón

El entrenamiento produce adaptaciones como:

  • mayor eficiencia del bombeo;

  • mejor utilización periférica del oxígeno;

  • menor frecuencia cardíaca para un mismo esfuerzo;

  • recuperación más rápida.

No significa que el corazón se vuelva inmune a enfermedades.

Debe combinarse con:

  • control de presión;

  • alimentación;

  • abandono del tabaco;

  • sueño;

  • seguimiento sanitario.

Frecuencia cardíaca en reposo

Las personas entrenadas pueden presentar una frecuencia en reposo más baja porque el corazón expulsa más sangre en cada latido.

Sin embargo, un pulso bajo no siempre significa buena forma.

También puede relacionarse con:

  • medicamentos;

  • alteraciones de conducción;

  • enfermedad.

Si se acompaña de:

  • mareo;

  • debilidad;

  • desmayo;

  • falta de aire,

requiere valoración.

Recuperación de la frecuencia cardíaca

Después del esfuerzo, el pulso debería disminuir progresivamente.

Una recuperación más rápida suele asociarse con mejor adaptación cardiovascular y regulación autónoma.

No obstante, depende de:

  • intensidad;

  • edad;

  • medicación;

  • posición;

  • temperatura.

No debe utilizarse como diagnóstico aislado.

Capacidad aeróbica y presión arterial

El ejercicio regular puede contribuir a reducir la presión arterial en muchas personas.

Durante una sesión, la presión sistólica aumenta para responder a la demanda.

Después puede aparecer una reducción temporal.

Las personas con hipertensión no controlada deben recibir orientación antes de realizar esfuerzos intensos.

Capacidad aeróbica y glucosa

Durante el ejercicio, los músculos aumentan la utilización de glucosa.

Además, la actividad puede mejorar durante horas la sensibilidad a la insulina.

Por ello, distribuir movimiento a lo largo de la semana suele ser más útil que realizar una única sesión intensa y permanecer inactivo el resto.

Capacidad aeróbica y grasa visceral

La actividad aeróbica puede contribuir a reducir grasa visceral cuando forma parte de un programa que modifica el balance energético y mejora el metabolismo.

No existe una intensidad que elimine exclusivamente la grasa abdominal.

El resultado depende del conjunto de:

  • alimentación;

  • fuerza;

  • sueño;

  • estrés;

  • constancia.

La zona de quema de grasa

A intensidades moderadas, una mayor proporción de la energía puede proceder de grasas.

A intensidades más altas, aumenta la contribución de los hidratos.

Esto ha dado lugar al concepto de “zona de quema de grasa”.

Sin embargo:

Utilizar un mayor porcentaje de grasa durante una sesión no garantiza perder más grasa corporal.

La pérdida depende del balance total mantenido a lo largo del tiempo.

Ejercicio aeróbico y masa muscular

Un volumen razonable de ejercicio aeróbico no elimina automáticamente músculo.

El riesgo puede aumentar cuando se combinan:

  • muchas horas de entrenamiento;

  • poca energía;

  • proteína insuficiente;

  • ausencia de fuerza;

  • mala recuperación.

En un programa equilibrado, resistencia y fuerza pueden complementarse.

Cómo combinar resistencia y fuerza

Una semana podría incluir:

  • dos o tres sesiones de fuerza;

  • tres o más sesiones aeróbicas;

  • movimiento cotidiano;

  • equilibrio.

Pueden realizarse el mismo día o en días distintos.

Si se hacen juntos, el orden dependerá de la prioridad.

Si la prioridad es ganar fuerza

Puede realizarse primero la fuerza.

Si la prioridad es mejorar una actividad aeróbica

Puede priorizarse esa sesión.

Para la mayoría de las personas, la diferencia es menos importante que la constancia.

¿Puede el cardio interferir con el músculo?

Un volumen muy elevado de resistencia, especialmente intenso, puede dificultar algunas adaptaciones de fuerza o hipertrofia.

Sin embargo, esto preocupa principalmente en programas deportivos avanzados.

Para la población general, combinar ambos tipos produce beneficios más completos.

Capacidad aeróbica y cerebro

La actividad aeróbica puede influir en:

  • circulación cerebral;

  • estado de ánimo;

  • sueño;

  • aprendizaje;

  • función ejecutiva.

No garantiza prevenir la demencia, pero forma parte de las estrategias con mayor apoyo para proteger la salud cerebral.

Capacidad aeróbica y estrés

El ejercicio puede ayudar a:

  • reducir tensión;

  • interrumpir pensamientos repetitivos;

  • mejorar la sensación de control;

  • favorecer el sueño;

  • aumentar el contacto social.

La dosis debe ser adecuada.

Entrenar excesivamente durante una etapa de agotamiento puede convertirse en otra fuente de estrés.

Capacidad aeróbica y menopausia

Durante la menopausia puede ayudar a:

  • controlar el riesgo cardiovascular;

  • mejorar la sensibilidad a la insulina;

  • apoyar el control del peso;

  • reducir el sedentarismo;

  • favorecer el estado de ánimo;

  • mejorar el sueño en algunas mujeres.

Debe combinarse con fuerza para proteger músculo y hueso.

Ejercicio aeróbico y suelo pélvico

Actividades con impacto, como correr o saltar, aumentan las demandas sobre el suelo pélvico.

Si aparecen:

  • pérdidas de orina;

  • sensación de peso;

  • dolor;

  • presión vaginal,

conviene realizar una valoración especializada.

No siempre es necesario abandonar el impacto de forma permanente.

Puede adaptarse mediante:

  • reducción de intensidad;

  • progresión;

  • fuerza;

  • técnica;

  • rehabilitación del suelo pélvico.

Sobrepeso y ejercicio aeróbico

Las personas con sobrepeso pueden comenzar con actividades de menor impacto:

  • caminar;

  • bicicleta;

  • elíptica;

  • piscina;

  • baile adaptado.

No es necesario esperar a adelgazar para moverse.

El movimiento forma parte del tratamiento y mejora la salud incluso antes de que aparezcan grandes cambios en el peso.

Artrosis y resistencia

En personas con artrosis pueden utilizarse:

  • caminatas cortas;

  • bicicleta;

  • agua;

  • elíptica;

  • intervalos suaves.

El ejercicio puede adaptarse según el dolor.

Un cierto nivel de molestia tolerable no siempre indica daño, pero el dolor intenso o progresivo debe revisarse.

Enfermedad pulmonar

Las personas con enfermedad respiratoria también pueden beneficiarse del entrenamiento, pero necesitan ajustar:

  • intensidad;

  • pausas;

  • respiración;

  • medicación;

  • oxígeno cuando esté indicado.

La falta de aire durante un esfuerzo no debe ignorarse, pero tampoco significa necesariamente que la actividad deba evitarse por completo.

La rehabilitación respiratoria puede ser especialmente útil.

Señales normales durante el esfuerzo

Pueden aparecer:

  • respiración más rápida;

  • pulso elevado;

  • calor;

  • sudor;

  • cansancio muscular;

  • necesidad de reducir el ritmo.

Estas respuestas deben disminuir gradualmente al parar.

Señales de alarma

Conviene detener el ejercicio y buscar valoración ante:

  • dolor o presión en el pecho;

  • desmayo;

  • mareo intenso;

  • falta de aire desproporcionada;

  • palpitaciones mantenidas;

  • debilidad repentina;

  • alteraciones neurológicas;

  • dolor agudo intenso;

  • coloración azulada.

No deben interpretarse como una falta normal de condición física.

Cómo comenzar después de mucho tiempo

Semana 1

Caminar diez minutos, cinco días.

Semana 2

Aumentar a doce o quince minutos.

Semana 3

Añadir pequeños periodos rápidos.

Semana 4

Llegar a veinte minutos según tolerancia.

La progresión puede ser todavía más lenta si es necesario.

El punto de partida correcto es aquel que permite repetir la actividad sin quedar agotado durante varios días.

El método de caminar y descansar

Una persona que no puede caminar durante veinte minutos seguidos puede realizar:

  • tres minutos caminando;

  • dos minutos descansando;

  • repetir cuatro veces.

Con el tiempo puede:

  • caminar más;

  • descansar menos;

  • aumentar el ritmo.

El descanso programado no representa un fracaso.

Es una herramienta de progresión.

Cómo aumentar el entrenamiento

Solo conviene modificar una o dos variables cada vez:

  • frecuencia;

  • duración;

  • intensidad;

  • pendiente.

Ejemplo:

Primero aumentar de quince a veinte minutos.

Después mantener el tiempo y caminar algo más rápido.

No es necesario aumentar simultáneamente duración, velocidad y pendiente.

La importancia de la regularidad

La capacidad aeróbica disminuye cuando dejamos de entrenarla.

No significa que debamos hacer ejercicio intenso todos los días.

Sí conviene distribuir el movimiento a lo largo de la semana.

Tres paseos semanales sostenidos suelen producir más beneficio que una sesión extrema seguida de seis días de inactividad.

Un programa orientativo de ocho semanas

Semanas 1 y 2

  • cuatro días;

  • entre 10 y 15 minutos;

  • esfuerzo ligero a moderado.

Semanas 3 y 4

  • cuatro o cinco días;

  • entre 15 y 20 minutos;

  • introducir periodos algo más rápidos.

Semanas 5 y 6

  • 20 a 30 minutos;

  • esfuerzo moderado;

  • una sesión con pequeñas pendientes.

Semanas 7 y 8

  • aproximarse progresivamente a 150 minutos semanales;

  • mantener una sesión con intervalos adaptados;

  • combinar con dos días de fuerza.

Es solo un ejemplo y debe ajustarse.

Cómo medir el progreso

Puede observarse:

  • mayor distancia;

  • más velocidad;

  • menos pausas;

  • menor esfuerzo;

  • recuperación más rápida;

  • capacidad para hablar durante la actividad;

  • menor fatiga cotidiana;

  • más facilidad para subir escaleras.

También puede utilizarse una ruta conocida y repetirla cada varias semanas.

Prueba de marcha

Una prueba sencilla consiste en caminar durante un tiempo determinado en un lugar seguro y registrar:

  • distancia;

  • pausas;

  • esfuerzo;

  • síntomas.

No debe convertirse en una competición máxima si existen enfermedades o baja condición.

El objetivo es comparar la evolución personal.

Mitos y realidades

“Para mejorar el corazón hay que correr.”

Mito.

Caminar rápido, pedalear, nadar o bailar también pueden mejorar la capacidad aeróbica.

“El cardio destruye el músculo.”

Mito en términos generales.

El problema aparece con volúmenes extremos, mala alimentación y ausencia de fuerza.

“Hay que estar al menos treinta minutos para que sirva.”

Mito.

Periodos más breves también aportan beneficios y pueden acumularse.

“La zona de quema de grasa adelgaza más.”

No necesariamente.

La pérdida de grasa depende del balance global.

“Cuanto más alta sea la frecuencia cardíaca, mejor.”

Mito.

La intensidad debe adaptarse al objetivo y la salud.

“Si me falta el aire, significa que estoy fuera de forma.”

No siempre.

Puede deberse a baja condición, pero también a anemia, enfermedad cardíaca o pulmonar, entre otras causas.

“Sudar demuestra que la sesión funciona.”

Mito.

El sudor depende de temperatura, genética, ropa y aclimatación.

“El ejercicio aeróbico es suficiente para envejecer bien.”

Incompleto.

Debe combinarse con fuerza, equilibrio y movilidad.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños consideramos la capacidad aeróbica una parte esencial de la autonomía.

No valoramos únicamente si el paciente puede practicar deporte.

También preguntamos:

  • ¿Puede caminar durante media hora?

  • ¿Sube escaleras?

  • ¿Se fatiga al vestirse?

  • ¿Evita planes por miedo al cansancio?

  • ¿Recupera rápidamente?

  • ¿Permanece sentado durante muchas horas?

El objetivo no es obligar a todas las personas a correr.

Buscamos mejorar su capacidad para realizar las actividades que dan sentido a su vida.

Ideas clave

  • La capacidad aeróbica depende del corazón, los pulmones, la sangre, los vasos y los músculos.

  • Mejorarla reduce el esfuerzo relativo de las tareas cotidianas.

  • El VO₂ máximo es un indicador importante, pero no es necesario medirlo para progresar.

  • La intensidad puede controlarse mediante la prueba del habla y el esfuerzo percibido.

  • Caminar puede ser un entrenamiento eficaz.

  • No es necesario correr.

  • Los intervalos pueden adaptarse a principiantes.

  • El ejercicio aeróbico ayuda al metabolismo, la circulación, el cerebro y el bienestar.

  • La zona de quema de grasa no garantiza una mayor pérdida de grasa corporal.

  • Fuerza y resistencia deben combinarse.

  • La progresión debe ser gradual.

  • Cualquier cantidad de movimiento es mejor que ninguna.

  • Dolor torácico, desmayo o falta de aire desproporcionada requieren valoración.

Aplicación práctica: la semana cardiosaludable

Lunes

Caminata moderada de 25 minutos.

Martes

Entrenamiento de fuerza.

Miércoles

Caminata con cinco intervalos de un minuto rápido y dos minutos suaves.

Jueves

Movimiento cotidiano y movilidad.

Viernes

Entrenamiento de fuerza y diez minutos suaves.

Sábado

Actividad agradable de 30 a 45 minutos:

  • paseo;

  • bicicleta;

  • baile;

  • piscina.

Domingo

Descanso activo.

Este ejemplo puede dividirse en periodos más cortos.

Preguntas frecuentes

¿Qué actividad es mejor para el corazón?

La que permita mantener una intensidad adecuada, resulte segura y pueda sostenerse a largo plazo.

¿Cuántos días debo realizar cardio?

Puede distribuirse en varios días hasta alcanzar progresivamente el volumen semanal.

¿Caminar despacio sirve?

Sí, especialmente para reducir sedentarismo. Para mejorar más la capacidad aeróbica puede ser necesario progresar.

¿Puedo hacer cardio todos los días?

Sí, si la intensidad y el volumen permiten recuperarse. No todas las sesiones deben ser exigentes.

¿Qué es mejor, cardio antes o después de las pesas?

Depende de la prioridad. Para salud general, la diferencia suele ser menos importante que realizar ambos.

¿Debo usar pulsómetro?

No es obligatorio. Puede ser útil, pero debe interpretarse junto con sensaciones y medicación.

¿Puedo mejorar después de los 70 años?

Sí. La capacidad de adaptación continúa presente.

¿Por qué me falta el aire al subir escaleras?

Puede deberse a baja condición, exceso de peso, anemia, enfermedades pulmonares o cardíacas y otros factores. Si es nuevo, intenso o progresivo, conviene consultar.

¿Es mejor caminar por la mañana?

El mejor horario es el que pueda mantenerse. La luz matinal también puede favorecer los ritmos circadianos.

¿Cuánto tarda en mejorar la resistencia?

Algunas personas perciben cambios en pocas semanas, aunque las adaptaciones continúan durante meses.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos una capacidad que suele pasar desapercibida hasta que comienza a fallar:

Equilibrio, movilidad y prevención de caídas: cómo conservar seguridad y confianza al movernos.

Analizaremos:

  • cómo se mantiene el equilibrio;

  • oído interno;

  • visión;

  • fuerza;

  • propiocepción;

  • velocidad de reacción;

  • miedo a caer;

  • movilidad de tobillos, caderas y columna;

  • ejercicios prácticos;

  • calzado;

  • hogar;

  • medicamentos;

  • osteoporosis;

  • cómo levantarse del suelo;

  • cuándo consultar.

Comprenderemos que prevenir caídas no consiste en moverse menos, sino en entrenar el cuerpo y adaptar el entorno para poder moverse con mayor seguridad.

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Capítulo 30

Equilibrio, movilidad y prevención de caídas

Cómo conservar seguridad, confianza y libertad de movimiento
Prevenir una caída no consiste en moverse menos. Consiste en preparar mejor el cuerpo, revisar los factores de riesgo y crear un entorno en el que sea posible moverse con seguridad.

Una historia cotidiana

Mercedes tiene 68 años.

Hace unos meses tropezó con una alfombra al levantarse de noche para ir al baño. No sufrió una fractura, pero cayó sobre una rodilla y necesitó varios días para recuperarse.

Desde entonces ha cambiado su comportamiento.

Camina más despacio.

Evita salir sola.

Ya no sube escaleras si no hay ascensor.

Ha dejado de acompañar a sus amigas en algunos paseos.

Cuando se ducha, permanece rígida por miedo a resbalar.

Mercedes piensa que está protegiéndose.

Sin embargo, al moverse menos comienza a perder:

  • fuerza;

  • equilibrio;

  • velocidad de reacción;

  • confianza;

  • resistencia.

Su miedo la conduce precisamente hacia aquello que intenta evitar: una mayor fragilidad.

Cuando comienza un programa adaptado, no practica ejercicios peligrosos ni se mantiene sobre una pierna sin apoyo.

Empieza con tareas sencillas:

  • levantarse de una silla;

  • caminar junto a una pared;

  • cambiar de dirección;

  • subir un escalón bajo;

  • mover los tobillos;

  • practicar cómo levantarse del suelo;

  • retirar obstáculos de casa.

Poco a poco recupera seguridad.

La caída no desaparece de su memoria, pero deja de dirigir todas sus decisiones.

El miedo puede ser una señal útil de prudencia. Cuando limita excesivamente el movimiento, también puede convertirse en un factor de riesgo.

Introducción

Mantener el equilibrio parece una tarea sencilla hasta que comienza a fallar.

Cada vez que permanecemos de pie, caminamos, giramos o subimos un escalón, el organismo integra información procedente de:

  • la vista;

  • el oído interno;

  • los pies;

  • las articulaciones;

  • los músculos;

  • el cerebro.

A continuación realiza ajustes rápidos para mantener el centro de gravedad dentro de una base de apoyo segura.

Este proceso ocurre de manera casi automática.

Sin embargo, puede alterarse por:

  • pérdida de fuerza;

  • menor movilidad;

  • problemas visuales;

  • enfermedades neurológicas;

  • medicamentos;

  • dolor;

  • sedentarismo;

  • miedo;

  • hipotensión;

  • obstáculos en el hogar.

Las caídas constituyen un importante problema de salud pública, especialmente entre las personas mayores. Pueden producir lesiones, fracturas, hospitalización, pérdida de autonomía y miedo persistente. La Organización Mundial de la Salud destaca que la edad, el estado de salud y los factores ambientales influyen tanto en el riesgo de caer como en la gravedad de sus consecuencias. (Organización Mundial de la Salud)

La buena noticia es que muchas caídas pueden prevenirse mediante una estrategia que combine:

  • ejercicio;

  • revisión clínica;

  • adaptación del entorno;

  • corrección visual;

  • control de medicamentos;

  • educación.

¿Qué es el equilibrio?

El equilibrio es la capacidad para mantener o recuperar la posición del cuerpo durante:

  • quietud;

  • movimiento;

  • cambios de dirección;

  • perturbaciones inesperadas.

Podemos distinguir dos formas principales.

Equilibrio estático

Permite mantener una posición relativamente estable.

Por ejemplo:

  • permanecer de pie;

  • sostenerse con los pies juntos;

  • mantenerse sobre una pierna.

Equilibrio dinámico

Permite controlar el cuerpo mientras se mueve.

Por ejemplo:

  • caminar;

  • girar;

  • subir escaleras;

  • esquivar un obstáculo;

  • recuperar la posición después de un tropiezo.

En la vida cotidiana, el equilibrio dinámico suele ser especialmente importante.

El equilibrio no depende de un único órgano

Para conservar la estabilidad, el cerebro combina distintas fuentes de información.

La visión

Nos ayuda a reconocer:

  • posición;

  • distancia;

  • obstáculos;

  • profundidad;

  • movimiento del entorno.

Por eso caminar con poca luz o sin una corrección visual adecuada puede aumentar la inseguridad.

El sistema vestibular

Se encuentra en el oído interno.

Detecta:

  • movimientos de la cabeza;

  • aceleraciones;

  • orientación respecto a la gravedad.

La propiocepción

Es la capacidad de percibir dónde se encuentran las distintas partes del cuerpo sin necesidad de mirarlas.

Depende de receptores presentes en:

  • músculos;

  • tendones;

  • articulaciones;

  • piel.

La fuerza muscular

Permite corregir la posición cuando el cuerpo se desplaza.

El cerebro

Integra toda la información y organiza una respuesta.

Una alteración en cualquiera de estos componentes puede afectar a la estabilidad.

¿Sabías que...?

Mantener el equilibrio con los ojos cerrados suele ser más difícil porque se elimina una fuente importante de información. Sin embargo, cerrar los ojos durante un ejercicio aumenta mucho la dificultad y no debe hacerse sin supervisión o un apoyo seguro cercano.

Qué ocurre cuando tropezamos

Ante un tropiezo, el organismo necesita responder en una fracción de segundo.

Debe:

  1. Detectar la pérdida de estabilidad.

  2. Producir fuerza rápidamente.

  3. Mover un pie.

  4. Colocarlo en una posición adecuada.

  5. Estabilizar el tronco.

  6. Recuperar el control.

Por eso prevenir caídas no depende solo de tener grandes músculos.

También importa:

  • potencia;

  • coordinación;

  • reacción;

  • velocidad;

  • confianza.

Equilibrio y envejecimiento

Con el paso de los años pueden producirse cambios en:

  • visión;

  • audición;

  • sensibilidad de los pies;

  • fuerza;

  • velocidad de reacción;

  • movilidad de tobillos y caderas;

  • procesamiento cerebral.

Sin embargo, el envejecimiento cronológico no determina por completo la capacidad.

El sedentarismo acelera gran parte de la pérdida funcional.

Una persona mayor activa puede presentar mejor equilibrio que otra más joven pero inactiva.

Movilidad y flexibilidad

Estos términos suelen confundirse.

Flexibilidad

Es la capacidad de un músculo o tejido para alargarse.

Movilidad

Es la capacidad para mover una articulación dentro de un recorrido con control.

La movilidad depende de:

  • flexibilidad;

  • anatomía;

  • fuerza;

  • coordinación;

  • dolor;

  • control nervioso.

Una persona puede ser muy flexible y, aun así, carecer de estabilidad.

Otra puede tener un recorrido limitado, pero controlar bien el movimiento disponible.

Articulaciones especialmente importantes

Tobillos

Permiten adaptar el cuerpo ante pequeños desplazamientos.

Una movilidad limitada puede dificultar:

  • bajar escaleras;

  • agacharse;

  • caminar por pendientes;

  • recuperar el equilibrio.

Caderas

Participan en:

  • marcha;

  • levantarse;

  • cambiar de dirección;

  • producir fuerza.

Columna torácica

Contribuye a girar y mantener una postura funcional.

Hombros

Son importantes para alcanzar objetos, vestirse y utilizar apoyos.

La movilidad debe trabajarse en función de las necesidades reales, no con el objetivo de alcanzar posiciones extremas.

Por qué se producen las caídas

Rara vez existe una sola causa.

Una caída puede ser el resultado de la interacción entre:

  • poca luz;

  • alfombra suelta;

  • prisa;

  • debilidad;

  • mareo;

  • calzado inadecuado;

  • medicamento sedante;

  • urgencia para ir al baño;

  • problemas visuales.

Por eso las intervenciones más eficaces suelen revisar varios factores a la vez. El programa STEADI de los CDC está diseñado precisamente para identificar riesgos y orientar actuaciones clínicas y preventivas en personas mayores. (CDC)

Factores personales

Pueden aumentar el riesgo:

  • caídas previas;

  • debilidad muscular;

  • problemas de equilibrio;

  • alteraciones de la marcha;

  • enfermedad de Parkinson;

  • ictus;

  • neuropatía;

  • artrosis;

  • osteoporosis;

  • problemas visuales;

  • hipotensión;

  • deterioro cognitivo;

  • miedo a caer.

Factores relacionados con medicamentos

Algunos medicamentos pueden producir:

  • somnolencia;

  • mareo;

  • bajada de presión;

  • confusión;

  • visión borrosa;

  • alteraciones de coordinación.

Entre los grupos que pueden requerir revisión se encuentran algunos:

  • sedantes;

  • hipnóticos;

  • ansiolíticos;

  • antidepresivos;

  • antihipertensivos;

  • diuréticos;

  • analgésicos potentes.

Esto no significa que deban retirarse por iniciativa propia.

Una revisión profesional puede valorar:

  • necesidad;

  • dosis;

  • horario;

  • combinaciones;

  • alternativas.

Hipotensión al levantarse

Algunas personas sienten mareo cuando pasan rápidamente de estar tumbadas o sentadas a ponerse de pie.

Este fenómeno puede relacionarse con una bajada temporal de la presión arterial.

Puede favorecerse por:

  • deshidratación;

  • medicamentos;

  • inmovilidad;

  • enfermedades;

  • calor.

Una estrategia práctica consiste en:

  1. Sentarse primero.

  2. Mover los pies.

  3. Esperar unos segundos.

  4. Levantarse utilizando un apoyo estable.

  5. Comenzar a caminar solo cuando desaparezca el mareo.

Si es frecuente, intenso o produce desmayos, necesita valoración médica.

Problemas visuales

La visión ayuda a reconocer:

  • desniveles;

  • escalones;

  • bordes;

  • obstáculos;

  • distancias.

Conviene revisar:

  • graduación;

  • cataratas;

  • glaucoma;

  • visión periférica;

  • iluminación.

Los cambios de gafas, especialmente progresivas, pueden requerir un periodo de adaptación.

Los pies

Los pies proporcionan una base de apoyo y abundante información sensorial.

Pueden afectar al equilibrio:

  • dolor;

  • deformidades;

  • pérdida de sensibilidad;

  • uñas problemáticas;

  • heridas;

  • calzado inadecuado.

Las personas con diabetes deben prestar especial atención al cuidado de los pies.

Calzado

Un calzado seguro suele presentar:

  • buena sujeción;

  • talla adecuada;

  • suela estable;

  • tacón bajo;

  • suficiente espacio para los dedos.

Pueden aumentar el riesgo:

  • zapatillas abiertas;

  • suelas muy desgastadas;

  • tacones altos;

  • zapatos excesivamente grandes;

  • calcetines sobre suelo deslizante.

Dentro del hogar también conviene utilizar un calzado estable cuando existe riesgo.

El entorno doméstico

Muchas caídas ocurren en casa porque es el lugar donde más tiempo pasamos.

Los CDC y el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento incluyen la revisión del hogar entre las estrategias preventivas, junto con la actividad física, el entrenamiento de equilibrio y la revisión clínica. (NIA)

Riesgos frecuentes en el hogar

Suelos y pasillos

  • alfombras sueltas;

  • cables;

  • cajas;

  • objetos;

  • suelos mojados;

  • desniveles.

Escaleras

  • falta de pasamanos;

  • poca luz;

  • objetos sobre los peldaños;

  • bordes poco visibles.

Cuarto de baño

  • bañera alta;

  • suelo mojado;

  • falta de barras;

  • alfombrillas inestables.

Dormitorio

  • camino oscuro hacia el baño;

  • cama demasiado baja o alta;

  • objetos en el suelo.

Cocina

  • objetos situados en lugares altos;

  • necesidad de subir a sillas;

  • derrames.

Iluminación

Con la edad suele necesitarse más luz para ver con claridad.

Pueden ser útiles:

  • luces nocturnas;

  • interruptores accesibles;

  • iluminación uniforme;

  • lámparas en pasillos;

  • señalización de escalones.

La persona no debería tener que caminar a oscuras para encender una luz.

El cuarto de baño

Es una zona de especial riesgo.

Pueden considerarse:

  • barras de apoyo bien instaladas;

  • asiento de ducha;

  • superficie antideslizante;

  • ducha en lugar de bañera cuando sea posible;

  • objetos al alcance;

  • secado inmediato del suelo.

Una barra debe estar fijada correctamente. Un toallero convencional puede no soportar el peso de una persona.

Escaleras

Conviene disponer de:

  • pasamanos;

  • buena iluminación;

  • peldaños despejados;

  • contraste visual;

  • calzado estable.

No es recomendable subir cargando objetos que impidan ver los escalones o utilizar ambas manos.

Subirse a una silla

Utilizar una silla o un taburete inestable para alcanzar objetos es una causa frecuente de caídas.

Es preferible:

  • reorganizar los armarios;

  • colocar lo habitual a una altura accesible;

  • utilizar un escalón seguro con barandilla;

  • pedir ayuda.

La prevención comienza organizando el entorno para no necesitar conductas arriesgadas.

Miedo a caer

Después de una caída, incluso sin lesión importante, puede aparecer miedo.

Este miedo puede ser adaptativo durante los primeros días.

El problema surge cuando conduce a:

  • evitar caminar;

  • dejar de salir;

  • reducir actividad;

  • depender más de otras personas;

  • perder músculo.

Se crea un círculo:

  1. Miedo.

  2. Menos movimiento.

  3. Menos fuerza.

  4. Peor equilibrio.

  5. Mayor riesgo.

  6. Más miedo.

Romper este ciclo requiere exposición gradual y segura al movimiento.

Una caída no debe ocultarse

Algunas personas no cuentan que se han caído por:

  • vergüenza;

  • miedo a perder autonomía;

  • creer que no fue importante;

  • temor a preocupar a la familia.

Sin embargo, una caída puede ser una señal temprana de:

  • debilidad;

  • hipotensión;

  • problema visual;

  • reacción a medicamentos;

  • alteración neurológica;

  • riesgo doméstico.

Informar permite intervenir antes de una lesión más grave.

Caídas y osteoporosis

La osteoporosis no causa la caída, pero aumenta la probabilidad de sufrir una fractura cuando ocurre.

Por ello, la prevención debe combinar:

  • reducción del riesgo de caída;

  • ejercicio;

  • salud ósea;

  • vitamina D cuando esté indicada;

  • nutrición;

  • tratamiento médico de la osteoporosis.

No basta con proteger el hueso si no se trabaja el equilibrio.

Tampoco basta con entrenar el equilibrio si el hueso está muy debilitado.

Entrenamiento del equilibrio

El equilibrio mejora cuando se practica.

Un programa puede modificar progresivamente:

  • base de apoyo;

  • superficie;

  • movimiento de la cabeza;

  • dirección;

  • velocidad;

  • uso de brazos;

  • atención.

Los ejercicios deben realizarse cerca de:

  • una pared;

  • una encimera;

  • una barandilla;

  • una persona que pueda ayudar.

Ejercicio 1: pies separados

  1. Colocarse detrás de una silla estable.

  2. Mantener los pies separados.

  3. Soltar parcialmente las manos si existe seguridad.

  4. Mantener entre 10 y 30 segundos.

Este es un punto de partida para personas con poca estabilidad.

Ejercicio 2: pies juntos

  1. Colocar los pies más próximos.

  2. Mantener una ligera flexión de rodillas.

  3. Mirar al frente.

  4. Utilizar un apoyo si es necesario.

Reducir la base hace que el ejercicio sea más difícil.

Ejercicio 3: posición semitándem

  1. Colocar un pie ligeramente por delante del otro.

  2. Mantener ambos apoyados.

  3. Conservar el tronco erguido.

  4. Cambiar la posición de los pies.

Ejercicio 4: posición en línea

  1. Colocar el talón de un pie cerca de los dedos del otro.

  2. Mantener apoyo cercano.

  3. Sostener la posición.

  4. Cambiar de lado.

No debe realizarse sin apoyo si existe riesgo elevado.

Ejercicio 5: mantenerse sobre una pierna

  1. Sujetarse con ambas manos.

  2. Elevar ligeramente un pie.

  3. Reducir progresivamente el apoyo de las manos.

  4. Cambiar de pierna.

No es necesario elevar mucho el pie.

El NHS incluye ejercicios como caminar lateralmente y reducir la base de apoyo dentro de sus propuestas para mejorar el equilibrio, recomendando utilizar una pared o un apoyo cuando sea necesario. (nhs.uk)

Ejercicio 6: caminar lateralmente

  1. Colocarse junto a una encimera.

  2. Dar varios pasos hacia un lado.

  3. Mantener los pies orientados al frente.

  4. Volver en la dirección contraria.

Este movimiento entrena músculos laterales de la cadera y control dinámico.

Ejercicio 7: caminar talón-punta

  1. Colocar el talón de un pie delante de los dedos del otro.

  2. Avanzar lentamente.

  3. Mantener la mirada al frente.

  4. Utilizar una pared cercana.

Puede comenzar separando ligeramente los pies si la línea completa resulta demasiado difícil.

Ejercicio 8: cambios de dirección

  1. Caminar varios pasos.

  2. Reducir la velocidad.

  3. Girar utilizando varios pasos pequeños.

  4. Continuar.

Los giros rápidos pueden provocar inestabilidad.

Practicar ayuda a controlar esta tarea cotidiana.

Ejercicio 9: subir un escalón

  1. Utilizar un escalón bajo y estable.

  2. Sujetarse a una barandilla.

  3. Subir con un pie.

  4. Elevar el cuerpo.

  5. Bajar con control.

  6. Cambiar de pierna.

Entrena fuerza y equilibrio simultáneamente.

Ejercicio 10: alcanzar objetos

  1. Mantenerse de pie junto a un apoyo.

  2. Alcanzar un objeto situado ligeramente a un lado.

  3. Volver al centro.

  4. Cambiar de dirección.

No debe colocarse el objeto tan lejos que obligue a perder el control.

Entrenar la reacción

El equilibrio cotidiano requiere responder a cambios inesperados.

En fases avanzadas y con supervisión pueden incorporarse:

  • lanzar y recibir una pelota;

  • cambios de dirección;

  • diferentes velocidades;

  • pequeños empujes controlados;

  • pasos rápidos.

Estas tareas no son adecuadas para todas las personas al inicio.

Fuerza para prevenir caídas

El equilibrio sin fuerza puede resultar insuficiente.

Es especialmente importante trabajar:

  • muslos;

  • glúteos;

  • pantorrillas;

  • cadera;

  • tronco.

Ejercicios útiles:

  • levantarse de una silla;

  • subir un escalón;

  • elevar talones;

  • caminar con carga;

  • desplazamientos laterales.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento recomienda mantenerse activo y combinar entrenamiento de fuerza y equilibrio como parte de la prevención. (NIA)

La importancia de la potencia

Cuando una persona tropieza necesita producir fuerza rápidamente.

Una vez construida una base de seguridad, pueden practicarse movimientos como:

  • levantarse de una silla con intención rápida;

  • subir un escalón con firmeza;

  • realizar pasos rápidos controlados.

La fase de regreso debe mantenerse lenta y segura.

Cómo levantarse del suelo

Practicar esta habilidad puede reducir el miedo y mejorar la autonomía.

Un procedimiento general puede ser:

  1. Comprobar que no existe una lesión importante.

  2. Girar hacia un lado.

  3. Colocarse sobre manos y rodillas.

  4. Desplazarse hasta un mueble estable.

  5. Adelantar un pie.

  6. Empujar con brazos y pierna.

  7. Sentarse antes de continuar caminando.

Debe practicarse con supervisión si existe poca fuerza, osteoporosis avanzada o dificultad importante.

Qué hacer después de una caída

Antes de levantarse:

  • respirar;

  • comprobar dolor;

  • mover brazos y piernas suavemente;

  • valorar si existe mareo;

  • pedir ayuda.

No conviene levantarse rápidamente cuando existe:

  • dolor intenso;

  • deformidad;

  • incapacidad para apoyar;

  • golpe en la cabeza;

  • sangrado;

  • confusión;

  • debilidad repentina.

En estas situaciones debe solicitarse atención.

Golpes en la cabeza

Una caída con golpe en la cabeza requiere especial precaución, especialmente en personas que toman:

  • anticoagulantes;

  • antiagregantes.

Conviene solicitar valoración ante:

  • pérdida de conocimiento;

  • confusión;

  • vómitos;

  • dolor de cabeza intenso;

  • somnolencia anormal;

  • debilidad;

  • dificultad para hablar;

  • empeoramiento progresivo.

Dispositivos de ayuda

Bastones y andadores pueden aumentar la seguridad cuando están correctamente indicados y ajustados.

Un dispositivo inadecuado puede aumentar el riesgo.

Debe revisarse:

  • altura;

  • empuñadura;

  • estado de las conteras;

  • técnica;

  • necesidad real.

Utilizar una ayuda no representa un fracaso.

Puede permitir mantener actividad e independencia.

Bastón

Suele utilizarse en el lado contrario a la pierna más débil o dolorosa, aunque la indicación debe individualizarse.

La altura debe permitir una ligera flexión del codo.

Andador

Puede ofrecer una base de apoyo mayor.

Existen diferentes tipos:

  • fijo;

  • con ruedas delanteras;

  • con cuatro ruedas y frenos.

No todos sirven para todas las personas.

Un modelo con ruedas requiere capacidad para controlarlo y utilizar los frenos.

Tai chi y actividades coordinativas

El tai chi combina:

  • movimientos lentos;

  • cambios de peso;

  • control postural;

  • atención;

  • coordinación.

Puede ser una opción útil para mejorar equilibrio y confianza.

También pueden aportar beneficios:

  • baile;

  • ejercicios grupales;

  • yoga adaptado;

  • circuitos funcionales.

Los programas estructurados de ejercicio, las modificaciones del hogar y las intervenciones multifactoriales forman parte de las estrategias con eficacia reconocida para la prevención de caídas. (CDC)

Frecuencia del entrenamiento

El equilibrio necesita práctica regular.

Pueden realizarse periodos breves varios días por semana.

Por ejemplo:

  • entre 5 y 15 minutos;

  • tres o más días;

  • combinados con fuerza.

En personas con riesgo elevado puede ser necesaria una pauta específica y supervisada.

Progresión segura

Una variable debe modificarse cada vez.

Podemos progresar mediante:

  • menos apoyo de manos;

  • pies más juntos;

  • más tiempo;

  • movimiento de brazos;

  • pequeños giros;

  • superficie ligeramente diferente.

No es recomendable aumentar simultáneamente todas las dificultades.

Doble tarea

En la vida cotidiana caminamos mientras:

  • hablamos;

  • cargamos objetos;

  • pensamos;

  • miramos señales.

Esto se denomina doble tarea.

En algunas personas, añadir una segunda tarea empeora mucho la marcha.

Puede entrenarse de forma progresiva:

  1. Caminar en un entorno seguro.

  2. Contar lentamente.

  3. Llevar un objeto ligero.

  4. Cambiar de dirección.

Debe evitarse al principio cuando existe inestabilidad importante.

Miedo y exposición gradual

Una persona que teme salir puede comenzar por:

  • caminar dentro de casa;

  • portal;

  • recorrido corto acompañado;

  • trayecto conocido;

  • paseo más largo.

El objetivo no es forzarla.

Es recuperar confianza mediante experiencias seguras y repetidas.

Mitos y realidades

“Caerse es normal a partir de cierta edad.”

Mito.

El riesgo aumenta, pero una caída siempre merece atención y puede revelar factores modificables.

“Para no caer, lo mejor es moverse menos.”

Mito.

La inactividad favorece debilidad y peor equilibrio.

“El equilibrio no puede entrenarse.”

Mito.

Mejora mediante práctica específica.

“Solo se cae quien tiene mareos.”

Mito.

Muchas caídas se deben a tropiezos, debilidad, obstáculos o falta de reacción.

“Un bastón hace que la persona pierda autonomía.”

Mito.

Cuando está bien indicado puede aumentarla.

“Tomar calcio evita las caídas.”

Mito.

El calcio puede formar parte del cuidado óseo, pero no corrige el equilibrio ni elimina los obstáculos.

“Las alfombras pequeñas son inofensivas.”

No siempre.

Pueden deslizarse o levantar bordes.

“Si no me hice daño, no hace falta contar la caída.”

Mito.

Puede ser una señal temprana de riesgo.

Señales para solicitar valoración

Conviene consultar cuando existe:

  • caída reciente;

  • varias caídas;

  • miedo importante;

  • mareos;

  • desmayos;

  • pérdida de sensibilidad;

  • debilidad de una pierna;

  • marcha inestable;

  • dificultad para levantarse;

  • cambios visuales;

  • nuevos medicamentos;

  • confusión;

  • pérdida rápida de movilidad.

También debe evaluarse una caída acompañada de síntomas neurológicos o cardíacos.

Pruebas funcionales utilizadas por profesionales

Levantarse y caminar cronometrado

La persona:

  1. Se levanta de una silla.

  2. Camina una distancia corta.

  3. Gira.

  4. Regresa.

  5. Se sienta.

Permite observar:

  • fuerza;

  • marcha;

  • giro;

  • equilibrio;

  • velocidad.

Levantarse repetidamente de una silla

Valora fuerza y función de las piernas.

Velocidad de marcha

Una marcha más lenta puede reflejar pérdida funcional, aunque debe interpretarse en contexto.

Equilibrio en diferentes posiciones

Se reduce progresivamente la base de apoyo.

Estas pruebas no deberían utilizarse para autodiagnosticarse sin comprender sus limitaciones.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que envejecer bien significa conservar la libertad para moverse.

No basta con mejorar la apariencia si la persona:

  • teme caminar;

  • no puede levantarse;

  • evita escaleras;

  • pierde fuerza;

  • deja de salir.

Una valoración integral puede incluir preguntas como:

  • ¿Se ha caído durante el último año?

  • ¿Tiene miedo?

  • ¿Necesita apoyarse?

  • ¿Se marea al levantarse?

  • ¿Ve bien los escalones?

  • ¿Qué medicamentos toma?

  • ¿Puede levantarse del suelo?

  • ¿Cómo es su hogar?

Nuestro objetivo es combinar prevención, ejercicio y educación para conservar la autonomía durante el mayor tiempo posible.

Ideas clave

  • El equilibrio depende de la visión, el oído interno, la propiocepción, el músculo y el cerebro.

  • La movilidad implica recorrido articular y control.

  • Las caídas suelen tener múltiples causas.

  • Una caída previa aumenta la importancia de revisar riesgos.

  • El miedo puede conducir a inactividad y mayor fragilidad.

  • El entrenamiento debe combinar equilibrio, fuerza, potencia y coordinación.

  • El hogar puede adaptarse eliminando obstáculos y mejorando iluminación y apoyos.

  • Los medicamentos y la presión arterial también deben revisarse.

  • Un bastón o andador bien indicado puede aumentar independencia.

  • Practicar cómo levantarse del suelo mejora seguridad.

  • Las caídas no son una consecuencia que deba aceptarse pasivamente.

  • La prevención consiste en moverse mejor, no en dejar de moverse.

Aplicación práctica: revisión del hogar

Entrada y pasillos

  • retirar obstáculos;

  • fijar alfombras;

  • ordenar cables;

  • mejorar iluminación.

Escaleras

  • instalar pasamanos;

  • despejar peldaños;

  • señalar bordes;

  • encender la luz antes de subir.

Dormitorio

  • dejar libre el camino;

  • utilizar una luz nocturna;

  • colocar el teléfono al alcance;

  • ajustar la altura de la cama.

Baño

  • superficie antideslizante;

  • barras correctamente instaladas;

  • objetos accesibles;

  • secar el suelo.

Cocina

  • colocar objetos frecuentes entre cintura y hombros;

  • evitar subir a sillas;

  • limpiar derrames inmediatamente.

Programa inicial de equilibrio

Realizar junto a una superficie estable.

Día 1

  • pies juntos;

  • posición semitándem;

  • elevaciones de talones;

  • sentarse y levantarse.

Día 2

  • caminar lateralmente;

  • cambios de dirección;

  • subir un escalón bajo.

Día 3

  • descanso activo;

  • paseo.

Día 4

  • repetir el día 1;

  • añadir unos segundos si existe seguridad.

Día 5

  • caminar talón-punta con apoyo;

  • transportar un objeto ligero.

No es una pauta universal y debe adaptarse al riesgo.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días debo entrenar el equilibrio?

Puede practicarse varios días por semana mediante sesiones cortas.

¿Es buena idea hacerlo mientras me cepillo los dientes?

Solo cuando la persona ya presenta suficiente seguridad y dispone de un apoyo estable. El baño puede tener superficies duras o resbaladizas, por lo que no siempre es el mejor lugar.

¿Debo cerrar los ojos?

No al principio. Aumenta considerablemente la dificultad.

¿Las personas con vértigo deben hacer estos ejercicios?

Depende de la causa. El vértigo necesita una valoración y, en algunos casos, ejercicios vestibulares específicos.

¿Una caída significa que tengo osteoporosis?

No. La osteoporosis afecta a la resistencia del hueso, pero no es la única causa ni se diagnostica por una caída.

¿Puedo usar un bastón comprado sin valoración?

Es preferible ajustarlo correctamente y aprender a utilizarlo.

¿Qué hago si me mareo al levantarme?

Sentarse primero, levantarse lentamente y consultar si ocurre con frecuencia.

¿Los ejercicios de equilibrio sustituyen a las pesas?

No. Fuerza y equilibrio son complementarios.

¿El tai chi ayuda?

Puede mejorar equilibrio, coordinación y confianza en muchas personas cuando está adaptado.

¿Cómo sé si mi casa es segura?

Una revisión habitación por habitación ayuda a detectar obstáculos, iluminación insuficiente y falta de apoyos.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo cerraremos este bloque analizando una capacidad que influye en cada movimiento, pero que con frecuencia solo recordamos cuando aparece dolor:

Movilidad, postura y dolor: cómo mantener articulaciones funcionales sin perseguir una postura perfecta.

Analizaremos:

  • movilidad y estabilidad;

  • postura;

  • dolor de espalda;

  • cuello y hombros;

  • artrosis;

  • rigidez;

  • trabajo sentado;

  • pausas activas;

  • estiramientos;

  • respiración;

  • ergonomía;

  • miedo al movimiento;

  • cuándo el dolor necesita una valoración médica;

  • cómo construir una rutina diaria de movilidad.

Comprenderemos que no existe una postura perfecta que deba mantenerse durante horas. El cuerpo necesita variedad, capacidad de adaptación y suficiente fuerza para tolerar las distintas posiciones de la vida cotidiana.

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Capítulo 31

Movilidad, postura y dolor

Cómo mantener articulaciones funcionales sin perseguir una postura perfecta

“El cuerpo humano no está diseñado para permanecer inmóvil en una postura ideal. Está diseñado para moverse, cambiar de posición y adaptarse a diferentes cargas.”

Una historia cotidiana

Andrés tiene 46 años y trabaja delante de un ordenador.

Pasa muchas horas sentado y desde hace meses siente molestias en el cuello y en la zona lumbar. Ha probado diferentes soluciones:

  • una silla ergonómica;

  • un cojín lumbar;

  • un reposapiés;

  • un escritorio elevado;

  • un corrector de postura;

  • varios vídeos de estiramientos.

Durante unos días parece mejorar, pero las molestias regresan.

Andrés está convencido de que el problema se debe a que se sienta mal.

Por eso intenta mantener la espalda completamente recta durante horas. Eleva el pecho, retrae los hombros y contrae el abdomen de forma constante.

Al final del día se encuentra todavía más rígido.

Cuando comienza a trabajar con un enfoque diferente descubre algo importante:

Su problema no era únicamente una postura concreta, sino pasar demasiado tiempo en cualquier postura sin cambiarla.

Empieza a alternar:

  • sentado;

  • de pie;

  • caminando;

  • apoyado;

  • ligeramente reclinado.

También incorpora entrenamiento de fuerza, movilidad y pausas breves.

No necesita vigilar su columna durante cada minuto.

Necesita recuperar la capacidad de tolerar diferentes posiciones.

Introducción

La postura se ha convertido en una fuente frecuente de preocupación.

Muchas personas han escuchado frases como:

  • “Siéntate derecho.”

  • “No cruces las piernas.”

  • “No inclines la cabeza.”

  • “Tu espalda debe estar siempre recta.”

  • “Tienes los hombros adelantados.”

  • “Tu dolor se debe a una mala postura.”

Estos mensajes parecen lógicos, pero pueden simplificar demasiado una realidad compleja.

No existe una única postura perfecta que pueda mantenerse durante toda la jornada.

Incluso una posición considerada ergonómica puede resultar incómoda cuando se mantiene durante horas sin movimiento.

El objetivo no debería ser inmovilizar el cuerpo en una alineación exacta, sino desarrollar:

  • movilidad;

  • fuerza;

  • tolerancia;

  • variedad postural;

  • capacidad de recuperación.

El dolor lumbar es la afección musculoesquelética con mayor prevalencia mundial y una de las principales causas de discapacidad. Sin embargo, en la mayoría de los casos no puede atribuirse a una única estructura, postura o lesión visible. (Organización Mundial de la Salud)

¿Qué es la postura?

La postura es la posición que adopta el cuerpo en un momento concreto.

Puede ser:

  • sentada;

  • de pie;

  • tumbada;

  • agachada;

  • inclinada;

  • en movimiento.

No existe una postura aislada del contexto.

La misma posición puede ser:

  • cómoda durante unos minutos;

  • adecuada para una tarea;

  • molesta si se mantiene demasiado tiempo;

  • necesaria durante un deporte;

  • poco tolerable durante una fase de dolor.

Por eso no deberíamos clasificar automáticamente cada posición como buena o mala.

La mejor postura suele ser la siguiente

Esta frase resume una idea práctica:

La variación suele ser más importante que la perfección.

Permanecer sentado no es necesariamente perjudicial.

Permanecer de pie tampoco es siempre mejor.

Ambas posiciones pueden producir cansancio cuando se mantienen durante periodos prolongados.

La solución consiste en alternar.

Durante una jornada podemos:

  • sentarnos;

  • reclinarnos;

  • levantarnos;

  • caminar;

  • apoyar un pie;

  • cambiar la altura de la pantalla;

  • trabajar temporalmente de pie.

La ergonomía busca adaptar el trabajo a la persona para reducir molestias y lesiones, pero no elimina la necesidad de moverse. (CDC)

Postura y dolor no mantienen una relación sencilla

Una persona puede presentar una postura muy encorvada y no sentir dolor.

Otra puede parecer perfectamente alineada y sufrir molestias intensas.

Esto ocurre porque el dolor depende de numerosos factores:

  • carga;

  • duración;

  • sensibilidad;

  • sueño;

  • estrés;

  • condición física;

  • enfermedades;

  • experiencias previas;

  • miedo;

  • estado de ánimo.

La postura puede influir, especialmente cuando una posición concreta agrava repetidamente los síntomas.

Pero rara vez explica por sí sola todo el problema.

El cuerpo necesita carga

En ocasiones se transmite la idea de que la columna es una estructura frágil que debemos proteger evitando esfuerzos.

Sin embargo, huesos, músculos, tendones y articulaciones necesitan recibir carga para conservar su capacidad.

La carga adecuada ayuda a mantener:

  • fuerza;

  • coordinación;

  • densidad ósea;

  • tolerancia;

  • confianza.

El problema aparece cuando la demanda supera la capacidad del tejido.

Esto puede suceder por:

  • exceso repentino de actividad;

  • mala recuperación;

  • enfermedad;

  • técnica no adaptada;

  • carga repetida durante mucho tiempo.

La solución no suele ser eliminar toda carga, sino ajustarla y aumentarla progresivamente.

Movilidad, estabilidad y control

Movilidad

Es la capacidad de una articulación para moverse dentro de un recorrido funcional.

Estabilidad

Es la capacidad para controlar una posición o movimiento frente a una carga.

Control motor

Es la coordinación necesaria para ejecutar una tarea de forma eficaz.

Una articulación puede presentar:

  • mucha movilidad y poco control;

  • movilidad limitada y suficiente función;

  • rigidez protectora durante una fase de dolor.

El objetivo no es conseguir el mayor recorrido posible.

Es disponer del recorrido necesario para las actividades de cada persona y poder controlarlo.

¿Es malo tener poca flexibilidad?

No siempre.

Una persona puede no tocar el suelo con las manos y no presentar ninguna limitación funcional.

La flexibilidad solo se convierte en un problema cuando dificulta actividades importantes, como:

  • ponerse los zapatos;

  • agacharse;

  • levantar los brazos;

  • girar para conducir;

  • caminar adecuadamente.

Tampoco una gran flexibilidad garantiza salud.

Las personas muy flexibles pueden necesitar más fuerza y control para estabilizar sus articulaciones.

El dolor

El dolor es una experiencia protectora.

Su función consiste en alertar de una amenaza real o posible.

Sin embargo, no actúa como un medidor exacto del daño.

Podemos experimentar:

  • lesión con poco dolor;

  • dolor intenso sin una lesión grave;

  • dolor persistente después de que el tejido se haya recuperado;

  • sensibilidad aumentada por estrés o falta de sueño.

Esto no significa que el dolor sea imaginario.

El dolor siempre es real.

Lo que cambia es el conjunto de factores que lo producen y mantienen.

Dolor agudo y dolor persistente

Dolor agudo

Suele aparecer después de:

  • lesión;

  • esfuerzo nuevo;

  • inflamación;

  • intervención;

  • sobrecarga.

Puede actuar como una señal que limita temporalmente el movimiento.

Dolor persistente

Continúa durante meses y puede mantenerse aunque la lesión inicial ya no explique toda la experiencia.

En este contexto pueden influir:

  • mayor sensibilidad del sistema nervioso;

  • miedo;

  • inactividad;

  • sueño insuficiente;

  • estrés;

  • pérdida de fuerza;

  • expectativas negativas.

La Organización Mundial de la Salud recomienda un abordaje integral para el dolor lumbar crónico, combinando educación, ejercicio y otras intervenciones adaptadas, en lugar de depender únicamente de tratamientos pasivos. (Organización Mundial de la Salud)

Dolor no siempre significa daño

Durante una recuperación puede aparecer una molestia tolerable al movernos.

Esto no significa necesariamente que estemos deteriorando el tejido.

La interpretación depende de:

  • diagnóstico;

  • intensidad;

  • comportamiento posterior;

  • evolución;

  • síntomas asociados.

Una señal útil consiste en observar si la actividad provoca:

  • molestia leve y transitoria;

  • dolor intenso;

  • pérdida de función;

  • empeoramiento mantenido.

El movimiento debe adaptarse, no ignorarse ni temerse automáticamente.

Miedo al movimiento

Después de una lesión o episodio doloroso puede aparecer la creencia:

“Si me muevo, me haré más daño.”

La persona evita:

  • agacharse;

  • girar;

  • levantar peso;

  • caminar;

  • hacer ejercicio.

A corto plazo, la evitación puede reducir los síntomas.

A largo plazo puede provocar:

  • pérdida de fuerza;

  • menor movilidad;

  • más sensibilidad;

  • menor confianza;

  • mayor dependencia.

La exposición gradual ayuda a recuperar la capacidad.

El ejercicio, la actividad progresiva y la educación sobre el dolor son componentes recomendados en el manejo del dolor lumbar persistente. (Nice)

La espalda no necesita estar recta constantemente

La columna presenta curvas naturales y puede:

  • flexionarse;

  • extenderse;

  • girar;

  • inclinarse.

Estos movimientos forman parte de su función normal.

Agacharse redondeando algo la espalda no representa automáticamente una lesión.

Lo importante es considerar:

  • carga;

  • velocidad;

  • fatiga;

  • experiencia;

  • capacidad.

Una persona que nunca levanta peso no debería comenzar con una carga elevada desde una posición difícil.

Pero tampoco necesita evitar toda flexión para siempre.

Cómo levantar un objeto

No existe una única técnica perfecta para todas las cargas.

Para una carga pesada o poco conocida puede resultar útil:

  1. Acercarse al objeto.

  2. Colocar los pies de forma estable.

  3. Sujetarlo con firmeza.

  4. Utilizar caderas y piernas.

  5. Mantenerlo cerca del cuerpo.

  6. Evitar giros rápidos mientras se levanta.

  7. Pedir ayuda cuando sea necesario.

Para recoger un objeto ligero, el cuerpo puede utilizar distintas estrategias sin que exista un riesgo importante.

La técnica debe adaptarse a la tarea.

Dolor lumbar

El dolor lumbar puede originarse o estar influido por:

  • músculos;

  • articulaciones;

  • discos;

  • nervios;

  • procesos inflamatorios;

  • enfermedades;

  • sensibilidad del sistema nervioso.

En la mayoría de los casos se clasifica como inespecífico porque no puede identificarse una única causa estructural responsable.

Las pruebas de imagen pueden mostrar cambios degenerativos en personas que no presentan dolor.

Por eso una resonancia debe interpretarse junto con:

  • síntomas;

  • exploración;

  • evolución;

  • antecedentes.

Cambios degenerativos

Palabras como:

  • desgaste;

  • protrusión;

  • artrosis;

  • deshidratación discal;

  • osteofitos

pueden generar miedo.

Muchos de estos cambios aumentan con la edad y no significan necesariamente que exista un daño grave o que la persona deba dejar de moverse.

Una imagen no determina por sí sola:

  • intensidad del dolor;

  • capacidad;

  • necesidad de cirugía;

  • pronóstico.

Mantenerse activo

En muchos episodios de dolor lumbar resulta conveniente mantener las actividades dentro de lo tolerable y evitar un reposo prolongado.

El reposo absoluto puede favorecer:

  • rigidez;

  • debilidad;

  • miedo;

  • recuperación más lenta.

Las guías clínicas recomiendan promover la actividad y utilizar ejercicio adaptado en personas con dolor lumbar y ciática cuando sea apropiado. (Nice)

Cuello y hombros

Las molestias cervicales son frecuentes entre personas que:

  • trabajan con pantallas;

  • utilizan el teléfono;

  • conducen;

  • permanecen concentradas;

  • presentan estrés.

No se deben únicamente a inclinar la cabeza.

También pueden influir:

  • tiempo mantenido;

  • falta de apoyo;

  • tensión muscular;

  • poca variación;

  • baja fuerza;

  • sueño;

  • ansiedad.

La solución no es mantener la cabeza inmóvil y perfectamente alineada durante ocho horas.

Conviene:

  • cambiar de postura;

  • acercar la pantalla;

  • apoyar brazos;

  • realizar pausas;

  • fortalecer espalda y hombros;

  • variar las tareas.

El teléfono móvil

Utilizar el teléfono con la cabeza inclinada no destruye automáticamente la columna.

El problema suele ser la duración.

Podemos reducir la carga mediante:

  • elevar temporalmente el dispositivo;

  • apoyar los brazos;

  • alternar manos;

  • realizar pausas;

  • evitar sesiones muy prolongadas.

La meta no es utilizarlo siempre a la altura exacta de los ojos, sino evitar permanecer inmóvil durante demasiado tiempo.

Hombros adelantados

Muchas personas presentan hombros ligeramente adelantados debido a:

  • anatomía;

  • hábitos;

  • forma del tórax;

  • actividad.

Esta posición no representa necesariamente una enfermedad.

Si existe dolor, puede resultar útil trabajar:

  • fuerza de espalda;

  • movilidad torácica;

  • tolerancia del hombro;

  • ergonomía.

No siempre es necesario mantener las escápulas retraídas durante todo el día.

Esta contracción constante también puede producir fatiga.

Artrosis

La artrosis es una enfermedad articular que implica cambios en diferentes tejidos de la articulación.

Puede producir:

  • dolor;

  • rigidez;

  • reducción del movimiento;

  • inflamación variable.

No significa que el hueso esté simplemente “gastado” y deba dejar de utilizarse.

El movimiento y el fortalecimiento adaptado pueden mejorar:

  • función;

  • tolerancia;

  • confianza;

  • calidad de vida.

La carga debe ajustarse durante periodos de mayor irritación.

Rigidez matutina

Algunas personas se sienten rígidas al despertarse o después de permanecer sentadas.

Puede ayudar:

  • comenzar con movimientos suaves;

  • caminar;

  • utilizar calor cuando resulte agradable;

  • cambiar gradualmente de posición.

Una rigidez intensa y prolongada, especialmente acompañada de inflamación en varias articulaciones, puede requerir valoración para descartar enfermedades inflamatorias.

¿Cruzar las piernas es malo?

Cruzar las piernas no es perjudicial para todas las personas.

Puede resultar incómodo cuando se mantiene durante mucho tiempo o en determinadas condiciones.

Lo más importante es alternar.

Una persona puede:

  • cruzarlas;

  • descruzarlas;

  • apoyar ambos pies;

  • cambiar de lado;

  • levantarse.

Convertir una postura cotidiana en una prohibición absoluta puede generar preocupación innecesaria.

¿Dormir boca abajo es malo?

No existe una postura universal para dormir.

Algunas personas descansan bien:

  • boca arriba;

  • de lado;

  • boca abajo.

La posición adecuada es la que permite descansar sin empeorar claramente los síntomas.

Pueden utilizarse almohadas para modificar el apoyo.

Si una postura resulta dolorosa cada noche, conviene adaptarla, pero no existe una obligación general de dormir de una única manera.

El colchón

No existe un colchón perfecto para todas las personas.

La comodidad depende de:

  • peso;

  • preferencias;

  • posición de sueño;

  • dolor;

  • temperatura.

Un colchón extremadamente duro no es necesariamente mejor para la espalda.

La decisión debería basarse en la sensación de descanso y soporte, no en mensajes universales.

Trabajo sentado

Para mejorar la tolerancia puede revisarse:

  • altura de silla;

  • apoyo de pies;

  • distancia a la pantalla;

  • posición del teclado;

  • apoyo de antebrazos;

  • posibilidad de variar.

La silla no necesita obligar a mantener una postura rígida.

Puede permitir:

  • reclinarse;

  • cambiar el apoyo;

  • mover las piernas;

  • modificar la altura.

Pantalla

Una pantalla demasiado alejada puede obligar a inclinarse hacia delante.

Una demasiado alta puede generar incomodidad cervical.

Como orientación:

  • colocarla a una distancia que permita leer sin esfuerzo;

  • situar la zona principal aproximadamente frente a la mirada;

  • adaptar el tamaño del texto;

  • evitar reflejos.

Estas recomendaciones deben ajustarse a la visión y a las tareas de cada persona.

Teclado y ratón

Conviene evitar que obliguen a mantener:

  • hombros elevados;

  • brazos muy extendidos;

  • muñecas en una posición forzada durante horas.

Pueden acercarse al cuerpo y permitir apoyo de antebrazos.

También resulta útil alternar tareas y manos cuando sea posible.

Escritorio de pie

Trabajar de pie no es automáticamente mejor.

Permanecer de pie durante horas también puede producir:

  • fatiga;

  • molestias en piernas;

  • dolor lumbar;

  • hinchazón.

La evidencia sobre ergonomía favorece adaptar el puesto y reducir exposiciones mantenidas, más que sustituir una postura fija por otra. (CDC)

Una estrategia práctica consiste en alternar periodos sentados y de pie.

Pausas activas

No necesitan convertirse en una sesión completa.

Cada cierto tiempo podemos:

  • levantarnos;

  • caminar;

  • mover hombros;

  • girar suavemente el tronco;

  • realizar varias sentadillas;

  • cambiar de tarea.

La frecuencia puede ajustarse.

Una pausa breve y frecuente suele ser más fácil de mantener que una larga que nunca se realiza.

Conducir

Durante trayectos largos pueden aparecer molestias por:

  • inmovilidad;

  • vibración;

  • tensión;

  • posición fija.

Conviene ajustar:

  • asiento;

  • respaldo;

  • distancia a los pedales;

  • volante;

  • reposacabezas.

En viajes largos pueden realizarse paradas para caminar y cambiar de posición.

Estiramientos

Los estiramientos pueden mejorar temporalmente el recorrido o reducir la sensación de rigidez.

No son una obligación universal ni previenen todas las lesiones.

Pueden realizarse:

  • de forma suave;

  • sin rebotes;

  • dentro de una sensación tolerable;

  • respirando con normalidad.

Un estiramiento no debería provocar:

  • dolor agudo;

  • hormigueo;

  • pérdida de fuerza;

  • mareo.

Estiramientos antes del ejercicio

Antes de una actividad suele ser útil un calentamiento dinámico:

  • caminar;

  • mover articulaciones;

  • practicar los ejercicios;

  • aumentar la carga gradualmente.

Los estiramientos mantenidos pueden reservarse para otro momento cuando el objetivo sea mejorar flexibilidad.

Movilidad diaria

Una rutina breve puede incluir:

  • rotaciones suaves de cuello;

  • movilidad de hombros;

  • extensión torácica;

  • movimientos de cadera;

  • flexión y extensión de tobillos;

  • sentarse y levantarse.

No es necesario realizar posturas extremas.

La constancia importa más que la complejidad.

Respiración y postura

La respiración influye en el movimiento del:

  • tórax;

  • abdomen;

  • diafragma;

  • suelo pélvico.

Una postura excesivamente rígida puede limitar una respiración cómoda.

No es necesario contraer constantemente el abdomen para proteger la espalda.

Durante esfuerzos importantes sí puede ser útil generar estabilidad, pero en reposo conviene permitir que la respiración sea natural.

Postura y suelo pélvico

No existe una única alineación que garantice un suelo pélvico saludable.

Importan:

  • respiración;

  • presión;

  • fuerza;

  • coordinación;

  • síntomas.

Las pérdidas de orina o sensación de peso no deberían normalizarse ni tratarse únicamente corrigiendo la postura.

Requieren una valoración específica.

Fortalecimiento frente a corrección postural

En muchas personas resulta más útil aumentar la capacidad que intentar corregir milimétricamente la alineación.

Ejercicios como:

  • remo;

  • sentadilla;

  • transporte de carga;

  • empuje;

  • trabajo de cadera;

  • ejercicios de tronco

ayudan a tolerar mejor las actividades.

El objetivo no es parecer recto en una fotografía.

Es moverse y trabajar con menos limitaciones.

El papel del sueño

Dormir mal puede aumentar:

  • sensibilidad;

  • fatiga;

  • tensión;

  • percepción del dolor.

Una persona puede experimentar más molestias después de varias noches insuficientes, aunque no haya cambiado su postura.

Por eso el dolor musculoesquelético debe evaluarse dentro del contexto global.

El papel del estrés

El estrés puede aumentar:

  • vigilancia;

  • contracción muscular;

  • bruxismo;

  • preocupación;

  • sensibilidad al dolor.

Esto no significa que el dolor sea psicológico.

Significa que los sistemas de protección del organismo trabajan de forma integrada.

Peso corporal y articulaciones

Un mayor peso puede aumentar la carga mecánica en determinadas tareas, especialmente en rodillas y caderas.

Sin embargo, el dolor no se explica únicamente por el peso.

También influyen:

  • fuerza;

  • actividad;

  • inflamación;

  • sueño;

  • lesiones;

  • sensibilidad.

Una persona no necesita esperar a adelgazar para comenzar a moverse y fortalecerse.

Medicamentos y tratamientos pasivos

Los medicamentos, masajes, calor o técnicas manuales pueden aliviar síntomas en determinados momentos.

Sin embargo, cuando se utilizan de forma aislada, puede faltar el componente que mejora la capacidad del organismo.

El manejo del dolor lumbar crónico suele requerir una combinación personalizada, donde la educación y el ejercicio ocupan un lugar central. (Organización Mundial de la Salud)

Fajas y correctores posturales

Pueden ser útiles temporalmente en situaciones concretas.

Pero su uso continuo sin indicación puede:

  • generar dependencia;

  • aumentar la vigilancia;

  • limitar el movimiento;

  • crear la idea de que el cuerpo no puede sostenerse solo.

No corrigen automáticamente la causa del dolor.

Cuándo consultar

La mayoría de los dolores musculoesqueléticos no se deben a una enfermedad grave.

Sin embargo, conviene solicitar valoración ante:

  • dolor intenso después de un traumatismo;

  • pérdida de fuerza progresiva;

  • alteraciones de sensibilidad;

  • fiebre;

  • pérdida de peso no explicada;

  • dolor nocturno persistente;

  • antecedentes de cáncer;

  • dificultad para caminar;

  • pérdida de control de vejiga o intestino;

  • adormecimiento en la zona genital;

  • dolor torácico;

  • dificultad respiratoria.

Estos signos no confirman por sí solos un problema grave, pero requieren evaluación.

Ciática

La ciática describe síntomas relacionados con irritación o compresión de una raíz nerviosa.

Puede producir:

  • dolor que baja por la pierna;

  • hormigueo;

  • adormecimiento;

  • debilidad.

No todo dolor de glúteo o pierna es ciática.

La valoración ayuda a determinar:

  • distribución;

  • fuerza;

  • sensibilidad;

  • reflejos;

  • evolución.

Muchos casos mejoran con tratamiento conservador, pero una debilidad progresiva o alteraciones de esfínteres requieren atención urgente.

Dolor cervical con síntomas en el brazo

Conviene consultar cuando aparece:

  • pérdida de fuerza;

  • hormigueo persistente;

  • torpeza en las manos;

  • alteración de la marcha;

  • dolor después de un traumatismo;

  • síntomas neurológicos.

Una simple contractura no debería asumirse cuando existen estos signos.

Mitos y realidades

“Existe una postura perfecta.”

Mito.

El cuerpo necesita variedad y tolerancia.

“Sentarse encorvado siempre daña la espalda.”

Mito en términos absolutos.

Puede resultar molesto durante mucho tiempo, pero no es una postura prohibida.

“Hay que mantener el abdomen contraído todo el día.”

Mito.

El tronco debe poder activarse y relajarse.

“Cruzar las piernas deforma la columna.”

Mito en términos generales.

La variación es más importante.

“Si una resonancia muestra desgaste, no debo levantar peso.”

Mito.

Los cambios deben interpretarse junto con los síntomas y la función.

“El dolor significa que estoy dañando el tejido.”

No siempre.

Es una señal protectora influida por múltiples factores.

“El reposo es la mejor solución para el dolor lumbar.”

Mito en la mayoría de los casos.

El movimiento adaptado suele formar parte de la recuperación.

“Cuanto más flexible sea, más sano estaré.”

Mito.

También necesitamos fuerza y control.

“Un corrector postural soluciona el problema.”

Mito.

Puede ofrecer apoyo temporal, pero no sustituye el movimiento ni la fuerza.

“Trabajar de pie todo el día es mejor.”

Mito.

También puede producir fatiga; conviene alternar.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que el dolor y la movilidad no pueden valorarse observando únicamente una fotografía de la postura.

Una evaluación integral debería preguntar:

  • ¿Qué movimientos son difíciles?

  • ¿Cuándo aparece el dolor?

  • ¿Qué actividades evita?

  • ¿Cómo duerme?

  • ¿Qué nivel de estrés presenta?

  • ¿Qué fuerza conserva?

  • ¿Cuánto tiempo permanece inmóvil?

  • ¿Existen síntomas neurológicos?

  • ¿Qué espera del tratamiento?

Nuestro objetivo no es corregir a todas las personas hasta que adopten una misma postura.

Buscamos que recuperen:

  • movimiento;

  • confianza;

  • fuerza;

  • tolerancia;

  • autonomía.

Ideas clave

  • No existe una postura perfecta para mantener durante horas.

  • La variedad postural suele ser más importante que la alineación exacta.

  • Permanecer sentado y permanecer de pie pueden resultar molestos si se prolongan.

  • El dolor es real, pero no mide directamente el daño.

  • La movilidad debe ir acompañada de fuerza y control.

  • La columna está diseñada para moverse.

  • Las imágenes degenerativas no determinan por sí solas el pronóstico.

  • El reposo prolongado puede favorecer debilidad y miedo.

  • El ejercicio y la educación son herramientas centrales en el dolor lumbar persistente.

  • La ergonomía adapta la tarea, pero no sustituye el movimiento.

  • Los estiramientos pueden ser útiles, aunque no son una solución universal.

  • Sueño, estrés y actividad influyen en la percepción del dolor.

  • Los síntomas neurológicos progresivos o problemas de esfínteres requieren valoración urgente.

Aplicación práctica: rutina diaria de movilidad

Realizar sin dolor agudo y adaptando el recorrido.

Cuello

  • girar lentamente hacia cada lado;

  • inclinar suavemente;

  • realizar pocas repeticiones.

Hombros

  • elevar y bajar;

  • realizar círculos controlados;

  • llevar los brazos hacia delante y arriba.

Columna torácica

  • girar el tronco sentado;

  • extender suavemente la parte alta de la espalda.

Caderas

  • sentarse y levantarse;

  • realizar pasos laterales;

  • balancear suavemente las piernas con apoyo.

Tobillos

  • elevar talones;

  • elevar puntas;

  • realizar círculos.

Cinco o diez minutos pueden ser suficientes para interrumpir la inmovilidad.

Pausa activa para oficina

Cada cierto tiempo:

  1. Levantarse.

  2. Caminar durante uno o dos minutos.

  3. Realizar entre cinco y diez levantamientos de silla.

  4. Mover hombros.

  5. Mirar a distintas distancias para descansar la vista.

  6. Volver a trabajar en una posición diferente.

No es necesario esperar a sentir dolor intenso.

Programa inicial para dolor lumbar estable

Siempre que no existan señales de alarma:

Día 1

  • paseo suave;

  • movilidad de caderas;

  • sentarse y levantarse;

  • respiración tranquila.

Día 2

  • actividad cotidiana;

  • ejercicios de espalda y glúteos con poca resistencia.

Día 3

  • paseo algo más largo;

  • práctica de agacharse con una carga ligera.

Día 4

  • recuperación activa.

Día 5

  • repetir fuerza;

  • aumentar ligeramente el recorrido o las repeticiones si existe tolerancia.

El progreso debe valorarse por semanas, no por una única sesión.

Preguntas frecuentes

¿Debo sentarme siempre con la espalda recta?

No. Conviene utilizar posiciones cómodas y cambiarlas con frecuencia.

¿Es malo trabajar en el sofá?

Puede hacerse durante periodos breves. Si se prolonga y produce molestias, conviene alternar con otra posición.

¿Necesito una silla ergonómica cara?

No siempre. El ajuste, la comodidad y la posibilidad de moverse pueden ser más importantes que el precio.

¿Puedo agacharme redondeando la espalda?

La columna puede flexionarse. La carga, la velocidad y la capacidad individual determinan la exigencia.

¿Los estiramientos curan el dolor lumbar?

Pueden aliviar rigidez, pero no constituyen una cura universal.

¿Debo dejar las pesas si me duele la espalda?

No necesariamente. Puede ser necesario reducir o modificar temporalmente los ejercicios.

¿Qué postura es mejor para dormir?

La que permita descansar con menos molestias.

¿Un escritorio elevado elimina el dolor?

No por sí solo. Alternar posiciones suele ser más útil que permanecer de pie todo el día.

¿Las radiografías muestran la causa exacta?

No siempre. Muchos hallazgos aparecen también en personas sin dolor.

¿Cuándo necesito una resonancia?

Depende de los síntomas, la exploración, la evolución y la sospecha clínica. No suele ser necesaria de forma rutinaria en todos los episodios.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo iniciaremos un nuevo bloque dedicado a comprender uno de los problemas de salud más frecuentes y complejos de nuestra sociedad:

Sobrepeso y obesidad: por qué no dependen únicamente de comer demasiado o moverse poco.

Analizaremos:

  • balance energético;

  • genética;

  • apetito;

  • saciedad;

  • tejido adiposo;

  • microbiota;

  • hormonas;

  • sueño;

  • estrés;

  • medicamentos;

  • entorno alimentario;

  • estigma;

  • índice de masa corporal;

  • grasa visceral;

  • composición corporal;

  • pérdida de peso saludable;

  • mantenimiento a largo plazo.

Comprenderemos que la obesidad no es una falta de voluntad, sino una enfermedad compleja que requiere un abordaje científico, respetuoso e individualizado.

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Capítulo 33

Resistencia a la insulina

Qué significa, cómo se relaciona con la grasa visceral y qué podemos hacer para mejorarla

“La resistencia a la insulina puede avanzar durante años sin producir síntomas evidentes. Detectarla a tiempo permite actuar antes de que la glucosa alcance valores compatibles con diabetes.”

Una historia cotidiana

María tiene 52 años.

Durante los últimos años ha notado que su cuerpo ha cambiado.

Le cuesta más controlar el perímetro abdominal, se siente cansada algunos días y tiene la impresión de que cualquier alimento con hidratos de carbono le hace aumentar de peso.

Después de leer varios artículos en internet llega a una conclusión:

—Seguro que tengo resistencia a la insulina.

Decide eliminar:

  • pan;

  • fruta;

  • legumbres;

  • arroz;

  • patata;

  • avena.

También comienza a realizar ayunos prolongados y compra varios suplementos que prometen reducir el azúcar en sangre.

Sin embargo, nadie le ha realizado una evaluación.

Cuando finalmente acude a consulta se revisan:

  • antecedentes familiares;

  • presión arterial;

  • perímetro de cintura;

  • glucosa;

  • hemoglobina glicosilada;

  • perfil lipídico;

  • función hepática;

  • actividad física;

  • sueño.

Los resultados muestran una glucosa dentro del rango normal, pero también triglicéridos elevados, cintura aumentada, poca masa muscular y una actividad física muy baja.

María no necesitaba tener miedo a todos los hidratos de carbono.

Necesitaba comprender el problema completo y actuar sobre:

  • grasa abdominal;

  • músculo;

  • calidad de la alimentación;

  • sedentarismo;

  • sueño.

Su caso refleja un error cada vez más frecuente:

Intentar diagnosticar y tratar la resistencia a la insulina mediante síntomas vagos, dispositivos domésticos o consejos de redes sociales.

Introducción

La resistencia a la insulina se ha convertido en uno de los términos más utilizados en nutrición y salud metabólica.

Se relaciona con:

  • prediabetes;

  • diabetes tipo 2;

  • obesidad abdominal;

  • hígado graso metabólico;

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • alteraciones del colesterol;

  • hipertensión;

  • síndrome metabólico.

Sin embargo, también se utiliza de forma incorrecta para explicar prácticamente cualquier síntoma:

  • cansancio;

  • sueño después de comer;

  • dificultad para adelgazar;

  • deseo de alimentos dulces;

  • hambre frecuente;

  • aumento abdominal.

Ninguno de estos síntomas permite diagnosticarla por sí solo.

La resistencia a la insulina significa que determinados tejidos —especialmente músculo, hígado y tejido adiposo— responden peor a la acción de esta hormona. El páncreas puede compensar durante un tiempo produciendo más insulina, por lo que la glucosa puede permanecer aparentemente normal durante años. (INDDER)

Por tanto, una persona puede presentar alteraciones metabólicas antes de que una analítica muestre diabetes.

También es importante entender que:

Resistencia a la insulina, prediabetes y diabetes no son exactamente lo mismo.

¿Qué es la insulina?

La insulina es una hormona producida por las células beta del páncreas.

Su función más conocida consiste en ayudar a regular la glucosa en sangre.

Cuando comemos, especialmente alimentos que contienen hidratos de carbono:

  1. Parte de los nutrientes se transforma en glucosa.

  2. La glucosa pasa a la sangre.

  3. El páncreas detecta el aumento.

  4. Libera insulina.

  5. La insulina ayuda a que distintos tejidos utilicen o almacenen esa energía.

La insulina no es una hormona perjudicial.

Es esencial para la vida.

Sin una acción suficiente de insulina, la glucosa permanece elevada en la sangre y las células tienen dificultades para utilizarla adecuadamente. La diabetes aparece cuando el organismo no produce suficiente insulina, no la utiliza eficazmente o se combinan ambos mecanismos. (Organización Mundial de la Salud)

La insulina como llave: una comparación útil, pero imperfecta

Con frecuencia se compara la insulina con una llave que abre la puerta de las células.

Esta imagen ayuda a entender el concepto, aunque simplifica una red mucho más compleja.

En una persona sensible a la insulina:

  • una cantidad relativamente moderada produce una respuesta adecuada.

Cuando existe resistencia:

  • el mismo nivel hormonal genera una respuesta menor;

  • el páncreas intenta compensar liberando más;

  • puede aparecer hiperinsulinemia;

  • con el tiempo, la compensación puede resultar insuficiente.

La puerta no está completamente cerrada.

Simplemente necesita una señal mayor para responder.

¿Dónde actúa la insulina?

La insulina actúa en numerosos tejidos, pero tres son especialmente importantes.

Músculo

Después de una comida, el músculo puede utilizar una parte importante de la glucosa disponible.

La insulina favorece:

  • entrada de glucosa;

  • almacenamiento como glucógeno;

  • síntesis de proteínas;

  • reducción de la degradación de tejidos.

Un músculo activo suele disponer de mayor capacidad para utilizar glucosa.

Hígado

El hígado ayuda a mantener estable la glucosa sanguínea.

Durante el ayuno puede liberar glucosa.

Después de comer, la insulina debería indicarle que reduzca esa producción y almacene parte de la energía.

Cuando existe resistencia hepática, el hígado puede continuar liberando demasiada glucosa incluso cuando ya existe suficiente en la sangre.

Esto contribuye especialmente a elevar la glucosa en ayunas.

Tejido adiposo

La insulina influye en el almacenamiento y liberación de grasas.

Cuando el tejido adiposo se vuelve resistente pueden liberarse más ácidos grasos hacia la sangre.

Estos pueden llegar a:

  • hígado;

  • músculo;

  • otros órganos.

La acumulación de grasa fuera de los depósitos subcutáneos habituales puede contribuir a empeorar la respuesta metabólica.

¿Qué ocurre al principio?

Durante las primeras etapas, el páncreas compensa produciendo más insulina.

Por eso puede ocurrir esta situación:

  • glucosa aparentemente normal;

  • insulina elevada;

  • tejidos menos sensibles;

  • ausencia de síntomas claros.

Esta compensación puede mantenerse durante años.

No todas las personas evolucionan de la misma manera.

Algunas mejoran al modificar su composición corporal y sus hábitos.

Otras progresan hacia prediabetes o diabetes, especialmente cuando coinciden varios factores de riesgo.

¿Qué ocurre cuando el páncreas ya no compensa?

Con el tiempo, las células beta pueden no ser capaces de mantener una producción suficiente para superar la resistencia.

Entonces la glucosa comienza a aumentar.

Puede aparecer primero:

  • glucosa alterada en ayunas;

  • intolerancia a la glucosa;

  • hemoglobina glicosilada elevada.

Cuando los valores superan determinados criterios diagnósticos, hablamos de diabetes.

La diabetes tipo 2 aparece habitualmente por una combinación de resistencia a la insulina y una capacidad insuficiente del páncreas para compensarla. (Organización Mundial de la Salud)

Resistencia a la insulina no es lo mismo que prediabetes

Resistencia a la insulina

Describe una respuesta biológica reducida a la hormona.

Puede existir con glucosa normal.

Prediabetes

Significa que la glucosa está por encima del rango normal, pero todavía no alcanza criterios de diabetes.

Diabetes tipo 2

Se diagnostica cuando las alteraciones de glucosa alcanzan los valores establecidos y se confirman según el contexto clínico.

La prediabetes no significa que la progresión sea inevitable.

Representa una señal de riesgo y una oportunidad para intervenir.

¿Cómo se diagnostica la prediabetes?

Las pruebas recomendadas incluyen:

  • glucosa plasmática en ayunas;

  • hemoglobina glicosilada o HbA1c;

  • prueba oral de tolerancia a la glucosa a las dos horas.

Estas pruebas no miden exactamente lo mismo y una persona puede presentar alteración en una y no en otra. (INDDER)

Según los criterios de la Asociación Americana de Diabetes utilizados en sus estándares de 2026, la prediabetes puede identificarse mediante:

  • HbA1c entre 5,7 % y 6,4 %;

  • glucosa en ayunas entre 100 y 125 mg/dl;

  • glucosa a las dos horas entre 140 y 199 mg/dl después de una carga oral de 75 gramos.

Estos valores deben interpretarse profesionalmente y pueden requerir repetición o confirmación. (Diabetes Journals)

¿Cómo se diagnostica la diabetes?

Los criterios habituales incluyen alguno de los siguientes:

  • glucosa en ayunas igual o superior a 126 mg/dl;

  • HbA1c igual o superior al 6,5 %;

  • glucosa a las dos horas igual o superior a 200 mg/dl en una prueba oral;

  • glucosa al azar igual o superior a 200 mg/dl junto con síntomas clásicos de hiperglucemia.

En ausencia de síntomas inequívocos, suele ser necesario confirmar el resultado mediante una segunda determinación.

Estos puntos de corte no deben utilizarse para autodiagnosticarse con un glucómetro doméstico.

¿Sirve medir la insulina?

La insulina en ayunas puede aportar información en determinados contextos clínicos o de investigación.

También existen cálculos como el HOMA-IR, que combinan glucosa e insulina en ayunas.

Sin embargo:

  • no existe un punto de corte universal;

  • los métodos de laboratorio varían;

  • los resultados dependen del contexto;

  • no sustituye las pruebas diagnósticas de glucosa.

La prueba de referencia para medir sensibilidad a la insulina es compleja y se utiliza principalmente en investigación.

Por eso, en la práctica clínica, el diagnóstico suele apoyarse en:

  • factores de riesgo;

  • composición corporal;

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • lípidos;

  • presión arterial;

  • función hepática;

  • otras manifestaciones metabólicas.

¿Qué es el HOMA-IR?

El HOMA-IR es un índice estimado a partir de:

  • glucosa en ayunas;

  • insulina en ayunas.

Puede resultar útil en ciertos entornos, pero no debe interpretarse como una prueba definitiva.

Un valor aislado puede variar por:

  • enfermedad reciente;

  • sueño;

  • estrés;

  • alimentación previa;

  • método analítico;

  • medicación.

No existe una cifra universal válida para todas las poblaciones.

No existe un síntoma específico

La resistencia a la insulina suele ser silenciosa.

Una persona puede sentirse completamente bien.

Cuando la glucosa aumenta mucho pueden aparecer síntomas como:

  • sed;

  • aumento de la orina;

  • visión borrosa;

  • cansancio;

  • pérdida de peso no intencionada;

  • infecciones frecuentes;

  • cicatrización lenta.

Pero estos signos suelen relacionarse más con hiperglucemia significativa que con las etapas tempranas de resistencia.

La diabetes tipo 2 puede producir síntomas leves y permanecer sin diagnosticar hasta que ya existen complicaciones. (Organización Mundial de la Salud)

Sentir sueño después de comer no confirma resistencia a la insulina

La somnolencia después de una comida puede depender de:

  • falta de sueño;

  • horario;

  • cantidad ingerida;

  • alcohol;

  • digestión;

  • ritmos circadianos;

  • medicamentos;

  • apnea del sueño.

Puede coexistir con alteraciones metabólicas, pero no constituye una prueba.

Una persona no debería eliminar grupos completos de alimentos únicamente porque se siente cansada después de comer.

Tener hambre frecuente tampoco la confirma

El hambre puede depender de:

  • cantidad de proteína;

  • fibra;

  • densidad energética;

  • restricción previa;

  • sueño;

  • estrés;

  • actividad;

  • hábitos;

  • medicamentos.

La resistencia a la insulina puede influir en la regulación metabólica, pero el hambre aislada no permite diagnosticarla.

Acantosis nigricans

La acantosis nigricans es un engrosamiento y oscurecimiento de la piel que puede aparecer especialmente en:

  • cuello;

  • axilas;

  • ingles;

  • otros pliegues.

Puede asociarse con resistencia a la insulina, especialmente cuando es extensa o aparece junto a obesidad.

También puede tener otras causas.

No debe confundirse con suciedad ni tratarse frotando intensamente.

Su presencia merece una valoración clínica.

Los estándares de 2026 incluyen la acantosis nigricans entre las condiciones clínicas asociadas con resistencia a la insulina y mayor riesgo metabólico. (Diabetes Journals)

Pequeños fibromas cutáneos

Algunas personas con resistencia a la insulina presentan múltiples acrocordones o pequeños fibromas blandos en los pliegues.

Sin embargo, son frecuentes también en la población general y pueden relacionarse con:

  • edad;

  • fricción;

  • genética;

  • peso.

Su presencia aislada no permite realizar un diagnóstico.

Grasa visceral y resistencia a la insulina

La grasa visceral no es un simple depósito.

Libera:

  • ácidos grasos;

  • adipocinas;

  • señales inflamatorias.

Cuando se acumula en exceso puede favorecer alteraciones en:

  • hígado;

  • músculo;

  • vasos;

  • páncreas.

La relación es bidireccional:

  • la grasa visceral favorece resistencia;

  • la resistencia puede facilitar un entorno de mayor almacenamiento energético.

La obesidad abdominal es uno de los principales factores asociados al síndrome metabólico y a la diabetes tipo 2. (Organización Mundial de la Salud)

Grasa ectópica

La grasa ectópica es aquella que se acumula en lugares donde normalmente no debería hacerlo en grandes cantidades.

Puede aparecer en:

  • hígado;

  • músculo;

  • páncreas;

  • alrededor del corazón.

Esta acumulación puede interferir con la función normal de los tejidos.

Una persona puede presentar un IMC no muy elevado y, aun así, acumular grasa visceral o hepática.

Por eso la distribución importa tanto como el peso total.

Hígado graso metabólico

La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica se relaciona estrechamente con:

  • obesidad abdominal;

  • resistencia a la insulina;

  • triglicéridos;

  • diabetes tipo 2.

Puede permanecer sin síntomas.

En ocasiones se detecta mediante:

  • elevación de enzimas hepáticas;

  • ecografía;

  • estudios realizados por otro motivo.

Una analítica hepática normal no descarta completamente la presencia de grasa.

Los estándares actuales consideran la enfermedad hepática metabólica una condición asociada con resistencia a la insulina y mayor riesgo de diabetes. (Diabetes Journals)

El papel del músculo

El músculo es uno de los principales destinos de la glucosa después de comer.

Cuando se contrae puede aumentar la captación de glucosa mediante mecanismos que no dependen completamente de la insulina.

Por eso el ejercicio ofrece un beneficio doble:

  • mejora la sensibilidad a la insulina;

  • permite que el músculo utilice glucosa durante la actividad.

Una persona con poca masa muscular y mucho sedentarismo dispone de menos tejido activo para gestionar parte de la energía ingerida.

La inmovilidad actúa con rapidez

No es necesario pasar años sin ejercicio para observar cambios.

Los periodos de inactividad pueden reducir temporalmente:

  • utilización de glucosa;

  • capacidad muscular;

  • gasto energético.

Por eso es útil combinar:

  • ejercicio planificado;

  • interrupciones del sedentarismo;

  • caminatas;

  • movimiento cotidiano.

Una sesión de gimnasio no elimina por completo los efectos de permanecer sentado durante todo el día.

Genética

La predisposición genética influye en:

  • sensibilidad a la insulina;

  • producción pancreática;

  • distribución de grasa;

  • riesgo de diabetes;

  • respuesta al peso.

Tener antecedentes familiares aumenta el riesgo, pero no determina de forma absoluta el futuro.

La intervención temprana puede retrasar o prevenir la progresión en muchas personas de riesgo.

Edad

Con el envejecimiento pueden coincidir:

  • pérdida muscular;

  • aumento de grasa visceral;

  • menor actividad;

  • cambios hormonales;

  • enfermedades;

  • medicamentos.

Todo ello puede reducir la sensibilidad a la insulina.

Sin embargo, no es una consecuencia inevitable que deba aceptarse pasivamente.

El músculo continúa respondiendo al entrenamiento durante toda la vida.

Menopausia

Durante la transición menopáusica pueden aparecer:

  • redistribución de grasa hacia el abdomen;

  • peor sueño;

  • pérdida muscular;

  • cambios en la sensibilidad a la insulina.

El descenso de estrógenos puede contribuir, pero no actúa de manera aislada.

También influyen:

  • actividad;

  • alimentación;

  • edad;

  • genética;

  • estrés;

  • alcohol.

En esta etapa, el objetivo no debería limitarse a reducir el peso.

Es especialmente importante:

  • conservar músculo;

  • controlar cintura;

  • entrenar fuerza;

  • cuidar el sueño;

  • vigilar presión, glucosa y lípidos.

Síndrome de ovario poliquístico

El síndrome de ovario poliquístico puede asociarse con:

  • resistencia a la insulina;

  • obesidad;

  • irregularidades menstruales;

  • exceso de andrógenos;

  • dificultades reproductivas.

También aumenta el riesgo a largo plazo de diabetes tipo 2. La OMS lo describe como una condición metabólica crónica vinculada a mayor riesgo de resistencia a la insulina, obesidad y diabetes. (Organización Mundial de la Salud)

No todas las mujeres con síndrome de ovario poliquístico presentan exceso de peso.

La valoración debe ser individual.

Sueño

La falta de sueño puede empeorar temporalmente la sensibilidad a la insulina.

Además, puede favorecer:

  • mayor hambre;

  • menor actividad;

  • preferencia por alimentos energéticos;

  • aumento de peso.

La apnea obstructiva también se relaciona con alteraciones metabólicas.

Una persona con:

  • ronquidos;

  • pausas respiratorias;

  • somnolencia;

  • hipertensión;

  • obesidad abdominal

debería valorar la posibilidad de un trastorno respiratorio del sueño.

Estrés

El estrés agudo moviliza glucosa para disponer de energía.

Esto es normal.

Cuando el estrés se prolonga y coincide con:

  • poco sueño;

  • alimentación desorganizada;

  • alcohol;

  • sedentarismo,

puede contribuir indirectamente a un entorno metabólico menos favorable.

No obstante, no debe atribuirse toda resistencia a un supuesto “cortisol elevado” sin una evaluación real.

Medicamentos

Algunos medicamentos pueden aumentar la glucosa o favorecer resistencia.

Entre ellos pueden encontrarse ciertos:

  • corticoides;

  • antipsicóticos;

  • inmunosupresores;

  • tratamientos hormonales;

  • medicamentos para determinadas enfermedades.

No deben retirarse por iniciativa propia.

El riesgo metabólico debe compararse con el beneficio terapéutico.

El síndrome metabólico

El síndrome metabólico describe la agrupación de varios factores que aumentan el riesgo cardiovascular y de diabetes.

Suele incluir:

  • cintura abdominal elevada;

  • triglicéridos altos;

  • colesterol HDL bajo;

  • presión arterial elevada;

  • glucosa elevada.

No es una enfermedad única, sino una señal de que varios sistemas metabólicos están alterados.

Se considera presente cuando coinciden al menos tres de estos componentes, según los criterios utilizados. (CNIB)

No todas las personas con resistencia presentan obesidad

Puede aparecer en personas con peso aparentemente normal.

Algunas presentan:

  • poca masa muscular;

  • grasa visceral;

  • antecedentes familiares;

  • hígado graso;

  • sedentarismo.

Por eso no debe limitarse el cribado únicamente a quienes presentan obesidad visible.

¿Quién debería realizarse pruebas?

La valoración depende de la edad y de los factores de riesgo.

Los estándares de la ADA de 2026 recomiendan iniciar el cribado en todos los adultos a partir de los 35 años y antes cuando existe sobrepeso u obesidad junto con otros factores de riesgo. Las personas con prediabetes deben evaluarse al menos anualmente. (Diabetes Journals)

También puede ser especialmente relevante cuando existen:

  • antecedentes familiares;

  • hipertensión;

  • triglicéridos elevados;

  • HDL bajo;

  • diabetes gestacional previa;

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • acantosis nigricans;

  • enfermedad cardiovascular;

  • hígado graso;

  • sedentarismo.

La decisión debe adaptarse a las recomendaciones sanitarias y al contexto individual.

Prediabetes no significa diabetes inevitable

Sin intervención, algunas personas progresarán.

Otras permanecerán estables.

Otras volverán a valores normales.

El resultado depende de:

  • función pancreática;

  • peso;

  • actividad;

  • genética;

  • edad;

  • tratamientos;

  • seguimiento.

La prediabetes es una oportunidad para actuar, no una condena.

¿Puede revertirse la resistencia?

En muchas personas puede mejorar de forma importante.

La respuesta depende de la causa y del grado de alteración.

Pueden contribuir:

  • pérdida de grasa visceral;

  • aumento de actividad;

  • entrenamiento de fuerza;

  • mejora del sueño;

  • reducción del sedentarismo;

  • cambios alimentarios;

  • tratamiento farmacológico cuando esté indicado.

No siempre puede “curarse” de manera permanente.

La predisposición puede continuar y reaparecer si regresan los factores que la favorecen.

Pérdida de peso

En personas con sobrepeso u obesidad, una pérdida moderada puede mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir el riesgo de progresión hacia diabetes.

Los programas intensivos de prevención han mostrado beneficios con objetivos aproximados de reducción del 5 al 7 % del peso y aumento de la actividad física.

Las recomendaciones actuales para prediabetes suelen proponer programas individualizados capaces de alcanzar una pérdida de peso clínicamente relevante, frecuentemente alrededor del 7 al 10 %, cuando sea apropiado. (INDDER)

No todas las personas necesitan perder la misma cantidad.

También puede mejorar la salud metabólica:

  • reduciendo cintura;

  • ganando músculo;

  • aumentando actividad,

aunque la báscula cambie poco.

Ejercicio aeróbico

El ejercicio aeróbico ayuda a que los músculos utilicen glucosa.

Puede incluir:

  • caminar rápido;

  • bicicleta;

  • natación;

  • baile;

  • intervalos adaptados.

No es necesario realizar sesiones extremas.

La regularidad importa porque parte del efecto sobre la sensibilidad es transitorio.

Distribuir la actividad durante la semana suele ser más útil que concentrarla en un solo día.

Entrenamiento de fuerza

La fuerza ayuda a:

  • aumentar o conservar músculo;

  • utilizar glucosa;

  • mejorar la función;

  • proteger el metabolismo durante la pérdida de peso.

Las recomendaciones actuales para personas con prediabetes incluyen tanto ejercicio aeróbico como entrenamiento de resistencia, incluso cuando el peso está dentro de un rango aparentemente saludable. (Diabetes Journals)

Caminar después de comer

Una caminata breve después de una comida puede ayudar a reducir el tiempo sentado y favorecer la utilización muscular de glucosa.

No es necesario convertirla en un entrenamiento intenso.

Entre diez y quince minutos pueden resultar una estrategia práctica para muchas personas.

Debe adaptarse a:

  • condición física;

  • medicación;

  • riesgo de hipoglucemia;

  • digestión;

  • horario.

Interrumpir el sedentarismo

Además del entrenamiento, conviene levantarse regularmente durante las horas sentadas.

Algunas opciones son:

  • caminar;

  • subir escaleras;

  • realizar sentadillas asistidas;

  • atender llamadas de pie;

  • hacer pequeños desplazamientos.

Estas pausas no sustituyen el ejercicio, pero complementan su efecto.

Alimentación

No existe una única dieta obligatoria para mejorar la sensibilidad a la insulina.

Pueden utilizarse distintos patrones siempre que sean:

  • nutricionalmente adecuados;

  • sostenibles;

  • adaptados a la persona.

Suelen compartir varios elementos:

  • verduras;

  • legumbres;

  • frutas enteras;

  • cereales integrales;

  • proteínas suficientes;

  • grasas insaturadas;

  • menor presencia de bebidas azucaradas y ultraprocesados.

¿Hay que eliminar todos los hidratos?

No.

Los hidratos de carbono incluyen alimentos muy diferentes:

  • refrescos;

  • bollería;

  • lentejas;

  • avena;

  • fruta;

  • patata;

  • arroz integral.

Su impacto depende de:

  • cantidad;

  • calidad;

  • procesamiento;

  • fibra;

  • combinación;

  • contexto metabólico.

En muchas personas resulta más útil mejorar la calidad y distribuir las cantidades que eliminar todo el grupo.

Fibra

La fibra puede:

  • ralentizar la absorción;

  • aumentar la saciedad;

  • alimentar la microbiota;

  • mejorar el patrón nutricional.

Fuentes recomendables:

  • legumbres;

  • verduras;

  • fruta entera;

  • avena;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • semillas.

Debe aumentarse progresivamente y acompañarse de hidratación adecuada.

Proteínas

Las proteínas ayudan a:

  • conservar músculo;

  • aumentar saciedad;

  • mejorar la calidad de las comidas.

Pueden proceder de:

  • pescado;

  • huevos;

  • lácteos;

  • carnes no procesadas;

  • legumbres;

  • tofu;

  • otras fuentes vegetales.

No eliminan por sí mismas la resistencia.

Forman parte de un patrón completo.

Grasas

Conviene priorizar alimentos como:

  • aceite de oliva virgen extra;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • pescado azul;

  • aguacate.

Las grasas saludables no necesitan eliminarse por aportar calorías.

La cantidad debe adaptarse al objetivo energético.

Bebidas azucaradas

Reducir refrescos, zumos y otras bebidas con azúcar suele ser una de las medidas más eficaces.

Aportan glucosa y energía rápidamente, con poca saciedad.

El agua debería ser la bebida principal.

¿Qué ocurre con la fruta?

La fruta entera contiene azúcares, pero también:

  • fibra;

  • agua;

  • vitaminas;

  • polifenoles;

  • volumen.

No equivale a un refresco ni a un zumo.

En la mayoría de las personas puede formar parte de una alimentación para mejorar el metabolismo.

Las cantidades pueden individualizarse según:

  • glucosa;

  • medicación;

  • preferencias;

  • actividad.

Índice glucémico

El índice glucémico clasifica los alimentos según la rapidez con la que elevan la glucosa en condiciones experimentales.

Puede ser útil, pero presenta limitaciones.

No considera completamente:

  • cantidad consumida;

  • mezcla con otros alimentos;

  • preparación;

  • respuesta individual.

No es necesario elegir exclusivamente alimentos de índice bajo.

La calidad global y la porción siguen siendo fundamentales.

Orden de los alimentos

Algunos estudios sugieren que comenzar una comida con verduras o proteínas antes de los hidratos puede moderar la respuesta glucémica.

Puede utilizarse como estrategia complementaria.

Sin embargo, no transforma una comida desequilibrada en saludable ni sustituye el control de la cantidad.

Ayuno intermitente

El ayuno puede ayudar a algunas personas a reducir la ingesta o evitar el picoteo nocturno.

No es imprescindible para mejorar la resistencia.

Los resultados suelen depender principalmente de:

  • pérdida de peso;

  • reducción de energía;

  • horario;

  • calidad de la dieta.

En personas que toman medicamentos para la glucosa, puede aumentar el riesgo de hipoglucemia y necesita supervisión.

Dormir mejor

El sueño debe formar parte del tratamiento.

Conviene revisar:

  • duración;

  • regularidad;

  • cafeína;

  • alcohol;

  • apnea;

  • pantallas;

  • horarios.

No existe una dieta capaz de compensar completamente un sueño insuficiente y crónico.

Alcohol

El alcohol puede:

  • aportar energía;

  • empeorar triglicéridos;

  • favorecer hígado graso;

  • deteriorar el sueño;

  • dificultar decisiones alimentarias.

Reducirlo puede mejorar varios componentes simultáneamente.

Tabaco

Fumar aumenta el riesgo cardiovascular y metabólico.

Dejarlo puede producir temporalmente cambios de apetito o peso, pero el beneficio sanitario es mucho mayor.

El apoyo profesional facilita el proceso.

Medicamentos para la prediabetes

El estilo de vida constituye la base.

En determinadas personas de alto riesgo puede valorarse tratamiento farmacológico, especialmente cuando coinciden factores como:

  • obesidad importante;

  • edad más joven;

  • glucosa más elevada;

  • antecedente de diabetes gestacional;

  • progresión a pesar de la intervención.

La metformina es uno de los fármacos más estudiados para prevenir o retrasar la diabetes en grupos seleccionados.

No todas las personas con prediabetes la necesitan.

Medicamentos para la obesidad

Cuando existe obesidad, tratarla puede mejorar la resistencia y retrasar la progresión hacia diabetes.

Los estándares actuales reconocen que el tratamiento eficaz de la obesidad beneficia tanto la prevención como el control de la diabetes tipo 2. (Diabetes Journals)

La indicación depende de:

  • IMC;

  • complicaciones;

  • respuesta previa;

  • contraindicaciones;

  • preferencias;

  • disponibilidad.

Cirugía metabólica

En personas seleccionadas con obesidad, la cirugía metabólica puede producir mejoras importantes en:

  • peso;

  • sensibilidad;

  • glucosa;

  • diabetes;

  • riesgo cardiovascular.

No es adecuada para todas las personas y requiere seguimiento de por vida.

Monitores continuos de glucosa

Estos dispositivos miden la glucosa del líquido intersticial durante el día.

Son herramientas fundamentales en determinados pacientes con diabetes.

Su uso en personas sin diabetes se ha popularizado para observar respuestas a alimentos.

Pueden ofrecer información interesante, pero también generar:

  • ansiedad;

  • interpretaciones erróneas;

  • miedo a alimentos saludables;

  • preocupación por fluctuaciones normales.

Una elevación transitoria después de comer forma parte de la fisiología.

No toda curva representa enfermedad.

Glucómetros domésticos

Los medidores capilares son útiles para personas con indicación médica.

No deben utilizarse para diagnosticar prediabetes de manera aislada.

Su precisión es inferior a la de una determinación de laboratorio y los resultados dependen de:

  • técnica;

  • tiras;

  • temperatura;

  • lavado de manos;

  • momento.

Suplementos

Se comercializan sustancias como:

  • berberina;

  • cromo;

  • canela;

  • magnesio;

  • ácido alfa-lipoico;

  • inositol.

Algunas cuentan con estudios en contextos específicos, pero ninguna sustituye:

  • pérdida de grasa visceral;

  • ejercicio;

  • alimentación;

  • tratamiento médico.

Pueden producir:

  • interacciones;

  • molestias digestivas;

  • alteraciones hepáticas;

  • hipoglucemia;

  • problemas durante embarazo.

La expresión “regula el azúcar” no garantiza eficacia clínica ni seguridad.

Canela

Utilizar canela como especia puede formar parte de la alimentación.

Sin embargo, no debe presentarse como tratamiento capaz de revertir la resistencia.

Los extractos concentrados pueden aportar dosis elevadas de determinados compuestos y no son equivalentes a añadir una pequeña cantidad a una comida.

Berberina

La berberina ha mostrado efectos metabólicos en algunos estudios, pero puede interactuar con numerosos medicamentos y producir efectos digestivos.

No debería utilizarse como sustituto de la metformina ni de otros tratamientos sin valoración.

Los suplementos no están regulados de la misma manera que los medicamentos en todos los mercados.

¿Se puede mejorar sin adelgazar?

Sí.

El ejercicio puede mejorar la sensibilidad incluso antes de que exista una gran pérdida de peso.

También pueden observarse beneficios al:

  • aumentar músculo;

  • reducir cintura;

  • dormir mejor;

  • disminuir el sedentarismo;

  • mejorar la alimentación.

Sin embargo, cuando existe exceso de grasa visceral, reducirla suele aportar un beneficio adicional importante.

¿Puede una persona delgada tenerla?

Sí.

Entre las posibles causas o factores se encuentran:

  • genética;

  • poca masa muscular;

  • grasa visceral;

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • medicamentos;

  • sedentarismo;

  • lipodistrofias poco frecuentes.

Por eso no debe utilizarse la apariencia física como único criterio.

Resistencia a la insulina y piel

Además de la acantosis nigricans, las alteraciones metabólicas pueden relacionarse indirectamente con:

  • inflamación;

  • cicatrización;

  • infecciones;

  • salud vascular.

Sin embargo, no toda mancha, fibroma o brote cutáneo indica resistencia.

La piel puede ofrecer pistas, pero no sustituye una analítica.

Resistencia a la insulina y cabello

No produce un patrón único de caída.

Puede coexistir con:

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • alteraciones hormonales;

  • obesidad;

  • inflamación;

  • deficiencias nutricionales.

La caída necesita una evaluación específica.

Qué resultados debemos perseguir

El objetivo no es únicamente conseguir una insulina más baja en una analítica.

Debemos buscar mejoras en:

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • cintura;

  • triglicéridos;

  • presión arterial;

  • hígado;

  • fuerza;

  • capacidad física;

  • sueño;

  • alimentación;

  • riesgo cardiovascular.

Tratar una cifra sin mejorar el conjunto puede ofrecer una falsa sensación de seguridad.

Mitos y realidades

“La resistencia a la insulina se diagnostica porque me da sueño después de comer.”

Mito.

La somnolencia es inespecífica.

“La insulina es la hormona que engorda.”

Simplificación.

Es una hormona esencial. El aumento de grasa depende del balance energético y de múltiples reguladores.

“Hay que eliminar toda la fruta.”

Mito.

La fruta entera puede formar parte de una alimentación saludable.

“Todos los hidratos empeoran la resistencia.”

Mito.

Las legumbres, verduras, frutas y cereales integrales presentan características muy diferentes a los productos azucarados.

“Si mi glucosa en ayunas es normal, no tengo ningún riesgo.”

Mito.

La glucosa puede permanecer normal durante una fase compensada.

“Un HOMA elevado confirma por sí solo el diagnóstico.”

Mito.

Debe interpretarse según el método y el contexto.

“La prediabetes siempre termina en diabetes.”

Mito.

Puede mejorar, estabilizarse o progresar.

“El ayuno es imprescindible.”

Mito.

Es una posible herramienta, no una obligación.

“Los ejercicios abdominales eliminan la resistencia.”

Mito.

El ejercicio ayuda, pero no puede reducir grasa de una zona concreta.

“La canela sustituye el tratamiento.”

Mito.

Puede utilizarse como alimento, no como terapia principal.

“Solo afecta a personas con obesidad.”

Mito.

También puede aparecer con un IMC normal.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños no deberíamos diagnosticar resistencia a la insulina mediante una lista de síntomas de internet.

La valoración integral debe incluir:

  • antecedentes;

  • cintura;

  • peso y composición corporal;

  • presión arterial;

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • lípidos;

  • hígado;

  • sueño;

  • medicamentos;

  • actividad;

  • etapa hormonal.

El objetivo tampoco debería ser asustar al paciente con todos los alimentos que supuestamente no puede comer.

Buscamos construir una estrategia que mejore:

  • sensibilidad;

  • fuerza;

  • composición corporal;

  • adherencia;

  • salud cardiovascular.

La educación debe sustituir al miedo.

Ideas clave

  • La insulina es una hormona esencial producida por el páncreas.

  • La resistencia aparece cuando músculo, hígado y tejido adiposo responden peor.

  • El páncreas puede compensar durante años produciendo más insulina.

  • Resistencia, prediabetes y diabetes no son términos equivalentes.

  • La resistencia suele ser silenciosa.

  • El cansancio o el sueño después de comer no permiten diagnosticarla.

  • Las pruebas principales para detectar prediabetes son glucosa en ayunas, HbA1c y tolerancia oral.

  • La grasa visceral y la acumulación de grasa en el hígado aumentan el riesgo.

  • El músculo y el ejercicio desempeñan un papel central en la utilización de glucosa.

  • No es necesario eliminar todos los hidratos.

  • La pérdida moderada de grasa corporal puede mejorar significativamente la sensibilidad.

  • Fuerza, actividad aeróbica, sueño y alimentación deben abordarse conjuntamente.

  • Los suplementos no sustituyen el tratamiento.

  • La prediabetes representa una oportunidad de prevención.

  • El seguimiento debe incluir riesgo cardiovascular, no solo glucosa.

Aplicación práctica: plan inicial de doce semanas

Semanas 1 a 4: ordenar

Alimentación

  • eliminar o reducir refrescos y zumos;

  • incluir verduras en comida y cena;

  • incorporar proteínas;

  • elegir fruta entera;

  • revisar tamaño de las porciones.

Movimiento

  • caminar diez minutos después de una o dos comidas;

  • levantarse regularmente;

  • comenzar dos sesiones sencillas de fuerza.

Sueño

  • establecer un horario;

  • reducir cafeína tardía;

  • valorar ronquidos.

Semanas 5 a 8: progresar

Actividad

  • acercarse gradualmente a 150 minutos semanales;

  • aumentar cargas en fuerza;

  • añadir pequeñas pendientes o intervalos.

Alimentación

  • incluir legumbres varias veces por semana;

  • sustituir cereales refinados por alternativas integrales;

  • reducir ultraprocesados;

  • planificar meriendas cuando sean necesarias.

Semanas 9 a 12: consolidar

Seguimiento

  • revisar cintura;

  • fuerza;

  • peso;

  • presión;

  • adherencia.

Salud

  • repetir analítica cuando esté indicado;

  • revisar medicación;

  • valorar hígado y apnea según el riesgo.

Este plan es orientativo y no sustituye una pauta individual.

Ejemplo de un día equilibrado

Desayuno

  • yogur natural;

  • avena;

  • frutos secos;

  • fruta.

Comida

  • lentejas con verduras;

  • ensalada;

  • fruta.

Merienda, cuando sea necesaria

  • queso fresco;

  • fruta;

  • frutos secos.

Cena

  • pescado o tortilla;

  • verduras;

  • patata o pan integral en una porción adaptada.

Actividad

  • paseo después de una comida;

  • sesión de fuerza o movimiento cotidiano.

No existe un menú universal.

Las cantidades deben adaptarse a energía, medicación y objetivos.

Preguntas frecuentes

¿Puedo tener resistencia con glucosa normal?

Sí. El páncreas puede compensar temporalmente produciendo más insulina.

¿Qué prueba es la mejor?

Depende del contexto. Glucosa, HbA1c y prueba oral aportan información complementaria.

¿Necesito medir la insulina?

No siempre. Puede utilizarse en ciertos casos, pero no constituye por sí sola una prueba diagnóstica universal.

¿Tengo que dejar el pan?

No necesariamente. Importan tipo, cantidad, acompañamiento y patrón completo.

¿Puedo comer plátano?

Sí, en la mayoría de las personas. La fruta entera no equivale a una bebida azucarada.

¿Qué ejercicio es mejor?

La combinación de fuerza, actividad aeróbica y reducción del sedentarismo.

¿Caminar sirve?

Sí. Especialmente cuando se realiza de manera regular y se combina con fuerza.

¿La menopausia aumenta el riesgo?

Puede favorecer cambios abdominales y musculares, pero el riesgo puede reducirse mediante intervención.

¿Se puede revertir?

Puede mejorar mucho en numerosas personas. La predisposición puede persistir y necesita mantenimiento.

¿Necesitaré medicación?

Depende del riesgo, la glucosa, la evolución y otras enfermedades.

¿Un monitor continuo puede diagnosticarme?

No. Muestra patrones de glucosa, pero no sustituye las pruebas diagnósticas ni la interpretación clínica.

¿La resistencia impide adelgazar?

Puede dificultar la regulación metabólica, pero la pérdida de grasa sigue siendo posible con una estrategia adecuada y, cuando sea necesario, tratamiento médico.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos una fase intermedia que con frecuencia pasa desapercibida porque no suele producir síntomas:

Prediabetes: la oportunidad de actuar antes de que aparezca la diabetes tipo 2.

Explicaremos:

  • qué valores la definen;

  • diferencias entre glucosa en ayunas, HbA1c y tolerancia oral;

  • por qué algunas pruebas no coinciden;

  • quién presenta mayor riesgo;

  • diabetes gestacional;

  • progresión y regresión;

  • prevención;

  • ejercicio;

  • pérdida de peso;

  • alimentación;

  • metformina;

  • seguimiento;

  • por qué no debe considerarse una enfermedad menor.

Comprenderemos que la prediabetes no es simplemente “un poco de azúcar”, sino una señal de riesgo metabólico y cardiovascular que merece una intervención temprana, individualizada y libre de alarmismo.

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Capítulo 34

Prediabetes

La oportunidad de actuar antes de que aparezca la diabetes tipo 2

“La prediabetes no es una sentencia inevitable. Es una señal de advertencia que permite intervenir cuando todavía existe una gran capacidad de prevención.”

Una historia cotidiana

José tiene 58 años.

Acude a una revisión rutinaria convencido de que todo está bien. No siente sed excesiva, no orina con mayor frecuencia y mantiene su actividad laboral habitual.

Cuando recibe los resultados de la analítica, aparece una glucosa en ayunas de 112 mg/dl.

Su primera reacción es restarle importancia:

—Solo está un poco alta. No tengo diabetes.

Su segunda reacción aparece después de buscar información en internet:

—Tengo que dejar inmediatamente el pan, la fruta, el arroz y todos los hidratos.

Ninguna de las dos respuestas es adecuada.

La glucosa de José no alcanza por sí sola el rango diagnóstico de diabetes, pero tampoco debería ignorarse. Es una señal de que la regulación metabólica puede estar comenzando a alterarse.

Al revisar su situación aparecen varios factores:

  • ha aumentado el perímetro de cintura;

  • realiza poco ejercicio;

  • ha perdido fuerza;

  • duerme mal;

  • ronca intensamente;

  • tiene antecedentes familiares de diabetes;

  • presenta triglicéridos elevados.

José no necesita vivir con miedo a cada alimento.

Necesita un plan:

  • confirmar e interpretar correctamente los resultados;

  • valorar su riesgo cardiovascular;

  • mejorar la composición corporal;

  • recuperar músculo;

  • revisar el sueño;

  • modificar su alimentación;

  • realizar seguimiento.

La prediabetes representa precisamente eso:

Un momento en el que todavía podemos actuar antes de que el deterioro metabólico avance.

Introducción

La prediabetes significa que la concentración de glucosa en sangre se encuentra por encima de los valores considerados normales, pero todavía no alcanza los criterios diagnósticos de diabetes.

No suele producir síntomas.

Por ese motivo, muchas personas desconocen que la presentan hasta que se realiza una analítica por otro motivo.

Aunque el término incluye el prefijo “pre”, no debe interpretarse como una alteración insignificante. Se asocia con un mayor riesgo de:

  • desarrollar diabetes tipo 2;

  • enfermedad cardiovascular;

  • alteraciones de presión arterial;

  • dislipidemia;

  • hígado graso metabólico;

  • otras complicaciones relacionadas con la salud cardiometabólica.

Los CDC describen la prediabetes como una condición médica importante que aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular. (CDC)

Sin embargo, no todas las personas con prediabetes evolucionan inevitablemente hacia diabetes.

El resultado puede ser:

  • progresión;

  • estabilidad;

  • regreso a valores normales;

  • fluctuación entre diferentes rangos.

La evolución depende de:

  • genética;

  • función pancreática;

  • edad;

  • cantidad y distribución de grasa;

  • masa muscular;

  • actividad física;

  • sueño;

  • alimentación;

  • medicamentos;

  • enfermedades;

  • intensidad del tratamiento.

Por tanto, la prediabetes no debe provocar alarmismo, pero sí una actuación organizada.

¿Qué ocurre antes de la prediabetes?

En muchas personas, el proceso comienza con una reducción progresiva de la sensibilidad a la insulina.

El músculo, el hígado y el tejido adiposo responden peor a esta hormona.

Para mantener la glucosa dentro de un rango normal, el páncreas produce más insulina.

Durante un tiempo puede existir:

  • resistencia a la insulina;

  • insulina elevada;

  • glucosa todavía normal.

Cuando la compensación comienza a resultar insuficiente, la glucosa aumenta.

Puede alterarse primero:

  • en ayunas;

  • después de una comida;

  • durante una prueba de tolerancia;

  • en el promedio reflejado por la hemoglobina glicosilada.

La prediabetes representa una fase intermedia, pero no existe una frontera biológica abrupta. El riesgo aumenta de forma progresiva a medida que se deteriora la regulación de la glucosa.

Prediabetes no es diabetes leve

No debe explicarse como “tener un poco de diabetes”.

En la diabetes, la glucosa ha alcanzado criterios diagnósticos definidos y el riesgo de complicaciones exige un plan específico.

En la prediabetes:

  • la alteración es menor;

  • la capacidad de prevención puede ser mayor;

  • el tratamiento puede evitar o retrasar la progresión;

  • no siempre se necesitan medicamentos.

Sin embargo, tampoco significa que no esté ocurriendo nada.

Puede ser la manifestación visible de un problema más amplio que incluya:

  • grasa visceral;

  • hipertensión;

  • triglicéridos elevados;

  • colesterol HDL bajo;

  • hígado graso;

  • apnea del sueño;

  • sedentarismo;

  • pérdida muscular.

¿Qué pruebas se utilizan?

Las tres pruebas principales son:

  1. Glucosa plasmática en ayunas.

  2. Hemoglobina glicosilada o HbA1c.

  3. Prueba oral de tolerancia a la glucosa.

No miden exactamente el mismo fenómeno.

Por eso una persona puede presentar un resultado normal en una prueba y alterado en otra.

Los estándares de la American Diabetes Association de 2026 mantienen estas pruebas para identificar prediabetes y recomiendan seguimiento anual en las personas que ya se encuentran en este rango. (Diabetes Journals)

Glucosa en ayunas

La glucosa en ayunas mide la concentración de glucosa después de varias horas sin comer, generalmente por la mañana.

Según los criterios utilizados por la ADA:

  • normal: inferior a 100 mg/dl;

  • prediabetes: entre 100 y 125 mg/dl;

  • diabetes: 126 mg/dl o más, con confirmación cuando sea necesaria.

La glucosa en ayunas refleja especialmente:

  • producción de glucosa por el hígado;

  • capacidad de la insulina para controlarla;

  • función pancreática;

  • situación metabólica durante el ayuno.

Puede verse influida por:

  • enfermedad aguda;

  • mal descanso;

  • estrés intenso;

  • determinados medicamentos;

  • condiciones de la muestra;

  • duración real del ayuno.

Un único resultado ligeramente alterado debe interpretarse con prudencia.

Hemoglobina glicosilada

La HbA1c refleja aproximadamente la exposición media a la glucosa durante los últimos dos o tres meses.

Según los criterios habituales:

  • normal: inferior al 5,7 %;

  • prediabetes: entre 5,7 % y 6,4 %;

  • diabetes: 6,5 % o más, con confirmación cuando proceda. (Diabetes Journals)

No requiere ayuno y resulta cómoda para el seguimiento.

Sin embargo, puede ser menos fiable en situaciones como:

  • algunos tipos de anemia;

  • hemoglobinopatías;

  • embarazo;

  • enfermedad renal;

  • hemorragia reciente;

  • transfusión;

  • alteraciones importantes del recambio de glóbulos rojos.

Por eso no debe interpretarse de manera aislada cuando existen condiciones que pueden modificarla.

Prueba oral de tolerancia a la glucosa

Esta prueba evalúa la capacidad del organismo para gestionar una carga estandarizada de glucosa.

De forma simplificada:

  1. La persona acude en ayunas.

  2. Se mide la glucosa basal.

  3. Toma una bebida con 75 gramos de glucosa.

  4. Se repite la medición a las dos horas.

Los valores a las dos horas suelen interpretarse así:

  • normal: inferior a 140 mg/dl;

  • prediabetes: entre 140 y 199 mg/dl;

  • diabetes: 200 mg/dl o más.

Puede detectar alteraciones que no aparecen en una glucosa en ayunas.

Resulta especialmente útil cuando existe una sospecha importante y otras pruebas no ofrecen una respuesta clara.

¿Por qué las pruebas pueden no coincidir?

Cada prueba observa una parte diferente del metabolismo.

Una persona puede presentar:

  • glucosa en ayunas normal;

  • elevaciones importantes después de comer;

  • HbA1c ligeramente alta.

Otra puede tener:

  • glucosa en ayunas elevada;

  • respuesta posprandial razonable;

  • HbA1c todavía normal.

Las diferencias pueden depender de:

  • producción hepática de glucosa;

  • capacidad de respuesta del páncreas;

  • masa muscular;

  • ritmo de vida;

  • alimentación;

  • duración del trastorno;

  • condiciones que alteren la HbA1c.

No es necesario que todas las pruebas estén alteradas para considerar que existe un riesgo aumentado.

¿Debe repetirse la analítica?

Con frecuencia sí.

En ausencia de síntomas claros de diabetes, un resultado alterado puede requerir:

  • repetición de la misma prueba;

  • confirmación mediante otra;

  • valoración del contexto clínico.

No se debe diagnosticar una alteración crónica basándose únicamente en:

  • un glucómetro doméstico;

  • una medición después de una comida no estandarizada;

  • un día de estrés;

  • un dispositivo sin interpretación profesional.

El diagnóstico debe establecerse mediante pruebas validadas y una valoración clínica.

La prediabetes suele ser silenciosa

La mayoría de las personas no presenta síntomas específicos.

No puede diagnosticarse porque alguien tenga:

  • sueño después de comer;

  • hambre;

  • deseo de dulces;

  • cansancio;

  • dificultad para adelgazar;

  • grasa abdominal.

Estos signos pueden coexistir, pero aparecen en muchas otras situaciones.

Cuando la glucosa progresa hacia diabetes pueden presentarse:

  • sed intensa;

  • aumento de la orina;

  • visión borrosa;

  • pérdida de peso involuntaria;

  • cansancio importante;

  • infecciones frecuentes;

  • cicatrización lenta.

La diabetes tipo 2 puede, no obstante, permanecer sin síntomas durante mucho tiempo. (Organización Mundial de la Salud)

¿Quién tiene mayor riesgo?

El riesgo aumenta cuando aparecen uno o varios de los siguientes factores:

  • edad igual o superior a 35 años;

  • sobrepeso u obesidad;

  • perímetro abdominal elevado;

  • antecedentes familiares de diabetes;

  • sedentarismo;

  • hipertensión;

  • triglicéridos elevados;

  • colesterol HDL bajo;

  • enfermedad cardiovascular;

  • hígado graso metabólico;

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • diabetes gestacional previa;

  • acantosis nigricans;

  • determinados medicamentos;

  • antecedentes de glucosa alterada.

Los estándares de 2026 recomiendan comenzar el cribado general en adultos a partir de los 35 años y realizarlo antes cuando existen sobrepeso u obesidad acompañados de factores adicionales. (Diabetes Journals)

Antecedentes familiares

Tener un padre, madre o hermano con diabetes tipo 2 aumenta el riesgo.

Esto puede reflejar:

  • predisposición genética;

  • hábitos compartidos;

  • entorno;

  • patrones alimentarios;

  • composición corporal.

No significa que la enfermedad sea inevitable.

Indica que conviene actuar antes y realizar controles adecuados.

Diabetes gestacional

La diabetes gestacional aparece durante el embarazo en mujeres que no tenían previamente una diabetes conocida.

Después del parto, la glucosa puede volver a la normalidad.

Sin embargo, haberla presentado aumenta el riesgo futuro de:

  • prediabetes;

  • diabetes tipo 2;

  • nueva diabetes gestacional en otros embarazos.

Los estándares de 2026 recomiendan vigilancia continuada en mujeres con antecedentes de diabetes gestacional, incluso cuando las pruebas posparto sean normales. (Diabetes Journals)

La prevención no termina al finalizar el embarazo.

Síndrome de ovario poliquístico

El síndrome de ovario poliquístico puede asociarse con resistencia a la insulina y mayor riesgo de alteraciones de glucosa.

La valoración puede ser necesaria incluso en mujeres que no presentan obesidad.

El tratamiento debe considerar:

  • ciclo menstrual;

  • fertilidad;

  • andrógenos;

  • composición corporal;

  • riesgo metabólico;

  • salud emocional.

Menopausia

La menopausia no causa automáticamente prediabetes.

Sin embargo, durante esta etapa pueden coincidir:

  • mayor grasa visceral;

  • pérdida muscular;

  • peor sueño;

  • menor actividad;

  • cambios hormonales;

  • aumento de la presión;

  • alteraciones de lípidos.

Por ello conviene vigilar:

  • cintura;

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • presión arterial;

  • triglicéridos;

  • fuerza;

  • salud hepática.

La estrategia debe centrarse en proteger músculo y salud cardiometabólica, no solamente en reducir el peso.

Personas con peso normal

La prediabetes también puede aparecer en personas cuyo IMC se encuentra dentro del rango considerado normal.

Pueden influir:

  • genética;

  • grasa visceral;

  • hígado graso;

  • poca masa muscular;

  • sedentarismo;

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • determinados medicamentos;

  • distribución corporal de la grasa.

La apariencia externa no permite descartar un problema metabólico.

Grasa abdominal

La grasa visceral desempeña un papel importante porque libera:

  • ácidos grasos;

  • señales inflamatorias;

  • adipocinas.

Puede favorecer resistencia a la insulina en:

  • hígado;

  • músculo;

  • tejido adiposo.

Reducir la cintura puede acompañarse de mejoras metabólicas incluso cuando el peso total no cambia de manera espectacular.

Hígado graso metabólico

La prediabetes y el hígado graso aparecen con frecuencia dentro del mismo contexto metabólico.

El hígado puede acumular grasa sin producir síntomas.

En algunos pacientes aparecen:

  • enzimas hepáticas elevadas;

  • cambios ecográficos;

  • fibrosis.

En otros, las enzimas permanecen normales.

Cuando existen obesidad abdominal, triglicéridos elevados o prediabetes, puede ser apropiado valorar el riesgo hepático.

Riesgo cardiovascular

La prediabetes no debería estudiarse únicamente desde la perspectiva de “evitar la diabetes”.

También conviene revisar:

  • presión arterial;

  • colesterol LDL;

  • colesterol HDL;

  • triglicéridos;

  • tabaco;

  • actividad física;

  • función renal;

  • antecedentes cardiovasculares.

El NIDDK señala que la prediabetes suele coexistir con otros factores como hipertensión, alteraciones del colesterol y condiciones relacionadas con la obesidad. (INDDER)

Tratar solo la glucosa puede dejar sin abordar una parte importante del riesgo.

¿Todas las personas progresan?

No.

La velocidad de progresión varía.

Una persona puede permanecer años en el mismo rango.

Otra puede mejorar.

Otra puede desarrollar diabetes en un periodo más breve.

La probabilidad aumenta cuando coinciden:

  • valores próximos al rango de diabetes;

  • HbA1c en la parte alta;

  • obesidad abdominal;

  • diabetes gestacional previa;

  • edad;

  • antecedentes familiares;

  • hígado graso;

  • empeoramiento progresivo;

  • poca actividad.

El seguimiento permite detectar la tendencia y ajustar la intensidad del tratamiento.

¿Puede regresar a valores normales?

Sí.

Muchas personas pueden volver a un rango de glucosa considerado normal mediante:

  • pérdida de grasa cuando existe exceso;

  • aumento de actividad;

  • entrenamiento de fuerza;

  • cambios alimentarios;

  • tratamiento del sueño;

  • reducción del sedentarismo;

  • medicación cuando esté indicada.

Sin embargo, normalizar una analítica no elimina necesariamente toda la predisposición.

Conviene mantener los hábitos y el seguimiento.

Remisión o normalización no significa inmunidad

Una persona que mejora puede volver a presentar alteraciones si:

  • recupera peso;

  • pierde músculo;

  • abandona la actividad;

  • comienza un medicamento que eleva la glucosa;

  • desarrolla otra enfermedad;

  • envejece;

  • cambia el sueño.

La prevención debe entenderse como un proceso mantenido, no como un tratamiento breve que termina cuando una cifra baja.

La evidencia de los programas de prevención

Los grandes estudios de prevención demostraron que una intervención intensiva basada en:

  • pérdida moderada de peso;

  • alimentación;

  • aumento de actividad física

puede reducir o retrasar significativamente la aparición de diabetes tipo 2 en personas de alto riesgo.

Las recomendaciones actuales continúan apoyando programas estructurados capaces de ayudar a conseguir una pérdida aproximada del 7-10 % del peso cuando existe sobrepeso u obesidad, junto con actividad física regular y apoyo conductual. (Diabetes Journals)

No todas las personas necesitan alcanzar exactamente ese porcentaje.

Incluso una pérdida menor puede producir mejoras en:

  • cintura;

  • presión;

  • glucosa;

  • triglicéridos;

  • movilidad.

Pérdida de peso

Cuando existe exceso de grasa corporal, especialmente visceral, adelgazar suele mejorar la sensibilidad a la insulina.

Sin embargo, el objetivo no debería ser perder kilos a cualquier precio.

Una estrategia inadecuada puede causar:

  • pérdida muscular;

  • hambre intensa;

  • fatiga;

  • recuperación posterior;

  • peor relación con la comida.

Conviene combinar:

  • déficit energético moderado;

  • proteínas suficientes;

  • fuerza;

  • actividad aeróbica;

  • sueño;

  • seguimiento.

Proteger la masa muscular

El músculo es uno de los principales tejidos que utiliza glucosa después de comer.

Por eso conservarlo ayuda a mantener una mejor capacidad metabólica.

Durante una pérdida de peso debemos evitar que una parte excesiva proceda de masa magra.

Las herramientas fundamentales son:

  • entrenamiento de fuerza;

  • proteínas adecuadas;

  • pérdida gradual;

  • descanso;

  • tratamiento de enfermedades que limiten la actividad.

En personas mayores, mantener fuerza puede ser tan importante como reducir peso.

Entrenamiento de fuerza

La fuerza mejora la capacidad de los músculos para:

  • utilizar glucosa;

  • almacenar glucógeno;

  • realizar actividad;

  • conservar función.

Puede realizarse mediante:

  • máquinas;

  • pesas;

  • bandas;

  • peso corporal;

  • ejercicios funcionales.

Dos o tres sesiones semanales adaptadas constituyen un buen objetivo para muchas personas.

No es necesario esperar a perder peso antes de comenzar.

Actividad aeróbica

Puede incluir:

  • caminar rápido;

  • bicicleta;

  • natación;

  • baile;

  • elíptica;

  • intervalos adaptados.

Las recomendaciones generales proponen al menos 150 minutos semanales de actividad moderada, distribuidos durante la semana, siempre adaptados a la salud y al punto de partida.

Una persona sedentaria puede comenzar con:

  • diez minutos;

  • caminar después de comer;

  • pausas activas;

  • progresión gradual.

Caminar después de las comidas

Una caminata breve después de comer puede ayudar a:

  • interrumpir el sedentarismo;

  • aumentar la utilización muscular de glucosa;

  • reducir la respuesta glucémica posprandial;

  • acumular actividad.

No necesita ser intensa.

La constancia puede ser más importante que la duración de una sesión aislada.

Reducir el tiempo sentado

Una persona puede realizar ejercicio y permanecer sentada durante muchas horas.

Conviene introducir pausas para:

  • caminar;

  • levantarse;

  • subir escaleras;

  • moverse durante llamadas;

  • realizar varias sentadillas asistidas.

Estas interrupciones no sustituyen el entrenamiento, pero complementan sus efectos.

Alimentación

No existe una única dieta obligatoria.

Pueden ser útiles diferentes patrones siempre que:

  • reduzcan el exceso energético;

  • aporten suficiente proteína;

  • incluyan fibra;

  • sean sostenibles;

  • respeten la salud y preferencias.

Un patrón mediterráneo puede ser una excelente referencia mediante:

  • verduras;

  • frutas enteras;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • aceite de oliva;

  • menor presencia de ultraprocesados.

No es necesario eliminar todos los hidratos

Los hidratos de carbono no forman un grupo uniforme.

No es lo mismo consumir:

  • refrescos;

  • bollería;

  • zumos;

  • galletas;

que consumir:

  • lentejas;

  • avena;

  • fruta entera;

  • verduras;

  • patata;

  • arroz integral.

La cantidad, la calidad, la fibra y la combinación con otros alimentos modifican la respuesta.

Eliminar de forma indiscriminada todos los hidratos puede dificultar:

  • la variedad;

  • el consumo de fibra;

  • la adherencia;

  • el rendimiento físico.

Priorizar fibra

La fibra ayuda a:

  • aumentar saciedad;

  • ralentizar la absorción;

  • mejorar la calidad de la dieta;

  • alimentar la microbiota.

Conviene incluir:

  • legumbres;

  • verduras;

  • fruta entera;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • semillas.

Debe aumentarse progresivamente cuando la ingesta previa es baja.

Proteína en las comidas

Una fuente proteica puede ayudar a:

  • proteger músculo;

  • aumentar saciedad;

  • reducir el picoteo;

  • mejorar la estructura de la comida.

Ejemplos:

  • pescado;

  • huevos;

  • yogur;

  • carne no procesada;

  • legumbres;

  • tofu;

  • queso en cantidades adecuadas.

No es necesario convertir la dieta en un patrón extremadamente hiperproteico.

Bebidas azucaradas

Reducirlas suele ser una de las medidas más eficaces.

Incluyen:

  • refrescos;

  • zumos;

  • bebidas energéticas;

  • cafés preparados;

  • batidos azucarados.

Aportan energía y azúcares de absorción rápida con poca saciedad.

El agua debería ser la bebida principal.

Fruta

La fruta entera puede formar parte de la alimentación de una persona con prediabetes.

Aporta:

  • fibra;

  • agua;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • compuestos vegetales.

No debe confundirse con el zumo.

La cantidad puede individualizarse, pero no existe una razón general para prohibirla.

Grasas saludables

Alimentos como:

  • aceite de oliva;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • pescado azul;

  • aguacate

pueden formar parte de un patrón metabólicamente saludable.

No obstante, aportan energía y las cantidades deben adaptarse cuando existe un objetivo de pérdida de peso.

Ultraprocesados

Reducir productos ultraprocesados puede ayudar a:

  • controlar la energía;

  • aumentar saciedad;

  • mejorar fibra;

  • reducir azúcar;

  • reducir sal;

  • mejorar la calidad global.

No es necesario eliminarlos por completo.

Lo importante es que no constituyan la base cotidiana de la alimentación.

Ayuno intermitente

El ayuno puede ser útil para algunas personas cuando ayuda a:

  • reducir el picoteo;

  • ordenar horarios;

  • disminuir la ingesta;

  • evitar cenas tardías.

No ha demostrado ser imprescindible ni superior en todos los casos.

Puede resultar inadecuado cuando produce:

  • atracones;

  • mareos;

  • dificultad para entrenar;

  • pérdida muscular;

  • ansiedad;

  • mala adherencia.

La herramienta debe adaptarse a la persona.

Sueño y apnea

Dormir poco puede dificultar el control de:

  • hambre;

  • glucosa;

  • actividad;

  • peso.

La apnea obstructiva del sueño es especialmente relevante en personas con:

  • obesidad abdominal;

  • ronquidos;

  • pausas respiratorias;

  • somnolencia;

  • hipertensión.

Tratarla puede mejorar:

  • descanso;

  • energía;

  • capacidad para seguir el programa;

  • salud cardiovascular.

Estrés

El estrés no causa automáticamente prediabetes.

Sin embargo, puede dificultar el tratamiento mediante:

  • peor sueño;

  • hambre emocional;

  • consumo de alcohol;

  • falta de planificación;

  • menor actividad.

La gestión del estrés debe formar parte del plan cuando influye claramente en los hábitos.

Tabaco

El tabaco aumenta el riesgo cardiovascular y también se relaciona con un mayor riesgo de diabetes tipo 2.

La OMS ha señalado que dejar de fumar reduce el riesgo de desarrollar diabetes y mejora el pronóstico general. (Organización Mundial de la Salud)

Puede producirse un aumento temporal del apetito al dejarlo, pero los beneficios superan ampliamente este posible efecto.

Alcohol

El alcohol puede:

  • aportar energía;

  • aumentar triglicéridos;

  • empeorar el sueño;

  • favorecer hígado graso;

  • dificultar decisiones alimentarias.

Reducirlo puede mejorar varios componentes del riesgo cardiometabólico simultáneamente.

Metformina

La metformina es uno de los medicamentos más estudiados para prevenir o retrasar la diabetes tipo 2 en personas con prediabetes de alto riesgo.

No todas las personas la necesitan.

Puede valorarse especialmente cuando existe:

  • obesidad importante;

  • edad relativamente joven;

  • glucosa más elevada;

  • HbA1c en aumento;

  • antecedentes de diabetes gestacional;

  • progresión pese a cambios de estilo de vida.

La decisión debe considerar:

  • función renal;

  • tolerancia digestiva;

  • vitamina B12 durante tratamientos prolongados;

  • otras enfermedades;

  • preferencias.

El tratamiento farmacológico no sustituye el ejercicio ni la alimentación.

¿Es mejor la metformina que cambiar los hábitos?

No son necesariamente estrategias rivales.

En los grandes programas de prevención, la intervención intensiva sobre el estilo de vida fue muy eficaz.

La metformina también redujo la progresión, especialmente en determinados grupos.

En algunas personas basta con una intervención conductual estructurada.

En otras puede ser útil combinar ambas.

La elección depende del riesgo individual.

Medicamentos para la obesidad

Cuando la prediabetes aparece junto con obesidad, tratar eficazmente la obesidad puede reducir de manera importante el riesgo de progresión.

Los estándares de 2026 indican que el manejo de la obesidad puede retrasar la evolución desde prediabetes a diabetes tipo 2. (Diabetes Journals)

El tratamiento puede incluir, según el caso:

  • intervención nutricional;

  • ejercicio;

  • terapia conductual;

  • medicamentos;

  • cirugía metabólica.

No debe utilizarse un mismo plan para todas las personas.

Cirugía metabólica

En personas seleccionadas con obesidad importante, la cirugía metabólica puede mejorar:

  • peso;

  • glucosa;

  • sensibilidad a la insulina;

  • hipertensión;

  • apnea;

  • hígado graso.

Requiere:

  • valoración multidisciplinar;

  • seguimiento;

  • suplementación;

  • protección muscular;

  • cambios alimentarios.

No constituye una solución estética ni una vía sencilla sin cuidados posteriores.

Suplementos

Se comercializan productos para “regular el azúcar” como:

  • canela;

  • berberina;

  • cromo;

  • magnesio;

  • ácido alfa-lipoico;

  • inositol.

La evidencia varía y ninguno sustituye:

  • actividad;

  • pérdida de grasa visceral;

  • alimentación;

  • tratamiento médico;

  • seguimiento.

Además, pueden producir:

  • interacciones;

  • molestias digestivas;

  • alteraciones hepáticas;

  • cambios en la glucosa;

  • problemas durante el embarazo.

Un producto natural también necesita una indicación y una dosis segura.

Monitores continuos de glucosa

Estos dispositivos son muy útiles en muchas personas con diabetes.

En personas sin diabetes pueden mostrar cómo cambia la glucosa después de las comidas.

Sin embargo, también pueden favorecer:

  • ansiedad;

  • vigilancia excesiva;

  • miedo a la fruta;

  • eliminación innecesaria de alimentos;

  • interpretación de variaciones normales como enfermedad.

Una curva aislada no diagnostica prediabetes.

La indicación y la interpretación deben ser prudentes.

Glucómetros domésticos

Un glucómetro capilar no posee la misma precisión que una determinación de laboratorio.

El resultado puede alterarse por:

  • técnica;

  • tiras;

  • lavado de manos;

  • temperatura;

  • momento.

No debe utilizarse como única herramienta diagnóstica.

Puede ser necesario en personas con diabetes o indicaciones concretas, pero no todas las personas con prediabetes deben medirse varias veces al día.

Seguimiento

Las personas con prediabetes deberían realizar controles regulares.

Los estándares de 2026 recomiendan, en general, evaluación anual para vigilar la progresión. (Diabetes Journals)

La frecuencia puede aumentar cuando:

  • los valores están próximos a diabetes;

  • existe un rápido empeoramiento;

  • aparecen síntomas;

  • comienza un medicamento;

  • se produce un embarazo;

  • existe una enfermedad que eleva la glucosa.

El seguimiento puede incluir:

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • presión;

  • lípidos;

  • peso;

  • cintura;

  • función hepática;

  • función renal;

  • composición corporal;

  • actividad.

¿Qué ocurre cuando los valores vuelven a ser normales?

Es una excelente señal.

Sin embargo, conviene:

  • mantener la actividad;

  • conservar músculo;

  • vigilar el peso y la cintura;

  • continuar con una alimentación adecuada;

  • repetir controles según el riesgo.

La predisposición puede continuar.

El objetivo no es únicamente alcanzar una cifra normal, sino mantener un entorno metabólico saludable.

Prediabetes en personas mayores

En edades avanzadas el tratamiento debe individualizarse especialmente.

No siempre es apropiado perseguir una pérdida de peso intensa.

Conviene valorar:

  • fragilidad;

  • sarcopenia;

  • apetito;

  • función renal;

  • esperanza y calidad de vida;

  • medicación;

  • riesgo de caídas;

  • capacidad para cocinar;

  • apoyo social.

Puede ser prioritario:

  • conservar músculo;

  • mantener movilidad;

  • mejorar la calidad de la alimentación;

  • evitar la progresión;

  • controlar el riesgo cardiovascular.

Prediabetes y salud mental

Recibir el diagnóstico puede provocar:

  • miedo;

  • culpa;

  • ansiedad;

  • obsesión con la comida.

Es importante explicar que:

  • no es una condena;

  • no significa haber fracasado;

  • existen herramientas eficaces;

  • no es necesario eliminar todos los alimentos agradables;

  • el plan puede adaptarse.

El miedo puede producir restricciones extremas que después resultan imposibles de mantener.

La educación debe aumentar el control, no la angustia.

Mitos y realidades

“La prediabetes es solo un poco de azúcar.”

Mito.

Es una señal de riesgo metabólico que merece atención.

“Siempre termina en diabetes.”

Mito.

Puede mejorar, estabilizarse o progresar.

“Si no tengo síntomas, no importa.”

Mito.

Suele ser silenciosa.

“Tengo que dejar todos los hidratos.”

Mito.

La calidad, la cantidad y el patrón global importan más que prohibir un grupo completo.

“No puedo comer fruta.”

Mito.

La fruta entera puede formar parte de una alimentación adecuada.

“Solo afecta a personas con obesidad.”

Mito.

También puede aparecer con peso normal.

“Una HbA1c alta confirma siempre el diagnóstico.”

No necesariamente.

Algunas condiciones pueden alterar su fiabilidad.

“Un glucómetro doméstico es suficiente.”

Mito.

El diagnóstico requiere pruebas validadas e interpretación clínica.

“La metformina cura la prediabetes.”

Mito.

Puede reducir la progresión en determinados pacientes, pero la predisposición y otros factores continúan.

“La canela puede sustituir el tratamiento.”

Mito.

Puede utilizarse como especia, pero no reemplaza las intervenciones eficaces.

“Si normalizo la glucosa, puedo abandonar los hábitos.”

Mito.

El mantenimiento es parte del tratamiento.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños consideramos que la prediabetes debe abordarse con seriedad, pero sin alarmismo.

La valoración no debería limitarse a entregar una dieta.

Conviene estudiar:

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • cintura;

  • composición corporal;

  • fuerza;

  • presión;

  • lípidos;

  • hígado;

  • sueño;

  • apnea;

  • medicamentos;

  • menopausia;

  • antecedentes familiares.

El paciente debe comprender:

  • qué prueba está alterada;

  • qué riesgo presenta;

  • qué cambios aportarán mayor beneficio;

  • cómo se medirá la evolución;

  • cuándo se valorará medicación.

Nuestro objetivo no es conseguir que la persona viva pendiente de cada subida de glucosa.

Buscamos que construya una estructura sostenible capaz de mejorar su metabolismo y su calidad de vida.

Ideas clave

  • La prediabetes significa que la glucosa está por encima de lo normal, pero aún no alcanza criterios de diabetes.

  • Suele ser silenciosa.

  • No es inevitable que evolucione hacia diabetes tipo 2.

  • Se diagnostica mediante glucosa en ayunas, HbA1c o tolerancia oral.

  • Las pruebas no siempre coinciden porque evalúan aspectos diferentes.

  • Un único resultado puede necesitar confirmación.

  • La grasa visceral, la pérdida muscular y el sedentarismo aumentan el riesgo.

  • También puede aparecer con peso normal.

  • La diabetes gestacional y el síndrome de ovario poliquístico requieren vigilancia especial.

  • La intervención puede reducir o retrasar significativamente la progresión.

  • Fuerza, actividad aeróbica, alimentación, sueño y reducción del sedentarismo son pilares fundamentales.

  • No es necesario eliminar todos los hidratos ni la fruta.

  • La metformina puede valorarse en personas de alto riesgo.

  • Tratar la obesidad puede disminuir la progresión.

  • Debe vigilarse también la salud cardiovascular, no únicamente la glucosa.

  • El seguimiento suele realizarse al menos anualmente.

  • Normalizar una analítica no elimina la necesidad de mantener los cambios.

Aplicación práctica: plan inicial de doce semanas

Semanas 1 a 4: conocer y ordenar

Evaluación

  • confirmar los resultados;

  • medir cintura;

  • revisar presión y lípidos;

  • estudiar medicamentos;

  • valorar sueño y ronquidos.

Alimentación

  • retirar o reducir refrescos y zumos;

  • incluir verduras en comida y cena;

  • incorporar proteínas;

  • elegir fruta entera;

  • limitar ultraprocesados frecuentes.

Movimiento

  • caminar diez minutos después de una o dos comidas;

  • levantarse con regularidad;

  • comenzar dos sesiones de fuerza.

Semanas 5 a 8: progresar

Fuerza

  • aumentar gradualmente las cargas;

  • trabajar piernas, espalda, pecho y cadera;

  • registrar la evolución.

Actividad aeróbica

  • acercarse progresivamente a los 150 minutos semanales;

  • introducir caminatas algo más rápidas;

  • reducir periodos prolongados sentado.

Alimentación

  • incluir legumbres varias veces por semana;

  • aumentar fibra;

  • revisar porciones;

  • organizar comidas y compras.

Semanas 9 a 12: consolidar

Seguimiento

  • revisar peso y cintura;

  • valorar fuerza;

  • observar calidad del sueño;

  • identificar barreras.

Salud

  • repetir pruebas cuando esté indicado;

  • valorar metformina u otros tratamientos si el riesgo lo justifica;

  • estudiar apnea o hígado graso cuando exista sospecha.

El objetivo no es completar doce semanas perfectas.

Es crear una estructura que pueda mantenerse.

Ejemplo de un día equilibrado

Desayuno

  • yogur natural;

  • avena;

  • fruta;

  • nueces.

Comida

  • lentejas con verduras;

  • ensalada;

  • fruta.

Merienda, cuando exista hambre

  • queso fresco;

  • fruta;

  • un pequeño puñado de frutos secos.

Cena

  • pescado, huevos o tofu;

  • verduras;

  • patata, legumbre o pan integral en una cantidad adaptada.

Actividad

  • paseo después de comer;

  • fuerza dos o tres días por semana.

Las cantidades deben individualizarse según:

  • energía;

  • peso;

  • medicación;

  • edad;

  • actividad;

  • preferencias.

Preguntas frecuentes

¿Puedo tener prediabetes y una glucosa en ayunas normal?

Sí. Puede detectarse mediante HbA1c o prueba de tolerancia.

¿Con qué frecuencia debo repetir la analítica?

Habitualmente al menos una vez al año, aunque puede ser antes cuando el riesgo es elevado o los valores están próximos a diabetes.

¿Debo controlar la glucosa en casa?

No todas las personas con prediabetes lo necesitan.

¿Puedo comer pan?

Sí, en una cantidad y formato adaptados al conjunto de la dieta.

¿Puedo comer plátano, uvas o mango?

Sí. La fruta entera puede formar parte del plan.

¿Tengo que adelgazar?

Depende de la composición corporal y del riesgo. Cuando existe exceso de grasa visceral, perder una cantidad moderada suele aportar beneficios.

¿Qué ejercicio es mejor?

La combinación de fuerza, actividad aeróbica y reducción del sedentarismo.

¿Caminar es suficiente?

Es una herramienta excelente, pero conviene añadir fuerza para proteger músculo y mejorar la utilización de glucosa.

¿La prediabetes desaparece?

Los valores pueden normalizarse. Sin embargo, la predisposición puede mantenerse y requiere seguimiento.

¿Cuándo se utiliza metformina?

Puede valorarse en personas de mayor riesgo, especialmente cuando existen obesidad importante, progresión, valores elevados o antecedentes de diabetes gestacional.

¿Los suplementos ayudan?

Ninguno sustituye la alimentación, el ejercicio y el tratamiento médico cuando esté indicado.

¿Debo preocuparme por cada subida después de comer?

No. La glucosa aumenta fisiológicamente después de las comidas. Lo importante es el contexto y las pruebas diagnósticas.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos la enfermedad que puede aparecer cuando la regulación de la glucosa continúa deteriorándose:

Diabetes tipo 2: comprender la enfermedad para prevenir sus complicaciones y vivir mejor.

Analizaremos:

  • cómo se desarrolla;

  • diagnóstico;

  • síntomas;

  • glucosa y HbA1c;

  • función pancreática;

  • tratamiento nutricional;

  • ejercicio;

  • metformina;

  • agonistas GLP-1;

  • inhibidores SGLT2;

  • insulina;

  • hipoglucemia;

  • salud cardiovascular;

  • riñón;

  • retina;

  • nervios;

  • cuidado de los pies;

  • remisión;

  • seguimiento.

Comprenderemos que la diabetes tipo 2 no se controla únicamente evitando el azúcar. Requiere un abordaje integral que proteja el corazón, los riñones, los ojos, los nervios, el músculo y la calidad de vida.

El próximo será el capítulo 35: Diabetes tipo 2, donde explicaremos el tratamiento moderno sin culpabilizar al paciente ni reducirlo todo a una simple lista de alimentos prohibidos.

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Capítulo 35

Diabetes tipo 2

Comprender la enfermedad para prevenir sus complicaciones y vivir mejor

“La diabetes tipo 2 no se controla únicamente evitando el azúcar. Su tratamiento debe proteger la glucosa, el corazón, los riñones, los ojos, los nervios, los pies y la calidad de vida.”

Una historia cotidiana

Antonio tiene 61 años.

Desde hace tiempo sabe que tiene el azúcar “un poco alta”. Durante varias revisiones le recomendaron perder peso, pero como no sentía ningún síntoma importante fue aplazando los cambios.

Un día comienza a notar:

  • mucha sed;

  • necesidad de orinar varias veces por la noche;

  • cansancio;

  • visión algo borrosa;

  • una pequeña herida en el pie que tarda en cerrar.

Una analítica confirma que su glucosa y su hemoglobina glicosilada se encuentran en el rango de diabetes.

Antonio sale de la consulta asustado.

Piensa que nunca podrá volver a comer pan, fruta o arroz. También cree que terminará utilizando insulina y que las complicaciones son inevitables.

Sin embargo, durante las siguientes consultas aprende algo fundamental:

Tener diabetes tipo 2 no significa que el futuro esté decidido.

Necesita actuar, pero no únicamente sobre el azúcar.

Su tratamiento incluye:

  • alimentación adaptada;

  • pérdida de grasa visceral;

  • entrenamiento de fuerza;

  • caminatas;

  • medicación;

  • control de la presión arterial;

  • revisión del colesterol;

  • estudio renal;

  • examen ocular;

  • cuidado de los pies;

  • evaluación del sueño.

Meses después, sus valores mejoran notablemente.

Antonio comprende que la diabetes no se trata con miedo ni con prohibiciones aisladas.

Se trata con conocimiento, seguimiento y decisiones sostenidas.

Introducción

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica caracterizada por una concentración de glucosa en sangre demasiado elevada.

La glucosa es una fuente esencial de energía.

El problema no es su existencia, sino que permanezca elevada durante demasiado tiempo porque:

  • el organismo no produce suficiente insulina;

  • los tejidos responden mal a ella;

  • o coinciden ambos mecanismos.

La diabetes tipo 2 es la forma más frecuente.

Se desarrolla cuando el cuerpo deja de utilizar correctamente la insulina y el páncreas no consigue producir la cantidad suficiente para compensar esa resistencia.

Puede avanzar durante años sin producir síntomas evidentes.

Cuando no se trata adecuadamente, la hiperglucemia crónica puede dañar vasos sanguíneos y nervios y contribuir a enfermedades del corazón, riñones, retina y extremidades. (Organización Mundial de la Salud)

Sin embargo, muchas complicaciones pueden prevenirse o retrasarse mediante:

  • control metabólico;

  • presión arterial adecuada;

  • tratamiento del colesterol;

  • actividad física;

  • abandono del tabaco;

  • detección temprana;

  • medicamentos seleccionados según el riesgo.

La diabetes moderna no debe abordarse únicamente preguntando:

“¿Cuánto azúcar tiene?”

También debemos preguntar:

  • ¿Cómo está el corazón?

  • ¿Cómo funcionan los riñones?

  • ¿Existe hígado graso?

  • ¿Cómo están los ojos?

  • ¿Hay sensibilidad en los pies?

  • ¿Qué medicamentos ofrecen mayor protección?

  • ¿Cuál es el objetivo realista para esta persona?

¿Qué ocurre en la diabetes tipo 2?

En las etapas iniciales suele existir resistencia a la insulina.

Esto significa que tejidos como:

  • músculo;

  • hígado;

  • tejido adiposo

responden peor a la acción de la hormona.

Para compensarlo, el páncreas produce más insulina.

Durante un tiempo esta estrategia permite mantener la glucosa dentro de límites aparentemente normales.

Pero el sistema puede deteriorarse progresivamente.

Las células beta pancreáticas dejan de producir la cantidad necesaria para superar la resistencia y la glucosa comienza a aumentar.

La diabetes tipo 2 es, por tanto, el resultado de la combinación de:

  • resistencia a la insulina;

  • deterioro progresivo de la función pancreática;

  • alteraciones en la producción hepática de glucosa;

  • cambios en diferentes señales hormonales y metabólicas.

No es simplemente “tener demasiado azúcar”

La glucosa elevada es la manifestación más visible, pero detrás existe una alteración metabólica más amplia.

En muchas personas también aparecen:

  • obesidad abdominal;

  • presión arterial elevada;

  • triglicéridos altos;

  • colesterol HDL bajo;

  • hígado graso;

  • inflamación metabólica;

  • apnea del sueño;

  • pérdida de masa muscular.

Por eso reducir la glucosa sin tratar el riesgo cardiovascular completo puede resultar insuficiente.

Diabetes tipo 1 y tipo 2 no son iguales

Diabetes tipo 1

Es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario destruye las células pancreáticas productoras de insulina.

Las personas con diabetes tipo 1 necesitan insulina para vivir.

Diabetes tipo 2

Suele comenzar con resistencia a la insulina y una producción pancreática insuficiente para compensarla.

Puede tratarse mediante:

  • alimentación;

  • ejercicio;

  • medicamentos no insulínicos;

  • insulina cuando sea necesaria.

No se debe asumir que toda persona adulta con diabetes presenta tipo 2.

En algunas situaciones puede ser necesario estudiar:

  • diabetes autoinmune de inicio adulto;

  • formas monogénicas;

  • enfermedad pancreática;

  • diabetes inducida por medicamentos.

¿Quién puede desarrollar diabetes tipo 2?

El riesgo aumenta con:

  • antecedentes familiares;

  • edad;

  • prediabetes;

  • sobrepeso u obesidad;

  • grasa visceral;

  • sedentarismo;

  • diabetes gestacional;

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • hipertensión;

  • hígado graso;

  • alteraciones de lípidos;

  • ciertos medicamentos.

También puede aparecer en personas con un peso considerado normal, especialmente cuando existe predisposición genética, poca masa muscular o acumulación de grasa visceral.

El riesgo aumenta con la edad, pero la diabetes tipo 2 también puede afectar a personas jóvenes. (INDDER)

Síntomas

La diabetes tipo 2 puede no producir síntomas durante mucho tiempo.

Cuando la glucosa está elevada pueden aparecer:

  • sed intensa;

  • aumento de la cantidad de orina;

  • hambre;

  • cansancio;

  • visión borrosa;

  • hormigueo en manos o pies;

  • heridas que cicatrizan lentamente;

  • infecciones frecuentes;

  • pérdida de peso involuntaria.

Estos síntomas no aparecen en todas las personas y su ausencia no descarta la enfermedad. (INDDER)

Por qué aumenta la sed

Cuando la glucosa supera la capacidad del riñón para reabsorberla, parte se elimina a través de la orina.

La glucosa arrastra agua.

Como consecuencia:

  • aumenta la producción de orina;

  • se pierden líquidos;

  • aparece sed;

  • puede producirse deshidratación.

Este mecanismo suele indicar una hiperglucemia relevante y requiere valoración.

Pérdida de peso involuntaria

Aunque la diabetes tipo 2 se asocia frecuentemente con sobrepeso, una glucosa muy elevada puede provocar pérdida de peso.

Cuando la insulina resulta insuficiente, el organismo tiene dificultades para utilizar adecuadamente la energía y puede recurrir a:

  • grasa;

  • músculo.

Una pérdida no intencionada, especialmente acompañada de sed y poliuria, necesita atención médica.

Cómo se diagnostica

Las pruebas principales son:

  • glucosa plasmática en ayunas;

  • hemoglobina glicosilada;

  • prueba oral de tolerancia a la glucosa;

  • glucosa al azar cuando existen síntomas clásicos.

Los criterios habituales incluyen:

  • glucosa en ayunas igual o superior a 126 mg/dl;

  • HbA1c igual o superior al 6,5 %;

  • glucosa a las dos horas igual o superior a 200 mg/dl después de una carga oral de 75 gramos;

  • glucosa al azar igual o superior a 200 mg/dl acompañada de síntomas claros de hiperglucemia.

En ausencia de síntomas inequívocos, el diagnóstico suele requerir confirmación mediante una segunda determinación. (Diabetes Journals)

Una cifra aislada necesita contexto

Los resultados pueden verse influidos por:

  • infección;

  • cirugía;

  • estrés fisiológico;

  • corticoides;

  • cambios en los glóbulos rojos;

  • enfermedad renal;

  • anemia;

  • embarazo.

Por eso la interpretación debe considerar:

  • síntomas;

  • antecedentes;

  • medicación;

  • evolución;

  • coherencia entre pruebas.

¿Qué mide la hemoglobina glicosilada?

La HbA1c estima la exposición media a la glucosa durante aproximadamente los últimos dos o tres meses.

No representa una media perfecta de cada día ni muestra:

  • grandes fluctuaciones;

  • hipoglucemias;

  • subidas concretas después de las comidas.

Una persona puede tener la misma HbA1c que otra y presentar un patrón diario distinto.

Por ello, en algunos pacientes conviene complementarla con:

  • glucemias capilares;

  • monitorización continua;

  • síntomas;

  • otros indicadores.

Objetivos de glucosa

No existe un único objetivo adecuado para todas las personas.

En muchos adultos puede utilizarse una HbA1c alrededor del 7 % como referencia general, pero el objetivo debe individualizarse.

Puede ser más estricto cuando:

  • la diabetes es reciente;

  • existe bajo riesgo de hipoglucemia;

  • la persona tiene larga esperanza de vida;

  • el tratamiento se tolera bien.

Puede ser menos estricto cuando existe:

  • edad avanzada;

  • fragilidad;

  • enfermedades graves;

  • hipoglucemias;

  • deterioro cognitivo;

  • limitada esperanza de vida;

  • gran complejidad terapéutica.

El objetivo correcto es aquel que reduce el riesgo de complicaciones sin provocar una carga o un peligro desproporcionados.

No debemos tratar únicamente la HbA1c

La HbA1c es importante, pero no resume toda la salud.

También deben controlarse:

  • presión arterial;

  • colesterol;

  • función renal;

  • peso y cintura;

  • tabaco;

  • actividad;

  • retina;

  • sensibilidad de los pies;

  • vacunación;

  • salud emocional.

Los beneficios cardiovasculares y renales de algunos medicamentos pueden justificar su uso independientemente de la cifra de HbA1c o del tratamiento previo con metformina. (Diabetes Journals)

Alimentación

No existe una única dieta para todas las personas con diabetes.

El plan debe adaptarse a:

  • medicación;

  • horarios;

  • peso;

  • cultura;

  • actividad;

  • función renal;

  • preferencias;

  • situación económica;

  • riesgo de hipoglucemia.

Puede seguirse un patrón mediterráneo que priorice:

  • verduras;

  • legumbres;

  • frutas enteras;

  • cereales integrales;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • aceite de oliva;

  • proteínas de calidad.

El objetivo no es eliminar toda la glucosa de la alimentación, algo imposible e innecesario.

Se busca mejorar:

  • calidad;

  • cantidad;

  • distribución;

  • saciedad;

  • composición corporal.

¿Hay que eliminar todos los hidratos?

No.

Los hidratos de carbono incluyen alimentos muy diferentes.

No produce el mismo efecto consumir:

  • refrescos;

  • zumos;

  • bollería;

  • galletas;

que consumir:

  • lentejas;

  • verduras;

  • fruta entera;

  • avena;

  • patata;

  • pan integral.

La respuesta depende de:

  • porción;

  • fibra;

  • preparación;

  • combinación con proteínas o grasas;

  • actividad posterior;

  • respuesta individual.

Algunas personas se benefician de una reducción moderada de hidratos.

Otras mantienen un buen control con una cantidad mayor procedente de alimentos de calidad.

La fruta

La fruta entera puede formar parte del tratamiento.

Aporta:

  • fibra;

  • agua;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • compuestos vegetales.

No debe confundirse con el zumo, que permite ingerir rápidamente los azúcares de varias piezas y produce menor saciedad.

Las cantidades pueden individualizarse, pero prohibir toda la fruta no es una recomendación general adecuada.

Proteínas

Las proteínas ayudan a:

  • conservar músculo;

  • aumentar saciedad;

  • recuperarse del ejercicio;

  • mantener la función.

Pueden proceder de:

  • pescado;

  • huevos;

  • carne no procesada;

  • lácteos;

  • legumbres;

  • tofu;

  • soja;

  • otras fuentes vegetales.

Cuando existe enfermedad renal, la cantidad debe individualizarse.

No toda persona con diabetes necesita una dieta hiperproteica.

Fibra

La fibra contribuye a:

  • moderar la absorción;

  • aumentar la saciedad;

  • mejorar el tránsito;

  • favorecer una dieta de mejor calidad.

Las principales fuentes son:

  • legumbres;

  • verduras;

  • fruta entera;

  • cereales integrales;

  • frutos secos;

  • semillas.

Debe aumentarse progresivamente cuando la ingesta previa es baja.

Grasas

Conviene priorizar:

  • aceite de oliva;

  • frutos secos;

  • pescado azul;

  • semillas;

  • aguacate.

Las grasas insaturadas pueden formar parte de un patrón cardioprotector.

Sin embargo, aportan energía y las cantidades continúan siendo importantes cuando existe un objetivo de pérdida de peso.

Azúcar

Una persona con diabetes no necesita considerar el azúcar como un veneno.

Sí conviene reducir especialmente:

  • bebidas azucaradas;

  • bollería;

  • dulces frecuentes;

  • postres industriales;

  • cafés preparados;

  • zumos.

Un consumo ocasional y planificado puede ser compatible con un buen control en muchas personas.

La clave está en el patrón, la cantidad y la medicación.

Edulcorantes

Pueden ayudar a reducir azúcar en determinados contextos.

No convierten automáticamente un producto en saludable.

Un alimento sin azúcar puede contener:

  • harinas refinadas;

  • grasas;

  • sal;

  • mucha energía.

A largo plazo también puede resultar útil acostumbrar el paladar a un dulzor menos intenso.

Alcohol

El alcohol puede:

  • aportar energía;

  • aumentar triglicéridos;

  • empeorar el sueño;

  • favorecer hígado graso;

  • producir hipoglucemia tardía en personas tratadas con insulina o determinados medicamentos.

No debe consumirse para obtener supuestos beneficios cardiovasculares.

Quien decida beber necesita conocer su interacción con el tratamiento.

Actividad física

El ejercicio mejora la utilización muscular de glucosa y puede aumentar la sensibilidad a la insulina.

El programa debería combinar:

  • actividad aeróbica;

  • entrenamiento de fuerza;

  • reducción del tiempo sentado;

  • equilibrio cuando corresponda.

El movimiento también protege:

  • corazón;

  • músculo;

  • hueso;

  • autonomía;

  • salud mental.

Entrenamiento de fuerza

El músculo es uno de los principales destinos de la glucosa.

Entrenarlo ayuda a:

  • conservar masa muscular;

  • almacenar glucógeno;

  • mejorar la función;

  • reducir fragilidad;

  • mantener independencia.

Dos o tres sesiones semanales adaptadas pueden ser especialmente útiles.

En adultos mayores no debería centrarse todo el tratamiento en perder peso, ignorando el riesgo de perder músculo.

Actividad aeróbica

Puede incluir:

  • caminar rápido;

  • bicicleta;

  • natación;

  • baile;

  • elíptica;

  • intervalos adaptados.

La recomendación general para muchos adultos es acercarse progresivamente a 150 minutos semanales de actividad moderada, siempre considerando la situación clínica.

Una persona sedentaria puede comenzar con periodos de cinco o diez minutos.

Caminar después de comer

Una caminata breve puede:

  • activar el músculo;

  • reducir el tiempo sentado;

  • ayudar a moderar la subida posprandial;

  • aumentar la actividad total.

No sustituye el tratamiento, pero es una estrategia sencilla y práctica.

Riesgo de hipoglucemia durante el ejercicio

El ejercicio puede reducir la glucosa.

El riesgo de hipoglucemia es mayor en personas que utilizan:

  • insulina;

  • sulfonilureas;

  • otros fármacos que aumentan la secreción de insulina.

Puede ser necesario ajustar:

  • dosis;

  • alimento previo;

  • horario;

  • intensidad;

  • control de glucosa.

No todas las personas necesitan comer antes de hacer ejercicio.

La decisión depende del tratamiento y del nivel de glucosa.

Tratamiento farmacológico

Actualmente existen diferentes grupos de medicamentos.

La elección no depende únicamente del azúcar.

Debe considerar:

  • enfermedad cardiovascular;

  • insuficiencia cardíaca;

  • enfermedad renal;

  • obesidad;

  • riesgo de hipoglucemia;

  • función hepática;

  • coste;

  • tolerancia;

  • preferencias.

El tratamiento moderno debe adaptarse al perfil global del paciente.

Metformina

La metformina continúa siendo un tratamiento muy utilizado.

Actúa principalmente reduciendo la producción hepática de glucosa y mejorando la sensibilidad.

Entre sus ventajas se encuentran:

  • amplia experiencia;

  • bajo riesgo de hipoglucemia cuando se utiliza sola;

  • coste generalmente reducido;

  • efecto neutro o moderadamente favorable sobre el peso.

Puede producir:

  • náuseas;

  • diarrea;

  • molestias abdominales.

Comenzar con dosis pequeñas y aumentarlas progresivamente puede mejorar la tolerancia.

Durante tratamientos prolongados puede ser apropiado vigilar la vitamina B12 en determinadas personas.

La función renal debe revisarse para confirmar que su uso resulte adecuado.

Agonistas del receptor GLP-1

Estos medicamentos imitan o potencian señales intestinales implicadas en:

  • secreción de insulina dependiente de glucosa;

  • saciedad;

  • reducción del apetito;

  • vaciamiento gástrico.

Pueden ayudar a:

  • mejorar la HbA1c;

  • reducir peso;

  • disminuir el riesgo cardiovascular con determinados fármacos en pacientes seleccionados.

Los posibles efectos adversos incluyen:

  • náuseas;

  • vómitos;

  • diarrea;

  • estreñimiento;

  • sensación de plenitud.

No deben adquirirse ni utilizarse sin seguimiento.

La dosis suele aumentarse progresivamente.

Agonistas duales

Existen medicamentos que actúan sobre más de una vía incretínica.

Pueden producir reducciones importantes de:

  • glucosa;

  • peso.

Sin embargo, no son adecuados para todas las personas y comparten precauciones digestivas y clínicas.

Su uso debe formar parte de una estrategia médica completa, no de una búsqueda de pérdida rápida sin seguimiento.

Inhibidores SGLT2

Actúan en los riñones aumentando la eliminación de glucosa mediante la orina.

Pueden ofrecer beneficios importantes en personas con:

  • insuficiencia cardíaca;

  • enfermedad renal;

  • riesgo cardiovascular.

Los posibles efectos adversos incluyen:

  • infecciones genitales;

  • aumento de la orina;

  • deshidratación;

  • hipotensión;

  • cetoacidosis poco frecuente, incluso sin glucosa extremadamente elevada.

En determinadas situaciones, como enfermedad aguda, ayuno prolongado o cirugía, puede ser necesario suspenderlos temporalmente siguiendo indicaciones profesionales.

Inhibidores DPP-4

Aumentan la actividad de determinadas hormonas incretinas.

Suelen presentar:

  • bajo riesgo de hipoglucemia cuando se utilizan solos;

  • efecto generalmente neutro sobre el peso;

  • administración oral.

Su capacidad para reducir glucosa suele ser moderada.

La elección depende de la situación clínica y de otros tratamientos.

Sulfonilureas

Estimulan la producción de insulina por el páncreas.

Pueden reducir eficazmente la glucosa, pero aumentan el riesgo de:

  • hipoglucemia;

  • ganancia de peso.

Requieren especial prudencia en:

  • personas mayores;

  • enfermedad renal;

  • horarios de comida irregulares;

  • quienes viven solos;

  • pacientes con episodios previos.

Pioglitazona

Mejora la sensibilidad a la insulina.

Puede resultar útil en determinadas personas, pero puede producir:

  • aumento de peso;

  • retención de líquidos;

  • empeoramiento de insuficiencia cardíaca;

  • aumento del riesgo de fracturas en algunos pacientes.

La selección debe ser individual.

Insulina

La insulina no representa un fracaso.

Puede ser necesaria cuando:

  • existe hiperglucemia importante;

  • aparecen síntomas;

  • el páncreas produce poca cantidad;

  • otros medicamentos no consiguen el objetivo;

  • existe una enfermedad aguda;

  • determinados tratamientos están contraindicados.

En algunos casos se utiliza temporalmente.

En otros se convierte en un tratamiento mantenido.

El objetivo es proteger al organismo, no castigar al paciente.

¿La insulina empeora la diabetes?

No.

La insulina reduce la glucosa y evita el daño de la hiperglucemia.

Puede favorecer aumento de peso si no se ajustan alimentación y dosis, y puede causar hipoglucemia, pero estos riesgos se reducen mediante:

  • educación;

  • control;

  • ajuste;

  • tecnología;

  • seguimiento.

Retrasar un tratamiento necesario por miedo puede ser más peligroso.

Hipoglucemia

La hipoglucemia significa que la glucosa desciende por debajo de un nivel seguro.

Suele relacionarse con:

  • insulina;

  • sulfonilureas;

  • menor ingesta;

  • ejercicio;

  • alcohol;

  • errores de dosis;

  • enfermedad renal.

Los síntomas pueden incluir:

  • temblor;

  • sudor;

  • hambre;

  • palpitaciones;

  • irritabilidad;

  • mareo;

  • confusión;

  • somnolencia.

En casos graves pueden aparecer:

  • convulsiones;

  • pérdida de conciencia;

  • incapacidad para tratarse sin ayuda.

La regla 15-15

Ante una hipoglucemia leve o moderada en una persona consciente, suele utilizarse una pauta como:

  1. Tomar aproximadamente 15 gramos de hidrato de absorción rápida.

  2. Esperar 15 minutos.

  3. Volver a medir.

  4. Repetir si continúa baja.

Algunas opciones pueden ser:

  • glucosa en tabletas;

  • gel;

  • una cantidad medida de bebida azucarada.

El chocolate no suele ser la mejor opción inmediata porque su grasa puede retrasar la absorción.

La pauta exacta debe enseñarse individualmente.

Hipoglucemia grave

Si la persona:

  • está inconsciente;

  • no puede tragar;

  • presenta convulsiones;

  • está muy confusa,

no deben administrarse alimentos o bebidas por la boca.

Puede necesitarse glucagón y asistencia urgente.

Las personas de su entorno deberían saber:

  • dónde se encuentra;

  • cómo utilizarlo;

  • cuándo solicitar emergencias.

Hipoglucemia inadvertida

Después de episodios repetidos, algunas personas dejan de percibir los síntomas iniciales.

Esto aumenta el riesgo de hipoglucemia grave.

Puede ser necesario:

  • revisar los objetivos;

  • ajustar tratamiento;

  • utilizar monitorización continua;

  • evitar nuevas hipoglucemias durante un periodo.

Monitorización de glucosa

No todas las personas con diabetes tipo 2 necesitan medirse varias veces al día.

La necesidad depende de:

  • insulina;

  • medicamentos con riesgo de hipoglucemia;

  • control;

  • embarazo;

  • cambios terapéuticos;

  • enfermedad;

  • síntomas.

Medir sin saber cómo actuar ante el resultado puede generar ansiedad y aportar poca utilidad.

Monitorización continua

Los sensores muestran la glucosa a lo largo del día y permiten observar:

  • tendencias;

  • respuesta a comidas;

  • ejercicio;

  • hipoglucemias;

  • variabilidad.

Son especialmente útiles en muchas personas tratadas con insulina.

También pueden emplearse en otros contextos seleccionados.

El sensor mide glucosa intersticial, que puede presentar cierto retraso respecto a la sangre, especialmente durante cambios rápidos.

Salud cardiovascular

Las personas con diabetes presentan un riesgo aumentado de:

  • infarto;

  • ictus;

  • insuficiencia cardíaca;

  • enfermedad arterial periférica.

El tratamiento debe abordar:

  • glucosa;

  • presión arterial;

  • colesterol;

  • tabaco;

  • ejercicio;

  • peso;

  • función renal.

Controlar estos factores puede reducir de forma importante las complicaciones.

La atención cardiovascular constituye una parte central de los estándares actuales. (Diabetes Journals)

Presión arterial

La hipertensión es frecuente en la diabetes.

El objetivo debe individualizarse según:

  • edad;

  • riesgo;

  • tolerancia;

  • enfermedad renal;

  • posibles mareos;

  • fragilidad.

Una presión demasiado alta aumenta el riesgo cardiovascular y renal.

Una reducción excesiva también puede causar:

  • mareo;

  • caídas;

  • deterioro de la función.

Colesterol

Muchas personas con diabetes se benefician de tratamiento con estatinas según:

  • edad;

  • riesgo cardiovascular;

  • antecedentes;

  • colesterol LDL;

  • enfermedad renal.

La decisión no depende únicamente de si el colesterol está “un poco alto”.

La diabetes puede situar a la persona en un grupo de mayor riesgo.

Enfermedad renal diabética

La diabetes puede dañar los pequeños vasos y estructuras de filtración renal.

La enfermedad puede progresar sin síntomas.

Por eso deben revisarse:

  • creatinina;

  • filtrado glomerular estimado;

  • albúmina en orina.

Una orina aparentemente normal no descarta daño microscópico.

El control de glucosa y presión, junto con medicamentos con protección renal cuando están indicados, puede retrasar la progresión. (INDDER)

Albúmina en la orina

La presencia de pequeñas cantidades de albúmina puede ser una señal temprana de daño renal.

Puede aumentar temporalmente por:

  • ejercicio intenso;

  • infección;

  • fiebre;

  • descompensación;

  • menstruación.

Por ello, un resultado alterado puede necesitar confirmación.

Retinopatía diabética

La retina contiene pequeños vasos que pueden dañarse por la hiperglucemia mantenida.

La retinopatía puede avanzar sin producir síntomas en sus primeras fases.

Cuando aparecen alteraciones visuales, el daño puede encontrarse más avanzado.

Por eso es fundamental realizar exploraciones oculares periódicas.

El riesgo está relacionado especialmente con:

  • duración de la diabetes;

  • control glucémico;

  • presión arterial;

  • embarazo;

  • enfermedad renal.

La retinopatía es una complicación neurovascular específica y la optimización del control glucémico ayuda a prevenir o retrasar su progresión. (Diabetes Journals)

Cuándo revisar los ojos

En la diabetes tipo 2 suele recomendarse una valoración ocular desde el momento del diagnóstico, porque la enfermedad puede llevar años presente antes de detectarse.

La frecuencia posterior depende de:

  • hallazgos;

  • control;

  • duración;

  • embarazo;

  • criterio del oftalmólogo.

La revisión debe incluir la retina y no limitarse a comprobar la graduación de las gafas.

Neuropatía

La neuropatía diabética es daño nervioso relacionado con la diabetes.

Puede afectar:

  • pies;

  • piernas;

  • manos;

  • aparato digestivo;

  • vejiga;

  • función sexual;

  • corazón.

Los síntomas pueden incluir:

  • hormigueo;

  • quemazón;

  • dolor;

  • pérdida de sensibilidad;

  • sensación de corriente;

  • debilidad.

La neuropatía no debe asumirse automáticamente en todo paciente con hormigueo.

También pueden existir:

  • déficit de vitamina B12;

  • compresión nerviosa;

  • enfermedad tiroidea;

  • alcohol;

  • problemas de columna;

  • otros trastornos.

Pérdida de sensibilidad

Cuando una persona pierde sensibilidad en los pies puede no notar:

  • una piedra en el zapato;

  • una rozadura;

  • una quemadura;

  • una herida;

  • una presión excesiva.

Una lesión pequeña puede progresar antes de ser descubierta.

Por eso el cuidado diario resulta tan importante.

Cuidado de los pies

Conviene:

  • observar los pies cada día;

  • revisar plantas y espacios entre dedos;

  • lavar y secar cuidadosamente;

  • hidratar la piel evitando exceso entre los dedos;

  • utilizar calzado adecuado;

  • no caminar descalzo;

  • revisar el interior del zapato;

  • consultar ante heridas, cambios de color o inflamación.

Las personas con pérdida visual o movilidad limitada pueden necesitar ayuda.

Uñas y durezas

No conviene utilizar:

  • cuchillas;

  • productos cáusticos;

  • instrumentos agresivos.

Las personas con neuropatía, mala circulación o deformidades deberían recibir atención podológica adecuada.

Una pequeña lesión puede convertirse en un problema serio.

Signos de alarma en el pie

Requieren valoración rápida:

  • herida;

  • secreción;

  • enrojecimiento;

  • calor;

  • hinchazón;

  • color oscuro;

  • mal olor;

  • dolor nuevo;

  • pie frío o pálido;

  • deformidad repentina.

La diabetes puede causar úlceras, infección y, en casos graves, amputación, especialmente cuando coinciden neuropatía y mala circulación. (Organización Mundial de la Salud)

Enfermedad arterial periférica

La diabetes puede favorecer el estrechamiento de las arterias de las piernas.

Puede manifestarse mediante:

  • dolor al caminar que mejora al parar;

  • pies fríos;

  • heridas que no cierran;

  • cambios de color;

  • pulsos débiles.

También puede no producir dolor cuando existe neuropatía.

Salud bucodental

La diabetes mal controlada puede asociarse con:

  • enfermedad periodontal;

  • infecciones;

  • sequedad oral;

  • peor cicatrización.

A su vez, una infección periodontal importante puede dificultar el control glucémico.

La higiene oral y las revisiones dentales forman parte del cuidado integral.

Infecciones

La hiperglucemia puede favorecer algunas infecciones, como:

  • urinarias;

  • cutáneas;

  • genitales;

  • candidiasis.

Las infecciones también pueden elevar la glucosa y descompensar la diabetes.

Ante fiebre, vómitos o enfermedad importante puede ser necesario aumentar la vigilancia y ajustar el tratamiento.

Días de enfermedad

Cuando una persona está enferma puede:

  • comer menos;

  • deshidratarse;

  • presentar glucosa elevada;

  • vomitar;

  • sufrir cambios en la función renal.

No siempre deben suspenderse todos los medicamentos.

Algunos necesitan mantenerse y otros pueden requerir una pausa temporal.

Es importante disponer de un plan escrito que indique:

  • qué medir;

  • qué beber;

  • cuándo ajustar;

  • cuándo consultar;

  • qué tratamientos suspender temporalmente.

Crisis hiperglucémicas

Una hiperglucemia muy importante puede producir emergencias como:

  • estado hiperosmolar;

  • cetoacidosis.

Aunque la cetoacidosis es más frecuente en diabetes tipo 1, puede aparecer en tipo 2, especialmente en determinadas circunstancias o tratamientos.

Los síntomas de alarma incluyen:

  • vómitos;

  • dolor abdominal;

  • respiración rápida;

  • somnolencia;

  • confusión;

  • deshidratación;

  • glucosa muy elevada;

  • incapacidad para beber.

Requieren asistencia urgente.

Salud sexual

La diabetes puede afectar:

  • circulación;

  • nervios;

  • hormonas;

  • bienestar emocional.

En hombres puede favorecer disfunción eréctil.

En mujeres puede relacionarse con:

  • sequedad;

  • infecciones;

  • molestias;

  • menor excitación.

No debe asumirse que estos problemas son una consecuencia inevitable de la edad.

Pueden tratarse y también constituir una señal temprana de alteración vascular.

Salud emocional

Vivir con diabetes puede producir:

  • cansancio mental;

  • miedo;

  • culpa;

  • frustración;

  • ansiedad ante las cifras;

  • temor a las complicaciones.

Existe un fenómeno denominado malestar relacionado con la diabetes.

No es lo mismo que depresión, aunque ambos pueden coexistir.

La atención debería preguntar:

  • cómo se siente la persona;

  • cuánto le pesa el tratamiento;

  • qué barreras encuentra;

  • qué apoyo necesita.

Sueño y apnea

La apnea obstructiva es frecuente en personas con diabetes tipo 2 y obesidad abdominal.

Puede contribuir a:

  • cansancio;

  • hipertensión;

  • peor control metabólico;

  • mayor riesgo cardiovascular.

Conviene sospecharla ante:

  • ronquidos;

  • pausas respiratorias;

  • despertares con ahogo;

  • somnolencia;

  • cefalea matutina.

Hígado graso

La diabetes tipo 2 se relaciona estrechamente con la enfermedad hepática metabólica.

Puede evolucionar desde:

  • acumulación de grasa;

  • inflamación;

  • fibrosis;

  • cirrosis.

No todas las personas presentan enzimas hepáticas elevadas.

En pacientes de riesgo puede ser necesario estimar la posibilidad de fibrosis mediante análisis, índices o pruebas de imagen.

Vacunación

La diabetes puede aumentar el riesgo de complicaciones de determinadas infecciones.

Las vacunas deben mantenerse actualizadas según:

  • edad;

  • país;

  • enfermedades;

  • tratamiento.

Pueden incluir, según indicación:

  • gripe;

  • COVID-19;

  • neumococo;

  • hepatitis B;

  • herpes zóster;

  • otras del calendario.

Remisión de la diabetes tipo 2

En algunas personas, especialmente cuando la enfermedad es relativamente reciente y se consigue una pérdida importante de peso, la glucosa puede volver a valores inferiores al rango diabético sin medicación durante un periodo.

Esto se denomina remisión, no curación.

La predisposición continúa y puede producirse una recaída.

El seguimiento debe mantenerse porque todavía pueden existir:

  • riesgo cardiovascular;

  • complicaciones previas;

  • recuperación del peso;

  • deterioro pancreático futuro.

Cómo puede conseguirse la remisión

Puede aparecer después de:

  • pérdida significativa de peso;

  • intervención nutricional intensiva;

  • cirugía metabólica;

  • tratamiento farmacológico seguido de mantenimiento;

  • combinación de estrategias.

No todas las personas pueden alcanzarla.

No conseguirla no significa que el tratamiento haya fracasado.

También son resultados excelentes:

  • mejorar la HbA1c;

  • reducir medicación;

  • evitar complicaciones;

  • ganar fuerza;

  • proteger el riñón;

  • mejorar la calidad de vida.

Cirugía metabólica

En personas seleccionadas con obesidad, la cirugía puede producir mejoras importantes de:

  • peso;

  • diabetes;

  • presión;

  • apnea;

  • calidad de vida.

No es una intervención sencilla ni exclusivamente estética.

Requiere:

  • evaluación multidisciplinar;

  • suplementación;

  • controles;

  • alimentación adaptada;

  • protección muscular;

  • seguimiento de por vida.

Diabetes en personas mayores

El tratamiento debe adaptarse especialmente cuando existe:

  • fragilidad;

  • deterioro cognitivo;

  • caídas;

  • insuficiencia renal;

  • polimedicación;

  • dificultad para comer;

  • dependencia.

En estas situaciones puede ser más peligroso provocar hipoglucemias que mantener una glucosa ligeramente por encima del objetivo habitual.

La simplificación del tratamiento puede mejorar:

  • seguridad;

  • adherencia;

  • calidad de vida.

Los estándares de 2026 incluyen recomendaciones específicas para adultos mayores y priorizan la individualización. (Diabetes Journals)

Diabetes y menopausia

La menopausia puede coincidir con:

  • mayor grasa visceral;

  • pérdida muscular;

  • cambios en el sueño;

  • mayor riesgo cardiovascular;

  • cambios urogenitales.

En mujeres con diabetes adquieren especial importancia:

  • fuerza;

  • salud ósea;

  • presión;

  • colesterol;

  • función renal;

  • cuidado sexual y urinario;

  • prevención cardiovascular.

Mitos y realidades

“La diabetes aparece por comer azúcar.”

Mito.

Su desarrollo es multifactorial e incluye genética, resistencia a la insulina, composición corporal, actividad y función pancreática.

“Una persona con diabetes nunca puede comer fruta.”

Mito.

La fruta entera puede formar parte del plan.

“Necesitar insulina significa que el paciente fracasó.”

Mito.

Puede reflejar la progresión natural de la enfermedad o una necesidad temporal.

“Si no tengo síntomas, la diabetes no me perjudica.”

Mito.

Puede dañar tejidos silenciosamente.

“Solo importa controlar la glucosa.”

Mito.

También deben protegerse corazón, riñón, ojos, nervios y pies.

“La metformina daña siempre los riñones.”

Mito.

No suele causar daño renal, pero su uso debe adaptarse cuando la función renal está reducida.

“Los nuevos medicamentos sirven únicamente para adelgazar.”

Mito.

Algunos también ofrecen protección cardiovascular o renal en pacientes seleccionados.

“Si la HbA1c está bien, puedo dejar la medicación.”

Mito.

Puede estar bien precisamente porque el tratamiento funciona.

“Los productos sin azúcar pueden comerse sin límite.”

Mito.

Pueden aportar energía, grasa o harina refinada.

“La diabetes tipo 2 siempre es irreversible.”

Incompleto.

Algunas personas pueden alcanzar remisión, pero necesitan seguimiento.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que la diabetes no debe abordarse mediante una lista de alimentos prohibidos.

Una valoración integral debería incluir:

  • glucosa y HbA1c;

  • presión arterial;

  • colesterol;

  • función renal;

  • cintura y composición corporal;

  • fuerza;

  • actividad física;

  • sueño;

  • medicación;

  • pies;

  • retina;

  • salud emocional.

El paciente necesita comprender:

  • qué medicamento toma;

  • para qué sirve;

  • qué riesgo presenta;

  • cómo reconocer una hipoglucemia;

  • cuándo consultar;

  • cómo integrar el tratamiento en la vida cotidiana.

Nuestro objetivo no debería ser obtener una analítica perfecta a cualquier precio.

Buscamos conseguir un control seguro, sostenible y capaz de proteger la calidad de vida durante muchos años.

Ideas clave

  • La diabetes tipo 2 combina resistencia a la insulina y una producción pancreática insuficiente.

  • Puede permanecer sin síntomas durante años.

  • El diagnóstico se establece mediante pruebas de laboratorio validadas.

  • Los objetivos de glucosa deben individualizarse.

  • La HbA1c no representa toda la salud del paciente.

  • Alimentación, fuerza y actividad aeróbica forman parte del tratamiento.

  • No es necesario eliminar todos los hidratos ni toda la fruta.

  • La elección farmacológica debe considerar corazón, riñón, peso y riesgo de hipoglucemia.

  • La insulina no representa un fracaso.

  • La hipoglucemia puede ser peligrosa y necesita educación.

  • Deben revisarse periódicamente riñones, retina, nervios y pies.

  • La diabetes aumenta el riesgo cardiovascular.

  • El cuidado diario de los pies puede prevenir lesiones graves.

  • Algunas personas pueden alcanzar remisión, pero necesitan seguimiento.

  • El tratamiento debe proteger simultáneamente glucosa, función y calidad de vida.

Aplicación práctica: calendario anual de cuidados

La frecuencia exacta debe individualizarse.

En cada revisión o con regularidad

  • presión arterial;

  • peso y cintura;

  • adherencia;

  • síntomas;

  • episodios de hipoglucemia;

  • medicación;

  • actividad;

  • alimentación.

Varias veces al año

  • HbA1c, según control y tratamiento;

  • revisión de objetivos;

  • función renal cuando proceda;

  • lípidos según riesgo.

Al menos periódicamente

  • albúmina en orina;

  • filtrado renal;

  • examen ocular;

  • exploración de pies;

  • evaluación de sensibilidad;

  • salud dental;

  • vacunación.

Cuando existan síntomas

  • apnea del sueño;

  • disfunción sexual;

  • depresión o malestar;

  • hígado graso;

  • enfermedad arterial periférica.

Plan práctico de doce semanas

Semanas 1 a 4: comprender

  • revisar medicación;

  • aprender a interpretar glucosa;

  • identificar riesgo de hipoglucemia;

  • retirar bebidas azucaradas;

  • caminar después de algunas comidas;

  • comenzar fuerza adaptada.

Semanas 5 a 8: progresar

  • mejorar verduras, fibra y proteína;

  • aumentar gradualmente el ejercicio;

  • revisar sueño;

  • controlar presión;

  • observar pies diariamente.

Semanas 9 a 12: consolidar

  • evaluar HbA1c cuando corresponda;

  • revisar peso y cintura;

  • ajustar tratamiento;

  • completar controles renal y ocular;

  • identificar barreras;

  • preparar un plan para enfermedad y viajes.

Preguntas frecuentes

¿La diabetes tipo 2 puede curarse?

Puede alcanzar remisión en algunas personas, pero no se considera una curación definitiva.

¿Puedo comer pan?

Sí, en una cantidad y formato adaptados al plan.

¿Puedo comer fruta?

Sí. La fruta entera suele ser compatible con el tratamiento.

¿Debo medir la glucosa todos los días?

Depende de la medicación, el control y el riesgo de hipoglucemia.

¿Qué valor de HbA1c es bueno?

El objetivo es individual. Alrededor del 7 % es una referencia frecuente, pero no adecuada para todo el mundo.

¿La metformina produce hipoglucemia?

Utilizada sola presenta un riesgo bajo.

¿Los medicamentos GLP-1 son para siempre?

La duración depende de la respuesta, la indicación y el mantenimiento. Al suspenderlos pueden reaparecer hambre, peso o hiperglucemia.

¿La insulina engorda?

Puede favorecer aumento de peso, pero el ajuste del tratamiento, la alimentación y el ejercicio ayudan a limitarlo.

¿Qué hago si tengo una herida en el pie?

No debe esperar a que empeore. Conviene solicitar valoración, especialmente si existe enrojecimiento, secreción, calor o pérdida de sensibilidad.

¿Puedo hacer ejercicio con diabetes?

Sí, en la mayoría de los casos. Debe adaptarse al tratamiento y a las complicaciones existentes.

¿Cómo sé si tengo una hipoglucemia?

Puede producir temblor, sudor, hambre, palpitaciones, confusión o somnolencia. La educación individual es esencial.

¿Una HbA1c normal significa que ya no tengo diabetes?

No necesariamente. Puede reflejar un buen control o una remisión que requiere seguimiento.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos uno de los órganos más afectados por la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes:

Hígado graso metabólico: cómo se acumula grasa en el hígado y cuándo puede convertirse en una enfermedad grave.

Analizaremos:

  • función del hígado;

  • grasa hepática;

  • obesidad abdominal;

  • resistencia a la insulina;

  • alcohol;

  • triglicéridos;

  • inflamación;

  • fibrosis;

  • cirrosis;

  • analíticas;

  • ecografía;

  • índices de riesgo;

  • pérdida de peso;

  • ejercicio;

  • alimentación;

  • medicamentos;

  • seguimiento.

Comprenderemos que una persona puede presentar hígado graso sin dolor y con transaminasas normales, y que detectar el riesgo de fibrosis es más importante que limitarse a saber si existe grasa.

El siguiente será el capítulo 36: Hígado graso metabólico, donde explicaremos por qué el hígado puede enfermar silenciosamente y qué intervenciones ayudan realmente a protegerlo.

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Capítulo 36

Hígado graso metabólico

Cómo se acumula grasa en el hígado y cuándo puede convertirse en una enfermedad grave

“La cantidad de grasa acumulada en el hígado es importante, pero el factor que mejor predice la evolución es la presencia y el grado de fibrosis.”

Una historia cotidiana

Carmen tiene 54 años.

Durante una ecografía abdominal realizada por molestias digestivas aparece una frase que no esperaba:

“Esteatosis hepática compatible con hígado graso.”

Carmen se sorprende porque apenas consume alcohol y nunca ha sentido dolor en la zona del hígado.

Su médico le explica que también presenta:

  • aumento del perímetro abdominal;

  • triglicéridos elevados;

  • prediabetes;

  • hipertensión;

  • poca actividad física.

Carmen busca información y encuentra mensajes contradictorios.

En algunas páginas se afirma que el hígado graso es inofensivo.

En otras se anuncia que puede terminar inevitablemente en cirrosis o cáncer.

También encuentra productos “depurativos” que prometen limpiar el hígado en pocas semanas.

La realidad es más compleja.

Muchas personas con acumulación de grasa hepática nunca desarrollarán una enfermedad avanzada. Otras pueden presentar inflamación, cicatrización progresiva y, con el tiempo, cirrosis.

La diferencia no se determina únicamente observando si existe grasa en una ecografía.

Es necesario valorar:

  • factores metabólicos;

  • consumo de alcohol;

  • analíticas;

  • medicamentos;

  • posibles causas alternativas;

  • riesgo de fibrosis.

Carmen comprende entonces una idea fundamental:

El objetivo no es “desengrasar” el hígado mediante una cura rápida, sino mejorar la salud metabólica y detectar si existe cicatrización antes de que aparezcan complicaciones.

Introducción

El hígado graso metabólico es una de las enfermedades hepáticas crónicas más frecuentes.

Durante años se denominó enfermedad del hígado graso no alcohólico o NAFLD.

En 2023 se introdujo una nueva nomenclatura.

Actualmente se utiliza el término:

MASLD

Son las siglas inglesas de enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.

El cambio pretende describir mejor el mecanismo de la enfermedad y evitar que el diagnóstico se base únicamente en excluir un consumo elevado de alcohol.

MASLD se caracteriza por:

  • acumulación de grasa en el hígado;

  • presencia de uno o más factores de riesgo cardiometabólico;

  • ausencia de otra causa que explique mejor la esteatosis.

Entre los factores metabólicos asociados se encuentran:

  • sobrepeso u obesidad;

  • cintura abdominal elevada;

  • diabetes tipo 2;

  • prediabetes;

  • hipertensión;

  • triglicéridos elevados;

  • colesterol HDL bajo.

La enfermedad abarca desde una acumulación de grasa relativamente sencilla hasta formas con inflamación, lesión de las células hepáticas, fibrosis y cirrosis.

¿Qué funciones realiza el hígado?

El hígado es uno de los órganos metabólicos más importantes.

Participa en:

  • regulación de la glucosa;

  • almacenamiento de glucógeno;

  • metabolismo de grasas;

  • producción de proteínas;

  • formación de bilis;

  • procesamiento de medicamentos;

  • transformación de hormonas;

  • eliminación y modificación de sustancias;

  • producción de factores de coagulación;

  • regulación del colesterol.

También recibe una gran parte de los nutrientes absorbidos en el intestino.

Esto lo sitúa en una posición central entre:

  • alimentación;

  • tejido adiposo;

  • páncreas;

  • músculo;

  • circulación.

Cuando el metabolismo se altera, el hígado suele ser uno de los primeros órganos en reflejarlo.

¿Qué significa tener grasa en el hígado?

El hígado normal contiene una pequeña cantidad de grasa.

Hablamos de esteatosis cuando la acumulación supera determinados límites.

La grasa se almacena principalmente en forma de triglicéridos dentro de los hepatocitos, las principales células hepáticas.

La acumulación puede proceder de:

  • ácidos grasos liberados por el tejido adiposo;

  • grasas de la alimentación;

  • fabricación de grasa a partir de otros nutrientes;

  • menor capacidad para exportarla;

  • alteraciones de su oxidación.

En la resistencia a la insulina aumenta la llegada de ácidos grasos desde el tejido adiposo al hígado y puede incrementarse la producción hepática de nuevas grasas.

Por eso MASLD está estrechamente relacionada con:

  • obesidad abdominal;

  • prediabetes;

  • diabetes tipo 2;

  • triglicéridos elevados;

  • síndrome metabólico.

El hígado graso no se debe únicamente a comer grasa

Este es un error frecuente.

El hígado puede fabricar grasa a partir del exceso de energía procedente de diferentes fuentes.

Pueden contribuir:

  • exceso energético total;

  • bebidas azucaradas;

  • hidratos refinados;

  • alcohol;

  • grasas de baja calidad;

  • sedentarismo;

  • resistencia a la insulina.

Esto no significa que los hidratos o las grasas sean tóxicos por definición.

El problema aparece cuando el patrón mantenido favorece:

  • exceso de grasa visceral;

  • alteraciones de glucosa;

  • sobrecarga metabólica;

  • acumulación hepática.

Esteatosis, MASH, fibrosis y cirrosis

No todas las personas con hígado graso se encuentran en la misma etapa.

Esteatosis metabólica

Existe acumulación de grasa, pero sin evidencia clara de inflamación y lesión celular significativa.

En muchas personas puede permanecer estable o mejorar.

MASH

MASH significa esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica.

Además de grasa aparecen:

  • inflamación;

  • lesión de los hepatocitos;

  • posibles cambios fibróticos.

MASH presenta un riesgo mayor de progresión que la esteatosis aislada.

Fibrosis

La fibrosis es la acumulación de tejido cicatricial como respuesta a una lesión mantenida.

Puede clasificarse de manera aproximada desde:

  • F0: ausencia de fibrosis;

  • F1: fibrosis leve;

  • F2: fibrosis moderada o clínicamente significativa;

  • F3: fibrosis avanzada;

  • F4: cirrosis.

Cirrosis

En la cirrosis la arquitectura hepática está profundamente alterada por la cicatrización.

Puede permanecer compensada durante un tiempo y, posteriormente, producir complicaciones.

Las guías europeas consideran la fibrosis el principal determinante de los resultados hepáticos a largo plazo.

La grasa no es lo mismo que la fibrosis

Una persona puede presentar bastante grasa y poca fibrosis.

Otra puede tener menos esteatosis visible, pero una cicatrización más avanzada.

Por eso una ecografía que informa únicamente de “hígado graso” no responde a la pregunta más importante:

¿Existe fibrosis significativa?

El tratamiento y el seguimiento dependen especialmente de esa respuesta.

¿Por qué se produce fibrosis?

Cuando las células hepáticas sufren una agresión repetida, el organismo intenta reparar el tejido.

Este proceso activa células que fabrican componentes cicatriciales.

Si el estímulo desaparece a tiempo, parte de la fibrosis puede reducirse.

Si continúa, la cicatrización puede avanzar y alterar:

  • circulación dentro del hígado;

  • producción de proteínas;

  • depuración de sustancias;

  • función general del órgano.

Entre los factores relacionados con progresión se encuentran:

  • diabetes tipo 2;

  • obesidad;

  • edad;

  • consumo de alcohol;

  • inflamación hepática;

  • predisposición genética;

  • enfermedades asociadas;

  • fibrosis ya existente.

El hígado puede enfermar sin producir dolor

MASLD suele ser silenciosa.

Muchas personas se enteran por:

  • una ecografía;

  • transaminasas elevadas;

  • una analítica realizada por otro motivo;

  • estudios de diabetes u obesidad;

  • una tomografía o resonancia.

Algunas personas pueden referir:

  • cansancio;

  • molestia en la parte superior derecha del abdomen;

  • sensación de pesadez.

Estos síntomas son inespecíficos y no indican el grado de daño.

Una persona puede presentar fibrosis avanzada y encontrarse aparentemente bien.

También puede sentirse cansada y no tener una enfermedad hepática importante.

Las transaminasas

Las principales enzimas analizadas son:

  • ALT o GPT;

  • AST o GOT.

Pueden elevarse cuando existe lesión celular.

Sin embargo:

  • una ALT normal no descarta MASLD;

  • una ALT normal no descarta fibrosis;

  • una elevación leve no confirma MASH;

  • cifras elevadas pueden tener otras causas.

Las transaminasas pueden modificarse por:

  • medicamentos;

  • alcohol;

  • hepatitis virales;

  • ejercicio intenso;

  • enfermedad muscular;

  • autoinmunidad;

  • otras enfermedades hepáticas.

No debe diagnosticarse ni descartarse fibrosis utilizando únicamente ALT y AST. Las guías recomiendan combinar la información clínica con pruebas no invasivas de fibrosis.

Otras pruebas del perfil hepático

También pueden medirse:

  • GGT;

  • fosfatasa alcalina;

  • bilirrubina;

  • albúmina;

  • tiempo de protrombina;

  • plaquetas.

Estas pruebas aportan información diferente.

GGT

Puede elevarse por:

  • alcohol;

  • grasa hepática;

  • medicamentos;

  • obstrucción biliar;

  • otros procesos.

No es una prueba específica de consumo de alcohol.

Bilirrubina

Puede aumentar cuando el hígado no procesa o elimina adecuadamente la bilirrubina, aunque existen causas benignas y no hepáticas.

Albúmina

Una albúmina baja puede indicar una capacidad reducida de síntesis en enfermedad avanzada, pero también aparece en desnutrición, inflamación o pérdidas renales.

Plaquetas

Un descenso puede ser una pista indirecta de hipertensión portal o fibrosis avanzada, aunque también tiene muchas otras causas.

Una analítica normal no significa necesariamente un hígado sano

Esta es una de las ideas más importantes del capítulo.

Una persona puede tener:

  • esteatosis;

  • MASH;

  • fibrosis

con transaminasas dentro del rango del laboratorio.

Por ello, quienes presentan factores de riesgo importantes, especialmente diabetes tipo 2 u obesidad con alteraciones metabólicas, pueden necesitar una estratificación específica del riesgo de fibrosis.

La ecografía

La ecografía abdominal es una prueba frecuente, accesible y no invasiva.

Puede detectar una acumulación moderada o importante de grasa.

El hígado puede aparecer más brillante de lo habitual.

Sin embargo, la ecografía tiene limitaciones:

  • puede no detectar esteatosis leve;

  • la precisión disminuye en determinadas personas;

  • no diferencia bien la inflamación;

  • no mide de forma fiable la fibrosis temprana;

  • depende del equipo y del operador.

Una ecografía normal no descarta completamente MASLD.

Y una ecografía con esteatosis no determina por sí sola si existe MASH.

Elastografía

La elastografía estima la rigidez del hígado.

Una mayor rigidez puede sugerir fibrosis.

Puede realizarse mediante:

  • elastografía transitoria;

  • determinadas técnicas ecográficas;

  • resonancia magnética.

La elastografía transitoria también puede estimar la cantidad de grasa mediante parámetros adicionales.

Sin embargo, la rigidez puede aumentar temporalmente por:

  • inflamación;

  • congestión;

  • obstrucción biliar;

  • comida reciente;

  • otras condiciones.

El resultado debe interpretarse con los datos clínicos.

Resonancia magnética

La resonancia puede medir la cantidad de grasa hepática con gran precisión.

Algunas técnicas también estiman fibrosis.

Se utiliza especialmente en:

  • casos seleccionados;

  • investigación;

  • resultados inciertos;

  • seguimiento especializado.

No todas las personas con hígado graso necesitan una resonancia.

Tomografía

La tomografía puede detectar esteatosis moderada o avanzada, pero no suele ser la prueba preferida exclusivamente para estudiar grasa hepática porque implica radiación y presenta limitaciones para cuantificar formas leves.

Con frecuencia la esteatosis se descubre incidentalmente en una tomografía realizada por otro motivo.

¿Qué es el FIB-4?

El FIB-4 es un índice calculado mediante:

  • edad;

  • AST;

  • ALT;

  • número de plaquetas.

No requiere una prueba especial y puede ayudar a estimar el riesgo de fibrosis avanzada.

Se utiliza principalmente como primera herramienta para identificar a las personas con bajo riesgo y decidir quién necesita pruebas adicionales.

No diagnostica la fibrosis de manera definitiva.

Interpretación general del FIB-4

En numerosos algoritmos clínicos:

  • un resultado bajo reduce la probabilidad de fibrosis avanzada;

  • un resultado intermedio requiere otra evaluación;

  • un resultado elevado aumenta la sospecha y puede justificar derivación.

Las guías europeas señalan que el FIB-4 presenta limitaciones en el rango intermedio, en personas con diabetes y en edades avanzadas. A partir de los 65 años se utilizan umbrales ajustados porque la edad puede elevar artificialmente el resultado.

No debe calcularse durante:

  • enfermedad aguda;

  • elevaciones transitorias importantes;

  • situaciones que alteren las plaquetas o las transaminasas.

FIB-4 no sustituye una valoración médica

Un resultado bajo no significa que el hígado nunca necesite seguimiento.

Un resultado alto no confirma automáticamente cirrosis.

Puede verse afectado por:

  • edad;

  • enfermedad muscular;

  • medicamentos;

  • alteraciones de plaquetas;

  • inflamación aguda;

  • otras enfermedades hepáticas.

Cuando el resultado no es claramente bajo suelen utilizarse pruebas de segundo nivel, como:

  • elastografía;

  • ELF;

  • técnicas especializadas;

  • valoración hepatológica.

¿Qué es el test ELF?

ELF significa Enhanced Liver Fibrosis.

Es una prueba sanguínea que combina marcadores relacionados con el remodelado del tejido cicatricial.

Puede ayudar a estimar el riesgo de fibrosis avanzada.

No está disponible en todos los centros y debe interpretarse dentro de un algoritmo clínico.

¿Es necesaria una biopsia?

La biopsia hepática consiste en obtener una pequeña muestra de tejido.

Puede ofrecer información detallada sobre:

  • grasa;

  • inflamación;

  • lesión celular;

  • fibrosis.

Durante años se consideró la referencia para diagnosticar MASH.

Sin embargo, es invasiva y presenta limitaciones:

  • dolor;

  • sangrado poco frecuente;

  • error de muestreo;

  • variabilidad en la interpretación.

Actualmente suele reservarse para situaciones como:

  • diagnóstico incierto;

  • sospecha de varias enfermedades;

  • resultados discordantes;

  • decisión terapéutica especializada.

La mayoría de las personas con sospecha de MASLD no necesita una biopsia inicial.

Descartar otras causas

Encontrar grasa no significa que toda la enfermedad sea metabólica.

Conviene revisar posibles causas adicionales:

  • alcohol;

  • hepatitis B o C;

  • medicamentos;

  • enfermedades autoinmunes;

  • hemocromatosis;

  • enfermedad de Wilson en casos seleccionados;

  • enfermedad celíaca;

  • alteraciones nutricionales;

  • pérdida rápida de peso;

  • trastornos lipídicos poco frecuentes.

Una persona puede tener más de una causa al mismo tiempo.

Alcohol y enfermedad metabólica

La nueva clasificación reconoce que metabolismo y alcohol pueden coexistir.

Cuando existe esteatosis, factores metabólicos y un consumo de alcohol moderado por encima de los límites definidos para MASLD, puede utilizarse el término MetALD.

No existe una separación absoluta entre hígado metabólico e hígado relacionado con alcohol.

Ambos factores pueden potenciarse.

Una persona con diabetes, obesidad abdominal o fibrosis no debería interpretar que una cantidad “moderada” de alcohol es necesariamente segura para su hígado.

Las guías recomiendan valorar individualmente el consumo y desaconsejan el alcohol en pacientes con fibrosis avanzada o cirrosis.

¿Existe una cantidad segura de alcohol?

No puede establecerse una cantidad completamente segura para todas las personas con enfermedad hepática.

El riesgo depende de:

  • cantidad;

  • frecuencia;

  • distribución;

  • sexo;

  • genética;

  • medicación;

  • diabetes;

  • fibrosis;

  • otras enfermedades.

En presencia de MASH, fibrosis significativa o cirrosis, la opción más prudente suele ser evitarlo.

Una persona no debería beber vino para obtener antioxidantes o proteger el corazón.

MASLD y obesidad

La obesidad, especialmente abdominal, es uno de los principales factores asociados.

Sin embargo, no todas las personas con MASLD presentan obesidad.

También puede aparecer con un IMC normal cuando existen:

  • grasa visceral;

  • poca masa muscular;

  • predisposición genética;

  • diabetes;

  • alteraciones de lípidos;

  • determinadas características étnicas.

Por eso debe valorarse la composición corporal y no únicamente el peso.

MASLD y diabetes tipo 2

La relación es bidireccional.

La diabetes aumenta el riesgo de:

  • MASH;

  • fibrosis;

  • cirrosis;

  • complicaciones hepáticas.

A su vez, MASLD se asocia con mayor riesgo de desarrollar diabetes y enfermedad cardiovascular.

Las guías europeas consideran especialmente importante buscar fibrosis en personas con diabetes tipo 2.

MASLD y síndrome metabólico

Con frecuencia coinciden:

  • cintura elevada;

  • hipertensión;

  • triglicéridos altos;

  • HDL bajo;

  • glucosa alterada.

La presencia de varios componentes aumenta la probabilidad de enfermedad hepática y cardiovascular.

MASLD debe interpretarse como parte de un trastorno sistémico, no como un problema aislado del hígado.

Riesgo cardiovascular

Muchas personas con MASLD presentan más riesgo de sufrir:

  • infarto;

  • ictus;

  • insuficiencia cardíaca;

  • enfermedad renal.

En las fases no cirróticas, las enfermedades cardiovasculares constituyen una causa muy importante de complicaciones y mortalidad.

Por eso el tratamiento debe incluir:

  • presión arterial;

  • colesterol;

  • diabetes;

  • tabaco;

  • actividad física;

  • sueño;

  • composición corporal.

No basta con observar las transaminasas.

MASLD y enfermedad renal

La enfermedad renal crónica aparece con mayor frecuencia en personas con alteraciones metabólicas y MASLD.

Pueden compartir mecanismos como:

  • diabetes;

  • hipertensión;

  • inflamación;

  • disfunción vascular.

Conviene vigilar:

  • creatinina;

  • filtrado glomerular;

  • albúmina en orina;

  • presión.

¿Puede causar cáncer de hígado?

La cirrosis aumenta notablemente el riesgo de carcinoma hepatocelular.

El cáncer también puede aparecer, con menor frecuencia, en personas con MASLD sin cirrosis.

Los programas regulares de vigilancia se concentran especialmente en pacientes con cirrosis y en determinados grupos de riesgo avanzado.

No toda persona con esteatosis necesita ecografías cada seis meses para buscar cáncer.

El seguimiento debe depender de la etapa.

Cirrosis compensada

Una persona puede presentar cirrosis sin síntomas evidentes.

El hígado conserva todavía suficiente función.

En esta etapa es fundamental prevenir:

  • progresión;

  • descompensación;

  • hemorragias;

  • cáncer;

  • infecciones.

Cirrosis descompensada

Pueden aparecer complicaciones como:

  • ascitis;

  • ictericia;

  • hemorragia digestiva;

  • encefalopatía;

  • pérdida muscular;

  • insuficiencia renal;

  • infecciones.

Estos síntomas requieren atención especializada.

Señales de alarma

Conviene solicitar valoración urgente ante:

  • color amarillo en piel u ojos;

  • abdomen que aumenta rápidamente;

  • vómitos con sangre;

  • heces negras;

  • confusión;

  • somnolencia inusual;

  • sangrado fácil;

  • hinchazón importante de piernas;

  • pérdida rápida de peso;

  • fiebre junto con enfermedad hepática avanzada.

No suelen aparecer en las fases iniciales de MASLD.

Su presencia puede indicar una enfermedad avanzada u otra causa importante.

¿Puede mejorar la grasa hepática?

Sí.

La esteatosis puede disminuir cuando mejora el balance metabólico.

Pueden contribuir:

  • pérdida de peso;

  • ejercicio;

  • mejora de la glucosa;

  • reducción del alcohol;

  • cambios alimentarios;

  • tratamiento de la obesidad;

  • control de triglicéridos.

La inflamación y parte de la fibrosis también pueden mejorar, especialmente antes de que la cirrosis esté muy avanzada.

Pérdida de peso y resultados hepáticos

En personas con sobrepeso u obesidad, la pérdida de peso es una de las intervenciones con mayor evidencia.

De forma general:

  • una reducción superior al 5 % puede disminuir la grasa hepática;

  • alrededor del 7-10 % puede mejorar inflamación y MASH;

  • pérdidas superiores al 10 % ofrecen una mayor posibilidad de mejorar la fibrosis.

Estas cifras son objetivos aproximados y no garantizan el mismo resultado en todas las personas. Las guías europeas recomiendan objetivos progresivos de reducción de peso según la gravedad y la capacidad del paciente.

La pérdida debe ser sostenible

Una dieta extrema puede producir inicialmente una reducción rápida de grasa hepática.

Sin embargo, si genera:

  • hambre intensa;

  • pérdida muscular;

  • fatiga;

  • recuperación de peso;

  • abandono,

el beneficio puede desaparecer.

El tratamiento debe proteger:

  • músculo;

  • calidad nutricional;

  • salud ósea;

  • adherencia.

Personas con peso normal

Cuando no existe exceso de peso evidente, el objetivo no siempre es adelgazar mucho.

Puede resultar más apropiado:

  • reducir cintura;

  • ganar músculo;

  • mejorar la calidad dietética;

  • aumentar actividad;

  • controlar diabetes y lípidos;

  • evitar alcohol.

Una pequeña reducción de peso puede ser útil en algunos casos, pero debe evitarse la desnutrición.

Ejercicio sin pérdida de peso

El ejercicio puede reducir grasa hepática y mejorar la sensibilidad a la insulina incluso cuando el peso cambia poco.

Son útiles:

  • actividad aeróbica;

  • entrenamiento de fuerza;

  • reducción del sedentarismo.

El mejor programa es el que pueda mantenerse.

Las guías aconsejan realizar actividad física regular, adaptada a las preferencias y capacidad, y limitar el tiempo sedentario.

Actividad aeróbica

Puede incluir:

  • caminar rápido;

  • bicicleta;

  • natación;

  • baile;

  • elíptica;

  • intervalos adaptados.

Ayuda a mejorar:

  • resistencia;

  • grasa visceral;

  • sensibilidad a la insulina;

  • riesgo cardiovascular.

Una persona sedentaria puede comenzar con diez minutos y progresar.

Entrenamiento de fuerza

Es fundamental para:

  • conservar músculo;

  • mejorar la utilización de glucosa;

  • mantener autonomía;

  • reducir el riesgo de sarcopenia durante la pérdida de peso.

Puede realizarse:

  • dos o tres días por semana;

  • con máquinas;

  • pesas;

  • bandas;

  • ejercicios funcionales.

La fuerza y el ejercicio aeróbico son complementarios.

Alimentación mediterránea

El patrón mediterráneo es una de las opciones con mejor respaldo general para la salud metabólica.

Prioriza:

  • verduras;

  • legumbres;

  • fruta entera;

  • cereales integrales;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • aceite de oliva;

  • proteínas poco procesadas.

Limita:

  • bebidas azucaradas;

  • carnes procesadas;

  • bollería;

  • productos ultraprocesados;

  • exceso de sal;

  • alcohol.

Puede mejorar la calidad metabólica incluso antes de que exista una pérdida de peso importante.

Bebidas azucaradas

Su reducción es especialmente importante.

Aportan:

  • azúcares libres;

  • energía líquida;

  • poca saciedad.

Un consumo frecuente puede favorecer:

  • aumento de peso;

  • triglicéridos;

  • producción hepática de grasa;

  • resistencia a la insulina.

También conviene revisar:

  • zumos;

  • bebidas energéticas;

  • cafés comerciales;

  • batidos azucarados.

¿Hay que eliminar la fruta?

No.

La fruta entera aporta:

  • fibra;

  • agua;

  • vitaminas;

  • polifenoles;

  • saciedad.

No equivale a un refresco ni a un zumo.

Las cantidades pueden adaptarse cuando existe diabetes, pero no se recomienda prohibir la fruta de forma general.

Hidratos de carbono

No es necesario eliminar todos los hidratos.

Conviene distinguir entre:

Opciones de mejor calidad

  • legumbres;

  • avena;

  • verduras;

  • fruta entera;

  • cereales integrales;

  • patata en cantidades adaptadas.

Opciones que conviene limitar

  • refrescos;

  • bollería;

  • galletas;

  • cereales azucarados;

  • harinas refinadas en exceso;

  • postres frecuentes.

La cantidad total continúa siendo importante.

Grasas

No todas las grasas producen el mismo efecto.

Conviene priorizar:

  • aceite de oliva;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • pescado azul.

Y moderar especialmente:

  • grasas trans;

  • productos ultraprocesados;

  • exceso de grasas saturadas;

  • fritos frecuentes.

Una dieta rica en grasas saludables también puede aportar demasiada energía si las porciones son excesivas.

Proteínas

Las proteínas ayudan a proteger músculo durante la pérdida de peso.

Pueden proceder de:

  • pescado;

  • huevos;

  • lácteos;

  • legumbres;

  • tofu;

  • carnes no procesadas.

La cantidad debe adaptarse en enfermedad renal o cirrosis avanzada.

Café

Los estudios observacionales han relacionado el consumo de café con menor riesgo de progresión de enfermedad hepática en determinados grupos.

Sin embargo:

  • no es un tratamiento;

  • no todas las personas lo toleran;

  • añadir azúcar, nata o jarabes cambia la bebida;

  • no debe utilizarse para compensar alcohol o mala alimentación.

Una persona que ya toma café y lo tolera puede mantenerlo dentro de un patrón saludable.

No es obligatorio comenzar a beberlo para proteger el hígado.

Ayuno intermitente

Puede ayudar a algunas personas a:

  • reducir la ingesta;

  • perder peso;

  • evitar picoteo nocturno.

No se ha demostrado que sea imprescindible ni superior a todos los patrones convencionales para MASLD.

La eficacia depende principalmente de:

  • adherencia;

  • pérdida de peso;

  • calidad nutricional;

  • capacidad para conservar músculo.

En diabetes tratada con fármacos que causan hipoglucemia necesita supervisión.

Dietas cetogénicas

Pueden producir pérdida de peso y reducción de grasa hepática a corto plazo en algunas personas.

Sin embargo:

  • son restrictivas;

  • pueden ser difíciles de mantener;

  • modifican lípidos de forma variable;

  • pueden reducir fibra;

  • requieren adaptación farmacológica en diabetes;

  • no son necesarias para todos los pacientes.

La elección debe basarse en seguridad, preferencias y seguimiento.

Dietas detox

No existe una bebida, infusión o zumo capaz de limpiar selectivamente el hígado.

El hígado ya participa en el procesamiento de sustancias.

Las curas detox pueden:

  • aportar mucho azúcar;

  • desplazar proteínas;

  • causar diarrea;

  • interactuar con medicamentos;

  • provocar toxicidad.

El tratamiento real consiste en reducir las causas de sobrecarga metabólica.

Suplementos y plantas

Se comercializan productos como:

  • cardo mariano;

  • alcachofa;

  • cúrcuma;

  • té verde concentrado;

  • mezclas hepatoprotectoras.

La evidencia clínica suele ser limitada o inconsistente.

Además, algunos suplementos pueden producir daño hepático.

No debe suponerse que una planta es segura porque se vende sin receta.

Es importante informar al profesional sobre todos los productos utilizados.

Vitamina E

La vitamina E se ha estudiado en algunos pacientes con MASH.

No es un tratamiento general para todas las personas.

Las dosis farmacológicas pueden asociarse con riesgos y deben valorarse según:

  • diabetes;

  • enfermedad cardiovascular;

  • sangrado;

  • características del paciente.

No debe iniciarse por cuenta propia.

Pioglitazona

La pioglitazona puede mejorar la esteatohepatitis en determinados pacientes, especialmente cuando existe diabetes tipo 2.

Sin embargo, puede producir:

  • aumento de peso;

  • retención de líquidos;

  • empeoramiento de insuficiencia cardíaca;

  • mayor riesgo de fracturas en algunos grupos.

La elección debe ser individual.

Agonistas GLP-1 y tratamientos para la obesidad

Los agonistas GLP-1 y otros tratamientos incretínicos pueden mejorar:

  • peso;

  • glucosa;

  • grasa hepática;

  • riesgo cardiovascular.

Parte del beneficio se relaciona con la pérdida de peso.

Desde marzo de 2026, la Unión Europea cuenta con una autorización condicional específica de semaglutida bajo la marca Kayshild para adultos con MASH no cirrótica y fibrosis hepática, utilizada junto con dieta y actividad física.

Esto no significa que cualquier persona con una ecografía compatible con hígado graso deba utilizar semaglutida.

La indicación exige:

  • diagnóstico adecuado;

  • fibrosis;

  • ausencia de cirrosis;

  • valoración especializada;

  • revisión de contraindicaciones;

  • seguimiento.

Resmetirom

Resmetirom es un medicamento dirigido al receptor beta de hormona tiroidea en el hígado.

En la Unión Europea, Rezdiffra recibió autorización condicional el 18 de agosto de 2025 para determinados adultos con MASH no cirrótica y fibrosis moderada o avanzada.

No está indicado para:

  • toda persona con esteatosis;

  • personas sin fibrosis significativa;

  • automedicación;

  • sustituir alimentación y ejercicio.

Puede requerir control de:

  • función hepática;

  • función tiroidea;

  • lípidos;

  • interacciones farmacológicas.

La selección corresponde a especialistas con experiencia en enfermedad hepática.

Los medicamentos no sustituyen el tratamiento metabólico

Incluso cuando se utiliza un fármaco específico, continúan siendo necesarios:

  • alimentación;

  • actividad física;

  • tratamiento de la obesidad;

  • control de diabetes;

  • colesterol;

  • presión arterial;

  • reducción del alcohol.

MASLD es una enfermedad sistémica.

Un medicamento dirigido al hígado no elimina automáticamente el riesgo cardiovascular.

Estatinas

Las estatinas reducen el colesterol LDL y el riesgo cardiovascular.

Muchas personas con MASLD pueden tomarlas de forma segura cuando están indicadas.

La presencia de hígado graso no constituye por sí sola una razón para evitar una estatina.

Pueden aparecer elevaciones de enzimas, pero el daño hepático grave es poco frecuente.

El riesgo cardiovascular suele ser mayor que el riesgo hepático del tratamiento.

Tratamiento de los triglicéridos

Puede incluir:

  • pérdida de peso;

  • reducción de alcohol;

  • control de diabetes;

  • actividad física;

  • menor consumo de azúcares libres;

  • medicamentos en determinados casos.

El objetivo no es únicamente mejorar el hígado.

También reducir el riesgo de pancreatitis y enfermedad cardiovascular según la gravedad.

Cirugía metabólica

En personas seleccionadas con obesidad, la cirugía puede producir mejoras importantes en:

  • peso;

  • diabetes;

  • grasa hepática;

  • MASH;

  • riesgo cardiovascular.

No suele recomendarse exclusivamente como tratamiento de cirrosis avanzada y requiere una evaluación experta.

También necesita:

  • seguimiento nutricional;

  • suplementación;

  • protección muscular;

  • vigilancia hepática.

Control de la presión arterial

La hipertensión forma parte del riesgo cardiometabólico.

Su tratamiento protege:

  • corazón;

  • cerebro;

  • riñones.

No existe una medicación antihipertensiva universalmente mejor para toda persona con MASLD.

La elección depende de:

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • albuminuria;

  • tolerancia;

  • riesgo cardiovascular.

Apnea del sueño

La apnea obstructiva aparece con frecuencia junto a:

  • obesidad abdominal;

  • diabetes;

  • MASLD.

Puede aumentar la hipoxia nocturna y empeorar el entorno metabólico.

Conviene sospecharla ante:

  • ronquidos;

  • pausas respiratorias;

  • somnolencia;

  • cefalea matutina;

  • hipertensión difícil de controlar.

Tabaco

Fumar aumenta el riesgo:

  • cardiovascular;

  • oncológico;

  • respiratorio.

Una persona con MASLD ya puede presentar un riesgo cardiometabólico elevado.

Dejar de fumar es una intervención prioritaria aunque produzca un pequeño aumento temporal de peso.

Sarcopenia

MASLD puede coexistir con pérdida de masa y fuerza muscular.

La sarcopenia puede empeorar:

  • sensibilidad a la insulina;

  • capacidad funcional;

  • pronóstico en enfermedad hepática avanzada.

Por eso un programa centrado exclusivamente en reducir kilos puede ser contraproducente.

Conviene medir también:

  • fuerza;

  • capacidad para levantarse;

  • velocidad de marcha;

  • actividad.

Seguimiento

La frecuencia depende del riesgo.

Riesgo bajo

Puede realizarse seguimiento en atención primaria mediante:

  • control metabólico;

  • FIB-4 periódico;

  • peso y cintura;

  • diabetes;

  • lípidos;

  • presión.

Riesgo intermedio

Puede requerir:

  • elastografía;

  • pruebas adicionales;

  • seguimiento más frecuente;

  • valoración especializada.

Riesgo alto o fibrosis avanzada

Necesita atención hepatológica para:

  • confirmar la etapa;

  • valorar tratamientos;

  • vigilar complicaciones;

  • realizar seguimiento de cirrosis cuando corresponda.

¿Cada cuánto debe repetirse el FIB-4?

Depende de los factores de riesgo.

Las personas con:

  • diabetes tipo 2;

  • varios factores metabólicos;

  • alteraciones persistentes

pueden necesitar reevaluaciones más frecuentes que alguien con un riesgo inicial bajo.

No existe un intervalo único para todos los pacientes.

La decisión se adapta al resultado inicial y a la evolución metabólica.

Qué debemos vigilar además del hígado

  • presión arterial;

  • glucosa y HbA1c;

  • colesterol LDL;

  • triglicéridos;

  • función renal;

  • albuminuria;

  • peso y cintura;

  • fuerza;

  • actividad;

  • apnea;

  • alcohol;

  • salud cardiovascular.

La intervención más eficaz suele ser aquella que mejora varios sistemas simultáneamente.

Mitos y realidades

“Si no bebo alcohol, no puedo tener hígado graso.”

Mito.

La disfunción metabólica es una causa muy frecuente.

“El hígado graso siempre es benigno.”

Mito.

Muchas personas no progresan, pero otras desarrollan MASH, fibrosis y cirrosis.

“Si las transaminasas son normales, no existe fibrosis.”

Mito.

La fibrosis puede aparecer con enzimas normales.

“La ecografía indica exactamente el grado de daño.”

Mito.

Detecta grasa, pero no define con precisión inflamación ni fibrosis.

“El hígado duele cuando está enfermo.”

Mito.

La enfermedad puede avanzar sin dolor.

“Un zumo detox limpia el hígado.”

Mito.

No elimina la grasa ni la fibrosis y puede aportar mucho azúcar.

“La grasa del hígado se debe únicamente a comer grasa.”

Mito.

Intervienen exceso energético, resistencia a la insulina, azúcares, alcohol, genética y otros factores.

“Para curarlo hay que eliminar todos los hidratos.”

Mito.

Conviene mejorar la calidad y la cantidad de la alimentación, no prohibir automáticamente todos los hidratos.

“Los suplementos naturales son inocuos.”

Mito.

Algunos pueden producir toxicidad hepática o interacciones.

“Las estatinas dañan el hígado y deben evitarse.”

Mito en términos generales.

Pueden utilizarse con seguridad en muchas personas con MASLD cuando están indicadas.

“Cualquier persona con hígado graso necesita medicación específica.”

Mito.

Los tratamientos dirigidos se reservan para pacientes seleccionados, especialmente con MASH y fibrosis.

“Si adelgazo, ya no necesito seguimiento.”

Mito.

El riesgo debe reevaluarse, especialmente si existía fibrosis.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que encontrar grasa en el hígado no debe producir pánico, pero tampoco debe ignorarse.

Una valoración responsable debería revisar:

  • peso y cintura;

  • presión arterial;

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • triglicéridos y colesterol;

  • consumo de alcohol;

  • medicamentos y suplementos;

  • transaminasas;

  • plaquetas;

  • FIB-4;

  • necesidad de elastografía;

  • fuerza y masa muscular;

  • calidad del sueño.

Nuestro objetivo no es prometer una limpieza hepática rápida.

Buscamos:

  • reducir grasa visceral;

  • proteger músculo;

  • mejorar el metabolismo;

  • identificar fibrosis;

  • disminuir el riesgo cardiovascular;

  • derivar al especialista cuando sea necesario.

Ideas clave

  • MASLD es la nueva denominación del hígado graso asociado a disfunción metabólica.

  • Se relaciona con obesidad, diabetes, hipertensión y alteraciones de lípidos.

  • La enfermedad puede evolucionar desde esteatosis hasta MASH, fibrosis y cirrosis.

  • La fibrosis es uno de los principales determinantes del pronóstico.

  • MASLD suele ser silenciosa.

  • Las transaminasas normales no descartan fibrosis.

  • La ecografía detecta grasa, pero no determina por sí sola el grado de cicatrización.

  • El FIB-4 es una herramienta inicial de estratificación, no un diagnóstico definitivo.

  • La elastografía ayuda a estimar la rigidez del hígado.

  • La pérdida de peso puede mejorar grasa, inflamación y fibrosis.

  • El ejercicio aporta beneficios incluso sin una gran reducción de peso.

  • La fuerza es esencial para evitar la pérdida muscular.

  • No es necesario eliminar toda la fruta ni todos los hidratos.

  • El alcohol puede potenciar el daño metabólico.

  • Los productos detox no limpian el hígado.

  • Existen tratamientos farmacológicos específicos para pacientes seleccionados con MASH y fibrosis.

  • El control cardiovascular, renal y metabólico forma parte del tratamiento hepático.

  • La cirrosis requiere vigilancia especializada.

Aplicación práctica: plan inicial de doce semanas

Semanas 1 a 4: evaluar

Salud

  • revisar analítica hepática;

  • calcular FIB-4 cuando esté indicado;

  • valorar diabetes, presión y lípidos;

  • revisar medicamentos y suplementos;

  • registrar consumo de alcohol;

  • estudiar necesidad de elastografía.

Alimentación

  • eliminar bebidas azucaradas;

  • reducir ultraprocesados;

  • aumentar verduras;

  • incluir proteínas suficientes;

  • utilizar fruta entera en lugar de zumos.

Movimiento

  • caminar diez minutos después de algunas comidas;

  • interrumpir periodos sentados;

  • comenzar dos sesiones semanales de fuerza.

Semanas 5 a 8: progresar

Actividad

  • aumentar gradualmente el volumen aeróbico;

  • progresar en fuerza;

  • incorporar movimiento cotidiano.

Alimentación

  • incluir legumbres;

  • priorizar cereales integrales;

  • utilizar aceite de oliva en cantidades adaptadas;

  • aumentar pescado y frutos secos;

  • reducir carnes procesadas y bollería.

Sueño

  • revisar cafeína y alcohol;

  • estudiar ronquidos o somnolencia.

Semanas 9 a 12: consolidar

Seguimiento

  • revisar peso y cintura;

  • valorar fuerza;

  • comprobar adherencia;

  • ajustar el plan.

Salud

  • repetir pruebas según indicación;

  • realizar elastografía si el riesgo no es bajo;

  • valorar tratamiento de obesidad o diabetes;

  • derivar a hepatología cuando proceda.

Ejemplo de un día de alimentación

Desayuno

  • yogur natural;

  • avena;

  • frutos secos;

  • fruta entera.

Comida

  • legumbres con verduras;

  • ensalada;

  • aceite de oliva;

  • fruta.

Merienda, cuando exista hambre

  • yogur;

  • fruta;

  • un pequeño puñado de frutos secos.

Cena

  • pescado, huevo o tofu;

  • verduras;

  • patata, legumbre o pan integral en una cantidad adaptada.

Bebida

  • agua como opción principal.

No es un menú universal.

Debe ajustarse a:

  • energía;

  • diabetes;

  • función renal;

  • preferencias;

  • actividad;

  • medicación.

Preguntas frecuentes

¿El hígado graso puede desaparecer?

La grasa puede reducirse y las fases iniciales pueden mejorar significativamente. La evolución depende especialmente de la fibrosis y del control metabólico.

¿Puedo tenerlo con transaminasas normales?

Sí.

¿La ecografía puede saber si tengo cirrosis?

Puede mostrar signos indirectos en fases avanzadas, pero no descarta ni clasifica por sí sola toda la fibrosis.

¿Necesito una elastografía?

Depende del riesgo, del FIB-4, de la diabetes, de la obesidad y de otros datos clínicos.

¿Tengo que dejar completamente el alcohol?

En fibrosis significativa, MASH o cirrosis suele ser la opción más prudente. En otros casos debe valorarse individualmente, recordando que menos alcohol implica menor exposición.

¿Puedo comer fruta?

Sí. La fruta entera puede formar parte de un patrón saludable.

¿Debo evitar toda la grasa?

No. Conviene priorizar grasas insaturadas y controlar la cantidad total.

¿El café cura el hígado graso?

No. Puede asociarse con un menor riesgo en estudios observacionales, pero no sustituye el tratamiento.

¿La alcachofa o el cardo mariano ayudan?

La evidencia no permite considerarlos tratamientos principales y pueden existir interacciones.

¿Cuánto peso debo perder?

Depende de la situación. Pérdidas superiores al 5 % suelen reducir grasa hepática y objetivos mayores pueden ser necesarios para mejorar MASH o fibrosis.

¿El ejercicio sirve aunque no adelgace?

Sí. Puede reducir grasa hepática, mejorar sensibilidad a la insulina y disminuir el riesgo cardiovascular.

¿El hígado graso causa cansancio?

Puede coexistir con cansancio, pero este síntoma es inespecífico y requiere valorar sueño, anemia, tiroides, medicamentos y otras causas.

¿Todos los pacientes necesitan una biopsia?

No. Actualmente se utilizan primero herramientas no invasivas y la biopsia se reserva para casos seleccionados.

¿Existen medicamentos aprobados?

Sí. En la Unión Europea existen autorizaciones condicionales para tratamientos específicos de MASH no cirrótica con fibrosis en pacientes seleccionados. No están indicados para toda persona con esteatosis.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos una alteración que suele acompañar a la resistencia a la insulina, la diabetes y el hígado graso:

Colesterol y triglicéridos: cómo circulan las grasas por la sangre y qué valores determinan realmente el riesgo cardiovascular.

Analizaremos:

  • colesterol total;

  • colesterol LDL;

  • colesterol HDL;

  • triglicéridos;

  • lipoproteínas;

  • apolipoproteína B;

  • lipoproteína(a);

  • aterosclerosis;

  • genética;

  • alimentación;

  • menopausia;

  • diabetes;

  • hígado graso;

  • estatinas;

  • otros medicamentos;

  • mitos sobre huevos y grasas;

  • cuándo el riesgo exige un tratamiento más intensivo.

Comprenderemos que el colesterol es una sustancia necesaria para la vida, pero que un exceso de partículas aterogénicas durante muchos años puede dañar las arterias incluso cuando la persona se siente completamente bien.

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Capítulo 37

Colesterol y triglicéridos

Cómo circulan las grasas por la sangre y qué valores determinan realmente el riesgo cardiovascular

“El colesterol es necesario para la vida. El problema aparece cuando demasiadas partículas capaces de entrar en la pared arterial circulan durante demasiados años.”

Una historia cotidiana

Miguel tiene 56 años.

Se siente bien, practica algo de ejercicio y no presenta dolor en el pecho.

En una analítica rutinaria aparecen los siguientes resultados:

  • colesterol total elevado;

  • colesterol LDL alto;

  • colesterol HDL también alto;

  • triglicéridos dentro del rango habitual.

Miguel interpreta que no existe un problema importante.

—Mi colesterol bueno compensa el malo —afirma.

Además, recuerda haber escuchado que las estatinas dañan el hígado y que el colesterol elevado solo debe tratarse cuando produce síntomas.

Sin embargo, al revisar su historia aparecen otros datos:

  • su padre sufrió un infarto a los 54 años;

  • fuma algunos cigarrillos;

  • presenta hipertensión;

  • su lipoproteína(a) está elevada;

  • el colesterol LDL lleva años por encima del objetivo.

Miguel se encontraba bien porque la aterosclerosis puede progresar silenciosamente.

Su colesterol HDL elevado no anulaba la exposición acumulada a las partículas aterogénicas.

Necesitaba una valoración completa de su riesgo y no una interpretación aislada del colesterol total.

Su caso resume una idea fundamental:

Una analítica lipídica no debe interpretarse dividiendo el colesterol en “bueno” y “malo” sin considerar el número de partículas, el tiempo de exposición y el riesgo global de la persona.

Introducción

El colesterol suele presentarse como una sustancia perjudicial.

Sin embargo, el organismo necesita colesterol para:

  • formar membranas celulares;

  • producir hormonas esteroideas;

  • sintetizar ácidos biliares;

  • participar en la producción de vitamina D;

  • mantener numerosas funciones celulares.

El hígado fabrica gran parte del colesterol que necesitamos.

También obtenemos una parte mediante los alimentos.

El problema no consiste en tener colesterol, sino en que determinadas partículas que lo transportan circulen en exceso y penetren repetidamente en la pared de las arterias.

Con el tiempo pueden contribuir a formar placas de ateroma.

Estas placas pueden:

  • estrechar las arterias;

  • romperse;

  • formar un coágulo;

  • provocar un infarto;

  • causar un accidente cerebrovascular;

  • reducir el flujo hacia las piernas u otros órganos.

El colesterol LDL continúa siendo el principal objetivo del tratamiento de las dislipidemias. Las recomendaciones europeas actualizadas en 2025 mantienen que cuanto mayor sea el riesgo cardiovascular, más intenso debe ser el descenso del LDL y más bajo será el objetivo terapéutico.

El colesterol no circula solo

El colesterol y los triglicéridos no se disuelven bien en la sangre.

Para viajar necesitan formar estructuras denominadas lipoproteínas.

Estas partículas están compuestas por:

  • colesterol;

  • triglicéridos;

  • fosfolípidos;

  • proteínas llamadas apolipoproteínas.

Podemos imaginarlas como vehículos que transportan grasa por el torrente sanguíneo.

Entre las principales se encuentran:

  • quilomicrones;

  • VLDL;

  • IDL;

  • LDL;

  • HDL;

  • lipoproteína(a).

No todas cumplen la misma función ni producen el mismo riesgo.

¿Qué es el colesterol total?

El colesterol total representa una estimación de la cantidad de colesterol transportada por las distintas lipoproteínas.

Incluye principalmente:

  • colesterol LDL;

  • colesterol HDL;

  • colesterol presente en otras partículas.

Por sí solo ofrece información limitada.

Dos personas pueden tener el mismo colesterol total y presentar perfiles muy diferentes.

Persona A

  • LDL elevado;

  • HDL bajo;

  • triglicéridos elevados.

Persona B

  • LDL moderado;

  • HDL elevado;

  • triglicéridos bajos.

El riesgo debe interpretarse utilizando el perfil completo y los antecedentes.

Colesterol LDL

LDL significa lipoproteína de baja densidad.

Estas partículas transportan colesterol desde el hígado hacia diferentes tejidos.

Cuando existen demasiadas partículas LDL en circulación, aumenta la probabilidad de que atraviesen la capa interna de las arterias.

Una vez retenidas pueden:

  • modificarse;

  • activar inflamación;

  • atraer células inmunitarias;

  • contribuir a la formación de placa.

El exceso de LDL favorece la acumulación de depósitos en las arterias y aumenta el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.

Por este motivo se utiliza popularmente la expresión “colesterol malo”.

Sin embargo, la partícula no es mala por naturaleza.

Cumple funciones necesarias.

El riesgo aparece cuando su concentración y el tiempo de exposición son excesivos.

La importancia del tiempo

El riesgo no depende únicamente de la cifra actual.

También importa cuántos años ha permanecido elevada.

Podemos pensar en la exposición acumulada como:

Concentración de partículas aterogénicas multiplicada por años de exposición.

Una persona joven con hipercolesterolemia familiar puede acumular un riesgo considerable aunque no presente síntomas.

Reducir antes el LDL disminuye el tiempo durante el cual las arterias están expuestas.

Por eso no siempre es adecuado esperar hasta edades avanzadas o hasta que aparezca un primer evento cardiovascular.

Colesterol HDL

HDL significa lipoproteína de alta densidad.

Participa en el transporte del colesterol desde los tejidos hacia el hígado y en otros procesos metabólicos.

Durante años se explicó que:

  • LDL era el colesterol malo;

  • HDL era el colesterol bueno;

  • un HDL alto compensaba al LDL.

Esta explicación es demasiado sencilla.

Los niveles bajos de HDL pueden formar parte de un perfil metabólico de mayor riesgo, especialmente cuando se acompañan de:

  • triglicéridos elevados;

  • diabetes;

  • resistencia a la insulina;

  • obesidad abdominal.

Pero elevar artificialmente el HDL no ha demostrado necesariamente reducir el riesgo.

Además, un HDL muy alto no garantiza protección y no neutraliza un LDL elevado. Investigaciones recientes también han cuestionado que cifras altas de HDL sean universalmente protectoras en todos los grupos.

¿Sabías que...?

El colesterol HDL medido en una analítica indica cuánto colesterol transportan las partículas HDL, pero no mide directamente toda su funcionalidad.

Dos personas con la misma cifra pueden presentar partículas con características diferentes.

Por eso el tratamiento no suele centrarse en aumentar el HDL mediante medicamentos, sino en reducir las partículas aterogénicas y mejorar el riesgo global.

Triglicéridos

Los triglicéridos son la principal forma de almacenamiento de energía en el tejido adiposo.

También circulan por la sangre dentro de diferentes lipoproteínas.

Después de comer, los quilomicrones transportan triglicéridos procedentes de la alimentación.

El hígado también fabrica y libera triglicéridos mediante partículas VLDL.

Los triglicéridos elevados pueden asociarse con:

  • exceso de energía;

  • obesidad abdominal;

  • resistencia a la insulina;

  • diabetes;

  • hígado graso;

  • alcohol;

  • determinados medicamentos;

  • enfermedades genéticas.

La combinación de triglicéridos altos con LDL elevado o HDL bajo se relaciona con un mayor riesgo cardiovascular.

Rangos orientativos de triglicéridos

Las categorías utilizadas habitualmente en ayunas son:

  • menos de 150 mg/dl: rango deseable;

  • entre 150 y 199 mg/dl: límite alto;

  • entre 200 y 499 mg/dl: elevados;

  • 500 mg/dl o más: muy elevados.

Estas cifras deben interpretarse en contexto.

Cuando los triglicéridos son muy altos, especialmente por encima de 500 mg/dl y con mayor riesgo a cifras todavía superiores, aumenta la preocupación por pancreatitis.

¿Es necesario acudir en ayunas?

Durante años se solicitó ayuno para prácticamente todos los perfiles lipídicos.

Actualmente, una analítica sin ayuno puede resultar suficiente en muchas situaciones.

Sin embargo, puede preferirse una muestra en ayunas cuando:

  • los triglicéridos están muy elevados;

  • se sospecha una dislipidemia genética;

  • es necesario confirmar un resultado;

  • el cálculo del LDL puede ser menos fiable;

  • existe riesgo de pancreatitis;

  • el profesional necesita comparar resultados estandarizados.

La decisión depende del objetivo del análisis.

LDL calculado y LDL directo

En muchas analíticas, el LDL no se mide directamente.

Se calcula utilizando:

  • colesterol total;

  • HDL;

  • triglicéridos.

Existen diferentes fórmulas, entre ellas:

  • Friedewald;

  • Martin-Hopkins;

  • ecuaciones más recientes del NIH.

Cuando los triglicéridos están muy elevados, el cálculo puede perder precisión.

En determinadas situaciones puede solicitarse:

  • LDL directo;

  • colesterol no HDL;

  • apolipoproteína B.

Colesterol no HDL

Se calcula restando el colesterol HDL al colesterol total.

Colesterol no HDL = colesterol total − colesterol HDL

Incluye el colesterol transportado por todas las partículas potencialmente aterogénicas:

  • LDL;

  • VLDL;

  • IDL;

  • remanentes;

  • lipoproteína(a).

Puede ser especialmente útil cuando existen:

  • triglicéridos elevados;

  • diabetes;

  • obesidad;

  • síndrome metabólico.

No sustituye necesariamente al LDL, pero aporta una visión más amplia de las partículas aterogénicas.

Apolipoproteína B

La apolipoproteína B, o ApoB, es una proteína estructural presente en las principales partículas aterogénicas.

Cada partícula de:

  • LDL;

  • VLDL;

  • IDL;

  • lipoproteína(a)

contiene habitualmente una molécula de ApoB.

Por eso la concentración de ApoB ofrece una estimación del número total de partículas capaces de entrar en la pared arterial.

La cantidad de colesterol dentro de cada partícula puede variar.

Dos personas pueden tener el mismo LDL-C y diferente número de partículas.

Discordancia entre LDL y ApoB

Imaginemos dos camiones.

Caso 1

Pocos camiones transportan mucha carga cada uno.

Caso 2

Muchos camiones transportan poca carga cada uno.

La cantidad total transportada puede ser parecida, pero en el segundo caso existen más vehículos circulando y más oportunidades de entrar en la pared arterial.

Esto ayuda a entender por qué el LDL-C y la ApoB pueden no coincidir.

La ApoB puede aportar información adicional especialmente en personas con:

  • diabetes;

  • triglicéridos altos;

  • obesidad;

  • síndrome metabólico;

  • LDL aparentemente razonable;

  • riesgo cardiovascular elevado.

La concentración de ApoB refleja el número de lipoproteínas aterogénicas y se reconoce como un marcador importante de riesgo.

Partículas LDL pequeñas y densas

En personas con resistencia a la insulina pueden aparecer:

  • triglicéridos altos;

  • HDL bajo;

  • partículas LDL más pequeñas.

Estas partículas pueden asociarse con un perfil aterogénico.

Sin embargo, en la práctica clínica no siempre es necesario medir el tamaño de las partículas.

La ApoB y el colesterol no HDL suelen ofrecer información útil sobre el número total de partículas aterogénicas.

No debemos centrar toda la evaluación en si el LDL es “grande” o “pequeño” e ignorar la cantidad total de partículas.

Lipoproteína(a)

La lipoproteína(a), abreviada como Lp(a), es una partícula similar al LDL que incorpora una proteína adicional llamada apolipoproteína(a).

Sus niveles dependen principalmente de la genética.

Suelen cambiar poco con:

  • dieta;

  • ejercicio;

  • pérdida de peso.

Una Lp(a) elevada se asocia con mayor riesgo de:

  • enfermedad coronaria;

  • accidente cerebrovascular;

  • enfermedad arterial periférica;

  • estenosis de la válvula aórtica.

¿Cuándo debe medirse la Lp(a)?

La orientación cardiovascular estadounidense de 2026 recomienda que los adultos conozcan su nivel de Lp(a) al menos una vez en la vida. Un valor de aproximadamente 125 nmol/L o 50 mg/dl o superior se considera elevado en esa guía, aunque las unidades y los métodos deben interpretarse correctamente.

Puede ser especialmente importante cuando existe:

  • infarto o ictus prematuro en la familia;

  • enfermedad cardiovascular a edad joven;

  • LDL elevado;

  • hipercolesterolemia familiar;

  • riesgo mayor de lo esperado;

  • estenosis aórtica.

Las unidades de Lp(a)

La Lp(a) puede expresarse en:

  • mg/dl;

  • nmol/L.

No existe una conversión exacta universal porque el tamaño de la partícula varía entre personas.

Por eso no conviene utilizar una fórmula fija obtenida de internet para transformar un valor.

Debe interpretarse en la unidad informada por el laboratorio.

¿Qué hacemos si la Lp(a) está elevada?

Actualmente, una de las principales estrategias consiste en reducir intensamente los demás factores modificables:

  • LDL;

  • presión arterial;

  • tabaco;

  • diabetes;

  • sedentarismo;

  • peso;

  • salud renal.

Una Lp(a) elevada no significa que la persona vaya a sufrir inevitablemente un infarto.

Significa que su riesgo puede ser mayor y que conviene controlar con mayor rigor los factores tratables.

Se investigan tratamientos dirigidos específicamente contra Lp(a), pero su utilización dependerá de los resultados clínicos y de futuras autorizaciones.

Quilomicrones y VLDL

Quilomicrones

Transportan la grasa absorbida en el intestino después de comer.

VLDL

Son producidas por el hígado y transportan principalmente triglicéridos hacia los tejidos.

Al perder triglicéridos, las VLDL pueden transformarse progresivamente en:

  • IDL;

  • LDL.

Los remanentes de estas partículas también pueden contribuir a la aterosclerosis.

Por ello, un perfil con triglicéridos elevados no debe considerarse irrelevante aunque el LDL no parezca muy alto.

Colesterol remanente

El colesterol remanente representa el colesterol transportado por partículas ricas en triglicéridos y sus restos.

Puede estimarse de forma aproximada mediante:

Colesterol remanente = colesterol total − LDL − HDL

Su interpretación todavía no está tan estandarizada como la del LDL, pero ayuda a comprender por qué las partículas ricas en triglicéridos también pueden contribuir al riesgo.

¿Qué es la aterosclerosis?

La aterosclerosis es un proceso crónico que afecta a la pared de las arterias.

Comienza cuando partículas con ApoB entran y quedan retenidas en la capa interna vascular.

Después pueden producirse:

  • modificación de lípidos;

  • activación inmunitaria;

  • inflamación;

  • acumulación de células;

  • formación de una placa;

  • crecimiento de tejido fibroso;

  • calcificación.

El proceso puede avanzar durante décadas sin producir síntomas.

Una arteria parcialmente estrecha puede no doler

Las arterias pueden adaptarse durante un tiempo.

Además, el corazón puede recibir suficiente sangre en reposo aunque exista una placa.

Los síntomas pueden aparecer cuando:

  • la obstrucción aumenta;

  • la demanda de oxígeno se eleva;

  • la placa se rompe;

  • se forma un trombo.

Por eso sentirse bien no descarta enfermedad vascular.

Infarto e ictus

Una placa no tiene que bloquear lentamente toda la arteria para provocar un evento.

Puede romperse y activar la coagulación.

El trombo resultante puede:

  • bloquear una arteria coronaria y causar un infarto;

  • bloquear una arteria cerebral y causar un ictus;

  • afectar a otras zonas.

Reducir el LDL disminuye la probabilidad de que nuevas partículas entren en las arterias y puede contribuir a estabilizar las placas existentes.

El riesgo cardiovascular global

La necesidad de tratamiento no depende de un único valor.

Se consideran factores como:

  • edad;

  • sexo;

  • presión arterial;

  • tabaco;

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • antecedentes familiares;

  • colesterol LDL;

  • enfermedad cardiovascular previa;

  • Lp(a);

  • obesidad;

  • otras enfermedades.

Las guías europeas utilizan sistemas como SCORE2 y SCORE2-OP para estimar el riesgo y ajustar los objetivos.

Prevención primaria y secundaria

Prevención primaria

La persona todavía no ha sufrido un evento cardiovascular conocido.

El objetivo es evitar que aparezca.

Prevención secundaria

La persona ya ha presentado:

  • infarto;

  • ictus isquémico;

  • enfermedad arterial periférica;

  • revascularización;

  • otra enfermedad aterosclerótica.

En prevención secundaria, el riesgo es mucho mayor y los objetivos de LDL suelen ser más bajos.

¿Qué LDL es normal?

No existe un único nivel óptimo para todo el mundo.

El objetivo depende del riesgo.

Una persona joven sin otros factores puede recibir una recomendación diferente a otra con:

  • infarto previo;

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • hipercolesterolemia familiar.

Las recomendaciones actuales pueden establecer objetivos inferiores a:

  • 100 mg/dl;

  • 70 mg/dl;

  • 55 mg/dl

según el nivel de riesgo.

La cifra adecuada debe decidirse individualmente.

Hipercolesterolemia familiar

Es una alteración genética que produce LDL muy elevado desde el nacimiento.

Puede sospecharse ante:

  • LDL muy alto;

  • familiares con colesterol elevado;

  • infarto prematuro;

  • enfermedad cardiovascular a edades jóvenes;

  • depósitos de colesterol en tendones en algunos casos.

Al comenzar la exposición desde la infancia, el riesgo acumulado puede ser importante.

No debe esperarse a que aparezcan síntomas.

El estudio familiar puede permitir detectar a hijos, hermanos y otros parientes.

Xantomas y arco corneal

En algunas dislipidemias graves pueden aparecer:

  • xantomas tendinosos;

  • depósitos amarillentos en la piel;

  • arco corneal a edades jóvenes.

Estos hallazgos no aparecen en todas las personas.

Su ausencia no descarta hipercolesterolemia familiar.

Causas secundarias de colesterol elevado

Antes de asumir que toda elevación es genética o alimentaria, conviene revisar:

  • hipotiroidismo;

  • enfermedad renal;

  • síndrome nefrótico;

  • colestasis;

  • diabetes;

  • obesidad;

  • alcohol;

  • medicamentos.

Algunos tratamientos que pueden alterar los lípidos incluyen determinados:

  • corticoides;

  • retinoides;

  • inmunosupresores;

  • tratamientos hormonales;

  • antipsicóticos;

  • medicamentos para el VIH.

No deben suspenderse sin valoración.

Menopausia y colesterol

Durante la transición menopáusica pueden producirse cambios en:

  • colesterol LDL;

  • distribución de grasa;

  • sensibilidad a la insulina;

  • presión arterial.

El riesgo cardiovascular de la mujer aumenta progresivamente con la edad.

No debe atribuirse cada cambio exclusivamente a la menopausia.

También conviene revisar:

  • actividad;

  • peso;

  • sueño;

  • tabaco;

  • antecedentes;

  • tiroides.

La terapia hormonal de la menopausia no debe iniciarse únicamente para tratar el colesterol o prevenir enfermedad cardiovascular.

Diabetes y perfil lipídico

La diabetes tipo 2 suele asociarse con un patrón que incluye:

  • triglicéridos elevados;

  • HDL bajo;

  • partículas LDL más aterogénicas;

  • ApoB elevada en algunos pacientes.

Este patrón aumenta el riesgo de aterosclerosis incluso cuando el LDL-C no parece extremadamente alto.

Por este motivo, muchas personas con diabetes necesitan un control lipídico más intensivo.

Hígado graso y triglicéridos

La resistencia a la insulina puede favorecer simultáneamente:

  • producción hepática de VLDL;

  • triglicéridos elevados;

  • HDL bajo;

  • acumulación de grasa hepática.

El tratamiento debe actuar sobre:

  • grasa visceral;

  • glucosa;

  • alimentación;

  • alcohol;

  • actividad física.

Enfermedad renal

La enfermedad renal crónica modifica el metabolismo de las lipoproteínas y aumenta por sí misma el riesgo cardiovascular.

El tratamiento debe adaptarse a:

  • filtrado renal;

  • albuminuria;

  • edad;

  • otros medicamentos;

  • riesgo de efectos adversos.

Alimentación y colesterol LDL

La alimentación puede influir en los lípidos, aunque la respuesta varía entre personas.

Para reducir LDL suele ser útil:

  • disminuir grasas saturadas;

  • evitar grasas trans;

  • aumentar fibra soluble;

  • priorizar grasas insaturadas;

  • mejorar el peso cuando existe exceso;

  • reducir ultraprocesados.

El programa de cambios terapéuticos del estilo de vida del NHLBI combina alimentación, actividad y control del peso para reducir LDL y mejorar la salud cardíaca.

Grasas saturadas

Se encuentran especialmente en:

  • carnes grasas;

  • embutidos;

  • mantequilla;

  • nata;

  • quesos curados;

  • aceite de coco;

  • aceite de palma;

  • bollería;

  • algunos ultraprocesados.

No es necesario eliminar todos estos alimentos para siempre.

Conviene limitar su frecuencia y sustituir parte de estas grasas por opciones insaturadas.

La sustitución importa.

Cambiar mantequilla por aceite de oliva es diferente de sustituirla por productos ricos en azúcar y harina refinada.

Grasas trans

Las grasas trans industriales aumentan el LDL y perjudican el perfil cardiovascular.

Su uso se ha reducido mediante regulación en muchos países, pero todavía conviene limitar:

  • bollería industrial;

  • frituras repetidas;

  • determinados productos ultraprocesados.

Grasas insaturadas

Se encuentran en:

  • aceite de oliva;

  • frutos secos;

  • semillas;

  • aguacate;

  • pescado.

Sustituir parte de las grasas saturadas por grasas insaturadas puede ayudar a mejorar el perfil lipídico.

Esto no significa que puedan consumirse sin límite.

También aportan energía.

Fibra soluble

La fibra soluble forma una sustancia viscosa en el intestino y puede ayudar a reducir la absorción y recirculación de ácidos biliares.

El hígado utiliza entonces más colesterol para producir nuevos ácidos biliares.

Fuentes de fibra soluble:

  • avena;

  • cebada;

  • legumbres;

  • manzana;

  • cítricos;

  • berenjena;

  • psyllium.

Los alimentos ricos en fibra, como avena y legumbres, forman parte de las recomendaciones para controlar LDL y triglicéridos.

Esteroles vegetales

Los esteroles y estanoles vegetales pueden reducir parcialmente la absorción intestinal del colesterol.

Se encuentran de forma natural en pequeñas cantidades en alimentos vegetales y también en algunos productos enriquecidos.

Pueden ayudar a reducir LDL en determinadas personas.

No sustituyen:

  • estatinas;

  • una alimentación completa;

  • el control global del riesgo.

Huevos y colesterol

Los huevos contienen colesterol dietético, pero también aportan:

  • proteínas;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • grasas.

En muchas personas, el efecto del colesterol dietético sobre el LDL es menor que el de la cantidad y el tipo de grasas consumidas.

La respuesta individual varía.

Una persona sana puede incluir huevos dentro de un patrón equilibrado.

Quien presenta:

  • hipercolesterolemia familiar;

  • diabetes;

  • LDL muy alto;

  • alimentación rica en grasas saturadas

puede necesitar una recomendación individual.

No debe analizarse el huevo fuera del conjunto de la dieta.

Marisco

El marisco puede contener colesterol, pero muchos tipos presentan poca grasa saturada.

Puede formar parte de una dieta saludable, especialmente cuando se cocina sin:

  • fritura frecuente;

  • mantequilla;

  • salsas grasas.

La preparación importa tanto como el alimento.

Aceite de coco

El aceite de coco contiene una proporción elevada de grasas saturadas.

Aunque puede aumentar el HDL, también puede elevar el LDL.

No debe considerarse una grasa cardioprotectora equivalente al aceite de oliva.

Su origen vegetal no elimina su composición.

Carne roja y procesada

No es necesario considerar toda la carne roja un veneno.

Sin embargo, conviene moderar:

  • carnes grasas;

  • embutidos;

  • salchichas;

  • bacon;

  • productos procesados.

Pueden aportar:

  • grasas saturadas;

  • sal;

  • conservantes;

  • elevada densidad energética.

Pueden sustituirse con mayor frecuencia por:

  • pescado;

  • legumbres;

  • aves;

  • tofu;

  • otras proteínas vegetales.

Azúcar y triglicéridos

Los azúcares libres y los hidratos refinados pueden elevar los triglicéridos, especialmente cuando existe:

  • exceso energético;

  • resistencia a la insulina;

  • hígado graso;

  • obesidad abdominal.

Conviene reducir:

  • refrescos;

  • zumos;

  • bollería;

  • cereales azucarados;

  • postres frecuentes.

No es necesario eliminar la fruta entera.

Alcohol y triglicéridos

El alcohol puede elevar considerablemente los triglicéridos en algunas personas.

Su efecto puede ser especialmente importante cuando existe:

  • diabetes;

  • obesidad;

  • hígado graso;

  • hipertrigliceridemia genética.

Ante triglicéridos muy elevados puede ser necesario evitarlo completamente.

Pérdida de peso

Cuando existe exceso de grasa corporal, una reducción moderada puede ayudar a mejorar:

  • triglicéridos;

  • HDL;

  • resistencia a la insulina;

  • hígado graso;

  • presión arterial.

El efecto sobre el LDL puede variar.

Por eso algunas personas necesitan tratamiento farmacológico incluso después de mejorar su peso.

Ejercicio

La actividad física puede:

  • reducir triglicéridos;

  • mejorar la sensibilidad a la insulina;

  • favorecer el control del peso;

  • mejorar la capacidad cardiovascular;

  • elevar moderadamente el HDL en algunas personas.

Debe combinarse:

  • actividad aeróbica;

  • fuerza;

  • reducción del sedentarismo.

El ejercicio no siempre reduce suficientemente un LDL determinado principalmente por la genética.

Esto no significa que no sea beneficioso.

Tabaco

Fumar daña las arterias, favorece la inflamación y multiplica el riesgo asociado a otros factores.

Una persona con LDL elevado y tabaquismo presenta un riesgo mayor que otra con el mismo LDL que no fuma.

Dejar de fumar puede ser más importante que intentar elevar el HDL mediante suplementos.

Estatinas

Las estatinas reducen la producción hepática de colesterol y aumentan la capacidad del hígado para retirar LDL de la sangre.

Son uno de los tratamientos con mayor evidencia para reducir:

  • infarto;

  • ictus;

  • eventos cardiovasculares;

  • mortalidad en grupos de riesgo.

La intensidad se elige según:

  • riesgo;

  • LDL inicial;

  • objetivo;

  • tolerancia;

  • interacciones.

No todas las personas necesitan la misma estatina ni la misma dosis.

¿Las estatinas dañan el hígado?

Las estatinas pueden producir elevaciones de enzimas hepáticas, pero el daño hepático grave es poco frecuente.

Antes y durante el tratamiento puede revisarse:

  • función hepática;

  • síntomas;

  • otros medicamentos.

La presencia de hígado graso no suele ser una razón para evitar una estatina cuando está indicada.

El riesgo cardiovascular no tratado puede ser mucho mayor.

Dolor muscular y estatinas

Algunas personas experimentan:

  • dolor;

  • debilidad;

  • calambres.

Sin embargo, los síntomas musculares son frecuentes también en personas que no toman estatinas.

Cuando aparecen conviene revisar:

  • relación temporal;

  • dosis;

  • ejercicio;

  • tiroides;

  • vitamina D cuando proceda;

  • interacciones;

  • otras causas.

Puede intentarse:

  • reducir dosis;

  • cambiar de estatina;

  • modificar frecuencia;

  • combinar con otro medicamento.

La intolerancia no debe asumirse después de una única experiencia sin valoración.

Rabdomiólisis

Es una lesión muscular grave y muy poco frecuente.

Puede manifestarse mediante:

  • dolor muscular intenso;

  • debilidad;

  • orina oscura;

  • malestar.

El riesgo puede aumentar con:

  • dosis altas;

  • determinadas interacciones;

  • enfermedad renal;

  • algunos medicamentos.

Requiere atención urgente.

Estatinas y diabetes

Las estatinas pueden aumentar ligeramente el riesgo de desarrollar diabetes en algunas personas predispuestas.

Sin embargo, cuando existe una indicación cardiovascular, el beneficio suele superar ampliamente este riesgo.

No debería suspenderse una estatina necesaria únicamente por miedo a una pequeña modificación de la glucosa.

Conviene controlar:

  • peso;

  • actividad;

  • glucosa;

  • alimentación.

Ezetimiba

La ezetimiba reduce la absorción intestinal de colesterol.

Puede utilizarse:

  • junto a una estatina;

  • cuando el objetivo no se alcanza;

  • cuando no se toleran dosis altas;

  • en determinados casos de intolerancia.

Suele producir una reducción adicional del LDL con bajo riesgo de efectos musculares.

Inhibidores PCSK9

Son medicamentos inyectables que aumentan la capacidad del hígado para retirar LDL.

Pueden producir reducciones muy importantes.

Se utilizan especialmente en:

  • enfermedad cardiovascular de alto riesgo;

  • hipercolesterolemia familiar;

  • LDL persistentemente elevado;

  • intolerancia o respuesta insuficiente a otros tratamientos.

Su indicación depende también de:

  • criterios sanitarios;

  • disponibilidad;

  • coste;

  • objetivos.

Inclisirán

Inclisirán utiliza una tecnología de ARN interferente para reducir la producción hepática de PCSK9.

Se administra mediante inyecciones espaciadas.

Puede producir reducciones importantes del LDL.

La elección entre inclisirán y otros tratamientos depende de:

  • indicación;

  • adherencia;

  • disponibilidad;

  • experiencia clínica;

  • objetivos de riesgo.

Ácido bempedoico

El ácido bempedoico reduce la síntesis de colesterol mediante una vía que se activa principalmente en el hígado.

Puede resultar útil en:

  • intolerancia a estatinas;

  • necesidad de reducción adicional;

  • combinación con ezetimiba.

La actualización europea de 2025 incorporó recomendaciones ampliadas para tratamientos no basados exclusivamente en estatinas, incluido el ácido bempedoico.

Puede aumentar el riesgo de:

  • ácido úrico elevado;

  • gota;

  • alteraciones tendinosas poco frecuentes.

La selección debe individualizarse.

Fibratos

Los fibratos actúan especialmente sobre los triglicéridos.

Pueden considerarse en determinados pacientes con:

  • hipertrigliceridemia importante;

  • riesgo de pancreatitis;

  • perfiles metabólicos específicos.

La combinación con estatinas necesita valorar:

  • tipo de fibrato;

  • función renal;

  • riesgo muscular;

  • interacciones.

No se utilizan de forma automática ante cualquier triglicérido ligeramente elevado.

Omega-3

Los ácidos grasos omega-3 en dosis farmacológicas pueden reducir los triglicéridos.

No todos los suplementos comerciales son equivalentes a los preparados medicinales estudiados.

Difieren en:

  • dosis;

  • composición;

  • pureza;

  • evidencia clínica.

Tomar cápsulas sin controlar alimentación, alcohol, diabetes o peso suele resultar insuficiente.

Algunos preparados específicos se utilizan en pacientes seleccionados con riesgo cardiovascular elevado.

Qué hacer ante triglicéridos muy elevados

Cuando son iguales o superiores a 500 mg/dl, y especialmente si se aproximan o superan 1.000 mg/dl, la prevención de pancreatitis se convierte en una prioridad.

Conviene revisar rápidamente:

  • alcohol;

  • diabetes descontrolada;

  • medicamentos;

  • hipotiroidismo;

  • dieta;

  • enfermedad renal;

  • causas genéticas.

El tratamiento puede requerir:

  • reducción estricta del alcohol;

  • ajuste alimentario;

  • control urgente de glucosa;

  • fibratos;

  • omega-3 farmacológicos;

  • seguimiento médico.

Pancreatitis

La pancreatitis es una inflamación del páncreas.

Puede producir:

  • dolor abdominal intenso;

  • náuseas;

  • vómitos;

  • empeoramiento general.

Una persona con triglicéridos muy elevados y dolor abdominal intenso necesita atención urgente.

Complementos “naturales” para el colesterol

Se comercializan productos con:

  • levadura roja de arroz;

  • berberina;

  • ajo;

  • alcachofa;

  • policosanol;

  • esteroles;

  • omega-3.

La eficacia y la seguridad varían.

No deben considerarse automáticamente inocuos.

Levadura roja de arroz

Puede contener monacolina K, una sustancia químicamente relacionada con una estatina.

Por tanto, puede producir:

  • efectos musculares;

  • alteraciones hepáticas;

  • interacciones.

La cantidad activa puede variar entre productos.

No debería utilizarse como una forma de tomar una estatina sin control médico.

Los suplementos no sustituyen una evaluación de riesgo

Una reducción pequeña del colesterol no garantiza protección suficiente en una persona con:

  • infarto previo;

  • LDL muy alto;

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • Lp(a) elevada.

El tratamiento debe elegirse según la reducción necesaria y la evidencia sobre eventos cardiovasculares.

¿Cuándo se nota el colesterol alto?

Habitualmente no produce síntomas.

No causa de forma directa:

  • mareo;

  • dolor de cabeza;

  • cansancio;

  • presión en la nuca.

Cuando aparecen síntomas cardiovasculares puede existir ya una enfermedad arterial.

Por eso el análisis preventivo es importante.

¿Con qué frecuencia debe analizarse?

La frecuencia depende de:

  • edad;

  • valores previos;

  • tratamiento;

  • riesgo;

  • antecedentes familiares.

Para muchos adultos, un perfil periódico puede ser suficiente como punto de partida, pero las personas con riesgo o tratamiento necesitan controles más frecuentes. La American Heart Association señala que, para muchos adultos, una revisión cada cinco años puede ser una referencia inicial, aunque debe adaptarse individualmente.

Después de iniciar o modificar un medicamento puede repetirse antes para comprobar:

  • respuesta;

  • adherencia;

  • tolerancia.

Interpretar la analítica completa

Un perfil básico incluye:

  • colesterol total;

  • LDL;

  • HDL;

  • triglicéridos.

En determinados pacientes también puede ser útil:

  • colesterol no HDL;

  • ApoB;

  • Lp(a);

  • función tiroidea;

  • glucosa y HbA1c;

  • función renal;

  • perfil hepático.

No todas las personas necesitan todas las pruebas.

Mitos y realidades

“Todo el colesterol es perjudicial.”

Mito.

Es una sustancia esencial. El problema es la exposición excesiva a partículas aterogénicas.

“El HDL alto compensa un LDL alto.”

Mito.

No elimina el riesgo producido por un exceso de LDL o ApoB.

“Si tengo triglicéridos normales, el LDL no importa.”

Mito.

Son alteraciones diferentes y ambas deben interpretarse.

“El colesterol alto produce síntomas.”

Mito.

Suele ser silencioso.

“Solo las personas con sobrepeso tienen colesterol alto.”

Mito.

La genética puede producir LDL muy alto en personas delgadas.

“Los huevos están prohibidos.”

Mito en términos generales.

Pueden formar parte de una dieta equilibrada, aunque la pauta debe individualizarse.

“El aceite de coco protege el corazón porque es natural.”

Mito.

Contiene una elevada proporción de grasas saturadas y puede aumentar LDL.

“Las estatinas destruyen el hígado.”

Mito.

El daño hepático grave es poco frecuente y su beneficio puede ser muy importante.

“Si aparecen molestias musculares, nunca podré tomar tratamiento.”

Mito.

Pueden ajustarse dosis, moléculas y combinaciones.

“La levadura roja es más segura que una estatina.”

Mito.

Puede contener una sustancia similar y producir efectos parecidos con menor control de dosis.

“Una Lp(a) alta significa que sufriré un infarto.”

Mito.

Aumenta el riesgo, pero no determina el futuro. Permite intensificar la prevención.

“Bajar el colesterol demasiado es peligroso para el cerebro.”

No está respaldado como afirmación general.

En pacientes de alto riesgo, alcanzar objetivos bajos de LDL reduce eventos cardiovasculares.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que un colesterol elevado no debe interpretarse de forma aislada ni tratarse mediante miedo.

Una valoración completa debería considerar:

  • LDL;

  • HDL;

  • triglicéridos;

  • colesterol no HDL;

  • ApoB cuando esté indicada;

  • Lp(a) al menos una vez;

  • presión arterial;

  • tabaco;

  • diabetes;

  • función renal;

  • antecedentes familiares;

  • enfermedad cardiovascular previa;

  • alimentación;

  • actividad física;

  • menopausia;

  • medicación.

El objetivo no es conseguir que todas las personas tengan la misma cifra.

Buscamos reducir el riesgo acumulado de enfermedad vascular utilizando:

  • alimentación;

  • ejercicio;

  • abandono del tabaco;

  • control metabólico;

  • medicación cuando sea necesaria.

Ideas clave

  • El colesterol es necesario para numerosas funciones.

  • Circula dentro de partículas llamadas lipoproteínas.

  • El LDL es el principal objetivo terapéutico porque sus partículas pueden quedar retenidas en la pared arterial.

  • El tiempo de exposición al LDL importa.

  • Un HDL alto no compensa automáticamente un LDL elevado.

  • Los triglicéridos forman parte del riesgo metabólico y, cuando son muy elevados, pueden causar pancreatitis.

  • El colesterol no HDL incluye todas las partículas potencialmente aterogénicas.

  • La ApoB estima el número de partículas aterogénicas.

  • La Lp(a) depende principalmente de la genética y conviene medirla al menos una vez.

  • Los objetivos de LDL dependen del riesgo cardiovascular.

  • La hipercolesterolemia familiar puede producir enfermedad prematura.

  • Alimentación, ejercicio y pérdida de peso mejoran el perfil, pero no siempre sustituyen la medicación.

  • Las estatinas reducen eventos cardiovasculares.

  • Existen tratamientos adicionales como ezetimiba, inhibidores PCSK9, inclisirán y ácido bempedoico.

  • Los suplementos naturales también pueden producir efectos adversos.

  • El colesterol elevado suele ser silencioso.

  • Tratarlo antes de que aparezcan síntomas forma parte de la prevención.

Aplicación práctica: plan inicial de doce semanas

Semanas 1 a 4: conocer el riesgo

Analítica

  • revisar LDL;

  • HDL;

  • triglicéridos;

  • colesterol no HDL;

  • glucosa;

  • función renal;

  • función hepática;

  • TSH cuando esté indicada;

  • Lp(a) si nunca se ha medido.

Historia

  • antecedentes de infarto o ictus;

  • edad de los eventos familiares;

  • tabaco;

  • presión arterial;

  • medicamentos;

  • alimentación;

  • actividad.

Primeros cambios

  • sustituir mantequilla por aceite de oliva;

  • reducir embutidos;

  • eliminar grasas trans;

  • aumentar legumbres;

  • comenzar actividad regular.

Semanas 5 a 8: mejorar el patrón

Alimentación

  • avena o cebada;

  • verduras;

  • fruta entera;

  • legumbres varias veces por semana;

  • frutos secos en cantidades adaptadas;

  • pescado;

  • menos carnes procesadas;

  • menos bebidas azucaradas;

  • reducción de alcohol.

Ejercicio

  • actividad aeróbica distribuida durante la semana;

  • fuerza dos o tres días;

  • interrupciones del sedentarismo.

Peso y metabolismo

  • reducir cintura cuando exista exceso;

  • mejorar glucosa;

  • revisar hígado graso;

  • controlar la presión.

Semanas 9 a 12: evaluar la respuesta

  • repetir el perfil cuando esté indicado;

  • comprobar adherencia;

  • valorar la reducción conseguida;

  • revisar molestias;

  • iniciar, ajustar o intensificar medicación cuando proceda;

  • establecer el objetivo individual de LDL;

  • preparar seguimiento a largo plazo.

Ejemplo de alimentación cardioprotectora

Desayuno

  • yogur natural;

  • avena;

  • fruta;

  • nueces.

Comida

  • lentejas con verduras;

  • ensalada con aceite de oliva;

  • fruta.

Merienda, si existe hambre

  • fruta;

  • yogur;

  • una pequeña cantidad de frutos secos.

Cena

  • pescado;

  • verduras;

  • patata o cereal integral en una cantidad adaptada.

Varias veces por semana

  • legumbres;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • aceite de oliva;

  • alimentos ricos en fibra soluble.

No existe un menú universal.

Las cantidades deben ajustarse a:

  • peso;

  • actividad;

  • diabetes;

  • función renal;

  • preferencias;

  • medicación.

Preguntas frecuentes

¿Qué es más importante, el colesterol total o el LDL?

El LDL y el riesgo global suelen aportar información más útil que el colesterol total aislado.

¿Un HDL alto me protege?

Puede asociarse con un perfil favorable, pero no anula un LDL o ApoB elevados.

¿Qué diferencia existe entre LDL y ApoB?

El LDL-C estima cuánto colesterol transportan las LDL. La ApoB estima el número total de partículas aterogénicas.

¿Debo medir la Lp(a)?

Las recomendaciones actuales aconsejan conocerla al menos una vez durante la edad adulta.

¿Puedo bajar el colesterol solo con dieta?

Depende del nivel, la genética y el riesgo. Algunas personas necesitan medicación incluso con hábitos excelentes.

¿Cuánto tarda en bajar?

Los cambios pueden observarse en semanas, aunque el tiempo depende del tratamiento.

¿Puedo comer huevos?

Sí, en muchas personas. Debe valorarse el patrón completo y el riesgo individual.

¿Las estatinas deben tomarse de por vida?

La duración depende de la causa y del riesgo. Al suspenderlas, el LDL suele volver a subir porque no eliminan la predisposición.

¿Puedo tomar estatinas si tengo hígado graso?

Con frecuencia sí. MASLD no suele ser una contraindicación.

¿Qué hago si me duelen los músculos?

Consultar antes de suspender el tratamiento. Conviene revisar otras causas y posibles alternativas.

¿Los triglicéridos elevados se tratan igual que el LDL?

No exactamente. Se revisan especialmente azúcar, alcohol, diabetes, peso y causas secundarias.

¿Cuándo son peligrosos los triglicéridos?

Cuando son muy elevados aumenta el riesgo de pancreatitis y puede necesitarse tratamiento rápido.

¿El ejercicio reduce el LDL?

Puede producir una mejoría moderada y ofrece muchos beneficios adicionales, pero el efecto varía.

¿La menopausia puede elevarlo?

Puede coincidir con cambios en LDL y riesgo cardiovascular, aunque también intervienen la edad y los hábitos.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo abordaremos otro factor que puede avanzar silenciosamente y dañar el corazón, el cerebro, los riñones y los ojos:

Hipertensión arterial: por qué la presión elevada suele no producir síntomas y cómo medirla correctamente.

Analizaremos:

  • presión sistólica y diastólica;

  • funcionamiento de las arterias;

  • medición en casa;

  • efecto de bata blanca;

  • hipertensión enmascarada;

  • sal;

  • potasio;

  • peso;

  • ejercicio;

  • sueño;

  • apnea;

  • menopausia;

  • medicamentos;

  • urgencias hipertensivas;

  • objetivos individualizados;

  • protección del corazón, cerebro y riñón.

Comprenderemos que no es posible saber si una persona tiene la presión elevada únicamente por cómo se siente y que una medición mal realizada puede conducir tanto a diagnósticos erróneos como a tratamientos insuficientes.

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Capítulo 38

Hipertensión arterial

Por qué la presión elevada suele no producir síntomas y cómo medirla correctamente
“La hipertensión puede dañar silenciosamente las arterias durante años. Medirla bien es el primer paso para prevenir infartos, ictus, insuficiencia renal y pérdida de autonomía.”

Una historia cotidiana

Ana tiene 60 años.

Durante una revisión, la enfermera registra una presión arterial de 158/94 mmHg.

Ana se sorprende.

—Eso no puede ser —responde—. Yo me encuentro perfectamente y nunca me duele la cabeza.

Piensa que el resultado se debe a los nervios de la consulta.

Compra un tensiómetro y comienza a medirse en casa, pero lo hace:

  • inmediatamente después de subir las escaleras;

  • con las piernas cruzadas;

  • mientras habla por teléfono;

  • colocando el manguito sobre la ropa;

  • repitiendo la medición cada pocos minutos cuando obtiene una cifra alta.

Los resultados cambian constantemente y su preocupación aumenta.

Cuando aprende a medir la presión correctamente y registra dos lecturas por la mañana y dos por la noche durante varios días, aparece una tendencia clara: su presión doméstica también está elevada.

Ana no tenía síntomas, pero sí presentaba:

  • obesidad abdominal;

  • sedentarismo;

  • consumo frecuente de alimentos salados;

  • ronquidos intensos;

  • antecedentes familiares de hipertensión.

Después de una valoración completa inicia cambios de hábitos y tratamiento farmacológico.

Meses más tarde, sus cifras están controladas.

Ana comprende algo fundamental:

No podemos saber cómo está nuestra presión arterial únicamente por cómo nos sentimos.

Introducción

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra la pared de las arterias.

Es necesaria para transportar:

  • oxígeno;

  • nutrientes;

  • hormonas;

  • células inmunitarias

a todos los tejidos del organismo.

El problema aparece cuando esa presión permanece elevada de forma mantenida.

Con el tiempo puede producir daño en:

  • corazón;

  • cerebro;

  • riñones;

  • retina;

  • arterias.

La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo prevenibles de enfermedad cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud señala que suele no producir síntomas y que muchas personas desconocen que la padecen hasta que se detecta mediante una medición.

No debe considerarse únicamente una cifra.

Es una exposición acumulada que puede afectar progresivamente a distintos órganos.

¿Qué significan las dos cifras?

Una medición se expresa mediante dos números.

Por ejemplo:

138/84 mmHg

Presión sistólica

Es la cifra superior.

Representa la presión en las arterias cuando el corazón se contrae y expulsa sangre.

En el ejemplo:

138 mmHg

Presión diastólica

Es la cifra inferior.

Representa la presión cuando el corazón se relaja entre latidos.

En el ejemplo:

84 mmHg

Ambas cifras son importantes.

Sin embargo, con el envejecimiento adquiere especial relevancia la presión sistólica, que suele aumentar debido, entre otros factores, a una mayor rigidez arterial.

¿Qué significa mmHg?

La presión se expresa en milímetros de mercurio o mmHg.

Esta unidad procede de los primeros instrumentos utilizados para medirla mediante una columna de mercurio.

Aunque los aparatos modernos son generalmente digitales, la unidad se ha mantenido.

La presión arterial cambia continuamente

No es una cifra fija.

Puede variar según:

  • hora del día;

  • actividad física;

  • estrés;

  • dolor;

  • temperatura;

  • sueño;

  • cafeína;

  • tabaco;

  • alcohol;

  • vejiga llena;

  • medicamentos;

  • postura.

Una lectura aislada elevada no confirma necesariamente hipertensión.

Del mismo modo, una lectura normal aislada no garantiza que la presión sea adecuada durante el resto del día.

El diagnóstico debe basarse en mediciones repetidas y realizadas correctamente.

¿Qué se considera hipertensión?

Las clasificaciones pueden variar ligeramente entre sociedades científicas.

Según las guías europeas de 2024, la hipertensión se define generalmente como una presión confirmada en consulta igual o superior a:

  • 140 mmHg de sistólica, o

  • 90 mmHg de diastólica.

Las mismas guías introducen la categoría de presión arterial elevada para cifras de consulta entre 120-139 mmHg de sistólica o 70-89 mmHg de diastólica, con el fin de reconocer que el riesgo cardiovascular aumenta progresivamente y no comienza bruscamente en 140/90.

La cifra debe confirmarse mediante:

  • nuevas mediciones en consulta;

  • monitorización domiciliaria;

  • monitorización ambulatoria durante 24 horas.

Medición en consulta y medición en casa

Las cifras domiciliarias suelen ser algo más bajas que las obtenidas en consulta.

Como referencia utilizada en muchas guías europeas:

En consulta

La hipertensión suele confirmarse a partir de:

140/90 mmHg

En el domicilio

Un promedio igual o superior a:

135/85 mmHg

puede ser compatible con hipertensión.

Estos puntos de corte deben interpretarse junto con:

  • edad;

  • enfermedades;

  • embarazo;

  • riesgo cardiovascular;

  • tratamiento;

  • técnica de medición.

La presión arterial elevada no siempre es hipertensión confirmada

Una cifra alta puede deberse temporalmente a:

  • ansiedad;

  • dolor;

  • ejercicio reciente;

  • cafeína;

  • tabaco;

  • conversación;

  • frío;

  • una vejiga llena.

Por ello no debería iniciarse o modificarse un tratamiento importante a partir de una sola lectura, salvo situaciones clínicas especiales.

Las guías europeas recomiendan confirmar el diagnóstico mediante mediciones fuera de la consulta o mediante una nueva evaluación en otra visita.

Hipertensión de bata blanca

Se produce cuando:

  • la presión está elevada en la consulta;

  • pero es normal en casa o durante una monitorización ambulatoria.

Puede relacionarse con la activación producida por el entorno sanitario.

No debe considerarse siempre completamente inocua.

La persona puede presentar un riesgo algo superior y desarrollar hipertensión sostenida con el tiempo.

Conviene mantener:

  • seguimiento;

  • hábitos saludables;

  • mediciones periódicas.

Hipertensión enmascarada

Es la situación contraria:

  • la presión parece normal en consulta;

  • pero está elevada en el domicilio o durante la actividad cotidiana.

Puede pasar desapercibida.

Es más probable en algunas personas con:

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • obesidad;

  • tabaco;

  • estrés laboral;

  • apnea del sueño;

  • valores próximos al límite.

Puede presentar un riesgo cardiovascular similar al de la hipertensión sostenida porque la exposición real permanece oculta.

Monitorización ambulatoria de 24 horas

La monitorización ambulatoria, conocida como MAPA, utiliza un dispositivo que realiza mediciones periódicas durante el día y la noche.

Permite conocer:

  • presión durante la actividad;

  • presión nocturna;

  • promedio de 24 horas;

  • respuesta al tratamiento;

  • hipertensión de bata blanca;

  • hipertensión enmascarada.

Suele realizar mediciones cada cierto tiempo mientras la persona continúa con su vida habitual.

La presión nocturna

Durante un sueño normal, la presión suele disminuir.

Esta reducción se conoce como descenso nocturno.

Cuando no desciende lo esperado o incluso aumenta, puede relacionarse con:

  • apnea del sueño;

  • enfermedad renal;

  • diabetes;

  • alteraciones del sistema nervioso autónomo;

  • determinados horarios;

  • hipertensión mal controlada.

La MAPA es especialmente útil para detectar este patrón.

Medición domiciliaria

La medición en casa ayuda a:

  • confirmar el diagnóstico;

  • observar tendencias;

  • detectar bata blanca;

  • comprobar la respuesta al tratamiento;

  • mejorar la participación del paciente.

NICE recomienda confirmar muchas elevaciones detectadas en consulta mediante monitorización ambulatoria o domiciliaria.

No obstante, medirla de manera incorrecta puede producir cifras engañosas y ansiedad.

Elegir el tensiómetro

Conviene utilizar:

  • aparato automático;

  • manguito colocado en la parte superior del brazo;

  • modelo clínicamente validado;

  • tamaño de manguito adecuado.

Los dispositivos de muñeca o dedo pueden ser más sensibles a errores de posición.

No son siempre inútiles, pero suelen requerir una técnica todavía más cuidadosa.

Los relojes y dispositivos sin manguito no deberían utilizarse para confirmar hipertensión salvo que cuenten con validación clínica suficiente.

El tamaño del manguito

Un manguito demasiado pequeño puede producir una lectura falsamente alta.

Uno demasiado grande puede alterar la medición en sentido contrario.

Debe adaptarse al perímetro del brazo.

Las personas con brazos grandes pueden necesitar un manguito específico.

No basta con que cierre alrededor del brazo.

Debe corresponder al rango indicado por el fabricante.

Cómo medir correctamente la presión

Antes de comenzar

Durante los treinta minutos previos conviene evitar, cuando sea posible:

  • ejercicio intenso;

  • café;

  • bebidas energéticas;

  • tabaco;

  • comidas muy abundantes.

También es aconsejable:

  • vaciar la vejiga;

  • sentarse tranquilamente;

  • descansar al menos cinco minutos.

Posición correcta

La persona debe estar:

  • sentada;

  • con la espalda apoyada;

  • con los pies planos sobre el suelo;

  • sin cruzar las piernas;

  • con el brazo apoyado;

  • con el manguito aproximadamente a la altura del corazón.

Debe evitar:

  • hablar;

  • utilizar el teléfono;

  • moverse;

  • contraer el brazo.

Colocación del manguito

Debe situarse:

  • directamente sobre la piel;

  • sin ropa debajo;

  • alrededor de la parte superior del brazo;

  • siguiendo la marca de la arteria cuando exista.

Subir una manga muy ajustada puede comprimir el brazo y modificar el resultado.

Cuántas mediciones realizar

Para una valoración domiciliaria suele ser útil:

  • hacer dos mediciones consecutivas;

  • separadas aproximadamente por un minuto;

  • por la mañana;

  • y por la noche;

  • durante al menos cuatro días, preferiblemente siete.

Con frecuencia se descartan las lecturas del primer día y se calcula el promedio del resto, según el protocolo indicado. NICE recomienda realizar dos mediciones separadas por al menos un minuto, dos veces al día y durante varios días para confirmar el diagnóstico mediante control domiciliario.

No es necesario medirse veinte veces seguidas hasta conseguir una cifra deseada.

Qué anotar

Puede registrarse:

  • fecha;

  • hora;

  • presión sistólica;

  • presión diastólica;

  • pulso;

  • síntomas;

  • medicación;

  • incidencias especiales.

Ejemplo:

Día Hora Primera lectura Segunda lectura
Lunes 08:00 143/86 138/84
Lunes 21:00 135/82 133/80

Lo importante es el promedio y la tendencia.

Medir en ambos brazos

Durante la evaluación inicial conviene medir la presión en ambos brazos.

Una pequeña diferencia puede ser normal.

Si existe una diferencia persistente importante, puede ser necesario:

  • repetir las mediciones;

  • utilizar el brazo con la cifra más alta para controles posteriores;

  • valorar posibles alteraciones vasculares.

La decisión debe tomarse profesionalmente.

¿Por qué la primera lectura suele ser más alta?

Puede deberse a:

  • activación inicial;

  • falta de reposo;

  • colocación;

  • anticipación;

  • movimiento.

Por eso resulta útil realizar una segunda medición después de aproximadamente un minuto.

No debe descartarse automáticamente toda primera lectura.

Se valora el promedio según el protocolo.

La presión no se diagnostica por síntomas

La mayoría de las personas con hipertensión no siente nada.

No es posible saber si está elevada porque aparezcan:

  • dolor de cabeza;

  • mareo;

  • nerviosismo;

  • calor;

  • pitidos en los oídos;

  • palpitaciones.

Estos síntomas pueden aparecer con presión normal o elevada y tener numerosas causas.

La única forma de conocerla es medirla. La OMS insiste en que muchas personas con hipertensión no presentan síntomas y solo pueden detectarla mediante una medición.

¿Puede producir dolor de cabeza?

Una hipertensión grave puede acompañarse de cefalea y otros síntomas.

Sin embargo, la hipertensión leve o moderada no suele explicar los dolores de cabeza cotidianos.

También puede suceder lo contrario:

  • el dolor;

  • la ansiedad;

  • una migraña

pueden elevar temporalmente la presión.

No debe asumirse una relación causal sin valoración.

Por qué es peligrosa si no duele

La presión elevada ejerce una tensión repetida sobre las arterias.

Con el tiempo puede favorecer:

  • lesión del endotelio;

  • rigidez arterial;

  • aterosclerosis;

  • engrosamiento del corazón;

  • deterioro renal;

  • daño de pequeños vasos.

El riesgo depende de:

  • nivel;

  • duración;

  • edad;

  • tabaco;

  • diabetes;

  • colesterol;

  • enfermedad renal;

  • otros factores.

Hipertensión y corazón

El corazón debe trabajar contra una mayor resistencia.

Con el tiempo puede aumentar el grosor de la pared del ventrículo izquierdo.

Al principio este cambio ayuda a generar más fuerza.

Posteriormente puede favorecer:

  • rigidez;

  • peor llenado;

  • insuficiencia cardíaca;

  • arritmias.

La hipertensión también aumenta el riesgo de:

  • enfermedad coronaria;

  • infarto;

  • fibrilación auricular.

Hipertensión e ictus

La presión elevada puede dañar los vasos cerebrales.

Aumenta el riesgo tanto de:

  • ictus isquémico, por obstrucción;

  • ictus hemorrágico, por rotura de un vaso.

Controlarla es una de las medidas más eficaces para reducir el riesgo de accidente cerebrovascular.

Hipertensión y riñones

Los riñones filtran sangre mediante una red de pequeños vasos.

La hipertensión puede dañar estos filtros.

A su vez, una enfermedad renal puede aumentar la presión mediante alteraciones en:

  • sodio;

  • agua;

  • hormonas;

  • vasos sanguíneos.

Se crea así una relación bidireccional.

Conviene valorar:

  • creatinina;

  • filtrado glomerular;

  • albúmina en orina;

  • electrolitos.

Hipertensión y retina

Los pequeños vasos del ojo también pueden dañarse.

En una exploración del fondo ocular pueden observarse cambios relacionados con:

  • estrechamiento vascular;

  • hemorragias;

  • exudados;

  • edema.

Una elevación grave con alteraciones visuales puede representar una urgencia.

Hipertensión y memoria

La exposición mantenida se relaciona con:

  • daño de pequeños vasos cerebrales;

  • ictus;

  • deterioro cognitivo;

  • mayor riesgo de demencia vascular.

Controlarla durante la edad adulta forma parte de la protección cerebral a largo plazo.

No existe una garantía absoluta de prevenir la demencia, pero reducir el daño vascular es un objetivo importante.

Hipertensión primaria

La mayoría de los adultos presenta hipertensión primaria o esencial.

No existe una única causa identificable.

Se desarrolla mediante la interacción de:

  • genética;

  • edad;

  • rigidez arterial;

  • riñón;

  • sistema hormonal;

  • peso;

  • sodio;

  • actividad física;

  • sueño;

  • alcohol;

  • entorno.

Esto no significa que no pueda tratarse.

Significa que no suele existir una única alteración que pueda eliminarse para curarla definitivamente.

Hipertensión secundaria

En algunos casos existe una causa específica.

Puede relacionarse con:

  • enfermedad renal;

  • estrechamiento de arterias renales;

  • hiperaldosteronismo;

  • apnea del sueño;

  • trastornos tiroideos;

  • síndrome de Cushing;

  • feocromocitoma;

  • coartación aórtica;

  • medicamentos;

  • drogas estimulantes.

Debe sospecharse especialmente cuando:

  • aparece a una edad muy joven;

  • comienza bruscamente;

  • es muy grave;

  • empeora rápidamente;

  • no responde a varios medicamentos;

  • existen alteraciones de potasio;

  • aparecen síntomas sugestivos.

Apnea obstructiva del sueño

La apnea es una causa frecuente y a menudo infradiagnosticada de hipertensión difícil de controlar.

Conviene sospecharla ante:

  • ronquidos fuertes;

  • pausas respiratorias;

  • despertares con ahogo;

  • somnolencia;

  • cefalea matutina;

  • obesidad abdominal;

  • presión nocturna elevada.

Tratarla puede mejorar:

  • sueño;

  • energía;

  • seguridad;

  • control cardiovascular.

No siempre normaliza por completo la presión, pero forma parte del tratamiento.

Medicamentos que pueden elevar la presión

Algunos tratamientos pueden aumentar las cifras, entre ellos determinados:

  • antiinflamatorios;

  • corticoides;

  • descongestionantes;

  • anticonceptivos;

  • tratamientos hormonales;

  • estimulantes;

  • inmunosupresores;

  • antidepresivos;

  • productos con regaliz.

No deben suspenderse sin consultar.

Conviene revisar:

  • necesidad;

  • dosis;

  • duración;

  • alternativas.

Sustancias y productos de consumo

También pueden influir:

  • cocaína;

  • anfetaminas;

  • nicotina;

  • bebidas energéticas;

  • grandes dosis de cafeína;

  • alcohol;

  • determinados suplementos deportivos.

Los productos “naturales” para energía o pérdida de peso pueden contener estimulantes no siempre evidentes.

Edad y presión arterial

Con el envejecimiento, las arterias pueden perder elasticidad.

Esto favorece especialmente un aumento de la presión sistólica.

Es frecuente encontrar:

  • sistólica elevada;

  • diastólica normal o baja.

Esta situación se denomina hipertensión sistólica aislada.

No debe considerarse una consecuencia inofensiva de la edad.

Puede aumentar el riesgo cardiovascular y necesita valoración.

Presión de pulso

Se calcula restando la diastólica a la sistólica.

Ejemplo:

160 − 70 = 90 mmHg

Una presión de pulso amplia puede aparecer con una mayor rigidez arterial, especialmente en personas mayores.

No debe interpretarse de forma aislada ni utilizarse para autodiagnosticarse.

Menopausia e hipertensión

Con la transición menopáusica pueden coincidir:

  • aumento de grasa abdominal;

  • cambios vasculares;

  • peor sueño;

  • apnea;

  • menor actividad;

  • aumento de colesterol;

  • edad.

La presión puede elevarse progresivamente.

No debe atribuirse todo exclusivamente a la pérdida de estrógenos.

Conviene revisar el riesgo completo.

Embarazo e hipertensión

La hipertensión durante el embarazo necesita criterios y seguimiento específicos.

Puede relacionarse con:

  • hipertensión crónica;

  • hipertensión gestacional;

  • preeclampsia.

Una mujer embarazada con presión elevada, dolor de cabeza intenso, alteraciones visuales, dolor abdominal superior o hinchazón repentina debe recibir valoración médica urgente.

Las recomendaciones generales de este capítulo no sustituyen las pautas obstétricas.

El papel de la sal

El sodio ayuda a regular:

  • volumen de líquidos;

  • función nerviosa;

  • contracción muscular.

Sin embargo, un consumo excesivo puede elevar la presión en muchas personas.

La sensibilidad al sodio varía.

Suele ser mayor en:

  • personas mayores;

  • enfermedad renal;

  • diabetes;

  • obesidad;

  • determinadas predisposiciones genéticas.

La OMS incluye el exceso de sal entre los factores modificables de hipertensión.

Sal visible y sal oculta

La mayor parte del sodio no siempre procede del salero.

Puede encontrarse en:

  • embutidos;

  • quesos curados;

  • panes;

  • salsas;

  • platos preparados;

  • conservas;

  • sopas instantáneas;

  • snacks;

  • comida rápida.

Una persona puede no añadir sal y consumir una cantidad elevada mediante productos procesados.

¿Hay que eliminar completamente la sal?

No suele ser necesario ni realista.

El objetivo consiste en:

  • reducir el exceso;

  • acostumbrar progresivamente el paladar;

  • utilizar hierbas, especias y ácidos;

  • revisar etiquetas;

  • cocinar más alimentos básicos.

Algunas personas, como quienes presentan determinadas alteraciones hormonales, renales o tratamientos específicos, necesitan recomendaciones individualizadas.

Potasio

El potasio participa en la regulación vascular y puede ayudar a contrarrestar parte del efecto del sodio.

Se encuentra en:

  • verduras;

  • frutas;

  • legumbres;

  • patata;

  • frutos secos;

  • lácteos.

Una alimentación rica en productos vegetales suele aportar más potasio.

Sin embargo, los suplementos o sales enriquecidas con potasio pueden ser peligrosos en personas con:

  • enfermedad renal;

  • determinados medicamentos;

  • potasio elevado.

No deben utilizarse indiscriminadamente.

Patrón DASH

DASH significa Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión.

Este patrón prioriza:

  • verduras;

  • frutas;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • lácteos bajos en grasa cuando son adecuados;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • menor cantidad de carnes procesadas, sal y azúcares.

Puede ayudar a reducir la presión.

Comparte muchos elementos con la dieta mediterránea.

Dieta mediterránea

También constituye una excelente referencia.

Incluye:

  • aceite de oliva;

  • verduras;

  • frutas;

  • legumbres;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • cereales integrales;

  • menor presencia de ultraprocesados.

No debe interpretarse como permiso para consumir grandes cantidades de:

  • sal;

  • embutidos;

  • quesos;

  • alcohol.

Peso corporal

Cuando existe sobrepeso u obesidad, una pérdida moderada puede contribuir a reducir la presión.

El efecto depende de:

  • cantidad perdida;

  • grasa visceral;

  • alimentación;

  • actividad;

  • genética.

No todas las personas hipertensas tienen exceso de peso y una persona delgada también puede necesitar medicación.

Grasa visceral

La obesidad abdominal puede contribuir a:

  • resistencia a la insulina;

  • activación hormonal;

  • inflamación;

  • apnea del sueño;

  • mayor retención de sodio.

Reducir la cintura puede mejorar el perfil cardiometabólico aunque no se alcance un supuesto peso ideal.

Actividad aeróbica

El ejercicio aeróbico regular puede contribuir a reducir la presión y mejorar:

  • corazón;

  • vasos;

  • peso;

  • glucosa;

  • sueño.

Opciones:

  • caminar rápido;

  • bicicleta;

  • natación;

  • baile;

  • elíptica.

La progresión debe ser gradual, especialmente cuando la presión está muy elevada o existe enfermedad cardiovascular.

Entrenamiento de fuerza

También puede formar parte del tratamiento.

Ayuda a:

  • conservar músculo;

  • mejorar la sensibilidad a la insulina;

  • mantener autonomía;

  • controlar la composición corporal.

Conviene:

  • respirar durante el esfuerzo;

  • evitar contener el aire durante mucho tiempo;

  • utilizar cargas adaptadas;

  • progresar con control.

Una presión no controlada puede requerir valoración antes de esfuerzos máximos.

Ejercicios isométricos

Los ejercicios isométricos producen tensión muscular sin un movimiento amplio.

Algunos programas específicos pueden reducir la presión en determinadas personas.

Sin embargo, también pueden elevarla temporalmente durante un esfuerzo intenso.

Deben adaptarse y no sustituir el tratamiento convencional.

Alcohol

El consumo habitual puede elevar la presión y dificultar su control.

También puede:

  • empeorar el sueño;

  • aumentar triglicéridos;

  • añadir energía;

  • interactuar con medicamentos.

Reducirlo puede mejorar varios factores simultáneamente.

Tabaco

La nicotina produce una elevación temporal del pulso y la presión.

Además, fumar daña directamente las arterias y multiplica el riesgo cardiovascular.

Aunque dejarlo no siempre reduzca inmediatamente la presión de forma espectacular, es una de las intervenciones más importantes para prevenir infarto e ictus.

Cafeína

La cafeína puede elevar temporalmente la presión, especialmente en personas poco habituadas o sensibles.

No todas las personas hipertensas necesitan eliminar el café.

Puede ser útil:

  • observar la respuesta;

  • evitar dosis muy altas;

  • limitar bebidas energéticas;

  • no tomarlo justo antes de medirse.

Sueño

Dormir poco o mal puede favorecer:

  • activación simpática;

  • aumento de peso;

  • resistencia a la insulina;

  • peor control de la presión.

El sueño debe revisarse especialmente cuando existe:

  • hipertensión resistente;

  • ronquidos;

  • somnolencia;

  • trabajo a turnos.

Estrés

El estrés puede elevar temporalmente la presión.

No suele explicar por sí solo una hipertensión sostenida, pero puede dificultar el control mediante:

  • peor sueño;

  • alcohol;

  • tabaco;

  • alimentación;

  • menor actividad;

  • olvido de medicación.

Las técnicas de relajación pueden ayudar, pero no sustituyen los fármacos cuando están indicados.

Tratamiento farmacológico

Existen varios grupos eficaces.

La elección depende de:

  • edad;

  • presión;

  • enfermedad renal;

  • diabetes;

  • insuficiencia cardíaca;

  • embarazo;

  • potasio;

  • otras medicaciones;

  • tolerancia.

En muchos pacientes se necesita más de un medicamento porque distintos mecanismos participan en la hipertensión.

Inhibidores de la enzima convertidora

Los IECA incluyen medicamentos de uso frecuente.

Actúan sobre el sistema renina-angiotensina.

Pueden ser especialmente útiles en determinadas personas con:

  • enfermedad renal;

  • albuminuria;

  • diabetes;

  • insuficiencia cardíaca.

Posibles efectos:

  • tos seca;

  • aumento de potasio;

  • cambios en la función renal;

  • angioedema poco frecuente.

No deben utilizarse durante el embarazo.

Antagonistas de los receptores de angiotensina

Los ARA-II actúan sobre el mismo sistema mediante otro mecanismo.

Suelen producir menos tos que los IECA.

También requieren control de:

  • función renal;

  • potasio;

  • presión.

No deben combinarse rutinariamente con un IECA ni utilizarse durante el embarazo.

Antagonistas del calcio

Relajan las arterias y reducen la resistencia vascular.

Algunos pueden producir:

  • hinchazón de tobillos;

  • rubor;

  • dolor de cabeza;

  • palpitaciones.

La hinchazón no siempre significa insuficiencia cardíaca.

Puede ser un efecto del medicamento y debe valorarse.

Diuréticos

Ayudan a eliminar sodio y agua y modifican la regulación vascular.

Pueden alterar:

  • sodio;

  • potasio;

  • ácido úrico;

  • glucosa;

  • función renal.

Son tratamientos muy eficaces y utilizados en diferentes combinaciones.

Betabloqueantes

Reducen la frecuencia cardíaca y otros efectos del sistema simpático.

Son especialmente útiles en determinadas situaciones:

  • angina;

  • infarto previo;

  • algunas arritmias;

  • insuficiencia cardíaca;

  • embarazo con fármacos seleccionados.

No siempre constituyen la primera elección para una hipertensión sin otras indicaciones.

Pueden producir:

  • cansancio;

  • pulso lento;

  • manos frías;

  • alteraciones sexuales;

  • menor respuesta cardíaca durante el ejercicio.

No deben suspenderse bruscamente sin indicación.

Antagonistas de la aldosterona

Medicamentos como la espironolactona pueden ser útiles en:

  • hipertensión resistente;

  • hiperaldosteronismo;

  • insuficiencia cardíaca.

Pueden elevar el potasio y requieren control renal.

La espironolactona también puede producir efectos hormonales en algunas personas.

Por qué se utilizan combinaciones

La presión está regulada por múltiples sistemas.

Utilizar dosis moderadas de dos medicamentos puede ofrecer:

  • mayor eficacia;

  • menos efectos adversos

que aumentar al máximo uno solo.

Actualmente es frecuente comenzar con una combinación en un único comprimido cuando la situación clínica lo justifica.

Esto puede facilitar la adherencia.

Adherencia al tratamiento

La hipertensión suele no producir síntomas.

Por eso algunas personas dejan el medicamento cuando:

  • se encuentran bien;

  • las cifras mejoran;

  • temen efectos adversos;

  • olvidan dosis;

  • creen que ya se han curado.

Una presión controlada puede significar precisamente que el tratamiento está funcionando.

No debe suspenderse sin consultar.

¿Los medicamentos son para siempre?

Depende de la causa y de la evolución.

En algunas personas, una pérdida de peso importante, menor consumo de alcohol y mejor actividad permiten reducir dosis.

En otras, la predisposición permanece y se necesita tratamiento prolongado.

La decisión debe basarse en cifras repetidas y riesgo, no únicamente en la sensación subjetiva.

Objetivos del tratamiento

Las guías europeas de 2024 proponen, para muchos adultos tratados y siempre que sea bien tolerado, intentar alcanzar una presión sistólica entre 120 y 129 mmHg. El objetivo debe flexibilizarse en personas con fragilidad, síntomas, edad avanzada, intolerancia o determinadas enfermedades.

No se trata de conseguir la cifra más baja posible.

Una reducción excesiva puede producir:

  • mareo;

  • caídas;

  • debilidad;

  • empeoramiento renal;

  • falta de riego en determinadas situaciones.

El objetivo debe ser eficaz y tolerable.

Hipertensión resistente

Se utiliza este término cuando la presión continúa elevada a pesar de un tratamiento adecuado con varios medicamentos, generalmente incluyendo un diurético.

Antes de confirmarla conviene revisar:

  • técnica de medición;

  • bata blanca;

  • adherencia;

  • dosis;

  • consumo de sal;

  • alcohol;

  • antiinflamatorios;

  • apnea;

  • causas hormonales;

  • función renal.

A veces la supuesta resistencia se debe a una medición incorrecta o a que el tratamiento no se toma regularmente.

Mareo al levantarse

Los medicamentos, la deshidratación y ciertas enfermedades pueden producir una caída de presión al ponerse de pie.

Se denomina hipotensión ortostática.

Puede provocar:

  • mareo;

  • visión oscura;

  • debilidad;

  • caída;

  • desmayo.

Conviene medir la presión tumbado o sentado y después de ponerse de pie cuando existe sospecha.

No debe asumirse que toda persona mayor necesita cifras muy bajas si estas provocan caídas.

Cuándo una cifra alta es urgente

Una presión igual o superior a 180/120 mmHg es una elevación grave.

Debe repetirse después de permanecer quieto durante al menos un minuto y comprobar si existen síntomas.

Ante cifras de este nivel acompañadas de:

  • dolor o presión en el pecho;

  • dificultad respiratoria;

  • dolor intenso de espalda;

  • debilidad o adormecimiento;

  • alteraciones visuales;

  • dificultad para hablar;

  • confusión;

  • síntomas neurológicos,

puede tratarse de una emergencia hipertensiva y debe solicitarse atención urgente.

Cifra muy alta sin síntomas

Una lectura superior a 180/120 sin síntomas tampoco debe ignorarse.

Conviene:

  1. Sentarse tranquilamente.

  2. Repetir la medición correctamente.

  3. No tomar dosis adicionales improvisadas.

  4. Contactar de forma inmediata con un profesional para recibir instrucciones.

La rapidez y el tipo de tratamiento dependen de:

  • persistencia;

  • antecedentes;

  • medicación;

  • posible daño orgánico.

Bajarla de forma excesivamente rápida sin supervisión también puede ser peligroso.

No utilizar medicación prestada

No debe tomarse:

  • el comprimido de otra persona;

  • una dosis doble;

  • medicación sublingual no indicada;

  • remedios caseros para bajarla rápidamente.

El tratamiento de una cifra elevada depende de la causa y del estado clínico.

Mitos y realidades

“Si no me duele la cabeza, no tengo hipertensión.”

Mito.

Suele no producir síntomas.

“Una lectura alta significa que ya soy hipertenso.”

No necesariamente.

El diagnóstico suele requerir confirmación.

“La presión alta siempre se debe a los nervios.”

Mito.

El estrés puede elevarla temporalmente, pero no explica todos los casos.

“La cifra de abajo es la única peligrosa.”

Mito.

La sistólica y la diastólica importan.

“Con la edad es normal tener 160 de sistólica.”

Mito.

Es frecuente, pero no debe considerarse inofensiva.

“Si la medicación la normaliza, puedo dejarla.”

Mito.

La normalización puede deberse al efecto del tratamiento.

“Los antihipertensivos dañan los riñones.”

Mito en términos generales.

Algunos pueden modificar inicialmente la función renal, pero también protegerla a largo plazo en pacientes seleccionados.

“La sal del Himalaya es mejor para la presión.”

Mito.

Continúa aportando principalmente cloruro de sodio.

“El azúcar no influye porque solo importa la sal.”

Incompleto.

El exceso energético, las bebidas azucaradas, la obesidad y la resistencia a la insulina también pueden contribuir.

“El ajo sustituye los medicamentos.”

Mito.

Puede formar parte de la alimentación, pero no reemplaza un tratamiento necesario.

“Cuanto más baja esté la presión, mejor.”

Mito.

Una presión demasiado baja puede producir síntomas y complicaciones.

“Solo hay que medírsela cuando uno se siente mal.”

Mito.

El seguimiento debe realizarse según el plan acordado.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que el envejecimiento saludable no puede abordarse sin revisar la presión arterial.

Un paciente puede acudir por:

  • pérdida de peso;

  • menopausia;

  • grasa abdominal;

  • cuidado facial;

  • cansancio;

  • envejecimiento saludable.

Pero detrás puede existir una hipertensión no diagnosticada.

Una valoración integral debería incluir:

  • medición correcta;

  • control domiciliario cuando proceda;

  • cintura y peso;

  • actividad;

  • sueño y apnea;

  • alimentación y sodio;

  • alcohol;

  • tabaco;

  • glucosa;

  • colesterol;

  • función renal;

  • medicamentos.

Nuestro objetivo no es asustar con una cifra aislada.

Buscamos confirmar el diagnóstico, calcular el riesgo y construir un plan seguro y sostenible.

Ideas clave

  • La presión arterial se expresa mediante una cifra sistólica y otra diastólica.

  • Cambia a lo largo del día y una lectura aislada no siempre confirma hipertensión.

  • En Europa, una presión confirmada en consulta de 140/90 mmHg o más suele definir hipertensión.

  • La medición domiciliaria y la MAPA ayudan a confirmar el diagnóstico.

  • La hipertensión de bata blanca y la enmascarada presentan patrones diferentes.

  • El manguito debe estar validado y adaptarse al tamaño del brazo.

  • Para medir correctamente hay que descansar, no hablar y apoyar espalda, pies y brazo.

  • La hipertensión suele no producir síntomas.

  • Puede dañar corazón, cerebro, riñones, retina y arterias.

  • Sal, obesidad, sedentarismo, alcohol y apnea pueden contribuir.

  • La alimentación DASH o mediterránea, el ejercicio y la pérdida de peso pueden reducir las cifras.

  • Muchas personas necesitan medicación además de cambios de hábitos.

  • Combinar fármacos es frecuente y no significa que la enfermedad sea necesariamente grave.

  • No debe suspenderse el tratamiento porque la presión se normalice.

  • El objetivo debe individualizarse y ser bien tolerado.

  • Una presión de 180/120 mmHg o más acompañada de síntomas de daño orgánico representa una emergencia.

  • La técnica correcta evita diagnósticos y ajustes equivocados.

Aplicación práctica: registro domiciliario de siete días

Preparación

  • utilizar un aparato validado;

  • comprobar el tamaño del manguito;

  • no medir sobre la ropa;

  • evitar café, tabaco y ejercicio durante los treinta minutos previos;

  • vaciar la vejiga;

  • descansar cinco minutos.

Mañana

  • antes del desayuno cuando sea posible;

  • antes de la medicación si así lo indica el profesional;

  • realizar dos lecturas separadas por un minuto.

Noche

  • antes de cenar o en un horario estable;

  • realizar dos lecturas separadas por un minuto.

Registro

Anotar todas las cifras sin seleccionar únicamente las más bajas.

Al finalizar:

  • calcular el promedio según el protocolo;

  • entregar el registro al profesional;

  • no modificar la medicación por cuenta propia.

Plan inicial de doce semanas

Semanas 1 a 4: confirmar y conocer

Medición

  • comprobar la técnica;

  • realizar registro domiciliario;

  • valorar MAPA cuando sea necesaria.

Salud

  • revisar función renal;

  • electrolitos;

  • glucosa;

  • colesterol;

  • orina;

  • medicamentos;

  • sueño.

Alimentación

  • reducir productos con mucha sal;

  • aumentar verduras;

  • sustituir ultraprocesados;

  • limitar alcohol.

Semanas 5 a 8: actuar

Movimiento

  • caminar regularmente;

  • acumular actividad aeróbica;

  • comenzar dos sesiones de fuerza;

  • interrumpir el tiempo sentado.

Alimentación

  • aplicar un patrón mediterráneo o DASH;

  • aumentar legumbres;

  • utilizar fruta entera;

  • moderar embutidos, quesos curados y platos preparados.

Sueño

  • valorar apnea;

  • limitar cafeína tardía;

  • mejorar la regularidad.

Semanas 9 a 12: evaluar

  • revisar el promedio domiciliario;

  • comprobar adherencia;

  • valorar mareos;

  • ajustar medicación;

  • revisar peso y cintura;

  • comprobar función renal y electrolitos cuando corresponda;

  • establecer el objetivo individual.

Ejemplo de un día cardioprotector

Desayuno

  • yogur natural;

  • avena;

  • fruta;

  • nueces sin sal.

Comida

  • lentejas con verduras;

  • ensalada;

  • aceite de oliva;

  • fruta.

Merienda, si existe hambre

  • fruta;

  • yogur natural;

  • frutos secos sin sal.

Cena

  • pescado, huevo o tofu;

  • verduras;

  • patata o cereal integral en una cantidad adaptada.

Bebida

  • agua como opción principal.

Condimentos

  • ajo;

  • pimienta;

  • limón;

  • vinagre;

  • hierbas aromáticas;

  • especias.

No es un menú universal.

Debe adaptarse a:

  • función renal;

  • diabetes;

  • medicación;

  • potasio;

  • peso;

  • preferencias.

Preguntas frecuentes

¿Qué brazo debo utilizar?

Al principio conviene medir ambos. Si existe una diferencia persistente, suele utilizarse posteriormente el brazo con la cifra más elevada según indicación profesional.

¿Puedo medirla tumbado?

Para el control habitual se recomienda sentado. En determinados casos se realizan mediciones tumbado y de pie para valorar hipotensión ortostática.

¿Cuántas veces al día debo medirla?

Durante una evaluación domiciliaria pueden realizarse dos lecturas por la mañana y dos por la noche. Para el seguimiento, la frecuencia puede reducirse según el plan.

¿Debo medirla inmediatamente después de tomar el medicamento?

No necesariamente. Conviene utilizar horarios estables y seguir las indicaciones del profesional.

¿El pulso del tensiómetro es fiable?

Puede ofrecer una orientación, pero no diagnostica por sí solo arritmias. Un pulso irregular repetido necesita valoración.

¿Puedo tener hipertensión con un peso normal?

Sí. La genética, edad, riñón, apnea y otros factores también influyen.

¿La sal marina es mejor?

Continúa aportando sodio. Las pequeñas diferencias minerales no eliminan su efecto sobre la presión.

¿El café está prohibido?

No en todas las personas. Conviene observar la respuesta y evitar dosis elevadas.

¿El ejercicio puede sustituir la medicación?

Puede reducir las cifras, pero no siempre lo suficiente. En muchos pacientes ambas estrategias son complementarias.

¿Por qué me mareo si la presión está bien controlada?

Puede existir una presión demasiado baja para esa persona, hipotensión al levantarse, deshidratación, medicación u otra causa.

¿Puedo tomar antiinflamatorios?

Algunos pueden elevar la presión y afectar al riñón. Su uso debe revisarse, especialmente si es frecuente.

¿Qué hago si obtengo 185/122?

Repetir correctamente tras permanecer quieto. Si persiste y existen dolor torácico, falta de aire, alteraciones visuales, debilidad, confusión o dificultad para hablar, solicitar atención urgente. Sin síntomas, contactar de inmediato con un profesional y no improvisar medicación.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos cómo todos los factores metabólicos anteriores pueden actuar juntos sobre las arterias:

Aterosclerosis y riesgo cardiovascular: cómo se forman las placas y cómo prevenir el primer infarto o ictus.

Analizaremos:

  • endotelio;

  • partículas ApoB;

  • inflamación;

  • formación de placas;

  • calcio coronario;

  • tabaco;

  • diabetes;

  • hipertensión;

  • enfermedad renal;

  • antecedentes familiares;

  • menopausia;

  • síntomas de alarma;

  • prevención primaria;

  • prevención secundaria;

  • aspirina;

  • estatinas;

  • ejercicio;

  • sueño;

  • cómo calcular el riesgo;

  • por qué tratar factores silenciosos antes de que aparezca un evento.

Comprenderemos que un infarto rara vez comienza el día en que aparece el dolor. Suele ser el resultado de un proceso silencioso que se ha desarrollado durante muchos años.

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Capítulo 39

Aterosclerosis y riesgo cardiovascular

Cómo se forman las placas y cómo prevenir el primer infarto o ictus
“Un infarto rara vez comienza el día en que aparece el dolor. Suele ser la consecuencia final de un proceso silencioso desarrollado durante muchos años.”

Una historia cotidiana

Fernando tiene 57 años.

Nunca ha tenido dolor en el pecho y considera que su corazón está sano porque puede caminar, trabajar y realizar sus actividades habituales.

Sin embargo, durante una revisión aparecen varios datos:

  • colesterol LDL elevado;

  • hipertensión;

  • perímetro abdominal aumentado;

  • glucosa próxima al rango de prediabetes;

  • consumo ocasional de tabaco;

  • antecedentes familiares de infarto antes de los 60 años.

Fernando resta importancia a los resultados.

—Si tuviera las arterias mal, notaría algo —afirma.

Su razonamiento parece lógico, pero contiene un error importante.

La aterosclerosis puede desarrollarse durante décadas sin producir síntomas. Las arterias pueden adaptarse progresivamente y mantener suficiente circulación en reposo.

Además, el primer síntoma no siempre aparece después de un estrechamiento lento y previsible.

En ocasiones, una placa se rompe, se forma un coágulo y bloquea de manera repentina el flujo sanguíneo.

Fernando no necesita vivir con miedo.

Necesita conocer su riesgo real y actuar sobre los factores que todavía pueden modificarse.

Su caso ilustra una idea esencial:

La prevención cardiovascular empieza cuando todavía nos encontramos bien.

Introducción

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales causas de enfermedad, discapacidad y mortalidad en el mundo.

Dentro de este grupo se encuentran:

  • enfermedad coronaria;

  • infarto de miocardio;

  • ictus;

  • enfermedad arterial periférica;

  • enfermedad aórtica;

  • insuficiencia cardíaca relacionada con factores vasculares.

Una parte importante de estos problemas está vinculada a la aterosclerosis.

La aterosclerosis es una enfermedad crónica de las arterias caracterizada por la acumulación de lípidos, células inflamatorias, tejido fibroso y calcio dentro de su pared.

Puede afectar a arterias de:

  • corazón;

  • cerebro;

  • cuello;

  • piernas;

  • riñones;

  • abdomen.

Las placas pueden reducir progresivamente el flujo o romperse y favorecer la formación de un coágulo. Este coágulo puede bloquear parcial o completamente la llegada de sangre y oxígeno a un órgano.

La buena noticia es que una gran proporción del riesgo cardiovascular puede reducirse mediante el tratamiento de factores como:

  • tabaco;

  • presión arterial;

  • colesterol;

  • diabetes;

  • alimentación;

  • inactividad física;

  • obesidad;

  • consumo perjudicial de alcohol.

Arteriosclerosis y aterosclerosis

Estos términos se utilizan a veces como sinónimos, pero no significan exactamente lo mismo.

Arteriosclerosis

Es un término general que describe el endurecimiento, engrosamiento o pérdida de elasticidad de las arterias.

Puede producirse por diferentes mecanismos.

Aterosclerosis

Es un tipo concreto de arteriosclerosis en el que se forman placas dentro de la pared arterial.

Estas placas contienen:

  • colesterol;

  • otras grasas;

  • células inflamatorias;

  • tejido fibroso;

  • calcio;

  • restos celulares.

Por tanto:

Toda aterosclerosis implica una alteración arterial, pero no toda arteriosclerosis se debe a una placa de ateroma.

La pared de una arteria

Una arteria no es un simple tubo rígido.

Su pared contiene varias capas.

Capa interna o íntima

Está en contacto con la sangre.

Su superficie está recubierta por células endoteliales.

Capa media

Contiene músculo liso y fibras elásticas.

Ayuda a regular el diámetro del vaso.

Capa externa

Aporta soporte estructural y contiene pequeños vasos y nervios.

La aterosclerosis comienza principalmente en la capa interna, donde determinadas partículas lipídicas pueden penetrar y quedar retenidas.

El endotelio

El endotelio es una capa de células que recubre el interior de los vasos sanguíneos.

Durante años se consideró una simple superficie.

Actualmente sabemos que participa activamente en:

  • regulación del tono vascular;

  • coagulación;

  • inflamación;

  • paso de sustancias;

  • adhesión de células;

  • mantenimiento de la pared arterial.

Un endotelio saludable ayuda a que las arterias:

  • se dilaten;

  • regulen el flujo;

  • eviten la formación innecesaria de coágulos;

  • respondan adecuadamente a diferentes demandas.

Disfunción endotelial

La disfunción endotelial aparece cuando estas células pierden parte de su capacidad reguladora.

Puede favorecerse por:

  • tabaco;

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • LDL elevado;

  • inflamación crónica;

  • sedentarismo;

  • enfermedad renal.

No significa que el endotelio quede completamente destruido.

Significa que el equilibrio vascular se desplaza hacia un entorno más favorable para:

  • inflamación;

  • vasoconstricción;

  • coagulación;

  • entrada y retención de partículas lipídicas.

Cómo comienza una placa

La aterosclerosis se desarrolla mediante varias etapas.

1. Entrada de partículas aterogénicas

Partículas que contienen apolipoproteína B pueden atravesar el endotelio.

Entre ellas se encuentran:

  • LDL;

  • remanentes de VLDL;

  • IDL;

  • lipoproteína(a).

2. Retención en la pared arterial

No basta con que una partícula pase brevemente.

El proceso se favorece cuando queda retenida dentro de la pared.

3. Modificación de las partículas

Las partículas retenidas pueden sufrir cambios químicos.

4. Activación inflamatoria

El sistema inmunitario reconoce que existe una alteración y atrae células inflamatorias.

5. Formación de células espumosas

Algunos macrófagos captan colesterol y se convierten en células cargadas de grasa.

6. Estría grasa

La acumulación inicial forma una lesión conocida como estría grasa.

7. Crecimiento de la placa

Con el tiempo se incorporan:

  • más lípidos;

  • células;

  • tejido fibroso;

  • calcio.

La causalidad del LDL y de las partículas aterogénicas en la enfermedad cardiovascular está firmemente establecida, por lo que su reducción constituye uno de los pilares de la prevención.

La inflamación forma parte del proceso

La aterosclerosis no consiste únicamente en que la grasa se pegue pasivamente a una tubería.

Es un proceso biológico activo.

Participan:

  • lipoproteínas;

  • endotelio;

  • células inmunitarias;

  • moléculas inflamatorias;

  • células musculares lisas;

  • tejido cicatricial.

Sin embargo, no debemos extraer la conclusión de que basta con tomar un suplemento “antiinflamatorio”.

La forma más eficaz de reducir la inflamación vascular relacionada con la aterosclerosis es actuar sobre sus principales desencadenantes:

  • LDL;

  • tabaco;

  • presión arterial;

  • diabetes;

  • exceso de grasa visceral;

  • inactividad.

La placa estable

Algunas placas desarrollan una cubierta fibrosa relativamente gruesa.

Pueden crecer lentamente y estrechar progresivamente la arteria.

Cuando reducen de forma importante el flujo coronario pueden producir:

  • presión torácica;

  • falta de aire;

  • molestias con el esfuerzo;

  • reducción de la tolerancia al ejercicio.

Los síntomas pueden aparecer principalmente cuando el corazón necesita más oxígeno, por ejemplo:

  • al caminar rápido;

  • subir una pendiente;

  • realizar ejercicio;

  • sufrir estrés intenso.

La placa vulnerable

Otras placas pueden presentar:

  • núcleo lipídico;

  • inflamación;

  • cubierta más delgada;

  • mayor tendencia a romperse.

Una placa no necesita obstruir casi toda la arteria para resultar peligrosa.

Si se rompe:

  1. Su contenido entra en contacto con la sangre.

  2. Se activan las plaquetas.

  3. Comienza la coagulación.

  4. Se forma un trombo.

  5. El flujo puede bloquearse rápidamente.

Este mecanismo explica por qué una persona aparentemente estable puede sufrir un evento agudo.

Placa rota y coágulo

El organismo utiliza la coagulación para cerrar heridas.

Cuando una placa se rompe, interpreta la situación como una lesión vascular.

El coágulo resultante puede ser:

  • pequeño y transitorio;

  • parcial;

  • completo.

Si bloquea una arteria coronaria, puede producir un infarto.

Si bloquea una arteria cerebral, puede producir un ictus isquémico.

Si afecta a una arteria de la pierna, puede causar isquemia aguda de la extremidad.

Calcificación

Con el tiempo, algunas placas acumulan calcio.

La calcificación representa una forma de cicatrización y envejecimiento de la placa.

El calcio coronario puede detectarse mediante una tomografía específica.

Su presencia indica que existe aterosclerosis coronaria.

No muestra todas las características de cada placa ni sustituye una valoración completa, pero puede aportar información pronóstica en personas seleccionadas.

Una placa calcificada no es calcio de la dieta

El calcio de las arterias no se debe simplemente a consumir:

  • leche;

  • yogur;

  • alimentos con calcio.

La calcificación vascular es un proceso celular complejo relacionado con:

  • aterosclerosis;

  • inflamación;

  • envejecimiento;

  • enfermedad renal;

  • alteraciones metabólicas.

No debe reducirse el calcio alimentario necesario para el hueso sin una indicación profesional.

La aterosclerosis puede comenzar pronto

Las primeras alteraciones pueden aparecer décadas antes de los síntomas.

Esto no significa que todos los jóvenes tengan una enfermedad clínica grave.

Significa que la exposición acumulada importa.

Una persona que presenta desde edades tempranas:

  • LDL muy elevado;

  • tabaquismo;

  • hipertensión;

  • diabetes

puede desarrollar una carga de aterosclerosis mayor y más precoz.

Por eso la prevención no debería comenzar después del primer infarto.

La importancia del riesgo acumulado

El riesgo cardiovascular depende de:

  • intensidad de cada factor;

  • duración;

  • combinación;

  • susceptibilidad individual.

Una presión ligeramente elevada durante muchos años puede causar una exposición importante.

Lo mismo sucede con el LDL.

Podemos imaginar el riesgo como una suma acumulada:

Cuánto, durante cuánto tiempo y acompañado de qué otros factores.

Principales factores de riesgo

Entre los factores clásicos se encuentran:

  • colesterol LDL elevado;

  • hipertensión;

  • tabaco;

  • diabetes;

  • edad;

  • antecedentes familiares;

  • obesidad;

  • inactividad física.

También pueden modificar el riesgo:

  • enfermedad renal crónica;

  • lipoproteína(a) elevada;

  • triglicéridos elevados;

  • enfermedades inflamatorias crónicas;

  • menopausia prematura;

  • antecedentes de preeclampsia;

  • enfermedad arterial periférica;

  • determinados factores sociales.

Factores modificables y no modificables

No modificables

  • edad;

  • genética;

  • sexo biológico;

  • antecedentes familiares;

  • determinados eventos del embarazo;

  • lipoproteína(a) en gran parte.

Modificables

  • tabaco;

  • LDL;

  • presión arterial;

  • diabetes;

  • actividad;

  • alimentación;

  • obesidad abdominal;

  • alcohol;

  • sueño en muchos casos.

No podemos cambiar nuestra genética.

Sí podemos utilizar esa información para intensificar la prevención.

Edad

El riesgo aumenta con la edad porque:

  • se acumulan años de exposición;

  • las arterias cambian;

  • aumentan algunas enfermedades;

  • disminuye parte de la reserva fisiológica.

Esto no significa que el riesgo sea inevitable ni que tratar los factores deje de ser útil en personas mayores.

La prevención debe adaptarse a:

  • funcionalidad;

  • fragilidad;

  • esperanza de vida;

  • preferencias;

  • tolerancia.

Antecedentes familiares

Un antecedente familiar resulta especialmente relevante cuando el evento cardiovascular fue prematuro.

Puede reflejar:

  • LDL genéticamente elevado;

  • lipoproteína(a);

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • hábitos compartidos;

  • otros factores todavía no identificados.

No basta con preguntar:

“¿Hay problemas de corazón en la familia?”

Conviene conocer:

  • qué familiar;

  • qué enfermedad;

  • a qué edad;

  • si fumaba;

  • si tenía colesterol alto.

Tabaco

El tabaco favorece:

  • disfunción endotelial;

  • inflamación;

  • coagulación;

  • vasoconstricción;

  • oxidación de partículas;

  • progresión de las placas.

También reduce la cantidad de oxígeno transportado por la sangre debido al monóxido de carbono.

El riesgo aumenta incluso con consumos considerados pequeños.

No existe un número de cigarrillos completamente seguro.

Dejar de fumar es una de las medidas con mayor capacidad para reducir el riesgo cardiovascular.

Vapeo y otros productos de nicotina

Los cigarrillos electrónicos no exponen exactamente a las mismas sustancias que el tabaco combustible.

Sin embargo, pueden aportar:

  • nicotina;

  • partículas;

  • compuestos irritantes;

  • sustancias con efectos vasculares.

No deben considerarse inocuos para el corazón y las arterias.

En personas fumadoras pueden utilizarse estrategias de reducción de daño dentro de un plan para abandonar el tabaco, pero no deberían convertirse automáticamente en un consumo permanente sin seguimiento.

Hipertensión

La presión elevada daña progresivamente la pared arterial y aumenta la carga del corazón.

Puede favorecer:

  • aterosclerosis;

  • rotura de placas;

  • ictus;

  • insuficiencia cardíaca;

  • enfermedad renal.

Como suele no producir síntomas, medirla correctamente es esencial.

El beneficio no depende únicamente de tomar medicación.

También importan:

  • adherencia;

  • control domiciliario;

  • reducción de sal;

  • peso;

  • actividad;

  • tratamiento de la apnea.

Colesterol LDL y ApoB

El LDL transporta colesterol.

La ApoB estima el número de partículas aterogénicas.

Cuando existe discordancia, una persona puede presentar:

  • LDL aparentemente moderado;

  • muchas partículas pequeñas;

  • ApoB elevada.

Esto puede ocurrir especialmente en:

  • diabetes;

  • resistencia a la insulina;

  • triglicéridos elevados;

  • obesidad abdominal.

El objetivo terapéutico debe adaptarse al riesgo total y no depender únicamente del colesterol total.

Lipoproteína(a)

La lipoproteína(a) está determinada principalmente por la genética.

Puede favorecer:

  • aterosclerosis;

  • trombosis;

  • calcificación de la válvula aórtica.

Una cifra elevada no significa que el evento sea inevitable.

Indica que conviene controlar con mayor intensidad los factores modificables, especialmente el LDL.

Diabetes

La diabetes daña los vasos mediante diferentes mecanismos:

  • hiperglucemia;

  • estrés oxidativo;

  • inflamación;

  • alteraciones lipídicas;

  • enfermedad renal;

  • hipertensión.

También puede favorecer una aterosclerosis más difusa.

Las personas con diabetes presentan un riesgo cardiovascular aumentado, especialmente si existen:

  • muchos años de evolución;

  • daño renal;

  • tabaco;

  • presión elevada;

  • enfermedad vascular previa.

Prediabetes y resistencia a la insulina

La prediabetes no produce el mismo riesgo que una diabetes de larga evolución.

Sin embargo, puede formar parte de un perfil que incluye:

  • grasa visceral;

  • triglicéridos altos;

  • hipertensión;

  • hígado graso;

  • inflamación metabólica.

Actuar en esta etapa puede prevenir simultáneamente:

  • diabetes;

  • progresión vascular;

  • pérdida de función.

Obesidad abdominal

El riesgo no depende únicamente del peso total.

La grasa visceral se relaciona con:

  • resistencia a la insulina;

  • presión elevada;

  • triglicéridos;

  • hígado graso;

  • apnea.

Una persona con un IMC no muy elevado puede presentar cintura aumentada y riesgo metabólico.

Del mismo modo, una persona con obesidad puede mejorar significativamente su salud aunque no alcance un supuesto peso ideal.

Enfermedad renal crónica

El riñón y el sistema cardiovascular están estrechamente relacionados.

La enfermedad renal puede favorecer:

  • hipertensión;

  • inflamación;

  • alteraciones del calcio y fósforo;

  • dislipidemia;

  • calcificación vascular.

A su vez, la aterosclerosis y la hipertensión pueden empeorar la función renal.

La presencia de:

  • filtrado reducido;

  • albúmina en orina

aumenta el riesgo cardiovascular.

Enfermedades inflamatorias

Enfermedades como:

  • artritis reumatoide;

  • psoriasis;

  • lupus;

  • algunas infecciones crónicas

pueden aumentar el riesgo cardiovascular mediante inflamación persistente y otros mecanismos.

También pueden influir:

  • menor actividad;

  • medicamentos;

  • tabaco;

  • peso.

Estas enfermedades no garantizan que se desarrolle aterosclerosis, pero pueden modificar la estimación del riesgo.

Menopausia y riesgo cardiovascular

Antes de la menopausia, las mujeres suelen presentar una incidencia cardiovascular menor que los hombres de la misma edad.

Después, el riesgo aumenta progresivamente.

Pueden coincidir:

  • cambios en LDL;

  • grasa abdominal;

  • presión;

  • sensibilidad a la insulina;

  • sueño;

  • actividad.

La menopausia prematura puede considerarse un factor modificador del riesgo.

La terapia hormonal no debe iniciarse únicamente para prevenir infartos o ictus.

Su indicación se basa principalmente en síntomas menopáusicos y en una valoración individual de beneficios y riesgos.

Preeclampsia y otros antecedentes del embarazo

Determinados acontecimientos del embarazo pueden ofrecer información sobre el riesgo cardiovascular futuro.

Entre ellos:

  • preeclampsia;

  • hipertensión gestacional;

  • diabetes gestacional;

  • parto prematuro.

No significa que la mujer vaya a desarrollar una enfermedad cardiovascular.

Indica que puede beneficiarse de una vigilancia más temprana de:

  • presión;

  • glucosa;

  • colesterol;

  • peso;

  • actividad.

Cómo se calcula el riesgo

No se recomienda decidir el tratamiento observando un único factor aislado.

Los modelos de riesgo combinan varios datos para estimar la probabilidad de sufrir un evento en un periodo determinado.

En Europa se utilizan herramientas como:

  • SCORE2, para edades aproximadas de 40 a 69 años;

  • SCORE2-OP, para personas de 70 años o más.

Estas herramientas estiman el riesgo a diez años de eventos cardiovasculares mortales y no mortales en personas aparentemente sanas.

Qué variables utiliza una calculadora

Dependiendo del modelo puede incluir:

  • edad;

  • sexo;

  • tabaco;

  • presión arterial;

  • colesterol;

  • región;

  • diabetes;

  • función renal.

Después se añaden factores que pueden modificar la interpretación:

  • antecedentes familiares;

  • Lp(a);

  • calcio coronario;

  • inflamación;

  • obesidad;

  • condiciones específicas de la mujer.

La actualización europea sobre dislipidemias de 2025 mantiene SCORE2 y SCORE2-OP y refuerza el uso de modificadores cuando la decisión terapéutica no está clara.

Riesgo a diez años y riesgo de por vida

Una persona joven puede presentar un riesgo bajo a diez años porque la edad pesa mucho en las calculadoras.

Sin embargo, puede tener un riesgo de por vida elevado si presenta:

  • LDL muy alto;

  • tabaco;

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • antecedentes familiares.

Por eso no debemos interpretar:

“Riesgo bajo a diez años”

como:

“No necesito cuidar mis factores.”

En personas jóvenes es especialmente importante considerar la exposición acumulada.

Prevención primaria

La prevención primaria busca evitar el primer:

  • infarto;

  • ictus;

  • diagnóstico de enfermedad arterial periférica;

  • evento aterosclerótico.

Las decisiones dependen de:

  • riesgo estimado;

  • LDL;

  • presión;

  • diabetes;

  • función renal;

  • preferencias;

  • beneficios esperados;

  • riesgo de efectos adversos.

El tratamiento debe ser proporcional al riesgo.

Prevención secundaria

Se aplica cuando ya existe enfermedad aterosclerótica conocida.

Por ejemplo:

  • infarto previo;

  • ictus isquémico;

  • angioplastia;

  • bypass;

  • enfermedad arterial periférica;

  • placa coronaria documentada clínicamente.

En estas personas:

  • el riesgo de recurrencia es alto;

  • los objetivos de LDL suelen ser más bajos;

  • se intensifica el control de presión;

  • se utilizan tratamientos específicos según el caso.

Haber superado un primer evento no significa que el problema esté resuelto.

La prevención secundaria busca evitar el siguiente.

Calcio coronario

La puntuación de calcio coronario se obtiene mediante una tomografía sin contraste y de baja dosis.

Detecta calcio dentro de las arterias coronarias.

El resultado se expresa habitualmente mediante una puntuación de Agatston.

Puede clasificarse de forma orientativa como:

  • 0: no se detecta calcio;

  • 1-99: carga leve;

  • 100-299: carga moderada;

  • 300 o más: carga elevada.

Los límites deben interpretarse según edad, sexo y contexto.

El calcio coronario puede ayudar a reclasificar el riesgo en personas seleccionadas cuando no está claro si deben iniciar o intensificar un tratamiento preventivo.

Qué significa una puntuación cero

Una puntuación de cero indica que no se detecta placa calcificada.

Suele asociarse con un riesgo bajo a corto plazo en determinadas personas.

Pero no significa:

  • ausencia absoluta de placa;

  • riesgo cero;

  • protección permanente.

Puede existir placa no calcificada, especialmente en:

  • personas jóvenes;

  • fumadores;

  • diabetes;

  • síntomas;

  • hipercolesterolemia familiar.

No debe utilizarse para ignorar factores graves.

Cuándo puede ser útil el calcio coronario

Puede considerarse especialmente cuando:

  • el riesgo es intermedio;

  • existe duda sobre iniciar una estatina;

  • la persona desea una valoración adicional;

  • hay factores modificadores no reflejados completamente en la calculadora.

No suele ser necesario cuando:

  • ya existe enfermedad cardiovascular;

  • el riesgo es claramente muy alto;

  • la indicación del tratamiento ya está establecida;

  • existen síntomas que requieren otro tipo de estudio.

El calcio coronario no es una prueba de esfuerzo

No informa directamente sobre:

  • capacidad del corazón durante el ejercicio;

  • existencia de una obstrucción funcional;

  • flujo coronario;

  • causa de un dolor torácico.

Una persona con síntomas no debería solicitar únicamente un calcio coronario por su cuenta.

Puede necesitar:

  • electrocardiograma;

  • analítica;

  • prueba de esfuerzo;

  • angio-TC;

  • valoración urgente,

dependiendo del cuadro.

Ecografía carotídea

Puede mostrar placas en las arterias del cuello.

La presencia de una placa carotídea indica aterosclerosis.

Sin embargo, no se recomienda realizar ecografías indiscriminadamente a toda la población.

Puede ser útil en casos seleccionados cuando el resultado vaya a modificar decisiones clínicas.

Medir únicamente el grosor íntima-media sin buscar placas tiene un papel más limitado en muchas guías actuales.

Índice tobillo-brazo

Compara la presión arterial de los tobillos con la de los brazos.

Puede ayudar a detectar enfermedad arterial periférica.

Es especialmente útil cuando existe:

  • dolor al caminar;

  • diabetes;

  • tabaco;

  • pulsos débiles;

  • heridas;

  • sospecha vascular.

Un resultado bajo sugiere obstrucción arterial.

Un resultado excesivamente alto puede aparecer cuando las arterias están muy rígidas y no se comprimen adecuadamente.

Enfermedad arterial periférica

Aparece cuando la aterosclerosis reduce el flujo hacia las extremidades, especialmente las piernas.

Puede producir:

  • dolor en pantorrillas al caminar;

  • alivio al detenerse;

  • pies fríos;

  • heridas que no cicatrizan;

  • cambios de color;

  • menor crecimiento de uñas o vello.

El dolor típico al caminar se denomina claudicación.

Sin embargo, muchas personas presentan síntomas atípicos o ninguno.

Tabaco y diabetes son dos factores especialmente importantes.

La enfermedad arterial periférica es una señal sistémica

Una obstrucción en las piernas no es únicamente un problema local.

Indica que puede existir aterosclerosis en:

  • corazón;

  • cerebro;

  • riñones;

  • otras arterias.

Por eso requiere una prevención cardiovascular completa.

Angina

La angina es una molestia producida cuando el corazón no recibe suficiente oxígeno para la demanda existente.

Puede sentirse como:

  • presión;

  • opresión;

  • peso;

  • quemazón;

  • molestia en el pecho.

Puede irradiarse hacia:

  • brazo;

  • hombro;

  • cuello;

  • mandíbula;

  • espalda;

  • parte alta del abdomen.

La angina estable suele aparecer con esfuerzo y mejorar al descansar.

Una molestia nueva, más frecuente, más intensa o en reposo necesita atención urgente.

Síntomas en mujeres

Las mujeres pueden presentar dolor torácico típico, pero también pueden referir con mayor frecuencia:

  • falta de aire;

  • náuseas;

  • agotamiento intenso;

  • dolor en espalda o mandíbula;

  • malestar difícil de describir.

Esto no significa que toda fatiga sea un infarto.

Significa que no debe descartarse un problema cardíaco únicamente porque el síntoma no parezca una presión clásica en el centro del pecho.

Síntomas en personas con diabetes

La neuropatía puede disminuir la percepción del dolor.

Algunas personas con diabetes pueden presentar:

  • falta de aire;

  • sudoración;

  • debilidad;

  • náuseas;

  • cansancio repentino

sin un dolor torácico intenso.

El umbral para solicitar valoración debe ser bajo cuando existe alto riesgo.

Síntomas de infarto

Pueden incluir:

  • presión o dolor torácico persistente;

  • irradiación a brazo, mandíbula, cuello o espalda;

  • falta de aire;

  • sudor frío;

  • náuseas;

  • mareo;

  • sensación intensa de malestar.

Ante sospecha de infarto no debe conducirse de forma particular si existe una alternativa de emergencia.

La rapidez del tratamiento puede salvar músculo cardíaco.

Síntomas de ictus

Una forma sencilla de recordarlos incluye:

  • caída o asimetría de la cara;

  • debilidad de un brazo;

  • dificultad para hablar;

  • necesidad de actuar de inmediato.

También pueden aparecer:

  • pérdida súbita de visión;

  • dificultad para caminar;

  • desequilibrio repentino;

  • dolor de cabeza intenso e inesperado;

  • confusión.

Aunque los síntomas desaparezcan, puede tratarse de un accidente isquémico transitorio y necesita atención urgente.

Aneurismas

La aterosclerosis y otros procesos pueden debilitar determinadas arterias.

Un aneurisma es una dilatación anormal.

Puede aparecer en:

  • aorta abdominal;

  • aorta torácica;

  • arterias cerebrales.

Muchos permanecen sin síntomas.

El cribado se recomienda solamente en determinados grupos según:

  • edad;

  • sexo;

  • tabaquismo;

  • antecedentes familiares.

Alimentación cardioprotectora

No existe un único alimento capaz de limpiar las arterias.

La prevención depende del patrón mantenido.

Una alimentación cardioprotectora suele priorizar:

  • verduras;

  • fruta entera;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • aceite de oliva;

  • proteínas poco procesadas.

Y limita:

  • grasas trans;

  • exceso de grasas saturadas;

  • carnes procesadas;

  • bebidas azucaradas;

  • exceso de sal;

  • alcohol;

  • ultraprocesados frecuentes.

Dieta mediterránea

El patrón mediterráneo combina:

  • alimentos vegetales;

  • aceite de oliva;

  • frutos secos;

  • legumbres;

  • pescado;

  • actividad social y culinaria.

No debe reducirse a:

  • beber vino;

  • añadir aceite a cualquier comida;

  • comer pan sin límite.

La calidad y las cantidades continúan siendo importantes.

Fibra

La fibra puede ayudar a mejorar:

  • colesterol;

  • saciedad;

  • glucosa;

  • microbiota;

  • control del peso.

Son buenas fuentes:

  • avena;

  • cebada;

  • legumbres;

  • verduras;

  • fruta;

  • frutos secos;

  • semillas.

Debe aumentarse gradualmente si la ingesta previa es baja.

Grasas de la alimentación

Conviene sustituir parte de las grasas saturadas por insaturadas.

Por ejemplo:

  • mantequilla por aceite de oliva;

  • embutido por pescado o legumbre;

  • bollería por frutos secos o yogur natural.

La sustitución es más importante que eliminar grasa y reemplazarla por productos refinados ricos en azúcar.

Pescado

El pescado puede aportar:

  • proteínas;

  • omega-3 en algunas especies;

  • minerales.

Conviene variar:

  • pescado azul;

  • pescado blanco;

  • otras fuentes proteicas.

La preparación importa.

Freírlo habitualmente o acompañarlo con salsas muy saladas puede reducir parte del beneficio del patrón.

Frutos secos

Pueden formar parte de una dieta cardioprotectora.

Aportan:

  • grasas insaturadas;

  • fibra;

  • minerales;

  • proteínas vegetales.

Conviene elegirlos:

  • naturales;

  • tostados sin exceso de sal;

  • en porciones adaptadas.

Aportan energía, por lo que no deben añadirse sin considerar el conjunto cuando existe un objetivo de pérdida de peso.

Ejercicio

La actividad física regular mejora:

  • presión arterial;

  • sensibilidad a la insulina;

  • capacidad cardiorrespiratoria;

  • composición corporal;

  • función vascular;

  • bienestar.

La OMS incluye la inactividad entre los principales factores modificables de enfermedad cardiovascular.

Una planificación completa combina:

  • ejercicio aeróbico;

  • fuerza;

  • movimiento cotidiano;

  • reducción del sedentarismo.

¿Puede el ejercicio limpiar las arterias?

No elimina físicamente las placas como si fueran suciedad dentro de una tubería.

Puede ayudar a:

  • reducir factores de riesgo;

  • mejorar la función endotelial;

  • aumentar la capacidad cardiovascular;

  • estabilizar la enfermedad;

  • disminuir eventos.

La regresión de algunas placas puede ocurrir con tratamientos intensivos, especialmente reduciendo mucho el LDL, pero el principal objetivo clínico es evitar:

  • crecimiento;

  • rotura;

  • nuevos eventos.

Sueño

Dormir mal puede favorecer:

  • hipertensión;

  • obesidad;

  • resistencia a la insulina;

  • peor adherencia;

  • inflamación.

La apnea obstructiva merece especial atención porque se asocia con:

  • hipertensión;

  • arritmias;

  • somnolencia;

  • mayor riesgo cardiovascular.

Tratar el sueño no sustituye al control del LDL o la presión, pero completa la prevención.

Estrés

El estrés puede contribuir mediante:

  • activación del sistema nervioso;

  • peor sueño;

  • aumento de presión;

  • tabaco;

  • alcohol;

  • menor actividad;

  • alimentación emocional.

No debe convertirse en una explicación universal.

Una persona no sufre un infarto simplemente por haber vivido una semana difícil.

El riesgo surge de una interacción entre:

  • vulnerabilidad;

  • factores crónicos;

  • posibles desencadenantes agudos.

Estatinas

Las estatinas reducen el LDL y el riesgo de eventos cardiovasculares.

Son el tratamiento farmacológico de primera elección en numerosos pacientes.

Su beneficio es especialmente claro en:

  • prevención secundaria;

  • LDL muy elevado;

  • diabetes de alto riesgo;

  • enfermedad renal;

  • riesgo cardiovascular alto.

Cuando no se alcanza el objetivo o la dosis tolerada no es suficiente, pueden añadirse tratamientos no estatínicos.

Ezetimiba y otros tratamientos

La ezetimiba reduce la absorción intestinal de colesterol.

Puede combinarse con estatinas.

Otros tratamientos incluyen:

  • inhibidores PCSK9;

  • inclisirán;

  • ácido bempedoico.

La elección depende de:

  • riesgo;

  • LDL inicial;

  • respuesta;

  • tolerancia;

  • disponibilidad;

  • preferencias.

No existe una única secuencia adecuada para todos.

Tratamiento de la presión arterial

Controlar la presión reduce el riesgo de:

  • ictus;

  • infarto;

  • insuficiencia cardíaca;

  • daño renal.

Puede requerir:

  • alimentación;

  • reducción de sal;

  • actividad;

  • pérdida de peso;

  • medicamentos;

  • tratamiento de la apnea.

En prevención cardiovascular, la adherencia continuada es más importante que alcanzar una cifra perfecta durante una sola semana.

Medicamentos para diabetes con protección cardiovascular

En personas con diabetes tipo 2, algunos medicamentos ofrecen beneficios que van más allá de reducir la glucosa.

Determinados:

  • agonistas del receptor GLP-1;

  • inhibidores SGLT2

pueden proteger frente a eventos cardiovasculares, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal en pacientes seleccionados.

La elección debe basarse en:

  • enfermedad cardiovascular;

  • riñón;

  • insuficiencia cardíaca;

  • peso;

  • riesgo de efectos adversos.

Aspirina en prevención secundaria

Después de determinados eventos cardiovasculares, los antiagregantes pueden reducir el riesgo de nuevos coágulos.

La aspirina es uno de los tratamientos utilizados.

No debe suspenderse por cuenta propia después de:

  • infarto;

  • angioplastia;

  • ictus;

  • otra indicación vascular.

La duración y la combinación con otros antiagregantes dependen del caso.

Aspirina en prevención primaria

Tomar aspirina preventivamente sin haber sufrido un evento no es apropiado para todo el mundo.

Puede reducir algunos eventos, pero aumenta el riesgo de:

  • sangrado digestivo;

  • hemorragia intracraneal;

  • otras complicaciones.

Las guías contemporáneas limitan su utilización a personas seleccionadas después de valorar cuidadosamente el equilibrio entre beneficio y sangrado.

No debe comenzarse “por si acaso” sin indicación médica.

Anticoagulantes no son lo mismo que antiagregantes

Los antiagregantes actúan principalmente sobre las plaquetas.

Los anticoagulantes actúan sobre factores de la coagulación.

Se utilizan en situaciones diferentes.

Por ejemplo, determinados anticoagulantes pueden indicarse en:

  • fibrilación auricular;

  • trombosis venosa;

  • embolia pulmonar;

  • prótesis valvulares concretas.

No deben intercambiarse ni combinarse sin supervisión.

¿Se pueden desobstruir las arterias de forma natural?

No existe:

  • infusión;

  • alimento;

  • suplemento;

  • dieta de pocos días

capaz de disolver de forma rápida las placas.

Las intervenciones eficaces buscan:

  • reducir LDL;

  • controlar presión;

  • abandonar tabaco;

  • tratar diabetes;

  • mejorar actividad;

  • estabilizar placas;

  • impedir nuevos eventos.

Cuando existe una obstrucción importante con síntomas, pueden ser necesarios procedimientos como:

  • angioplastia;

  • colocación de stent;

  • cirugía de bypass.

Angioplastia y stent

La angioplastia utiliza un catéter para abrir una arteria estrechada.

En muchos casos se coloca un stent para mantenerla abierta.

Es especialmente importante en determinados síndromes coronarios agudos.

En la enfermedad coronaria estable, la decisión depende de:

  • síntomas;

  • anatomía;

  • respuesta al tratamiento;

  • cantidad de músculo en riesgo.

Un stent trata una zona concreta.

No elimina la tendencia sistémica a formar placas.

Por eso es necesario continuar la prevención.

Bypass coronario

La cirugía crea nuevas rutas para que la sangre rodee las obstrucciones.

Puede estar indicada en determinados pacientes con:

  • enfermedad extensa;

  • anatomía compleja;

  • diabetes;

  • afectación de vasos importantes.

Después de la cirugía siguen siendo necesarios:

  • estatinas;

  • control de presión;

  • actividad;

  • alimentación;

  • abandono del tabaco.

Rehabilitación cardíaca

Después de un infarto, cirugía o determinados procedimientos, la rehabilitación cardíaca puede incluir:

  • ejercicio supervisado;

  • educación;

  • control de factores;

  • apoyo psicológico;

  • mejora de la adherencia.

No consiste únicamente en caminar despacio.

Es un programa estructurado para recuperar capacidad y reducir el riesgo de nuevos eventos.

Mujeres y prevención insuficiente

Durante años, el riesgo cardiovascular de las mujeres se ha infravalorado.

A veces los síntomas se atribuyen exclusivamente a:

  • ansiedad;

  • menopausia;

  • estrés;

  • cansancio.

La evaluación debe considerar:

  • factores clásicos;

  • antecedentes del embarazo;

  • menopausia prematura;

  • enfermedades autoinmunes;

  • síntomas atípicos.

La herramienta SCORE2 también se utiliza para estimar el riesgo en mujeres sin enfermedad aterosclerótica conocida.

Personas mayores

En adultos mayores, la prevención continúa siendo importante.

Sin embargo, debe individualizarse según:

  • fragilidad;

  • caídas;

  • función renal;

  • polimedicación;

  • autonomía;

  • esperanza de vida;

  • preferencias.

No debe negarse un tratamiento eficaz únicamente por la edad.

Tampoco debe perseguirse una intensidad que produzca más perjuicios que beneficios.

El estigma y la culpabilización

No todas las personas con enfermedad cardiovascular han vivido de forma irresponsable.

Intervienen:

  • genética;

  • entorno;

  • recursos;

  • acceso sanitario;

  • contaminación;

  • estrés social;

  • enfermedades;

  • medicamentos.

La prevención requiere responsabilidad compartida.

Culpabilizar puede provocar:

  • vergüenza;

  • abandono;

  • ocultación;

  • peor seguimiento.

La educación debe aumentar la capacidad de acción, no la culpa.

Contaminación ambiental

La contaminación del aire también forma parte del riesgo cardiovascular poblacional.

Puede favorecer:

  • inflamación;

  • alteraciones vasculares;

  • eventos en personas vulnerables.

Una persona no siempre puede controlar su exposición de forma individual.

Esto recuerda que la prevención también necesita:

  • políticas públicas;

  • espacios caminables;

  • regulación del tabaco;

  • acceso a alimentos saludables;

  • reducción de contaminación.

Mitos y realidades

“Si no tengo dolor, mis arterias están bien.”

Mito.

La aterosclerosis puede permanecer silenciosa durante décadas.

“Las placas son simplemente grasa pegada.”

Mito.

Contienen lípidos, células, inflamación, tejido fibroso y calcio.

“Una placa solo es peligrosa cuando bloquea casi toda la arteria.”

Mito.

Una placa vulnerable puede romperse antes.

“El HDL alto compensa todos los demás riesgos.”

Mito.

No neutraliza un LDL alto, tabaco, hipertensión o diabetes.

“Un calcio coronario de cero significa riesgo cero.”

Mito.

Reduce la probabilidad a corto plazo en ciertos pacientes, pero no descarta todas las placas ni elimina otros riesgos.

“El ejercicio limpia las arterias.”

Simplificación.

Mejora múltiples factores y reduce eventos, pero no actúa como un limpiador mecánico.

“La aspirina previene infartos en cualquier adulto.”

Mito.

Puede causar sangrado y se reserva para situaciones seleccionadas.

“Un stent cura la aterosclerosis.”

Mito.

Trata una obstrucción concreta, pero la enfermedad puede afectar a todo el árbol arterial.

“Solo los hombres sufren infartos.”

Mito.

Las enfermedades cardiovasculares también son una causa importante de enfermedad y muerte en mujeres.

“La aterosclerosis es inevitable con la edad.”

Mito.

El riesgo aumenta, pero puede reducirse actuando sobre factores modificables.

“Las arterias pueden destaparse con suplementos.”

Mito.

No existe evidencia de que un suplemento elimine rápidamente las placas.

“Si mi riesgo a diez años es bajo, puedo ignorar el colesterol.”

Mito.

En personas jóvenes también importa el riesgo acumulado de por vida.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que la prevención cardiovascular debe integrarse dentro del envejecimiento saludable.

No tiene sentido centrarse únicamente en:

  • peso;

  • piel;

  • flacidez;

  • apariencia;

  • tratamientos estéticos

sin revisar los factores que pueden condicionar la calidad y la duración de la vida.

Una valoración integral debería incluir:

  • presión arterial;

  • colesterol LDL;

  • triglicéridos;

  • glucosa;

  • cintura;

  • tabaco;

  • actividad;

  • antecedentes familiares;

  • función renal;

  • menopausia;

  • sueño y apnea;

  • lipoproteína(a) cuando esté indicada;

  • estimación del riesgo.

Nuestro objetivo no es solicitar todas las pruebas a todos los pacientes.

Buscamos utilizar las herramientas que realmente pueden modificar una decisión y construir un plan proporcional al riesgo.

Ideas clave

  • La aterosclerosis es una enfermedad crónica de la pared arterial.

  • Las partículas con ApoB pueden entrar y quedar retenidas en las arterias.

  • La inflamación participa en el crecimiento y la evolución de la placa.

  • Una placa puede estrechar lentamente una arteria o romperse de forma repentina.

  • Los síntomas suelen aparecer tarde.

  • LDL, hipertensión, tabaco y diabetes son factores fundamentales.

  • El tiempo de exposición importa tanto como una cifra puntual.

  • La edad y la genética no pueden modificarse, pero ayudan a ajustar la prevención.

  • SCORE2 y SCORE2-OP estiman el riesgo cardiovascular a diez años en Europa.

  • El riesgo a corto plazo puede ser bajo y el riesgo de por vida alto.

  • El calcio coronario puede ayudar en decisiones dudosas, pero no es una prueba para todo el mundo.

  • Una puntuación de calcio cero no significa ausencia absoluta de riesgo.

  • La enfermedad arterial periférica indica aterosclerosis sistémica.

  • Las mujeres también pueden presentar enfermedad coronaria y síntomas menos reconocidos.

  • Alimentación, ejercicio, sueño y abandono del tabaco forman parte de la prevención.

  • Las estatinas y otros fármacos se utilizan según el riesgo y el objetivo de LDL.

  • La aspirina no debe utilizarse rutinariamente en prevención primaria.

  • Un stent no cura la enfermedad aterosclerótica completa.

  • La prevención empieza antes del primer síntoma.

Aplicación práctica: valoración cardiovascular inicial

Historia personal

  • dolor torácico;

  • falta de aire;

  • capacidad de ejercicio;

  • palpitaciones;

  • desmayos;

  • dolor en piernas al caminar;

  • eventos cardiovasculares previos.

Antecedentes familiares

  • infarto;

  • ictus;

  • muerte súbita;

  • colesterol muy elevado;

  • edad de aparición.

Mediciones

  • presión arterial;

  • peso;

  • cintura;

  • pulso.

Analítica

  • colesterol total;

  • LDL;

  • HDL;

  • triglicéridos;

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • función renal;

  • ApoB o Lp(a) cuando estén indicadas.

Hábitos

  • tabaco;

  • alcohol;

  • actividad;

  • alimentación;

  • sueño.

Factores específicos

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • enfermedades inflamatorias;

  • menopausia prematura;

  • preeclampsia;

  • diabetes gestacional.

Plan práctico de doce semanas

Semanas 1 a 4: conocer el riesgo

  • medir correctamente la presión;

  • realizar el perfil lipídico;

  • revisar glucosa;

  • registrar tabaco;

  • conocer los antecedentes;

  • calcular el riesgo cuando sea apropiado;

  • establecer objetivos.

Semanas 5 a 8: intervenir

Alimentación

  • aumentar verduras y legumbres;

  • reducir carnes procesadas;

  • sustituir grasas saturadas;

  • limitar bebidas azucaradas;

  • reducir sal y alcohol.

Movimiento

  • comenzar actividad aeróbica;

  • realizar fuerza dos días;

  • interrumpir el sedentarismo.

Tratamiento

  • iniciar o ajustar medicación cuando esté indicada;

  • organizar recordatorios;

  • revisar tolerancia.

Semanas 9 a 12: comprobar

  • repetir presión domiciliaria;

  • revisar adherencia;

  • valorar el descenso de LDL;

  • comprobar síntomas;

  • ajustar objetivos;

  • plantear pruebas adicionales solo si modificarán la estrategia.

Señales de alarma

Solicitar atención urgente ante:

  • presión o dolor torácico persistente;

  • falta de aire repentina;

  • sudor frío;

  • náuseas con malestar torácico;

  • debilidad de un lado del cuerpo;

  • asimetría facial;

  • dificultad para hablar;

  • pérdida brusca de visión;

  • dolor intenso y repentino en una extremidad fría o pálida;

  • desmayo durante el esfuerzo.

No debe esperarse a comprobar si desaparecen durante horas.

Preguntas frecuentes

¿Puedo saber si tengo placas mediante una analítica?

La analítica muestra factores de riesgo, pero no visualiza directamente las placas.

¿Necesito un calcio coronario?

No todas las personas. Puede ser útil cuando el riesgo es incierto y el resultado cambiaría una decisión preventiva.

¿Una puntuación cero significa que no necesito estatina?

Depende del contexto. No siempre permite evitarla cuando existen LDL muy alto, diabetes, tabaco o antecedentes importantes.

¿La ecografía carotídea sustituye al calcio coronario?

No. Evalúan territorios y aspectos diferentes.

¿La aterosclerosis puede mejorar?

Puede estabilizarse y algunas placas pueden reducir parcialmente su carga con un tratamiento intensivo. El objetivo principal es prevenir eventos.

¿Qué valor de LDL debo tener?

Depende del riesgo. Las personas con enfermedad cardiovascular conocida necesitan objetivos más bajos que quienes presentan bajo riesgo.

¿La inflamación se mide con la proteína C reactiva?

La proteína C reactiva ultrasensible puede aportar información en situaciones seleccionadas, pero no sustituye la valoración de los factores principales.

¿Debo tomar aspirina diariamente?

Solo cuando existe una indicación médica tras valorar el riesgo de sangrado.

¿Un stent elimina la necesidad de medicación?

No. Habitualmente se mantienen tratamientos para prevenir trombosis y nuevas placas.

¿El estrés puede causar un infarto?

Puede actuar como desencadenante en personas vulnerables, pero el riesgo suele depender de una combinación de factores desarrollados durante años.

¿Las mujeres tienen menor riesgo?

Suelen desarrollar enfermedad clínica algo más tarde, pero continúan presentando un riesgo importante, especialmente después de la menopausia.

¿Puedo hacer ejercicio si tengo placas?

En la mayoría de los casos sí y resulta beneficioso. La intensidad debe adaptarse cuando existen síntomas o enfermedad diagnosticada.

¿Las vitaminas previenen la aterosclerosis?

No existe un suplemento vitamínico general capaz de sustituir el control de LDL, presión, tabaco, diabetes y actividad.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo analizaremos uno de los acontecimientos más temidos, pero también uno de los que más pueden prevenirse mediante el reconocimiento temprano y el control de los factores de riesgo:

Infarto de miocardio: cómo reconocerlo, qué ocurre en el corazón y cómo actuar durante los primeros minutos.

Analizaremos:

  • diferencia entre angina e infarto;

  • rotura de placa;

  • formación del trombo;

  • síntomas típicos y atípicos;

  • infarto en mujeres;

  • diabetes;

  • electrocardiograma;

  • troponinas;

  • angioplastia;

  • stent;

  • medicamentos;

  • rehabilitación cardíaca;

  • recuperación;

  • prevención de un segundo evento;

  • cuándo llamar a emergencias;

  • por qué no debe conducirse hasta el hospital.

Comprenderemos que, ante una sospecha real de infarto, cada minuto importa y que reconocer los síntomas puede marcar la diferencia entre una recuperación completa, una lesión cardíaca permanente o la muerte.

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Capítulo 40

Infarto de miocardio

Cómo reconocerlo, qué ocurre en el corazón y cómo actuar durante los primeros minutos
“Ante una sospecha de infarto, es preferible activar innecesariamente una evaluación urgente que permanecer en casa esperando a que el dolor desaparezca.”

Una historia cotidiana

Isabel tiene 62 años.

Una mañana comienza a sentir una presión extraña en la parte alta del pecho. No es un dolor insoportable, sino una mezcla de opresión, calor y malestar.

También nota:

  • náuseas;

  • sudor frío;

  • cansancio repentino;

  • una molestia que se extiende hacia la espalda y el brazo.

Piensa que puede ser una digestión pesada.

Decide sentarse y esperar.

Después busca un antiácido y se acuesta durante unos minutos.

Su marido propone llevarla en coche al hospital, pero Isabel responde:

—No quiero molestar. Seguro que se me pasa.

La molestia disminuye ligeramente y vuelve a intensificarse.

Finalmente llaman al servicio de emergencias.

El electrocardiograma y las pruebas realizadas confirman que está sufriendo un síndrome coronario agudo. Una arteria del corazón se encuentra obstruida y necesita abrirse con rapidez.

Isabel recibe tratamiento y se realiza una angioplastia.

Después de recuperarse comprende que había cometido un error muy frecuente:

Esperaba que un infarto produjera siempre un dolor insoportable y repentino.

Los síntomas pueden comenzar de forma gradual, fluctuar o resultar difíciles de interpretar. Algunas personas presentan presión torácica; otras sienten falta de aire, náuseas, debilidad, sudoración o molestias en la espalda, la mandíbula o la parte alta del abdomen.

La rapidez con la que se solicita ayuda puede determinar la cantidad de músculo cardíaco que logra conservarse.

Introducción

El infarto agudo de miocardio ocurre cuando una parte del músculo cardíaco deja de recibir suficiente sangre y oxígeno durante el tiempo necesario para que comiencen a morir células.

La causa más frecuente es:

  1. La existencia de una placa de aterosclerosis en una arteria coronaria.

  2. La rotura o erosión de esa placa.

  3. La activación de las plaquetas y de la coagulación.

  4. La formación de un trombo.

  5. La obstrucción parcial o completa de la arteria.

Los ataques cardíacos suelen producirse por una obstrucción que impide que la sangre llegue al corazón, con frecuencia sobre una arteria afectada por depósitos ateroscleróticos. (Organización Mundial de la Salud)

El corazón necesita un suministro continuo de oxígeno.

Cuando el flujo se interrumpe:

  • las células cambian su metabolismo;

  • disminuye la capacidad de contracción;

  • aparece inestabilidad eléctrica;

  • comienza la lesión;

  • puede producirse necrosis.

Por eso se utiliza la expresión:

El tiempo es músculo.

Cuanto antes se restablezca el flujo, mayor es la posibilidad de limitar el daño.

¿Qué es el miocardio?

El miocardio es el tejido muscular del corazón.

Su función consiste en contraerse de forma coordinada para impulsar sangre hacia:

  • pulmones;

  • cerebro;

  • riñones;

  • músculos;

  • resto del organismo.

Para trabajar continuamente necesita:

  • oxígeno;

  • glucosa;

  • ácidos grasos;

  • electrolitos;

  • circulación coronaria adecuada.

Las arterias coronarias se encargan de suministrar sangre al propio corazón.

Cuando una de ellas se bloquea, el territorio dependiente de esa arteria queda en riesgo.

Qué son las arterias coronarias

Las arterias coronarias nacen cerca de la salida de la aorta.

Las principales ramas distribuyen sangre por diferentes partes del corazón.

Entre ellas se encuentran:

  • arteria coronaria derecha;

  • tronco coronario izquierdo;

  • arteria descendente anterior;

  • arteria circunfleja.

La gravedad de un infarto depende, entre otros factores, de:

  • arteria afectada;

  • localización de la obstrucción;

  • duración;

  • tamaño del territorio;

  • existencia de circulación colateral;

  • rapidez del tratamiento;

  • estado previo del corazón.

Una obstrucción situada al inicio de una arteria importante puede comprometer una zona mayor que otra localizada en una rama pequeña.

Angina e infarto no son lo mismo

Angina

La angina es una molestia causada por un aporte insuficiente de oxígeno al músculo cardíaco, pero sin que se haya demostrado muerte celular propia de un infarto.

Puede sentirse como:

  • presión;

  • opresión;

  • peso;

  • ardor;

  • molestia;

  • falta de aire.

Puede extenderse hacia hombros, brazos, cuello, mandíbula, abdomen o espalda. Algunas personas no describen dolor y presentan principalmente disnea o fatiga. (www.heart.org)

Infarto

En el infarto, la falta de flujo ha producido lesión y muerte de células cardíacas, que puede detectarse mediante marcadores como la troponina.

La diferencia no puede establecerse con seguridad observando únicamente la intensidad del dolor.

Un episodio relativamente leve puede corresponder a un infarto.

Angina estable

La angina estable suele:

  • aparecer con un nivel previsible de esfuerzo;

  • mejorar al detenerse;

  • repetirse de forma parecida;

  • durar pocos minutos.

Puede indicar que una arteria presenta un estrechamiento que limita el flujo cuando aumenta la demanda.

Aunque no siempre representa una emergencia inmediata, necesita valoración médica.

No debería normalizarse el dolor repetido al:

  • caminar;

  • subir escaleras;

  • cargar peso;

  • realizar actividad sexual;

  • exponerse al frío.

Angina inestable

La angina inestable forma parte de los síndromes coronarios agudos.

Puede caracterizarse por:

  • aparición reciente;

  • episodios cada vez más frecuentes;

  • mayor intensidad;

  • molestias con esfuerzos menores;

  • síntomas en reposo;

  • duración más prolongada.

En este caso puede existir una placa inestable y un trombo que todavía no ha producido una elevación detectable de troponina.

Necesita evaluación urgente porque puede evolucionar hacia infarto.

Síndrome coronario agudo

El síndrome coronario agudo engloba situaciones producidas generalmente por una reducción brusca del flujo coronario.

Incluye:

  • angina inestable;

  • infarto sin elevación del segmento ST;

  • infarto con elevación del segmento ST.

Las guías europeas actuales integran estas presentaciones dentro de una misma estrategia de atención, adaptando la urgencia del tratamiento a los hallazgos electrocardiográficos, la troponina, los síntomas y el riesgo clínico. (Escardio)

Infarto con elevación del segmento ST

Se denomina habitualmente STEMI.

El electrocardiograma muestra cambios compatibles con una obstrucción coronaria aguda completa o casi completa en un territorio determinado.

En esta situación, la prioridad es abrir la arteria cuanto antes.

El tratamiento preferido, cuando está disponible en el plazo adecuado, suele ser la angioplastia coronaria primaria.

Infarto sin elevación del segmento ST

Se denomina NSTEMI.

No presenta la elevación típica del segmento ST, pero existe lesión cardíaca demostrada mediante troponinas y un contexto compatible con isquemia.

Puede deberse a:

  • obstrucción parcial;

  • trombo intermitente;

  • afectación de una rama;

  • desequilibrio entre aporte y demanda.

No debe considerarse un infarto menor.

Algunas personas con NSTEMI presentan enfermedad coronaria extensa y un riesgo elevado.

El electrocardiograma puede ser normal al principio

Un electrocardiograma inicial normal no descarta completamente un síndrome coronario agudo.

Los cambios pueden:

  • aparecer más tarde;

  • ser intermitentes;

  • localizarse en zonas poco visibles;

  • resultar sutiles.

Por eso, cuando la sospecha continúa, pueden realizarse:

  • electrocardiogramas repetidos;

  • troponinas seriadas;

  • monitorización;

  • pruebas de imagen;

  • coronariografía.

No debe tranquilizarse a una persona únicamente porque “el primer electro salió bien” si persisten síntomas sugestivos.

Cómo comienza un infarto

Muchos infartos empiezan de forma brusca.

Otros comienzan gradualmente.

La persona puede notar inicialmente:

  • presión leve;

  • sensación de indigestión;

  • fatiga;

  • falta de aire;

  • molestias que aparecen y desaparecen.

Los síntomas de un ataque cardíaco pueden ser intensos e inmediatos, pero también comenzar lentamente o ser relativamente leves. (www.heart.org)

Esperar a que el dolor sea insoportable puede retrasar peligrosamente la atención.

Síntoma más frecuente

El síntoma más característico es una molestia en el centro o lado izquierdo del pecho.

Puede describirse como:

  • presión;

  • peso;

  • opresión;

  • compresión;

  • plenitud;

  • ardor;

  • dolor.

No siempre se localiza exactamente sobre el corazón.

Puede sentirse detrás del esternón o en una zona amplia del tórax.

Irradiación del dolor

La molestia puede extenderse hacia:

  • uno o ambos brazos;

  • hombros;

  • cuello;

  • mandíbula;

  • espalda;

  • parte alta del abdomen.

La OMS incluye entre los signos del infarto el dolor o malestar central en el pecho y las molestias en brazos, hombro, mandíbula o espalda. (Organización Mundial de la Salud)

No es necesario que llegue al brazo izquierdo.

También puede aparecer en:

  • brazo derecho;

  • ambos brazos;

  • espalda;

  • mandíbula sin dolor torácico intenso.

Otros síntomas posibles

Un infarto también puede producir:

  • dificultad para respirar;

  • sudor frío;

  • náuseas;

  • vómitos;

  • mareo;

  • debilidad;

  • palpitaciones;

  • sensación de muerte inminente;

  • cansancio repentino;

  • pérdida de conciencia.

Estos síntomas pueden acompañar al dolor o aparecer sin una molestia torácica evidente.

¿Cuánto dura el dolor?

No existe una duración exacta que permita confirmar o descartar un infarto.

La molestia puede:

  • durar varios minutos;

  • desaparecer y volver;

  • mantenerse;

  • fluctuar.

Una presión torácica que persiste más de unos minutos o reaparece debe tratarse como una señal de alarma, especialmente cuando se acompaña de falta de aire, sudoración, náuseas o irradiación.

No conviene esperar quince, treinta o sesenta minutos para decidirse a pedir ayuda.

Infarto en mujeres

Las mujeres pueden presentar el mismo síntoma principal que los hombres: dolor o molestia torácica.

No obstante, pueden describir con mayor frecuencia otros signos como:

  • falta de aire;

  • náuseas;

  • malestar digestivo;

  • dolor de espalda, hombro o brazo;

  • debilidad;

  • cansancio inusual;

  • ansiedad. (www.heart.org)

El error no consiste en afirmar que las mujeres nunca tienen dolor torácico.

Consiste en no sospechar un problema cardíaco cuando la presentación es menos clásica.

Por qué puede retrasarse el diagnóstico en mujeres

Pueden influir:

  • menor percepción del riesgo;

  • atribución a ansiedad o menopausia;

  • síntomas más difusos;

  • responsabilidades familiares;

  • retraso en solicitar ayuda;

  • infrarrepresentación histórica en investigaciones;

  • diferencias biológicas.

La Sociedad Europea de Cardiología señala que existen diferencias relevantes en la biología, la presentación y la atención de los síndromes coronarios agudos en mujeres. (Escardio)

La prevención y el diagnóstico deben considerar también:

  • preeclampsia;

  • diabetes gestacional;

  • menopausia prematura;

  • enfermedades autoinmunes;

  • tratamientos oncológicos.

Infarto en personas con diabetes

La diabetes puede dañar los nervios encargados de transmitir el dolor.

Por ello, algunas personas presentan un infarto con:

  • molestias leves;

  • falta de aire;

  • cansancio;

  • sudoración;

  • náuseas;

  • confusión;

  • deterioro general.

Esto se conoce a veces como infarto silencioso, aunque no significa que no exista ningún signo.

El umbral para solicitar atención debe ser bajo cuando una persona con diabetes presenta síntomas nuevos compatibles con un problema cardiovascular.

Infarto en personas mayores

En adultos mayores puede aparecer:

  • dificultad respiratoria;

  • debilidad;

  • desmayo;

  • confusión;

  • caída;

  • deterioro repentino;

  • ausencia de dolor torácico intenso.

La edad y la fragilidad no deben utilizarse para excluir automáticamente tratamientos eficaces. La estrategia debe adaptarse al riesgo de sangrado, función renal, estado general y preferencias. (Escardio)

Infarto silencioso

Algunos infartos se descubren posteriormente mediante:

  • electrocardiograma;

  • ecocardiografía;

  • resonancia;

  • estudio realizado por otro motivo.

La persona puede recordar un episodio previo de:

  • indigestión;

  • agotamiento;

  • falta de aire;

  • malestar inespecífico.

Los infartos silenciosos son más probables en:

  • diabetes;

  • edad avanzada;

  • neuropatía;

  • enfermedad renal.

Que no se haya reconocido el episodio no significa que el daño sea irrelevante.

Infarto y parada cardíaca no son lo mismo

Infarto

Es un problema circulatorio.

Una arteria coronaria se bloquea y una parte del músculo pierde oxígeno.

El corazón suele continuar latiendo.

Parada cardíaca

Es un problema eléctrico y mecánico.

El corazón deja de bombear sangre eficazmente.

La persona:

  • pierde la conciencia;

  • no respira normalmente;

  • no tiene circulación efectiva.

Un infarto puede desencadenar una parada cardíaca, pero muchas personas sufren un infarto sin que el corazón se detenga. (www.heart.org)

Qué hacer ante una sospecha de infarto

1. Detener la actividad

La persona debe:

  • sentarse;

  • permanecer en reposo;

  • intentar mantener la calma;

  • evitar caminar innecesariamente.

2. Llamar inmediatamente al servicio de emergencias

En España debe llamarse al:

112

No conviene esperar a:

  • terminar una reunión;

  • comprobar si el antiácido funciona;

  • llamar primero a varios familiares;

  • ducharse;

  • recoger documentos;

  • conducir al hospital.

3. Describir claramente los síntomas

Indicar:

  • edad;

  • presión o dolor torácico;

  • falta de aire;

  • irradiación;

  • sudor;

  • náuseas;

  • antecedentes cardíacos;

  • dirección exacta;

  • estado de conciencia.

4. Seguir las instrucciones

El personal de emergencias puede indicar:

  • posición;

  • medicación;

  • vigilancia;

  • maniobras si empeora.

Por qué es mejor llamar a emergencias que conducir

El equipo de emergencias puede:

  • comenzar la evaluación;

  • realizar un electrocardiograma;

  • administrar tratamientos;

  • avisar al hospital;

  • trasladar a un centro adecuado;

  • responder ante una arritmia o parada.

Conducir de forma particular puede retrasar la activación del circuito de infarto.

Además, la persona puede empeorar durante el trayecto.

Las recomendaciones insisten en activar el servicio de emergencias ante síntomas compatibles en lugar de trasladarse conduciendo. (www.heart.org)

No debe conducir la persona afectada

Una persona que puede estar sufriendo un infarto puede presentar repentinamente:

  • arritmia;

  • desmayo;

  • parada;

  • deterioro de la atención.

Conducir pone en riesgo:

  • al paciente;

  • acompañantes;

  • otros usuarios de la vía.

Cuando no existe ninguna alternativa y el servicio de emergencias no puede acceder, otra persona podría realizar el traslado siguiendo indicaciones, pero la opción preferente continúa siendo el transporte sanitario.

Qué hacer mientras llega la ayuda

  • mantener a la persona sentada o semisentada;

  • aflojar ropa muy ajustada;

  • no dejarla sola;

  • abrir la puerta para facilitar el acceso;

  • preparar la lista de medicamentos;

  • mantener el teléfono disponible;

  • vigilar respiración y conciencia.

No debe obligarse a caminar para “activar la circulación”.

¿Debe tomarse aspirina?

La aspirina reduce la actividad de las plaquetas y puede limitar la formación del trombo.

Las guías de primeros auxilios permiten que un adulto consciente con dolor torácico no traumático mastique entre 162 y 325 mg mientras espera a emergencias, siempre que:

  • no tenga alergia conocida;

  • no presente sangrado activo;

  • no haya recibido indicación médica de evitarla;

  • el operador de emergencias o un profesional lo recomiende. (professional.heart.org)

La prioridad es llamar primero.

No debe retrasarse la llamada para buscar aspirina. (Mayo Clinic)

La aspirina no es adecuada en todas las situaciones

Puede ser perjudicial cuando existe:

  • alergia;

  • hemorragia;

  • sospecha de disección aórtica;

  • determinados trastornos de coagulación;

  • contraindicación profesional.

Además, un dolor torácico puede tener otras causas.

Por eso es preferible seguir las indicaciones del servicio de emergencias.

Nitroglicerina

Algunas personas con angina conocida tienen prescrita nitroglicerina.

Debe utilizarse exactamente según la pauta recibida.

No debe:

  • tomarse prestada;

  • administrarse a otra persona;

  • repetirse sin control;

  • utilizarse junto con determinados medicamentos para la disfunción eréctil.

Puede bajar la presión y provocar:

  • mareo;

  • desmayo;

  • cefalea.

Aunque la molestia mejore con nitroglicerina, continúa siendo necesaria una evaluación si el episodio es nuevo, más intenso o diferente.

No utilizar remedios caseros

No existe evidencia de que ante un posible infarto sea útil:

  • toser repetidamente;

  • beber agua con limón;

  • tomar ajo;

  • darse golpes en el pecho;

  • respirar de una forma especial;

  • ingerir bicarbonato.

Estos métodos pueden retrasar la atención.

La llamada a emergencias y la reperfusión son las intervenciones decisivas.

Si la persona pierde la conciencia

Debe comprobarse si:

  • responde;

  • respira normalmente.

Una respiración agónica, irregular o con jadeos no debe considerarse normal.

Si no responde y no respira con normalidad:

  1. Llamar al 112 o pedir que otra persona llame.

  2. Iniciar reanimación cardiopulmonar.

  3. Utilizar un desfibrilador externo automático cuando esté disponible.

Reanimación cardiopulmonar

Cuando la persona no responde y no respira normalmente, deben iniciarse compresiones en el centro del pecho.

En un adulto:

  • colocar las manos en el centro del tórax;

  • comprimir con fuerza;

  • permitir que el pecho vuelva a subir;

  • mantener un ritmo continuo;

  • reducir las interrupciones.

Quien no esté entrenado puede realizar reanimación solo con compresiones siguiendo las indicaciones telefónicas.

La reanimación inmediata puede duplicar o triplicar las posibilidades de supervivencia en una parada cardíaca. (www.heart.org)

Desfibrilador externo automático

El desfibrilador analiza el ritmo y administra una descarga cuando está indicada.

Puede encontrarse en:

  • centros deportivos;

  • aeropuertos;

  • comercios;

  • edificios públicos;

  • empresas.

No administra una descarga si el ritmo no lo necesita.

Debe:

  1. Encenderse.

  2. Colocar los parches siguiendo los dibujos.

  3. Apartarse durante el análisis.

  4. Seguir las instrucciones.

No debe esperarse a que llegue un profesional para utilizarlo.

Llegada al hospital

La evaluación inicial puede incluir:

  • electrocardiograma;

  • troponinas;

  • exploración;

  • presión arterial;

  • saturación de oxígeno;

  • analítica;

  • radiografía;

  • ecocardiografía;

  • monitorización.

El objetivo es responder rápidamente a varias preguntas:

  • ¿Existe un síndrome coronario?

  • ¿Qué tipo?

  • ¿Hay una obstrucción que debe abrirse de inmediato?

  • ¿Existen complicaciones?

  • ¿Puede tratarse de otra emergencia?

Electrocardiograma

El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón.

Puede mostrar:

  • elevación del ST;

  • descenso del ST;

  • inversión de ondas;

  • arritmias;

  • bloqueos;

  • signos de infartos previos.

Debe realizarse con rapidez ante síntomas compatibles.

Sin embargo, su interpretación depende de:

  • momento;

  • territorio;

  • antecedentes;

  • trazado previo;

  • síntomas.

Un electrocardiograma normal no descarta por completo un infarto inicial.

Troponina

La troponina es una proteína presente en las células musculares cardíacas.

Cuando estas células se lesionan, la troponina puede pasar a la sangre.

Las pruebas de alta sensibilidad permiten detectar cantidades pequeñas y observar cambios en intervalos cortos.

La troponina ayuda a diferenciar la angina inestable del infarto, ya que se libera cuando existe lesión del músculo cardíaco. (NHLBI, NIH)

Una troponina elevada no siempre significa infarto coronario

También puede aumentar en:

  • insuficiencia cardíaca;

  • embolia pulmonar;

  • miocarditis;

  • arritmias;

  • sepsis;

  • enfermedad renal;

  • esfuerzo extremo;

  • crisis hipertensiva.

Para diagnosticar un infarto se necesita interpretar:

  • ascenso o descenso;

  • síntomas;

  • electrocardiograma;

  • pruebas de imagen;

  • contexto clínico.

No debe interpretarse una cifra aislada sin esta información.

Infarto tipo 1

Es el infarto clásico producido por:

  • rotura o erosión de placa;

  • trombo;

  • reducción aguda del flujo coronario.

Es el mecanismo explicado principalmente en este capítulo.

Infarto tipo 2

Se produce por un desequilibrio entre la cantidad de oxígeno que necesita el corazón y la que recibe, sin que necesariamente exista una rotura de placa con trombo.

Puede aparecer durante:

  • anemia grave;

  • arritmia rápida;

  • hipotensión;

  • sepsis;

  • hipoxia;

  • hipertensión extrema;

  • hemorragia.

El tratamiento debe corregir el desencadenante y valorar la existencia de enfermedad coronaria.

No todos los infartos necesitan exactamente el mismo tratamiento invasivo.

Miocarditis y otras imitaciones

Algunas enfermedades pueden producir:

  • dolor torácico;

  • cambios en el electrocardiograma;

  • troponina elevada.

Entre ellas:

  • miocarditis;

  • pericarditis;

  • síndrome de Takotsubo;

  • embolia pulmonar;

  • disección aórtica.

Distinguirlas es fundamental porque el tratamiento puede ser diferente.

Síndrome de Takotsubo

Es una alteración temporal del músculo cardíaco que puede aparecer después de un estrés emocional o físico intenso.

Puede parecer un infarto porque produce:

  • dolor;

  • cambios electrocardiográficos;

  • troponina elevada;

  • alteración de la contracción.

Sin embargo, no suele encontrarse una obstrucción coronaria responsable.

Es más frecuente en mujeres después de la menopausia.

Aunque con frecuencia existe recuperación, puede producir complicaciones y necesita atención hospitalaria.

Disección coronaria espontánea

La disección coronaria espontánea se produce cuando aparece una separación o hematoma dentro de la pared de una arteria coronaria.

Puede reducir el flujo y provocar un infarto.

Puede afectar a personas:

  • relativamente jóvenes;

  • sin aterosclerosis importante;

  • especialmente mujeres;

  • durante o después del embarazo;

  • con determinados trastornos vasculares.

Su tratamiento puede diferir del infarto aterotrombótico habitual.

MINOCA

MINOCA describe un infarto en el que la coronariografía no muestra una obstrucción igual o superior al nivel que se utiliza para definir enfermedad obstructiva importante.

Puede deberse a:

  • rotura de una placa pequeña;

  • espasmo;

  • disección;

  • embolia coronaria;

  • alteración de pequeños vasos;

  • otras causas.

No significa que el episodio sea imaginario ni benigno.

Requiere investigar el mecanismo.

Coronariografía

La coronariografía utiliza un catéter y contraste para visualizar las arterias coronarias.

El catéter suele introducirse por:

  • arteria radial, en la muñeca;

  • arteria femoral, en la ingle.

Permite localizar:

  • obstrucciones;

  • estrechamientos;

  • flujo;

  • anatomía coronaria.

También permite pasar directamente al tratamiento mediante angioplastia.

Angioplastia coronaria

Durante la angioplastia:

  1. Se avanza una guía hasta la zona obstruida.

  2. Puede inflarse un pequeño balón.

  3. Se restablece el paso.

  4. Habitualmente se coloca un stent.

El objetivo es recuperar el flujo lo antes posible.

El cateterismo cardíaco puede utilizarse tanto para diagnosticar como para tratar problemas coronarios. (NHLBI, NIH)

Qué es un stent

Un stent es una pequeña estructura de malla que mantiene abierta la arteria tratada.

Actualmente muchos stents liberan medicamentos que reducen el crecimiento excesivo de tejido en su interior.

El stent:

  • trata una lesión concreta;

  • no elimina la aterosclerosis del resto de las arterias;

  • no sustituye los medicamentos;

  • no permite abandonar la prevención.

Tratamiento fibrinolítico

Cuando una angioplastia primaria no puede realizarse dentro del tiempo adecuado en un STEMI y no existen contraindicaciones, pueden administrarse medicamentos que disuelven el trombo.

Se denominan fibrinolíticos.

Aumentan el riesgo de sangrado, especialmente cerebral.

Por eso deben valorarse:

  • tiempo desde el inicio;

  • edad;

  • presión;

  • cirugías;

  • antecedentes de hemorragia;

  • otras contraindicaciones.

Incluso después de una fibrinólisis eficaz, suele ser necesaria una estrategia posterior de coronariografía.

Oxígeno

Durante años se administraba oxígeno de forma rutinaria a cualquier persona con sospecha de infarto.

Actualmente se reserva principalmente para quienes presentan:

  • saturación baja;

  • dificultad respiratoria;

  • hipoxemia;

  • complicaciones.

El exceso de oxígeno no aporta necesariamente beneficio cuando la saturación ya es adecuada.

Medicamentos durante el infarto

Según el caso pueden utilizarse:

  • aspirina;

  • otro antiagregante;

  • anticoagulantes;

  • nitratos;

  • analgésicos;

  • estatinas de alta intensidad;

  • betabloqueantes;

  • fármacos para presión;

  • tratamientos para arritmias;

  • medicamentos para insuficiencia cardíaca.

No todas las personas reciben exactamente la misma combinación.

El tratamiento depende de:

  • tipo de infarto;

  • angioplastia;

  • sangrado;

  • riñón;

  • presión;

  • frecuencia;

  • función ventricular.

Doble antiagregación

Después de muchos síndromes coronarios agudos, especialmente cuando se coloca un stent, se administra:

  • aspirina;

  • un segundo antiagregante.

Esta combinación reduce el riesgo de:

  • trombosis del stent;

  • nuevo infarto;

  • eventos isquémicos.

Aumenta también el riesgo de sangrado.

La duración se individualiza según:

  • tipo de stent;

  • riesgo isquémico;

  • sangrado;

  • otros anticoagulantes;

  • evolución.

No debe suspenderse por una intervención dental o quirúrgica sin consultar primero con cardiología.

Estatinas después de un infarto

Después de un síndrome coronario agudo se recomienda una reducción intensa del LDL.

En las recomendaciones europeas de seguimiento, el objetivo tras un síndrome coronario agudo es alcanzar un LDL inferior a 55 mg/dl y reducirlo al menos un 50 % respecto al valor inicial. (Escardio)

Puede ser necesario combinar:

  • estatina de alta intensidad;

  • ezetimiba;

  • inhibidor PCSK9;

  • otros tratamientos.

La cifra inicial no debe considerarse “normal” únicamente porque esté dentro del rango general del laboratorio.

Después de un infarto, el riesgo es muy alto.

Betabloqueantes

Los betabloqueantes reducen:

  • frecuencia cardíaca;

  • demanda de oxígeno;

  • riesgo de ciertas arritmias.

Tienen una indicación especialmente clara cuando la fracción de eyección del ventrículo izquierdo es igual o inferior al 40 %, incluso sin síntomas evidentes de insuficiencia cardíaca. (Escardio)

Su duración en personas con función cardíaca conservada puede individualizarse.

IECA, ARA-II y otros tratamientos

Algunos medicamentos ayudan a limitar el remodelado del corazón y proteger a pacientes con:

  • fracción de eyección reducida;

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • insuficiencia cardíaca.

La elección puede incluir:

  • IECA;

  • ARA-II;

  • antagonistas de mineralocorticoides;

  • inhibidores SGLT2;

  • otros fármacos según la función ventricular.

Ecocardiografía

La ecocardiografía utiliza ultrasonidos para observar:

  • movimiento de las paredes;

  • función de bombeo;

  • válvulas;

  • complicaciones;

  • líquido alrededor del corazón.

Permite calcular la fracción de eyección, que estima qué proporción de sangre expulsa el ventrículo izquierdo con cada contracción.

No mide toda la función cardíaca, pero aporta información importante para:

  • pronóstico;

  • tratamiento;

  • rehabilitación.

Complicaciones tempranas

Durante las primeras horas o días pueden aparecer:

  • arritmias;

  • parada cardíaca;

  • insuficiencia cardíaca;

  • edema pulmonar;

  • shock cardiogénico;

  • pericarditis;

  • rotura de estructuras;

  • formación de trombos;

  • reinfarto;

  • sangrado relacionado con el tratamiento.

La monitorización hospitalaria busca detectar rápidamente estas situaciones.

Arritmias

La falta de oxígeno altera la estabilidad eléctrica.

Pueden aparecer:

  • extrasístoles;

  • taquicardia ventricular;

  • fibrilación ventricular;

  • bloqueos;

  • fibrilación auricular;

  • bradicardia.

La fibrilación ventricular impide que el corazón bombee eficazmente y necesita desfibrilación inmediata.

Insuficiencia cardíaca

Si una zona importante pierde capacidad de contracción, el corazón puede no bombear suficiente sangre.

Los síntomas pueden incluir:

  • falta de aire;

  • cansancio;

  • hinchazón;

  • congestión pulmonar;

  • presión baja.

La gravedad depende de:

  • tamaño del infarto;

  • localización;

  • función previa;

  • rapidez de reperfusión.

Shock cardiogénico

Es una complicación grave en la que el corazón no puede mantener un flujo suficiente hacia los órganos.

Puede producir:

  • presión muy baja;

  • piel fría;

  • confusión;

  • poca orina;

  • respiración rápida;

  • deterioro multiorgánico.

Necesita tratamiento intensivo y, en algunos casos, soporte circulatorio.

Qué ocurre con la zona lesionada

Las células muertas no se regeneran completamente como músculo normal.

El organismo reemplaza la zona mediante una cicatriz.

Las áreas cercanas pueden adaptarse, pero el corazón puede cambiar su forma y tamaño.

Este proceso se denomina remodelado ventricular.

El tratamiento precoz busca:

  • reducir el tamaño de la lesión;

  • conservar músculo;

  • evitar remodelado desfavorable;

  • proteger la función.

Recuperación después del alta

La recuperación no termina al salir del hospital.

Puede incluir:

  • ajuste farmacológico;

  • cuidado de la zona de acceso;

  • actividad progresiva;

  • control de presión;

  • reducción del LDL;

  • abandono del tabaco;

  • alimentación;

  • rehabilitación cardíaca;

  • apoyo emocional;

  • reincorporación laboral;

  • revisión de síntomas.

El miedo a realizar cualquier esfuerzo es frecuente, pero una inactividad prolongada puede retrasar la recuperación.

Rehabilitación cardíaca

La rehabilitación cardíaca es un programa estructurado que puede incluir:

  • ejercicio supervisado;

  • educación;

  • apoyo psicológico;

  • nutrición;

  • control de factores de riesgo;

  • mejora de la adherencia.

Ayuda a recuperar:

  • confianza;

  • resistencia;

  • fuerza;

  • autonomía.

No está reservada únicamente para personas muy mayores o con grandes secuelas.

Puede beneficiar a pacientes después de:

  • infarto;

  • angioplastia;

  • cirugía coronaria;

  • determinados cuadros de insuficiencia cardíaca.

Cuándo volver a caminar

En casos estables, el movimiento suele iniciarse pronto y progresar de acuerdo con:

  • tamaño del infarto;

  • función del corazón;

  • procedimiento;

  • síntomas;

  • ritmo;

  • indicación médica.

El programa puede comenzar con:

  • paseos breves;

  • intensidad ligera;

  • aumentos graduales.

No debe improvisarse ejercicio intenso durante las primeras fases.

Entrenamiento de fuerza después de un infarto

Puede incorporarse cuando la situación es estable y el equipo responsable lo autoriza.

Ayuda a:

  • recuperar músculo;

  • realizar tareas;

  • mejorar sensibilidad a la insulina;

  • conservar independencia.

Debe comenzar con:

  • cargas moderadas;

  • técnica;

  • respiración;

  • progresión;

  • control de síntomas.

No conviene contener la respiración durante esfuerzos importantes.

Actividad sexual

La preocupación sobre cuándo retomar las relaciones sexuales es frecuente.

La capacidad necesaria suele ser comparable a realizar un esfuerzo físico moderado.

La decisión depende de:

  • estabilidad;

  • síntomas;

  • capacidad funcional;

  • tratamiento;

  • valoración cardiológica.

Algunos medicamentos para la disfunción eréctil no deben combinarse con nitratos porque pueden producir una caída peligrosa de la presión.

Volver a conducir

Después de un infarto pueden existir restricciones temporales.

Dependen de:

  • tipo de evento;

  • función ventricular;

  • arritmias;

  • síntomas;

  • profesión;

  • normativa.

Quienes conducen vehículos profesionales pueden necesitar un periodo y una evaluación diferentes.

Debe seguirse la indicación del equipo médico y la normativa vigente.

Volver al trabajo

La reincorporación depende de:

  • tipo de trabajo;

  • exigencia física;

  • estrés;

  • evolución;

  • función cardíaca;

  • rehabilitación;

  • transporte.

Una persona con trabajo sedentario puede regresar antes que otra que realiza grandes esfuerzos o conduce profesionalmente.

No existe un plazo universal.

Ansiedad después del infarto

Es frecuente sentir:

  • miedo a morir;

  • vigilancia constante;

  • preocupación por cualquier molestia;

  • temor al ejercicio;

  • alteraciones del sueño.

También pueden aparecer:

  • depresión;

  • irritabilidad;

  • pérdida de confianza;

  • dificultades sexuales.

Estos síntomas merecen atención porque pueden afectar a:

  • rehabilitación;

  • adherencia;

  • calidad de vida;

  • actividad.

Solicitar apoyo psicológico no significa que los síntomas cardíacos fueran imaginarios.

Diferenciar molestias durante la recuperación

Después de una angioplastia o de una hospitalización pueden aparecer molestias musculares o digestivas.

Sin embargo, debe buscarse atención ante:

  • presión torácica parecida a la del infarto;

  • falta de aire nueva;

  • sudor frío;

  • desmayo;

  • palpitaciones mantenidas;

  • empeoramiento rápido;

  • dolor acompañado de náuseas o irradiación.

No conviene autodiagnosticar cada episodio.

El equipo responsable puede explicar qué señales necesitan urgencia.

Prevención de un segundo infarto

Después del primer evento, la persona presenta una enfermedad cardiovascular establecida.

La prevención secundaria debe actuar intensamente sobre:

  • LDL;

  • presión arterial;

  • tabaco;

  • glucosa;

  • actividad;

  • alimentación;

  • peso;

  • riñón;

  • adherencia;

  • sueño.

El riesgo de un segundo evento no desaparece al colocar un stent.

Abandonar el tabaco

Dejar de fumar es una de las intervenciones más importantes.

Puede reducir:

  • trombosis;

  • progresión de placas;

  • nuevos eventos;

  • cáncer;

  • enfermedad respiratoria.

La dependencia de nicotina es una enfermedad tratable.

Pueden utilizarse:

  • apoyo conductual;

  • terapia sustitutiva;

  • medicamentos;

  • seguimiento.

No debe esperarse que toda persona consiga dejarlo únicamente mediante voluntad.

Alimentación después del infarto

Un patrón cardioprotector prioriza:

  • verduras;

  • fruta entera;

  • legumbres;

  • cereales integrales;

  • aceite de oliva;

  • pescado;

  • frutos secos;

  • proteínas poco procesadas.

Y limita:

  • tabaco;

  • alcohol;

  • carnes procesadas;

  • exceso de sal;

  • bebidas azucaradas;

  • grasas trans;

  • exceso de grasas saturadas;

  • ultraprocesados frecuentes.

No existe un alimento capaz de deshacer el infarto.

La protección procede del patrón mantenido y de la medicación.

Peso y composición corporal

Cuando existe obesidad abdominal, reducir grasa puede mejorar:

  • presión;

  • glucosa;

  • triglicéridos;

  • apnea;

  • movilidad.

Sin embargo, una pérdida demasiado rápida puede provocar:

  • sarcopenia;

  • fatiga;

  • peor recuperación;

  • desnutrición.

Es importante combinar:

  • déficit moderado;

  • proteína;

  • ejercicio;

  • seguimiento.

Presión arterial después del infarto

Controlarla reduce la carga sobre el corazón y el riesgo de:

  • ictus;

  • insuficiencia cardíaca;

  • nuevo evento;

  • daño renal.

El objetivo debe individualizarse para evitar:

  • mareos;

  • caídas;

  • deterioro renal;

  • presión excesivamente baja.

Diabetes y glucosa

La diabetes aumenta el riesgo de nuevos eventos.

El tratamiento debe considerar medicamentos con beneficios cardiovasculares y renales cuando estén indicados, además del control glucémico.

No debe intentarse conseguir una glucosa extremadamente baja a costa de hipoglucemias.

Las hipoglucemias graves también pueden ser peligrosas para el corazón.

Sueño y apnea

La apnea obstructiva puede contribuir a:

  • hipertensión;

  • arritmias;

  • somnolencia;

  • peor recuperación.

Conviene estudiarla ante:

  • ronquidos;

  • pausas;

  • obesidad abdominal;

  • hipertensión difícil;

  • cansancio.

Dormir mal también dificulta:

  • ejercicio;

  • alimentación;

  • adherencia;

  • estado de ánimo.

Adherencia a la medicación

Después del alta pueden prescribirse varios tratamientos.

Es frecuente sentirse abrumado.

Puede ayudar:

  • disponer de una lista clara;

  • conocer para qué sirve cada medicamento;

  • utilizar un pastillero;

  • asociar dosis a rutinas;

  • revisar interacciones;

  • informar de efectos adversos;

  • no suspender tratamientos por cuenta propia.

La doble antiagregación es especialmente importante después de un stent.

Una suspensión prematura puede aumentar el riesgo de trombosis.

No utilizar antiinflamatorios sin consultar

Algunos antiinflamatorios pueden:

  • aumentar la presión;

  • afectar al riñón;

  • incrementar el riesgo cardiovascular;

  • interferir con antiagregantes;

  • aumentar sangrado.

Una persona que ha sufrido un infarto debe consultar antes de utilizarlos con frecuencia.

Existen alternativas según el tipo de dolor y la historia clínica.

Vacunación y prevención

Las infecciones pueden descompensar a personas con enfermedad cardiovascular.

Conviene mantener las vacunas indicadas según:

  • edad;

  • enfermedades;

  • país;

  • tratamientos.

La prevención cardiovascular también incluye el cuidado general de la salud.

Mitos y realidades

“Un infarto siempre produce un dolor insoportable.”

Mito.

Puede comenzar con síntomas leves o graduales.

“Si el dolor mejora, ya no es urgente.”

Mito.

Los síntomas pueden aparecer y desaparecer.

“Solo duele el brazo izquierdo.”

Mito.

Puede irradiarse a ambos brazos, mandíbula, espalda o abdomen.

“Las mujeres no suelen sentir dolor torácico.”

Inexacto.

Sigue siendo el síntoma más frecuente, aunque pueden coexistir otros signos menos reconocidos.

“Un electrocardiograma normal descarta el infarto.”

Mito.

Puede ser normal al inicio y necesitar repetición.

“La troponina elevada siempre significa una arteria bloqueada.”

Mito.

Indica lesión cardíaca y debe interpretarse en contexto.

“Es mejor ir en coche para llegar antes.”

Mito.

El servicio de emergencias puede iniciar tratamiento y responder ante una parada.

“Hay que esperar a ver si el dolor dura quince minutos.”

Mito.

Ante síntomas sugestivos debe pedirse ayuda sin retrasos.

“La aspirina sustituye la llamada a emergencias.”

Mito.

Primero se activa el sistema de emergencias.

“Toser repetidamente puede detener un infarto.”

Mito.

Puede retrasar la atención eficaz.

“Un stent cura el problema.”

Mito.

Abre una lesión concreta, pero la enfermedad aterosclerótica continúa necesitando tratamiento.

“Necesitar insulina o varios medicamentos demuestra que el paciente no se cuidó.”

Mito.

La gravedad y el tratamiento dependen de múltiples factores biológicos y clínicos.

“Después de un infarto no se puede volver a hacer ejercicio.”

Mito.

La rehabilitación y el ejercicio adaptado forman parte de la recuperación.

“Si la analítica se normaliza, puedo dejar los medicamentos.”

Mito.

Puede estar normal precisamente porque el tratamiento funciona.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que una guía de envejecimiento saludable debe enseñar no solo a prevenir, sino también a reconocer una emergencia.

Una persona puede acudir por:

  • pérdida de peso;

  • menopausia;

  • tratamientos corporales;

  • nutrición;

  • actividad física;

  • bienestar.

Durante la valoración pueden aparecer factores como:

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • LDL elevado;

  • tabaco;

  • antecedentes familiares;

  • enfermedad renal;

  • obesidad abdominal;

  • sedentarismo.

Identificarlos permite actuar antes de que aparezca un evento.

También debemos enseñar mensajes claros:

  • no esperar a que el dolor sea insoportable;

  • no conducir;

  • llamar al 112;

  • no automedicarse;

  • reconocer síntomas en mujeres, mayores y personas con diabetes;

  • participar posteriormente en rehabilitación cardíaca.

La información correcta puede salvar músculo cardíaco y también una vida.

Ideas clave

  • El infarto ocurre cuando una parte del corazón deja de recibir suficiente sangre y se produce muerte celular.

  • La causa más frecuente es la formación de un trombo sobre una placa aterosclerótica.

  • Angina e infarto no son lo mismo.

  • Los síndromes coronarios agudos incluyen angina inestable, NSTEMI y STEMI.

  • El síntoma más frecuente es presión o molestia torácica.

  • Puede irradiarse a brazos, mandíbula, espalda o abdomen.

  • Falta de aire, sudoración, náuseas y debilidad también pueden ser señales.

  • Los síntomas pueden comenzar lentamente o aparecer y desaparecer.

  • Las mujeres continúan presentando con frecuencia molestias torácicas, aunque pueden referir más síntomas asociados.

  • En personas mayores o con diabetes puede existir poco dolor.

  • Un electrocardiograma inicial normal no descarta por completo un infarto.

  • La troponina permite detectar lesión del músculo cardíaco.

  • Ante sospecha debe llamarse al 112.

  • La persona afectada no debe conducir.

  • La aspirina solo debe tomarse si no existe contraindicación y siguiendo indicaciones.

  • Una persona inconsciente que no respira normalmente necesita reanimación y desfibrilador.

  • La angioplastia permite abrir la arteria y colocar un stent.

  • El stent no cura toda la aterosclerosis.

  • Después del infarto son esenciales el control del LDL, la presión, el tabaco y la diabetes.

  • La rehabilitación cardíaca facilita una recuperación segura.

  • La medicación no debe suspenderse por cuenta propia.

  • Reconocer los síntomas y actuar rápidamente puede reducir el daño y salvar la vida.

Aplicación práctica: protocolo ante dolor torácico sospechoso

Paso 1. Reconocer

Considerar una emergencia ante:

  • presión o dolor torácico;

  • irradiación;

  • falta de aire;

  • sudor frío;

  • náuseas;

  • debilidad repentina;

  • malestar inexplicable en una persona de riesgo.

Paso 2. Detener

  • parar la actividad;

  • sentarse;

  • no caminar;

  • no conducir.

Paso 3. Llamar

112

Explicar:

  • síntomas;

  • edad;

  • antecedentes;

  • dirección;

  • estado de conciencia.

Paso 4. Seguir instrucciones

No tomar medicamentos improvisados.

La aspirina puede indicarse si resulta segura.

Paso 5. Vigilar

Si pierde la conciencia y no respira normalmente:

  • iniciar compresiones;

  • utilizar desfibrilador;

  • seguir las indicaciones del 112.

Calendario orientativo después de un infarto

La frecuencia real debe individualizarse.

Primeras semanas

  • revisión de medicación;

  • cuidado del acceso vascular;

  • control de presión;

  • observación de síntomas;

  • inicio de movilización;

  • derivación a rehabilitación.

Primeros meses

  • progresión del ejercicio;

  • revisión del LDL;

  • ajuste de tratamiento;

  • control de glucosa;

  • apoyo para dejar de fumar;

  • valoración emocional;

  • reincorporación laboral.

A largo plazo

  • adherencia;

  • actividad regular;

  • alimentación cardioprotectora;

  • seguimiento renal;

  • control de peso y cintura;

  • vigilancia de nuevos síntomas;

  • vacunación;

  • revisión de la necesidad y duración de antiagregantes.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si es infarto o ansiedad?

No puede diferenciarse con seguridad en casa cuando existen síntomas nuevos. La ansiedad puede producir dolor y palpitaciones, pero también puede coexistir con un problema cardíaco.

¿Una indigestión puede parecer un infarto?

Sí. Y un infarto puede parecer indigestión. Ante una molestia nueva, intensa o acompañada de otros signos debe solicitarse valoración.

¿Qué hago si el dolor aparece al caminar y desaparece al parar?

Puede tratarse de angina estable y necesita valoración médica. Si el patrón es nuevo, empeora, aparece con menos esfuerzo o en reposo, requiere atención urgente.

¿Cuánto tiempo debo esperar antes de llamar?

No conviene establecer un tiempo de espera. Ante síntomas compatibles, especialmente con factores de riesgo, debe llamarse sin demora.

¿Puedo ir al centro de salud?

Ante una sospecha real de infarto es preferible activar emergencias para recibir atención durante el traslado y acceder al centro adecuado.

¿Debo tomar aspirina cada día para prevenirlo?

No sin indicación médica. En prevención primaria puede aumentar el riesgo de sangrado.

¿Un infarto puede ocurrir con colesterol normal?

Sí. También influyen tabaco, presión, diabetes, genética, Lp(a), inflamación y características de la placa.

¿Puede sufrirlo una persona joven?

Sí, aunque es menos frecuente. Pueden intervenir genética, tabaco, drogas estimulantes, disección coronaria y otras causas.

¿Puede un disgusto provocar un infarto?

Un estrés intenso puede actuar como desencadenante en una persona vulnerable, pero habitualmente existe una interacción con factores previos o mecanismos específicos.

¿Se regenera el corazón?

La zona necrótica se sustituye principalmente por una cicatriz. El resto del corazón puede adaptarse y mejorar su función con tratamiento y rehabilitación.

¿Puedo volver a hacer deporte?

En muchos casos sí. Debe retomarse de manera progresiva y según la valoración cardiológica y el programa de rehabilitación.

¿Cuánto tiempo dura un stent?

Está diseñado para permanecer de forma permanente. Lo importante es evitar su trombosis y controlar la enfermedad de las demás arterias.

¿Puedo suspender el segundo antiagregante si me salen hematomas?

No por cuenta propia. Los hematomas pueden aparecer, pero suspenderlo prematuramente puede ser peligroso. Debe consultarse.

¿Qué sucede si vuelven las molestias después del alta?

Una presión similar a la del infarto, falta de aire, sudoración o malestar importante requiere atención urgente.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos otra emergencia vascular en la que reconocer los signos y actuar de inmediato puede evitar una discapacidad permanente:

Ictus: cómo identificarlo, por qué cada minuto cuenta y qué podemos hacer para prevenirlo.

Analizaremos:

  • ictus isquémico y hemorrágico;

  • accidente isquémico transitorio;

  • asimetría facial;

  • debilidad de brazo;

  • dificultad para hablar;

  • pérdida de visión;

  • alteración del equilibrio;

  • código ictus;

  • tomografía;

  • trombólisis;

  • trombectomía;

  • fibrilación auricular;

  • hipertensión;

  • anticoagulantes;

  • rehabilitación;

  • prevención de recurrencias;

  • por qué los síntomas que desaparecen también son una emergencia.

Comprenderemos que el ictus no siempre produce dolor de cabeza y que esperar a que la persona “se recupere sola” puede hacer perder la oportunidad de restaurar el flujo sanguíneo al cerebro.

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Capítulo 41

Ictus

Cómo identificarlo, por qué cada minuto cuenta y qué podemos hacer para prevenirlo
"En un ictus, el tiempo perdido es cerebro perdido. Reconocer los síntomas y actuar en los primeros minutos puede marcar la diferencia entre una recuperación completa y una discapacidad permanente."

Una historia cotidiana

María tiene 68 años.

Está desayunando con su marido cuando, de repente, deja caer la taza del café.

Él observa que la comisura de su boca parece desviarse hacia un lado.

Cuando intenta hablar, las palabras salen confusas.

María quiere explicar que se encuentra bien, pero no consigue formar frases coherentes.

Su marido piensa inicialmente que puede tratarse de una bajada de azúcar o de un mareo.

Decide esperar unos minutos.

Cinco minutos después los síntomas mejoran ligeramente.

Entonces cree que "ya se le está pasando".

Sin embargo, recuerda haber leído que incluso cuando los síntomas desaparecen puede tratarse de un ictus o de un accidente isquémico transitorio.

Llama inmediatamente al 112.

En el hospital se activa el Código Ictus.

Las pruebas demuestran que una arteria cerebral está obstruida.

Gracias a la rapidez con la que se actuó, María recibe tratamiento dentro de la ventana terapéutica y consigue recuperar prácticamente toda su función neurológica.

Meses después resume aquella experiencia con una frase muy sencilla:

"Si hubiéramos esperado media hora más, probablemente hoy no podría hablar."

Introducción

El ictus es una alteración brusca de la circulación sanguínea cerebral que provoca la lesión de una parte del cerebro.

Dependiendo del mecanismo puede producirse por:

  • obstrucción de una arteria (ictus isquémico);

  • rotura de un vaso sanguíneo (ictus hemorrágico).

El cerebro representa aproximadamente el 2 % del peso corporal, pero consume cerca del 20 % del oxígeno disponible.

A diferencia de otros tejidos, apenas dispone de reservas energéticas.

Cuando deja de recibir sangre:

  • las neuronas dejan de funcionar;

  • comienza el daño celular;

  • aparecen síntomas neurológicos;

  • si el flujo no se recupera, parte del tejido puede morir.

Según la Organización Mundial de la Salud, el ictus constituye una de las principales causas de discapacidad y mortalidad en el mundo y gran parte de los casos son prevenibles actuando sobre factores de riesgo como la hipertensión, el tabaquismo, la diabetes o la fibrilación auricular.

¿Qué es exactamente un ictus?

El término ictus engloba varias enfermedades.

No todas tienen el mismo tratamiento.

Las dos grandes categorías son:

Ictus isquémico

Representa aproximadamente el 80-85 % de los casos.

Se produce porque una arteria cerebral queda obstruida.

La sangre deja de llegar a una zona del cerebro.

Ictus hemorrágico

Representa aproximadamente el 15-20 %.

Se produce por la rotura de un vaso sanguíneo.

La sangre sale al tejido cerebral o alrededor del cerebro.

Aunque es menos frecuente, suele asociarse a mayor gravedad inicial.

El cerebro necesita un flujo continuo

Cada segundo llegan millones de glóbulos rojos al cerebro transportando:

  • oxígeno;

  • glucosa;

  • nutrientes.

Cuando una arteria se obstruye:

  • disminuye el aporte energético;

  • fallan las neuronas;

  • aparecen síntomas inmediatos.

No existe un "periodo de seguridad" prolongado.

Cada minuto sin tratamiento supone la pérdida de millones de neuronas.

¿Qué ocurre durante un ictus isquémico?

El mecanismo suele desarrollarse así:

  1. Una arteria se obstruye.

  2. El flujo sanguíneo disminuye.

  3. Las neuronas dejan de recibir oxígeno.

  4. Se altera su funcionamiento.

  5. Aparecen síntomas neurológicos.

  6. Si no se recupera el flujo, parte del tejido cerebral muere.

El núcleo del infarto cerebral

Existe una zona donde el flujo es prácticamente inexistente.

Las neuronas de esta región sufren un daño irreversible en poco tiempo.

A esta zona se la denomina:

núcleo del infarto.

La penumbra isquémica

Alrededor del núcleo existe una región parcialmente irrigada.

Las neuronas todavía están vivas.

Sin embargo:

  • funcionan mal;

  • necesitan recuperar rápidamente el flujo.

Esta zona recibe el nombre de:

penumbra isquémica.

El objetivo del tratamiento urgente consiste precisamente en salvar esa penumbra antes de que también se necrose.

¿Qué produce un ictus isquémico?

Las causas más frecuentes son:

  • aterosclerosis carotídea;

  • trombosis cerebral;

  • embolia cardíaca;

  • fibrilación auricular;

  • enfermedad de pequeños vasos.

Con menor frecuencia:

  • disección arterial;

  • trastornos de coagulación;

  • enfermedades inflamatorias;

  • drogas estimulantes;

  • causas genéticas.

La embolia

En ocasiones el coágulo no se forma dentro del cerebro.

Puede originarse en otra parte.

Por ejemplo:

  • aurícula izquierda;

  • válvulas cardíacas;

  • arterias del cuello.

Después viaja por la circulación hasta bloquear una arteria cerebral.

La fibrilación auricular

Es una de las causas más importantes de ictus.

Durante esta arritmia:

  • la aurícula no se contrae eficazmente;

  • la sangre puede estancarse;

  • pueden formarse trombos.

Si uno de estos trombos se desprende puede viajar hasta el cerebro.

Por este motivo muchas personas necesitan anticoagulación.

¿Qué es un AIT?

AIT significa:

Accidente Isquémico Transitorio.

Los síntomas desaparecen completamente.

Sin embargo:

  • no debe considerarse benigno;

  • representa una auténtica señal de alarma.

Puede preceder a un ictus definitivo en horas o días.

Nunca debe esperarse a que vuelva a repetirse.

¿Cómo reconocer un ictus?

Los síntomas aparecen de forma súbita.

Los más importantes son:

  • desviación de la boca;

  • pérdida de fuerza en brazo o pierna;

  • dificultad para hablar;

  • dificultad para comprender;

  • pérdida brusca de visión;

  • alteración del equilibrio;

  • pérdida de coordinación;

  • adormecimiento de un lado del cuerpo.

La regla FAST

Una forma sencilla de recordar los principales síntomas es:

F — Face

¿La cara está desviada?

Pedir a la persona que sonría.

A — Arm

¿Puede levantar ambos brazos?

Uno puede caer.

S — Speech

¿Habla correctamente?

Puede:

  • pronunciar palabras sin sentido;

  • no comprender;

  • no poder hablar.

T — Time

Llamar inmediatamente al 112.

No esperar.

Otros síntomas menos conocidos

También pueden aparecer:

  • visión doble;

  • pérdida de visión de un ojo;

  • vértigo intenso;

  • dolor de cabeza explosivo;

  • dificultad para caminar;

  • confusión brusca;

  • pérdida de conciencia.

No todos los ictus producen parálisis.

El ictus hemorrágico

Se produce por la rotura de un vaso.

Las causas más frecuentes incluyen:

  • hipertensión arterial;

  • aneurismas;

  • malformaciones vasculares;

  • anticoagulación;

  • angiopatía amiloide.

Puede producir:

  • dolor de cabeza muy intenso;

  • vómitos;

  • disminución del nivel de conciencia;

  • convulsiones;

  • déficits neurológicos.

Hipertensión e ictus

La hipertensión constituye el principal factor de riesgo modificable.

Durante años puede dañar:

  • grandes arterias;

  • pequeños vasos;

  • pared vascular.

Controlarla reduce de forma muy importante el riesgo de sufrir un ictus.

¿Qué hacer ante una sospecha?

  1. Llamar inmediatamente al 112.

  2. No conducir personalmente.

  3. Anotar la hora exacta en la que comenzaron los síntomas.

  4. No administrar comida ni bebida.

  5. No esperar a comprobar si mejora.

La hora de inicio resulta esencial para decidir determinados tratamientos.

Código Ictus

Muchos hospitales disponen de un protocolo específico denominado:

Código Ictus.

Permite:

  • priorizar al paciente;

  • realizar pruebas urgentes;

  • movilizar al neurólogo;

  • reducir el tiempo hasta el tratamiento.

¿Qué pruebas se realizan?

Habitualmente incluyen:

  • exploración neurológica;

  • glucemia;

  • electrocardiograma;

  • analítica;

  • tomografía cerebral;

  • angio-TC;

  • resonancia en casos seleccionados.

La tomografía permite diferenciar rápidamente un ictus isquémico de uno hemorrágico.

Trombólisis

Si el paciente cumple criterios y llega dentro de la ventana terapéutica adecuada, puede administrarse un medicamento que ayude a disolver el trombo.

No todos los pacientes pueden recibirlo.

Depende de:

  • tiempo transcurrido;

  • tipo de ictus;

  • riesgo de hemorragia;

  • antecedentes.

Trombectomía mecánica

Cuando existe una obstrucción de una arteria cerebral grande, puede introducirse un catéter para extraer físicamente el trombo.

Este procedimiento ha cambiado radicalmente el pronóstico de muchos pacientes.

En personas seleccionadas puede realizarse incluso varias horas después del inicio de los síntomas cuando las pruebas demuestran que todavía existe tejido cerebral recuperable.

¿Después qué ocurre?

Tras estabilizar al paciente comienza otra fase igualmente importante:

  • rehabilitación;

  • fisioterapia;

  • logopedia;

  • terapia ocupacional;

  • apoyo psicológico;

  • prevención secundaria.

El cerebro posee capacidad de reorganización.

Cuanto antes comience la rehabilitación, mejores suelen ser los resultados.

Prevención

Los principales factores modificables son:

  • hipertensión;

  • fibrilación auricular;

  • colesterol elevado;

  • diabetes;

  • tabaquismo;

  • obesidad;

  • sedentarismo;

  • apnea del sueño;

  • consumo excesivo de alcohol.

La prevención suele ser mucho más eficaz que el tratamiento una vez producido el daño cerebral.

Mitos y realidades

"Si los síntomas desaparecen ya no pasa nada."

Falso.

Puede tratarse de un AIT.

Necesita atención urgente.

"Hay que darle agua."

Falso.

Puede presentar alteración de la deglución y atragantarse.

"Es mejor esperar una hora."

Falso.

Cada minuto cuenta.

"Solo afecta a personas mayores."

Falso.

Aunque aumenta con la edad, también puede aparecer en adultos jóvenes.

"Si no hay dolor de cabeza no es un ictus."

Falso.

La mayoría de los ictus isquémicos no producen un dolor intenso.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños creemos que el envejecimiento saludable implica también proteger el cerebro.

Por ello insistimos en controlar:

  • presión arterial;

  • colesterol;

  • glucosa;

  • peso corporal;

  • actividad física;

  • calidad del sueño;

  • fibrilación auricular cuando existe.

Nuestro objetivo es que cada paciente conozca los síntomas de alarma antes de necesitarlos.

Porque reconocer un ictus puede salvar la vida o evitar una discapacidad permanente.

Ideas clave

  • El ictus puede ser isquémico o hemorrágico.

  • La mayoría son isquémicos.

  • El tiempo es el factor más importante.

  • La regla FAST ayuda a reconocerlo.

  • Un AIT también es una urgencia.

  • La hipertensión es el principal factor de riesgo modificable.

  • La fibrilación auricular aumenta mucho el riesgo.

  • Nunca debe esperarse a que los síntomas desaparezcan.

  • La trombólisis y la trombectomía pueden salvar tejido cerebral cuando se realizan a tiempo.

  • La rehabilitación precoz mejora el pronóstico.

Preguntas frecuentes

¿Un ictus siempre deja secuelas?

No.

Depende de:

  • la rapidez del tratamiento;

  • el tamaño de la lesión;

  • la localización;

  • la rehabilitación.

¿Puede repetirse?

Sí.

Por eso la prevención secundaria es fundamental.

¿Se puede conducir después?

Dependerá del tipo de ictus, las secuelas y la legislación vigente.

Debe valorarlo el neurólogo.

¿Cómo puedo reducir mi riesgo?

  • controlar la presión arterial;

  • dejar de fumar;

  • tratar la diabetes;

  • controlar el colesterol;

  • mantener un peso saludable;

  • realizar ejercicio regularmente;

  • seguir correctamente los tratamientos prescritos.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el Capítulo 42 abordaremos uno de los problemas cardíacos más frecuentes y más infradiagnosticados:

Fibrilación auricular

Analizaremos:

  • qué es exactamente;

  • por qué aumenta el riesgo de ictus;

  • síntomas y formas silenciosas;

  • diagnóstico mediante ECG y Holter;

  • anticoagulantes;

  • cardioversión;

  • ablación;

  • control del ritmo y de la frecuencia;

  • prevención de complicaciones;

  • vida diaria del paciente con fibrilación auricular.

Comprenderemos por qué muchas personas viven años con esta arritmia sin saberlo y cómo detectarla a tiempo puede evitar uno de los ictus más graves.

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Capítulo 42

Fibrilación auricular

La arritmia más frecuente: cómo detectarla, prevenir el ictus y vivir con un corazón que late de forma irregular
"La fibrilación auricular no siempre produce palpitaciones. Muchas personas descubren que la padecen solo después de sufrir un ictus. Detectarla a tiempo puede evitar una de las complicaciones más graves de la medicina cardiovascular."

Una historia cotidiana

Antonio tiene 71 años.

Desde hace varios meses nota que, en algunas ocasiones, su corazón "late raro".

Describe la sensación como:

  • pequeños vuelcos;

  • latidos muy rápidos;

  • pulsaciones irregulares;

  • cansancio al caminar.

Los episodios duran unos minutos y desaparecen solos.

Piensa que se deben al estrés.

Durante una revisión rutinaria en su centro de salud, la enfermera observa que el pulso es completamente irregular.

Se realiza un electrocardiograma.

El diagnóstico es claro:

Fibrilación auricular.

Antonio se sorprende.

—¿Eso significa que tengo un infarto?

La respuesta es no.

No está sufriendo un infarto.

Sin embargo, esa arritmia multiplica su riesgo de sufrir un ictus si no recibe el tratamiento adecuado.

Gracias al diagnóstico precoz inicia anticoagulación y tratamiento específico.

Años después continúa llevando una vida completamente activa.

Su historia refleja una realidad muy frecuente:

La mayor amenaza de la fibrilación auricular no suele ser la arritmia en sí, sino el ictus que puede provocar si pasa desapercibida.

Introducción

El corazón funciona gracias a un sistema eléctrico extraordinariamente preciso.

Cada latido comienza con un impulso que nace en una pequeña estructura situada en la aurícula derecha:

el nodo sinusal.

Ese impulso viaja ordenadamente por el corazón y produce una contracción sincronizada.

En la fibrilación auricular este mecanismo cambia completamente.

Las aurículas dejan de contraerse de forma organizada y comienzan a activarse mediante cientos de impulsos eléctricos caóticos cada minuto.

Como consecuencia:

  • las aurículas tiemblan en lugar de contraerse;

  • el pulso se vuelve irregular;

  • el corazón pierde parte de su eficacia;

  • aumenta el riesgo de formación de trombos.

La fibrilación auricular es la arritmia sostenida más frecuente en adultos y aumenta significativamente el riesgo de ictus, insuficiencia cardíaca y mortalidad cardiovascular.

¿Cómo funciona normalmente el corazón?

En condiciones normales:

  1. El nodo sinusal genera un impulso.

  2. Las aurículas se contraen.

  3. La sangre pasa a los ventrículos.

  4. El impulso atraviesa el nodo auriculoventricular.

  5. Los ventrículos se contraen.

Todo ocurre de forma perfectamente coordinada.

Esta sincronización permite un bombeo muy eficiente.

¿Qué ocurre en la fibrilación auricular?

Durante la fibrilación auricular aparecen múltiples impulsos eléctricos simultáneamente.

En lugar de un director de orquesta existe un auténtico "caos eléctrico".

Las aurículas pueden activarse entre 300 y 600 veces por minuto.

El nodo auriculoventricular bloquea gran parte de esos impulsos para proteger a los ventrículos.

Aun así:

  • el pulso suele ser rápido;

  • completamente irregular;

  • impredecible.

¿Por qué es peligrosa?

Muchas personas piensan que el problema consiste únicamente en tener el corazón acelerado.

En realidad existen tres grandes riesgos:

1. Formación de trombos

La sangre puede quedar retenida en la aurícula izquierda.

2. Ictus

Si un trombo viaja al cerebro puede producir una embolia cerebral.

3. Insuficiencia cardíaca

Cuando la frecuencia permanece elevada durante mucho tiempo puede deteriorarse la función del corazón.

¿Por qué se forman trombos?

Cuando las aurículas dejan de contraerse correctamente:

  • la sangre circula más lentamente;

  • aparece estancamiento;

  • aumenta la coagulación.

La mayor parte de los trombos se originan en una pequeña estructura denominada:

orejuela auricular izquierda.

Si el trombo se desprende:

  • pasa al ventrículo izquierdo;

  • entra en la aorta;

  • puede viajar hasta el cerebro.

Por este motivo la fibrilación auricular multiplica el riesgo de ictus.

¿Todas las personas tienen síntomas?

No.

De hecho, muchas personas nunca notan nada.

Algunas descubren la enfermedad:

  • durante una revisión;

  • mediante un reloj inteligente;

  • después de un ictus;

  • antes de una cirugía;

  • al realizar un ECG por otro motivo.

Esto explica por qué el diagnóstico precoz es tan importante.

Síntomas más frecuentes

Cuando aparecen pueden incluir:

  • palpitaciones;

  • pulso irregular;

  • taquicardia;

  • cansancio;

  • dificultad para respirar;

  • mareos;

  • pérdida de rendimiento físico;

  • sensación de ansiedad.

En algunas personas los episodios duran pocos minutos.

En otras permanecen de forma continua.

¿Qué son las palpitaciones?

Las palpitaciones son la percepción consciente del latido cardíaco.

No siempre indican una enfermedad.

Pueden sentirse como:

  • golpes fuertes;

  • latidos rápidos;

  • pausas;

  • vuelcos;

  • latidos irregulares.

Muchas personas presentan palpitaciones benignas.

La fibrilación auricular constituye solo una de sus posibles causas.

Tipos de fibrilación auricular

Actualmente suele clasificarse en:

Paroxística

Los episodios comienzan y terminan espontáneamente.

Generalmente duran menos de siete días.

Muchos desaparecen antes de 24-48 horas.

Persistente

La arritmia continúa más de siete días.

Habitualmente requiere cardioversión o tratamiento específico para recuperar el ritmo.

Persistente de larga duración

Se mantiene durante más de un año.

Permanente

Paciente y equipo médico deciden aceptar la arritmia y controlar principalmente la frecuencia y prevenir el ictus.

¿Quién tiene más riesgo?

La probabilidad aumenta con:

  • edad;

  • hipertensión;

  • obesidad;

  • diabetes;

  • apnea del sueño;

  • insuficiencia cardíaca;

  • enfermedad coronaria;

  • enfermedad valvular;

  • hipertiroidismo;

  • consumo elevado de alcohol.

También puede aparecer en personas jóvenes.

El papel de la edad

La edad constituye el principal factor de riesgo.

No porque el envejecimiento "produzca" necesariamente la arritmia.

Sino porque aumentan:

  • fibrosis auricular;

  • hipertensión;

  • enfermedades cardíacas;

  • cambios estructurales.

La prevalencia aumenta claramente a partir de los 65 años.

Hipertensión y fibrilación auricular

La hipertensión obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo.

Con los años puede producir:

  • aumento del tamaño de la aurícula izquierda;

  • fibrosis;

  • alteraciones eléctricas.

Controlar correctamente la presión reduce parte del riesgo.

Obesidad

La obesidad favorece:

  • inflamación;

  • apnea;

  • hipertensión;

  • aumento del tamaño auricular;

  • alteraciones metabólicas.

La pérdida de peso puede reducir:

  • episodios;

  • progresión;

  • recurrencias tras la ablación.

Apnea obstructiva del sueño

Es uno de los factores más importantes y más infradiagnosticados.

Los pacientes con:

  • ronquidos;

  • pausas respiratorias;

  • somnolencia;

  • obesidad abdominal;

presentan mayor riesgo de desarrollar fibrilación auricular.

Además, tratar la apnea mejora los resultados de muchos tratamientos.

Alcohol

Existe una relación clara entre el consumo excesivo de alcohol y la fibrilación auricular.

Incluso episodios aislados de ingesta importante pueden desencadenar una crisis.

Este fenómeno recibe el nombre de:

Holiday Heart Syndrome.

Reducir el consumo disminuye la frecuencia de episodios en muchas personas.

Hipertiroidismo

Un exceso de hormona tiroidea acelera el metabolismo.

Puede favorecer:

  • taquicardia;

  • palpitaciones;

  • fibrilación auricular.

Por ello suele solicitarse una analítica tiroidea durante el estudio inicial.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico requiere demostrar la arritmia.

Las herramientas principales son:

  • electrocardiograma;

  • Holter;

  • monitorización prolongada;

  • registradores implantables;

  • algunos dispositivos electrónicos validados.

Electrocardiograma

El ECG continúa siendo la prueba básica.

Permite observar:

  • ausencia de ondas P normales;

  • ritmo completamente irregular;

  • frecuencia cardíaca.

Es suficiente para confirmar el diagnóstico cuando la arritmia está presente.

Holter de 24-48 horas

Cuando los episodios aparecen y desaparecen, un ECG aislado puede ser normal.

El Holter registra el ritmo cardíaco durante:

  • 24 horas;

  • 48 horas;

  • varios días según el dispositivo.

Permite detectar episodios intermitentes.

Monitorización prolongada

En algunos pacientes se utilizan:

  • parches adhesivos;

  • registradores externos;

  • dispositivos implantables.

Resultan especialmente útiles cuando los episodios son muy poco frecuentes.

¿Sirven los relojes inteligentes?

Muchos relojes pueden detectar un pulso irregular.

Algunos incluso realizan registros electrocardiográficos de una derivación.

Pueden ayudar a identificar pacientes que necesitan estudio.

Sin embargo:

  • no sustituyen el diagnóstico médico;

  • pueden producir falsos positivos;

  • también falsos negativos.

Siempre requieren confirmación mediante pruebas clínicas.

Ecocardiograma

El ecocardiograma no diagnostica la fibrilación.

Su función consiste en valorar:

  • tamaño de las aurículas;

  • válvulas;

  • función ventricular;

  • insuficiencia cardíaca;

  • trombos en situaciones específicas.

Aporta información muy importante para decidir el tratamiento.

Analítica

Habitualmente se revisan:

  • función tiroidea;

  • función renal;

  • electrolitos;

  • hemoglobina;

  • glucosa.

El objetivo consiste en identificar factores corregibles.

El riesgo de ictus

No todos los pacientes presentan el mismo riesgo.

Para estimarlo se utilizan escalas clínicas.

La más empleada actualmente es:

CHA₂DS₂-VASc.

Incluye factores como:

  • edad;

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • insuficiencia cardíaca;

  • ictus previo;

  • enfermedad vascular;

  • sexo.

Cuanto mayor sea la puntuación, mayor suele ser el beneficio esperado de la anticoagulación.

Anticoagulantes

Los anticoagulantes reducen de forma muy importante el riesgo de ictus.

No "diluyen" la sangre.

Actúan disminuyendo la capacidad de formar trombos.

Actualmente los más utilizados son:

  • apixabán;

  • rivaroxabán;

  • dabigatrán;

  • edoxabán.

En determinados pacientes continúa utilizándose warfarina o acenocumarol.

¿Los anticoagulantes son peligrosos?

Como cualquier tratamiento presentan riesgos.

El principal es:

  • sangrado.

Sin embargo, en pacientes correctamente seleccionados, el beneficio para prevenir un ictus suele superar claramente ese riesgo.

Nunca deben suspenderse por iniciativa propia.

Antiagregantes no son anticoagulantes

Muchas personas creen que tomar aspirina protege frente al ictus por fibrilación auricular.

No es correcto.

Los antiagregantes no ofrecen la misma protección que los anticoagulantes en esta enfermedad.

Por ello no deben utilizarse como sustitutos salvo indicaciones muy concretas.

Control de la frecuencia

En algunos pacientes no resulta imprescindible recuperar el ritmo normal.

El objetivo pasa a ser:

  • mantener una frecuencia adecuada;

  • mejorar síntomas;

  • prevenir insuficiencia cardíaca.

Para ello pueden emplearse:

  • betabloqueantes;

  • calcioantagonistas específicos;

  • digoxina en determinados casos.

Control del ritmo

En otros pacientes sí se intenta restaurar el ritmo sinusal.

Puede hacerse mediante:

  • fármacos antiarrítmicos;

  • cardioversión eléctrica;

  • ablación.

La decisión depende de:

  • edad;

  • síntomas;

  • tiempo de evolución;

  • tamaño auricular;

  • enfermedades asociadas.

Cardioversión eléctrica

Consiste en administrar una descarga sincronizada mientras el paciente permanece sedado.

El objetivo es recuperar el ritmo normal.

No "cura" definitivamente la enfermedad.

Puede ser necesario repetirla o combinarla con otros tratamientos.

Ablación

La ablación consiste en introducir catéteres dentro del corazón para aislar las zonas responsables de iniciar la arritmia.

Actualmente constituye un tratamiento muy eficaz en muchos pacientes sintomáticos.

No todos son candidatos.

El éxito depende de:

  • tipo de fibrilación;

  • tiempo de evolución;

  • tamaño auricular;

  • enfermedades asociadas.

Cambios en el estilo de vida

El tratamiento no termina con los medicamentos.

También es fundamental:

  • perder peso cuando existe obesidad;

  • controlar la presión arterial;

  • tratar la apnea del sueño;

  • reducir alcohol;

  • realizar ejercicio;

  • controlar diabetes;

  • dejar de fumar.

Estas medidas reducen claramente la progresión de la enfermedad.

Vivir con fibrilación auricular

La mayoría de los pacientes pueden mantener:

  • actividad física;

  • vida laboral;

  • viajes;

  • relaciones sociales.

La clave consiste en:

  • seguir correctamente el tratamiento;

  • acudir a revisiones;

  • reconocer nuevos síntomas;

  • mantener hábitos saludables.

Mitos y realidades

"Si no noto palpitaciones no tengo fibrilación."

Falso.

Puede ser completamente asintomática.

"La aspirina protege igual."

Falso.

No sustituye la anticoagulación cuando esta está indicada.

"Si recupero el ritmo puedo dejar el anticoagulante."

Falso.

Dependerá del riesgo de ictus, no solo del ritmo.

"Solo afecta a personas mayores."

Falso.

Aunque es mucho más frecuente con la edad, también aparece en adultos jóvenes.

"La ablación cura siempre la enfermedad."

Falso.

Puede reducir mucho los episodios, pero no garantiza la curación definitiva.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que prevenir un ictus comienza mucho antes de que aparezcan los síntomas.

Durante nuestras valoraciones insistimos en detectar:

  • hipertensión;

  • obesidad;

  • apnea del sueño;

  • diabetes;

  • enfermedad tiroidea;

  • alteraciones del pulso.

Una simple palpación del pulso puede conducir al diagnóstico precoz de una enfermedad potencialmente grave.

Ideas clave

  • La fibrilación auricular es la arritmia sostenida más frecuente.

  • Puede ser completamente asintomática.

  • Multiplica el riesgo de ictus.

  • El tratamiento principal para prevenir el ictus es la anticoagulación cuando está indicada.

  • El control del peso, la presión arterial y la apnea mejora claramente el pronóstico.

  • El ECG confirma el diagnóstico.

  • El Holter detecta episodios intermitentes.

  • La ablación es una excelente opción en pacientes seleccionados.

  • Nunca debe suspenderse el anticoagulante sin consultar.

  • La mayoría de los pacientes pueden llevar una vida completamente activa.

Preguntas frecuentes

¿Puedo hacer ejercicio?

Sí.

La actividad física regular suele ser beneficiosa.

Debe adaptarse a cada paciente.

¿Puedo viajar?

En la mayoría de los casos sí.

¿La fibrilación auricular siempre produce taquicardia?

No.

Algunos pacientes presentan frecuencias normales o incluso lentas.

¿La ablación elimina para siempre el riesgo de ictus?

No necesariamente.

La necesidad de anticoagulación depende del riesgo individual.

¿Es hereditaria?

Existe cierta predisposición genética, aunque intervienen numerosos factores ambientales y enfermedades asociadas.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el Capítulo 43 estudiaremos una enfermedad extremadamente frecuente y, al mismo tiempo, una de las más desconocidas:

Insuficiencia cardíaca

Analizaremos:

  • qué significa realmente "tener el corazón débil";

  • insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida y preservada;

  • causas;

  • síntomas iniciales;

  • edema;

  • falta de aire;

  • ecocardiograma;

  • péptidos natriuréticos;

  • tratamientos actuales;

  • ejercicio;

  • nutrición;

  • prevención de ingresos hospitalarios.

Comprenderemos por qué la insuficiencia cardíaca ya no debe considerarse el final del camino, sino una enfermedad crónica que, con un tratamiento moderno y un seguimiento adecuado, permite a muchos pacientes mantener una buena calidad de vida durante años.

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Capítulo 43

Insuficiencia cardíaca

Qué significa realmente, cómo reconocerla y por qué el tratamiento moderno puede mejorar el pronóstico y la calidad de vida
“Insuficiencia cardíaca no significa que el corazón se haya detenido. Significa que no consigue bombear o recibir la sangre con la eficacia necesaria para cubrir las necesidades del organismo sin aumentar excesivamente las presiones internas.”

Una historia cotidiana

Rosa tiene 69 años.

Durante los últimos meses ha comenzado a caminar más despacio.

Primero pensó que estaba perdiendo forma física.

Después observó que necesitaba detenerse al subir una pendiente que antes recorría sin dificultad.

Por la noche empezó a dormir con dos almohadas porque, cuando se tumbaba completamente, sentía falta de aire.

También notó que sus zapatos apretaban más al final del día y que los tobillos estaban hinchados.

Rosa atribuyó estos cambios a la edad, al calor y a la circulación.

Una semana después aumentó tres kilos, aunque su alimentación no había cambiado.

Finalmente acudió a consulta.

La exploración, la analítica, el electrocardiograma y el ecocardiograma mostraron que padecía insuficiencia cardíaca.

Rosa se asustó al escuchar el diagnóstico.

—¿Significa que mi corazón está dejando de funcionar?

No exactamente.

Su corazón continuaba latiendo, pero no conseguía manejar correctamente el volumen de sangre. Como consecuencia, aumentaba la presión dentro del sistema circulatorio y se acumulaba líquido en pulmones, piernas y otros tejidos.

Después de iniciar tratamiento, ajustar la alimentación y participar en un programa de ejercicio supervisado, Rosa recuperó gran parte de su capacidad.

Su caso refleja un mensaje fundamental:

La falta de aire, la hinchazón y el cansancio no deben atribuirse automáticamente a la edad. Pueden ser señales de una enfermedad tratable.

Introducción

La insuficiencia cardíaca es un síndrome clínico producido por una alteración estructural o funcional del corazón.

Puede aparecer cuando el corazón:

  • no se contrae con suficiente fuerza;

  • no se relaja adecuadamente;

  • no puede llenarse sin aumentar la presión;

  • presenta una válvula dañada;

  • late demasiado rápido, demasiado lento o de forma irregular;

  • debe trabajar contra una presión excesiva.

El resultado puede ser una combinación de:

  • menor aporte de sangre a los tejidos;

  • aumento de presión dentro del corazón;

  • acumulación de líquido;

  • activación de mecanismos hormonales;

  • pérdida progresiva de capacidad física.

Los síntomas más característicos son la falta de aire, la fatiga y la intolerancia al esfuerzo. También pueden aparecer hinchazón de piernas, congestión pulmonar y acumulación de líquido abdominal. (Heart Failure Matters)

La insuficiencia cardíaca es una enfermedad seria, pero no debe entenderse como una situación sin tratamiento.

Los avances actuales permiten:

  • aliviar síntomas;

  • reducir ingresos hospitalarios;

  • ralentizar la progresión;

  • proteger riñones y corazón;

  • prolongar la supervivencia;

  • mantener una vida activa en muchos pacientes.

El corazón no es simplemente una bomba débil

La expresión “corazón débil” puede resultar útil para explicar algunos casos, pero no describe toda la enfermedad.

Una persona puede presentar insuficiencia cardíaca aunque su corazón conserve una fuerza de contracción aparentemente normal.

El problema puede encontrarse en:

  • la relajación;

  • la rigidez;

  • el llenado;

  • las válvulas;

  • el ritmo;

  • la presión pulmonar;

  • la interacción entre corazón y riñones.

Por eso no debe diagnosticarse únicamente observando la fracción de eyección.

Cómo funciona un corazón sano

El corazón dispone de cuatro cavidades:

  • aurícula derecha;

  • ventrículo derecho;

  • aurícula izquierda;

  • ventrículo izquierdo.

El lado derecho recibe sangre procedente del organismo y la envía a los pulmones.

El lado izquierdo recibe sangre oxigenada y la impulsa hacia todo el cuerpo.

Cada ciclo cardíaco incluye dos fases principales.

Diástole

Los ventrículos se relajan y se llenan de sangre.

Sístole

Los ventrículos se contraen y expulsan la sangre.

Para que el sistema funcione correctamente son necesarios:

  • músculo cardíaco sano;

  • válvulas eficaces;

  • ritmo coordinado;

  • vasos con suficiente elasticidad;

  • presión adecuada;

  • volumen de sangre equilibrado.

Qué ocurre cuando el corazón falla

Cuando el corazón no puede manejar correctamente la circulación, el organismo intenta compensarlo.

Puede activar:

  • sistema nervioso simpático;

  • sistema renina-angiotensina-aldosterona;

  • retención renal de sodio;

  • retención de agua;

  • aumento de la frecuencia cardíaca;

  • constricción de vasos.

A corto plazo, estos mecanismos ayudan a mantener la presión y el flujo.

A largo plazo pueden empeorar la situación porque producen:

  • mayor carga para el corazón;

  • acumulación de líquido;

  • aumento de presión;

  • remodelado cardíaco;

  • deterioro renal.

Muchos medicamentos modernos actúan precisamente bloqueando estas respuestas inicialmente compensadoras, pero perjudiciales cuando se mantienen.

Gasto cardíaco

El gasto cardíaco es la cantidad de sangre que el corazón impulsa cada minuto.

Depende principalmente de:

  • frecuencia cardíaca;

  • cantidad de sangre expulsada en cada latido.

Cuando el gasto resulta insuficiente pueden aparecer:

  • cansancio;

  • debilidad;

  • manos frías;

  • confusión;

  • poca producción de orina;

  • menor tolerancia al ejercicio.

Sin embargo, algunos pacientes mantienen un gasto relativamente conservado en reposo y desarrollan síntomas solo durante el esfuerzo.

Congestión

La congestión aparece cuando aumenta la presión dentro del sistema cardiovascular y el líquido sale hacia los tejidos.

Puede acumularse en:

  • pulmones;

  • piernas;

  • abdomen;

  • hígado;

  • pared intestinal.

La congestión explica muchos de los síntomas más característicos:

  • falta de aire;

  • dificultad al tumbarse;

  • edemas;

  • aumento rápido de peso;

  • sensación de plenitud;

  • pérdida de apetito.

Insuficiencia cardíaca izquierda

El lado izquierdo impulsa la sangre hacia el organismo.

Cuando falla, la presión puede transmitirse hacia los pulmones.

Puede producir:

  • falta de aire;

  • tos;

  • menor tolerancia al esfuerzo;

  • necesidad de dormir incorporado;

  • despertares nocturnos con sensación de ahogo;

  • edema pulmonar en casos graves.

Insuficiencia cardíaca derecha

El lado derecho envía sangre hacia los pulmones.

Cuando falla, la presión aumenta en las venas del organismo.

Puede producir:

  • hinchazón de tobillos y piernas;

  • aumento del perímetro abdominal;

  • congestión hepática;

  • sensación de plenitud;

  • venas del cuello más visibles;

  • aumento de peso por líquido.

Con frecuencia ambos lados están afectados en diferente grado.

Insuficiencia cardíaca aguda y crónica

Insuficiencia cardíaca crónica

Se desarrolla o permanece durante meses o años.

Los síntomas pueden mantenerse estables durante un tiempo si el tratamiento funciona.

Insuficiencia cardíaca aguda

Aparece de forma rápida o representa un empeoramiento brusco de una enfermedad previa.

Puede producir:

  • falta de aire intensa;

  • edema pulmonar;

  • presión muy baja o muy alta;

  • hipoxia;

  • confusión;

  • necesidad de hospitalización.

Una descompensación aguda puede estar provocada por:

  • infección;

  • infarto;

  • arritmia;

  • suspensión de medicamentos;

  • exceso de sal;

  • deterioro renal;

  • anemia;

  • crisis hipertensiva;

  • embolia pulmonar.

La fracción de eyección

La fracción de eyección estima qué porcentaje de la sangre contenida en el ventrículo izquierdo se expulsa con cada contracción.

Ejemplo:

Si el ventrículo contiene 100 mililitros y expulsa 60, la fracción de eyección es aproximadamente del 60 %.

No significa que el corazón expulse toda la sangre.

Siempre queda una cantidad en el ventrículo.

Insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida

Se denomina habitualmente HFrEF.

La fracción de eyección del ventrículo izquierdo es igual o inferior al 40 %.

En este tipo existe una reducción clara de la capacidad de contracción.

Puede aparecer después de:

  • infarto;

  • miocardiopatía dilatada;

  • miocarditis;

  • toxicidad por determinados tratamientos;

  • enfermedad valvular;

  • arritmias prolongadas.

La clasificación contemporánea considera reducida una fracción de eyección del 40 % o inferior. (American College of Cardiology)

Insuficiencia cardíaca con fracción ligeramente reducida

Se denomina HFmrEF.

La fracción de eyección suele encontrarse entre:

  • 41 % y 49 %.

Puede representar:

  • una fase intermedia;

  • una recuperación parcial;

  • un deterioro inicial;

  • un fenotipo con características propias.

El tratamiento se adapta a la causa, síntomas, enfermedades asociadas y evidencia disponible.

Insuficiencia cardíaca con fracción preservada

Se denomina HFpEF.

La fracción de eyección es generalmente igual o superior al 50 %.

El corazón puede contraerse aparentemente bien, pero presentar:

  • rigidez;

  • relajación deficiente;

  • presión elevada durante el llenado;

  • menor capacidad para aumentar el gasto durante el ejercicio.

Es frecuente en personas con:

  • edad avanzada;

  • hipertensión;

  • obesidad;

  • diabetes;

  • enfermedad renal;

  • fibrilación auricular;

  • apnea del sueño.

Una fracción de eyección normal no descarta insuficiencia cardíaca.

Fracción de eyección mejorada

Algunas personas que inicialmente presentaban una fracción igual o inferior al 40 % mejoran por encima de ese valor con tratamiento.

Se utiliza el término:

insuficiencia cardíaca con fracción de eyección mejorada.

Esto no significa necesariamente que la enfermedad esté curada.

Suspender los medicamentos puede provocar una recaída.

Por ello suele recomendarse mantener el tratamiento que permitió la recuperación, salvo contraindicación o decisión especializada. (American College of Cardiology)

Causas principales

La insuficiencia cardíaca puede originarse por muchas enfermedades.

Entre las más frecuentes:

  • enfermedad coronaria;

  • infarto previo;

  • hipertensión;

  • valvulopatías;

  • cardiomiopatías;

  • fibrilación auricular;

  • miocarditis;

  • enfermedad renal;

  • diabetes;

  • obesidad;

  • alcohol;

  • tratamientos cardiotóxicos;

  • enfermedades congénitas.

En algunas personas coinciden varias causas.

Enfermedad coronaria e infarto

Cuando una arteria coronaria se obstruye, una parte del músculo puede quedar lesionada.

La zona cicatrizada pierde capacidad para contraerse.

Si el daño es amplio puede aparecer insuficiencia cardíaca.

Incluso sin un infarto reconocido, una enfermedad coronaria extensa puede reducir progresivamente la función.

Hipertensión

La presión elevada obliga al ventrículo izquierdo a trabajar contra una resistencia mayor.

Inicialmente el músculo se engrosa para compensar.

Con el tiempo puede volverse:

  • más rígido;

  • menos eficiente;

  • incapaz de relajarse correctamente.

La hipertensión es una causa frecuente tanto de insuficiencia con fracción preservada como de otras formas de enfermedad cardíaca.

Enfermedades de las válvulas

Las válvulas permiten que la sangre avance en una sola dirección.

Pueden presentar:

  • estrechamiento o estenosis;

  • cierre incompleto o insuficiencia.

Una válvula dañada obliga al corazón a trabajar más y puede producir:

  • dilatación;

  • hipertrofia;

  • congestión;

  • insuficiencia cardíaca.

En algunos pacientes es necesario reparar o sustituir la válvula mediante cirugía o procedimientos por catéter.

Cardiomiopatías

Son enfermedades que afectan directamente al músculo cardíaco.

Pueden ser:

  • dilatadas;

  • hipertróficas;

  • restrictivas;

  • infiltrativas;

  • genéticas;

  • inflamatorias.

Algunas requieren:

  • resonancia cardíaca;

  • pruebas genéticas;

  • estudio de familiares;

  • biopsia en situaciones seleccionadas.

Miocarditis

La miocarditis es una inflamación del músculo cardíaco.

Puede aparecer después de:

  • infecciones;

  • reacciones inmunitarias;

  • medicamentos;

  • enfermedades autoinmunes.

Puede producir:

  • dolor torácico;

  • arritmias;

  • insuficiencia cardíaca;

  • deterioro rápido.

La evolución es variable.

Algunas personas se recuperan completamente y otras desarrollan una cardiomiopatía crónica.

Alcohol

El consumo mantenido y elevado puede dañar el músculo cardíaco.

También puede favorecer:

  • hipertensión;

  • fibrilación auricular;

  • peor adherencia;

  • alteraciones nutricionales.

En cardiomiopatía relacionada con alcohol puede ser necesario evitarlo completamente.

Quimioterapia y otros tratamientos

Algunos tratamientos contra el cáncer pueden afectar al corazón.

El riesgo depende de:

  • medicamento;

  • dosis acumulada;

  • radioterapia;

  • edad;

  • enfermedades previas;

  • combinación de tratamientos.

La cardio-oncología permite prevenir, detectar y tratar estas complicaciones sin abandonar innecesariamente una terapia oncológica eficaz.

Amiloidosis cardíaca

La amiloidosis se produce por la acumulación de proteínas anormales en diferentes tejidos.

Cuando afecta al corazón puede causar:

  • engrosamiento aparente de las paredes;

  • rigidez;

  • arritmias;

  • insuficiencia cardíaca;

  • síndrome del túnel carpiano;

  • neuropatía.

Es una causa cada vez más reconocida, especialmente en personas mayores con insuficiencia cardíaca de fracción preservada.

El diagnóstico específico importa porque existen tratamientos dirigidos para algunos tipos.

Taquicardiomiopatía

Una frecuencia cardíaca demasiado rápida durante semanas o meses puede debilitar el corazón.

Puede aparecer con:

  • fibrilación auricular;

  • taquicardias supraventriculares;

  • arritmias ventriculares.

Al controlar el ritmo o la frecuencia, la función puede mejorar considerablemente.

Síntomas iniciales

Los síntomas pueden aparecer gradualmente.

Entre los primeros signos:

  • cansancio al realizar tareas;

  • necesidad de caminar más despacio;

  • falta de aire al subir escaleras;

  • reducción de la actividad;

  • hinchazón al final del día;

  • menor tolerancia al ejercicio;

  • tos nocturna.

La persona puede adaptarse sin ser consciente:

  • utiliza más el ascensor;

  • descansa con frecuencia;

  • evita salir;

  • duerme más incorporada.

Por ello conviene preguntar qué actividades ha dejado de realizar.

Falta de aire

La disnea puede aparecer:

  • durante el esfuerzo;

  • al caminar;

  • al tumbarse;

  • durante la noche;

  • incluso en reposo en fases avanzadas.

No toda falta de aire se debe al corazón.

También puede relacionarse con:

  • enfermedad pulmonar;

  • anemia;

  • obesidad;

  • desacondicionamiento;

  • ansiedad;

  • embolia pulmonar;

  • infección.

La evaluación debe integrar varios datos.

Ortopnea

La ortopnea es la dificultad respiratoria que aparece al tumbarse y mejora al sentarse o incorporarse.

Al acostarse aumenta el retorno de sangre hacia el tórax.

Si el corazón no puede manejar ese volumen, aumenta la congestión pulmonar.

La persona puede:

  • utilizar más almohadas;

  • dormir en un sillón;

  • evitar estar completamente tumbada.

Necesitar cada vez más almohadas es una señal que merece valoración.

Disnea paroxística nocturna

La persona se despierta repentinamente con sensación de ahogo.

Puede necesitar:

  • sentarse;

  • levantarse;

  • abrir una ventana;

  • caminar;

  • respirar incorporada.

Es un síntoma importante de congestión, aunque también puede confundirse con:

  • apnea;

  • asma;

  • ansiedad.

Edema de piernas

El edema suele aparecer en:

  • tobillos;

  • pies;

  • parte inferior de las piernas.

Puede dejar una marca al presionar con un dedo.

Sin embargo, no todo edema es cardíaco.

También puede deberse a:

  • insuficiencia venosa;

  • medicamentos;

  • enfermedad renal;

  • enfermedad hepática;

  • linfedema;

  • inmovilidad.

El patrón, la evolución y los síntomas asociados ayudan a determinar la causa.

Aumento rápido de peso

Un aumento de peso en pocos días puede reflejar retención de líquido.

No equivale a ganar grasa corporal.

El tejido adiposo no suele aumentar varios kilos en dos o tres días.

Por eso muchos pacientes reciben la indicación de pesarse regularmente.

Un incremento rápido debe comunicarse según el plan establecido por su equipo.

Fatiga

La fatiga puede deberse a:

  • menor gasto cardíaco;

  • menor flujo muscular;

  • pérdida de condición;

  • anemia;

  • alteraciones del sueño;

  • depresión;

  • medicamentos;

  • inflamación.

Es un síntoma real, pero inespecífico.

No debe asumirse que toda fatiga en una persona con insuficiencia cardíaca se debe exclusivamente al corazón.

Tos

La congestión puede producir:

  • tos seca;

  • tos nocturna;

  • sensación de respiración húmeda.

Una tos nueva también puede estar relacionada con:

  • infección;

  • enfermedad pulmonar;

  • reflujo;

  • un IECA;

  • otras causas.

Pérdida de apetito y plenitud

Cuando existe congestión abdominal puede aparecer:

  • sensación de llenarse pronto;

  • náuseas;

  • falta de apetito;

  • molestias abdominales.

La pérdida de apetito es una señal que debe vigilarse porque puede contribuir a desnutrición y pérdida muscular. (Heart Failure Matters)

Confusión

En personas mayores o durante una descompensación grave pueden aparecer:

  • desorientación;

  • somnolencia;

  • menor atención;

  • cambios de conducta.

Puede deberse a:

  • bajo gasto;

  • hipoxia;

  • alteración renal;

  • infección;

  • medicamentos;

  • desequilibrios de sodio.

Es una señal de alarma.

Clasificación funcional

La clasificación de la New York Heart Association divide los síntomas en cuatro clases.

Clase I

No existen limitaciones relevantes durante la actividad habitual.

Clase II

Existe una limitación leve.

La actividad habitual provoca síntomas.

Clase III

Existe una limitación importante.

Actividades menores de lo habitual provocan síntomas.

Clase IV

Hay síntomas en reposo o ante esfuerzos mínimos.

La clase puede cambiar con el tratamiento y la evolución.

Cómo se diagnostica

No existe una única prueba que diagnostique todos los casos.

La valoración puede incluir:

  • historia clínica;

  • exploración;

  • electrocardiograma;

  • analítica;

  • péptidos natriuréticos;

  • ecocardiograma;

  • radiografía;

  • resonancia;

  • estudio coronario;

  • pruebas de esfuerzo.

El diagnóstico combina síntomas, signos y evidencia objetiva de alteración cardíaca. (NHLBI, NIH)

Exploración física

El profesional puede buscar:

  • frecuencia y ritmo;

  • presión;

  • saturación;

  • ruidos pulmonares;

  • soplos;

  • edema;

  • venas del cuello;

  • tamaño del hígado;

  • temperatura de extremidades;

  • signos de mala perfusión.

Una exploración normal no siempre descarta una insuficiencia estable.

Electrocardiograma

Puede mostrar:

  • infarto previo;

  • hipertrofia;

  • fibrilación auricular;

  • bloqueos;

  • alteraciones de conducción;

  • taquicardia;

  • bradicardia.

Un electrocardiograma completamente normal hace menos probable una insuficiencia con fracción reducida, pero no descarta todas las formas.

Péptidos natriuréticos

Las principales pruebas son:

  • BNP;

  • NT-proBNP.

Estas sustancias aumentan cuando las paredes cardíacas están sometidas a tensión.

Un valor bajo puede ayudar a descartar insuficiencia en determinados contextos.

Un valor elevado no confirma por sí solo el diagnóstico.

También puede aumentar por:

  • edad;

  • fibrilación auricular;

  • enfermedad renal;

  • embolia pulmonar;

  • otras enfermedades.

La obesidad puede reducir sus niveles, por lo que un resultado aparentemente bajo debe interpretarse con prudencia.

Ecocardiograma

Es una de las pruebas fundamentales.

Permite valorar:

  • fracción de eyección;

  • tamaño de cavidades;

  • grosor de paredes;

  • válvulas;

  • presiones estimadas;

  • función del ventrículo derecho;

  • líquido alrededor del corazón;

  • alteraciones regionales de la contracción.

No debe limitarse a leer únicamente la fracción de eyección.

La interpretación completa aporta información sobre la causa y el tipo de insuficiencia.

Radiografía de tórax

Puede mostrar:

  • aumento del tamaño cardíaco;

  • congestión pulmonar;

  • líquido pleural;

  • otras causas respiratorias.

Una radiografía normal no descarta una insuficiencia cardíaca estable.

Resonancia cardíaca

Ofrece una caracterización detallada del músculo.

Puede ayudar a identificar:

  • cicatrices;

  • miocarditis;

  • amiloidosis;

  • cardiomiopatías;

  • infiltración;

  • viabilidad.

No todas las personas necesitan una resonancia.

Pruebas coronarias

Cuando se sospecha enfermedad coronaria pueden utilizarse:

  • prueba de esfuerzo;

  • ecocardiograma de estrés;

  • tomografía coronaria;

  • gammagrafía;

  • resonancia de estrés;

  • coronariografía.

La elección depende de:

  • síntomas;

  • riesgo;

  • función renal;

  • capacidad de ejercicio;

  • resultados previos.

Analítica

Puede incluir:

  • hemograma;

  • función renal;

  • sodio;

  • potasio;

  • glucosa;

  • HbA1c;

  • función hepática;

  • hierro y ferritina;

  • función tiroidea;

  • colesterol;

  • péptidos natriuréticos.

La anemia, el déficit de hierro, las alteraciones tiroideas y la enfermedad renal pueden empeorar los síntomas y necesitar un tratamiento específico.

Déficit de hierro

Puede aparecer incluso sin anemia.

Se asocia con:

  • peor capacidad física;

  • fatiga;

  • menor calidad de vida.

En pacientes seleccionados puede indicarse hierro intravenoso.

Los suplementos orales no siempre corrigen eficazmente el déficit en este contexto.

El tratamiento no es igual para todos

Depende de:

  • fracción de eyección;

  • causa;

  • síntomas;

  • presión arterial;

  • riñón;

  • potasio;

  • frecuencia;

  • edad;

  • fragilidad;

  • enfermedades asociadas.

La estrategia debe revisar también:

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • obesidad;

  • fibrilación auricular;

  • apnea;

  • enfermedad renal;

  • válvulas;

  • enfermedad coronaria.

Los cuatro pilares en fracción de eyección reducida

El tratamiento moderno de la insuficiencia con fracción reducida se apoya en cuatro grandes grupos farmacológicos:

  1. Inhibición del sistema renina-angiotensina mediante ARNI, IECA o ARA-II.

  2. Betabloqueante con evidencia.

  3. Antagonista del receptor mineralocorticoide.

  4. Inhibidor SGLT2.

Se intenta introducirlos de manera temprana y ajustar sus dosis según tolerancia, en lugar de esperar largos periodos entre cada tratamiento. La actualización europea de 2023 incorporó nueva evidencia que modificó las recomendaciones terapéuticas y el consenso estadounidense de 2024 reforzó la optimización rápida de estos tratamientos fundamentales. (Escardio)

ARNI

El principal representante combina:

  • sacubitrilo;

  • valsartán.

Actúa reduciendo los efectos perjudiciales del sistema renina-angiotensina y aumentando señales natriuréticas beneficiosas.

Puede ayudar a:

  • reducir ingresos;

  • disminuir mortalidad;

  • mejorar síntomas.

Puede producir:

  • presión baja;

  • aumento de potasio;

  • cambios en función renal;

  • angioedema poco frecuente.

No debe combinarse directamente con un IECA sin respetar el intervalo indicado.

IECA

Los inhibidores de la enzima convertidora disminuyen la activación del sistema renina-angiotensina.

Pueden:

  • reducir carga;

  • limitar remodelado;

  • proteger en determinados pacientes.

Posibles efectos:

  • tos seca;

  • aumento de potasio;

  • deterioro renal;

  • presión baja;

  • angioedema raro.

ARA-II

Bloquean los receptores de angiotensina.

Pueden utilizarse cuando:

  • no se tolera un IECA;

  • el ARNI no resulta adecuado;

  • existen indicaciones específicas.

También requieren vigilancia de:

  • función renal;

  • potasio;

  • presión.

Betabloqueantes

Reducen:

  • frecuencia cardíaca;

  • activación simpática;

  • demanda del corazón;

  • riesgo de determinadas arritmias.

En insuficiencia estable pueden mejorar:

  • función;

  • supervivencia;

  • riesgo de hospitalización.

Deben iniciarse y ajustarse con prudencia.

Al principio algunas personas sienten:

  • más cansancio;

  • pulso más lento;

  • manos frías.

No deben suspenderse bruscamente.

Durante una descompensación grave su manejo debe decidirlo el equipo clínico.

Antagonistas del receptor mineralocorticoide

Incluyen:

  • espironolactona;

  • eplerenona.

Bloquean parte de los efectos de la aldosterona.

Pueden reducir:

  • mortalidad;

  • hospitalización;

  • fibrosis.

Requieren controles de:

  • potasio;

  • función renal.

La espironolactona puede producir:

  • molestias mamarias;

  • alteraciones hormonales.

Inhibidores SGLT2

Se desarrollaron inicialmente para la diabetes, pero sus beneficios en insuficiencia cardíaca no dependen exclusivamente de reducir la glucosa.

Pueden disminuir:

  • hospitalizaciones;

  • eventos cardiovasculares;

  • progresión renal.

Se utilizan en diferentes tipos de insuficiencia, incluso en algunas personas sin diabetes.

Posibles efectos:

  • infecciones genitales;

  • mayor diuresis;

  • deshidratación;

  • presión baja;

  • cetoacidosis rara.

Pueden necesitar una suspensión temporal durante:

  • enfermedad aguda;

  • ayuno prolongado;

  • determinadas cirugías,

siempre según instrucciones médicas.

La actualización europea de 2023 amplió el papel de los inhibidores SGLT2 en pacientes con fracción ligeramente reducida o preservada. (Escardio)

Diuréticos

Ayudan al riñón a eliminar:

  • sodio;

  • agua.

Son esenciales para controlar la congestión.

Pueden mejorar rápidamente:

  • falta de aire;

  • edemas;

  • aumento de peso;

  • presión venosa.

No corrigen por sí solos todos los mecanismos de la enfermedad.

La dosis puede necesitar ajustes según:

  • peso;

  • congestión;

  • función renal;

  • presión;

  • electrolitos.

Tomar más diurético por cuenta propia puede producir:

  • deshidratación;

  • presión baja;

  • daño renal;

  • alteraciones de sodio y potasio.

Tratamiento en fracción preservada

La insuficiencia con fracción preservada no dispone de una única terapia que sirva para todas sus causas.

El manejo puede incluir:

  • inhibidores SGLT2;

  • diuréticos para la congestión;

  • control de presión;

  • tratamiento de fibrilación auricular;

  • reducción de peso;

  • control de diabetes;

  • tratamiento de apnea;

  • ejercicio;

  • manejo de enfermedad renal y coronaria.

La identificación de la causa es especialmente importante.

No es lo mismo una insuficiencia relacionada con:

  • obesidad;

  • amiloidosis;

  • enfermedad valvular;

  • hipertensión;

  • miocardiopatía hipertrófica.

Fibrilación auricular

Puede ser causa y consecuencia de la insuficiencia.

Puede empeorar:

  • llenado;

  • frecuencia;

  • síntomas;

  • riesgo de ictus.

El tratamiento puede incluir:

  • anticoagulación;

  • control de frecuencia;

  • control de ritmo;

  • cardioversión;

  • ablación.

La estrategia debe individualizarse.

Dispositivos cardíacos

Algunas personas pueden beneficiarse de dispositivos implantables.

Desfibrilador automático implantable

Detecta y trata arritmias ventriculares peligrosas.

Puede indicarse en pacientes seleccionados con:

  • fracción de eyección muy reducida;

  • riesgo de muerte súbita;

  • supervivencia y situación funcional adecuadas.

No evita todas las causas de muerte ni mejora directamente la fuerza del corazón.

Terapia de resincronización

Utiliza un dispositivo que coordina la contracción de ambos ventrículos.

Puede beneficiar a personas con:

  • fracción reducida;

  • alteración específica de la conducción;

  • complejo QRS ancho;

  • síntomas pese a tratamiento.

En pacientes bien seleccionados puede mejorar:

  • función;

  • síntomas;

  • supervivencia;

  • calidad de vida.

Procedimientos valvulares

Cuando una válvula es la causa o agrava la insuficiencia, puede considerarse:

  • reparación quirúrgica;

  • sustitución;

  • procedimientos por catéter.

Corregir la válvula en el momento adecuado puede prevenir un deterioro irreversible del músculo.

Trasplante y asistencia ventricular

En insuficiencia avanzada pueden valorarse:

  • trasplante cardíaco;

  • dispositivos de asistencia ventricular;

  • tratamientos paliativos integrados.

No todos los pacientes son candidatos.

La valoración considera:

  • edad biológica;

  • riñón;

  • pulmón;

  • cáncer;

  • fragilidad;

  • apoyo social;

  • capacidad para seguir el tratamiento.

Autocuidado

El paciente forma parte activa del tratamiento.

El autocuidado puede incluir:

  • tomar correctamente la medicación;

  • pesarse;

  • observar síntomas;

  • controlar presión;

  • mantener actividad;

  • acudir a revisiones;

  • consultar ante empeoramiento.

No significa que la responsabilidad recaiga completamente sobre el paciente.

Necesita educación, seguimiento y acceso al equipo sanitario.

Control del peso

Puede resultar útil pesarse:

  • a la misma hora;

  • preferiblemente por la mañana;

  • después de orinar;

  • con ropa similar;

  • utilizando la misma báscula.

El objetivo es detectar cambios rápidos compatibles con retención de líquido.

Cada paciente debe conocer qué variación debe comunicar.

No existe una única cifra universal, aunque un aumento de varios kilos en pocos días merece atención.

Plan de acción por zonas

Algunos programas utilizan un sistema de colores.

Zona verde

  • síntomas habituales;

  • peso estable;

  • respiración estable;

  • sin aumento de edemas.

Continuar el plan.

Zona amarilla

  • mayor falta de aire;

  • incremento de peso;

  • más hinchazón;

  • tos nocturna;

  • necesidad de más almohadas;

  • cansancio creciente.

Contactar con el equipo.

Zona roja

  • falta de aire intensa en reposo;

  • dolor torácico;

  • desmayo;

  • confusión;

  • labios azulados;

  • respiración muy difícil.

Solicitar atención urgente.

Señales que requieren atención inmediata

Deben considerarse urgentes:

  • falta de aire intensa y persistente;

  • dolor torácico que no cede;

  • desmayo;

  • confusión;

  • palpitaciones rápidas acompañadas de mal estado;

  • incapacidad para hablar por falta de aire;

  • tos con espuma rosada;

  • coloración azulada;

  • presión muy baja con debilidad extrema.

Estas señales forman parte de las advertencias que requieren asistencia urgente en pacientes con insuficiencia cardíaca. (Heart Failure Matters)

En España debe llamarse al:

112

Alimentación y sal

El exceso de sodio puede favorecer la retención de líquido en personas sensibles.

No toda persona necesita una dieta extremadamente baja en sal.

Una restricción excesiva puede:

  • reducir el apetito;

  • dificultar la alimentación;

  • contribuir a desequilibrios.

Conviene reducir especialmente:

  • embutidos;

  • sopas preparadas;

  • salsas;

  • snacks;

  • comida rápida;

  • platos precocinados;

  • quesos muy salados.

La recomendación debe adaptarse a:

  • congestión;

  • presión;

  • función renal;

  • apetito;

  • tratamiento.

Restricción de líquidos

No todas las personas necesitan limitar el agua.

Puede valorarse cuando existe:

  • congestión importante;

  • sodio bajo;

  • insuficiencia avanzada;

  • indicación específica.

Restringir líquidos sin necesidad puede producir:

  • sed intensa;

  • deshidratación;

  • deterioro renal;

  • peor calidad de vida.

La cantidad debe establecerla el equipo responsable.

Potasio

Puede aumentar o disminuir según:

  • diuréticos;

  • IECA;

  • ARA-II;

  • ARNI;

  • antagonistas mineralocorticoides;

  • función renal;

  • alimentación.

No deben utilizarse suplementos de potasio o sustitutos de la sal ricos en potasio sin consultar.

Alcohol

Puede empeorar:

  • presión;

  • arritmias;

  • adherencia;

  • cardiomiopatía.

En cardiomiopatía relacionada con alcohol suele recomendarse abstinencia.

En otros pacientes, la recomendación debe individualizarse, teniendo en cuenta que no existe necesidad de beber para proteger el corazón.

Ejercicio

Durante años se recomendó reposo a las personas con insuficiencia.

Actualmente sabemos que el ejercicio adaptado puede mejorar:

  • capacidad física;

  • calidad de vida;

  • fuerza;

  • confianza;

  • autonomía.

La rehabilitación cardíaca combina ejercicio supervisado, educación y apoyo para ayudar a recuperar una vida activa y reducir el riesgo cardiovascular. (NHLBI, NIH)

No debe iniciarse ejercicio intenso durante una descompensación.

Actividad aeróbica

Puede comenzar mediante:

  • caminatas;

  • bicicleta estática;

  • ejercicio en piscina en pacientes seleccionados;

  • programas supervisados.

La progresión depende de:

  • síntomas;

  • presión;

  • frecuencia;

  • oxígeno;

  • capacidad;

  • estabilidad.

Una persona estable debería poder mantener una conversación durante gran parte del ejercicio moderado.

Entrenamiento de fuerza

Ayuda a prevenir:

  • pérdida muscular;

  • debilidad;

  • caídas;

  • dependencia.

Puede comenzar con:

  • levantarse de una silla;

  • bandas;

  • mancuernas ligeras;

  • ejercicios funcionales.

Conviene evitar:

  • cargas máximas;

  • contener la respiración;

  • entrenar durante una descompensación;

  • continuar ante mareo, dolor torácico o falta de aire desproporcionada.

Sarcopenia y fragilidad

La insuficiencia puede favorecer:

  • pérdida de músculo;

  • menor apetito;

  • inactividad;

  • inflamación;

  • hospitalizaciones.

Esta pérdida empeora:

  • capacidad;

  • equilibrio;

  • recuperación;

  • pronóstico.

Por eso no debe centrarse todo el tratamiento en reducir el peso.

También es necesario preservar:

  • proteínas;

  • fuerza;

  • movimiento;

  • autonomía.

Obesidad

La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar insuficiencia, especialmente con fracción preservada.

Puede contribuir mediante:

  • hipertensión;

  • apnea;

  • diabetes;

  • inflamación;

  • mayor volumen circulante.

La pérdida de peso puede mejorar los síntomas en pacientes seleccionados, pero debe protegerse la masa muscular.

Sueño y apnea

La apnea puede:

  • aumentar la presión;

  • favorecer arritmias;

  • empeorar la calidad de vida;

  • producir somnolencia.

Conviene sospecharla ante:

  • ronquidos;

  • pausas respiratorias;

  • obesidad;

  • hipertensión resistente;

  • despertares con ahogo.

No toda apnea se trata de la misma forma cuando existe insuficiencia cardíaca, por lo que necesita un estudio adecuado.

Vacunación

Las infecciones respiratorias pueden provocar descompensaciones.

Conviene mantener actualizadas las vacunas indicadas según:

  • edad;

  • enfermedades;

  • país;

  • tratamientos.

Pueden incluir:

  • gripe;

  • COVID-19;

  • neumococo;

  • otras del calendario.

Viajes

Muchas personas estables pueden viajar.

Conviene preparar:

  • informe médico;

  • lista de medicamentos;

  • cantidad suficiente;

  • seguro;

  • plan ante síntomas;

  • horarios;

  • restricciones de líquidos cuando existan.

Los vuelos prolongados y los cambios de clima pueden modificar:

  • actividad;

  • hidratación;

  • edema;

  • presión.

Una persona recientemente descompensada debe consultar antes de viajar.

Conducción

La posibilidad de conducir depende de:

  • síntomas;

  • desmayos;

  • arritmias;

  • dispositivos;

  • función;

  • normativa.

Las personas que conducen profesionalmente pueden estar sujetas a requisitos diferentes.

Actividad sexual

En pacientes estables suele ser posible.

La actividad sexual representa un esfuerzo físico moderado.

Conviene consultar cuando existen:

  • síntomas con esfuerzos mínimos;

  • dolor torácico;

  • descompensación;

  • arritmias no controladas.

Los nitratos no deben combinarse con determinados medicamentos para la disfunción eréctil.

Embarazo

La insuficiencia cardíaca durante el embarazo requiere atención especializada.

Algunos medicamentos están contraindicados.

Las mujeres con cardiomiopatía o enfermedad estructural necesitan una valoración previa para estimar:

  • riesgo materno;

  • riesgo fetal;

  • ajuste terapéutico.

Salud emocional

El diagnóstico puede producir:

  • miedo;

  • tristeza;

  • pérdida de confianza;

  • ansiedad;

  • preocupación por el futuro.

La depresión puede dificultar:

  • actividad;

  • adherencia;

  • alimentación;

  • autocuidado.

La salud emocional debe formar parte del tratamiento.

Los cuidados paliativos también pueden integrarse en etapas avanzadas para controlar síntomas y apoyar decisiones, sin significar necesariamente que se abandonen los demás tratamientos.

Medicamentos que pueden empeorarla

Algunos productos pueden favorecer:

  • retención de líquidos;

  • aumento de presión;

  • daño renal;

  • arritmias.

Entre ellos pueden encontrarse:

  • antiinflamatorios no esteroideos;

  • determinados antidiabéticos;

  • descongestionantes;

  • suplementos estimulantes;

  • algunos tratamientos oncológicos;

  • ciertos antiarrítmicos.

No deben suspenderse tratamientos prescritos sin valoración.

Conviene informar de todos los productos sin receta.

Antiinflamatorios

Medicamentos como ibuprofeno o naproxeno pueden:

  • retener sodio;

  • elevar la presión;

  • reducir el efecto de diuréticos;

  • empeorar la función renal.

Una persona con insuficiencia debería consultar antes de utilizarlos, especialmente de forma repetida.

Seguimiento

El seguimiento puede incluir:

  • síntomas;

  • peso;

  • presión;

  • frecuencia;

  • riñón;

  • sodio;

  • potasio;

  • hierro;

  • ecocardiograma;

  • adherencia;

  • ingresos;

  • capacidad funcional.

Después de iniciar o aumentar determinados medicamentos pueden necesitarse análisis en un plazo relativamente corto.

Ingresos hospitalarios

Una hospitalización no representa únicamente un episodio aislado.

Puede asociarse con:

  • pérdida de músculo;

  • fragilidad;

  • mayor riesgo de nuevos ingresos;

  • cambios en la medicación.

Antes del alta deben revisarse:

  • congestión;

  • tratamiento;

  • educación;

  • seguimiento temprano;

  • apoyo familiar;

  • capacidad para conseguir medicamentos.

Prevención de la insuficiencia cardíaca

Puede prevenirse o retrasarse actuando sobre:

  • hipertensión;

  • enfermedad coronaria;

  • diabetes;

  • obesidad;

  • tabaco;

  • alcohol;

  • válvulas;

  • arritmias;

  • apnea;

  • enfermedad renal.

La prevención comienza mucho antes de que aparezcan edemas o falta de aire.

Mitos y realidades

“Insuficiencia cardíaca significa que el corazón se va a parar.”

Mito.

El corazón continúa latiendo, aunque no maneje correctamente la circulación.

“Una fracción de eyección normal descarta insuficiencia.”

Mito.

Puede existir insuficiencia con fracción preservada.

“Si se hinchan los tobillos, siempre es el corazón.”

Mito.

Existen muchas otras causas.

“Hay que beber mucha agua para limpiar los riñones.”

No siempre.

En algunos pacientes un exceso de líquidos puede empeorar la congestión.

“Todas las personas deben restringir mucho la sal y el agua.”

Mito.

La pauta debe individualizarse.

“Los diuréticos curan la enfermedad.”

Mito.

Alivian la congestión, pero otros tratamientos modifican también el pronóstico.

“Los medicamentos para la diabetes solo sirven si existe diabetes.”

Mito.

Los inhibidores SGLT2 pueden beneficiar a determinadas personas con insuficiencia sin diabetes.

“Cuando mejora la fracción de eyección se puede retirar todo.”

Mito.

Puede producirse una recaída.

“El ejercicio es peligroso.”

Mito en pacientes estables.

El ejercicio adaptado y la rehabilitación suelen ser beneficiosos.

“Sentirse mejor significa que la enfermedad ha desaparecido.”

Mito.

Puede indicar que el tratamiento está funcionando.

“Un desfibrilador fortalece el corazón.”

Mito.

Su función principal es tratar arritmias peligrosas.

“La insuficiencia cardíaca siempre es terminal.”

Mito.

Es una enfermedad seria y crónica, pero muchos pacientes viven durante años con buena calidad de vida gracias al tratamiento.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que una guía de envejecimiento saludable debe enseñar a reconocer cambios que con frecuencia se normalizan.

Una persona puede consultar por:

  • cansancio;

  • aumento de peso;

  • piernas hinchadas;

  • menor capacidad física;

  • sueño deficiente;

  • obesidad.

Detrás puede existir:

  • hipertensión;

  • fibrilación auricular;

  • apnea;

  • enfermedad coronaria;

  • insuficiencia cardíaca.

Una valoración integral debería preguntar:

  • ¿Se fatiga más que antes?

  • ¿Cuántas almohadas utiliza?

  • ¿Se despierta con falta de aire?

  • ¿Ha aumentado rápidamente de peso?

  • ¿Se hinchan las piernas?

  • ¿Tiene palpitaciones?

  • ¿Ha reducido sus actividades?

  • ¿Toma antiinflamatorios?

  • ¿Sigue correctamente la medicación?

Nuestro objetivo no es diagnosticar mediante un único síntoma.

Buscamos identificar señales de alarma, favorecer la valoración temprana y ayudar al paciente a mantener fuerza, autonomía y calidad de vida.

Ideas clave

  • La insuficiencia cardíaca no significa que el corazón se haya detenido.

  • Puede deberse a alteraciones de contracción, relajación, válvulas o ritmo.

  • Los síntomas más frecuentes son disnea, fatiga e intolerancia al esfuerzo.

  • La congestión puede producir edema, aumento rápido de peso y dificultad al tumbarse.

  • Una fracción de eyección normal no descarta la enfermedad.

  • Existen formas con fracción reducida, ligeramente reducida, preservada y mejorada.

  • Hipertensión, infarto, válvulas, arritmias y cardiomiopatías son causas frecuentes.

  • El diagnóstico combina historia, exploración, péptidos natriuréticos y ecocardiograma.

  • En fracción reducida existen cuatro grandes pilares farmacológicos.

  • Los inhibidores SGLT2 también son útiles en diferentes fenotipos y no requieren necesariamente diabetes.

  • Los diuréticos controlan el exceso de líquido, pero no sustituyen todo el tratamiento.

  • La medicación debe ajustarse según presión, riñón y potasio.

  • Pesarse regularmente puede ayudar a detectar retención de líquido.

  • La restricción de sal y líquidos debe individualizarse.

  • El ejercicio adaptado y la rehabilitación mejoran capacidad y calidad de vida.

  • La pérdida muscular debe prevenirse.

  • Los antiinflamatorios pueden empeorar la congestión y el riñón.

  • Una falta de aire intensa, dolor torácico, desmayo o confusión requieren atención urgente.

  • Sentirse mejor suele significar que el tratamiento funciona, no que pueda suspenderse.

  • El seguimiento continuado reduce descompensaciones e ingresos.

Aplicación práctica: control diario

Cada mañana

  • pesarse en condiciones similares;

  • observar la respiración;

  • revisar los tobillos;

  • tomar la medicación;

  • valorar la presión si está indicado.

Durante el día

  • mantener actividad adaptada;

  • evitar periodos muy prolongados sentado;

  • vigilar mareos;

  • controlar el consumo de alimentos muy salados;

  • respetar la pauta de líquidos.

Por la noche

  • observar si necesita más almohadas;

  • comprobar si aparece tos o falta de aire;

  • revisar si existe mayor hinchazón.

Comunicar al equipo

  • aumento rápido de peso;

  • mayor disnea;

  • más edemas;

  • reducción de orina;

  • mareos frecuentes;

  • palpitaciones nuevas;

  • pérdida de apetito;

  • presión muy baja o muy alta.

Plan inicial de doce semanas para un paciente estable

Semanas 1 a 4: comprender y estabilizar

  • conocer cada medicamento;

  • aprender a pesarse;

  • reducir ultraprocesados salados;

  • registrar síntomas;

  • caminar periodos breves;

  • revisar función renal y electrolitos;

  • estudiar la causa.

Semanas 5 a 8: optimizar

  • ajustar progresivamente el tratamiento;

  • aumentar la caminata según tolerancia;

  • comenzar fuerza supervisada;

  • revisar hierro;

  • valorar apnea;

  • controlar presión, diabetes y ritmo.

Semanas 9 a 12: consolidar

  • evaluar capacidad funcional;

  • revisar peso y congestión;

  • comprobar adherencia;

  • actualizar el plan de acción;

  • valorar rehabilitación cardíaca;

  • revisar vacunas;

  • establecer el seguimiento.

Preguntas frecuentes

¿La insuficiencia cardíaca puede curarse?

Depende de la causa. Algunas formas mejoran considerablemente al corregir una arritmia, una válvula o una inflamación. Otras requieren tratamiento crónico.

¿Qué fracción de eyección es normal?

Con frecuencia se considera preservada a partir del 50 %, pero la cifra debe interpretarse junto con el resto del ecocardiograma y los síntomas.

¿Puedo tener insuficiencia con una fracción del 60 %?

Sí.

¿Por qué me peso todos los días?

Para detectar aumentos rápidos que puedan indicar retención de líquido.

¿Debo beber menos agua?

Solo cuando el equipo lo indique. No todas las personas necesitan restricción.

¿Puedo comer sin sal?

Conviene reducir el exceso, pero una restricción extrema no es siempre necesaria ni beneficiosa.

¿Puedo hacer ejercicio?

Sí, cuando la enfermedad está estable y el programa está adaptado.

¿Por qué tomo un medicamento para diabetes si no soy diabético?

Porque algunos inhibidores SGLT2 protegen el corazón y el riñón independientemente de la diabetes.

¿Los diuréticos dañan el riñón?

Pueden modificar la función renal, pero también son esenciales para eliminar congestión. La dosis necesita seguimiento.

¿Qué hago si olvido una dosis?

Seguir la indicación específica del medicamento. No duplicar automáticamente la siguiente dosis.

¿Puedo tomar ibuprofeno?

Debe consultarse porque puede favorecer retención de líquido y deterioro renal.

¿Cuándo debo llamar al 112?

Ante falta de aire intensa en reposo, dolor torácico persistente, desmayo, confusión, labios azulados o empeoramiento brusco.

¿Un marcapasos cura la insuficiencia?

Un marcapasos convencional trata determinados ritmos lentos. La resincronización puede mejorar algunos tipos específicos, pero no todos los pacientes se benefician.

¿Puedo viajar en avión?

Muchas personas estables pueden hacerlo, pero una descompensación reciente necesita valoración previa.

¿Por qué continúo cansado si ya no tengo edema?

La fatiga puede deberse a desacondicionamiento, pérdida muscular, anemia, déficit de hierro, sueño, medicación u otras enfermedades.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos un conjunto de enfermedades que pueden debilitar, engrosar o volver rígido el músculo del corazón:

Cardiomiopatías: cuándo una alteración del músculo cardíaco puede ser hereditaria y por qué también deben estudiarse los familiares.

Analizaremos:

  • cardiomiopatía dilatada;

  • hipertrófica;

  • arritmogénica;

  • restrictiva;

  • genética;

  • muerte súbita;

  • miocarditis;

  • alcohol;

  • embarazo;

  • quimioterapia;

  • resonancia cardíaca;

  • pruebas genéticas;

  • estudio familiar;

  • ejercicio;

  • desfibriladores;

  • embarazo y planificación;

  • seguimiento.

Comprenderemos que algunas cardiomiopatías permanecen silenciosas durante años y que identificar una causa genética puede proteger no solo al paciente, sino también a sus hijos, hermanos y otros familiares.

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Capítulo 44

Cardiomiopatías

Cuándo una alteración del músculo cardíaco puede ser hereditaria y por qué también deben estudiarse los familiares
“Diagnosticar una cardiomiopatía puede proteger a una persona, pero identificar su origen hereditario puede proteger también a sus hijos, hermanos y otros familiares.”

Una historia cotidiana

Daniel tiene 39 años.

Siempre se ha considerado una persona sana. Practica deporte, no fuma y nunca ha tenido hipertensión ni colesterol elevado.

Durante varios meses comienza a notar:

  • palpitaciones;

  • menor rendimiento;

  • falta de aire al correr;

  • sensación de mareo después de esfuerzos intensos.

No concede demasiada importancia a los síntomas hasta que sufre un desmayo mientras juega un partido.

Durante la valoración se realiza:

  • electrocardiograma;

  • ecocardiograma;

  • monitorización del ritmo;

  • resonancia cardíaca.

Las pruebas muestran un engrosamiento anormal del músculo del corazón compatible con una cardiomiopatía hipertrófica.

Al revisar la historia familiar aparece un dato que hasta entonces nadie había relacionado:

Un tío de Daniel había fallecido repentinamente a los 42 años.

El equipo recomienda asesoramiento genético y estudio de sus familiares de primer grado.

Una de sus hermanas presenta la misma variante genética, aunque todavía no tiene síntomas ni alteraciones importantes en el ecocardiograma.

Gracias al diagnóstico puede comenzar un seguimiento antes de que aparezca una complicación.

Daniel comprende entonces que la prueba genética no se había realizado únicamente para poner un nombre más preciso a su enfermedad.

También permitía identificar qué familiares necesitaban vigilancia y cuáles podían quedar liberados de controles innecesarios cuando se descartaba la variante familiar.

En determinadas cardiomiopatías, el paciente no es la única persona que necesita una valoración. La familia forma parte del diagnóstico.

Introducción

Las cardiomiopatías son un grupo diverso de enfermedades en las que el músculo cardíaco presenta alteraciones estructurales o funcionales que no se explican exclusivamente por una enfermedad coronaria, una hipertensión grave, una valvulopatía o una cardiopatía congénita.

El corazón puede:

  • dilatarse;

  • engrosarse;

  • acumular cicatrices;

  • volverse rígido;

  • presentar una alteración eléctrica desproporcionada;

  • perder capacidad de contracción o relajación.

Las cardiomiopatías pueden afectar a personas de cualquier edad y producir:

  • insuficiencia cardíaca;

  • arritmias;

  • trombos;

  • ictus;

  • muerte súbita;

  • necesidad de trasplante.

Sin embargo, algunas personas permanecen durante años sin síntomas.

Las guías europeas de 2023 proponen un enfoque diagnóstico basado en el fenotipo cardíaco, la historia familiar, la imagen avanzada y la genética, con atención específica tanto al paciente como a sus familiares. (Escardio)

No todas las cardiomiopatías son hereditarias

Una cardiomiopatía puede relacionarse con:

  • una variante genética;

  • una infección o inflamación;

  • alcohol;

  • embarazo;

  • medicamentos;

  • enfermedades infiltrativas;

  • alteraciones metabólicas;

  • trastornos neuromusculares;

  • causas autoinmunes;

  • varias causas simultáneas.

En otras ocasiones no se consigue identificar un origen concreto.

La ausencia de antecedentes familiares conocidos no descarta una causa genética.

Puede ocurrir que:

  • otros familiares no hayan desarrollado todavía la enfermedad;

  • los síntomas fueran leves;

  • una muerte se atribuyera a otra causa;

  • la familia fuera pequeña;

  • la variante haya aparecido por primera vez en el paciente.

Cardiomiopatía no significa automáticamente insuficiencia cardíaca

Una cardiomiopatía describe una enfermedad del músculo cardíaco.

La insuficiencia cardíaca es un síndrome producido cuando el corazón no puede manejar adecuadamente la circulación.

Una persona puede tener una cardiomiopatía y:

  • conservar una función de bombeo normal;

  • no presentar congestión;

  • no sentir limitaciones.

También puede desarrollar con el tiempo:

  • insuficiencia cardíaca;

  • arritmias;

  • obstrucción al flujo;

  • embolias.

Por eso el seguimiento puede ser necesario incluso cuando la persona se encuentra bien.

Principales tipos

Las cardiomiopatías se clasifican según el patrón predominante.

Entre las principales se encuentran:

  • cardiomiopatía dilatada;

  • cardiomiopatía hipertrófica;

  • cardiomiopatía arritmogénica;

  • cardiomiopatía restrictiva;

  • cardiomiopatía no dilatada del ventrículo izquierdo;

  • formas relacionadas con trabeculación o no compactación;

  • cardiomiopatías asociadas a enfermedades sistémicas.

Una misma causa genética puede producir manifestaciones diferentes entre familiares.

Por ello, la clasificación no siempre funciona como una serie de cajas completamente separadas.

Cardiomiopatía dilatada

Se caracteriza por:

  • dilatación de uno o ambos ventrículos;

  • reducción de la fuerza de contracción;

  • ausencia de otra causa suficiente que explique completamente el deterioro.

El ventrículo izquierdo suele aumentar de tamaño y expulsar menos sangre.

Puede producir:

  • falta de aire;

  • cansancio;

  • edemas;

  • palpitaciones;

  • arritmias;

  • trombos;

  • insuficiencia cardíaca.

Las causas pueden ser:

  • genéticas;

  • inflamatorias;

  • tóxicas;

  • metabólicas;

  • relacionadas con el embarazo;

  • inducidas por taquicardia.

Cardiomiopatía dilatada hereditaria

Determinadas variantes afectan a proteínas relacionadas con:

  • estructura del músculo;

  • contracción;

  • unión entre células;

  • envoltura del núcleo;

  • sistema eléctrico.

Algunos genes se asocian especialmente con:

  • insuficiencia cardíaca;

  • bloqueos eléctricos;

  • arritmias ventriculares;

  • mayor riesgo de muerte súbita.

Por eso el riesgo no debe calcularse utilizando únicamente la fracción de eyección.

La combinación de:

  • gen implicado;

  • cicatriz en resonancia;

  • antecedentes familiares;

  • desmayos;

  • arritmias;

  • función ventricular

puede modificar la decisión de implantar un desfibrilador.

Miocarditis y cardiomiopatía dilatada

La miocarditis es una inflamación del músculo cardíaco.

Puede presentarse con:

  • dolor torácico;

  • falta de aire;

  • arritmias;

  • elevación de troponina;

  • insuficiencia cardíaca.

Algunas personas se recuperan completamente.

En otras, la inflamación deja:

  • cicatriz;

  • dilatación;

  • deterioro de la contracción;

  • mayor vulnerabilidad eléctrica.

El estudio puede incluir electrocardiograma, analítica, ecocardiograma y resonancia cardíaca. (NHLBI, NIH)

Cardiomiopatía inducida por alcohol

Un consumo elevado y mantenido de alcohol puede lesionar directamente el músculo cardíaco.

También puede favorecer:

  • hipertensión;

  • fibrilación auricular;

  • deficiencias nutricionales;

  • peor adherencia terapéutica.

Cuando existe sospecha de cardiomiopatía relacionada con alcohol, suele recomendarse evitarlo.

La función puede mejorar de manera importante si se actúa antes de que el daño sea irreversible.

Cardiomiopatía por taquicardia

Una frecuencia demasiado rápida durante semanas o meses puede debilitar el corazón.

Puede aparecer con:

  • fibrilación auricular;

  • flutter;

  • taquicardias supraventriculares;

  • determinadas arritmias ventriculares.

Al controlar el ritmo o la frecuencia, la función puede recuperarse parcial o completamente.

Este diagnóstico es importante porque representa una causa potencialmente reversible.

Cardiomiopatía hipertrófica

Se caracteriza por un aumento anormal del grosor del músculo cardíaco que no se explica únicamente por hipertensión o entrenamiento.

Puede afectar especialmente al:

  • tabique interventricular;

  • ventrículo izquierdo;

  • ápex;

  • conjunto del músculo.

Es una de las cardiomiopatías hereditarias más conocidas.

En muchos casos se relaciona con variantes en genes que codifican proteínas del sarcómero, la unidad que permite la contracción muscular.

Un corazón grueso no siempre es fuerte

El aumento de grosor puede dificultar:

  • relajación;

  • llenado;

  • flujo de salida;

  • circulación coronaria microscópica.

También puede favorecer:

  • fibrosis;

  • fibrilación auricular;

  • arritmias ventriculares.

Una persona puede presentar una fracción de eyección normal o elevada y, sin embargo, tener síntomas importantes.

Cardiomiopatía hipertrófica obstructiva

En algunos pacientes, el músculo engrosado y el movimiento de la válvula mitral dificultan la salida de sangre desde el ventrículo izquierdo.

La obstrucción puede aumentar durante:

  • esfuerzo;

  • deshidratación;

  • determinados medicamentos;

  • situaciones que reducen el llenado.

Puede causar:

  • falta de aire;

  • presión torácica;

  • mareo;

  • desmayo;

  • menor capacidad deportiva.

La obstrucción puede medirse en reposo y mediante maniobras o ejercicio.

Síntomas de la cardiomiopatía hipertrófica

Puede producir:

  • disnea;

  • dolor torácico;

  • palpitaciones;

  • desmayos;

  • intolerancia al esfuerzo.

Pero también puede descubrirse de manera casual.

La ausencia de síntomas no elimina por completo el riesgo.

El seguimiento analiza:

  • grosor;

  • obstrucción;

  • función;

  • tamaño auricular;

  • fibrosis;

  • arritmias;

  • antecedentes familiares.

Tratamiento de la forma hipertrófica

Según el caso pueden utilizarse:

  • betabloqueantes;

  • determinados calcioantagonistas;

  • otros tratamientos para reducir síntomas;

  • anticoagulación si aparece fibrilación auricular;

  • desfibrilador en personas de alto riesgo;

  • reducción septal en obstrucción grave;

  • inhibidores de la miosina cardíaca en pacientes seleccionados.

La cirugía de miectomía y la ablación septal con alcohol buscan reducir la obstrucción en pacientes cuidadosamente seleccionados.

Riesgo de muerte súbita

La mayoría de las personas con cardiomiopatía hipertrófica no sufrirá una muerte súbita.

Sin embargo, es necesario identificar a quienes presentan mayor riesgo.

Entre los elementos valorados se encuentran:

  • desmayo sospechoso;

  • antecedentes familiares de muerte súbita;

  • gran grosor del músculo;

  • arritmias ventriculares;

  • función ventricular reducida;

  • aneurisma apical;

  • fibrosis extensa;

  • respuesta anormal durante el ejercicio.

Las guías específicas de 2024 mantienen la genética, la imagen y la estratificación individual del riesgo como componentes centrales del manejo. (AHALife)

Cardiomiopatía arritmogénica

Es una enfermedad en la que pueden aparecer:

  • cicatriz;

  • sustitución fibroadiposa;

  • alteraciones eléctricas;

  • arritmias ventriculares.

Puede afectar predominantemente al:

  • ventrículo derecho;

  • ventrículo izquierdo;

  • ambos ventrículos.

Durante años se utilizó principalmente el término cardiomiopatía arritmogénica del ventrículo derecho.

Actualmente se reconoce un espectro más amplio.

La alteración eléctrica puede aparecer primero

En algunas cardiomiopatías arritmogénicas, las arritmias aparecen antes de que el ecocardiograma muestre un deterioro importante.

Por ello puede ser necesario utilizar:

  • electrocardiograma;

  • Holter;

  • prueba de esfuerzo;

  • resonancia;

  • análisis genético;

  • estudio familiar.

Una ecografía aparentemente normal no siempre descarta una fase inicial.

Ejercicio y cardiomiopatía arritmogénica

El ejercicio intenso y prolongado puede favorecer la expresión y progresión de determinadas formas genéticas.

Esto no significa que toda actividad física esté prohibida.

La recomendación debe individualizarse según:

  • variante;

  • fenotipo;

  • arritmias;

  • síntomas;

  • competición;

  • intensidad.

La actividad moderada puede continuar siendo beneficiosa en muchos pacientes, pero el deporte de alta intensidad puede estar desaconsejado en algunos casos.

Cardiomiopatía restrictiva

En la cardiomiopatía restrictiva, los ventrículos se vuelven rígidos y no se llenan adecuadamente.

La fuerza de contracción puede permanecer conservada al principio.

Puede producir:

  • falta de aire;

  • edemas;

  • congestión abdominal;

  • fibrilación auricular;

  • presión elevada en las aurículas.

El grosor de las paredes no siempre aumenta.

Entre las causas se encuentran:

  • amiloidosis;

  • enfermedades infiltrativas;

  • fibrosis;

  • radioterapia;

  • trastornos metabólicos;

  • formas genéticas.

El NHLBI describe la cardiomiopatía restrictiva como una alteración en la que la rigidez ventricular impide una relajación y un llenado adecuados. (NHLBI, NIH)

Amiloidosis cardíaca

La amiloidosis se produce por el depósito de proteínas mal plegadas.

Las formas cardíacas más importantes incluyen:

  • amiloidosis por transtiretina;

  • amiloidosis por cadenas ligeras.

Pueden producir:

  • aumento aparente del grosor;

  • rigidez;

  • insuficiencia cardíaca;

  • arritmias;

  • bloqueos;

  • síndrome del túnel carpiano;

  • neuropatía;

  • presión baja.

Distinguir el tipo es fundamental porque los tratamientos son completamente diferentes.

Señales que pueden sugerir amiloidosis

Entre las pistas se encuentran:

  • insuficiencia con fracción preservada;

  • paredes engrosadas sin hipertensión suficiente;

  • síndrome del túnel carpiano bilateral;

  • rotura del tendón del bíceps;

  • estenosis lumbar;

  • neuropatía;

  • presión que se vuelve baja;

  • intolerancia a medicamentos habituales.

No todos estos hallazgos indican amiloidosis.

Su combinación puede justificar un estudio.

Cardiomiopatía no dilatada del ventrículo izquierdo

Las guías europeas reconocen un fenotipo en el que existe:

  • cicatrización o alteración estructural;

  • hipocinesia;

  • arritmias;

sin una dilatación ventricular suficiente para clasificarlo como cardiomiopatía dilatada.

Este concepto ayuda a identificar fases tempranas y enfermedades con predominio arrítmico. (Escardio)

No compactación y trabeculación ventricular

Algunas personas presentan un ventrículo con trabéculas muy prominentes.

En determinados casos se asocia con:

  • disfunción;

  • arritmias;

  • antecedentes familiares;

  • trombos.

Sin embargo, una trabeculación marcada también puede observarse en:

  • deportistas;

  • embarazo;

  • personas sanas.

Por eso una imagen llamativa no debe convertirse automáticamente en un diagnóstico.

Debe interpretarse junto con:

  • función;

  • síntomas;

  • genética;

  • antecedentes;

  • otras pruebas.

Cardiomiopatía periparto

Puede aparecer hacia el final del embarazo o durante los meses posteriores al parto.

Se caracteriza por una reducción de la función ventricular sin otra causa suficiente.

Puede producir:

  • falta de aire;

  • edemas;

  • ortopnea;

  • palpitaciones;

  • fatiga intensa.

Algunos síntomas pueden confundirse con cambios habituales del embarazo.

La dificultad respiratoria progresiva, la necesidad de dormir incorporada o el empeoramiento rápido requieren valoración.

El embarazo futuro necesita una planificación especializada, especialmente si la función no se ha recuperado.

Cardiomiopatía por estrés

También conocida como síndrome de Takotsubo.

Puede desencadenarse después de:

  • estrés emocional;

  • enfermedad;

  • cirugía;

  • dolor intenso;

  • estrés físico.

Puede simular un infarto mediante:

  • dolor torácico;

  • alteraciones electrocardiográficas;

  • troponina elevada;

  • disfunción ventricular.

Las arterias coronarias no suelen mostrar la obstrucción responsable de un infarto clásico.

La recuperación es frecuente, pero pueden aparecer complicaciones agudas graves.

Cardiomiopatía y tratamientos oncológicos

Algunos medicamentos y la radioterapia pueden afectar al corazón.

El riesgo depende de:

  • tipo de tratamiento;

  • dosis;

  • combinación;

  • radiación recibida;

  • edad;

  • enfermedades previas;

  • predisposición genética.

El seguimiento cardio-oncológico puede incluir:

  • ecocardiograma;

  • strain;

  • biomarcadores;

  • control de presión y factores metabólicos.

Detectar cambios tempranos permite ajustar el tratamiento y proteger el corazón sin suspender innecesariamente una terapia contra el cáncer.

Síntomas generales

Las cardiomiopatías pueden producir:

  • falta de aire;

  • cansancio;

  • dolor torácico;

  • palpitaciones;

  • mareo;

  • desmayo;

  • edemas;

  • menor tolerancia al esfuerzo.

Pero también pueden ser completamente asintomáticas.

Los síntomas dependen del mecanismo predominante:

  • insuficiencia;

  • obstrucción;

  • arritmia;

  • rigidez;

  • embolia.

Desmayo durante el ejercicio

Un desmayo durante el esfuerzo necesita una valoración cuidadosa.

Puede relacionarse con:

  • arritmia;

  • obstrucción;

  • enfermedad estructural;

  • respuesta anormal de la presión;

  • otras causas.

No todo desmayo es cardíaco.

Sin embargo, preocupan especialmente:

  • durante ejercicio;

  • sin aviso previo;

  • acompañado de palpitaciones;

  • con antecedentes familiares de muerte súbita;

  • asociado a electrocardiograma anormal.

Palpitaciones

Pueden deberse a:

  • extrasístoles;

  • fibrilación auricular;

  • taquicardias supraventriculares;

  • arritmias ventriculares;

  • ansiedad;

  • cafeína;

  • anemia;

  • tiroides.

En una cardiomiopatía conocida, las palpitaciones nuevas o mantenidas pueden requerir:

  • electrocardiograma;

  • Holter;

  • monitorización prolongada.

Señales de alarma

Requieren valoración urgente:

  • desmayo durante el esfuerzo;

  • dolor torácico persistente;

  • falta de aire intensa;

  • palpitaciones con mareo o pérdida de conciencia;

  • antecedentes familiares de muerte súbita junto con síntomas;

  • deterioro brusco;

  • coloración azulada;

  • signos de ictus.

Ante una emergencia debe llamarse al:

112

Historia familiar

La historia familiar es una prueba diagnóstica fundamental.

Conviene estudiar al menos tres generaciones cuando se sospecha una cardiomiopatía hereditaria. (AHALife)

Debe preguntarse por:

  • cardiomiopatías;

  • insuficiencia cardíaca;

  • trasplantes;

  • desfibriladores;

  • muerte súbita;

  • ahogamientos inexplicados;

  • accidentes de tráfico de causa incierta;

  • epilepsia no confirmada;

  • muertes durante el sueño;

  • problemas musculares;

  • marcapasos a edad temprana.

No toda muerte repentina es hereditaria, pero puede ser una pista.

Penetrancia variable

Una variante genética puede estar presente sin que la persona manifieste todavía la enfermedad.

Esto se denomina penetrancia incompleta o dependiente de la edad.

También puede existir expresividad variable:

  • un familiar presenta síntomas graves;

  • otro solo muestra pequeñas alteraciones;

  • otro permanece aparentemente sano.

Por eso no se puede predecir exactamente la evolución observando únicamente a otro familiar.

Qué significa herencia autosómica dominante

Muchas cardiomiopatías hereditarias siguen un patrón autosómico dominante.

Esto significa que cada hijo de una persona portadora puede tener aproximadamente un 50 % de probabilidad de heredar la variante.

No significa que el 50 % desarrollará necesariamente la misma gravedad.

También existen formas:

  • autosómicas recesivas;

  • ligadas al cromosoma X;

  • mitocondriales;

  • de aparición nueva.

Pruebas genéticas

Las pruebas analizan genes asociados con la enfermedad.

Pueden ayudar a:

  • confirmar una causa;

  • aclarar un diagnóstico;

  • estimar algunos riesgos;

  • identificar familiares portadores;

  • evitar controles innecesarios en familiares no portadores.

La genética desempeña un papel central en el diagnóstico y la atención de numerosas enfermedades cardiovasculares hereditarias. (AHALife)

Qué resultados puede ofrecer una prueba

Variante patogénica o probablemente patogénica

Existe evidencia suficiente de que puede causar enfermedad.

Variante de significado incierto

No se sabe si está relacionada con la enfermedad.

Resultado negativo

No se identifica una variante causal con el conocimiento y la tecnología disponibles.

Un resultado negativo no excluye siempre una causa genética.

Variante de significado incierto

Una variante incierta no debe utilizarse por sí sola para:

  • diagnosticar a un familiar;

  • implantar un desfibrilador;

  • excluir a alguien del deporte;

  • tomar decisiones irreversibles.

Puede reclasificarse en el futuro a medida que aumenta la evidencia.

Por eso resulta importante revisar periódicamente el informe genético.

Asesoramiento genético

Debe acompañar a la prueba antes y después de realizarla.

Permite explicar:

  • qué puede descubrirse;

  • qué no puede responderse;

  • impacto sobre familiares;

  • posibles resultados inciertos;

  • implicaciones emocionales;

  • planificación reproductiva;

  • necesidad de seguimiento.

Las pruebas comerciales directas al consumidor no sustituyen una evaluación cardiogenética completa.

Estudio en cascada

Cuando se identifica una variante patogénica, puede estudiarse a los familiares biológicos.

Familiar portador

Necesita seguimiento clínico, aunque todavía no presente alteraciones.

Familiar no portador

En muchas familias puede quedar liberado del seguimiento específico relacionado con esa variante.

La identificación genética permite concentrar la vigilancia en quienes realmente están en riesgo. (AHALife)

Cribado clínico de los familiares

Cuando no se ha identificado una variante, o no se ha realizado la prueba, los familiares pueden necesitar controles mediante:

  • historia;

  • exploración;

  • electrocardiograma;

  • ecocardiograma;

  • Holter;

  • resonancia en casos seleccionados.

La frecuencia depende de:

  • edad;

  • cardiomiopatía;

  • gen;

  • antecedentes;

  • cambios en el paciente índice.

Un control inicial normal no siempre elimina la necesidad de repetirlo porque algunas enfermedades aparecen con la edad.

Diagnóstico

La evaluación puede incluir:

  • historia personal;

  • árbol familiar;

  • electrocardiograma;

  • ecocardiograma;

  • Holter;

  • prueba de esfuerzo;

  • resonancia cardíaca;

  • analítica;

  • genética;

  • coronariografía;

  • biopsia en casos seleccionados.

El NHLBI señala que el tratamiento y las pruebas necesarias dependen del tipo de cardiomiopatía, su gravedad y sus complicaciones. (NHLBI, NIH)

Electrocardiograma

Puede mostrar:

  • hipertrofia;

  • bloqueos;

  • ondas anormales;

  • cicatrices;

  • arritmias;

  • alteraciones de repolarización.

En algunas cardiomiopatías, el ECG puede alterarse antes que el ecocardiograma.

Un resultado normal reduce la probabilidad de determinados fenotipos, pero no descarta todos los casos iniciales.

Ecocardiograma

Permite valorar:

  • grosor;

  • tamaño;

  • contracción;

  • relajación;

  • válvulas;

  • obstrucción;

  • función de ambos ventrículos.

También puede realizarse durante el ejercicio para estudiar:

  • síntomas;

  • gradientes;

  • presión;

  • respuesta funcional.

Resonancia cardíaca

La resonancia ofrece información detallada sobre:

  • forma;

  • función;

  • grosor;

  • inflamación;

  • edema;

  • cicatriz;

  • infiltración.

El realce tardío con gadolinio puede mostrar fibrosis.

La presencia y extensión de cicatriz puede influir en:

  • diagnóstico;

  • pronóstico;

  • valoración de arritmias;

  • decisiones sobre dispositivos.

Holter y monitorización

Un Holter registra el ritmo durante uno o varios días.

Puede detectar:

  • extrasístoles;

  • taquicardias;

  • fibrilación auricular;

  • pausas;

  • arritmias asintomáticas.

Cuando los episodios son poco frecuentes pueden emplearse:

  • parches prolongados;

  • registradores externos;

  • dispositivos implantables.

Prueba de esfuerzo

Puede aportar información sobre:

  • capacidad funcional;

  • síntomas;

  • presión arterial;

  • obstrucción;

  • arritmias;

  • respuesta al ejercicio.

Debe realizarse con un protocolo adecuado.

Una persona con síntomas preocupantes no debería intentar comprobar por su cuenta hasta dónde puede esforzarse.

Biopsia endomiocárdica

Consiste en obtener pequeñas muestras del músculo.

No se necesita de manera rutinaria en todas las cardiomiopatías.

Puede utilizarse cuando se sospechan enfermedades en las que el resultado cambiaría el tratamiento, como determinadas:

  • miocarditis;

  • infiltraciones;

  • enfermedades de depósito;

  • rechazos tras trasplante.

Es una prueba invasiva y se reserva para situaciones seleccionadas.

Tratamiento

No existe un tratamiento universal.

Puede incluir:

  • medicamentos para insuficiencia cardíaca;

  • control de la presión;

  • tratamiento de arritmias;

  • anticoagulación;

  • desfibrilador;

  • resincronización;

  • ablación;

  • cirugía;

  • tratamientos específicos de la causa;

  • trasplante.

El objetivo puede ser:

  • aliviar síntomas;

  • evitar progresión;

  • prevenir muerte súbita;

  • reducir embolias;

  • proteger función;

  • tratar a familiares en riesgo.

Desfibrilador implantable

Detecta arritmias ventriculares peligrosas y puede administrar:

  • estimulación;

  • descarga.

Se utiliza en personas seleccionadas con riesgo elevado de muerte súbita.

La decisión considera más factores que la fracción de eyección.

Un desfibrilador no impide que aparezca la arritmia ni cura la cardiomiopatía.

Su función es interrumpir ciertos ritmos potencialmente mortales.

Riesgos del desfibrilador

Puede producir:

  • infecciones;

  • problemas de cables;

  • descargas inapropiadas;

  • ansiedad;

  • necesidad de recambios.

Por eso debe implantarse cuando el beneficio esperado supera los riesgos.

Ejercicio

Durante años se recomendó evitar casi toda actividad.

Actualmente el enfoque es más individualizado.

El ejercicio moderado puede mejorar:

  • capacidad;

  • bienestar;

  • fuerza;

  • salud metabólica.

La prescripción depende de:

  • tipo de cardiomiopatía;

  • gen;

  • obstrucción;

  • arritmias;

  • síntomas;

  • deporte;

  • intensidad.

En algunas formas arritmogénicas puede ser necesario evitar ejercicio intenso y competición.

En otras personas puede permitirse una participación más amplia después de una evaluación compartida.

Cardiomiopatía y deporte competitivo

La decisión no debe basarse únicamente en el diagnóstico escrito.

Debe valorar:

  • síntomas;

  • antecedentes;

  • ECG;

  • imagen;

  • ritmo;

  • genotipo;

  • tipo de deporte;

  • posibilidad de atención urgente.

El paciente debe comprender tanto los beneficios como los riesgos residuales.

Embarazo

La mayoría de las mujeres con determinadas cardiomiopatías puede completar un embarazo con planificación especializada.

El riesgo depende de:

  • función ventricular;

  • obstrucción;

  • arritmias;

  • antecedentes;

  • medicamentos;

  • hipertensión pulmonar;

  • genética.

Algunos fármacos deben modificarse antes de la concepción.

Las guías europeas de 2025 recomiendan una evaluación cardiovascular antes, durante y después del embarazo en mujeres con enfermedades cardíacas conocidas. (Escardio)

Planificación reproductiva

Cuando existe una variante genética conocida pueden explicarse opciones como:

  • embarazo natural con seguimiento;

  • diagnóstico prenatal;

  • diagnóstico genético preimplantacional;

  • donación de gametos;

  • decisión de no realizar pruebas.

No existe una opción correcta para todas las familias.

El objetivo del asesoramiento es proporcionar información, no dirigir la decisión.

Salud emocional

Recibir un diagnóstico hereditario puede producir:

  • miedo;

  • culpa por transmitir la variante;

  • ansiedad;

  • preocupación por los hijos;

  • temor al ejercicio;

  • cambios en la identidad.

Los familiares que reciben resultados también pueden experimentar:

  • alivio;

  • incertidumbre;

  • culpa por no ser portadores;

  • preocupación por el futuro.

La atención psicológica puede formar parte del manejo.

Muerte súbita en la familia

Una muerte súbita no significa automáticamente que todos los familiares estén en peligro inmediato.

Sí constituye una razón para revisar:

  • edad;

  • circunstancias;

  • autopsia;

  • informes;

  • antecedentes;

  • muestras disponibles.

Cuando la muerte permanece sin explicación, puede considerarse una evaluación cardiológica de los familiares.

En determinados casos es posible realizar un estudio genético post mortem.

Autopsia molecular

Consiste en analizar material genético de una persona fallecida.

Puede ayudar a identificar:

  • cardiomiopatías;

  • canalopatías;

  • causas hereditarias.

No siempre consigue una respuesta.

Un resultado incierto no debe utilizarse sin correlación clínica.

Mitos y realidades

“Toda cardiomiopatía es hereditaria.”

Mito.

Existen causas genéticas y adquiridas.

“Si nadie de la familia está enfermo, no puede ser genética.”

Mito.

Puede existir penetrancia incompleta, falta de diagnóstico o una variante nueva.

“Un corazón más grueso siempre es más fuerte.”

Mito.

El engrosamiento puede dificultar el llenado y favorecer arritmias.

“Una fracción de eyección normal descarta cardiomiopatía.”

Mito.

Puede existir enfermedad hipertrófica, restrictiva o arritmogénica con una fracción conservada.

“Una prueba genética negativa descarta origen hereditario.”

Mito.

No conocemos todos los genes ni todas las variantes causales.

“Una variante incierta confirma la enfermedad.”

Mito.

No debe utilizarse como una variante patogénica.

“Todos los familiares deben hacerse una prueba genética completa.”

No necesariamente.

Lo ideal es comenzar por la persona afectada y después realizar estudio dirigido cuando se identifica una variante causal.

“Un desfibrilador evita que aparezcan arritmias.”

Mito.

Las detecta y trata cuando cumplen determinados criterios.

“Toda persona debe abandonar el ejercicio.”

Mito.

La recomendación se individualiza.

“La cardiomiopatía hipertrófica siempre causa muerte súbita.”

Mito.

Muchas personas mantienen una vida larga y activa con vigilancia y tratamiento.

“Si mejora la función, puede abandonarse todo el seguimiento.”

Mito.

Puede persistir la predisposición y producirse una recaída.

“Una resonancia con cicatriz significa que el corazón dejará de funcionar.”

Mito.

La cicatriz aporta información, pero su significado depende de la causa, la extensión y el resto de los hallazgos.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que síntomas como:

  • cansancio;

  • palpitaciones;

  • mareo;

  • falta de aire;

  • pérdida de rendimiento

no deben atribuirse automáticamente a la edad, la ansiedad o la falta de entrenamiento.

Una valoración responsable debe prestar atención a:

  • desmayos durante el esfuerzo;

  • familiares fallecidos repentinamente;

  • insuficiencia cardíaca a edades tempranas;

  • marcapasos o desfibriladores en la familia;

  • cardiomiopatías conocidas;

  • palpitaciones asociadas a mareo.

Nuestro papel no consiste en realizar diagnósticos genéticos improvisados.

Debemos reconocer las señales que justifican una derivación cardiológica y ayudar al paciente a comprender la importancia de informar a sus familiares cuando se confirma una enfermedad hereditaria.

Ideas clave

  • Las cardiomiopatías son enfermedades del músculo cardíaco.

  • Pueden ser genéticas, adquiridas o multifactoriales.

  • Las principales formas son dilatada, hipertrófica, arritmogénica y restrictiva.

  • Algunas se manifiestan primero mediante arritmias y no mediante insuficiencia cardíaca.

  • Una fracción de eyección normal no descarta cardiomiopatía.

  • La resonancia permite detectar fibrosis, inflamación e infiltración.

  • La historia familiar debe abarcar varias generaciones.

  • La ausencia de casos conocidos no excluye una causa hereditaria.

  • Muchas formas genéticas presentan penetrancia y gravedad variables.

  • La prueba genética debe acompañarse de asesoramiento.

  • Una variante incierta no confirma el diagnóstico.

  • El estudio en cascada identifica qué familiares necesitan seguimiento.

  • Un familiar portador puede estar todavía asintomático.

  • Un familiar no portador de la variante causal puede evitar controles innecesarios.

  • La estratificación de muerte súbita debe ser individual.

  • El desfibrilador se utiliza en pacientes seleccionados.

  • El ejercicio no está prohibido de manera universal.

  • El embarazo necesita planificación en mujeres con enfermedad conocida.

  • Los síntomas durante el esfuerzo y los antecedentes de muerte súbita merecen una valoración temprana.

  • El diagnóstico puede beneficiar a toda la familia.

Aplicación práctica: árbol familiar cardiovascular

Registrar información de:

Paciente

  • diagnóstico;

  • edad de aparición;

  • arritmias;

  • desmayos;

  • dispositivos;

  • pruebas genéticas.

Padres y hermanos

  • cardiomiopatía;

  • insuficiencia cardíaca;

  • muerte súbita;

  • trasplante;

  • marcapasos;

  • desfibrilador;

  • edad de cada acontecimiento.

Hijos

  • síntomas;

  • exploraciones;

  • deporte;

  • resultados genéticos cuando proceda.

Abuelos, tíos y primos

  • fallecimientos inesperados;

  • ahogamientos;

  • accidentes inexplicados;

  • enfermedades musculares;

  • problemas cardíacos.

Siempre que sea posible, conviene obtener:

  • informes;

  • electrocardiogramas;

  • autopsias;

  • resultados genéticos.

Plan de valoración inicial

Historia

  • síntomas;

  • deporte;

  • infecciones;

  • alcohol;

  • medicamentos;

  • embarazo;

  • tratamientos oncológicos;

  • antecedentes familiares.

Exploración

  • presión;

  • pulso;

  • soplos;

  • signos de congestión;

  • rasgos musculares o sistémicos.

Pruebas básicas

  • electrocardiograma;

  • ecocardiograma;

  • analítica;

  • Holter según síntomas.

Pruebas avanzadas

  • resonancia;

  • prueba de esfuerzo;

  • genética;

  • estudio coronario;

  • biopsia cuando esté indicada.

Familia

  • elaborar árbol;

  • identificar familiares de primer grado;

  • planificar cribado o estudio en cascada.

Preguntas frecuentes

¿Una cardiomiopatía puede curarse?

Depende de la causa. Algunas formas relacionadas con arritmias, tóxicos o inflamación pueden mejorar mucho. Las formas genéticas suelen requerir seguimiento continuado.

¿Puede aparecer aunque tenga las arterias coronarias normales?

Sí. Las cardiomiopatías afectan principalmente al músculo, no necesariamente a las arterias.

¿Mis hijos deben estudiarse?

Puede ser necesario cuando existe una cardiomiopatía potencialmente hereditaria. El tipo y la edad del estudio deben individualizarse.

¿Qué prueba debe hacerse primero?

Habitualmente se comienza estudiando a la persona claramente afectada, no a un familiar sano.

¿Qué ocurre si mi prueba genética es negativa?

Puede continuar existiendo una causa genética no identificada. El seguimiento familiar dependerá de la historia y del fenotipo.

¿Puedo hacer deporte?

En muchos casos sí, pero el tipo y la intensidad deben adaptarse.

¿Puedo tener un embarazo?

Muchas mujeres pueden, aunque necesitan una valoración previa y ajuste de medicamentos.

¿Un desfibrilador es lo mismo que un marcapasos?

No. El marcapasos trata principalmente ritmos lentos. El desfibrilador puede detectar y tratar ciertas arritmias ventriculares graves, aunque también puede incluir funciones de marcapasos.

¿La resonancia sustituye al ecocardiograma?

No. Son pruebas complementarias.

¿El engrosamiento por deporte es una cardiomiopatía?

No necesariamente. El corazón del deportista puede adaptarse al entrenamiento, pero a veces es necesario diferenciarlo de una enfermedad hipertrófica.

¿Debo evitar el café?

No existe una prohibición universal. Debe moderarse si desencadena palpitaciones o arritmias.

¿Una muerte súbita familiar significa que yo también moriré joven?

No. Indica que puede ser conveniente realizar una evaluación, pero el riesgo individual depende de numerosos factores.

¿Las cardiomiopatías pueden saltarse generaciones?

Una variante puede transmitirse sin producir una enfermedad visible en todas las personas, dando la impresión de que ha saltado una generación.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos un problema que puede permanecer silencioso durante años y que, en fases avanzadas, modifica profundamente el funcionamiento del corazón:

Enfermedades de las válvulas cardíacas: estenosis, insuficiencia y cuándo una válvula necesita reparación o sustitución.

Analizaremos:

  • función de las cuatro válvulas;

  • soplos;

  • estenosis aórtica;

  • insuficiencia mitral;

  • prolapso;

  • enfermedad tricuspídea;

  • fiebre reumática;

  • degeneración relacionada con la edad;

  • ecocardiograma;

  • síntomas;

  • cirugía;

  • prótesis mecánicas y biológicas;

  • TAVI;

  • reparación por catéter;

  • anticoagulación;

  • endocarditis;

  • seguimiento.

Comprenderemos que un soplo no siempre significa una enfermedad grave, pero también que una válvula puede deteriorarse durante años sin producir síntomas evidentes y requerir tratamiento antes de que el músculo cardíaco sufra un daño irreversible.

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Capítulo 45

Enfermedades de las válvulas cardíacas

Estenosis, insuficiencia, soplos y cuándo una válvula necesita reparación o sustitución
“Una válvula puede deteriorarse lentamente durante años sin provocar síntomas evidentes. Esperar a que el paciente se encuentre muy limitado puede significar llegar después de que el corazón haya comenzado a sufrir.”

Una historia cotidiana

Manuel tiene 76 años.

Desde hace meses camina más despacio y evita las cuestas.

Cuando su familia le pregunta por qué ya no acompaña a sus nietos al parque, responde:

—Es normal. Son cosas de la edad.

Durante una revisión, el médico escucha un soplo cardíaco.

Se solicita un ecocardiograma y se descubre una estenosis aórtica grave.

La válvula que comunica el ventrículo izquierdo con la aorta se ha calcificado y apenas puede abrirse. El corazón debe generar una presión muy elevada para impulsar la sangre a través de un orificio cada vez más estrecho.

Al preguntarle con mayor detalle, Manuel reconoce que ha experimentado:

  • falta de aire al caminar;

  • presión torácica ocasional;

  • dos episodios de mareo;

  • pérdida progresiva de resistencia.

No había considerado estos cambios síntomas de una enfermedad.

Simplemente había reducido su actividad para no sentirse mal.

Después de una valoración multidisciplinar, se decide sustituir la válvula mediante un procedimiento por catéter.

Meses más tarde vuelve a caminar distancias que había abandonado.

Su historia refleja una situación muy frecuente:

Algunas personas no dicen que tienen síntomas porque han modificado su vida para no provocarlos.

Por eso no basta con preguntar:

—¿Se encuentra bien?

También conviene preguntar:

  • ¿Camina lo mismo que hace un año?

  • ¿Evita pendientes?

  • ¿Se detiene más?

  • ¿Ha dejado alguna actividad?

  • ¿Siente presión, mareo o falta de aire con el esfuerzo?

Introducción

El corazón posee cuatro válvulas que actúan como puertas.

Su función consiste en abrirse y cerrarse de forma coordinada para que la sangre avance en la dirección correcta.

Las cuatro válvulas son:

  • mitral;

  • aórtica;

  • tricúspide;

  • pulmonar.

Las enfermedades valvulares aparecen cuando una o varias válvulas:

  • no se abren suficientemente;

  • no cierran de forma completa;

  • presentan una combinación de ambos problemas.

Una válvula que no se abre bien produce una estenosis.

Una que no cierra correctamente produce una insuficiencia o regurgitación.

Las enfermedades valvulares pueden estar presentes desde el nacimiento o desarrollarse con el paso de los años por calcificación, degeneración, infección, fiebre reumática, dilatación cardíaca u otras causas. (NHLBI, NIH)

El tratamiento puede consistir en:

  • seguimiento;

  • control de síntomas y factores asociados;

  • reparación;

  • sustitución quirúrgica;

  • intervención mediante catéter.

La decisión depende de:

  • válvula afectada;

  • gravedad;

  • síntomas;

  • función del corazón;

  • edad;

  • anatomía;

  • enfermedades asociadas;

  • riesgo quirúrgico;

  • preferencias del paciente.

Las guías europeas de 2025 destacan la importancia de valorar a los pacientes mediante equipos multidisciplinares especializados y de intervenir antes de que aparezca un daño cardíaco irreversible cuando se cumplen los criterios adecuados. (Escardio)

Las cuatro válvulas

Válvula mitral

Se encuentra entre:

  • aurícula izquierda;

  • ventrículo izquierdo.

Se abre para que la sangre pase hacia el ventrículo y se cierra cuando este se contrae.

Válvula aórtica

Se encuentra entre:

  • ventrículo izquierdo;

  • aorta.

Permite que la sangre oxigenada salga hacia todo el organismo.

Válvula tricúspide

Se encuentra entre:

  • aurícula derecha;

  • ventrículo derecho.

Controla el paso de sangre procedente del cuerpo hacia el ventrículo que la enviará a los pulmones.

Válvula pulmonar

Se encuentra entre:

  • ventrículo derecho;

  • arteria pulmonar.

Permite que la sangre avance hacia los pulmones para recibir oxígeno.

Cómo funciona una válvula sana

Una válvula normal debe:

  • abrirse completamente;

  • ofrecer poca resistencia al flujo;

  • cerrarse en el momento adecuado;

  • impedir que la sangre retroceda.

Para conseguirlo necesita:

  • velos o valvas flexibles;

  • anillo de tamaño adecuado;

  • estructuras de soporte sanas;

  • contracción coordinada;

  • presiones equilibradas.

En las válvulas mitral y tricúspide también participan:

  • cuerdas tendinosas;

  • músculos papilares.

Una alteración en cualquiera de estas estructuras puede producir una insuficiencia.

¿Qué es una estenosis?

La estenosis es un estrechamiento de la apertura valvular.

La sangre encuentra una resistencia mayor para atravesarla.

Como consecuencia, la cavidad situada antes de la válvula debe generar más presión.

Con el tiempo puede aparecer:

  • engrosamiento muscular;

  • dilatación;

  • aumento de presión;

  • congestión;

  • insuficiencia cardíaca.

Las estenosis más relevantes en adultos son:

  • estenosis aórtica;

  • estenosis mitral.

¿Qué es una insuficiencia valvular?

La insuficiencia aparece cuando la válvula no cierra completamente.

Parte de la sangre retrocede en cada latido.

El corazón debe manejar repetidamente un volumen adicional.

Al principio puede compensarlo mediante:

  • dilatación;

  • aumento de la fuerza de contracción.

Con el tiempo puede producir:

  • aumento de tamaño de las cavidades;

  • fibrilación auricular;

  • hipertensión pulmonar;

  • insuficiencia cardíaca;

  • deterioro de la función ventricular.

Las insuficiencias más frecuentes son:

  • mitral;

  • tricuspídea;

  • aórtica.

Una enfermedad puede ser mixta

Una válvula puede estar:

  • estrechada;

  • ser insuficiente;

  • presentar simultáneamente estenosis e insuficiencia.

También es posible que varias válvulas estén afectadas.

Esto sucede, por ejemplo, en:

  • enfermedad reumática;

  • enfermedades degenerativas;

  • endocarditis;

  • cardiopatías avanzadas.

El tratamiento debe considerar el efecto combinado y no analizar cada válvula de forma completamente aislada.

¿Qué es un soplo cardíaco?

Un soplo es un sonido producido por un flujo sanguíneo turbulento.

Se escucha mediante el estetoscopio.

Puede aparecer por:

  • una válvula estrecha;

  • una válvula insuficiente;

  • aumento de la velocidad de la sangre;

  • comunicaciones anormales;

  • situaciones fisiológicas.

Un soplo no es una enfermedad en sí mismo.

Es un hallazgo.

Soplos inocentes

Algunos soplos aparecen sin una lesión estructural importante.

Pueden relacionarse con:

  • infancia;

  • embarazo;

  • fiebre;

  • anemia;

  • ejercicio;

  • aumento transitorio del flujo.

Se denominan inocentes o funcionales cuando la evaluación confirma que no existe una enfermedad valvular significativa.

Un soplo intenso no siempre significa enfermedad más grave

La intensidad depende de varios factores:

  • velocidad del flujo;

  • presión;

  • anatomía;

  • gasto cardíaco;

  • localización;

  • complexión corporal.

Una lesión grave puede producir un soplo menos intenso cuando el corazón bombea poco.

Por eso el estetoscopio orienta, pero no determina por sí solo la gravedad.

Ecocardiograma

El ecocardiograma es la prueba principal para estudiar las válvulas.

Permite observar:

  • anatomía;

  • apertura;

  • cierre;

  • velocidad del flujo;

  • gradientes de presión;

  • tamaño de cavidades;

  • función ventricular;

  • presión pulmonar;

  • cantidad de regurgitación.

El ecocardiograma Doppler permite analizar el movimiento y la dirección de la sangre.

No debe interpretarse únicamente una frase del informe.

La gravedad se establece combinando varios parámetros.

Ecocardiograma transesofágico

En determinadas situaciones se introduce una sonda por el esófago.

Como el esófago se encuentra muy cerca del corazón, permite obtener imágenes detalladas de:

  • válvula mitral;

  • aurícula izquierda;

  • prótesis;

  • trombos;

  • vegetaciones;

  • anatomía previa a procedimientos.

Suele realizarse con sedación.

Puede ser necesario para:

  • planificar una reparación;

  • descartar endocarditis;

  • guiar intervenciones por catéter;

  • aclarar un ecocardiograma convencional.

Ecocardiograma de esfuerzo

Una persona puede decir que no presenta síntomas porque realiza poca actividad.

La prueba de esfuerzo permite observar:

  • aparición de disnea;

  • presión arterial;

  • capacidad;

  • cambios en gradientes;

  • presión pulmonar;

  • respuesta del corazón.

Puede ser útil en pacientes aparentemente asintomáticos con determinadas lesiones graves.

No debe realizarse sin indicación cuando existe una valvulopatía severa sintomática.

Tomografía cardíaca

La tomografía puede ayudar a:

  • medir calcificación;

  • estudiar la aorta;

  • planificar una TAVI;

  • medir accesos vasculares;

  • valorar la anatomía valvular;

  • estudiar arterias coronarias en pacientes seleccionados.

En la estenosis aórtica con resultados ecocardiográficos discordantes, la cantidad de calcio puede ayudar a confirmar la gravedad.

Resonancia cardíaca

La resonancia puede ser útil para:

  • cuantificar regurgitación;

  • medir volúmenes ventriculares;

  • estudiar cicatrices;

  • valorar el ventrículo derecho;

  • analizar la aorta;

  • aclarar estudios ecocardiográficos dudosos.

No sustituye al ecocardiograma en todos los pacientes.

Es una herramienta complementaria.

Cateterismo cardíaco

Puede utilizarse cuando:

  • existen dudas sobre las presiones;

  • se estudian arterias coronarias;

  • se planifica una intervención;

  • las pruebas no invasivas no son concluyentes.

Durante una intervención por catéter también puede emplearse para:

  • implantar una válvula;

  • reparar una insuficiencia;

  • dilatar una estenosis.

Estenosis aórtica

La estenosis aórtica es una de las valvulopatías más frecuentes en adultos mayores.

La válvula se engrosa, calcifica y pierde movilidad.

El ventrículo izquierdo debe contraerse con más fuerza para expulsar la sangre.

Con el tiempo puede aparecer:

  • hipertrofia;

  • fibrosis;

  • presión elevada dentro del corazón;

  • menor flujo hacia el organismo;

  • insuficiencia cardíaca.

Causas de estenosis aórtica

Degeneración calcificada

Es la causa más frecuente en personas mayores.

No consiste simplemente en un desgaste pasivo.

Participan procesos biológicos de:

  • inflamación;

  • calcificación;

  • remodelado.

Válvula aórtica bicúspide

La válvula aórtica normal suele presentar tres valvas.

En algunas personas nace con dos.

Puede provocar:

  • estenosis más temprana;

  • insuficiencia;

  • dilatación de la aorta.

Puede existir agregación familiar, por lo que determinados familiares pueden necesitar una valoración.

Enfermedad reumática

Puede fusionar y deformar las valvas.

Con frecuencia afecta también a la válvula mitral.

Síntomas de estenosis aórtica

Los síntomas clásicos incluyen:

  • falta de aire con el esfuerzo;

  • dolor o presión torácica;

  • mareo;

  • desmayo;

  • reducción de la capacidad;

  • insuficiencia cardíaca.

Una persona puede no reconocerlos porque reduce gradualmente su actividad.

La aparición de síntomas en una estenosis grave modifica de forma importante la necesidad de intervención.

Desmayo durante el esfuerzo

La estenosis grave puede limitar el aumento del flujo sanguíneo necesario durante la actividad.

También pueden intervenir:

  • arritmias;

  • cambios vasculares;

  • caída de presión.

Un desmayo con el esfuerzo en una persona con soplo necesita valoración urgente.

¿Existen medicamentos que abran la válvula aórtica?

No existe un medicamento capaz de eliminar una estenosis aórtica calcificada grave.

Los fármacos pueden tratar:

  • hipertensión;

  • congestión;

  • fibrilación auricular;

  • enfermedad coronaria.

Pero no sustituyen la válvula cuando la obstrucción requiere intervención.

Las decisiones sobre sustitución se basan principalmente en la gravedad, los síntomas, la función ventricular y otros indicadores de progresión o daño cardíaco. (AHALife)

Sustitución de la válvula aórtica

Las dos estrategias principales son:

  • sustitución quirúrgica;

  • implantación mediante catéter.

La elección depende de:

  • edad;

  • esperanza de vida;

  • riesgo quirúrgico;

  • anatomía;

  • acceso vascular;

  • válvula bicúspide;

  • enfermedad coronaria;

  • necesidad de otras cirugías;

  • preferencias.

TAVI o TAVR

TAVI significa implantación de válvula aórtica transcatéter.

También se utiliza la sigla TAVR.

Se introduce una prótesis plegada mediante un catéter, generalmente a través de una arteria de la ingle.

La nueva válvula se expande dentro de la válvula enferma.

La TAVI permite tratar la estenosis aórtica sin una cirugía cardíaca abierta convencional. (NHLBI, NIH)

Ventajas de la TAVI

Puede ofrecer:

  • recuperación más rápida;

  • menor estancia hospitalaria;

  • ausencia de esternotomía;

  • menor agresión inicial en determinados pacientes.

Sin embargo, continúa siendo una intervención importante.

Puede producir:

  • sangrado;

  • complicaciones vasculares;

  • ictus;

  • fuga alrededor de la prótesis;

  • necesidad de marcapasos;

  • daño renal;

  • infección;

  • muerte.

Cirugía de sustitución aórtica

Durante la cirugía:

  1. Se accede al corazón.

  2. Se retira la válvula enferma.

  3. Se implanta una prótesis.

Puede ser preferible cuando:

  • el paciente es joven;

  • se necesita una prótesis mecánica;

  • existe enfermedad coronaria que requiere bypass;

  • debe repararse la aorta;

  • hay varias válvulas afectadas;

  • la anatomía no resulta adecuada para TAVI.

Las recomendaciones actuales insisten en decidir entre cirugía y catéter mediante un equipo especializado y una conversación informada con el paciente. (Escardio)

Estenosis aórtica asintomática

No todos los pacientes con estenosis grave necesitan una intervención inmediata.

Puede realizarse seguimiento cuando:

  • no existen síntomas;

  • la función ventricular está conservada;

  • no aparecen indicadores de muy alto riesgo;

  • la prueba de esfuerzo es adecuada;

  • no existe progresión rápida.

Sin embargo, el seguimiento debe ser estrecho.

Esperar no significa olvidar.

Insuficiencia aórtica

Aparece cuando la válvula aórtica no cierra correctamente.

Durante la relajación del corazón, parte de la sangre vuelve desde la aorta hacia el ventrículo izquierdo.

El ventrículo debe manejar:

  • sangre procedente de la aurícula;

  • sangre que retrocede desde la aorta.

Con el tiempo puede dilatarse.

Causas de insuficiencia aórtica

Puede deberse a:

  • válvula bicúspide;

  • degeneración;

  • endocarditis;

  • enfermedad reumática;

  • dilatación de la raíz aórtica;

  • enfermedades del tejido conectivo;

  • disección aórtica;

  • traumatismo.

Es fundamental estudiar no solo la válvula, sino también la aorta.

Síntomas de insuficiencia aórtica

Puede permanecer asintomática durante años.

Cuando progresa puede producir:

  • falta de aire;

  • palpitaciones;

  • latidos fuertes;

  • menor tolerancia al ejercicio;

  • dolor torácico;

  • insuficiencia cardíaca.

La cirugía puede estar indicada por:

  • síntomas;

  • deterioro de la función;

  • aumento excesivo del tamaño ventricular;

  • enfermedad de la aorta.

No siempre debe esperarse a que la fracción de eyección descienda de forma evidente.

Estenosis mitral

La estenosis mitral impide el paso adecuado desde la aurícula izquierda al ventrículo izquierdo.

La presión aumenta en la aurícula y puede transmitirse hacia los pulmones.

Puede producir:

  • falta de aire;

  • fibrilación auricular;

  • hipertensión pulmonar;

  • tos;

  • cansancio;

  • embolias.

Causa principal de estenosis mitral

La causa clásica es la fiebre reumática.

Una infección por estreptococo puede desencadenar una respuesta inmunitaria que dañe las válvulas.

La enfermedad puede manifestarse años después.

En algunas regiones continúa siendo una causa importante de valvulopatía.

En países con menor incidencia reumática puede aparecer también calcificación degenerativa del anillo mitral.

Fibrilación auricular y estenosis mitral

La presión elevada dilata la aurícula izquierda.

Esto favorece la fibrilación auricular.

La combinación aumenta el riesgo de formar trombos.

Los pacientes pueden necesitar anticoagulación según el tipo de enfermedad y el ritmo.

En la estenosis mitral reumática significativa, los anticoagulantes orales directos no sustituyen automáticamente a los antagonistas de la vitamina K.

La elección debe realizarla cardiología.

Valvuloplastia mitral con balón

En pacientes seleccionados puede introducirse un balón mediante catéter para separar las comisuras fusionadas.

Puede ser adecuada cuando:

  • la anatomía resulta favorable;

  • no existe un trombo auricular;

  • no hay insuficiencia mitral importante.

No sirve para todas las estenosis, especialmente cuando existe calcificación extensa.

Insuficiencia mitral

Aparece cuando parte de la sangre vuelve desde el ventrículo izquierdo hacia la aurícula durante la contracción.

Puede ser:

  • primaria;

  • secundaria.

Distinguirlas es fundamental porque el mecanismo y el tratamiento son diferentes.

Insuficiencia mitral primaria

El problema principal se encuentra en la propia válvula o sus estructuras.

Puede deberse a:

  • prolapso;

  • rotura de cuerdas;

  • degeneración mixomatosa;

  • endocarditis;

  • enfermedad reumática;

  • traumatismo.

Cuando la lesión es grave y reparable, suele preferirse reparar la válvula antes que sustituirla, especialmente en centros con experiencia.

Prolapso de la válvula mitral

Una o ambas valvas se desplazan hacia la aurícula izquierda durante la contracción.

Muchas personas presentan un prolapso leve sin complicaciones.

En otros casos puede producir:

  • insuficiencia significativa;

  • palpitaciones;

  • arritmias;

  • dilatación del corazón;

  • rotura de cuerdas.

El diagnóstico de prolapso no significa automáticamente que sea necesaria una cirugía.

Insuficiencia mitral secundaria

La válvula puede ser estructuralmente razonable, pero no consigue cerrar porque ha cambiado la forma del corazón.

Puede aparecer por:

  • infarto;

  • cardiomiopatía dilatada;

  • dilatación auricular;

  • fibrilación auricular;

  • insuficiencia cardíaca.

El tratamiento comienza optimizando la enfermedad cardíaca subyacente.

Puede incluir:

  • medicamentos;

  • resincronización;

  • control del ritmo;

  • reparación por catéter;

  • cirugía en casos seleccionados.

Reparación mitral

La reparación conserva la válvula propia.

Puede incluir:

  • resección de tejido;

  • reparación de cuerdas;

  • colocación de un anillo;

  • técnicas reconstructivas.

Entre sus ventajas potenciales:

  • mejor conservación de la función;

  • menor necesidad de anticoagulación permanente;

  • menor riesgo relacionado con una prótesis.

El resultado depende mucho de:

  • anatomía;

  • experiencia del equipo;

  • durabilidad esperada.

Reparación mitral por catéter

En determinados pacientes se puede aproximar el borde de las valvas mediante un dispositivo introducido por catéter.

Se utiliza especialmente cuando:

  • existe insuficiencia grave;

  • el paciente presenta síntomas;

  • el riesgo quirúrgico es elevado;

  • la anatomía es adecuada;

  • se cumplen criterios clínicos específicos.

No sustituye a la reparación quirúrgica en todos los casos.

Insuficiencia tricuspídea

La válvula tricúspide se encuentra en el lado derecho.

Su insuficiencia puede aparecer por:

  • dilatación del ventrículo derecho;

  • dilatación del anillo;

  • hipertensión pulmonar;

  • fibrilación auricular;

  • cables de dispositivos;

  • endocarditis;

  • enfermedades congénitas.

Durante años se consideró una lesión secundaria de menor importancia.

Actualmente se reconoce que una insuficiencia tricuspídea grave puede empeorar:

  • síntomas;

  • congestión;

  • función renal y hepática;

  • pronóstico.

Síntomas de insuficiencia tricuspídea

Puede producir:

  • hinchazón de piernas;

  • abdomen aumentado;

  • congestión hepática;

  • cansancio;

  • falta de apetito;

  • venas del cuello prominentes;

  • aumento de peso por líquidos.

Estos síntomas pueden confundirse con enfermedad renal, hepática o venosa.

Tratamiento tricuspídeo

Puede incluir:

  • diuréticos;

  • tratamiento de insuficiencia cardíaca;

  • control de fibrilación auricular;

  • cirugía;

  • reparación o sustitución por catéter en pacientes seleccionados.

El momento de intervención es importante.

Si se espera hasta que el ventrículo derecho, el hígado o el riñón estén muy deteriorados, el beneficio puede ser menor.

Enfermedad de la válvula pulmonar

Es menos frecuente en adultos sin cardiopatía congénita.

Puede aparecer por:

  • malformaciones congénitas;

  • cirugías infantiles;

  • hipertensión pulmonar;

  • endocarditis;

  • síndrome carcinoide.

Los adultos con cardiopatías congénitas reparadas pueden necesitar seguimiento de por vida.

Prótesis valvulares

Cuando una válvula se sustituye puede utilizarse una prótesis:

  • mecánica;

  • biológica.

La elección implica ventajas y limitaciones.

Debe ser una decisión compartida.

Prótesis mecánicas

Están fabricadas con materiales de gran durabilidad.

Su principal ventaja es que pueden durar muchos años.

Su principal limitación es el riesgo de formar trombos.

Por ello requieren anticoagulación permanente con antagonistas de la vitamina K.

Anticoagulación en prótesis mecánicas

Se utilizan medicamentos como:

  • acenocumarol;

  • warfarina.

La intensidad depende de:

  • tipo de prótesis;

  • posición;

  • factores de riesgo.

Los anticoagulantes orales directos no deben utilizarse como sustitutos rutinarios en las prótesis mecánicas.

El paciente necesita controles periódicos del INR.

Prótesis biológicas

Se fabrican con tejido biológico.

Pueden proceder de:

  • válvulas animales;

  • pericardio tratado;

  • tejido humano en casos concretos.

Suelen no requerir anticoagulación permanente exclusivamente por la prótesis una vez superado el periodo inicial, salvo que exista otra indicación.

Su principal limitación es que pueden degenerarse con el tiempo.

¿Cuánto dura una prótesis biológica?

La duración varía según:

  • edad;

  • metabolismo;

  • posición;

  • tipo de prótesis;

  • enfermedad renal;

  • calcio;

  • diseño.

En personas jóvenes suele deteriorarse antes que en pacientes mayores.

No debe prometerse una duración exacta.

Elegir entre prótesis mecánica y biológica

Deben valorarse:

  • edad;

  • esperanza de vida;

  • capacidad para controlar el INR;

  • riesgo de sangrado;

  • deseo de embarazo;

  • preferencia;

  • posibilidad de futuras intervenciones;

  • estilo de vida.

Una persona joven puede preferir la durabilidad de una mecánica.

Otra puede priorizar evitar anticoagulación permanente, aceptando la posibilidad de una nueva intervención.

Valve-in-valve

Cuando una prótesis biológica se deteriora, en algunos pacientes puede implantarse otra válvula mediante catéter dentro de la anterior.

Se denomina:

valve-in-valve.

No siempre es posible.

Depende de:

  • tamaño;

  • posición;

  • riesgo de obstrucción;

  • anatomía coronaria;

  • acceso;

  • prótesis previa.

La planificación de la primera intervención debe considerar las posibles necesidades futuras.

Marcapasos después de una intervención

Algunas intervenciones, especialmente determinadas TAVI, pueden afectar al sistema eléctrico cercano a la válvula aórtica.

Puede aparecer:

  • bloqueo;

  • pulso lento;

  • necesidad de marcapasos.

El riesgo depende de:

  • anatomía;

  • dispositivo;

  • alteraciones previas del ECG;

  • profundidad de implantación.

Endocarditis infecciosa

Es una infección del interior del corazón, generalmente de una válvula o prótesis.

Puede estar causada por bacterias u otros microorganismos que entran en la sangre y se adhieren al tejido.

Puede destruir una válvula y producir:

  • insuficiencia grave;

  • abscesos;

  • embolias;

  • ictus;

  • insuficiencia cardíaca;

  • sepsis.

Síntomas de endocarditis

Puede producir:

  • fiebre;

  • escalofríos;

  • cansancio;

  • sudores nocturnos;

  • pérdida de peso;

  • nuevo soplo;

  • dificultad respiratoria;

  • lesiones cutáneas;

  • síntomas neurológicos.

En personas con prótesis, dispositivos o valvulopatía conocida, una fiebre persistente sin causa clara necesita valoración.

Diagnóstico de endocarditis

Puede requerir:

  • hemocultivos;

  • ecocardiograma;

  • ecocardiograma transesofágico;

  • tomografía;

  • PET-TC en casos seleccionados;

  • analítica.

Los antibióticos deben elegirse según el microorganismo.

Tomar antibióticos antes de extraer hemocultivos puede dificultar el diagnóstico, salvo que la gravedad exija tratamiento inmediato.

Tratamiento de endocarditis

Suele necesitar:

  • antibióticos intravenosos prolongados;

  • seguimiento hospitalario;

  • cirugía en determinados pacientes.

Puede requerirse intervención cuando existe:

  • insuficiencia cardíaca;

  • infección no controlada;

  • absceso;

  • prótesis infectada;

  • gran riesgo de embolia;

  • destrucción valvular.

Prevención de endocarditis

La prevención incluye:

  • buena higiene dental;

  • tratamiento de infecciones;

  • cuidado de heridas;

  • evitar procedimientos no seguros;

  • control de catéteres.

No todas las personas con soplo necesitan antibióticos antes de ir al dentista.

La profilaxis se reserva para grupos de alto riesgo sometidos a determinados procedimientos.

Salud dental

La boca puede ser una puerta de entrada de bacterias.

Es importante:

  • cepillado;

  • limpieza interdental;

  • revisiones;

  • tratar infecciones;

  • informar al dentista sobre prótesis o antecedentes.

Una higiene diaria adecuada probablemente evita más episodios de bacteriemia acumulada que depender únicamente de una dosis ocasional de antibiótico.

Fiebre reumática

Puede aparecer después de una infección faríngea por estreptococo mal tratada en personas susceptibles.

La respuesta inmunitaria puede dañar:

  • válvula mitral;

  • válvula aórtica;

  • otras estructuras.

La prevención incluye diagnosticar y tratar correctamente las infecciones estreptocócicas según indicación.

Una persona que ya ha sufrido fiebre reumática puede necesitar prevención secundaria durante un periodo prolongado.

Medicamentos y valvulopatías

Los medicamentos no reparan una válvula estructuralmente dañada.

Pueden ayudar a controlar:

  • presión;

  • frecuencia;

  • congestión;

  • fibrilación auricular;

  • enfermedad coronaria;

  • riesgo de trombos.

El tratamiento farmacológico no debe utilizarse para retrasar indefinidamente una intervención necesaria.

Anticoagulación

Puede estar indicada por:

  • fibrilación auricular;

  • prótesis mecánica;

  • trombo;

  • embolia previa;

  • situaciones valvulares concretas.

No todas las valvulopatías necesitan anticoagulación.

Tampoco debe administrarse aspirina simplemente porque exista un soplo.

Actividad física

La mayoría de las personas con una lesión leve o moderada puede realizar actividad.

La intensidad debe adaptarse cuando existe:

  • estenosis grave;

  • síntomas;

  • dilatación importante;

  • presión pulmonar elevada;

  • arritmias;

  • enfermedad de la aorta.

Una persona con estenosis aórtica grave sintomática no debería realizar ejercicio intenso sin valoración.

Después de una intervención, la rehabilitación cardíaca puede facilitar una recuperación segura.

Embarazo y valvulopatías

El embarazo aumenta:

  • volumen sanguíneo;

  • frecuencia;

  • gasto cardíaco.

Una valvulopatía que era tolerable puede producir síntomas durante la gestación.

Las estenosis importantes suelen tolerarse peor que algunas insuficiencias.

Las mujeres con:

  • prótesis;

  • estenosis;

  • hipertensión pulmonar;

  • enfermedad de la aorta;

  • anticoagulación

necesitan planificación previa especializada.

Prótesis mecánica y embarazo

La anticoagulación durante el embarazo es compleja.

Algunos tratamientos protegen mejor la prótesis, pero pueden afectar al feto.

Otros son más seguros para el embarazo, pero pueden aumentar el riesgo de trombosis valvular.

La pauta debe planificarse en una unidad especializada.

No debe modificarse la anticoagulación sin supervisión.

Seguimiento

La frecuencia del ecocardiograma depende de:

  • válvula;

  • gravedad;

  • tamaño del corazón;

  • función;

  • síntomas;

  • velocidad de progresión;

  • prótesis.

Una lesión leve puede revisarse con menor frecuencia.

Una lesión grave necesita controles mucho más próximos.

No debe esperarse a la siguiente cita programada si aparecen nuevos síntomas.

Síntomas que deben comunicarse

  • menor capacidad para caminar;

  • falta de aire;

  • presión torácica;

  • mareo;

  • desmayo;

  • palpitaciones;

  • edema;

  • aumento rápido de peso;

  • necesidad de dormir incorporado;

  • fiebre persistente;

  • signos neurológicos.

Señales de emergencia

Debe solicitarse atención urgente ante:

  • dificultad respiratoria intensa;

  • dolor torácico persistente;

  • desmayo;

  • síntomas de ictus;

  • palpitaciones con pérdida de conciencia;

  • fiebre alta y mal estado en una persona con prótesis;

  • empeoramiento brusco;

  • tos con espuma rosada.

En España debe llamarse al:

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Mitos y realidades

“Todo soplo significa una enfermedad grave.”

Mito.

Existen soplos inocentes y lesiones leves.

“Si no tengo síntomas, la válvula no está dañada.”

Mito.

La enfermedad puede avanzar silenciosamente.

“Una válvula enferma siempre produce dolor.”

Mito.

Puede causar falta de aire, cansancio, mareo o ningún síntoma inicial.

“Los medicamentos pueden descalcificar una estenosis aórtica.”

Mito.

No existe un tratamiento farmacológico que abra una estenosis grave.

“La TAVI es una operación menor sin riesgos.”

Mito.

Evita la cirugía abierta, pero continúa siendo una intervención cardiovascular importante.

“La TAVI siempre es mejor que la cirugía.”

Mito.

La elección depende de edad, anatomía, durabilidad y otras enfermedades.

“Una prótesis biológica dura para siempre.”

Mito.

Puede degenerarse.

“Una prótesis mecánica no necesita seguimiento porque no se desgasta.”

Mito.

Necesita anticoagulación y controles.

“Los anticoagulantes directos sirven para una prótesis mecánica.”

Mito.

Los antagonistas de la vitamina K continúan siendo el tratamiento indicado.

“El prolapso mitral siempre necesita cirugía.”

Mito.

Muchos casos solo requieren seguimiento.

“La insuficiencia tricuspídea no es importante.”

Mito.

Las formas graves pueden causar congestión y deteriorar el pronóstico.

“Toda persona con valvulopatía necesita antibiótico antes del dentista.”

Mito.

La profilaxis se reserva para pacientes de riesgo muy alto y procedimientos determinados.

“Después de sustituir una válvula ya no hay que volver al cardiólogo.”

Mito.

Las prótesis también requieren seguimiento.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños entendemos que muchos síntomas cardíacos se confunden con envejecimiento normal.

Una persona puede acudir por:

  • cansancio;

  • pérdida de fuerza;

  • piernas hinchadas;

  • mareos;

  • dificultad para hacer ejercicio;

  • aumento de peso.

Debemos preguntar si ha aparecido:

  • menor tolerancia al esfuerzo;

  • dolor torácico;

  • desmayo;

  • necesidad de dormir incorporado;

  • palpitaciones;

  • fiebre prolongada;

  • cambios rápidos de capacidad.

Nuestro objetivo no es diagnosticar una valvulopatía mediante un soplo aislado.

Buscamos reconocer cuándo el paciente necesita una valoración cardiológica, un ecocardiograma o una atención urgente.

Detectar una lesión antes de que el corazón se dilate o pierda función puede cambiar completamente el pronóstico.

Ideas clave

  • El corazón tiene cuatro válvulas: mitral, aórtica, tricúspide y pulmonar.

  • La estenosis impide una apertura adecuada.

  • La insuficiencia permite que la sangre retroceda.

  • Un soplo es un sonido, no un diagnóstico.

  • El ecocardiograma es la prueba principal para valorar una válvula.

  • La estenosis aórtica calcificada es frecuente en personas mayores.

  • La aparición de síntomas en una estenosis aórtica grave es especialmente importante.

  • TAVI y cirugía son alternativas que deben seleccionarse individualmente.

  • La insuficiencia aórtica puede dilatar progresivamente el ventrículo.

  • La estenosis mitral se relaciona con frecuencia con enfermedad reumática.

  • La insuficiencia mitral puede ser primaria o secundaria.

  • Cuando es posible y duradera, la reparación mitral puede ser preferible a la sustitución.

  • La insuficiencia tricuspídea grave no debe considerarse inofensiva.

  • Las prótesis pueden ser mecánicas o biológicas.

  • Las mecánicas requieren anticoagulación permanente con antagonistas de la vitamina K.

  • Las biológicas pueden deteriorarse con el tiempo.

  • La endocarditis puede destruir una válvula y causar embolias.

  • La higiene dental es una parte importante de la prevención.

  • No todas las valvulopatías necesitan cirugía inmediata.

  • El seguimiento busca intervenir antes de que aparezca un daño irreversible.

Aplicación práctica: preguntas para el seguimiento

Capacidad física

  • ¿Camina igual que hace seis meses?

  • ¿Evita cuestas?

  • ¿Necesita detenerse?

  • ¿Ha reducido actividades?

Respiración

  • ¿Le falta el aire?

  • ¿Duerme con más almohadas?

  • ¿Se despierta con ahogo?

Circulación

  • ¿Se hinchan los tobillos?

  • ¿Ha aumentado rápidamente de peso?

  • ¿Nota el abdomen más lleno?

Ritmo

  • ¿Tiene palpitaciones?

  • ¿Pulso irregular?

  • ¿Mareos o desmayos?

Infección

  • ¿Ha presentado fiebre persistente?

  • ¿Tratamientos dentales recientes?

  • ¿Heridas o infecciones?

Tratamiento

  • ¿Toma anticoagulantes?

  • ¿Conoce su último INR?

  • ¿Ha olvidado dosis?

  • ¿Ha comenzado medicamentos nuevos?

Cuidados después de una sustitución valvular

Medicación

  • conocer cada fármaco;

  • seguir la anticoagulación;

  • no suspender antiagregantes o anticoagulantes sin consultar.

Herida o acceso

  • vigilar enrojecimiento;

  • sangrado;

  • secreción;

  • dolor creciente.

Temperatura

  • consultar ante fiebre persistente;

  • no automedicarse con antibióticos.

Actividad

  • caminar progresivamente;

  • seguir las recomendaciones sobre cargas;

  • participar en rehabilitación cuando esté indicada.

Seguimiento

  • acudir al ecocardiograma de control;

  • llevar información sobre el tipo y tamaño de la prótesis;

  • informar a médicos y dentistas.

Preguntas frecuentes

¿Un soplo puede desaparecer?

Los soplos funcionales pueden hacerlo. Los producidos por una lesión estructural dependen de la evolución y del tratamiento.

¿Se puede vivir muchos años con una válvula enferma?

Sí, especialmente cuando la lesión es leve o moderada y recibe seguimiento. Las lesiones graves pueden necesitar intervención.

¿Cómo sé si mi estenosis es grave?

Mediante el ecocardiograma y la interpretación conjunta de velocidad, gradientes, área valvular y función cardíaca.

¿TAVI y TAVR son lo mismo?

En la práctica describen la implantación o sustitución aórtica mediante catéter.

¿La TAVI necesita anestesia general?

No siempre. Muchos procedimientos se realizan con sedación y anestesia local, aunque depende del caso.

¿Puedo oír una prótesis mecánica?

Algunas personas perciben un clic. Con el tiempo suele resultar menos llamativo.

¿Puedo hacerme una resonancia con una prótesis?

Muchas prótesis modernas son compatibles bajo condiciones determinadas. Debe comprobarse el modelo y seguir las instrucciones del centro.

¿Una válvula biológica evita siempre los anticoagulantes?

No. Puede necesitarse anticoagulación temporal o permanente por otra causa, como fibrilación auricular.

¿Puedo ir al dentista con una prótesis?

Sí. Debe informar al dentista y mantener una buena salud bucal. La necesidad de profilaxis se decide según el riesgo y el procedimiento.

¿La endocarditis siempre produce fiebre alta?

No. Puede producir fiebre moderada, cansancio, pérdida de peso o síntomas poco específicos.

¿La insuficiencia mitral puede mejorar con medicamentos?

La insuficiencia secundaria puede reducirse al mejorar el tamaño y la función del corazón. Una lesión primaria estructural grave no suele repararse únicamente con medicación.

¿Una estenosis aórtica puede estabilizarse?

Puede progresar lentamente o más rápidamente. Necesita controles para detectar cambios.

¿Por qué intervenir si todavía me encuentro bien?

En determinados pacientes aparecen señales de daño cardíaco antes de síntomas claros. La intervención temprana puede proteger el ventrículo cuando se cumplen criterios específicos.

Lo que aprenderás en el próximo capítulo

En el siguiente capítulo estudiaremos una alteración que puede provocar palpitaciones, mareos, desmayos o muerte súbita, pero que en muchos casos puede tratarse de forma muy eficaz:

Arritmias cardíacas: cuándo un latido irregular es benigno y cuándo necesita una valoración urgente.

Analizaremos:

  • extrasístoles;

  • taquicardias supraventriculares;

  • flutter auricular;

  • taquicardia ventricular;

  • fibrilación ventricular;

  • bradicardia;

  • bloqueos;

  • síndrome del nodo sinusal;

  • electrocardiograma;

  • Holter;

  • relojes inteligentes;

  • ablación;

  • marcapasos;

  • desfibriladores;

  • cafeína;

  • ansiedad;

  • ejercicio;

  • señales de alarma.

Comprenderemos que notar un salto o una pausa no significa necesariamente una enfermedad grave, pero que las palpitaciones acompañadas de desmayo, dolor torácico o dificultad respiratoria necesitan una evaluación inmediata.

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Capítulo 46

Enfermedad arterial periférica

Mala circulación en las piernas: cómo reconocer los primeros síntomas antes de que sea demasiado tarde
"La mayoría de las personas cree que la mala circulación solo provoca piernas frías. En realidad puede ser la primera señal de una enfermedad cardiovascular que también aumenta el riesgo de infarto e ictus."

Una historia muy frecuente

Antonio tiene 63 años.

Durante años fumó un paquete de cigarrillos diario.

Tiene hipertensión y colesterol elevado.

Nunca había tenido problemas importantes.

Un día comienza a notar un dolor en la pantorrilla cuando camina.

Al principio aparece después de recorrer unos 800 metros.

Descansa unos minutos.

El dolor desaparece.

Vuelve a caminar.

Meses después el dolor aparece a los 300 metros.

Después a los 100.

Finalmente empieza incluso al subir una pequeña cuesta.

Antonio piensa:

"Será la edad."

"Será artrosis."

"Será un tirón muscular."

En realidad, el problema no estaba en los músculos.

Estaba en las arterias.

Las arterias de sus piernas se habían ido estrechando lentamente durante años por la acumulación de placas de aterosclerosis.

Cada paso requería más oxígeno del que la sangre podía aportar.

Su músculo comenzaba a "ahogarse".

Antonio padecía una enfermedad arterial periférica.

Lo que desconocía era que esa enfermedad no solo afectaba a sus piernas.

También indicaba un riesgo muy elevado de sufrir:

  • infarto de miocardio;

  • ictus;

  • aneurismas;

  • insuficiencia renal;

  • muerte cardiovascular.

Introducción

La enfermedad arterial periférica (EAP) consiste en el estrechamiento o la obstrucción de las arterias que llevan sangre hacia las extremidades, especialmente las piernas.

En la inmensa mayoría de los casos, la causa es la aterosclerosis, el mismo proceso responsable de muchos infartos e ictus.

Por eso la EAP no debe considerarse un problema "local" de las piernas.

Es una manifestación de una enfermedad vascular sistémica.

Se estima que afecta a más de 230 millones de personas en el mundo y que aumenta claramente con la edad, la diabetes y el tabaquismo. Muchas personas no presentan síntomas o los atribuyen al envejecimiento, por lo que la enfermedad suele estar infradiagnosticada.

¿Qué ocurre dentro de las arterias?

Las arterias sanas son flexibles y permiten que la sangre llegue fácilmente a músculos, piel y nervios.

Con el paso de los años, y especialmente cuando existen factores de riesgo como el tabaco, la hipertensión o el colesterol elevado, pueden acumularse placas de grasa, colesterol, calcio y tejido inflamatorio en su pared.

Estas placas:

  • estrechan progresivamente el vaso;

  • reducen el flujo de sangre;

  • dificultan el aporte de oxígeno durante el esfuerzo;

  • pueden romperse y formar un trombo que obstruya completamente la arteria.

Cuando el músculo necesita más oxígeno al caminar y la arteria no puede proporcionarlo, aparece el síntoma más característico de la enfermedad.

Claudicación intermitente

El síntoma clásico de la enfermedad arterial periférica recibe el nombre de claudicación intermitente.

Consiste en:

  • dolor,

  • calambre,

  • sensación de quemazón,

  • fatiga intensa

que aparece siempre al caminar una determinada distancia y desaparece pocos minutos después de detenerse.

Es un síntoma muy característico porque:

  • aparece con el esfuerzo;

  • desaparece con el reposo;

  • vuelve a aparecer al reiniciar la marcha.

Cuanto menor es la distancia que una persona puede caminar antes de que aparezca el dolor, mayor suele ser la limitación funcional.

¿Dónde duele?

La localización del dolor depende de la arteria afectada.

Puede aparecer en:

  • pantorrillas (la localización más frecuente);

  • muslos;

  • glúteos;

  • caderas;

  • pies.

Un dolor en los glúteos o los muslos puede indicar afectación de arterias más proximales, mientras que el dolor limitado a la pantorrilla suele relacionarse con obstrucciones femoropoplíteas.

Cuando la enfermedad progresa

En fases avanzadas, el flujo sanguíneo puede ser insuficiente incluso en reposo.

Entonces aparecen síntomas como:

  • dolor nocturno en los pies;

  • necesidad de dormir con la pierna colgando de la cama;

  • heridas que no cicatrizan;

  • úlceras;

  • cambios de color en los dedos;

  • piel brillante;

  • pérdida de vello;

  • uñas frágiles;

  • frialdad persistente.

Estos signos indican una isquemia más grave y requieren valoración médica urgente.

¿Quién tiene más riesgo?

Los principales factores de riesgo son:

  • tabaquismo;

  • diabetes;

  • hipertensión arterial;

  • colesterol LDL elevado;

  • enfermedad renal crónica;

  • obesidad;

  • sedentarismo;

  • antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular;

  • edad superior a 60 años.

Entre todos ellos, el tabaco y la diabetes son los que más aceleran la progresión de la enfermedad y aumentan el riesgo de amputación.

La enfermedad que muchas veces no da síntomas

Uno de los aspectos más importantes es que una gran parte de los pacientes no presenta la clásica claudicación intermitente.

Algunas personas simplemente:

  • caminan cada vez menos;

  • evitan las cuestas;

  • utilizan más el coche;

  • reducen su actividad física.

Creen que han perdido forma física cuando, en realidad, su organismo está adaptándose para evitar el dolor.

Una enfermedad de todo el sistema cardiovascular

La enfermedad arterial periférica no suele aparecer sola.

Una persona con arterias obstruidas en las piernas tiene más probabilidades de presentar también aterosclerosis en:

  • las arterias coronarias;

  • las arterias carótidas;

  • la aorta;

  • las arterias renales.

Por eso el diagnóstico de EAP debe entenderse como una oportunidad para actuar sobre todo el sistema cardiovascular.

El enfoque de Clínica Baños

En Clínica Baños creemos que ningún paciente debería normalizar síntomas como:

  • dolor al caminar;

  • piernas muy frías;

  • heridas que tardan en cicatrizar;

  • pérdida de fuerza al andar;

  • cambios de color en los pies.

Detectar estos signos de forma precoz puede evitar complicaciones graves y mejorar tanto la calidad como la esperanza de vida.

Nuestro objetivo es ayudar al paciente a reconocer las primeras señales y orientarlo hacia una valoración médica adecuada antes de que aparezcan lesiones irreversibles.

En el próximo capítulo

Con el Capítulo 47 cerraremos toda la parte de cardiología con uno de los capítulos más importantes de toda la guía:

Prevención cardiovascular a partir de los 40 años

Será un capítulo muy práctico y altamente orientado al SEO, donde responderemos preguntas como:

  • ¿Qué revisiones debo hacerme según mi edad?

  • ¿Cómo prevenir un infarto?

  • ¿Qué analíticas son realmente importantes?

  • ¿Qué tensión arterial debo tener?

  • ¿Cuál es el colesterol ideal?

  • ¿Qué suplementos tienen evidencia científica?

  • ¿Qué ejercicio protege más el corazón?

  • ¿Qué pruebas debo hacerme a los 40, 50, 60 y 70 años?

  • ¿Cómo reducir mi edad cardiovascular?

  • Los 25 hábitos que más años de vida pueden añadir según la evidencia científica.

Volver al índice de la guía
Capítulo 47

La guía definitiva para prevenir el infarto, el ictus y el envejecimiento cardiovascular

Qué revisiones, analíticas y hábitos necesitas a partir de los 40 años para vivir más y mejor

Prólogo: por qué la prevención cardiovascular empieza a los 40

Vivimos más años que nunca.

Sin embargo, la esperanza de vida no siempre se acompaña de una buena salud.

Millones de personas llegan a los 60, 70 u 80 años con una larga lista de enfermedades cardiovasculares que, en muchos casos, podrían haberse retrasado o incluso evitado.

La realidad es contundente.

La mayor parte de los infartos de miocardio, los ictus y una proporción muy importante de los casos de insuficiencia cardíaca están relacionados con factores de riesgo que pueden identificarse y tratarse muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Uno de los mayores problemas de la enfermedad cardiovascular es precisamente su silencio.

Las arterias pueden estrecharse lentamente durante veinte o treinta años sin provocar ningún dolor.

La hipertensión puede dañar el corazón, el cerebro y los riñones durante décadas sin producir molestias.

El colesterol elevado no duele.

La diabetes inicial tampoco.

La inflamación vascular permanece invisible.

Cuando aparece el primer síntoma, con frecuencia la enfermedad ya lleva años avanzando.

Por ello, la prevención cardiovascular moderna no consiste en esperar a que una persona enferme.

Consiste en identificar precozmente el riesgo, comprender por qué aparece y actuar antes de que se produzca un daño irreversible.

Ese es el verdadero objetivo de este capítulo.

No pretendemos únicamente explicar qué es un infarto o cómo se desarrolla un ictus.

Nuestro propósito es ofrecer una hoja de ruta clara, basada en la mejor evidencia científica disponible, para ayudar al lector a proteger su corazón y sus arterias durante las próximas décadas.

¿POR QUÉ EMPEZAR A LOS 40 AÑOS?

Muchas personas consideran que los problemas cardiovasculares pertenecen a edades avanzadas.

Nada más lejos de la realidad.

Los acontecimientos cardiovasculares que aparecen a los 60 o 70 años suelen comenzar a gestarse mucho antes.

Diversos estudios anatomopatológicos realizados en soldados jóvenes fallecidos por causas traumáticas demostraron que las primeras placas de aterosclerosis pueden observarse incluso antes de los 30 años.

Esto no significa que un joven vaya a sufrir un infarto.

Significa que el proceso puede iniciarse décadas antes de manifestarse clínicamente.

A partir de los 40 años comienzan a acumularse varios cambios fisiológicos:

  • aumenta progresivamente la presión arterial;

  • disminuye la elasticidad de las arterias;

  • se incrementa la resistencia a la insulina;

  • aumenta la grasa visceral;

  • desciende lentamente la masa muscular;

  • aparecen alteraciones del sueño;

  • disminuye la capacidad cardiorrespiratoria.

En muchas personas estos cambios son discretos.

En otras, especialmente cuando existen malos hábitos de vida, pueden acelerarse de forma muy importante.

Por este motivo, la década de los cuarenta representa una oportunidad extraordinaria para intervenir antes de que aparezcan complicaciones mayores.

EL ENVEJECIMIENTO DEL SISTEMA CARDIOVASCULAR

El envejecimiento no afecta únicamente a la piel.

Cada órgano del organismo experimenta cambios progresivos.

El sistema cardiovascular también envejece.

Con el paso de los años las arterias pierden elasticidad.

El colágeno aumenta.

La elastina disminuye.

La pared vascular se vuelve más rígida.

El endotelio, la delicada capa que recubre el interior de los vasos sanguíneos, pierde parte de su capacidad para producir óxido nítrico, una molécula esencial para mantener la dilatación arterial y controlar la inflamación.

Al mismo tiempo aparecen pequeñas lesiones microscópicas que favorecen la entrada de colesterol LDL en la pared arterial.

Cuando el LDL permanece elevado durante años, especialmente si además existe hipertensión, tabaquismo o diabetes, el proceso aterosclerótico se acelera.

Las placas comienzan siendo pequeñas.

Posteriormente pueden calcificarse.

Algunas permanecen estables durante décadas.

Otras se vuelven inestables y pueden romperse de forma brusca, originando un trombo responsable del infarto o del ictus.

Por eso, el verdadero enemigo no es únicamente el colesterol elevado.

Es la exposición acumulada del sistema vascular a múltiples agresiones durante muchos años.

EL CONCEPTO MÁS IMPORTANTE DE TODO ESTE CAPÍTULO

Existe una frase que resume prácticamente toda la prevención cardiovascular moderna:

No existe un único factor responsable del infarto. Existe una suma de pequeños factores mantenidos durante mucho tiempo.

Cada uno de estos factores añade una pequeña carga sobre las arterias.

Por separado pueden parecer poco importantes.

Juntos multiplican el riesgo.

Por ejemplo:

Una persona que fuma.

Tiene hipertensión.

Presenta colesterol LDL elevado.

Es sedentaria.

Duerme cinco horas.

Tiene obesidad abdominal.

No realiza revisiones médicas.

No suma simplemente seis factores de riesgo.

Estos factores interactúan entre sí potenciando el daño vascular.

Por el contrario, mejorar simultáneamente varios hábitos produce beneficios muy superiores a actuar únicamente sobre uno de ellos.

Ese será el principio que guiará todo este capítulo.

No buscaremos soluciones milagrosas.

Buscaremos construir un sistema cardiovascular más resistente durante las próximas décadas.

LA PREVENCIÓN MODERNA YA NO CONSISTE SOLO EN MEDIR EL COLESTEROL

Hace veinte años gran parte de la prevención cardiovascular se centraba casi exclusivamente en el colesterol total.

Hoy sabemos que esa visión es claramente insuficiente.

Actualmente la valoración cardiovascular integra múltiples dimensiones:

  • riesgo genético;

  • edad;

  • presión arterial;

  • colesterol LDL;

  • colesterol no HDL;

  • triglicéridos;

  • lipoproteína(a);

  • diabetes;

  • inflamación;

  • obesidad visceral;

  • función renal;

  • calidad del sueño;

  • condición física;

  • fuerza muscular;

  • salud mental;

  • alimentación;

  • actividad física.

Nunca antes habíamos dispuesto de tantas herramientas para prevenir la enfermedad cardiovascular.

El reto consiste en utilizarlas correctamente y adaptarlas a cada paciente.

EL NUEVO OBJETIVO DE LA MEDICINA PREVENTIVA

Durante muchos años la medicina actuaba cuando aparecía la enfermedad.

Hoy el objetivo es diferente.

Queremos detectar el riesgo antes de que aparezcan los síntomas.

No buscamos únicamente añadir años a la vida.

Buscamos añadir vida a esos años.

Una persona que llega a los 80 años sin haber sufrido un infarto, un ictus o una insuficiencia cardíaca mantiene muchas más posibilidades de conservar su independencia, su capacidad funcional y su calidad de vida.

Por ello, la prevención cardiovascular debe entenderse como una inversión en autonomía futura.

No se trata únicamente de vivir más.

Se trata de seguir caminando, viajando, disfrutando de la familia y manteniendo la independencia durante el mayor tiempo posible.

LO QUE APRENDERÁS EN ESTE CAPÍTULO

A lo largo de los siguientes apartados descubrirás:

  • cómo calcular tu riesgo cardiovascular real;

  • qué analíticas tienen verdadero valor clínico;

  • cuáles son las pruebas que merecen la pena según la edad;

  • qué hábitos reducen más el riesgo de infarto;

  • qué suplementos cuentan realmente con evidencia científica;

  • qué errores cometen la mayoría de las personas;

  • cómo construir un plan preventivo personalizado desde los 40 hasta los 80 años.

Porque la mejor cardiología no comienza en la sala de hemodinámica.

Comienza muchos años antes, cuando todavía tenemos la oportunidad de evitar que el infarto llegue a producirse.

Parte I · Comprender realmente el riesgo cardiovascular

Cuando preguntamos a una persona qué cree que significa tener riesgo cardiovascular, la respuesta suele ser muy parecida.

"Que puedo tener un infarto."

La respuesta no es incorrecta.

Pero está incompleta.

El riesgo cardiovascular representa la probabilidad de sufrir una enfermedad cardiovascular durante un periodo determinado, normalmente los próximos diez años, aunque la medicina moderna también estudia el riesgo acumulado durante toda la vida.

Esto significa que dos personas aparentemente iguales pueden tener probabilidades completamente distintas de sufrir un infarto.

No porque tengan un único análisis diferente.

Sino porque el riesgo cardiovascular es el resultado de la suma de muchos pequeños factores que interactúan entre sí durante décadas.

Por eso ya no hablamos únicamente de colesterol.

Hablamos de un auténtico "ecosistema cardiovascular".

EL GRAN ERROR QUE COMETE LA MAYORÍA DE LA GENTE

La mayoría de las personas interpreta su salud cardiovascular de una manera extremadamente sencilla.

Piensan:

"Tengo el colesterol normal, luego mi corazón está sano."

O bien:

"Tengo la tensión un poco alta, pero el resto está bien."

La realidad científica es mucho más compleja.

El organismo no analiza cada factor por separado.

Todos interactúan continuamente.

Por ejemplo.

Imaginemos dos hombres de 55 años.

Persona A

  • No fuma.

  • Presión arterial normal.

  • LDL ligeramente elevado.

  • Peso adecuado.

  • Hace ejercicio.

  • No tiene diabetes.

Persona B

  • Fuma.

  • Hipertensión.

  • LDL igual que la persona A.

  • Obesidad abdominal.

  • Sedentarismo.

  • Prediabetes.

Aunque ambos tengan exactamente el mismo colesterol LDL, el riesgo cardiovascular del segundo puede multiplicar varias veces al primero.

¿Por qué?

Porque el colesterol no actúa solo.

La hipertensión favorece que el colesterol penetre con mayor facilidad en la pared arterial.

El tabaco aumenta la inflamación.

La diabetes modifica las partículas lipídicas.

La obesidad incrementa la resistencia a la insulina.

El sedentarismo empeora prácticamente todos los factores anteriores.

No estamos sumando riesgos.

Estamos multiplicándolos.

LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR NO APARECE DE GOLPE

Existe una imagen completamente equivocada que todavía permanece en la mente de muchas personas.

Piensan que el infarto aparece de forma repentina.

La realidad es muy distinta.

El infarto puede tardar treinta o cuarenta años en desarrollarse.

Todo comienza con pequeñas alteraciones microscópicas del endotelio.

Posteriormente aparecen depósitos de colesterol.

Después llegan las células inflamatorias.

Más tarde se forma una placa de ateroma.

Finalmente esa placa puede romperse.

Sobre ella aparece un trombo.

Ese trombo obstruye completamente la arteria.

Lo que para el paciente parece un acontecimiento repentino, en realidad es el resultado de varias décadas de evolución.

LA ATEROSCLEROSIS ES UNA ENFERMEDAD SILENCIOSA

Uno de los aspectos más peligrosos de la aterosclerosis es que prácticamente nunca produce síntomas durante sus primeras fases.

Una persona puede tener:

  • un colesterol LDL de 180 mg/dL;

  • hipertensión;

  • glucosa elevada;

  • obesidad abdominal.

Y sentirse perfectamente.

No existe dolor.

No existe cansancio.

No existe ninguna señal de alarma.

Mientras tanto, el proceso inflamatorio continúa avanzando lentamente.

Por eso insistimos tanto en la prevención.

Porque cuando aparece el dolor torácico, el ictus o la enfermedad arterial periférica, normalmente la enfermedad lleva muchos años evolucionando.

EL CONCEPTO DE "CARGA ATEROSCLERÓTICA"

Uno de los conceptos más importantes de la cardiología moderna es el de carga aterosclerótica acumulada.

No importa únicamente cuánto colesterol tiene una persona hoy.

Importa durante cuánto tiempo ha estado expuesta a ese colesterol.

No es lo mismo mantener un LDL de 170 mg/dL durante seis meses que durante treinta años.

La exposición prolongada aumenta la cantidad total de colesterol que entra en la pared arterial.

Este concepto explica por qué la prevención precoz resulta mucho más eficaz que intentar corregir todos los factores cuando la enfermedad ya está avanzada.

Cada año con factores de riesgo mal controlados añade una pequeña cantidad de daño vascular.

Ese daño termina acumulándose.

LA EDAD ES EL FACTOR DE RIESGO MÁS IMPORTANTE...

...PERO TAMBIÉN EL MÁS MAL INTERPRETADO.

Es cierto que el riesgo cardiovascular aumenta con la edad.

Sin embargo, la edad por sí sola no provoca los infartos.

Lo que ocurre es que cuanto más tiempo permanece una persona expuesta a factores de riesgo, mayor es el daño acumulado.

Podemos imaginar dos personas de 70 años.

Una ha mantenido durante décadas:

  • tensión normal;

  • peso adecuado;

  • ejercicio regular;

  • dieta mediterránea;

  • ausencia de tabaquismo.

La otra presenta:

  • hipertensión sin controlar;

  • diabetes;

  • obesidad;

  • tabaquismo;

  • sedentarismo.

Ambas tienen la misma edad cronológica.

Pero su edad vascular probablemente sea completamente distinta.

EDAD CRONOLÓGICA Y EDAD VASCULAR

La medicina preventiva habla cada vez más del concepto de edad vascular.

La edad cronológica corresponde simplemente al tiempo transcurrido desde el nacimiento.

La edad vascular intenta estimar el estado real de las arterias.

En ocasiones encontramos pacientes de 45 años con arterias propias de una persona mucho mayor.

También ocurre lo contrario.

Personas de 75 años presentan arterias sorprendentemente conservadas gracias a décadas de hábitos saludables.

Nuestro objetivo no consiste únicamente en cumplir años.

Consiste en conseguir que nuestras arterias envejezcan mucho más lentamente que nuestro documento de identidad.

¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS LLEGAN A LOS 95 AÑOS SIN HABER TENIDO NUNCA UN INFARTO?

Esta es probablemente una de las preguntas más fascinantes de la medicina.

No existe una única respuesta.

Influyen:

  • genética;

  • alimentación;

  • actividad física;

  • ausencia de tabaquismo;

  • presión arterial;

  • metabolismo;

  • microbiota intestinal;

  • inflamación;

  • calidad del sueño;

  • factores sociales;

  • nivel socioeconómico;

  • acceso sanitario.

Sin embargo, los estudios sobre personas excepcionalmente longevas muestran un patrón repetido.

No suelen presentar un único factor protector extraordinario.

Lo que presentan es una acumulación muy baja de factores de riesgo durante toda la vida.

Su protección no depende de un alimento milagroso.

Depende de décadas de pequeñas decisiones saludables.

LA INFLAMACIÓN CRÓNICA

Durante mucho tiempo se creyó que la aterosclerosis era únicamente un problema de colesterol.

Actualmente sabemos que también es una enfermedad inflamatoria.

Cuando el colesterol LDL penetra en la pared arterial, el sistema inmunitario intenta eliminarlo.

Acuden diferentes células inflamatorias.

Si el proceso persiste durante años, la inflamación se mantiene de forma crónica.

Las placas evolucionan.

Algunas se vuelven inestables.

Finalmente pueden romperse.

Por ello hoy sabemos que controlar únicamente el colesterol no siempre es suficiente.

También debemos reducir aquellos factores que favorecen la inflamación:

  • tabaquismo;

  • obesidad visceral;

  • diabetes;

  • sedentarismo;

  • sueño insuficiente;

  • estrés mantenido;

  • alimentación rica en ultraprocesados.

LA OBESIDAD VISCERAL: MUCHO MÁS QUE UN PROBLEMA ESTÉTICO

No toda la grasa corporal tiene el mismo comportamiento.

La grasa acumulada alrededor de los órganos abdominales actúa prácticamente como un órgano endocrino.

Produce numerosas sustancias inflamatorias que favorecen:

  • resistencia a la insulina;

  • hipertensión;

  • alteraciones lipídicas;

  • inflamación vascular;

  • trombosis.

Por este motivo, el perímetro abdominal posee un enorme valor clínico.

En muchas ocasiones aporta más información que el peso corporal aislado.

EL TABACO: EL FACTOR MÁS DESTRUCTIVO

Si existiera un único factor capaz de acelerar el envejecimiento vascular sería probablemente el tabaco.

El humo del tabaco:

  • lesiona el endotelio;

  • aumenta la agregación plaquetaria;

  • favorece la inflamación;

  • acelera la aterosclerosis;

  • incrementa el riesgo de trombosis;

  • reduce el oxígeno transportado por la sangre.

Lo más importante es que los beneficios de abandonar el tabaco comienzan prácticamente desde las primeras semanas.

Nunca es tarde para dejar de fumar.

LA HIPERTENSIÓN: EL ENEMIGO SILENCIOSO

Pocas enfermedades justifican tanto el término "asesino silencioso".

La mayoría de los pacientes con hipertensión no presenta síntomas.

No duele.

No produce mareo.

No provoca cefalea en la mayoría de los casos.

Mientras tanto, la presión elevada va dañando lentamente:

  • corazón;

  • cerebro;

  • retina;

  • riñones;

  • arterias.

Por eso medir periódicamente la presión arterial constituye uno de los gestos preventivos más rentables de toda la medicina.

EL NUEVO CONCEPTO DE PREVENCIÓN CARDIOVASCULAR

Hace apenas dos décadas el objetivo consistía en tratar enfermedades.

Hoy el objetivo ha cambiado completamente.

Queremos detectar el riesgo cuando todavía no existe enfermedad clínica.

Este enfoque recibe el nombre de prevención cardiovascular personalizada.

Ya no tratamos únicamente cifras.

Tratamos personas.

Analizamos:

  • edad;

  • genética;

  • hábitos;

  • condición física;

  • analíticas;

  • composición corporal;

  • calidad del sueño;

  • inflamación;

  • antecedentes familiares.

Y con toda esa información elaboramos un plan preventivo completamente individualizado.

Ese será precisamente el objetivo de todo este capítulo.

No ofrecer una lista universal de consejos.

Sino enseñar al lector a comprender cuál es su situación concreta y cómo puede reducir progresivamente su riesgo cardiovascular durante las próximas décadas.

LO QUE VAMOS A ESTUDIAR A CONTINUACIÓN

Ahora que comprendemos cómo se desarrolla realmente la enfermedad cardiovascular, llega la siguiente gran pregunta:

¿Qué factores aumentan más el riesgo y cuáles merece realmente la pena controlar?

En la siguiente parte analizaremos, uno por uno y con el máximo rigor científico, los doce factores que más influyen en el desarrollo del infarto, el ictus y el envejecimiento arterial, explicando para cada uno:

  • por qué produce enfermedad;

  • cómo puede detectarse precozmente;

  • cuál es su impacto real;

  • qué estrategias han demostrado reducir el riesgo según la evidencia científica más reciente.

Parte II · Factor de riesgo nº 1: hipertensión arterial

Esta es, probablemente, una de las frases más repetidas en cualquier consulta médica.

Y también una de las más peligrosas.

La hipertensión arterial rara vez produce síntomas en sus fases iniciales.

La mayoría de las personas con cifras elevadas de presión arterial no presentan:

  • dolor;

  • mareos;

  • cefaleas;

  • cansancio;

  • dificultad respiratoria.

Se sienten completamente sanas.

Sin embargo, mientras realizan su vida cotidiana, cada latido ejerce una fuerza excesiva sobre la pared de las arterias.

Ese pequeño exceso de presión, mantenido miles de veces al día durante años, provoca un deterioro progresivo del sistema cardiovascular.

No hablamos de días.

No hablamos de semanas.

Hablamos de millones de latidos.

¿Qué es realmente la presión arterial?

Para entender por qué la hipertensión resulta tan peligrosa, primero debemos comprender qué significa la presión arterial.

Cada vez que el corazón se contrae, impulsa sangre hacia la aorta y el resto de las arterias.

Esa sangre ejerce una fuerza sobre la pared arterial.

Esa fuerza es la presión arterial.

Cuando medimos la tensión obtenemos dos cifras.

Por ejemplo:

120/80 mmHg

La primera cifra corresponde a la presión sistólica.

Representa la presión máxima durante la contracción del corazón.

La segunda cifra corresponde a la presión diastólica.

Representa la presión existente cuando el corazón se encuentra relajado entre latidos.

Ambas son importantes.

No basta con fijarse únicamente en la cifra más alta.

¿Por qué aumenta la presión arterial?

La presión arterial depende de numerosos mecanismos que trabajan de forma coordinada.

Entre ellos destacan:

  • la fuerza con la que late el corazón;

  • la cantidad de sangre que circula;

  • el diámetro de las arterias;

  • la elasticidad vascular;

  • la función renal;

  • el equilibrio entre sodio y agua;

  • diferentes hormonas como la angiotensina, la aldosterona y la adrenalina.

Cuando alguno de estos sistemas deja de funcionar correctamente, la presión puede elevarse.

En la mayoría de las personas no existe una única causa.

La hipertensión aparece como consecuencia de la combinación de:

  • predisposición genética;

  • envejecimiento;

  • obesidad;

  • exceso de sal;

  • sedentarismo;

  • consumo elevado de alcohol;

  • estrés mantenido;

  • alteraciones del sueño;

  • enfermedad renal.

La hipertensión esencial

Aproximadamente el 90-95 % de los pacientes presenta lo que denominamos hipertensión arterial esencial.

Esto significa que no existe una única enfermedad responsable.

La presión aumenta progresivamente debido a múltiples factores.

No se trata de un problema puntual.

Es una alteración crónica del sistema de regulación cardiovascular.

Hipertensión secundaria

En un pequeño porcentaje de pacientes, la hipertensión sí tiene una causa concreta.

Entre las más frecuentes encontramos:

  • enfermedad renal crónica;

  • hiperaldosteronismo primario;

  • apnea obstructiva del sueño;

  • enfermedad tiroidea;

  • feocromocitoma;

  • síndrome de Cushing;

  • determinados medicamentos;

  • consumo de drogas estimulantes.

Identificar estas situaciones resulta importante porque, en algunos casos, tratar la causa permite controlar la presión de forma mucho más eficaz.

¿Por qué la hipertensión produce tanto daño?

Podemos imaginar una manguera de jardín.

Si durante unos segundos aumentamos la presión del agua, probablemente no ocurra nada.

Pero si mantenemos una presión excesiva durante veinte años, la pared terminará deteriorándose.

Algo parecido ocurre con las arterias.

Cada latido genera una pequeña agresión mecánica.

El endotelio —la delicada capa que recubre el interior de los vasos sanguíneos— comienza a lesionarse.

Estas lesiones favorecen:

  • la entrada de colesterol LDL en la pared arterial;

  • la inflamación vascular;

  • la formación de placas de ateroma;

  • el endurecimiento de las arterias;

  • la pérdida de elasticidad.

La hipertensión no actúa sola.

Facilita el trabajo del resto de factores de riesgo.

Por eso una persona hipertensa y fumadora presenta un riesgo muy superior al que tendría sumando ambos factores por separado.

Los órganos que más sufren

La hipertensión afecta prácticamente a todo el organismo.

Sin embargo, existen cuatro órganos especialmente vulnerables.

El corazón

El ventrículo izquierdo debe trabajar contra una presión cada vez mayor.

Al principio responde aumentando el grosor de su músculo.

Este fenómeno recibe el nombre de hipertrofia ventricular izquierda.

Inicialmente puede parecer una adaptación beneficiosa.

Con el tiempo, sin embargo, el músculo se vuelve más rígido, necesita más oxígeno y pierde eficiencia.

Esto favorece:

  • insuficiencia cardíaca;

  • fibrilación auricular;

  • cardiopatía isquémica;

  • muerte súbita en determinados pacientes.

El cerebro

La hipertensión constituye el principal factor de riesgo modificable para el ictus.

Puede provocar:

  • infarto cerebral;

  • hemorragia cerebral;

  • deterioro cognitivo vascular;

  • enfermedad de pequeños vasos;

  • alteraciones de la memoria.

Muchas personas desconocen que controlar correctamente la presión arterial es una de las medidas más eficaces para reducir el riesgo de demencia vascular.

Los riñones

Los riñones contienen millones de pequeños filtros llamados glomérulos.

Una presión excesiva mantenida durante años termina lesionándolos.

Como consecuencia puede aparecer:

  • proteinuria;

  • disminución del filtrado glomerular;

  • insuficiencia renal crónica.

Lo más preocupante es que la enfermedad renal también aumenta la presión arterial.

Se crea así un círculo vicioso.

Los ojos

La retina permite observar directamente el estado de los pequeños vasos sanguíneos.

La hipertensión puede producir:

  • estrechamiento arterial;

  • hemorragias;

  • exudados;

  • edema de papila en casos graves.

El fondo de ojo continúa siendo una herramienta útil para valorar el daño vascular en determinados pacientes.

¿Produce síntomas?

En la inmensa mayoría de los casos:

NO.

Y precisamente ahí reside su peligro.

La hipertensión no suele provocar:

  • cefalea;

  • mareos;

  • nerviosismo;

  • sensación de presión.

Muchas personas únicamente descubren que son hipertensas durante una revisión rutinaria.

O, desgraciadamente, después de sufrir un infarto o un ictus.

¿Cuáles son las cifras normales?

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que existe una única cifra válida para todas las personas.

La realidad es más compleja.

Las sociedades científicas establecen objetivos individualizados según:

  • edad;

  • enfermedades asociadas;

  • fragilidad;

  • riesgo cardiovascular;

  • tolerancia al tratamiento.

En términos generales:

Presión óptima

Menos de 120/80 mmHg

Presión normal

Inferior a 130/85 mmHg

Presión elevada

Debe confirmarse mediante varias mediciones realizadas correctamente, tanto en consulta como, cuando esté indicado, mediante monitorización domiciliaria o ambulatoria.

Nunca debe diagnosticarse hipertensión basándose en una única medición aislada realizada en una situación de estrés, dolor o ansiedad.

La hipertensión de bata blanca

Algunas personas presentan cifras elevadas únicamente cuando acuden a la consulta médica.

Fuera del entorno sanitario mantienen una presión completamente normal.

Este fenómeno recibe el nombre de hipertensión de bata blanca.

Aunque suele asociarse a un mejor pronóstico que la hipertensión mantenida, no debe ignorarse.

Puede evolucionar con los años hacia una hipertensión permanente.

La hipertensión enmascarada

También ocurre exactamente lo contrario.

Pacientes cuya presión parece normal durante la consulta, pero permanece elevada durante el resto del día.

Este fenómeno resulta especialmente peligroso porque puede retrasar el diagnóstico durante años.

Por ello, la monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA) y la automedición domiciliaria se han convertido en herramientas fundamentales para obtener una imagen más real del comportamiento de la tensión arterial.

¿Quién debería medirse la presión con regularidad?

Es recomendable que cualquier adulto conozca sus cifras de presión arterial.

Sin embargo, resulta especialmente importante en personas que presentan:

  • antecedentes familiares de hipertensión;

  • diabetes;

  • colesterol elevado;

  • obesidad;

  • enfermedad renal;

  • tabaquismo;

  • apnea del sueño;

  • edad superior a 40 años.

La detección precoz permite intervenir antes de que aparezca un daño irreversible en órganos como el corazón, el cerebro o los riñones.

Lo que aprenderás en el siguiente apartado

Ahora que conocemos por qué la hipertensión es uno de los principales enemigos del sistema cardiovascular, analizaremos el segundo gran factor de riesgo:

El colesterol y las lipoproteínas: por qué el LDL importa más que el colesterol total y cómo interpretar correctamente una analítica moderna.

Parte II · Factor de riesgo nº 3: diabetes, prediabetes y resistencia a la insulina

"Una persona puede convivir con prediabetes durante años sin presentar síntomas. Mientras tanto, el exceso de glucosa y la resistencia a la insulina comienzan a dañar lentamente los vasos sanguíneos, el corazón, los riñones, el cerebro y los nervios."

"Mi azúcar está un poco alta, pero todavía no soy diabético"

Probablemente esta sea una de las frases que más tranquilizan... y una de las más engañosas.

Durante décadas se pensó que el riesgo cardiovascular aumentaba únicamente cuando una persona desarrollaba diabetes.

Hoy sabemos que eso no es cierto.

El daño vascular puede comenzar mucho antes.

La resistencia a la insulina y la prediabetes ya producen alteraciones metabólicas capaces de favorecer la aterosclerosis.

Por eso la prevención actual no espera a que aparezca una diabetes establecida.

Actúa mucho antes.

¿Qué hace realmente la insulina?

Después de cada comida, los hidratos de carbono se transforman en glucosa.

La glucosa constituye el principal combustible de la mayoría de nuestras células.

Sin embargo, para que pueda entrar en ellas necesita la ayuda de una hormona:

la insulina.

La insulina es producida por las células beta del páncreas y actúa como una llave.

Cuando funciona correctamente:

  • facilita la entrada de glucosa en músculos y otros tejidos;

  • disminuye la glucosa en sangre;

  • favorece el almacenamiento de energía;

  • participa en la síntesis de proteínas;

  • regula el metabolismo de grasas e hidratos de carbono.

Durante muchos años este sistema mantiene un equilibrio extraordinario.

Hasta que comienza a aparecer la resistencia a la insulina.

¿Qué es la resistencia a la insulina?

Podemos imaginar la insulina como una llave y las células como una cerradura.

En una persona sana, la llave abre la puerta con facilidad.

En la resistencia a la insulina la cerradura empieza a funcionar peor.

La llave sigue existiendo.

Pero cuesta más abrir la puerta.

El organismo intenta compensarlo produciendo cada vez más insulina.

Durante un tiempo consigue mantener una glucosa aparentemente normal.

Sin embargo, el precio metabólico es elevado.

Con los años el páncreas empieza a agotarse.

Entonces la glucosa comienza a elevarse.

Primero aparece la prediabetes.

Después puede desarrollarse la diabetes tipo 2.

Mucho antes de la diabetes ya existe enfermedad

Este es uno de los conceptos más importantes de toda la medicina preventiva.

La resistencia a la insulina no afecta únicamente al azúcar.

Produce alteraciones prácticamente en todo el organismo.

Favorece:

  • hipertensión arterial;

  • aumento de triglicéridos;

  • descenso del colesterol HDL;

  • obesidad abdominal;

  • inflamación crónica;

  • hígado graso;

  • aumento del ácido úrico;

  • alteración del endotelio vascular;

  • mayor tendencia a la trombosis.

Por ello, muchos expertos consideran la resistencia a la insulina el núcleo del llamado síndrome metabólico.

¿Qué es el síndrome metabólico?

El síndrome metabólico no es una enfermedad única.

Es la combinación de varios factores que, cuando aparecen juntos, aumentan notablemente el riesgo cardiovascular.

Generalmente incluye:

  • obesidad abdominal;

  • hipertensión arterial;

  • glucosa elevada;

  • triglicéridos altos;

  • colesterol HDL bajo.

Cada uno de estos factores ya incrementa el riesgo.

Cuando aparecen simultáneamente, el peligro cardiovascular aumenta de forma considerable.

¿Qué ocurre con las arterias?

El exceso mantenido de glucosa produce un fenómeno conocido como glucotoxicidad.

Las moléculas de glucosa reaccionan con proteínas y lípidos formando los llamados productos finales de glicación avanzada (AGEs).

Estas sustancias:

  • endurecen las arterias;

  • favorecen la inflamación;

  • alteran el funcionamiento del endotelio;

  • aumentan el estrés oxidativo;

  • aceleran la aterosclerosis.

Es un proceso lento.

Pero continuo.

Por eso la diabetes se considera una enfermedad de envejecimiento vascular acelerado.

El azúcar no "cristaliza" las arterias

Durante años se utilizó esta expresión para explicar el daño producido por la diabetes.

En realidad no ocurre así.

Las arterias no se llenan de cristales de azúcar.

El daño aparece porque:

  • aumenta la inflamación;

  • se altera el funcionamiento del endotelio;

  • las lipoproteínas se vuelven más aterogénicas;

  • aumenta el estrés oxidativo;

  • se favorece la formación de trombos.

Comprender este mecanismo ayuda a entender por qué controlar únicamente la glucosa no siempre elimina completamente el riesgo cardiovascular.

¿Qué órganos resultan afectados?

La diabetes puede lesionar prácticamente todo el organismo.

Sin embargo, existen varios órganos especialmente vulnerables.

El corazón

Las personas con diabetes presentan un riesgo significativamente mayor de:

  • infarto de miocardio;

  • insuficiencia cardíaca;

  • fibrilación auricular;

  • muerte cardiovascular.

En algunos pacientes, la enfermedad coronaria puede avanzar sin producir dolor debido a la afectación de los nervios.

El cerebro

La diabetes aumenta el riesgo de:

  • ictus isquémico;

  • deterioro cognitivo;

  • demencia vascular.

Cuando además existe hipertensión, el riesgo es todavía mayor.

Los riñones

El exceso mantenido de glucosa daña progresivamente los pequeños vasos renales.

Puede aparecer:

  • microalbuminuria;

  • proteinuria;

  • disminución del filtrado glomerular;

  • enfermedad renal crónica.

La nefropatía diabética continúa siendo una de las principales causas de diálisis en muchos países.

Los ojos

La retina contiene miles de pequeños vasos sanguíneos extremadamente sensibles.

La diabetes puede producir:

  • retinopatía diabética;

  • edema macular;

  • hemorragias;

  • pérdida de visión.

Las revisiones oftalmológicas periódicas permiten detectar lesiones antes de que aparezcan síntomas.

Los nervios

La neuropatía diabética puede manifestarse como:

  • hormigueo;

  • pérdida de sensibilidad;

  • sensación de quemazón;

  • dolor nocturno;

  • disminución de la percepción del calor y del frío.

Esta pérdida de sensibilidad favorece la aparición de heridas en los pies.

El pie diabético

Uno de los problemas más graves de la diabetes es la combinación de:

  • neuropatía;

  • enfermedad arterial periférica;

  • mayor susceptibilidad a las infecciones.

Una pequeña rozadura puede pasar desapercibida.

Si el riego sanguíneo también está disminuido, la cicatrización resulta mucho más lenta.

Por ello, la revisión periódica de los pies forma parte del tratamiento de cualquier persona con diabetes.

Prediabetes: una oportunidad que no debemos desaprovechar

La prediabetes representa una situación intermedia entre la normalidad y la diabetes tipo 2.

Aunque no todas las personas desarrollarán diabetes, el riesgo aumenta claramente si no se modifican los hábitos de vida.

Lo más importante es que esta etapa ofrece una enorme oportunidad para actuar.

La pérdida de peso cuando existe sobrepeso, el aumento de la actividad física y una alimentación saludable pueden retrasar o incluso evitar la progresión en muchas personas.

¿Quién tiene más riesgo?

Los principales factores que favorecen la aparición de diabetes tipo 2 son:

  • exceso de grasa abdominal;

  • sedentarismo;

  • antecedentes familiares;

  • edad superior a 45 años;

  • síndrome de ovario poliquístico;

  • hipertensión arterial;

  • triglicéridos elevados;

  • apnea obstructiva del sueño;

  • diabetes gestacional previa.

Cuantos más factores coinciden, mayor es la probabilidad de desarrollar la enfermedad.

¿Produce síntomas?

En sus fases iniciales, con frecuencia no.

Cuando la glucosa aumenta de forma importante pueden aparecer:

  • sed intensa;

  • aumento de la cantidad de orina;

  • pérdida de peso inexplicada;

  • visión borrosa;

  • infecciones repetidas;

  • cansancio.

Sin embargo, muchas personas son diagnosticadas durante una analítica rutinaria.

¿Cómo se diagnostica?

La valoración puede incluir:

  • glucosa en ayunas;

  • hemoglobina glicosilada (HbA1c);

  • prueba de sobrecarga oral de glucosa en casos seleccionados.

La HbA1c permite estimar la glucosa media de los últimos dos o tres meses y constituye una herramienta fundamental tanto para el diagnóstico como para el seguimiento.

No obstante, determinadas enfermedades de la sangre pueden modificar su interpretación.

El tratamiento ha cambiado radicalmente

Durante muchos años el objetivo consistía únicamente en reducir la glucosa.

Actualmente sabemos que el tratamiento debe proteger también:

  • el corazón;

  • los riñones;

  • el cerebro;

  • el sistema vascular.

Por ello, algunos medicamentos modernos han demostrado reducir no solo la glucemia, sino también:

  • la insuficiencia cardíaca;

  • la progresión de la enfermedad renal;

  • los eventos cardiovasculares mayores.

La elección del tratamiento debe individualizarse según las características de cada paciente.

¿Puede prevenirse?

En la mayoría de los casos, sí.

Las medidas con mayor respaldo científico incluyen:

  • pérdida de peso cuando existe exceso de grasa corporal;

  • reducción del perímetro abdominal;

  • ejercicio físico regular;

  • alimentación basada en el patrón mediterráneo;

  • disminución del consumo de bebidas azucaradas y ultraprocesados;

  • sueño de calidad;

  • abandono del tabaco.

No existe un alimento milagroso.

Lo que realmente marca la diferencia es el conjunto de hábitos mantenidos durante años.

Errores frecuentes

Uno de los errores más habituales consiste en pensar:

"Como todavía no soy diabético, no necesito preocuparme."

Precisamente la fase de prediabetes es el mejor momento para intervenir.

Otro error frecuente es centrar toda la atención en el azúcar y olvidar el resto de factores.

Una persona con diabetes necesita igualmente controlar:

  • la presión arterial;

  • el colesterol LDL;

  • el peso;

  • el tabaquismo;

  • la función renal.

La prevención cardiovascular requiere una visión global.

Ideas clave

  • La resistencia a la insulina suele preceder durante años a la diabetes tipo 2.

  • El daño vascular puede comenzar antes del diagnóstico de diabetes.

  • La diabetes acelera el envejecimiento de las arterias y aumenta el riesgo de infarto, ictus e insuficiencia cardíaca.

  • El síndrome metabólico combina varios factores que incrementan notablemente el riesgo cardiovascular.

  • La HbA1c es una herramienta fundamental para el diagnóstico y el seguimiento.

  • La pérdida de peso, el ejercicio y la alimentación saludable son pilares del tratamiento.

  • La protección cardiovascular y renal forma parte esencial del manejo moderno de la diabetes.

Lo que aprenderás en el siguiente apartado

Ya hemos analizado tres de los principales motores del envejecimiento cardiovascular:

  • hipertensión arterial;

  • alteraciones del colesterol y las lipoproteínas;

  • diabetes y resistencia a la insulina.

El siguiente factor de riesgo está estrechamente relacionado con todos ellos y se ha convertido en uno de los mayores desafíos de la medicina del siglo XXI:

Factor de riesgo nº 4: Obesidad abdominal y grasa visceral.

Comprenderemos por qué no todas las personas con el mismo peso presentan el mismo riesgo cardiovascular, qué diferencia existe entre la grasa subcutánea y la grasa visceral y cómo reducir el perímetro abdominal puede mejorar simultáneamente la presión arterial, el colesterol, la diabetes y la inflamación sistémica.

Parte II · Factor de riesgo nº 4: obesidad abdominal y grasa visceral

"No toda la grasa corporal es igual. Dos personas pueden pesar exactamente lo mismo y tener un riesgo cardiovascular completamente diferente. La diferencia suele encontrarse en un lugar que muchas personas no consideran importante: la grasa que rodea los órganos internos."

"Peso solo cinco kilos más de lo normal"

Es una frase muy habitual.

Muchas personas valoran exclusivamente el número que aparece en la báscula.

Sin embargo, la medicina moderna ha cambiado profundamente esta forma de entender la obesidad.

Hoy sabemos que el peso corporal, por sí solo, explica muy poco.

Lo realmente importante es:

  • dónde se acumula la grasa;

  • cuánta masa muscular posee la persona;

  • cuál es su condición física;

  • cómo funciona su metabolismo;

  • si existe inflamación asociada.

Por este motivo, dos personas con el mismo peso pueden presentar riesgos cardiovasculares completamente distintos.

La obesidad ya no se considera un problema estético

Durante décadas la obesidad se abordó principalmente desde una perspectiva estética.

Hoy constituye una de las enfermedades crónicas más importantes del mundo.

No solo aumenta el riesgo de:

  • diabetes tipo 2;

  • hipertensión arterial;

  • colesterol elevado;

  • enfermedad cardiovascular.

También se relaciona con:

  • enfermedad hepática metabólica (hígado graso);

  • apnea obstructiva del sueño;

  • artrosis;

  • determinados cánceres;

  • infertilidad;

  • deterioro cognitivo;

  • depresión;

  • enfermedad renal.

La obesidad es una enfermedad compleja, multifactorial y crónica que requiere un abordaje individualizado.

El tejido adiposo: un órgano endocrino

Uno de los descubrimientos más importantes de las últimas décadas ha sido comprender que la grasa corporal no actúa simplemente como un almacén de energía.

El tejido adiposo funciona como un auténtico órgano endocrino.

Produce decenas de sustancias biológicamente activas.

Entre ellas:

  • leptina;

  • adiponectina;

  • resistina;

  • TNF-alfa;

  • interleucina-6;

  • diversas adipocinas.

Estas moléculas influyen sobre:

  • el apetito;

  • la inflamación;

  • la presión arterial;

  • la sensibilidad a la insulina;

  • la coagulación;

  • el metabolismo.

Por eso la obesidad afecta prácticamente a todo el organismo.

No toda la grasa corporal es igual

Desde el punto de vista clínico distinguimos principalmente dos grandes tipos de grasa.

Grasa subcutánea

Se encuentra justo debajo de la piel.

Es la que podemos pellizcar con los dedos.

Aunque un exceso también puede tener consecuencias, suele ser metabólicamente menos perjudicial.

Grasa visceral

Rodea órganos como:

  • hígado;

  • páncreas;

  • intestino;

  • riñones.

No puede apreciarse fácilmente desde el exterior.

Es mucho más activa desde el punto de vista inflamatorio.

Y representa uno de los principales motores de la enfermedad cardiovascular.

¿Por qué la grasa visceral resulta tan peligrosa?

La grasa visceral libera continuamente sustancias inflamatorias que favorecen:

  • resistencia a la insulina;

  • hipertensión;

  • alteraciones del colesterol;

  • aumento de triglicéridos;

  • estado protrombótico;

  • disfunción endotelial.

Además, aumenta la liberación de ácidos grasos libres hacia el hígado.

Esto favorece:

  • hígado graso;

  • producción de VLDL;

  • aumento del colesterol aterogénico;

  • empeoramiento del metabolismo de la glucosa.

En otras palabras.

La grasa visceral altera prácticamente todos los mecanismos relacionados con el riesgo cardiovascular.

El perímetro abdominal importa más de lo que imaginas

Muchas personas conocen su peso.

Muy pocas conocen la medida de su cintura.

Sin embargo, el perímetro abdominal constituye uno de los mejores indicadores sencillos de exceso de grasa visceral.

En términos generales:

Hombres

Un perímetro abdominal elevado se asocia con un aumento progresivo del riesgo cardiovascular.

Mujeres

También existe un incremento del riesgo conforme aumenta la cintura, especialmente tras la menopausia.

Lo importante no es obsesionarse con un único número.

Lo importante es comprender que cada centímetro de grasa abdominal perdido suele traducirse en una mejora metabólica.

¿Cómo debe medirse correctamente la cintura?

La medición debe realizarse:

  • de pie;

  • relajado;

  • tras una espiración normal;

  • sin introducir el abdomen;

  • utilizando una cinta métrica flexible.

La cinta debe colocarse aproximadamente a la altura de la mitad de la distancia entre la última costilla y la parte superior de la cresta ilíaca.

Siempre conviene repetir la medición en condiciones similares para valorar la evolución.

La obesidad de peso normal

Existe un fenómeno cada vez más frecuente.

Personas cuyo índice de masa corporal es aparentemente normal.

Sin embargo presentan:

  • exceso de grasa visceral;

  • poca masa muscular;

  • resistencia a la insulina;

  • inflamación metabólica.

A este fenómeno se le denomina en ocasiones obesidad metabólica con peso normal.

Desde el punto de vista cardiovascular puede ser más preocupante que un ligero exceso de peso acompañado de una excelente condición física.

El índice de masa corporal tiene limitaciones

El IMC continúa siendo útil para estudios poblacionales.

Sin embargo presenta importantes limitaciones.

No diferencia entre:

  • músculo;

  • grasa;

  • agua;

  • masa ósea.

Tampoco informa sobre la distribución de la grasa.

Por ello, un deportista muy musculado puede presentar un IMC elevado sin tener obesidad.

Y una persona con poca masa muscular puede mostrar un IMC normal pese a presentar un elevado riesgo metabólico.

Actualmente se recomienda interpretar el IMC junto con:

  • perímetro abdominal;

  • composición corporal;

  • porcentaje de grasa;

  • masa muscular;

  • condición física.

Sarcopenia y obesidad

Con el envejecimiento muchas personas pierden masa muscular mientras aumentan lentamente la grasa visceral.

Cuando ambos procesos coinciden hablamos de obesidad sarcopénica.

Esta situación aumenta el riesgo de:

  • caídas;

  • fragilidad;

  • diabetes;

  • enfermedad cardiovascular;

  • pérdida de independencia.

Por ello, cualquier estrategia de pérdida de peso debe intentar preservar la masa muscular.

¿Qué ocurre en el hígado?

El hígado recibe directamente gran parte de los ácidos grasos procedentes de la grasa visceral.

Cuando la capacidad para metabolizarlos se supera, comienza a acumular grasa.

Aparece así la enfermedad hepática metabólica (anteriormente denominada hígado graso no alcohólico).

Esta enfermedad se asocia con:

  • resistencia a la insulina;

  • diabetes;

  • inflamación sistémica;

  • mayor riesgo cardiovascular.

Muchas personas descubren que presentan hígado graso durante una ecografía realizada por otro motivo.

La obesidad aumenta el trabajo del corazón

Cuanto mayor es la masa corporal, mayor cantidad de sangre necesita movilizar el organismo.

Como consecuencia:

  • aumenta el gasto cardíaco;

  • se incrementa el trabajo del ventrículo izquierdo;

  • puede aparecer hipertrofia cardíaca;

  • aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca.

Además, la obesidad favorece la aparición de fibrilación auricular.

Obesidad y apnea del sueño

Existe una estrecha relación entre ambas enfermedades.

La acumulación de grasa alrededor del cuello favorece el colapso de la vía aérea durante el sueño.

La apnea produce:

  • descensos repetidos del oxígeno;

  • aumento de la presión arterial;

  • activación del sistema nervioso simpático;

  • inflamación;

  • mayor riesgo cardiovascular.

Muchas personas desconocen que roncar intensamente puede ser una señal de alarma.

¿La obesidad siempre depende de comer demasiado?

No.

La regulación del peso corporal es extraordinariamente compleja.

Intervienen factores como:

  • genética;

  • hormonas;

  • microbiota intestinal;

  • calidad del sueño;

  • estrés;

  • medicamentos;

  • entorno alimentario;

  • nivel socioeconómico;

  • actividad física.

Reducir la obesidad a una simple falta de voluntad no solo es incorrecto.

También dificulta que muchos pacientes busquen ayuda.

¿Es posible estar metabólicamente sano teniendo obesidad?

Algunas personas presentan obesidad con pocas alteraciones metabólicas aparentes.

Sin embargo, numerosos estudios muestran que este estado puede no mantenerse indefinidamente.

Con el paso del tiempo aumenta la probabilidad de desarrollar:

  • hipertensión;

  • diabetes;

  • dislipemia;

  • enfermedad cardiovascular.

Por ello, incluso cuando las analíticas son inicialmente normales, la reducción del exceso de grasa visceral continúa siendo beneficiosa.

La pérdida de peso: ¿cuánto es realmente necesario?

Una de las mejores noticias para los pacientes es que no resulta imprescindible alcanzar un peso "perfecto" para obtener beneficios.

Las investigaciones demuestran que una pérdida relativamente moderada de peso corporal puede mejorar:

  • la presión arterial;

  • la glucosa;

  • los triglicéridos;

  • la resistencia a la insulina;

  • el hígado graso;

  • la movilidad;

  • la calidad de vida.

Esto significa que objetivos realistas suelen ofrecer beneficios clínicos muy importantes.

¿Cómo reducir la grasa visceral?

Las estrategias con mayor evidencia científica incluyen:

Alimentación

  • patrón mediterráneo;

  • verduras en abundancia;

  • legumbres;

  • fruta entera;

  • proteínas de calidad;

  • aceite de oliva virgen extra;

  • reducción de ultraprocesados;

  • disminución de bebidas azucaradas.

Ejercicio

La combinación de:

  • entrenamiento de fuerza;

  • ejercicio aeróbico;

  • aumento de la actividad diaria

resulta mucho más eficaz que cualquiera de ellos por separado.

Sueño

Dormir poco favorece:

  • aumento del apetito;

  • resistencia a la insulina;

  • acumulación de grasa abdominal.

Estrés

El estrés mantenido puede favorecer el aumento de la grasa visceral a través de mecanismos hormonales relacionados con el cortisol y cambios en el comportamiento alimentario.

El papel de los nuevos tratamientos

En los últimos años han aparecido medicamentos capaces de facilitar una pérdida de peso clínicamente relevante en pacientes seleccionados.

Estas terapias han demostrado, además de reducir peso, disminuir el riesgo de complicaciones cardiovasculares en determinados perfiles de pacientes.

No son tratamientos cosméticos.

Son herramientas médicas que deben utilizarse dentro de un programa integral que incluya alimentación, ejercicio y seguimiento profesional.

Errores frecuentes

Uno de los mayores errores consiste en perseguir pérdidas rápidas de peso.

Las dietas extremadamente restrictivas suelen provocar:

  • pérdida de masa muscular;

  • efecto rebote;

  • abandono precoz.

Otro error frecuente consiste en realizar únicamente ejercicio aeróbico.

La fuerza es esencial para preservar la masa muscular durante el adelgazamiento.

Ideas clave

  • La grasa visceral es mucho más peligrosa que la grasa subcutánea.

  • El perímetro abdominal constituye un excelente marcador de riesgo cardiovascular.

  • El tejido adiposo funciona como un órgano endocrino e inflamatorio.

  • La obesidad favorece hipertensión, diabetes, dislipemia y enfermedad cardiovascular.

  • El IMC debe interpretarse junto con la composición corporal y la distribución de la grasa.

  • La pérdida moderada de peso produce beneficios metabólicos importantes.

  • La combinación de alimentación saludable, ejercicio de fuerza y actividad aeróbica ofrece los mejores resultados.

  • La preservación de la masa muscular es un objetivo prioritario durante cualquier programa de pérdida de peso.

Lo que aprenderás en el siguiente apartado

Ya hemos estudiado cuatro de los principales factores de riesgo cardiovascular:

  • hipertensión arterial;

  • colesterol y lipoproteínas;

  • diabetes y resistencia a la insulina;

  • obesidad abdominal y grasa visceral.

El siguiente factor es responsable de millones de muertes evitables cada año y continúa siendo el hábito más dañino para las arterias y el corazón.

Factor de riesgo nº 5: El tabaquismo y los nuevos productos con nicotina.

Analizaremos cómo el tabaco, los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos afectan al sistema cardiovascular, qué ocurre en el organismo desde el primer cigarrillo, cuánto tarda el riesgo en disminuir tras abandonar el consumo y por qué dejar de fumar sigue siendo una de las decisiones con mayor impacto sobre la esperanza y la calidad de vida.

Parte III · Las analíticas que pueden salvarte la vida

"Una analítica no sirve para confirmar que estamos sanos. Sirve para descubrir problemas cuando todavía no producen síntomas y aún estamos a tiempo de evitarlos."

¿Por qué una analítica puede cambiar el futuro de una persona?

La mayoría de los pacientes interpreta la analítica de una manera muy sencilla.

Si aparece la palabra "normal", piensan que todo está bien.

Si aparece una cifra marcada en rojo, creen que existe un problema.

La realidad es mucho más compleja.

Una analítica debe interpretarse siempre teniendo en cuenta:

  • la edad;

  • el sexo;

  • los antecedentes familiares;

  • las enfermedades previas;

  • la medicación;

  • el estilo de vida;

  • el riesgo cardiovascular global.

Dos personas con exactamente el mismo colesterol LDL pueden necesitar tratamientos completamente diferentes.

Lo mismo ocurre con la glucosa, la presión arterial o la función renal.

La medicina preventiva moderna no trata números.

Trata personas.

¿Cada cuánto tiempo debería hacerme una analítica?

No existe una respuesta única.

Depende del riesgo individual.

De forma orientativa:

Adultos sanos entre 40 y 50 años

Cada uno o dos años.

Personas con hipertensión, diabetes, obesidad o colesterol elevado

Habitualmente una vez al año.

En determinadas situaciones puede ser necesario un seguimiento más frecuente.

La periodicidad siempre debe individualizarse.

La analítica básica que todo adulto debería conocer

Aunque existen cientos de parámetros disponibles, la mayoría de la información relevante para la prevención cardiovascular puede obtenerse mediante un conjunto relativamente reducido de determinaciones.

Las principales son:

  • glucosa;

  • hemoglobina glicosilada;

  • colesterol total;

  • colesterol LDL;

  • colesterol HDL;

  • triglicéridos;

  • colesterol no HDL;

  • función renal;

  • transaminasas;

  • hemograma;

  • TSH cuando esté indicada.

En personas con mayor riesgo pueden añadirse otros parámetros más específicos.

Glucosa en ayunas

La glucosa continúa siendo una de las pruebas más solicitadas.

Sin embargo, también es una de las más mal interpretadas.

Una glucosa normal no garantiza la ausencia de resistencia a la insulina.

Además, una única determinación puede variar según:

  • estrés;

  • ejercicio;

  • enfermedad aguda;

  • horas de ayuno;

  • medicación.

Por eso nunca debe interpretarse de forma aislada.

Hemoglobina glicosilada (HbA1c)

La HbA1c representa la glucosa media aproximada de los últimos dos o tres meses.

Aporta una visión mucho más estable que una glucosa aislada.

Actualmente constituye una de las herramientas fundamentales para:

  • detectar diabetes;

  • identificar prediabetes;

  • controlar el tratamiento.

Cuando una persona presenta una HbA1c elevada, significa que la exposición de sus tejidos a la glucosa ha permanecido aumentada durante semanas o meses.

No se trata de una subida puntual.

Perfil lipídico

El perfil lipídico moderno debe incluir, como mínimo:

  • colesterol total;

  • LDL;

  • HDL;

  • triglicéridos.

Pero cada vez adquieren mayor importancia:

  • colesterol no HDL;

  • Apolipoproteína B;

  • Lipoproteína(a), especialmente cuando existe historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura.

Interpretar únicamente el colesterol total ya no resulta suficiente.

Función renal

La enfermedad renal y la enfermedad cardiovascular están estrechamente relacionadas.

Por este motivo, toda analítica preventiva debería valorar:

  • creatinina;

  • filtrado glomerular estimado;

  • relación albúmina/creatinina en orina cuando esté indicada.

Un deterioro leve de la función renal puede aumentar significativamente el riesgo cardiovascular incluso antes de producir síntomas.

Transaminasas

Muchas personas piensan que las transaminasas solo sirven para estudiar enfermedades hepáticas.

Sin embargo, también pueden aportar información indirecta sobre:

  • hígado graso asociado al síndrome metabólico;

  • obesidad visceral;

  • resistencia a la insulina.

En el contexto adecuado, pequeñas elevaciones pueden justificar estudios complementarios.

Hemograma

El hemograma proporciona información sobre:

  • glóbulos rojos;

  • hemoglobina;

  • leucocitos;

  • plaquetas.

Una anemia puede explicar síntomas como:

  • cansancio;

  • falta de aire;

  • disminución de la capacidad física.

Por otra parte, alteraciones importantes de los leucocitos o de las plaquetas pueden requerir una valoración específica.

TSH

Las alteraciones tiroideas pueden modificar profundamente el metabolismo.

El hipotiroidismo favorece con frecuencia:

  • aumento del colesterol LDL;

  • incremento de peso;

  • cansancio;

  • intolerancia al frío.

El hipertiroidismo puede asociarse con:

  • pérdida de peso;

  • palpitaciones;

  • fibrilación auricular.

Cuando existen síntomas compatibles o factores de riesgo, valorar la función tiroidea puede resultar de gran utilidad.

Las pruebas que probablemente pedirás una sola vez en la vida

Algunas determinaciones no necesitan repetirse con frecuencia.

Entre ellas destaca la Lipoproteína(a).

Su concentración depende principalmente de la genética.

A diferencia del colesterol LDL, apenas cambia con la alimentación o el ejercicio.

Por eso muchas guías internacionales recomiendan medirla al menos una vez en la vida, especialmente si existen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.

¿Qué es la Apolipoproteína B?

La ApoB refleja el número de partículas potencialmente aterogénicas que circulan por la sangre.

Cada vez más cardiólogos consideran que constituye uno de los mejores marcadores del riesgo cardiovascular.

Especialmente cuando existen:

  • diabetes;

  • síndrome metabólico;

  • triglicéridos elevados.

Aunque todavía no forma parte de todas las analíticas rutinarias, su utilización continúa aumentando.

Proteína C reactiva ultrasensible

Uno de los mayores avances de la cardiología moderna ha sido reconocer el papel de la inflamación.

La proteína C reactiva ultrasensible (PCR-us) permite estimar el grado de inflamación sistémica de bajo grado.

No es una prueba específica.

Puede aumentar por múltiples causas.

Pero en ausencia de infección u otras enfermedades inflamatorias, valores persistentemente elevados pueden indicar un mayor riesgo cardiovascular.

Siempre debe interpretarse dentro del contexto clínico.

Nunca de forma aislada.

Ácido úrico

Durante muchos años se consideró únicamente un problema relacionado con la gota.

Actualmente sabemos que cifras elevadas suelen asociarse con:

  • hipertensión;

  • síndrome metabólico;

  • enfermedad renal;

  • obesidad.

Aunque su papel exacto continúa investigándose, forma parte del perfil metabólico de muchos pacientes.

Vitamina D

La vitamina D participa en múltiples procesos biológicos.

Sin embargo, conviene evitar una interpretación excesivamente simplista.

Actualmente no existe evidencia sólida que justifique suplementar vitamina D únicamente para prevenir infartos o ictus en personas sin déficit.

Por ello, su determinación debe individualizarse según el contexto clínico.

Ferritina

La ferritina refleja principalmente las reservas de hierro.

Sin embargo, también puede aumentar como reactante inflamatorio.

Valores elevados no siempre significan exceso de hierro.

Y valores normales no siempre excluyen un déficit.

Su interpretación depende del resto de la analítica y del contexto clínico.

Errores frecuentes al interpretar una analítica

Uno de los errores más habituales consiste en comparar los resultados con los de familiares o amigos.

Cada persona posee un riesgo diferente.

Otro error consiste en fijarse únicamente en los parámetros marcados en rojo.

Muchas veces una cifra situada dentro del rango de referencia puede no ser la óptima para un paciente con alto riesgo cardiovascular.

La interpretación siempre debe realizarse de forma global.

La analítica perfecta no existe

Es importante comprender que una analítica completamente normal no garantiza la ausencia de enfermedad.

Existen personas con:

  • placas de aterosclerosis;

  • enfermedad coronaria;

  • hipertensión;

  • alteraciones estructurales del corazón

que presentan análisis prácticamente normales.

Por eso la analítica constituye una herramienta extraordinariamente útil.

Pero nunca sustituye:

  • la historia clínica;

  • la exploración física;

  • la valoración de los factores de riesgo;

  • las pruebas de imagen cuando están indicadas.

Ideas clave

  • La analítica debe interpretarse siempre dentro del contexto clínico del paciente.

  • El LDL continúa siendo un objetivo fundamental, pero hoy sabemos que ApoB y la Lipoproteína(a) aportan información adicional muy valiosa.

  • La HbA1c permite conocer la exposición media a la glucosa durante los últimos meses.

  • La función renal forma parte de cualquier evaluación cardiovascular moderna.

  • La inflamación puede aportar información pronóstica adicional mediante la PCR ultrasensible en pacientes seleccionados.

  • Ninguna analítica, por sí sola, descarta completamente la enfermedad cardiovascular.

Lo que aprenderás en el siguiente apartado

Ahora que conocemos qué debe incluir una analítica preventiva moderna, responderemos una de las preguntas más frecuentes en consulta:

¿Qué pruebas cardiovasculares merece realmente la pena hacerse y cuáles no?

Analizaremos, con base científica:

  • Electrocardiograma.

  • Ecocardiograma.

  • Ecografía Doppler carotídea.

  • Índice tobillo-brazo.

  • TAC de calcio coronario.

  • Angio-TAC coronario.

  • Resonancia cardíaca.

  • Prueba de esfuerzo.

  • Holter.

  • Monitorización ambulatoria de la presión arterial.

Aprenderás quién debería realizarlas, cuándo están indicadas y por qué hacerse pruebas innecesarias puede ser tan perjudicial como no hacer ninguna.

Parte IV · Las pruebas médicas que detectan la enfermedad antes de los síntomas

"La mejor prueba no es la más cara ni la más moderna. Es aquella que responde a una pregunta clínica concreta y ayuda a tomar una decisión que puede mejorar la salud del paciente."

"Doctor, quiero hacerme todas las pruebas del corazón"

Cada vez es más frecuente escuchar esta petición.

Internet, las redes sociales y la medicina preventiva han despertado un enorme interés por detectar precozmente las enfermedades cardiovasculares.

Y eso es una buena noticia.

Sin embargo, también ha generado una idea equivocada:

Más pruebas no significan necesariamente mejor prevención.

En medicina preventiva no se trata de realizar el mayor número posible de exploraciones.

Se trata de seleccionar las pruebas adecuadas para la persona adecuada, en el momento adecuado.

Una exploración innecesaria puede producir:

  • falsos positivos;

  • ansiedad;

  • procedimientos invasivos evitables;

  • costes innecesarios;

  • exposición a radiación sin beneficio.

Por el contrario, una prueba bien indicada puede detectar una enfermedad muchos años antes de que aparezcan los síntomas.

¿Qué buscamos realmente cuando solicitamos una prueba?

Toda exploración cardiovascular intenta responder a una pregunta concreta.

Por ejemplo:

  • ¿Existe hipertensión oculta?

  • ¿Hay placas de aterosclerosis?

  • ¿El corazón bombea correctamente?

  • ¿Existen arritmias?

  • ¿Las arterias coronarias presentan calcio?

  • ¿El paciente tiene enfermedad arterial periférica?

  • ¿Existe una válvula enferma?

Cuando una prueba no responde a ninguna pregunta clínica relevante, probablemente no esté indicada.

La exploración física sigue siendo insustituible

Vivimos una época dominada por la tecnología.

Sin embargo, muchas enfermedades cardiovasculares continúan sospechándose gracias a una exploración clínica cuidadosa.

Escuchar un soplo.

Palpar el pulso.

Medir correctamente la presión arterial.

Detectar un edema.

Observar la coloración de la piel.

Comparar los pulsos de ambas piernas.

Todo ello continúa teniendo un enorme valor.

Ningún escáner sustituye una buena historia clínica.

Electrocardiograma (ECG)

La prueba más sencilla... y una de las más útiles

El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón.

Es rápido.

Indoloro.

No utiliza radiación.

Su coste es bajo.

Y aporta una enorme cantidad de información.

Puede detectar:

  • arritmias;

  • infartos antiguos;

  • hipertrofia cardíaca;

  • alteraciones de la conducción;

  • bloqueos;

  • signos indirectos de algunas enfermedades estructurales.

¿Debe hacerse un ECG a todas las personas?

No necesariamente.

En personas completamente asintomáticas y con bajo riesgo cardiovascular, realizar electrocardiogramas de forma indiscriminada no ha demostrado mejorar los resultados en salud.

Sin embargo, sí resulta muy útil cuando existen:

  • palpitaciones;

  • dolor torácico;

  • hipertensión;

  • antecedentes familiares;

  • diabetes;

  • exploración física anormal;

  • valoración preoperatoria en determinadas circunstancias.

También puede formar parte de revisiones individualizadas a partir de cierta edad, especialmente cuando existen factores de riesgo.

Lo que un ECG NO puede hacer

Un error muy frecuente consiste en pensar:

"Mi electrocardiograma es normal, luego mis arterias también están sanas."

Esto es completamente falso.

El ECG no permite visualizar las arterias coronarias.

Una persona puede presentar:

  • placas importantes de aterosclerosis;

  • colesterol muy elevado;

  • hipertensión;

  • incluso enfermedad coronaria inicial,

y mostrar un electrocardiograma completamente normal.

El ECG estudia principalmente la actividad eléctrica del corazón.

No la anatomía de las arterias.

Ecocardiograma

La ecografía del corazón

Si el electrocardiograma estudia la electricidad, el ecocardiograma estudia la anatomía y el movimiento del corazón.

Utiliza ultrasonidos.

No produce dolor.

No emplea radiación.

Permite observar en tiempo real:

  • el tamaño de las cavidades;

  • el grosor del músculo cardíaco;

  • la fuerza de contracción;

  • las válvulas;

  • el flujo sanguíneo mediante Doppler;

  • el pericardio;

  • la presión estimada en la circulación pulmonar.

Es una de las herramientas más importantes de la cardiología moderna.

¿Quién debería hacerse un ecocardiograma?

No todas las personas necesitan uno.

Generalmente está indicado cuando existen:

  • soplos;

  • insuficiencia cardíaca;

  • hipertensión con sospecha de afectación cardíaca;

  • cardiopatías conocidas;

  • alteraciones del ECG;

  • dificultad respiratoria de origen incierto;

  • antecedentes familiares de determinadas enfermedades cardíacas.

En pacientes completamente sanos y sin factores de riesgo importantes, realizar ecocardiogramas de forma rutinaria no suele aportar beneficios demostrados.

¿Puede detectar un infarto futuro?

No.

El ecocardiograma no predice directamente un infarto.

Lo que puede detectar son las consecuencias que determinadas enfermedades producen sobre el corazón.

Por ejemplo:

  • hipertrofia ventricular;

  • alteraciones de la contracción;

  • insuficiencia valvular;

  • cardiomiopatías.

Monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA)

La prueba que muchas veces cambia completamente el diagnóstico

Una única medición realizada en consulta no siempre refleja la presión arterial real.

El estrés, el dolor o la ansiedad pueden elevar transitoriamente las cifras.

Para evitar errores utilizamos la MAPA.

Consiste en un pequeño dispositivo que registra automáticamente la presión arterial durante aproximadamente 24 horas.

Permite conocer:

  • la presión mientras trabajamos;

  • durante el sueño;

  • al caminar;

  • durante el descanso.

Gracias a esta prueba podemos detectar:

  • hipertensión de bata blanca;

  • hipertensión enmascarada;

  • ausencia del descenso nocturno de la presión;

  • hipertensión resistente.

Actualmente se considera una de las herramientas más útiles para confirmar el diagnóstico de hipertensión.

Holter de ECG

Mientras que el electrocardiograma registra unos pocos segundos, el Holter registra el ritmo cardíaco durante uno o varios días.

Resulta especialmente útil cuando las palpitaciones aparecen de forma intermitente.

Puede detectar:

  • fibrilación auricular;

  • extrasístoles;

  • pausas;

  • taquicardias;

  • bloqueos.

Muchas personas presentan un ECG completamente normal en consulta y, sin embargo, el Holter identifica alteraciones que solo aparecen ocasionalmente.

Ecografía Doppler de las arterias carótidas

Las arterias carótidas llevan sangre al cerebro.

La ecografía Doppler permite valorar:

  • placas de aterosclerosis;

  • estrechamientos;

  • características de la pared arterial.

En determinados pacientes de riesgo puede aportar información muy valiosa sobre la presencia de aterosclerosis subclínica.

No debe utilizarse indiscriminadamente como prueba de cribado en toda la población.

Su indicación depende del riesgo individual y del posible impacto sobre las decisiones terapéuticas.

Índice tobillo-brazo

Es una prueba extraordinariamente sencilla.

Consiste en comparar la presión arterial medida en los tobillos con la obtenida en los brazos.

Cuando existe una diferencia significativa puede indicar enfermedad arterial periférica.

Es especialmente útil en personas con:

  • diabetes;

  • tabaquismo;

  • dolor al caminar;

  • edad avanzada;

  • múltiples factores de riesgo.

Tiene un gran valor pronóstico porque identifica pacientes con mayor probabilidad de presentar aterosclerosis generalizada.

Lo que aprenderás en el siguiente apartado

En las próximas páginas analizaremos una de las pruebas que más ha cambiado la prevención cardiovascular en los últimos años:

El TAC de calcio coronario.

Responderemos preguntas como:

  • ¿Qué significa tener un score de calcio de cero?

  • ¿Puede una persona con colesterol normal tener calcio en las coronarias?

  • ¿Cuándo merece realmente la pena realizar esta prueba?

  • ¿Qué limitaciones tiene?

  • ¿Puede evitar tratamientos innecesarios o identificar personas de muy alto riesgo?

Comprender el valor del calcio coronario supone entender uno de los mayores avances de la cardiología preventiva de las dos últimas décadas.

Parte IV · El TAC de calcio coronario

"Durante décadas solo podíamos estimar el riesgo cardiovascular mediante factores como el colesterol o la hipertensión. Hoy, en determinados pacientes, podemos observar directamente si la aterosclerosis ya ha comenzado a dejar huella en las arterias coronarias."

"Doctor, si me encuentro perfectamente… ¿cómo puedo saber si mis arterias están sanas?"

Esta pregunta resume uno de los mayores retos de la cardiología preventiva.

Sabemos que una persona puede convivir durante veinte o treinta años con aterosclerosis sin presentar síntomas.

Las placas crecen lentamente.

El corazón sigue funcionando.

No existe dolor.

No aparece dificultad respiratoria.

El paciente realiza una vida completamente normal.

Hasta que un día una placa se rompe.

Se forma un trombo.

Y aparece el infarto.

Por eso los cardiólogos llevan décadas intentando responder a una pregunta aparentemente sencilla:

¿Es posible detectar la aterosclerosis antes de que produzca un infarto?

La respuesta es sí.

Y una de las herramientas más útiles para conseguirlo es el TAC de calcio coronario.

¿Qué es el calcio coronario?

Cuando una placa de aterosclerosis permanece durante años dentro de una arteria, comienza a sufrir una serie de cambios.

Entre ellos aparece un fenómeno conocido como calcificación.

No significa que la arteria esté "llena de calcio".

Lo que ocurre es que la placa incorpora depósitos de calcio como parte de un proceso biológico complejo relacionado con la inflamación y la reparación del tejido.

Podemos imaginarlo como una especie de "cicatriz" de una aterosclerosis que lleva tiempo desarrollándose.

Cuanto mayor es la cantidad de calcio, mayor suele ser la carga aterosclerótica acumulada.

¿Cómo se realiza la prueba?

El TAC de calcio coronario es una tomografía computarizada muy rápida.

No requiere:

  • catéteres;

  • ingreso;

  • anestesia;

  • esfuerzo físico.

En la mayoría de los casos tampoco necesita contraste intravenoso.

El paciente permanece tumbado durante pocos minutos mientras el equipo obtiene imágenes del corazón.

Posteriormente un software específico calcula la cantidad de calcio presente en las arterias coronarias.

El resultado se expresa mediante una cifra denominada Score de Agatston.

¿Qué es el Score de Agatston?

Es la forma estandarizada de cuantificar la cantidad de calcio coronario.

Cuanto mayor es la puntuación, mayor suele ser la carga de aterosclerosis calcificada.

Aunque la interpretación siempre debe individualizarse, de forma general:

Score 0

No se detecta calcio coronario.

Score bajo

Existe una pequeña cantidad de calcio.

Score intermedio

La carga aterosclerótica comienza a ser significativa.

Score elevado

Existe una importante cantidad de aterosclerosis calcificada y el riesgo cardiovascular suele ser claramente superior.

No debe interpretarse únicamente la cifra.

También importa:

  • la edad;

  • el sexo;

  • los factores de riesgo;

  • la localización del calcio;

  • la evolución clínica.

¿Qué significa tener un score de cero?

Uno de los hallazgos más interesantes de la cardiología moderna es el denominado "poder del cero".

Cuando una persona presenta un score de calcio igual a cero, la probabilidad de padecer una enfermedad coronaria calcificada importante suele ser muy baja.

En personas sin síntomas y con riesgo bajo o intermedio, un score de cero puede ayudar a reclasificar el riesgo y, en algunos casos, a evitar tratamientos farmacológicos innecesarios.

Sin embargo, un resultado de cero no significa riesgo cero.

Todavía pueden existir:

  • placas no calcificadas;

  • enfermedad coronaria muy inicial;

  • otros factores de riesgo importantes.

Además, en pacientes jóvenes, fumadores intensos o con hipercolesterolemia familiar, la ausencia de calcio no elimina completamente la posibilidad de enfermedad.

¿Puede una persona con colesterol normal tener calcio en las arterias?

Sí.

Y este es uno de los aspectos más importantes de esta prueba.

El colesterol refleja un factor de riesgo.

El TAC de calcio muestra si ese riesgo ya ha producido daño estructural.

Es perfectamente posible encontrar:

  • colesterol aparentemente aceptable;

  • presión arterial normal;

  • ausencia de síntomas;

y, aun así, detectar calcio coronario.

Del mismo modo, algunas personas con colesterol elevado no presentan calcio detectable, especialmente si son jóvenes o la exposición ha sido relativamente corta.

Por eso ambas herramientas son complementarias.

¿Quién puede beneficiarse realmente de esta prueba?

Las principales guías internacionales consideran que el TAC de calcio puede ser especialmente útil en personas con riesgo cardiovascular intermedio, cuando existe incertidumbre sobre la intensidad de las medidas preventivas.

Por ejemplo:

  • antecedentes familiares de infarto precoz;

  • colesterol moderadamente elevado;

  • hipertensión bien controlada;

  • diabetes en fases iniciales;

  • fumadores o exfumadores;

  • personas indecisas respecto al inicio de tratamiento con estatinas.

En estos casos, conocer la presencia o ausencia de calcio puede ayudar a personalizar las decisiones.

¿Quién no suele necesitar un TAC de calcio?

En general, esta prueba aporta poco valor cuando:

  • el riesgo cardiovascular ya es muy bajo;

  • el paciente presenta una enfermedad cardiovascular conocida;

  • ya existe una indicación clara de tratamiento intensivo;

  • existen síntomas sugestivos de angina que requieren otras exploraciones.

En estos casos, el resultado raramente modifica la conducta clínica.

¿Puede sustituir a una prueba de esfuerzo?

No.

Ambas pruebas responden a preguntas completamente diferentes.

El TAC de calcio detecta aterosclerosis calcificada.

La prueba de esfuerzo evalúa si existe isquemia, es decir, si el corazón recibe suficiente sangre durante el ejercicio.

Una persona puede presentar calcio sin isquemia.

Y otra puede tener isquemia debida a una placa no calcificada.

Por ello no deben considerarse pruebas equivalentes.

¿Puede sustituir a un Angio-TAC coronario?

Tampoco.

El TAC de calcio únicamente cuantifica calcio.

El Angio-TAC coronario utiliza contraste intravenoso para visualizar directamente la luz de las arterias y valorar:

  • estrechamientos;

  • placas calcificadas;

  • placas no calcificadas;

  • características anatómicas.

Es una exploración mucho más completa, pero también más compleja.

La elección depende siempre de la pregunta clínica que se pretende responder.

Las placas más peligrosas no siempre son las más calcificadas

Este es un concepto muy importante.

La calcificación suele indicar una aterosclerosis establecida.

Sin embargo, algunos infartos se producen por la rotura de placas con poca calcificación pero muy inflamadas.

Por ello, el TAC de calcio no detecta todas las placas potencialmente peligrosas.

Debe interpretarse como una herramienta de estratificación del riesgo, no como una prueba definitiva.

¿Tiene riesgos?

El TAC de calcio utiliza una dosis relativamente baja de radiación.

Aunque la exposición es pequeña, no debe realizarse sin una indicación razonable.

Como ocurre con cualquier prueba diagnóstica, el beneficio esperado debe superar siempre el posible riesgo.

¿Cada cuánto tiempo debe repetirse?

No existe una periodicidad universal.

Depende de:

  • la edad;

  • el resultado inicial;

  • la aparición de nuevos factores de riesgo;

  • la evolución clínica.

En muchas personas no será necesario repetirlo durante varios años.

En otras, puede no ser necesario volver a realizarlo.

¿Qué ocurre si el resultado muestra mucho calcio?

Lo primero es mantener la calma.

El objetivo de la prueba no es alarmar al paciente.

Es identificar un riesgo que puede abordarse de forma más intensiva.

Un score elevado suele llevar a revisar cuidadosamente:

  • colesterol LDL;

  • presión arterial;

  • glucosa;

  • tabaquismo;

  • alimentación;

  • actividad física;

  • necesidad de tratamiento farmacológico.

En algunos casos también puede justificar exploraciones adicionales, siempre según la valoración del cardiólogo.

El gran valor del TAC de calcio

Esta prueba ha cambiado la prevención cardiovascular porque permite pasar de una estimación basada únicamente en factores de riesgo a una valoración que incorpora evidencia directa de aterosclerosis calcificada.

No sustituye a la historia clínica.

No sustituye a la exploración física.

No sustituye a una analítica.

Pero, en pacientes seleccionados, puede mejorar de forma importante la estimación del riesgo y facilitar decisiones terapéuticas más personalizadas.

Mitos y realidades

"Si mi score es cero, nunca tendré un infarto."

Falso.

Reduce significativamente la probabilidad de enfermedad coronaria calcificada importante, pero no elimina por completo el riesgo.

"Si tengo calcio, significa que voy a sufrir un infarto."

Falso.

El calcio indica presencia de aterosclerosis, no que un infarto sea inevitable.

La intensidad del riesgo depende del conjunto de factores clínicos.

"El TAC de calcio sustituye a todas las demás pruebas."

Falso.

Cada exploración responde a una pregunta diferente.

"Solo sirve para personas mayores."

Falso.

En algunos adultos de mediana edad con riesgo intermedio puede aportar información muy valiosa.

Ideas clave

  • El TAC de calcio cuantifica la carga de aterosclerosis calcificada en las arterias coronarias.

  • El resultado se expresa mediante el Score de Agatston.

  • Un score de cero suele asociarse con un riesgo bajo de enfermedad coronaria calcificada significativa, aunque no elimina completamente el riesgo.

  • La prueba resulta especialmente útil en pacientes con riesgo cardiovascular intermedio cuando existen dudas sobre la intensidad del tratamiento preventivo.

  • No sustituye al Angio-TAC, a la prueba de esfuerzo ni a otras exploraciones cardiológicas.

  • Debe solicitarse únicamente cuando el resultado pueda modificar las decisiones clínicas.

Lo que aprenderás en el siguiente apartado

Una vez comprendido cómo valorar la presencia de aterosclerosis, responderemos otra pregunta muy frecuente:

¿Qué alimentación protege realmente el corazón?

Analizaremos con detalle la evidencia científica sobre:

  • dieta mediterránea;

  • dieta DASH;

  • proteínas;

  • grasas saturadas e insaturadas;

  • aceite de oliva virgen extra;

  • pescado azul;

  • frutos secos;

  • fibra;

  • café;

  • té;

  • chocolate negro;

  • alcohol;

  • sal;

  • azúcar;

  • alimentos ultraprocesados.

Descubriremos por qué no existen alimentos milagrosos y por qué el patrón dietético global sigue siendo el factor nutricional más importante para reducir el riesgo cardiovascular.

Parte V · La alimentación que más protege el corazón

"Ningún alimento, por sí solo, evita un infarto. Pero una alimentación mantenida durante décadas puede modificar profundamente el envejecimiento de las arterias y reducir de forma muy importante el riesgo cardiovascular."

"Doctor, ¿qué dieta debo seguir para proteger mi corazón?"

Probablemente sea una de las preguntas más frecuentes en cualquier consulta.

Y también una de las más difíciles de responder.

No porque no exista evidencia científica.

Sino porque existe demasiada información contradictoria.

Cada semana aparece una nueva dieta.

Cada pocos meses un alimento pasa de ser extraordinario a considerarse perjudicial.

Las redes sociales están llenas de mensajes absolutos.

"Elimina todos los hidratos."

"La fruta engorda."

"Los huevos producen infartos."

"El aceite de coco protege el corazón."

"La carne roja mata."

"La dieta cetogénica cura todas las enfermedades."

La mayoría de estas afirmaciones simplifican en exceso una realidad mucho más compleja.

La nutrición cardiovascular moderna ya no estudia alimentos aislados.

Estudia patrones de alimentación mantenidos durante años.

Y ese cambio de enfoque ha transformado completamente la prevención cardiovascular.

No existe un superalimento

Uno de los mayores errores de la divulgación nutricional consiste en buscar un alimento milagroso.

Las personas preguntan:

  • ¿Qué fruta protege el corazón?

  • ¿Cuál es el mejor aceite?

  • ¿Qué suplemento debo tomar?

La respuesta casi nunca depende de un único alimento.

La salud cardiovascular es el resultado de miles de comidas acumuladas durante décadas.

Un desayuno no produce un infarto.

Una ensalada no evita una enfermedad coronaria.

Lo importante es el patrón alimentario global.

¿Qué patrón dietético tiene más evidencia científica?

Si analizamos conjuntamente los grandes estudios realizados durante las últimas décadas, existe un patrón que aparece repetidamente asociado con una menor incidencia de:

  • infarto;

  • ictus;

  • diabetes tipo 2;

  • enfermedad renal;

  • deterioro cognitivo;

  • mortalidad cardiovascular.

Ese patrón es la dieta mediterránea tradicional.

No hablamos de una moda.

Hablamos de uno de los modelos nutricionales mejor estudiados del mundo.

El ensayo español PREDIMED demostró que una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos reducía de forma significativa la incidencia de eventos cardiovasculares mayores en personas con alto riesgo, convirtiéndose en una referencia internacional en prevención cardiovascular.

¿Qué caracteriza realmente a la dieta mediterránea?

Muchas personas creen que consiste simplemente en comer aceite de oliva.

En realidad es un modelo mucho más amplio.

Se caracteriza por:

  • abundancia de verduras y hortalizas;

  • fruta fresca diaria;

  • legumbres varias veces por semana;

  • frutos secos sin sal añadida;

  • cereales preferentemente integrales;

  • aceite de oliva virgen extra como principal grasa culinaria;

  • pescado, especialmente pescado azul;

  • consumo moderado de lácteos, preferentemente poco procesados;

  • menor presencia de carnes procesadas y ultraprocesados;

  • agua como bebida habitual.

Pero existe otro componente que con frecuencia olvidamos:

el estilo de vida mediterráneo.

Compartir las comidas.

Comer despacio.

Cocinar en casa.

Mantener actividad física diaria.

Dormir adecuadamente.

La dieta mediterránea no es únicamente una lista de alimentos.

Es una forma de vivir.

¿Por qué funciona tan bien?

La respuesta no depende de un único mecanismo.

La dieta mediterránea actúa simultáneamente sobre numerosos procesos biológicos.

Ayuda a:

  • reducir la inflamación de bajo grado;

  • mejorar la función del endotelio;

  • disminuir el colesterol LDL oxidado;

  • favorecer una microbiota intestinal más saludable;

  • mejorar la sensibilidad a la insulina;

  • reducir la presión arterial;

  • aportar antioxidantes y compuestos bioactivos de origen vegetal;

  • aumentar la ingesta de fibra.

En otras palabras.

No protege el corazón por un solo motivo.

Lo hace porque mejora prácticamente todos los factores implicados en el envejecimiento vascular.

El aceite de oliva virgen extra

Pocas grasas han sido estudiadas con tanto detalle.

El aceite de oliva virgen extra constituye una de las principales fuentes de grasa de la dieta mediterránea.

Su composición es especialmente rica en:

  • ácido oleico;

  • polifenoles;

  • vitamina E;

  • otros compuestos antioxidantes.

Los estudios muestran que, cuando sustituye a grasas menos saludables dentro de una alimentación equilibrada, puede contribuir a mejorar el perfil cardiovascular.

No debe considerarse un medicamento.

Pero sí uno de los alimentos con mayor respaldo científico dentro de un patrón dietético saludable.

¿Cuánto aceite de oliva debería consumir?

No existe una cantidad idéntica para todas las personas.

Dependerá de:

  • las necesidades energéticas;

  • el peso corporal;

  • el nivel de actividad física;

  • el resto de la alimentación.

Lo importante es que sustituya a otras grasas de peor calidad y forme parte de una dieta equilibrada, no que se consuma en exceso pensando que "cuanto más, mejor".

Verduras: el alimento que más falta hace

Cuando analizamos la alimentación de la población occidental aparece un problema constante.

La mayoría de las personas consume muchas menos verduras de las recomendadas.

Las verduras aportan:

  • fibra;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • polifenoles;

  • nitratos naturales;

  • antioxidantes.

Además, desplazan alimentos más calóricos y ultraprocesados.

No existe una única verdura imprescindible.

Cuanto mayor sea la variedad de colores y tipos, mayor será la diversidad de compuestos beneficiosos.

La fruta: un alimento injustamente cuestionado

En los últimos años han aparecido numerosos mensajes que desaconsejan el consumo de fruta por su contenido en azúcar.

La evidencia científica no respalda esa simplificación.

La fruta entera contiene:

  • fibra;

  • agua;

  • vitaminas;

  • minerales;

  • polifenoles;

  • fitoquímicos.

Su efecto metabólico es muy diferente al de las bebidas azucaradas o los productos con azúcares añadidos.

En personas sin contraindicaciones específicas, el consumo habitual de fruta entera forma parte de los patrones dietéticos asociados con un menor riesgo cardiovascular.

Lo importante es diferenciar fruta entera de zumos, incluso cuando estos son naturales.

La fibra y la estructura del alimento cambian completamente la respuesta metabólica.

El siguiente apartado

A continuación analizaremos uno de los grupos de alimentos que más debate genera:

Proteínas: carne roja, carne blanca, pescado, huevos, legumbres y proteínas vegetales.

Responderemos con base científica preguntas como:

  • ¿Es realmente peligrosa la carne roja?

  • ¿Cuántos huevos pueden consumirse?

  • ¿El pescado azul protege frente al infarto?

  • ¿Las proteínas vegetales ofrecen ventajas cardiovasculares?

  • ¿Necesitan más proteínas las personas mayores?

Parte V · Proteínas: carne roja, pescado, huevos y legumbres

"Las proteínas no solo construyen músculo. También participan en el funcionamiento del sistema inmunitario, la producción de hormonas, la reparación de tejidos y el mantenimiento de un metabolismo saludable. La pregunta no es si debemos consumir proteínas, sino cuáles elegir y con qué frecuencia."

La gran confusión sobre las proteínas

Pocas áreas de la nutrición generan tanta controversia como las proteínas.

Cada cierto tiempo aparece un nuevo titular.

"La carne roja produce infartos."

"Los huevos aumentan el colesterol."

"Las proteínas animales son malas."

"La dieta vegetariana es la única saludable."

"Hay que comer mucha proteína después de los 50 años."

Algunos de estos mensajes contienen una parte de verdad.

Otros simplifican excesivamente una realidad mucho más compleja.

La evidencia científica actual indica que la calidad de la proteína es mucho más importante que la cantidad aislada.

Y, sobre todo, importa el patrón alimentario completo en el que se integra.

¿Por qué necesitamos proteínas?

Las proteínas están formadas por aminoácidos.

Nuestro organismo utiliza estos aminoácidos para:

  • construir músculo;

  • reparar tejidos;

  • fabricar enzimas;

  • producir hormonas;

  • formar anticuerpos;

  • mantener la masa ósea;

  • conservar la función inmunitaria.

Con el paso de los años su importancia aumenta todavía más.

Después de los 40 años comenzamos a perder masa muscular de forma progresiva.

Este proceso se acelera a partir de los 60-65 años.

Si la alimentación no aporta suficiente proteína y no realizamos ejercicio de fuerza, aparece un riesgo creciente de sarcopenia.

La pérdida de músculo no solo reduce la fuerza.

También aumenta:

  • el riesgo de caídas;

  • la fragilidad;

  • la diabetes;

  • la pérdida de independencia;

  • la mortalidad.

Por eso proteger el músculo también significa proteger el corazón.

¿Cuánta proteína necesitamos?

No existe una cantidad única válida para todas las personas.

Las necesidades dependen de:

  • edad;

  • sexo;

  • peso corporal;

  • actividad física;

  • enfermedades;

  • masa muscular;

  • función renal.

En adultos sanos, las recomendaciones generales pueden ser suficientes.

Sin embargo, muchos expertos consideran que las personas mayores, especialmente aquellas con riesgo de sarcopenia, pueden beneficiarse de una ingesta ligeramente superior, siempre individualizada por el profesional sanitario.

La calidad de la proteína y su distribución a lo largo del día son tan importantes como la cantidad total.

¿Todas las proteínas son iguales?

No.

Las proteínas difieren en:

  • composición de aminoácidos;

  • digestibilidad;

  • contenido en leucina;

  • vitaminas y minerales asociados;

  • cantidad de grasas saturadas;

  • impacto ambiental;

  • grado de procesamiento.

Por ello no todas ofrecen el mismo perfil de salud cardiovascular.

Carne roja

La carne roja aporta:

  • proteínas de alto valor biológico;

  • hierro hemo;

  • zinc;

  • vitamina B12;

  • creatina.

Todos ellos son nutrientes importantes.

Sin embargo, el problema no suele ser la carne roja fresca consumida ocasionalmente dentro de una dieta equilibrada.

El mayor riesgo aparece con el consumo frecuente de:

  • carnes procesadas;

  • embutidos;

  • salchichas;

  • bacon;

  • productos muy ricos en sodio y grasas saturadas.

Numerosos estudios observacionales han encontrado una asociación entre un elevado consumo de carnes procesadas y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad.

Por ello, las principales sociedades científicas recomiendan limitar su consumo.

Carne roja fresca

La evidencia científica es más matizada.

Consumida con moderación y formando parte de un patrón alimentario saludable, la carne roja fresca parece tener un impacto muy diferente al de las carnes procesadas.

Aspectos importantes son:

  • frecuencia de consumo;

  • tamaño de las raciones;

  • método de cocinado;

  • calidad global de la dieta.

No es lo mismo una pequeña porción de carne magra acompañada de verduras y legumbres que una dieta basada habitualmente en alimentos ultraprocesados.

La nutrición debe analizarse siempre en conjunto.

Carne blanca

Las aves como:

  • pollo;

  • pavo;

constituyen una excelente fuente de proteínas de alta calidad.

Generalmente contienen menos grasa saturada que muchos cortes de carne roja.

Cuando se cocinan de forma saludable y sustituyen a carnes procesadas, forman parte de un patrón alimentario cardioprotector.

La forma de preparación vuelve a ser fundamental.

No produce el mismo efecto un pollo a la plancha que productos ultraprocesados elaborados a partir de carne de ave.

El pescado

Pocas fuentes de proteína cuentan con un respaldo científico tan consistente.

El pescado aporta:

  • proteínas de excelente calidad;

  • yodo;

  • selenio;

  • vitamina D en algunas especies;

  • ácidos grasos omega-3, especialmente en el pescado azul.

Los grandes estudios epidemiológicos muestran que el consumo habitual de pescado, dentro de una alimentación saludable, se asocia con una menor incidencia de enfermedad cardiovascular.

Pescado azul

Entre los más conocidos encontramos:

  • sardina;

  • caballa;

  • boquerón;

  • salmón;

  • atún;

  • arenque.

Su contenido en EPA y DHA ha sido ampliamente estudiado.

Estos ácidos grasos participan en múltiples procesos relacionados con:

  • inflamación;

  • función endotelial;

  • triglicéridos;

  • ritmo cardíaco.

No debemos interpretar estos beneficios como una licencia para descuidar el resto de la alimentación.

El pescado forma parte del conjunto del patrón mediterráneo.

No actúa de forma aislada.

¿Existe riesgo por el mercurio?

Algunas especies de gran tamaño acumulan más mercurio que otras.

Por este motivo las autoridades sanitarias establecen recomendaciones específicas para embarazadas, niños pequeños y otros grupos.

En la población general, el balance entre beneficios y riesgos sigue siendo claramente favorable cuando se eligen especies variadas y se siguen las recomendaciones oficiales.

Alternar diferentes tipos de pescado constituye una estrategia sencilla y segura.

Los huevos

Pocos alimentos han sufrido tantos cambios de reputación.

Durante décadas se recomendó limitar estrictamente su consumo por su contenido en colesterol.

Hoy sabemos que la relación entre colesterol dietético y colesterol sanguíneo es mucho más compleja.

En la mayoría de las personas sanas:

  • el organismo regula parcialmente la producción de colesterol;

  • el impacto del colesterol alimentario es relativamente limitado;

  • el patrón dietético global tiene mucha mayor importancia.

Los huevos aportan:

  • proteínas completas;

  • colina;

  • vitamina B12;

  • luteína;

  • zeaxantina;

  • selenio.

La evidencia científica actual indica que pueden formar parte de una alimentación saludable en la mayoría de las personas, siempre dentro de un contexto dietético equilibrado.

Algunos pacientes con enfermedades concretas necesitarán recomendaciones individualizadas.

Legumbres

Si existiera un alimento infravalorado en nutrición cardiovascular, probablemente serían las legumbres.

Lentejas.

Garbanzos.

Alubias.

Judías.

Soja.

Todas ellas ofrecen una combinación extraordinaria de:

  • proteínas vegetales;

  • fibra;

  • minerales;

  • vitaminas;

  • compuestos bioactivos.

Además:

  • producen una elevada sensación de saciedad;

  • ayudan al control glucémico;

  • favorecen una microbiota intestinal saludable;

  • pueden contribuir a mejorar el perfil lipídico.

No es casualidad que formen parte de prácticamente todos los patrones dietéticos asociados con una mayor longevidad.

Frutos secos

Aunque solemos considerarlos simplemente un aperitivo, nutricionalmente representan una excelente fuente de:

  • proteínas vegetales;

  • grasas insaturadas;

  • fibra;

  • magnesio;

  • vitamina E;

  • polifenoles.

Consumidos en cantidades adecuadas y sin exceso de sal o azúcar añadidos, forman parte del patrón mediterráneo y se asocian con una reducción del riesgo cardiovascular.

Proteínas vegetales

Cada vez disponemos de más evidencia sobre los beneficios de sustituir parte de las proteínas animales por fuentes vegetales.

Entre ellas destacan:

  • legumbres;

  • soja;

  • tofu;

  • tempeh;

  • frutos secos;

  • semillas.

No es necesario eliminar completamente los alimentos de origen animal para obtener beneficios.

Pequeños cambios mantenidos durante años pueden tener un impacto considerable.

Proteínas ultraprocesadas

En los últimos años han aparecido numerosos productos comercializados como "ricos en proteínas".

No todos ofrecen la misma calidad nutricional.

Algunos contienen además:

  • grandes cantidades de azúcar;

  • grasas poco saludables;

  • sodio;

  • aditivos.

La palabra "proteico" no convierte automáticamente un alimento en saludable.

Siempre debemos valorar el conjunto de sus ingredientes.

¿Las personas mayores necesitan más proteínas?

Con el envejecimiento aparece una disminución de la respuesta del músculo al estímulo de los aminoácidos.

Este fenómeno recibe el nombre de resistencia anabólica.

Como consecuencia, muchas personas mayores necesitan una distribución más adecuada de proteínas de alta calidad a lo largo del día, combinada con ejercicio de fuerza, para preservar su masa muscular.

Mantener el músculo significa:

  • conservar la autonomía;

  • prevenir caídas;

  • mejorar el metabolismo de la glucosa;

  • reducir el riesgo de fragilidad.

¿Importa cómo cocinamos los alimentos?

Muchísimo.

No solo importa qué comemos.

También cómo lo preparamos.

Las técnicas culinarias más recomendables incluyen:

  • horno;

  • vapor;

  • plancha;

  • papillote;

  • cocción;

  • guisos con aceite de oliva virgen extra.

Por el contrario, las frituras repetidas, el exceso de carbonización y algunos métodos de cocinado a temperaturas muy elevadas pueden generar compuestos potencialmente perjudiciales.

Mitos y realidades

"Los huevos aumentan el colesterol."

Parcialmente falso.

En la mayoría de las personas, el patrón alimentario global influye mucho más que el colesterol presente en los huevos.

"La carne roja está prohibida."

Falso.

Lo importante es la frecuencia, la cantidad, el tipo de carne y el conjunto de la alimentación.

"Las carnes procesadas son iguales que la carne fresca."

Falso.

La evidencia científica diferencia claramente ambos grupos.

"Las proteínas vegetales son inferiores."

Falso.

Una alimentación vegetal bien planificada puede aportar proteínas suficientes y de alta calidad.

"Después de los 60 años hay que comer menos proteínas."

Falso.

En muchas personas ocurre justamente lo contrario: mantener una ingesta adecuada ayuda a preservar la masa muscular y la autonomía.

Ideas clave

  • La calidad de las proteínas es más importante que la cantidad aislada.

  • El pescado, las legumbres y los frutos secos forman parte de los patrones dietéticos con mayor evidencia científica.

  • Las carnes procesadas deben limitarse.

  • La carne roja fresca puede integrarse de forma moderada en una alimentación saludable.

  • Los huevos pueden formar parte de una dieta equilibrada en la mayoría de las personas.

  • Las proteínas vegetales ofrecen importantes beneficios cardiovasculares.

  • A partir de los 50-60 años resulta fundamental preservar la masa muscular mediante una combinación de proteínas de calidad y ejercicio de fuerza.

Lo que aprenderás en el siguiente apartado

En las próximas páginas abordaremos uno de los temas más controvertidos de la nutrición moderna:

Grasas, aceite de oliva, mantequilla, coco, aguacate y colesterol.

Analizaremos con detalle:

  • grasas saturadas;

  • grasas monoinsaturadas;

  • grasas poliinsaturadas;

  • omega-3;

  • omega-6;

  • aceite de oliva virgen extra;

  • mantequilla;

  • aceite de coco;

  • aguacate;

  • margarinas;

  • frutos secos;

  • semillas.

Responderemos una de las preguntas que más confusión genera:

¿Qué grasas protegen realmente el corazón y cuáles conviene limitar según la mejor evidencia científica disponible?

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